Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 12 (segundo semestre de 2005)
number 12 (segundo semester of 2005)

ISSN 1515-6443


Reseñas / Book Reviews


 

Claudio Katz
El porvenir del socialismo
Ediciones Herramienta - Imago Mundi, 2004

por Oscar Spadari
 

Claudio Katz, es economista y docente de la Universidad de Buenos Aires, integra el EDI (grupo de Economistas de Izquierda), y es colaborador de la revista Herramienta. Para reseñar su más inmediata obra que lleva por titulo El porvenir del socialismo, comenzaremos por despejar un posible equívoco: el lector podría creer que se trata de un libro escrito en clave económica, siendo necesario para su comprensión conocimientos y manejo de términos especializados de dicha ciencia, pero lo cierto es todo lo contrario: quien tenga en sus manos este ensayo, observará que está redactado en un lenguaje simple y directo, conjugando las ideas básicas de la economía política, con elementos históricos, políticos, sociales que se relacionan con las construcciones culturales que producen las clases sociales.

A lo largo del siglo XX, muchos fueron los libros que se publicaron prefigurando como sería la futura sociedad socialista, pero ha fines de la década de los ’80 y con la crisis del bloque soviético, muchos de estos análisis desaparecieron del imaginario de la sociedad. Una década después, y luego de las luchas que se han producido a escala global en contra del capitalismo neoliberal, Katz vuelve a poner el tema de la transición socialista en el tapete, planteando un interrogante que puede incomodar a más de uno ¿qué importancia tiene la lucha contra el capitalismo, sino se no aspira a una sociedad diferente? Y esto permite señalar una segunda cualidad en este ensayo: está escrito desde una posición que valora la revolución social, cultural y política como salida a la barbarie del capitalismo.

El ensayo se apoya en una extensa bibliografía, que Katz analiza para refutar o afirmar sus posiciones, en función de prefigurar la sociedad socialista propuesta por el autor.

El análisis de Katz se formula a partir de la tesis del “Imperialismo”, que desarrollase Lenin, conjugada con conceptos teóricos de Ernest Mandel, a los que el autor suma elementos de la teoría de la dependencia, para llegar a una caracterización del sistema capitalista fragmentado en dos: uno constituido por países ricos y desarrollados, y otro por pobres, subdesarrollados y atrasados.

En cuanto a la hipótesis central del libro, Katz sostiene que para llegar a la sociedad comunista es necesario pasar por la etapa socialista, la cual será larga en la periferia aunque podría acelerarse si se produjera un avance internacional del socialismo en los países centrales, apareciendo la transición como un puente que une la salida del sistema capitalista, con la llegada a la sociedad comunista, con lo cual se producirá un equilibrio entre ambos mundos.

El ensayo se encuentra dividido en cinco partes, que podemos seccionar en tres ejes: uno, en el que se analizan las formas que tomaría la transición socialista; otro, que reflexiona sobre la experiencia histórica acaecida en los países socialistas -como también las formas que tomo la restauración capitalista en dichos estados-; y un último punto, en que se reivindica a la democracia real como mecanismo posible para el éxito de la transición.

El primer núcleo del ensayo, marca la importancia que tiene repensar la transición socialista, caracterizando a ésta como una etapa en la que confluye la economía planificada -momento en que la propiedad privada de los bancos, las industrias y los servicios estratégicos, pasaría a manos públicas- con el mercado, que se encontraría en inferioridad de condiciones ante aquella. Para el autor, el mercado seguirá cumpliendo algunas de sus funciones, aunque se irán diluyendo aquellas que sirven a la dominación sobre las personas expresa en el fetichismo de las mercancías, el dinero, la tecnología y el consumo.

Katz entiende entones al mercado como una herramienta táctica, que irá desapareciendo a medida que avance la transición, hasta extinguirse. Así, el plan representará el punto de partida de la estrategia económica de la transición, que incidirá directamente sobre los sectores claves de la economía, mientras que el mercado servirá para verificar las metas fijas por el plan, regulando las actividades del sector privado que opere con precios libres.

A este programa económico, Katz le adosa tres pilares que servirán para sostener al socialismo: un sujeto social capaz de llevar adelante el proceso -la clase trabajadora, que tendrá como aliados a los consumidores y los usuarios-, una nueva forma de ética y moral -que servirá para que los individuos rompan con la conciencia capitalista y construyan nuevos lazos de solidaridad basados en la igualdad-, y la existencia de una democracia que deberá encontrar formas nuevas de deliberación, que otorguen mayor igualdad y mayores posibilidades para expresar las opiniones del conjunto de la ciudadanía. Aquí el autor aclara que si algunos de estos puntos se viesen obturados, la puesta en marcha de la socialización de los medios de producción, irremediablemente fracasaría.

Con respecto al segundo núcleo, Katz analiza las formas que cobró la restauración capitalista en los países del “socialismo real”, planteando que este proceso se produjo cuando la capa burocrática gobernante entendió que podía transformarse en una clase dominante capitalista, si sacrificaba los postulados de un socialismo que, desde mediados de la década del ´20, se había practicado de arriba hacia abajo. Esta hipótesis de Katz da por tierra con la tesis de Trotsky, quien creía ver en la URSS un Estado obrero burocratizado, el cual se podía reencauzar si se despertaba la conciencia de la población, para barrer con la burocracia en el poder y efectivizar el socialismo. Katz sostiene que esto era imposible por varios factores, pudiendo destacar aquí la distancia que separaba al pueblo de los gobernantes, como también la falta de consenso que las ideas socialistas tenían en una sociedad basada en el autoritarismo. Para finalizar este núcleo, Katz revisa los modelos socialistas ensayados durante el siglo XX, a quienes cruza con propuestas productivas alternativas -como cooperativas, autogestión obrera- para poder establecer un programa socialista.

En el cuarto capitulo Katz analiza los problemas teóricos del socialismo, revisando los tres temas centrales de una economía planificada: el cálculo, el incentivo y la innovación, necesitándose para ello la construcción y mantenimiento de una disciplina de economía política especifica para la transición. Katz llega a la conclusión que, durante la transición socialistas, se mantendrá la ley de valor para formar los precios en el mercado privado, que servirá para influir en las áreas que enlazan la actividad privada con la estatal. Otro elemento analizado en el capítulo, es la moneda, señalando que se deberá ir buscando caminos para superar el rol alienante que el capitalismo le ha impuesto. El sistema de precios es otro de los elementos sobre los que Katz reflexiona, explicando que estos serán la representación del sistema dual (plan-mercado) de la transición, cuyo éxito estará garantizado si se mantiene la vigencia de los principios que justifican la existencia de estos dos sectores. Por otra parte, Katz también apuesta a que, durante la transición, la innovación tecnológica no se detenga para mantener la sociedad de la abundancia, proponiendo para ello la existencia de restricciones explicitas al enriquecimiento y la expansión de la actividad privada, además de que exista un fondo de inversiones que distribuya los recursos en función de la eficiencia de cada compañía, agregando una retribución extra para los individuos que introduzcan innovaciones, lo cual servirá para neutralizar la acumulación privada y la conversión de las innovaciones en capital.

En el último capitulo, que representa también el último eje, Katz analiza la democracia socialista y la experiencia histórica de las clases subalternas, analizando el modelo piramidal del partido único, las posiciones elaboradas por los autonomistas, el consejismo y la dictadura del proletariado, así como los problemas que encuentra la democracia directa, planteando que la democracia socialista debe servir para prefigurar el régimen político que podrá emerger con la erradicación del capitalismo, bajo la forma de asociación entre la democracia directa e indirecta, combinando el sufragio con la auto-participación popular -lo cual servirá para reducir la burocracia-, destacando que sin una democracia que conjugue la experiencia consejista, con la directa y las formas representativas, no habrá posibilidades de transito socialista con éxito. Katz sostiene que la madurez del socialismo podrá ser verificada mediante el grado de sustitución que, a lo largo de la transición, vaya experimentando el sector privado, el cual pasará a estar bajo la esfera de las formas colectivas de gestión y control social.

 

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González Casanova, Pablo
Las nuevas ciencias y humanidades. De la academia a la política
Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM-Anthropos, Barcelona, España, 2004, 478 pp.

por José Guadalupe Gandarilla Salgado
Universidad Nacional Autónoma de México

 

“... las ciencias y las humanidades, por la lógica básica de sus esfuerzos dispares, realizan cosas distintas, cada una de ellas esencial para la humanidad. Necesitamos esa totalidad por encima de todo, pero no podemos conseguir el objetivo eliminando las legítimas diferencias ... que hacen que nuestras vidas sean tan variadas, tan irreductibles y tan fascinantemente complejas. Pero si perdemos de vista este objetivo general ... que subyace a las preocupaciones y aproximaciones legítimamente diferentes de estas dos grandes maneras, entonces estaremos realmente derrotados, y los perros de la guerra destriparán nuestro vientre y vencerán”.
Stephen Jay Gould

 

El más reciente libro de Pablo González Casanova aborda, desde diversos frentes, el nada sencillo problema de la articulación entre las (nuevas) ciencias y las humanidades, tema éste que en distintos momentos de la historia de la ciencia, o en un sentido más profundo, en la amplia escala del desarrollo civilizatorio de la humanidad, ha ocupado la atención de mentalidades notables: En su momento, se dirimió como la disputa entre los antiguos y los modernos (debate que, en definitiva, se resuelve en el siglo XVII con el triunfo de la revolución científica bajo el cobijo del paradigma Newtoniano, aunque sus orígenes se remontan a los aportes tanto de Galileo como de Copérnico, sin olvidar los de Bruno y Kepler); no hace más de medio siglo fue signado por la alocución que C. P. Snow dictara en Cambridge, Inglaterra en mayo de 1959 a propósito de “las dos culturas”; más recientemente ocupa, aunque no de modo exclusivo, las disquisiciones que, sobre “la tercera cultura” y “la guerra de las ciencias”, se desataron en la última década del siglo XX.

El aporte de González Casanova no se limita a constatar, como desde mediados de los años sesenta lo hiciera W. T. Jones, que el “conflicto entre las concepciones científica y humanística de la vida” puede ser todavía considerado “la crisis fundamental de nuestra época” (1), va más allá al señalar, por un lado, que “el conocimiento es parte del poder y el poder parte del conocimiento” (p. 176), y por otro, que la construcción de alternativas en el ámbito de la política no puede continuar más al margen de la consideración de los desarrollos que el nuevo paradigma científico técnico está planteando. En tal sentido, la posibilidad de cambio en el mundo actual, se juega también en la dialéctica de los saberes hegemónicos y su posible crítica como superación desde los saberes y poderes alternativos.

La urgencia y necesidad de un estudio que ocupó por más de una década los esfuerzos de Pablo González Casanova parten de un reconocimiento que pocas veces se hace explícito por parte de aquellos que luchan por construir alternativas al orden social imperante: Nuestro autor no duda en afirmar que “se ha dado un cambio en la práctica de las ciencias y técnicas dominantes y en su articulación a la política, a la guerra y a la economía para la construcción de sistemas interactivos en que se incrementan las posibilidades de triunfo de quienes los diseñan e implementan”, sin embargo, “ese cambio tan importante del poderío tecnológico y su alteración del modo de producción, dominación y apropiación en el capitalismo no merece la atención prioritaria del pensamiento crítico” (p. 40). Dar respuesta a dicho desafío constituye uno de los méritos de este libro. A lo largo de sus cerca de 480 páginas desfilan (en un análisis que no descuida el señalar tanto sus virtudes como sus limitaciones) las contribuciones de autores de talla mundial; por mencionar algunos, Bertalanffy, Boulding, Piaget, Freire, Wiener, von Neumann, Turing, Weaver, Prigogine, Latour, Maturana y Varela, etc., todos ellos fundamentales en la edificación del “nuevo paradigma emergente” (p. 386) del conocimiento científico, y que no se ha dudado en equiparar a la Revolución Científica que se produjo en el siglo XVII. A lo largo del libro se tratan problemas relacionados con la cultura general y con la cultura de la especialización, pero no se agotan en dicha dimensión, el autor se ocupa de señalar las posibilidades que puede tener la “significativa unidad en el conocimiento” (p. 101), para fines u objetivos no sólo cognitivos sino de investigación-acción, transformación y creación. Parece ser que ahí reside el meollo que sugiere la interrelación que el autor propone ya desde el subtítulo del texto: “De la academia a la política”.

El paradigma anterior rigió durante tres siglos y se consolidó por medio del “imperialismo de la física mecánica” sobre las llamadas “ciencias duras” y sobre la base del dominio y colonización que éstas impusieron a las ciencias sociales (en términos de sus “marcos epistémicos” y sus criterios de dictaminación científica); sus alcances fueron tales que impregnaron, en formas rígidas, la propia armazón institucional de la Universidad, sede privilegiada del saber en la época moderna. Pero no culminaron ahí sus secuelas, dicho paradigma también limitó la propia filosofía y práctica del sujeto clásico llamado a modificar el “capitalismo realmente existente”. El sistema (y las fuerzas dominantes del mismo, que lo controlan) descubrió, desde mediados del siglo XX, en el cambio radical de paradigma que se está produciendo no sólo en los terrenos de la materia o de la vida, sino incluso en el campo de las mega-empresas los macro-estados y el complejo militar-industrial (con base en las tecnociencias y los sistemas complejos y auto-regulados), las potencialidades de su redefinición y la redefinición no sólo de su entorno sino de los propios sujetos y movimientos convocados a modificar el orden, a subvertirlo, y edificar “otro mundo posible” ( lo hizo a través de viejas y nuevas políticas de mediación, cooptación, colonización, esclavitud, neocolonización, guerras imperiales o globales, etc.); desafortunadamente no ha sido así, hasta ahora, por parte de las fuerzas emancipatorias y el pensamiento crítico.

Los movimientos antisistémicos que luchan por cambiar el mundo, por edificar “un mundo hecho de muchos mundos” tendrán que pelear y desenvolverse en escenarios en que rige al sistema, tal vez con mayor fuerza, la relación social determinante de dominación, explotación y apropiación, complejizada en grado sumo en los ámbitos en que ello ha permitido una mayor fortaleza a las clases y naciones que mantienen la hegemonía. Además de ello deberán “aprender a aprender” las nuevas formas de esta dialéctica compleja que por ahora se mueve en los espacios en que ofrece una mayor capacidad adaptativa del sistema, y que en cierto sentido le han permitido no sólo superar las limitaciones del capitalismo tardío sino además fincar las bases para el “dominio de un capitalismo complejo” (p. 73) que, sin embargo, han situado al mundo entero en puntos cercanos a los de no retorno, y esto, tanto por acciones directas como indirectas, por efectos deseados como no deseados. El pensamiento crítico deberá no sólo colocarse éticamente ante “los peligros de entropía o destrucción que amenazan la existencia misma de la humanidad” (p. 61). Si no quiere permanecer en desventaja en esta contienda, tendrá que hacerlo al modo de una toma de conciencia de los límites y contradicciones en que se encuentra el sistema dominante como totalidad organizada. Cumplirá mejor tal propósito si lo hace desde las nuevas herramientas conceptuales, epistemológicas y tecnocientíficas, tanto más por cuanto “la interdisciplina de los sistemas, busca, en el terreno científico y humanístico, la creación de novedades históricas” (p. 59).

El capítulo primero del libro (“Interdisciplina y complejidad”) no se limita a ubicar y señalar ciertos reduccionismos disciplinarios, quizá de modo más importante, se preocupa por colocar el énfasis en la necesidad de nuevos enfoques que obedecen a la propia lógica que caracteriza a determinados objetos, fenómenos, procesos, problemas o sistemas que han dado en llamarse complejos. Dichos nuevos enfoques no tienen su punto de arranque, de modo exclusivo, en la interrelación entre disciplinas. El tratamiento de dichos objetos y de “objetos-que-son-sujetos” como sistemas complejos reside en su característica interdefinibilidad y mutua dependencia de los elementos que forman el todo (p. 78). Totalidad que es más que la suma de las partes y más, incluso, que la suma de las combinaciones de sus partes, puesto que, en el juego dialéctico de unas y otras, existe un amplio margen para la libertad y la creación.

En el marco de sistemas complejos organizados (sean éstos, naturales, humanos o socio-históricos), tal interdefinición o dependencia mutua en el funcionamiento de sus partes puede dar lugar a nuevas relaciones y estructuraciones, o a la modificación y creación de sistemas alternativos, emergentes. En el ánimo de encontrar los límites del conocimiento dominante, Pablo González Casanova revisa en el capítulo segundo (“Complejidad y contradicciones”), de qué modo las nuevas ciencias dominantes, tanto en el terreno científico como humanístico, analizan la totalidad y sus contradicciones (hasta qué punto se autocritican). El saludable acercamiento que se sugiere en el capítulo primero entre la cultura “de las nuevas ciencias como ciencias de la complejidad y tecnociencias “ y “la del pensamiento crítico en sus versiones marxistas y no marxistas” (p. 67) no deberá ignorar las consecuencias epistémicas y cognitivas que acarrea un tal desplazamiento, de la interdisciplina a la totalidad. Tampoco podrá prescindir de considerar las oportunidades de creación que residen en la autonomía, en la organización y en lo posible. El pensamiento crítico obra con ventaja al entender la historicidad del sistema, en su tonalidad de capitalismo complejo, todavía enclavada en la relación social determinante de dominación y explotación de clases, pueblos y regiones, y de apropiación de la riqueza social existente o potencial. El significado que esto tendrá en la propia interdefinición que los sujetos y las fuerzas anti-sistémicas podrán experimentar a lo largo y ancho de sus luchas de resistencia, de clases, de liberación, por la democracia y el socialismo, no puede ser ignorado. Cauto en el uso de generalizaciones y predicciones (tan propio de modelos deterministas o probabilísticos que, en el caso de los sistemas históricos, otorgaron supuestas certezas que difícilmente brindaban espacios para la creación de novedades tanto del lado del objeto como del sujeto), nuestro autor avanza reflexiones para la elaboración de un programa de investigación-acción que nos permita estar mejor equipados para los muy variados avatares en que nos coloca la nueva situación histórica.

Los temas del libro ni de lejos concluyen con los hasta aquí expuestos sobre la organización del conocimiento, hay que dar paso al “conocimiento de la organización” y con ello develar las formas adaptativas, autorreguladas, dinámicas, en que el sistema, o complejo, o “complejo de complejos” (p. 230) dominante se las ve con las contradicciones y hasta qué punto las controla y refuncionaliza: obteniendo resultados no lineales a través del “uso óptimo de sus recursos”, que pueden incluir estrategias tales como la negociación y la dominación, la represión y la cooptación, la persuasión, la mediación, o de plano, el aniquilamiento y la destrucción. Si el pensamiento tecnocientífico dominante repara en las perturbaciones que asolan al sistema, o a los subsistemas que lo integran, y admite que éste opera en puntos lejanos al equilibrio, entrópicos, lo hace “en función de los objetivos del sistema dominante para fortalecerlo ... se postulan reestructuraciones que no acaben con los objetivos esenciales del sistema” (p. 209), que no amenacen “a la acumulación de excedente y al orden establecido del poder” (p. 338).

La caracterización del sistema de capitalismo neoliberal dominante (ahora ya en plena fase bélica) ha tendido recurrentemente a caer en el juego de la reducción determinista, que lo ubica en un solo plano, sin buscar las interconexiones entre sus distintas dimensiones, y las propias redefiniciones e interdefiniciones que los cambios en un plano propician en los otros: Se le mira (y se le combate) como el “pensamiento único” del momento, como un conjunto de políticas económicas, como un proyecto político o geopolítico conservador e imperialista, como un discurso ideológico que viene de décadas de consecuente labor por parte de una logia de “Mont Pèlerin”, o como la materialización de la revolución pasiva que caracteriza a nuestros tiempos. En su lugar el autor se pronuncia por un pensar-hacer orientado “a alcanzar objetivos ...[que]... aprovecha formas de razonamiento en que predomina la combinación en vez de la disyuntiva” (p. 194). Por encima de cualquier “lógica de contrarios”, el capitalismo complejo optimiza su funcionamiento a través de “la combinación del Mercado y el Estado, uno como sistema natural y otro como sistema adaptativo y auto-regulado” (p. 150). La dialéctica compleja en que se mueven las redefiniciones del sistema, sin embargo, lo colocan en puntos de bifurcación (que se cuentan en décadas); debido al hecho de que no estamos sólo frente a un “nuevo esquema imperial de dominación” (p. 329), ni frente a un “Estado global sumamente peligroso para el futuro de la humanidad” (p. 332), sino ante el hecho innegable de que la alternativa que la humanidad requiere no puede ser ofrecida por la “alternativa sistémica” (que entre sus posibilidades incluye, nada menos que, “la muerte térmica del sistema autorregulado y adaptativo llamado capitalismo” (p. 231), y con ello el fin de la vida toda). Si por dialéctica se entiende el “dar sentido a las contradicciones” (p. 215), reparamos en el hecho de que el pensamiento crítico brinda mejores posibilidades para el estudio de “la relación entre las contradicciones y la dialéctica” (p. 210), justo por el hecho de que reconoce la historicidad del sistema, en tanto cada una de ellas (contradicciones y dialéctica, o el sentido de las mismas), se resuelven de manera más profunda dado que, son vistos “los sistemas complejos en tanto sistemas históricos” (p. 214). Desde lo más granado del pensamiento crítico (Lukács, Kosik, Adorno y Horkheimer, Goldmann, Lefebvre, etc.), y colocándose ante los “márgenes de libertad restringidos” y los límites infranqueables del sistema, se da cuenta a lo largo del tercer capítulo (“La dialéctica de lo complejo”), de las posibilidades de que otro sistema emerja.

El sujeto histórico reaparece del lado de las víctimas en muy variadas formas y descubre que la emergencia de sistemas o subsistemas alternativos exige también la interdefinición de las fuerzas que en su interior se funden para luchar por el interés general y universal. La exigencia de interdefinición de las propias fuerzas que luchan por alcanzar un “sistema alternativo”, emergente, que “será obra de la humanidad o no será” (p. 297), es decir, que tendrá que incluir en su “unidad de la diversidad” a muchos más que aquellos que luchan por la democracia, la liberación y el socialismo”, tendrá que partir del reconocimiento de la triple derrota de la socialdemocracia, el nacionalismo revolucionario y el socialismo histórico, pero no podrá detenerse ahí, como sí lo hacen muchos en su desencanto. Al operar de un modo en que, ni sucumba ni se limite a la autocrítica destructiva, desgastante, podrá enfrentar de mejor manera las propias contradicciones que residen en el interior de sus contingentes, sin que ellas los conduzcan a la auto-destrucción. Si a lo largo de la historia moderna ha habido profundas redefiniciones “del protagonista” de la historia (pasando de su forma pueblo en la Revolución Francesa, a la de clase trabajadora en las luchas del socialismo contra la dictadura del capital, o a la de naciones o coaliciones de naciones en tanto movimientos de liberación en contra del imperialismo), el momento actual no será la excepción; para González Casanova el actor emergente “evolucionó de lo local a lo mundial, pasando por lo nacional y lo regional. Su articulación abarcó y abarca, en ciernes una comunidad hecha de muchas comunidades, una unión hecha de muchas uniones nacionales, transnacionales e internacionales, y una organización de organizaciones y redes sociales, políticas y culturales entre cuyos proyectos prioritarios destaca el respeto a las diferencias y a las autonomías para la interdefinición y construcción de la unidad en la diversidad” (p. 294).. En esta coyuntura, las nuevas ciencias podrán ofrecer un gran servicio para la causa de la construcción de nuevas alternativas (motivo de análisis del cuarto capítulo del libro), siempre y cuando se procure “su dominio y adaptación para la lucha” (p. 352), por parte de aquellos que no sólo defienden su capacidad para producir y “cambiar las relaciones sociales” (p. 333), sino que la ejercen. El recurso a la esperanza (E. Bloch) se constituye en un vector que orienta a las fuerzas de un pensar – hacer alternativo, emergente, cuyos “nuevos atractores” ubica en la dignidad y la autonomía (de pueblos, organizaciones y personas) pero orientados hacia la “redefinición de las organizaciones del interés general y universal en tanto conocimiento y en tanto poder” (p. 180) (2).

La obra se cierra con un erudito relato que se inscribe en el terreno de la historia de la ciencia. Comienza por ubicar las bases del paradigma Newtoniano, en un recorrido que va desde los griegos en el siglo VI antes de Cristo hasta los tiempos de la obscuridad precursores del Renacimiento, para situar en perspectiva los más profundos ataques que, a lo largo del siglo XIX y XX, amenazaron su hegemonía (Darwinismo, Relatividad, y pensamiento crítico marxista), y que sólo desde mediados del siglo pasado e inicios del que corre (tecnociencias y ciencias de la complejidad), parecen desbancarlo y edificar “un nuevo paradigma dominante”.
Algunos han señalado, con acierto, que el peor destino que puede ocurrir a los “textos clásicos” (y el que nos ocupa está llamado a serlo) es convertirse en una obra “frecuentemente citada pero escasamente leída”. Por tal motivo, quien lea estos párrafos lo debe hacer advertido de que esto no lo exime de acometer una seria lectura línea por línea de un libro difícilmente resumible en unas cuantas páginas. Recientemente Rolando García nos ha recordado que Henri Poincaré afirmaba haber alcanzado la claridad de un tema cuando podía “salir a la calle, detener a un transeúnte, y explicárselo en su propio lenguaje” (3), no dudamos en afirmar que ésa es una de las múltiples virtudes que el lector encontrará en este libro.


1. W. T. Jones. Las ciencias y las humanides. Conflicto y reconciliación, México, FCE, 1976, p. 52. (edición original en inglés de 1965).
2. Acotación, esta última, tanto más importante a la luz de lo que actualmente ocurre en Santa Cruz, Bolivia.
3. Rolando García. “Las confusiones del caos y los malentendidos de la complejidad” en Educación Superior: Cifras y Hechos, Año 4, núms. 21 – 22, julio – octubre de 2004, pág. 15.


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György Lukács
Ontología del ser social
Buenos Aires, Ediciones  Herramienta, 2004, 208 pp.

por Martín Salinas
Facultad de Filosofía y Letras, UBA


En vista de que la recepción de la obra de Lukács se ha visto a menudo limitada por la escasa difusión que los espacios editoriales le brindaron, y por las no siempre justificadas malas interpretaciones, la presentación de los textos aquí reunidos (“Marxismo y lógica”, “Los fundamentos ontológicos del pensamiento y de la acción humanos”, la sección sobre el trabajo de la Ontología del ser social, y una selección de pasajes de los Apuntes sobre Ética) no solo contribuye a la divulgación de la obra tardía del filósofo marxista más influyente del siglo XX, sino que también expresa la feliz continuidad del trabajo iniciado por Antonino Infranca y Miguel Vedda, con la publicación de los textos –también inéditos en castellano– que integran el volumen Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía (Herramienta, 2003).

Hasta la edición de los textos reunidos en el presente volumen, el lector de lengua española interesado en la Ontología del ser social (publ. en 1984/1986) tenía que circunscribirse a las entrevistas realizadas en 1966 por Abendroth, Holz y Kofler (1), en las que el filósofo húngaro comenta algunos de los aspectos que nutren la última de sus obras sistemáticas. La centralidad del capítulo dedicado al trabajo obedece a que en él Lukács no se limita a exponer el análisis realizado sobre el fenómeno originario [Urphänomen] en el proceso de hominización; también permite una relectura de obras que como Historia y conciencia de clase (1923) –puesta en contraposición con la Ontología–, o la Estética (1963), que, a pesar de su sistemática autonomía, prefiguran el método ontológico allí expuesto. Estas vinculaciones dan por tierra con aquellas interpretaciones que presentan la obra de Lukács como surcada por continuos quiebres, definidos en función de su presunta fidelidad a la ortodoxia comunista. Pero tampoco se trata de una continuidad tal que impida al lector no iniciado una correcta comprensión de las obras aquí presentadas; de hecho, la creciente relevancia que en la evolución de Lukács ha cobrado la vida cotidiana como base de sus análisis, ha influido en su modo de exposición filosófico, caracterizado por su estilo prolijo y accesible (la conferencia sobre “Los fundamentos…” ofrece un ejemplo de ello) A este fin, tanto el estudio preliminar, como la correcta tarea de la traducción, resultan de gran ayuda. En vistas del alcance de la empresa, este no es un dato menor. En el marco de un renacimiento del marxismo, y a partir de las bases que reconoce inherentes al pensamiento marxiano, desviado a lo largo del siglo XX, ya por tendencias caracterizadas por el objetivismo mecanicista propio de la Segunda Internacional, ya por una posición voluntarista, Lukács intenta establecer las bases de una nueva ontología, y de situarla en la tradición del pensamiento ontológico clásico (Aristóteles, Hegel).

La alternativa (para mencionar una de las categorías centrales de la ontología lukácsiana que prepara el terreno para la Ética, que Lukács finalmente no llegó a escribir) ante tales desvíos es encontrada por Lukács en aquella actividad que se halla en la base de toda práctica social: el trabajo –complejo constituido por las leyes causales por la que se rige la naturaleza, y por la posición teleológica (es decir: por la postulación de fines) por parte del ser humano. Solo a partir del análisis que representa el trabajo como actividad eminentemente humana, sostiene Lukács, es posible rastrear la peculiaridad concreta del ser capaz de una actividad ética. Y solo a través de su carácter procesual (la transformación de la naturaleza por parte del sujeto, que a partir de su propio campo de juego –la progresiva socialización de la naturaleza-, y por medio de la postulación de una finalidad previa a la actividad, se transforma a sí mismo), puede definirse la relevancia del factor subjetivo de dicha categoría. En el comentario a la Lógica de Fogarasi, la relación establecida entre la dynamis aristotélica y la potencialidad del trabajador desocupado, así como el acento puesto sobre la capacidad de autogestión que el hombre realiza a través del trabajo, muestran el modo en que Lukács concibe el pensamiento filosófico como una praxis social fuertemente anclada en la vida cotidiana. Las permanentes referencias a la Ética nos acercan a un texto que, a pesar de su forma fragmentaria, resulta fructífero gracias al detallado y no menos estricto cuerpo de notas que lo acompaña. El índice completo de la obra que se ofrece ayuda a percibir la amplitud de una obra ineludible.


1. Hans Heinz Holz; Leo Kofler y Wolfgang Abendroth, Conversaciones con Lukács, Madrid, Alianza, 1971.
 

 

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Colborn, T; Peterson Myers, J; Dumanoski, D.
Nuestro futuro robado. ¿Amenazan las sustancias químicas sintéticas nuestra fertilidad, inteligencia y supervivencia?
Madrid: EcoEspaña Editorial, 2001. ISBN: 84-932176-0-3. pp. 59.

por Guillermo Foladori
Universidad Autónoma de Zacatecas, México

Edición patrocinada por: Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS); Secretaría Confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de Comisiones Obreras (CC.OO.); Secretaría Confederal de la Mujer de Comisiones Obreras (CC.OO.); Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE); Secretaría Regional para América Latina de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (UITA); Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM).
 

En 1962 Rachel L. Carson publicó el libro Primavera Silenciosa. Allí se denunciaba que los plaguicidas sintéticos contaminaban la naturaleza y se acumulaban en el cuerpo, con peligros sobre la salud. Esos productos químicos aparecían en la leche materna y en la grasa, navegaban y se transmitían por las cadenas tróficas y las generaciones. Por su momento y por su alegato, este libro es un clásico de la historia del moderno pensamiento ambientalista.

En 1996 Colborn, Myers y Dumanoski publican la primera versión en inglés de Nuestro Futuro Robado. Este libro puede considerarse en la misma línea de pensamiento que el de Carson, ahora alertando sobre la disrupción endócrina, es decir, la manera cómo muchas sustancias químicas pueden interferir en las hormonas.

Nuestro Futuro Robado debe ser lectura obligatoria de todos los interesados por las cuestiones ambientales, la salud, la biodiversidad; y en realidad por cualquiera interesado en el futuro de la humanidad que, como dice el título, está, hace décadas, siendo robado por la tecnología química.

El libro puede ser leído de diferentes formas. Una lectura lineal muestra los innumerables ejemplos de la manera cómo productos químicos perdurables afectan el sistema endocrino de los más diversos seres vivos, alterando el metabolismo, impactando directamente en el cerebro y el sexo, y poniendo en riesgo el futuro de las especies. Y, no se trata solamente de los efectos sobre peces o aves, también sobre mamíferos superiores como osos polares y los seres humanos. Las águilas calvas de Florida perdían el instinto de emparejarse y criar a sus polluelos; las nutrias de Inglaterra disminuían alarmantemente su número, el número de crías de los visones de los Grandes Lagos de Estados Unidos se redujo a la mitad, las gaviotas argénteas del Lago Ontario nacían muertas o con deformidades, el 60% de los caimanes de Florida nacían con el pene tan pequeño que impedía su reproducción, y los daneses descubrieron a principios de los noventa que la cantidad media de espermatozoides en los hombres había disminuido en un 45% entre 1940 y 1990, al tiempo que el volumen de semen eyaculado había disminuido un 25 por ciento. El libro muestra las interrelaciones entre estos y otros muchos casos y el aumento de los compuestos químicos perdurables.

Una lectura metodológica enseña, entre otras, los siguientes elementos a tener en cuenta al momento de estudiar problemas medioambientales, o la relación entre los químicos y la salud.

1. Después de la segunda guerra mundial los países desarrollados tuvieron espectaculares aumentos en las condiciones sanitarias, en el nivel de vida y, consecuentemente, en la esperanza de vida. Como resultado, para esos países, las causas de muerte se fueron desplazando de las enfermedades infecciosas a las enfermedades circulatorias, y al cáncer. Se convirtió en dogma la relación entre toxicidad y cáncer. Un producto era considerado tóxico cuando provocaba cáncer (o alguna otra enfermedad reconocida como las mutaciones genéticas o malformaciones congénitas) en el individuo medio. Nuestro Futuro Robado sistematiza información científica de miles de artículos para mostrar, sin lugar a dudas, que existen otros muchos efectos nocivos en la salud humana aún cuando no provoquen cáncer. Son de particular interés las disrupciones endocrinas que alteran el comportamiento hormonal y pueden tener efectos retardados, sólo visibles muchos años después. Esta constatación obliga a dos tipos de reflexión: a) el concepto de toxicidad es histórico, depende del grado de desarrollo científico, del papel de las luchas sociales en establecer patrones más exigentes de control y de parámetros, y del impacto dinámico de las tecnologías sobre la vida y el medio ambiente. b) la elección de determinadas enfermedades como indicadores de toxicidad no es un resultado exclusivamente científico, ni fijo, es dinámico y responde a los intereses de las compañías farmacéuticas que lucran con determinadas medicinas y enfermedades pero no con otras, y al avance de algunas sociedades. Bien puede estar dejándose de lado impactos sustanciales en la salud que se manifiestan de otras formas. Los peligros para la salud que muchos compuestos químicos pueden presentar no necesariamente provocan cáncer, pero pueden provocar alternaciones hormonales de tal calibre que hagan disminuir la fertilidad de las personas, que afecten el crecimiento o la inteligencia, que provoquen hiperactividad o debiliten la capacidad de concentración.

2. Compuestos químicos persistentes como los PCBs (polychlorinated biphenyls) son una serie de organoclorados, que contaminan el agua y los sedimentos, y que son consumidos por microorganismos los cuales son, a su vez, consumidos por pequeños animales, éstos últimos alimento de animales mayores, y así van ascendiendo en la cadena trófica hasta llegar a las aves, los grandes mamíferos y el ser humano. Al no degradarse, estos químicos se acumulan y las especies ubicadas más alto en la cadena alimenticia reciben la acumulación de todas las anteriores. El ser humano es una de esas especies ubicada más arriba y, por tanto, sujeta a la acumulación exponencial de PCBs. Es necesario distinguir los tóxicos que el organismo normalmente degrada y elimina, de aquellos que son persistentes, atraviesan la cadena trófica y se acumulan.

3. La toxicidad de determinados compuestos químicos como los PCBs tiene efectos más nocivos en la descendencia y en las primeras etapas del ser vivo que en los adultos. Contra lo que se piensa comúnmente, muchos compuestos químicos pueden atravesar la barrera que constituye la placenta y pasar de madre a hija o hijo. El concepto de individuo medio como criterio de unidad de análisis de toxicidad no es suficiente. Los PCBs, por ejemplo, tienen mayor impacto en el feto, aún cuando puedan pasar desapercibidos en el adulto. Los estrógenos pueden tener efectos diferentes dependiendo del sexo, y la edad. De manera que tanto el momento como la etapa de desarrollo y el sexo son diferenciales en el criterio de toxicidad. La cautela en cuestiones de salud no es nunca excesiva.

4. Muchos compuestos químicos tienen efectos retardados, hasta generaciones posteriores. ¿Cómo conciliar esto con la necesidad de análisis inmediatos, para que productos y fármacos salgan al mercado y produzcan las ganancias esperadas por las corporaciones lo antes posible? Estrógenos sintéticos como el DES (dietilestilbestrol) fueron ampliamente vendidos durante los años cuarenta y cincuenta para obtener una descendencia más sana y fuerte, para suprimir la leche materna después del parto, para tratar el cáncer de próstata y muchas otras funciones más. Treinta años después comenzaron a reconocerse los efectos de esta droga en los niños que nacían sin piernas o brazos (el escándalo de la talidomida). El organismo no es capaz de descomponer y eliminar los compuestos sintéticos, como lo hace, por ejemplo, con los estrógenos naturales. De manera que estos compuestos químicos se acumulan en el cuerpo sometiendo al organismo a una exposición de bajo nivel pero de larga duración y persistencia. Hay un claro conflicto de interés entre los ciclos biológicos y los ciclos del mercado.

5. Es equivocado pensar que podemos limitar físicamente el efecto de los compuestos químicos tóxicos a un área geográfica determinada. ¿Cómo podían los osos polares de Groenlandia, alejados de la producción industrial, tener aculados PCBs en su grasa en proporciones increíblemente altas? Los PCBs comenzaron a producirse en la década de 1930, recién se conoció su persistencia en 1966, y fueron prohibidos en Estados Unidos en 1976, mientras en la antigua Unión Soviética se continuaron produciendo hasta 1990. Para entonces, ya habían contaminado todo el globo terráqueo. Muchos de ellos son volátiles, se desprenden con la combustión de combustibles fósiles y basura, penetran por ingestión y, a veces, por inhalación en toda la cadena trófica, y los animales más arriba de la cadena trófica, como los osos polares que se alimentan de focas y peces, terminan concentrando el resultado de la acumulación exponencial histórica y zoológica, a pesar de estar muy lejos de la industria capitalista. Escriben los autores: “Prácticamente todo el que esté dispuesto a invertir 2000 dólares en análisis encontrará por lo menos 250 contaminantes químicos en la grasa de su cuerpo, independientemente de si vive en Gary (Indiana) o en una remota isla del Pacífico Sur” (: 185).

6. No siempre el análisis de compuestos uno por uno muestra la toxicidad que surge de la relación entre ellos. Los disruptores hormonales en cantidades a veces insignificantes pueden tener un importante impacto acumulativo cuando juntos. Es el caso de algunos estrógenos sintéticos de los cuales se sospecha que unidos pueden contribuir a producir efectos hormonales o a reproducir células de cáncer de mama. Este sería el caso de una sustancia química que se encuentra en los revestimientos plásticos de las latas de envase de alimentos. Los estrógenos químicos están en los plásticos, en los enlatados, en las pinturas, en los detergentes, etcétera.

7. Los compuestos químicos permanentes pueden estar debilitando los sistemas inmunológicos de varias especies, y, tal vez, también del ser humano. Como esto es un efecto retardado, que se conoce a largo plazo y después de algunas generaciones, levanta la duda de si el ritmo del desarrollo tecnológico al cual la moderna sociedad capitalista se ha subido condice con los intereses de un nivel y estilo de vidas más saludable y sustentable en el tiempo. Es hora de preguntarse si el sistema evolutivo de la vida misma no está en riesgo. Es hora de preguntarse si los problemas derivados del avance tecnológico pueden y deben ser resueltos con más tecnología o, por el contrario, más tecnología sólo profundiza las dificultades.
 


 


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