Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 12 (segundo semestre de 2005) 
number 12 (second semester of 2005)

    

ISSN 1515-6443


Cuando los Gnomos vienen marchando.
Implicaciones de la nanobiotecnología

Guillermo Foladori y Noela Invernizzi
*

 


* Doctorado en Estudios del Desarrollo, Universidad Autónoma de Zacatecas, México: E-mail: fola@cantera.reduaz.mx 



Introducción

Los productos de la nanotecnología ya abarcan desde el calzado hasta los cosméticos, y de productos para la aeronáutica a las llantas de automóviles (Forbes, 2004). En medicina se esperan laboratorios en chips (lab-on-a-chip) que con velocidad puedan hacer análisis de pruebas de sangre, mecanismos automáticos de distribución dentro del cuerpo de drogas anti-cáncer y bombas para suministrar insulina, terapias genéticas o implantes y prótesis con materiales nanoestructurados (Malsch, 2002). Si en las próximas décadas esta tecnología se difunde y vuelve hegemónica, como anuncian sus voceros, es posible que muchos aspectos de las relaciones económicas entre países, de la vida cotidiana, y de la relación de la sociedad con la naturaleza se modifiquen (Roco y Bainbridge, 2001). Pero, que existan cambios no significa que se cumplan las esperanzas que los visionarios de la nanotecnología divulgan, como una tecnología capaz de solucionar la mayoría de los problemas del mundo, al menos los relacionados con la alimentación energía, agua potable, basura y salud, lo que no es poca cosa.

Como resultado de recientes promesas no cumplidas, como las asociadas al supuesto beneficio de la energía nuclear o a los organismos genéticamente modificados, la nanotecnología ya ha despertado grandes controversias. Existen críticas sobre los posibles efectos de las nanopartículas sobre la salud o sobre el medio ambiente (ETC group, 2003). También hay preocupación sobre el efecto que tendrá esta tecnología en los países pobres y en la distribución de la riqueza (Foladori e Invernizzi, 2005). Las aplicaciones militares son de enorme preocupación, y han dado lugar a muchos artículos (Altmann y Gubrud, 2004); y también lo son los posibles usos de los dispositivos nanotecnológicos de sensoreamiento y comunicación para el control de los individuos (Mehta, 2002).

A pesar que todavía hay quienes consideran que la tecnología es una cosa neutra, que puede ser utilizada para diferentes fines, la mayoría de los estudiosos de la tecnología reconocen que tecnología y sociedad coevolucionan, existiendo una interdependencia entre ambas (Sarewitz y Woodhouse, 2003). Cuando el grupo ETC (2004a), por ejemplo, sostiene que no puede esperarse mucho de la revolución de la nanotecnología porque está en manos de las grandes corporaciones multinacionales, está reflejando la idea de que la tecnología está condicionada por las relaciones sociales y de poder de las cuales nace.

En este artículo argumentamos que la nanotecnología lleva en su propio diseño los “genes” del contexto social en que fue creada, reforzando las relaciones sociales prevalecientes (Sarewitz, et al., 2004). Ejemplificando con la nanobiotecnología, argumentamos que los nanoproductos están orientados a estrechar la dependencia del consumidor respecto del mercado.


2. La neutralidad de la tecnología es sólo relativa, si lo es

Se dice que en el año I d.c. Herón de Alejandría inventó la aeolipile, primera máquina de vapor. Fue diseñada y exhibida para abrir las puertas de un templo, pero no fue aplicada a la producción. También inventó máquinas hidráulicas y diversos instrumentos. Presumiblemente sólo los de guerra fueron aplicados. Los estudiosos de la tecnología distinguen el invento de la innovación; está última requiere la aplicación práctica del invento a diversas ramas de la economía. Los antiguos griegos realizaron muchos inventos, pero pocas innovaciones. Los grandes filósofos, como Platón y Aristóteles explicaron esto de forma simple: no es digno crear instrumentos que van a ser usados por esclavos. El desarrollo de la tecnología era incompatible con el trabajo esclavo, (Anderson, 1979, Dierckxsens, 1983).[2]

Nadie duda que la tecnología tenga tremendos impactos en la sociedad. Es común, sin embargo, pensar que la tecnología es algo separado de la sociedad y que la impacta desde fuera. Como actualmente muchos avances científicos son desarrollados en instituciones públicas, pareciera que pueden ser utilizados en cualquier contexto social, o por lo menos que son política y económicamente neutros. Este es el caso de la nanotecnología. Hasta principios del 2005 el grueso del financiamiento para la investigación en nanotecnología provenía de fondos públicos (NanoxChange, 2004), por lo que parece no ser una necesidad de la gente, ni una demanda del mercado (market pull), sino una presión de la ciencia (science push) (Wilsdon y Willis, 2004). Inclusive los estudios de los potenciales impactos sociales de la nanotecnología han sido una imposición de arriba hacia abajo (Bennett y Sarewitz, 2005).

Sin embargo, la imagen de que la tecnología es algo neutro y resultado de inventores bienintencionados no se sostiene. Los antiguos griegos diseñaron instrumentos de trabajo toscos y pesados porque los esclavos no tenían ningún interés en conservarlos y los maltrataban y destruían. En el diseño de los instrumentos podía leerse la marca de las relaciones sociales que los crearon. Las relaciones de esclavitud impidieron que los inventos fuesen generalizados como innovaciones técnicas, y frenaron el desarrollo de las fuerzas productivas. No solamente la tecnología y la sociedad coevolucionan, sino que la tecnología lleva en su diseño los “genes” de las relaciones sociales que les dieron a la luz.

Aquellos que piensan que la tecnología es algo neutro y externo a las contradicciones sociales tampoco están totalmente desorientados. Hay muchas razones para pensar que la tecnología evoluciona independientemente del contexto social y, una vez generalizada, transforma la sociedad. Para comenzar es útil pensar la producción de instrumentos en su forma más genérica, como objetivación de parte de la naturaleza externa con fines de uso futuro.

Mientras el resto de los seres vivos asume la naturaleza de manera inmediata, utilizando los recursos en la medida de la necesidad, el ser humano transforma la naturaleza para usos futuros. De esta manera el producto del trabajo humano se distancia del productor y pasa a adquirir autonomía. Lo que antes era naturaleza, se objetiva. El ser humano se convierte en sujeto de una naturaleza que es su objeto. Este proceso de objetivación presenta varias facetas:

• El producto del trabajo u objeto se separa en el tiempo y en el espacio de quien lo creó. Una cosa es la producción, otra el uso. Esto permite la comparación permanente entre el diseño mental y el resultado final. El productor reflexiona permanentemente sobre las imperfecciones del útil en el cumplimiento de su función. Esta es la base histórica del creciente perfeccionamiento del útil en función de la necesidad.

• La objetivación se expande idealmente a la naturaleza no tocada. El ser humano se distancia reflexivamente del resto de la naturaleza, y la pasa a contemplar como un "juego de armar", posible de reordenar a voluntad.

• El objeto imprime condiciones a quien lo usa, tanto por los materiales, por la función, o la forma de manipularlo. Con ello los instrumentos adquieren una cierta vida propia. Primero, reproduciendo un estado de comportamiento con el medio. El transporte mediante animales de carga, por ejemplo, implica un tiempo, caminos, equipos de reposición, etcétera, totalmente diferentes al transporte carretero. Segundo, reproduciendo un estado de relaciones sociales. La división técnica del trabajo, por ejemplo, está impuesta por el tipo de maquinaria y de materia prima en cada proceso laboral, pero ella, al aplicarse, reproduce particulares jerarquías y medios de control entre los trabajadores. Tercero, influyendo en el condicionamiento físico de la persona, lo que queda claramente expuesto en las distintas enfermedades laborales. La técnica pareciera impactar a la sociedad como una fuerza sobrenatural.

• El objeto creado es un nuevo objeto, esto es, algo que no existía de esa forma con anterioridad. Ello genera nuevas interconexiones con el resto de la naturaleza y la vida humana. Se trata de interconexiones imposibles de prever en su totalidad antes de la fabricación. Surgen así resultados imprevistos y otro argumento para pensar en la tecnología como un ente con vida propia.

• El objeto se convierte en un valor de uso, perdiendo su naturalidad. Todos los objetos útiles son producidos a partir de materia brindada por la naturaleza. Pero una vez que el ser humano la cambia de forma, y convierte en un objeto útil, su materialidad natural deja de importar. Una silla de madera es, ante todo, una silla. Tan pronto se rompe o deteriora, y su utilidad desaparece, la materia de la cual se compone pierde interés. De esta forma los objetos producidos por el ser humano tienen un ciclo de vida: primero se separan de la naturaleza de donde su material fue obtenido, luego se transforman en un objeto útil para la satisfacción de necesidades humanas; luego, cuando dejan de ser útiles, se convierten en cadáver, distanciándose ahora también de la sociedad humana que le dio a luz. El ciclo de vida identifica a la tecnología con cualquier organismo, reforzando la imagen de autonomía.

A seguir, es útil pensar la técnica en su aplicación cotidiana y en el contexto de la sociedad en que vivimos. También de estas determinaciones surgen fuerzas que hacen pensar que la tecnología es algo independiente, casi con vida propia, que se impone y moldea la sociedad.

• El instrumento está separado del sujeto que lo emplea, de manera que puede ser utilizado indistintamente por diferentes personas y en diferentes contextos. Se presenta con independencia propia.

• Buena parte de los avances en ciencia y tecnología que dieron lugar a nuevas tecnologías fueron inventados en universidades o centros públicos de investigación y no necesariamente en empresas privadas; esto permite suponer que sólo había un interés de utilidad pública en su creación.

• Los instrumentos, máquinas, etc., pueden ser libremente comprados en el mercado, lo cual refuerza la idea de que cualquier persona puede, eventualmente, beneficiarse de sus capacidades.

• Muchos de los resultados imprevistos perjudiciales, como las catástrofes ambientales, afectan a la población en su conjunto, con independencia de las relaciones de propiedad o uso de los instrumentos o procesos. La tecnología discreta encierra un riesgo global (Beck, 1992). Lo cual muestra el carácter externo y generalizador de la tecnología

Pero, así como hay argumentos para pensar que la tecnología es un ente externo, con una dinámica y vida propias, también hay argumentos para mostrar que en su propio diseño la tecnología está reproduciendo las relaciones sociales que le dieron origen. Esto ocurre en todas las épocas económicas, con mayor o menor claridad. Se trata de un proceso de selección, que muchos autores comparan con el propio proceso de selección natural (Hodgson, 1995). Hay, no obstante, importantes diferencias. Por un lado, está la diferencia de quién realiza la selección. Mientras en la evolución de la naturaleza la selección es resultado de la reproducción de las especies en un contexto de lucha y cooperación interespecífica, intraespecífica y con el medio abiótico y los elementos, en el caso de la selección de la tecnología son básicamente las relaciones sociales — y el mercado en el caso del capitalismo — quienes filtran, aunque como tendencia y nunca de manera inmediata o absoluta, aquellas tecnologías que terminan imponiéndose en una trayectoria tecnológica y expresándose científicamente de manera paradigmática (Kuhn, 1962). Por otro lado está la diferencia en la severidad de la selección. Mientras la selección natural no lleva a una actitud maximalista (Gould, 1993, Hodgson, 1995),[3] sino solamente tolerante, el capitalismo, en su caso, es despiadado en cancelar las trayectorias productivas que no se ajustan a su dinámica (Luxemburgo, 2003). Esta última distinción es de la mayor importancia para el análisis de la nanotecnología, ya que algunos autores suponen que la hibridación del cuerpo humano con nanoproductos significa un paso en la evolución, con lo cual pasan a imponer leyes de la economía capitalista al comportamiento biológico (García-Rill, 2002; Llinás y Makarov, 2002). Mientras la evolución natural es un proceso lento, la tecnología puede dar saltos importantes, como lo que ocurre con las llamadas tecnologías desestructurantes (disruptive technologies) que convierten en obsoletas trayectorias tecnológicas competitivas. La nanotecnología promete ser uno de estos tipos de tecnología. Por último, en la evolución natural las divergencias (separación de especies) no tienen ulterior unión, en la evolución tecnológica las distintas ramas tienden a juntarse; la nanotecnología es un ejemplo paradigmático de esta unión entre ciencias de la computación, cognitivas, biológicas, químicas, físicas y otras (Carroll, 2001).

Si prestamos atención a las características de la tecnología capitalista, veremos algunas constantes que tienden a repetirse y hasta profundizarse, se trata de elementos que superan los filtros, y que las tecnologías exitosas conllevan. Estos elementos son indicadores de la “marca de origen” que la tecnología lleva y que responde a las relaciones sociales que le dieron origen.

• Uno de estos elementos es la medida en que su diseño se adapta al funcionamiento del mercado. Siempre existen varios caminos para un objetivo general, pero aquel cuyo diseño mejor se adapta al mercado corre con ventajas. Para favorecer el circuito mercantil el objeto debe ser mejor que su competencia en un sinnúmero de características, entre las cuales están: debe ofrecerse un objeto vendible, de manera de que el consumidor pueda, por sí mismo, obtener en el mercado lo que satisface su necesidad. Tiene que tener el menor tamaño posible, para abaratar el transporte y almacenamiento. Tiene que ser lo menos perecedero posible, para facilitar su distribución. No debe ser fácil de reproducir, para impedir la auto-producción o las copias. Sólo la forma de consumo o uso de la mercancía debe divulgarse, nunca la forma de su fabricación o dispositivos internos, de manera que el cliente esté atado a quien le vendió el producto para fines de reparación, reposición, partes, etc. Tiene que desgastarse rápido, para poder ser sustituido por nuevos productos, y agilizar así la rotación del capital. Todo esto, además, de tener algún grado de eficiencia para cumplir con el uso prometido.

• Productos que poseen patente representan ganancias monopólicas y son mejores que productos que no pueden patentarse. Esta diferencia es de la mayor importancia en los productos farmacéuticos.

Toda rama de la economía tiene sus particularidades, derivadas del objeto con el cual trabaja. Lo cual hace que las características de mejor “adaptación” al mercado tengan su especificidad. La mecanización agrícola generalizada, por ejemplo, es posterior a la industria automotriz, por la simple razón que necesitó transformar autos en tractores, y adaptar los primeros a una superficie irregular y de diferente resistencia, al mismo tiempo que acondicionar el trabajo de roturación del suelo, siembra, limpia o cosecha a las peculiaridades de cada vegetal. La medicina tiene muchas particularidades, siendo la más general el hecho de que cada organismo es diferente al resto, y diferente a si mismo en distintas etapas y hasta minutos de su vida. Pero, además, tiene la particularidad de que el organismo reacciona frente a las enfermedades desarrollando anticuerpos, de manera que la medicina se enfrenta a un competidor interno con siglos de experiencia evolutiva, el propio organismo. Sin embargo, los medicamentos que pueden ser vendidos masiva y directamente al consumidor son mejores — mercantilmente hablando — que los remedios individualizados y que los servicios personales. Veamos estas particularidades en la comparación entre la biomedicina, la homeopatía y la acupuntura.

En biomedicina el remedio puede ser claramente separado del servicio del médico, y también comprado directamente por el enfermo. La medicina es estandarizada y el enfermo puede evitar al médico comprándola directamente. En la acupuntura no hay medicina. El servicio personal del médico no puede ser evitado. La homeopatía se ubica entre ambos: la práctica del médico es necesaria porque la medicina es individualizada, de manera que las posibilidades del enfermo de comprar los remedios directamente no son tan simples como en la biomedicina.[4] Aparte de estas diferencias está la cuestión de las patentes. Medicinas ya conocidas no pueden ser patentadas. Ni la acupuntura ni la homeopatía pueden tener patentes como sí la biomedicina. El cuadro 1 ilustra estas diferencias.
 

Cuadro 1

Relaciones entre la terapia y la viabilidad de mercado

Tipo de terapia

Producto final

Característica del producto

El conocimiento científico de las propiedades del producto queda en:

Patentes

Biomedicina

Mercantil

Masivo

La farmacéutica y débil en el médico

si

Homeopatía

Mercantil

Individualizado

La farmacéutica y fuerte en el médico

no

Acupuntura

Servicio

Individualizado como servicio

El médico

no

 El cuadro muestra la intrincada relación entre el proceso de producción-circulación-consumo y las relaciones sociales capitalistas. Las filosofías holistas de la medicina complementaria y alternativa no son relegadas debido a su dudosa efectividad, es el mercado quien elige trayectorias tecnológicas que pueden ser fácilmente subsumidas a su funcionamiento. El mercado no es neutro.

Otra esfera de competencia ocurre a nivel del propio método terapéutico. También el método es sometido a escrutinio por el mercado. En términos generales puede decirse que existen dos filosofías de curación, por detrás de las distintas terapias. Una pretende apoyarse en las propias defensas del individuo, para fortalecerlas. La otra busca, de manera independiente a los sistemas de inmunidad y defensa, combatir la enfermedad. La homeopatía o la acupuntura son ejemplos de la primera filosofía, la moderna biomedicina es un ejemplo de la segunda.

Tomemos el caso de los antibióticos, adalid de la biomedicina moderna. Éstos no están dirigidos a desarrollar los anticuerpos, ni a fortalecer la inmunidad interna, sino a combatir las bacterias causantes de la enfermedad. La propia terminología de la biomedicina, hoy en día generalizada, es totalmente bélica: las enfermedades se combaten; una de las principales armas son los antibióticos; hay que atacar las enfermedades antes que se conviertan en epidémicas. ¡Qué mejor imagen de un método por oposición! La acupuntura u homeopatía, al contrario, rememoran la magia por semejanza ya que en ambos casos el método tiende a fortalecer el equilibrio interno y desarrollar los anticuerpos.

El caso de las vacunas, un producto de la moderna biomedicina, es diferente y contradictorio; porque por un lado pretende desarrollar los anticuerpos pero, al introducir material genético de otras especies, desarrolla otro tipo de resultados imprevisibles. De cualquier manera las vacunas no son la punta de lanza de la biomedicina, porque su diseño no corresponde plenamente a los intereses del mercado. A pesar que cuando un Estado impone una vacunación de manera masiva, crea un jugoso mercado, la vacuna se da una o algunas veces en la vida de las personas, mientras los remedios que deben de ser tomados regularmente son más redituables: “La gran cosa sobre los fármacos contra el SIDA es que tienes que tomarlos permanentemente” [The great thing about AIDS drugs is you have to keep taking them] reportó un ejecutivo de una importante corporación farmacéutica (Gellman, 2000). Ello, sin contar con la dificultad de almacenamiento y transporte de muchas vacunas, elementos también contrarios a un diseño acorde con el espíritu mercantil.

Los antibióticos, por su parte, se han constituido en paladín de la medicina en la segunda mitad del siglo XX, por la simple razón de su diseño corresponder más estrechamente que el resto de las medicinas y terapias con los intereses capitalistas.[5] Casi todas sus características corresponden al ideal mercantil: suficientemente genéricas como para que pocos elementos curativos combatan una amplia gama de enfermedades, o sea, facilitan enormemente tanto la receta como el consumo. Son posibles de ser tomadas directamente por el paciente, comprándolas en la farmacia, y con independencia de la consulta al profesional de la salud. Son fáciles de transportar, almacenar e ingerir. Existe una amplia gama de alternativas, de manera que si una no da resultado siempre hay el recurso de aumentar los miligramos ingeridos o probar con un antibiótico de más amplio espectro. Pero, además de estas características muy pragmáticas existe otra razón de gran peso: los resultados indirectos del consumo de antibióticos. Es hoy en día ampliamente aceptado que el consumo sistemático de antibióticos reduce la inmunidad del organismo. La pérdida de la inmunidad obliga a la persona a consumir más y más antibióticos, en una carrera sin fin, para bien de la industria farmacéutica.

La resistencia de los microbios a los antibióticos se conoce desde hace 50 años, cuando apareció el Staphylococcus aureus resistente a la penicilina (NIAID, 2000). El boom en la producción y uso de antibióticos, tanto para destino animal como humano, ha incrementado la resistencia y creado una alarma pública mundial a mediados de los noventa. El 7 de marzo de 1994 la revista Newsweek publicaba un artículo llamado The End of Antibiotics? (Begley y Brant, 1994). La portada del numero 12 de setiembre de 1994 de la revista Times Magazine rotulaba Revenge of the killer microbes, y en uno de los artículos mencionaba el reto que las bacterias resistentes a las multidrogas significaba. Ya en 1992, 13 300 pacientes de hospitales murieron en los Estados Unidos por bacterias resistentes a las multidrogas (whyfiles). Hoy en día existen cepas resistentes a los antibióticos para todos las principales enfermedades (ACP, 2003; NIAID, 2000). Las corporaciones farmacéuticas reaccionan produciendo antibióticos más fuertes y de espectro más amplio — cephalosporins y fluoroquinolones —, con lo cual crean super-microbios cada vez más fuertes y resistentes (Wise, et al, 1998).

Esta carrera sin fin ha alcanzado sus límites intrínsecos. El signo de que la trayectoria tecnológica de los antibióticos está muriendo proviene directamente de las corporaciones farmacéuticas. Sólo dos antibióticos con mecanismos de acción novedosos han sido aprobados desde 1998. Algunas empresas, como Eli Lilly and Co., o Roche Holding AG están abandonando la producción de antibióticos. Otras están reduciendo sus inversiones. La razón es la rápida adaptación de los microbios a los antibióticos (Hirschler y Pierson, 2004). El costo de desarrollar una nueva droga puede ser más de 500 millones de dólares (Kettler, 2002). Esta suma debe ser recuperada durante la vida de la patente de 20 años. Durante los primeros 12 años la empresa recupera sus costos. Los últimos 8 son años de ganancia (Grabowski y Vernon, 1994). Los problemas surgen cuando los microbios se adaptan a los antibióticos durante los primeros 12 años. Una vez que la medicina no sirve, la empresa no vende y no obtiene ganancia, inclusive puede no recuperar sus costos. Esto parece ser la situación normal, ya que los microbios se están adaptando cada vez más rápido. Además, el sobre-uso de antibióticos incrementa el ritmo de la selección microbiana, la mutación y resistencia. Un círculo vicioso se forma: las corporaciones farmacéuticas necesitan vender más antibióticos, el incremento en su consumo acelera la resistencia por parte de los microbios y la resistencia hace a los antibióticos inútiles. A tal extremo es esto reconocido que la industria farmacéutica espera con ansiedad la medicina genética, ajustada a las características de cada individuo.

Es claro que tanto el método terapéutico, como el tipo de medicina llevan, en su diseño, el carácter de las relaciones sociales que le dieron origen. El resultado es una medicina con una orientación claramente clasista. Entre Norte América, Japón y Europa, que suman el 23% de la población mundial, está concentrado el 80% del mercado de drogas, mientras que la mayoría de los países de menores ingresos no tiene una buena cobertura de medicamentos, sea porque no tienen dinero para comprarlos, sea porque no existen medicamentos para las principales enfermedades que afectan los países pobres (MSF/DND, 2001). A las corporaciones farmacéuticas no les interesa investigar en enfermedades de los pobres; según un reporte de Médicos sin Fronteras, entre 1972 y 1997, cerca de 1450 nuevas drogas (nuevas entidades químicas) fueron comercializadas. Pero, de ellas, sólo 13 eran para tratar enfermedades tropicales transmisibles y consideradas como esenciales según el modelo de la Organización Mundial de la Salud. Dos de esas 13 eran versiones actualizadas de otras ya existentes, dos eran resultado de investigación militar, cinco fueron resultado de investigaciones veterinarias, una derivaba de la farmacopea China. De manera que sólo tres pueden ser consideraras como genuinos productos de investigación y desarrollo de las compañías farmacéuticas occidentales (Trouiller, et al., 1999).

Las medicinas complementarias y alternativas no se adaptan de igual forma al mercado y no pueden ser seleccionadas, a pesar de la demanda de los consumidores (Fisher y Ward, 1994; Eisenberg, et al., 1998) o de los estudiantes de medicina (Lundberg et al, 1998). No es de sorprender la infatigable oposición política, jurídica, y académica de la biomedicina hegemónica a las medicinas alternativas (Marwick, 1994); y tampoco que el Instituto de Medicina Complementaria y Alternativa sólo haya recibido el 0.42% del presupuesto de los National Institutes of Health de los Estados Unidos en 2003 (AAAS, 2003). A pesar de las brechas que existen entre la investigación y desarrollo en medicinas de pobres y de ricos, y a pesar de la bancarrota de los antibióticos, la nueva trayectoria tecnológica en materia biomédica sólo se impondrá una vez que las nuevas tecnologías rindan mayores ganancias que las viejas; la nanobiotecnología es la esperanza.


3. La nanobiotecnología lleva en su diseño la impronta del mercado capitalista

La nanotecnología es la manipulación directa de los átomos y moléculas para formar productos (RS&RAE, 2004). Esta manipulación crea sistemas funcionales con nuevas cualidades, debido a la combinación controlada de sus sub-unidades (Schmid, et al, 2003). Las propiedades de la materia trabajada a nanoescala no son iguales a las propiedades de la misma materia en el mundo macro; esto explica que la nanotecnología no sea una simple continuación de tendencias anteriores a la miniaturización o a la robotización, sino que implique el comienzo de una nueva trayectoria tecnológica, cuyo futuro es aún incierto pero promisorio. La miniaturización encuentra sus límites cuando se emplea una determinada tecnología. La impresión de cada vez más circuitos en los chips se enfrenta, por ejemplo, al cambio de propiedades de la materia que deviene de la miniaturización, con lo cual la corriente puede debilitarse. Es necesario contar con materiales con nuevas propiedades, y la nanotecnología puede ofrecerlo, superando la antigua traba físico-técnica. A diferencia del procedimiento hasta ahora convencional de comenzar por la materia física tal como viene dada en la naturaleza, según sus estructuras propias de unión, y reducirla al tamaño de los objetos de uso — proceso top-down, la nanotecnología propone construir de lo más pequeño (átomos y moléculas) a lo más grande (producto final) — proceso bottom-up.

Otra característica distintiva de la nanotecnología deriva del nivel atómico y molecular en que trabaja. A ese nivel no hay diferencia entre la materia biótica y la abiótica, de manera que resulta potencialmente posible aplicar procedimientos biológicos a los procesos materiales, o interferir con materiales en los cuerpos vivos, adaptando estos últimos a determinados fines u ofreciendo ventajas particulares, o también crear vida artificial para desempeñar funciones específicas. Esta peculiaridad hace que los entusiastas de la nanobiotecnología supongan que la implantación de nanopartículas sintéticas en el organismo no generará reacciones o defensas.[6]

A pesar que pueda ser teóricamente posible construir un tostador átomo por átomo, es prácticamente inviable por el tiempo que llevaría; al menos hasta que la nanotecnología alcance la producción de máquinas autoreplicables y autoproductoras, lo que no constituye uno de los resultados más inmediatos de esta nueva revolución tecnológica. De manera que, desde el punto de vista práctico, la mayor aplicación de la nanotecnología será en la combinación de nanoproductos con productos convencionales, o bien la utilización de nanoproductos directamente, allí donde es posible. La nanobiotecnología es un campo fértil, ya que muchos de sus dispositivos se utilizan en tamaño de nanoescala, como es la incorporación de materiales no vivos en organismos vivos con el propósito de suministro de medicamentos o monitoreo de la química sanguínea, la creación de materiales sintéticos con componentes biológicos como en tejidos híbridos, o la creación artificial de vida para desempeñar funciones industriales (como los microorganismos que se alimentan de desechos, de gases de efecto invernadero, etc. (grupo ETC, 2004b).

La Nacional Science Foundation de los Estados Unidos (2000) realizó un panel interdisciplinario para estudiar las potencialidades y posibles impactos de la nanotecnología. El grupo de trabajó llamado “Mejoramiento de la salud humana y las capacidades físicas” detectó las siguientes 6 nanotecnologías como de alta prioridad. Una síntesis puede verse en el cuadro 2.

Cuadro 2

Nanoterapias de alta prioridad en el campo biomédico

Tecnologías

Uso

Resultados

Nano bio procesador

Sistemas que semejan el comportamiento humano, para probar medicamentos dirigidos a biomarcadores específicos.

Medicinas específicas para las células afectadas.

Control de la enfermedad en sus primeras manifestaciones.

Auto monitoreo de funciones y disfunciones con nano-aplicativos nanos-implantados

Permite probar y controlar funciones biológicas a nivel molecular. Es posible pensar en prótesis moleculares que pueden reparar o reemplazar componentes defectuosos en células.

Otra función es la imagen intracelular, que puede hacer resaltar el mal funcionamiento de biomarcadores específicos. Este proceso podría ser rutinario y auto-controlado por el paciente en su casa.

Frenar el desarrollo de enfermedades e inclusive revertir procesos de des-funcionamiento biológico.

Advertir variaciones en los biomarcadores como mecanismo de control diario.

Retardar el proceso de envejecimiento y alargar la vida.

Investigación e intervención de monitoreo y nanorobots

Nanorobots multifuncionales que pueden monitorear el funcionamiento, por ejemplo, del cerebro.

Nanorobots que realicen cirugía y recuperación post cirugía.

Monitoreo del funcionamiento biológico y corrección de des-funcionalidades por medio de nanorobots. Disminución del riesgo y efectos secundarios de las intervenciones debido a procedimientos menos invasores del cuerpo.

Multi-modalidades para vista y audición

Aplicativos que corrijan, suplanten o complementen los procesos auditivos y visuales.

Incremento de las capacidades en personas con dificultades auditivas y visuales.

Interfases cerebro-cerebro y cerebro máquina

Incorporación de nanomáquinas en el “espacio neuronal”, de manera que el aplicativo funcione como una extensión del propio cuerpo y los sentidos. Posibilidad de diagnosticar desordenes cerebrales.

Aumento de la sensibilidad, el desarrollo motor, cognitivo y comunicativo.

Aplicativos implantados, en lugar de los tradicionales “periféricos”, que puedan incrementar la memoria, la percepción, los sentidos.

Ambientes virtuales

Mecanismos que trascienden las limitaciones biológicas para sentir ambientes virtuales igual que los reales.

Uso educativo, para estudiantes de medicina, pero también para industria del turismo y el ocio.

Fuente: elaboración propia a partir de Bonadio et al, 2001.

De las tres grandes áreas de interés para la nanobiotecnología (diagnosis, drogas y prótesis e implantes) (Malsch, 2002) las drogas y las prótesis e implantes son individualizados. Si existe un común denominador en las tecnologías y usos terapéuticos es el trato individualizado al paciente (Pilarski, et al, 2004). En todos los casos se trata de aplicar a un paciente determinados productos con nanocomponentes, o bien de experimentar con nanobiotecnología en características individualizadas. Bonadio, un entusiasta de la medicina genética escribe:

La terapia de fármacos puede ser realmente personalizada: una vez que los patrones individuales de enfermedad son establecidos (e.g. vía tecnología sensorial), el paciente y médico pueden trabajar junto en desarrollar un régimen racional y personalizado de pequeña administración molecular que se esperará que rinda confortables mejoras y mejor control de la enfermedad; esto a su vez bajará el costo de las enfermedades para la sociedad de los Estados Unidos” (Bonadio, 2002, 180).

Esta terapia es totalmente diferente de las tradicionales drogas que se compran en las farmacias y son de consumo masivo. Es un cambio de la medicina masiva a la medicina individualizada según las características genéticas y hasta características derivadas de una determinada historia de comportamiento físico.[7]

Una de las grandes fallas de la biomedicina moderna ha sido su carácter generalizante;[8] y es esta la causa del auge de las terapias alternativas como la homeopatía o acupuntura, que son individualizantes. Aunque nos hemos acostumbrado a pensar que una medicina cura una enfermedad, la realidad es muy otra. Cada organismo es diferente a sus semejantes, a tal extremo que para una enfermedad identificada como igual pueden ser necesarias diferentes medicinas. Pero, la confusión arranca de más atrás. Debido al funcionamiento por oposición de la biomedicina, estamos acostumbrados a pensar que la enfermedad es algo externo al organismo, y que lo ataca. Una vez identificado el “enemigo” se busca como extraerlo, matarlo o inutilizarlo. Sin embargo todo organismo está lleno de microbios en una dinámica de coevolución. Cuando ocurre un desequilibrio en el estado de salud lo que antes eran inquilinos inofensivos se pueden convertir en agresivos. Pero cada organismo reacciona de forma diferente y puede necesitar medicinas diferentes. Las terapias basadas en medicinas homogéneas administradas a partir de las manifestaciones de la enfermedad sólo se han sostenido por el casi completo monopolio científico, administrativo y político de la biomedicina en los países occidentales, y por la propaganda. Las corporaciones farmacéuticas lo saben claramente y depositan la esperanza en la medicina genética para poder dar el salto adelante y realizar tratamientos individualizados. Vale la pena esta larga cita del editor en jefe de The Independent.

El Dr. Allen Roses, vicepresidente mundial de genética de GlaxoSmithKline (GSK), la gigante compañía farmacéutica británica, reconoció en un encuentro científico en Londres que menos de la mitad de los pacientes prescritos con algunos de los fármacos más caros no obtienen ningún beneficio: “La gran mayoría de los fármacos — más del 90 por ciento — sólo son efectivas en un 30 o 50 por ciento de la gente” dijo el Dr. Roses.
…..
Es un secreto a gritos dentro de la industria de las drogas que la mayoría de sus productos son inefectivos en la mayoría de los pacientes, pero esta es la primera vez que un alto jefe de los fármacos lo ha hecho público.
…..
Los fármacos para la enfermedad de Alzheimer funcionan en menos de uno en tres pacientes, mientras que los de cáncer sólo son efectivos en un cuarto de los pacientes. Los fármacos para migrañas, osteoporosis y artritis funcionan en cerca de la mitad de los pacientes, dijo el Dr. Roses. La mayoría de los fármacos funcionan en menos de uno en dos pacientes, principalmente porque quienes los reciben tienen genes que interfieren en alguna forma con la medicina, dijo.
“Yo no diría que la mayoría de los fármacos no funcionan. Diría que la mayoría funcionan en 30 a 50 por ciento de la gente. Los fármacos que están ahí fuera, en el mercado funcionan, pero no funcionan en cualquiera”. Esto va contra la cultura de mercado de la industria que ha descansado en vender la mayor cantidad de fármacos posibles al mayor número de pacientes — una cultura que ha hecho a GSK una de la compañías farmacéuticas mas rentables, pero que también ha significado que la mayoría de sus drogas son, en el mejor de los casos, ineficaces, y aún posiblemente peligrosas para muchos pacientes (Connor, 2003).

La peculiaridad y esperanza de la nanotecnología es la individualización de la terapia. Por cierto que este hecho ya ha desatado varias críticas. Puede llegar a darse una profundización de la brecha entre los que pueden acceder a este tipo de tecnología y lo que no pueden (Sarewitz y Woodhouse, 2003), lo que supone no sólo tener los recursos sino también vivir un en lugar donde se tenga acceso a este tipo de tratamiento; lejos está la gran mayoría de la población mundial. “Hoy hablamos de la “diferenciación digital”, mañana será la “diferenciación de lo nano” (Yonas y Picraux, 2001, 42-43).

También está el problema de los métodos, que suponen introducir en el individuo nanopartículas que, en principio, no serían reconocidas por el organismo como extrañas; podrían inclusive funcionar dispositivos sintéticos de forma híbrida. Pero, ¿y si con el correr del tiempo el organismo reacciona, quien se los quita? ¿Se están construyendo los antídotos en la misma velocidad que las terapias? ¿Serán las anti-nanopartículas efectivas sin individualización? ¿O, entraremos en una etapa en que la medicina será individualizada, pero el antídoto será generalizado, de manera que cuando ocurra una falla el antídoto sólo funcionara en un 30 o 50% de los casos?

Otra incertidumbre tiene que ver con el posible control “panóptico” de las personas, para hacer referencia al sistema de reclusión ideado por Jeremy Bentham y divulgado en el trabajo de Foucault (Mehta, 2002). Metha (2002) explica que la combinación de la miniaturización de la tecnología de procesamiento de datos, de captación de información por sensores, inclusive con bases de fluidos que pueden navegar por el torrente sanguíneo, y de la necesidad del análisis individualizado que requerirá la nueva medicina podría convertir a la información personal en un instrumento utilizado con fines inciertos. Podría convertirse, por ejemplo, en un mecanismo de discriminación genética, con bases supuestamente científicas. Podría ser un instrumento para que las aseguradoras rechacen pacientes costosos de curar, o para establecer un criterio de cobro personalizado, lo cual agudizará aún más la diferencia en el acceso a los servicios de salud por parte de la población (Crow y Sarewitz, 2000; Sarewitz y Woodhouse, 2003). También podría tener otro tipo de implicaciones, como la creación de conocimiento psicológicamente perjudicial para los paciente e implicados (toxic knowledge) (Tenner, 2001), o información que desarrolle riesgos psicológicos en los pacientes.

Tomemos el caso del cáncer, uno de los campos donde la nanotecnología más promete. Uno de los problemas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer es el hecho de que las características de cada tipo de cáncer pueden ser muy diferentes, y también diferentes pueden ser las características de un mismo cáncer en diferentes etapas de su evolución (Pilarski, et al, 2004). Es aquí donde los nanorobots tienen un papel destacado. Sería posible monitorear, en tiempo real y a nivel celular, con un procedimiento poco invasor, y aplicar terapias con drogas específicas en cada caso. Pero, esto significa un seguimiento individualizado de cada paciente y una serie de interrogantes y riesgos sociales asociados. En la medida en que el seguro médico o el laboratorio tengan el mapa genético e historial clínico de cada paciente, también pueden saber en qué medida las drogas existentes pueden o no actuar sobre dicho caso, o podrían tener efectos secundarios. Basados en esta información pueden desechar al asegurado, si no existe una organización por parte de la sociedad que impida este tipo de desigualdad.

En la medida en que la nanobiotecnología se generalice en las prácticas de laboratorio y métodos terapéuticos, la imagen de que los problemas de salud pueden ser resueltos técnicamente va a reforzarse sustancialmente. El determinismo genético como ideología y práctica podrá reducir la comprensión de los parámetros de la salud (Keller, 2001; Morange, 2001, citados por Pilarski et al, 2004). El sólo hecho de tener un tratamiento individualizado de los pacientes, y de incorporar al organismo mecanismos de monitoreo automáticos, va a representar una novedad abrumadora. Como una consecuencia inevitable, el modelo de salud basado en las soluciones técnicas — modelo médico — se va a fortalecer. Pero los problemas de salud no son sólo ni necesariamente problemas médicos o técnicos, son también, y en primera instancia problemas sociales — modelo social —.

Pongamos por caso las enfermedades infecciosas. El impacto de nuevas tecnologías como el aire acondicionado fomentó el desarrollo de la bacteria Legionella; el cambio en las cadenas alimenticias del ganado y las personas dieron base a la “vaca loca” Bovine Spongiform Encephalopathy, y a la variante llamada Creutzfeldt-Jakob en los humanos. Los cambios en el medio ambiente y en el uso del suelo, como la explotación de nuevas áreas agrícolas, forestales o mineras expandieron la fiebre de Ébola, o la fiebre Lassa. La contaminación de cursos o fuentes de agua facilitaron la expansión de la Cryptosporidiosis. El aumento del movimiento internacional de personas y mercancías puede haber expandido la malaria, el dengue, el SARS, la meningitis y otras. También el cambio climático permite la migración de vectores a nuevas áreas, transmitiendo la malaria, el dengue, o la fiebre amarilla. Ciertos cambios en el comportamiento humano, como en las relaciones sexuales, o el incremento en el consumo de drogas inyectadas, o el tatuaje pueden ayudar a la difusión de determinadas enfermedades infecciosas. El relajamiento de las medidas sanitarias por razones económicas o por considerar determinadas enfermedades erradicadas permite rápidos rebrotes, como la difteria, el cólera, etc. Las guerras devastan los ecosistemas, contaminan el ambiente, arrasan con los servicios de infraestructura y otros servicios creando las condiciones para la expansión de las enfermedades infecciosas. El crecimiento urbano, el hacinamiento en ciudades sin eficientes sistemas de drenaje, agua potable y recolección de desechos, y el crecimiento de la pobreza en general constituyen una situación propicia para la expansión de las enfermedades infecciosas. En todos los casos, las causas últimas del surgimiento de epidemias no están en la irrupción novedosa de un microbio, sino en cambios socio-económicos y también en el comportamiento individual. En situaciones de extrema pobreza, por ejemplo, una enfermedad erradicada por medios médico-técnicos como vacunas, o antibióticos, va a ser rápidamente reemplazada por otra (Evans, et al, 1994). Inclusive en lo que respecta a una enfermedad en particular el éxito del método médico es dudoso a nivel social. Excepto por la polio y la viruela, las enfermedades infecciosas en los Estados Unidos — y la mayoría de los países desarrollados — habían disminuido más del 90% antes de la vacunación masiva, y debido a mejoras en las condiciones sanitarias, de alimentación y de habitación (Dublin, 1948).

Existen muchos ejemplos de cómo la organización de la población y procesos de empoderamiento social son decisivos no solamente en medidas de salud preventiva, sino también como forma de apoyo psicológico que acelera la recuperación de los pacientes (Stoneburner y Low-Beer, 2004; Shin et al, 2004, Harpham, et al, 2002).

El enfoque médico, conlleva, además, una tendencia a establecer diferenciaciones técnicas entre lo normal y lo patológico. Siendo el fin último del enfoque médico la cura de la enfermedad, la determinación de qué es normal y qué es patológico es, desde esa perspectiva, importante. La identificación de una relación entre el VIH (Virus de la inmunodeficiencia humana) y el SIDA (Síndrome de inmunodeficiencia adquirida) ha provocado una segregación social, preconceptos hacia los infectados y una cultura del riesgo. No sin largas campañas y políticas públicas específicas ha sido posible revertir la segregación para integrar a los enfermos a la vida en sociedad. Ahora puede suceder algo similar con las deficiencias físicas. Una vez que la bionanotecnología comience a ser utilizada para “corregir defectos genéticos”, el concepto de normalidad se podría extender a todos aquellos que puedan ser “corregidos” generándose las bases de una nueva discriminación social (Wolbring, 2002). Inclusive esta redefinición de la normalidad puede convertirse en un proceso sin fin, si pensamos en la posibilidad de injertos híbridos que mejoren la memoria, audición, visión y otras cualidades físicas.[9] ¿Serán anormales quienes no dispongan del chip que encienda el gen transplantado del murciélago Glossophaga soricina que permite la visión ultravioleta? De no existir un proceso paralelo de toma de conciencia por la sociedad respecto de los límites de la técnica, el modelo médico puede prevalecer, facilitando, inclusive, la proliferación de mecanismos de segregación o diferenciación en base a un nuevo concepto de normalidad.

Que la bionanotecnología lleva incorporada la impronta capitalista queda de manifiesto en lo que puede preverse sea una mayor dependencia de los pacientes respecto de los laboratorios e industria farmacéutica. Mucha de esta tecnología supone introducir en el paciente nanopartículas. Esto ocurre en el caso del monitoreo, de la distribución de drogas en determinadas células u órganos, de las nano-operaciones, de la substitución o hibridación de cuerpos sintéticos con el biológico, de la recuperación de tejidos, etc. ¿Podrá el paciente reclamar a médicos y laboratorios diferentes a los que le hicieron el implante, por efectos imprevistos de la actividad de determinadas nanopartículas que están confundidas con su propio cuerpo? Si las nanopartículas efectivamente se confunden en el organismo, ¿cómo puede reclamar el paciente de que fueron éstas las que le causaron la reacción negativa? ¿Podrán los laboratorios llevar al paciente a juicio argumentando difamación, ya que no hay rastros de nanopartículas en su organismo? ¿Y si la reacción aparece recién 10 o 20 años después? En cualquier situación la pregunta que subyace es ¿cómo se va a librar la persona de los Gnomos?

Se considera que los nanosensores incorporados al cuerpo sean uno de los mayores avances de la nanobiotecnología. Dispositivos de diagnóstico que llegan hasta los puntos exactos de cuidado mediante sistemas bio-microelectromecánicos (bioMEMS) podrán contener sensores, nano laboratorios de análisis (lab-on-a-chip) y hasta realizar actividades a partir de estructuras mecánicas y electrónicas de silicón. Más allá de sus ventajas intrínsecas, estos dispositivos tendrán la virtud mercantil de hacer inútil buena parte del trabajo del médico (Berry, 2002), y centralizar actividades que hasta hoy son realizadas por distintas instituciones y laboratorios de análisis. También desde este enfoque la nanobiotecnologia lleva la marca de agua de las relaciones de mercado que le dieron a luz.

Lejos estamos de la idea de libertad de la Revolución Francesa; que era el reflejo político de la libertad de comprar y vender libremente en el mercado, que la burguesía de la época conquistó sobre las restricciones que la clase terrateniente imponía. Cada vez más la venta de los productos hace dependiente al comprador de quien le subministra el producto. Los servicios sucesivos serán monopolio de quien vendió. Algo semejante ya ocurre con las computadoras y los softwares. Una vez que se seleccionó un sistema operacional (Windows, Mactintoch etc.) el cliente quedó atado a sus updates. Esto, que siempre a sucedido con mayor o menor libertad de variación, ahora con la nanotecnología tiende a ser un control absoluto, porque el Gnomo está dentro del cuerpo o del ambiente y se confunde con él.

La aplicación de nanosensores dentro del cuerpo humano permitirá la identificación temprana de modificaciones en los biomarcadores, con lo cual podrán tratarse las enfermedades en sus primeros síntomas. Esto creará una mayor demanda por análisis tempranos, y mayor dependencia de los laboratorios y las corporaciones farmacéuticas. Se generalizarán exámenes y terapias, muchas de las cuales serían innecesarias, ya que el propio cuerpo se hace cargo de superar la mayoría de los desequilibrios tan pronto surgen indicaciones. (Sarewitz y Woodhouse, 2003, 69-70). De manera que no sólo se controlará el cuerpo, sino se irá sustituyendo, paulatinamente, las funciones orgánicas naturales por funciones artificiales, compradas en el mercado. Por cierto que estos procesos harán disminuir aún más la inmunidad, y atarán crecientemente a los pacientes al sistema biomédico.

La mercantilización comenzó sustituyendo la gallina que criaba su bisabuela por los pollos congelados del supermercado. Luego sustituyó la ropa y los vestidos tejidos y cosidos a mano por los descuentos de sótano de las casas de Departamentos; o el carruaje de su abuelo por el Ford T. Posteriormente sustituyó funciones orgánicas, con laxantes que ayudan a la naturaleza, y marcapasos para el ritmo cardíaco. Con los nanosensores usted ya no tendrá que preocuparse por sentir, algún miembro de la IFPMA [10] le venderá un controlador que llevará incorporado al reloj pulsera y le prenderá la luz roja cuando deba concentrarse en privado.

Resulta tragicómico, si es que nunca llega a ser sólo trágico, que los entusiastas de esta tecnología hable de procedimientos menos invasores o invasiones benignas (less invasor, benign invasion) porque suponen que la hibridización será perfecta y el organismo no reaccionará a los implantes. Lo trágico resulta que aunque logren ser menos invasoras del organismo (nivel individual), son más invasores de la persona (ser social). Ahora, el laboratorio o la empresa farmacéutica invaden a la persona misma, para atarla con injertos internos de los cuales no podrá deshacerse sin la voluntad de su captor.
 

Conclusiones

Las revoluciones tecnológicas siempre han despertado posiciones encontradas respecto de sus implicaciones sociales. Para muchos el avance técnico es benéfico de por sí, pero esta es una visión superficial de los acontecimientos. La máquina a vapor, desarrollada durante la revolución industrial, sometió a un largo tormento a los obreros. Los antibióticos aliviaron muchas vidas, pero también hicieron a las personas más vulnerables, y a los microbios más fuertes. El DDT sirvió para acabar con otros tantos microbios, pero persistió en el ambiente impactando la salud de humanos y otros seres vivos. La energía nuclear se proclamó como la solución energética limpia, pero los accidentes y resultados imprevistos la pusieron rápidamente en entredicho. Existe una gran controversia sobre los posibles impactos en la salud y el ambiente de los alimentos genéticamente modificados. Hoy el mundo está viendo como se afianza una nueva revolución tecnológica. La nanotecnología. Como en casos anteriores sus entusiastas voceros la proclaman como la solución para los males del mundo. Solución en áreas de gran preocupación y actualidad, como el medio ambiente, el agua o la salud. Construyendo molécula a molécula la nanotecnología promete no generar desperdicio. Controlando a nivel molecular promete limpiar la atmósfera y el agua. Introduciéndose y navegando dentro del cuerpo humano como lo puede hacer un virus, los nanocomponentes prometen alargar la vida (¡hasta en un 50% más!) con mecanismos que corrigen los males a nivel celular, restituyen el cuerpo y mucho más.

Que todo esto, y mucho más, pueda llegar a ser posible es, tal vez, sólo cuestión de tiempo. Pero una tecnología ni nace si se desarrolla en el vacío. El contexto social imprime al diseño de la técnica una marca particular, que favorece el desarrollo de las relaciones sociales hegemónicas, más allá de los resultados prácticos de la técnica. La nanobiotecnología aplicada a la medicina tiene la peculiaridad de que sus principales desarrollos conducen a un tratamiento individualizado del paciente. Esto, que desde el punto de vista médico es un gran avance frente a las medicinas de distribución masiva como los antibióticos, constituye una espada de doble filo. Primero porque puede fácilmente llevar a una aún mayor profundización de la división de la salud a nivel mundial. Sólo la población acomodada económicamente en los países ricos podrá utilizar esta tecnología. Segundo porque aún esos pacientes dichosos se verán sujetos a quienes les insertaron los gnomo-componentes en su cuerpo.


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Notas

1 WiredNews, 09/09/2002, .
2 “Para varios escritores la mejora técnica está acompañada de declinación moral y una sospecha de que el avance intelectual y técnico …. lleva a la oposición al progreso [escribe Beagon]. “S
éneca puede ver y aprobar los avances en la ciencia pura, pero la ciencia aplicada es perniciosa. Criticaba cualquier descubrimiento hecho por la mente dirigido hacia la tierra. Un contraste implícito a las observaciones celestiales de los filósofos” (Beagon, 1992, 57).
3 La escuela ultradarwinista en biología y la neoclásica en economía suponen que todo proceso de evolución es maximalista. Véase Hodgson (1995) y Foladori, (2005) para una revisión comparativa de las teorías de la evolución en biología y en economía.
4 Las escuelas homeopáticas que combinan varios medicamentos en uno llegan más fácilmente al mercado.
5 Es claro que la mayoría de los profesionales de la salud argumentarán que el éxito de los antibióticos radica en su eficiencia curativa. Esto no está demostrado, ya que existen muy pocos estudios comparativos de curación a partir de diferentes terapias, y los que hay, por lo general, colocan a los antibióticos en el peor lugar.
6 “La Nanobiotecnología es definida como el campo que aplica los principios y técnicas de la nanoescala para entender y transformar biosistemas (vivos y no vivos) y que usa principios y materiales biológicos para crear nuevos dispositivos y servicios integrados desde la nanoescala” (Roco, 2003, 337).
7 La marca Bionova produce cosméticos personales, supuestamente ajustados a edad, raza, sexo, tipo de piel y actividad física (Forbes, 2004).
8 Las farmac
éuticas consideran que la toxicidad de un fármaco depende de la variedad genética individual, y buscan mediante la genética farmacológica individualizar el tratamiento (Heller, 2002).
9 “Es claro que recientes avances en nanotecnología pueden impactar significativamente el desarrollo de las interfases máquina-cerebro y dispositivos de neuroprótesis. Estableciendo lazos directos entre el tejido neuronal y las máquinas, estos dispositivos pueden expandir significativamente nuestra habilidad de usar actividad neuronal voluntaria para controlar directamente objetos mecánicos, electrónicos e inclusive virtuales como si fuesen extensiones de nuestros propios cuerpos” (Nicolelis, 2002).
10 International Federation of Pharmaceutical Manufacturers y Associations.

 

 


 
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