Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 12 (segundo semestre de 2005) 
number 12 (second semester of 2005)

    

ISSN 1515-6443


La Teoría de Movilización de Recursos
desnuda en América Latina

 

Sonia Puricelli*

* Universidad Autónoma de Zacatecas, México. E-mail:  soniapuricelli@yahoo.com

 

Introducción

El presente trabajo discute una de las teorías más influyentes dentro del campo de los movimientos sociales  —La Teoría de Movilización de Recursos (TMR)— y cuestiona específicamente el problema de como dicha teoría puede contribuir a la realidad latinoamericana. Justificamos nuestro interés en la TMR, dado que ha repercutido desde los años setenta, no sólo en el pensamiento abstracto del tema, sino también en múltiples estudios empíricos. No obstante, aún provoca inquietudes puesto que es, a nuestro juicio, conceptualmente débil. Además, como suele suceder con las teorías predominantes, se discute en América Latina sin deliberar las especificidades estructurales regionales. Por lo tanto, nos resulta útil preguntar cuáles son sus limitantes y aportes, y cómo podemos abordar el estudio de movimientos sociales en Latinoamérica.

Esta discusión contiene tres puntos nodales: el primero contextualiza la teoría y expone en qué consiste, el segundo la polemiza, y el tercero propone elementos para seguir problematizando una noción de movimiento social en nuestra región dentro del contexto de relaciones de poder en el neoliberalismo.


I. La Teoría de Movilización de Recursos

Contexto
En los años sesenta —prometedores en términos de cambio social— germinó un nuevo enfoque académico para entender a los movimientos sociales. A lo largo de esta década brotaron múltiples e innovadoras movilizaciones mientras que, a su vez, una escuela de académicos estadounidenses revolucionó el método interpretativo para analizar el desenvolvimiento de estos fenómenos con nuevas herramientas conceptuales. Frente a la nueva ola rebelde de aquel entonces —que comprendió las protestas estudiantil, sindical, antinuclear, pacifista, antiaborto, ecológica, feminista, de desempleados, de derechos de los consumidores, de derechos civiles—, dichos investigadores rechazaron los postulados que estaban de moda de la Teoría de Comportamiento Colectivo (TCC). Subsecuentemente concibieron un modelo radicalmente opuesto que se difundió en publicaciones influyentes durante los años setenta,1 y cristalizó su predominio académico en el siguiente decenio: la Teoría de Movilización de Recursos.

Atributos conceptuales
En su tiempo, las innovaciones de la TMR

... subrayan tales variables “objetivas” como organización, intereses, recursos, oportunidades y estrategias para explicar las movilizaciones a gran escala… El “actor racional” (individuo y grupo), empleando razonamiento estratégico e instrumental, reemplaza la multitud como el referente central para el análisis de la acción colectiva.2   

Indudablemente, éstas constituyeron una ruptura violenta con las categorías psicológicas anteriormente predominantes en la TCC, las cuales se preocuparon por las frustraciones, la privación, los agravios y la agresión. La irracionalidad de los actores y su incapacidad de adaptarse a la sociedad establecían los hilos conductores de análisis en el enfoque de la Teoría de Comportamiento Colectivo. En contraste, el juicio de que los movimientos sociales fueran indeseables se extinguió con las nuevas conclusiones a través de las ideas de movilización y recursos.

La definición conceptual que ofrece la TMR enuncia: “Un movimiento social es un conjunto de opiniones y creencias en una población que representa preferencias para cambiar algunos elementos de la estructura social y/o la distribución de las recompensas en una sociedad.”3 Empero, aportar a la conceptualización no es prioridad de la teoría; de hecho es un elemento descuidado. Esta definición brinda variables operativas que se desarrollan dentro de las reflexiones académicas, tales como opiniones y preferencias. Sin embargo, el mayor esfuerzo del enfoque descansa en arrojar luz sobre el funcionamiento interno de un movimiento. 

Dentro de este marco de la TMR, los supuestos abstractos y el análisis de casos se fundamentan en: a) las dinámicas y las tácticas del crecimiento y declive de los movimientos sociales; b) la variedad de recursos que se deben movilizar; c) el vínculo a otros grupos; d) la dependencia de apoyo externo para el éxito; e) las tácticas de las autoridades para controlar o incorporar.4 Elementos útiles, sin duda, que constituyen instrumentos aplicables a cualquier caso, sin limitantes de temporalidad o geografía; no obstante, otra vez, es evidente que padece de la omisión abismal de ignorar la ideología implícita en los movimientos.
Esencialmente, el enfoque plantea que:

Primero, el estudio de la agregación de recursos (dinero y trabajo) es primordial para la comprensión de la actividad de movimientos sociales. Puesto que los recursos son necesarios para emprender conflicto social, se deben agregar para propósitos colectivos. Segundo, la agregación de recursos requiere alguna forma mínima de organización, y, por tanto, implícitamente o explícitamente, nos enfocamos más directamente en las organizaciones de movimientos sociales que los que trabajan dentro de la perspectiva tradicional. Tercero, en explicar los éxitos y fracasos de un movimiento social, hay un reconocimiento explícito de la importancia primordial de la participación de parte de los individuos y las organizaciones del exterior de la colectividad que un movimiento social representa. Cuarto, un modelo explícito de oferta y demanda, aunque sea tosco, a veces se aplica al flujo de los recursos hacia y fuera de movimientos sociales específicos. Finalmente, hay sensibilidad a la importancia de los costos y beneficios en explicar la participación individual y organizacional en la actividad de un movimiento social.5 

A partir de esta perspectiva, que se basa en teorías sociológicas y económicas —a diferencia de las psicológicas de la TCC—, se identifican tres componentes fundamentales que constituyen los principales puntos de referencia dentro de los análisis: Sectores de Movimientos Sociales (SMS), Organizaciones de Movimientos Sociales (OMS) e Industrias de los Movimientos Sociales (IMS). De hecho, la TMR innova múltiples términos que construyen un lenguaje idiosincrático, y las publicaciones desglosan las explicaciones y justificaciones de sus indicadores. Exponen que una OMS es una organización compleja, o formal, que identifica sus metas con las preferencias de un movimiento social y busca implementar dichas metas6. A su vez, el conjunto de las OMS que buscan lograr las preferencias más amplias de un movimiento social constituye una IMS, que es el análogo organizativo de un movimiento social y, por último, un SMS son todas las IMS en una sociedad.7 Defienden que la separación analítica de sectores, organizaciones e industrias aporta ventajas, tales como: a) el enfoque explica el componente organizativo de la actividad de un movimiento, b) el reconocimiento de que los movimientos están representados por más de una OMS, y c) la posible explicación del ascenso o declive de las IMS, independientemente del tamaño, la intensidad o las preferencias de un movimiento social.8 La tarea de la movilización de recursos de una OMS consiste en trabajar hacia los cambios que buscan y vincular conceptualmente los movimientos y las IMS mediante los siguientes recursos: legitimidad, dinero, infraestructura y trabajo.9   

Los teóricos forjan más detalladamente su léxico, por cierto, sutilmente capitalista, y en la discusión se alude a: firmas, conglomerados, reclutamiento, control de recursos, etcétera, y cada vocablo se justifica cuidadosamente. Mediante esta construcción de lenguaje, la explicación de la existencia de un movimiento yace en las siguientes variables claves ubicuas en el discurso: organización, intereses, recursos (variedad y fuentes), oportunidades, estrategias, burocracia y, sobre todo, mecanismos para reducir costos. En fin, la existencia de un movimiento implica la maximización de sus recursos, de acuerdo a la sagacidad que nos ofrece esta perspectiva.

Aportaciones
Las siguientes nociones que la TMR ha insertado en la discusión y el análisis del tema, incuestionablemente pioneras en su momento, se han convertido en ideas ahora difundidas y aceptadas sin mayor debate: a) los agravios no necesariamente producen movimientos automáticamente, el proceso es más complicado; b) los integrantes no son irracionales, psicológicamente padecidos, sino participantes informados y convencidos; c) los movimientos no son entidades aisladas, sino que interactúan con otras organizaciones, autoridades, partidos, sectores de la sociedad, los medios de comunicación, etcétera, y usan a la infraestructura de la sociedad para movilizarse. Estas reflexiones han superado la crítica y han perdurado en las ciencias sociales para formar hoy parte íntegra del entendimiento de los movimientos sociales.
Los investigadores pertenecientes a esta escuela proponen algunos elementos donde se ha hecho más progreso en los aportes. Recalcan específicamente las ventajas de la movilización masiva de activistas, cómo se usan las redes para reclutar y bajo cuáles condiciones, ciertas personas con actitudes favorables y neutrales se convierten en activistas.10 Por ejemplo, señalan el provecho de la captación en bloque (es decir, grupos preexistentes que comparten identidades distintivas fuertes y redes interpersonales densas) puesto que estos grupos ya están organizados y pueden movilizarse rápidamente.11

Mediante los mecanismos que detallan —como la elección de tácticas de manera discriminada (incluyendo la opción de cambiar metas si favorece al desempeño del movimiento), las dinámicas para acrecentar sus recursos (y la delimitación misma de los recursos prioritarios)—, concebimos a los movimientos como entidades razonadas, metodológicas, estratégicas y sensibles con respecto a las oportunidades y condiciones de organización.

En general, podemos apreciar que la teoría no sólo ha identificado la infraestructura necesaria para sostener un movimiento, así como estrategias de movilización que nos ayudan a entender la organización interna, sino que también ha deliberado sobre su crecimiento. Por ende, con otra lectura, podemos considerar que los discípulos de la TMR han contribuido a definir mecanismos que puedan fortalecer un movimiento y consecuentemente favorecer su éxito.


II. Críticas a la Teoría de Movilización de Recursos

Debilidades
Son múltiples los elementos teóricos no consensuados entre académicos que aún alimentan la discusión y la polémica en el campo de las teorías sobre movimientos sociales. En primer lugar, mientras que la teoría se esfuerza por destacar dinámicas y estrategias del crecimiento, declive y cambio de un movimiento, no se compromete a articular una conceptualización de él. Desglosa piezas de un movimiento, pero no explica su conjunto holístico, ni su impacto en la construcción de una historia alternativa. La misma vernácula que se emplea en las publicaciones correspondientes evidencia esta fragmentación analítica, dado que las variables están des-ideologizadas y la reflexión en general es despolitizada. Observamos que la teoría se fundamenta más en categorías frescas que en reflexiones abstractas y una consecuencia de ello es la construcción de un lenguaje en sí.

Dicho lenguaje engloba los siguientes términos básicos con relación a los recursos humanos que pueden aportar estratégicamente a un movimiento: adherentes [que son los individuos y las organizaciones que creen en las metas de un movimiento], constituyentes [proporcionan los recursos, es decir, trabajo (tiempo) o fondos (dinero)], el público espectador [los no-adherentes quienes no se oponen a un movimiento social y solamente observan la actividad de un movimiento; son adherentes potenciales], adherentes conscientes [los individuos y grupos que forman parte de un movimiento social determinado pero quienes no se benefician directamente de la realización de las metas de una OMS], constituyentes conscientes [los partidarios de una OMS quienes no se benefician directamente de las metas realizadas], equipo transitorio [empleados reunidos para una tarea específica de corto plazo] y federación [sucursales que organizan constituyentes en pequeñas unidades locales para ampliar la búsqueda de metas en diferentes regiones], entre otros.

Cabe señalar que los teóricos no consideran la histórica noción del bien común y es notablemente ausente la inclusión de ideales en general, como solidaridad. Indudablemente, los indicadores arriba mencionados constituyeron creatividad académica en su tiempo, pero ahora resultan metodológicamente superfluos y teóricamente infructíferos. De hecho, reproducen en un cierto sentido el estilo enciclopédico de Smelser y otros de la corriente de la TCC, quienes enlistan características y etiquetas sin cristalizar en conclusiones integrales.12

La utilidad de los indicadores característicos de la TMR descansa precisamente en ilustrar cómo se logra movilizar los elementos que pueden desarrollar un movimiento social. Sin embargo, el esfuerzo prioritario de este enfoque, que consiste en maximizar los recursos y las condiciones —incluyendo el reclutamiento—, se limita a cuestiones cuantitativas:

En un nivel, la tarea de movilización de recursos es principalmente convertir adherentes [quienes creen en las metas] en constituyentes [quienes proporcionan los recursos] y mantener la participación de los ya constituyentes. Sin embargo, en otro nivel, se puede considerar la tarea como convertir no-adherentes en adherentes.13

Esta teoría no aborda cómo maximizar técnicas de negociación con el adversario, ni cómo consolidar las metas a largo plazo, tampoco cómo concientizar a las bases sociales y la opinión pública en general sobre las causas estructurales del descontento. En nuestra opinión, estas dinámicas constituyen recursos cualitativos necesarios para complementar el volumen de un movimiento con cohesión interna y fuerza que tenga el fin de influir en el cambio social.

La TMR no se preocupa por considerar el contenido idealista y contestatario de los movimientos sociales, por lo tanto no refleja su búsqueda de un mundo mejor. De hecho, la concepción de recursos en ella es positivamente positivista dado que esencialmente se limita a tiempo, dinero e individuos. Las ideas se desenvuelven en un enfoque utilitario y exponen la importancia de tareas estratégicas para lograr las metas, por ejemplo, contratar empleados, “vender” su punto de vista a potenciales colaboradores, emplear la mercadotécnica y competir con asociaciones voluntarias, políticas y religiosas para obtener recursos del público. La alusión a las dinámicas de una empresa dentro de un mercado es deliberada. En este sentido, esta visión administrativa carece de significado, puesto que no analiza la razón de ser de las luchas. Definitivamente no aporta los porqués y cómos contextuales, y no considera el descontento popular en relación con las estructuras socioeconómicas.

Para el paradigma de la movilización de recursos, el objeto de análisis no es el movimiento social en este sentido [ideológico], sino la acción colectiva entre grupos con intereses opuestos. El análisis no procede desde una relación hermenéutica hacia la ideología o la auto-comprensión de los actores colectivos.14

La agenda oculta ideológica de eludir el análisis de clase, indudablemente ha repercutido en las investigaciones (y no es exagerado conjeturar acerca de la elección de casos, la región, el enfoque y las conclusiones). Consideramos un estudio ilustrativo de la campaña de movilización del Sindicato de Trabajadores Industriales de la Federación Sindical Holandés para una semana laboral más corta, en el cual se construye una metodología matemática mediante ecuaciones, tablas y gráficas para atribuir puntos a las actitudes y motivaciones de los miembros (por ejemplo, la voluntad de participación) y así aportar aparentemente a la ciencia.15 Este análisis cuantificado constituye, en realidad, una herramienta falsa si consideramos que agregar números al estudio no esclarece la comprensión, al contrario, coarta la reflexión crítica concerniente a la problematización del fenómeno.

Los economistas neoclásicos… frecuentemente han perseguido el proyecto “imperialista” de llevar análisis microeconómico de interés propio dentro de todas las áreas de la conducta humana… Por lo tanto, los modelos desarrollaron cuestiones excluyentes de poder y estratificación, además de personalidad y actitudes, como las preocupaciones de otras disciplinas, otorgándoles implícitamente poco peso.16

Otra crítica puntual ataca los supuestos deshumanizantes de la teoría, en particular, el manejo de un actor pseudo-universal sin historia personal, ni género, raza, o clase. Consecuentemente, significa que los valores y las perspectivas atribuidas a todos los actores son de los varones blancos de clase media en sistemas capitalistas occidentales.17

Trasciende en una teoría burguesa, hasta el perfil de los integrantes de los movimientos es burgués. Además, repercute en el individualismo, en el sentido de que aplica mucho énfasis en cómo obtener más (recursos) y cómo competir entre otros IMS y OMS.18

Al considerar las metas de las OMS como productos y la adherencia como demanda, entonces, podemos aplicar un modelo económico sencillo a este proceso competitivo. La demanda puede ser elástica, y su elasticidad probablemente depende en forma considerable de la publicidad de las OMS. Los productos se pueden sustituir por todas las IMS.19

La discusión sobre los productos de los movimientos sociales [las metas de las OMS], su demanda [los adherentes, partidarios] y la publicidad necesaria para influir en la demanda, constituye un discurso eficientista y ejecutivo. Esta mentalidad alude a dinero y ganancias, y establece una lógica injustificadamente economicista y hasta mercenaria.

Podemos juzgar retrospectivamente este enfoque —que era vanguardista hace varios lustros— como una ramificación de la Teoría de la Elección Racional aplicada al estudio de movilizaciones. Esta última, básicamente consiste en estudiar la libre elección de los actores, que son seres racionales. El poderoso pensamiento neoclásico penetra el campo de la TMR y determina tanto su lenguaje como sus fundamentos: “La participación en un movimiento social se considera… como el resultado de los procesos de una decisión racional en la cual las personas calculan los costos y los beneficios de su participación.”20 Este hilo conductor evidentemente conduce la reflexión hacia una atomización analítica y a un discurso individualista, y floreció oportunamente como antecesor del proyecto neoliberal.

La noción de la movilización de recursos ha sido empleada para transformar el estudio de los movimientos sociales hacia un estudio de estrategias, como si los actores se definieran por sus metas y no por las relaciones sociales —y sobre todo las relaciones de poder— en las cuales están implicados… Pero en demasiados casos, esta noción se emplea para eliminar interrogativos acerca del significado de la acción colectiva, como si la movilización de recursos se pudiera definir independientemente de la naturaleza de las metas y las relaciones sociales del actor, como si todo actor fuera finalmente conducido por una lógica de la racionalidad económica.21

Observamos un círculo vicioso confundido, o quizá una espiral, entre los estudios de caso y la concepción de lo que es un movimiento social. Las investigaciones nos ilustran los ejemplos de Mothers Against Drunk Driving, Southern Farmers’ Alliance, Students for a Democratic Society, American Communist Party, National Organization for Women y Woman’s Christian Temperance Union como estudios de caso de movimientos sociales bajo el modelo de la TMR.22 Observamos que reflejan la tendencia de considerar a algunas ONG, grupos de presión y organizaciones religiosas en el estudio de los movimientos. En el caso de Mothers Against Drunk Driving, es poco sorprendente que “... se emprendió con recursos financieros considerables del gobierno federal, y obtuvo apoyo organizativo de oficiales locales y públicos, y agencias policíacas.”23 Esta miscelánea desorienta la comprensión de los casos de estudio y también de la abstracción de los movimientos, y resulta complejo identificar si las teorías son la causa o el efecto del caos conceptual que aún no se resuelve.

A manera de conclusión: la teoría ante el espejo latinoamericano
Es pertinente subrayar que los estudios de caso concernientes a la inspiración y aplicación de la TMR provienen de los Estados Unidos. Es un contexto postindustrial, en el cual la teoría ha abordado desde su principio movimientos de negros y de organizaciones religiosas y, cada vez con mayor importancia, organizaciones de derechos civiles. En otro mundo, el nuevo, en un contexto de industrialización subordinada, las fuentes empíricas no han sido análogas. En nuestros países subdesarrollados han predominado movimientos de liberación (movimientos nacionales, sectoriales e indígenas). La índole de la movilización latinoamericana refleja conflictos de propiedad privada, acceso a medios de producción, condiciones de trabajo y soberanía nacional que consecuentemente confrontan las contradicciones del capital (ahora neoliberal). Es más, subyace fehacientemente el antiimperialismo en muchas movilizaciones en contra de privatizaciones, la marginación y exclusión. Sin embargo, pese a las diferencias empíricas y filosóficas en Latinoamérica, la Teoría de Movilización de Recursos (paralelamente a la Teoría de Acción Colectiva y de Nuevos Movimientos Sociales) continúa influyendo en investigaciones de la región.24

Más allá del centrismo estadounidense, podemos matizar hasta qué punto se puede aplicar la TMR a América Latina. A pesar de las múltiples debilidades expuestas, no hay que descartarla sin explorar su capacidad explicativa. La teoría desnuda puede ser metodológicamente abrigada con un tejido latinoamericano y nos proponemos precisamente articular ideas útiles para ese fin.

En primer lugar, identificamos los recursos en AL como materiales, simbólicos e intelectuales. El Movimiento Sin Tierra en Brasil, Los Piqueteros en Argentina, los Cocaleros en Bolivia, y muchos otros casos, comprueban que un movimiento puede crecer sin riqueza financiera en nuestra región subdesarrollada. Por tanto, otorgamos más importancia a la solidaridad y a las propuestas para el cambio social que al financiamiento. Una clave sería, entonces, maximizar las relaciones internas y también las sostenidas con entidades al exterior, además de fortalecer la ideología correspondiente.

Observamos que, por ejemplo, en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, se ancla, en parte, en La Red Zapatista en Movimiento por la Liberación Nacional y el Frente Zapatista de Liberación Nacional, entre otras OMS; el movimiento boliviano contra la privatización de recursos naturales de septiembre-octubre de 2003 en La Paz, trascendió hasta México; la subsecuente Megamarcha del 27 de noviembre de 2003 en la ciudad de México, en contra de las reformas estructurales privatizadoras, englobó profusas organizaciones participantes;25 y los Altermundistas extienden cada vez más su red paradigmática. No obstante, sus metas a largo plazo aún no se materializan y este SMS no se ha aliado en un movimiento potencialmente capaz de revolucionar el meollo de las demandas: las relaciones y el modelo de producción.      

Podemos deducir que para maximizar estratégicamente la correlación de fuerzas en Latinoamérica no es suficiente aumentar los simpatizantes, es fundamental desarrollar los frentes y las alianzas, es imperativo difundir su ideología y es urgente fortalecer el poder de negociación de los movimientos. La ideología es primordial; en nuestro contexto latinoamericano no estamos deliberando sobre ONG, ni beneficencias. Contamos con movimientos sociales que expresan la política de masas en contra de las contradicciones sociales. Complementando el enfoque con la inclusión de variables como dominación y explotación, éste podría alcanzar a reflejar la realidad de manera contextualizada. Planteamos que la teoría puede ofrecer una contribución actualizada y regionalizada al campo si incluimos causantes estructurales de conflictos y elementos no-materiales en la movilización (valores, bien común, etcétera).


III. Elementos para construir una teoría alternativa

Propuestas

Por último, queda pendiente madurar un concepto de movimientos sociales desde y para América Latina, y una teoría correspondiente. Mientras que continúe la discusión, proponemos —como punto de partida— la siguiente definición de qué es un movimiento social en Latinoamérica:

Es el resultado de un proceso de:

i) la organización de la base a través de: a) la concientización de explotación y/o dominación, b) el descontento colectivo en un contexto general de conflicto entre capital y trabajo, y c) acuerdos de acción;

ii) la representación de sus intereses (generalmente materiales) mediante: a) protestas públicas, y b) demandas específicas;

iii) en su fase final, la ejecución de (todos, algunos o ninguno de) sus intereses mediante la negociación con el adversario.

En América Latina en general, los movimientos sociales actuales son una expresión de sectores medianos y bajos perjudicados por las políticas del Estado y buscan principalmente reivindicaciones económicas: subsistencia, derechos laborales, condiciones de vida, soberanía de recursos naturales, etcétera.

El análisis de los movimientos sociales requiere considerar el contexto histórico, político y económico para explicar por qué surgen a través de un ámbito no sólo coyuntural sino también estructural.  Por lo tanto, es improcedente eliminar al Estado de la reflexión. Para desarrollar dicha explicación, es imprescindible exponer qué buscan transformar en la sociedad, y cómo construyen esta alternativa. En atención a las consideraciones arriba mencionadas, proponemos las siguientes hipótesis y reflexiones para problematizar el estudio de la mayoría de los movimientos sociales actuales en nuestra región:  

i. La relación entre el Estado y la sociedad es subordinada a la relación entre el Estado y el capital transnacional. 

Son relaciones incompatibles entre sí por la forma en que están operando en América Latina, dado que el modelo de acumulación ahora favorece a la relación entre el Estado y capital transnacional a costa de excluir a la mayoría de la población. La reorientación económica, las privatizaciones y la concentración de riqueza recuperaron la rentabilidad del capital, pero la ideología individualista y competitiva neoliberal no deja lugar para los intereses de las masas. El Estado sigue siendo intervencionista, pero ya no con compromiso social sino para subsidiar y garantizar las condiciones de ganancia para las grandes corporaciones. La élite política es oligárquica otra vez y busca crecimiento, no desarrollo.

Esta hipótesis conlleva las siguientes repercusiones:

ii. Las grandes corporaciones dictan las relaciones sociales y las relaciones de poder, incluyendo los intereses del Estado.

Su concentración de riqueza y propiedad privada implica que controlan las condiciones de trabajo. Dado que no tienen compromiso social y su ganancia se basa en mano de obra barata (a consecuencia de la explotación y el desempleo), las condiciones laborales son precarias, flexibilizadas y cada vez más informales. Esta dinámica provoca una sociedad polarizada.

Por su parte, el Estado es aliado de las grandes corporaciones. Le interesa el crecimiento estabilizador (aunque sea concentrado) y la nueva reorientación del capital que recupera el lucro. Sus proyectos provocan un nuevo control político y económico sobre las relaciones de producción y la distribución de riqueza, que son ahora más elitistas.  

iii. El poder político estatal, junto con el poder transnacional corporativo resta poder popular (poder de los movimientos).

Los intereses de los primeros no incluyen los intereses del último. La mayoría de los movimientos cuentan con poder convocatorio y legitimidad, pero no suficiente poder de negociación para realizar sus demandas más substanciales. Sus demandas no tienen lugar en el proyecto económico y los movimientos son desmantelados y/o ignorados sin que afecte al dominio del Estado y el capital transnacional. Los movimientos solos no cuentan con suficiente fuerza política para alterar esta relación, y sus alianzas con otros movimientos, sindicatos y niveles institucionales de izquierda tampoco alcanzan a constituir un poder político popular. La lucha de clases es coyunturalmente débil y los movimientos afectan la legitimidad del Estado (incluyendo su modelo de acumulación), pero no alteran las relaciones de poder político y económico.

iv. La exclusión económica lleva a la exclusión política.

El proyecto económico requiere una gestión política determinante, dado que la economía y la política son inseparables. La inclusión ahora es elitista: se basa en la acumulación concentrada del gran capital. La exclusión de las masas de la distribución de riqueza está estrechamente vinculada con la ausencia de un Estado de Bienestar. Por lo tanto, los reclamos sociales y la organización de intereses populares —los movimientos sociales— no tienen lugar en estas relaciones de dominación.

El Estado y el capital transnacional son suficientemente fuertes para no ceder a presiones sociales y no pagan consecuencias significativas. El primero puede seguir ejecutando sus políticas sin consulta ni consenso popular en la mayoría de los países latinoamericanos. La correlación de fuerzas se ha invertido y la lucha de clases está desmoralizada y desmantelada, salvo unas excepciones alentadoras, tales como El campo no aguanta más (México 2002-2004) y otros movimientos arriba mencionados.

De acuerdo con la historia, el Estado sólo haría una reorientación en caso de a) una pérdida de ganancia del gran capital, es decir, una crisis irrecuperable, o b) encontrarse ante una fuerza social de alcance revolucionario.
 

Notas

1. Los principales trabajos fundadores comprenden: Oberschall, Anthony, Social Conflict and Social Movements, Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice-Hall, 1973; Tilly, Charles, From Mobilization to Revolution, Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1978; McCarthy, John D. y Zald, Mayer N., The Trend of Social Movements in America: Professionalization and Resource Mobilization, Morristown, New Jersey, General Learning Press, 1973; McCarthy, John D. y Zald, Mayer N., “Resource Mobilization and Social Movements: A Partial Theory”, in American Journal of Sociology, USA, Volume 82, Number 6, May, 1977; también se alude a Jenkins, J. Craig, “Resource Mobilization Theory and the Study of Social Movements”, in Annual Review of Sociology, USA, Volume 9, 1983; Gamson, William A., The Strategy of Social Protest, Homewood, Ill.: Dorsey Press, 1975.
2. Cohen, Jean L., “Strategy or Identity: New Theoretical Paradigms and Contemporary Social Movements”, in Social Research, USA, Volume 52, Number 4, Winter, 1985, p. 674.
“… stress such “objective” variables as organization, interests, resources, opportunity, and strategies to account for large-scale mobilizations… The “rational actor” (individual and group), employing strategic and instrumental reasoning, replaces the crowd as the central referent for the analysis of collective action.”
Nótese que todas las traducciones son propias.
3. McCarthy, John D. y Zald, Mayer N., “Resource Mobilization and Social Movements: A Partial Theory”, in American Journal of Sociology, USA, Volume 82, Number 6, May, 1977, pp. 1217-1218.
“A social movement is a set of opinions and beliefs in a population which represents preferences for changing some elements of the social structure and/or reward distribution of a society.”
4. Ibid., p. 1213.
5. Ibid., p. 1216.
“First, study the aggregation of resources (money and labor) is crucial to an understanding of social movement activity. Because resources are necessary for engagement in social conflict, they must be aggregated for collective purposes. Second, resource aggregation requires some minimal form of organization, and hence, implicitly or explicitly, we focus more directly upon social movement organizations than do those working within the traditional perspective. Third, in accounting for a movement’s successes and failures there is an explicit recognition of the crucial importance of involvement on the part of individuals and organizations from outside the collectivity which a social movement represents. Fourth, an explicit, if crude, supply and demand model is sometimes applied to the flow of resources toward and away from specific social movements. Finally, there is sensitivity to the importance of costs and rewards in explaining individual and organizational involvement in social movement activity.”
6. Ibid., p. 1218.
7. Ibid., p. 1219.
8. Ibid.
9. Ibid., p. 1220.
10. Zald, Mayer N., “Looking Backward to Look Forward: Reflections on the Past and Future of the Resource Mobilization Research Program”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol, (Eds.), Frontiers in Social Movement Theory, Binghamton, Yale University Press, 1992, p. 334.
11. Jenkins, J. Craig, “La teoría de la movilización de recursos y el estudio de los movimientos sociales”, in Zona Abierta, España, 69, 1994, p. 22. [“Resource Mobilization Theory and the Study of Social Movements”, in Annual Review of Sociology, USA, Volume 9, 1983, pp. 527-553]
12. Smelser, Neil J, Teoría del comportamiento colectivo, México, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión 1995 [original en inglés 1963]. En esta obra clásica se exponen conceptos básicos como los componentes de la acción social (normas, motivación, etcétera); la tensión y el comportamiento colectivo; la creación de creencias generalizadas (histeria, ambigüedad, ansiedad, etcétera); miedo pánico; furor colectivo; estallido hostil; movimiento normativo; movimiento valorativo, entre muchos otros. El contenido se basa en describir las definiciones, los niveles y las condiciones de las nociones, generalmente dedicando desde un párrafo hasta un par de páginas para cada idea. Podemos observar que sus aportaciones no llegan a explorar reflexiones abstractas sobre el significado de protestas colectivas.
13. McCarthy, John D. y Zald, Mayer N., op., cit., p. 1221.                                                                           
“At one level the resource mobilization task is primarily that of converting adherents into constituents and maintaining constituent involvement. However, at another level the task may be seen as turning nonadherents into adherents.”
14. Cohen, Jean, L., op. cit., p. 676.
“For the resource-mobilization paradigm, the object of analysis is not the social movement in this [ideological] sense but collective action between groups with opposed interests. Analysis does not proceed from an hermeneutic relation to the ideology or self-understanding of collective actors.”
15. Klandermas, Bert, “Mobilization and Participation: Social-Psycological Expansions of Resource Mobilization Theory”, in American Sociological Review, USA, Volume 49, Number 5, October, 1984, pp. 586-592.
16. Ferree, Myra Marx, 1992, “The Political Context of Rationality: Rational Choice Theory and Resource Mobilization”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol (Eds.), op. cit., pp. 31-32.
“Neoclassical economists… have often pursued the “imperialist” project of bringing microeconomic analysis of self-interest into all areas of human behavior… The models thus developed exclude issues of power and stratification, as well as personality and attitudes, as the concerns of other disciplines, implicitly granting them little weight.”
17. Ibid., pp. 31, 41. 
18. McCarthy, John D. y Zald, Mayer N., op. cit., pp. 1224-1234.
19. Ibid., p. 1229.
“Treating
SMO target goals as products, then, and adherents as demand, we can apply a simple economic model to this competitive process. Demand may be elastic, and its elasticity is likely to be heavily dependent upon SMO advertising. Products may be substitutable across SMIs.”
20. Klandermas, Bert, op. cit., p. 583.
21. Touraine, Alain, “An Introduction to the Study of Social Movements”, in Social Research, USA, Volume 52, Number 4, Winter, 1985,  p. 769.
“The notion of resource mobilization has been used to transform the study of social movements into a study of strategies as if actors were defined by their goals and not by the social relationships [sic]— and especially power relationships —in which they are involved… But in too many cases, this notion is used to eliminate enquiries about the meaning of collective action as if resource mobilization could be defined independently from the nature of the goals and the social relations of the actor, as if all actors were finally led by a logic of economic rationality.”
22. Schwartz, Michael y Schuva, Paul, “Resource Mobilization versus the Mobilization of People: Why Consensus Movements Cannot Be Instruments of Social Change”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol (Eds.), op. cit., p. 206.
23. Ibid., p. 207.
“… was launched with considerable financial resources from the federal government, and it obtained organizational aid from local public officials and police agencies.”
24. Por ejemplo, Cisneros Sosa, Armando, Crítica de los movimientos sociales. Debate sobre la modernidad, la democracia y la igualdad social, México, UAM-A/Porrúa, 2002,  pp. 139-176.
25. Se calculó una convergencia de unos 200 mil manifestantes compuesta de: Revolución Blanca; San Salvador Atenco; Movimiento Lázaro Cárdenas; Organización Urbana y Campesina; Organización Popular;
CONAPO; Central Campesina Cardenista; Frente Popular Francisco Villa; UNAM; CGH; Sindicato Mexicano de Electricistas; Sindicato Nacional de Azucareros; el Barzón; Sindicato del IMSS: Asamblea de Barrios; Unión de Trabajadores de Pemex; Trabajadores de limpia del Gobierno del Distrito Federal, El Universal, México, Sección C, viernes 28 de noviembre de 2003, p. 1, además del Frente Sindical Mexicano; la Unión Nacional de Trabajadores; El Campo No Aguanta Más; la Promotora Nacional contra el Neoliberalismo; diversas secciones de la CNTE; el Frente Auténtico del Trabajo; la Unión Nacional de Trabajadores Agropecuarios; el Comité de Defensa del Derecho Indígena; la Coordinadora Oaxaqueña Magonista Popular Antineoliberal; la Central Unitaria de Trabajadores; sobrecargos; pilotos; tranviarios; la industria cinematográfica; académicos; políticos, La Jornada, México, viernes 28 de noviembre de 2003, pp. 3, 6.
 

Bibliografía citada

Libros

CISNEROS SOSA, Armando: Crítica de los movimientos sociales. Debate sobre la modernidad, la democracia y la igualdad social. México, UAM-A/Porrúa, 2002.
FERREE, Myra Marx: “The Political Context of Rationality: Rational Choice Theory and Resource Mobilization”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol (Eds.), Frontiers in Social Movement Theory. Binghamton, Yale University Press, 1992.
SCHWARTZ, Michael y SCHUVA, Paul: “Resource Mobilization versus the Mobilization of People: Why Consensus Movements Cannot Be Instruments of Social Change”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol (Eds.): Frontiers in Social Movement Theory. Binghamton, Yale University Press, 1992.
ZALD, Mayer N.: “Looking Backward to Look Forward: Reflections on the Past and Future of the Resource Mobilization Research Program”, in Morris, Aldon D. y McClurg Mueller, Carol, (Eds.): Frontiers in Social Movement Theory. Binghamton, Yale University Press, 1992.

Libros referidos

GAMSON, William A.: The Strategy of Social Protest. Homewood, Ill., Dorsey Press, 1975.
McCARTHY, John D., ZALD, Mayer N.: The Trend of Social  Movements in America: Professionalization and Resource Mobilization. Morristown, New Jersey, General Learning Press, 1973.
OBERSCHALL, Anthony: Social Conflict and Social Movements. Englewood Cliffs, New Jersey, Prentice-Hall, 1973.
SMELSER, Neil J.: Teoría del comportamiento colectivo. México, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión 1995 [original en inglés 1963].
TILLY, Charles: From Mobilization to Revolution. Reading, Mass., Addison-Wesley, 1978.

Revistas

COHEN, Jean L.: “Strategy or Identity: New Theoretical Paradigms and Contemporary Social Movements”, in Social Research, USA, Volume 52, Number 4, Winter, 1985, pp. 663-716.
JENKINS, J. Craig: “La teoría de la movilización de recursos y el estudio de los movimientos sociales”, in Zona Abierta, España, 69, 1994, pp. 5-49. [“Resource Mobilization Theory and the Study of Social Movements”, in Annual Review of Sociology, USA, Volume 9, 1983, pp. 527-553]
KLANDERMAS, Bert: “Mobilization and Participation: Social-Psycological Expansions of Resource Mobilization Theory”, in American Sociological Review, USA, Volume 49, Number 5, October 1984, pp. 583-600.
McCARTHY, John D., Zald, Mayer N.: “Resource Mobilization and Social Movements: A Partial Theory”, in American Journal of Sociology, USA, Volume 82, Number 6, May, 1977,  pp. 1212-1241.
TOURAINE, Alain: “An Introduction to the Study of Social Movements”, in Social Research, USA, Volume 52, Number 4, Winter, 1985, pp. 749-787.

Periódicos

La Jornada, México, viernes 28 de noviembre de 2003.
El Universal, México, viernes 28 de noviembre de 2003.

 


 
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