Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 12 (segundo semestre de 2005)  
number 12 (second semester of 2005)

ISSN 1515-6443


Editorial

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 La nueva cuestión social. ¿Del desarrollo al crecimiento?

 

Así como el pauperismo del siglo XIX estaba inscrito en el núcleo de la dinámica de la primera industrialización, la precarización del trabajo es un proceso central, regido por las nuevas exigencias tecnológico-económicas de la evolución del capitalismo moderno. Es perfectamente lícito plantear una “nueva cuestión social” que tiene la misma amplitud y la misma centralidad que el pauperismo en la primera mitad del siglo XIX, para sorpresa de los contemporáneos. (Castel, R. La metamorfosis de la cuestión social, 1997)

 

Desde la segunda posguerra mundial los organismos financieros internacionales manifiestan un destacado interés por los importantes niveles de desigualdad social en América Latina que, sobre la base de la experiencia de su proceso histórico, exhibe un no deseado y sí generalizado liderazgo.

El desarrollo económico y social tuvo, como idea, un significativo apoyo después de la Guerra, tanto en el ámbito académico como en el político. Como proyecto social implicaba la posibilidad de la mejora de las condiciones de vida de amplias masas de la población, así  como su inclusión en le esquema productivo y en  el sistema cultural. Desarrollo y modernización productiva y social son categorías que se generalizaron durante la década de 1950 en el ámbito de la sociología y de la economía. Ya en los 60 la idea de desarrollo y su contrapartida, el subdesarrollo, integraron parte de una discusión que incluía la impugnación del orden económico internacional y las estructuras sociales y políticas locales.

Desarrollo y dependencia se mostraron como categorías estrechamente articuladas. Y el desplazamiento del desarrollo como problema técnico al terreno del conflicto político, modificó tanto la percepción del mismo como las soluciones consideradas apropiadas para alcanzarlo. Los proyectos autoritarios y de desintegración económica y social a fines de los 70 y comienzos de los 80 modificaron de manera radical la discusión, orientándola a la preocupación por un ajuste económico, que supera la función instrumental para erigirse prontamente en un fin en sí mismo.

En este contexto, entre fin de los 80 y durante las décadas siguientes el concepto de desarrollo es vastamente desplazado por el término unidimensional de crecimiento (Thiel Reinold, Teoría del desarrollo). Se trata del denominado modelo neoliberal, orientado al mercado, que concibe el desarrollo a partir de una liberalización de los mercados, especialmente de los financieros, y de una función del Estado limitada al establecimiento de condiciones marco favorables al mercado. La transformación del modelo de desarrollo que se ha dado en América Latina a partir de la aplicación de las llamadas políticas del Consenso de Washington –paradigma de la economía de desarrollo de los primeros años de la década de los 90, con sus tres pilares de política económica: la estabilización macroeconómica, la adaptación estructural y la liberalización- ha provocado cambios en la estructura social que han desestabilizado las vías de integración social y las formas de socialización. De allí la  exigencia de comprender estas transformaciones a la hora de conocer y actuar sobre la cuestión social.

El aumento del desempleo, el crecimiento del empleo informal, el debilitamiento del rol de los sindicatos, la disminución de la presencia del Estado en áreas claves de la política social, la pérdida de la calidad educativa para los más pobres, el empobrecimiento y el aumento de la inequidad en la distribución del ingreso, han transformado sustancialmente la naturaleza del lazo social. Pero también son evidentes cambios en las prácticas culturales y políticas de las clases más perjudicadas (Denis Merklen, Mas allá de la pobreza).

La crisis de los años 70 desencadenó una serie de problemas sociales que aún tienen vigencia y se han profundizado. Y ya para los 80 comienza un redescubrimiento de la cuestión social que significativamente pasó a ser considerada en términos de pobreza.

El crecimiento de las tasas de pobreza se convirtió en la preocupación central y el problema pasa a ser enfocado exclusivamente en torno a la figura del pobre. Sin duda los datos justificaron ampliamente el uso del término, en tanto se dio un crecimiento y profundización de la pobreza, la aparición de la denominada nueva pobreza, de la pauperización creciente y de los ahora diferenciados nuevos y viejos pobres.

La noción de pobreza adquiere una centralidad destacada, y no son escasos los debates en torno a las diferentes definiciones de la categoría; debates que en muchos casos se refirieron a los aspectos técnicos sobre la medición de la pobreza o a la línea demarcatoria a partir de la cual una población es considerada pobre o indigente. No obstante, el tratamiento de la cuestión exclusivamente en estos términos ha ocluido aristas importantes del problema, reduciendo también el potencial repertorio de respuestas legítimas.

Aspectos tales como el de la integración y la institucionalidad informal de la pobreza surgen como desafíos a ser considerados por las Ciencias Sociales frente a la necesidad de búsquedas y  de hallazgos que conduzcan a la superación de la realidad social de América Latina.

Por un lado hay una cantidad importante de personas para las cuales la sociedad no tiene ningún lugar respetable: son inútiles al mundo o supernumerarios. Pero simultáneamente, y según el ya citado Merklen, hay un incremento de las experiencias de vulnerabilidad, inestabilidad, fragilidad, precariedad. Los  individuos afectados por los déficit de integración y por la pobreza son los mismos, pero los problemas y las soluciones son diferentes. En este contexto, el problema actual no es sólo el que plantea la constitución de una periferia precaria, tal como la define Castel, sino también el de la desestabilización de los estables, en tanto el proceso de precarización atraviesa algunas de las zonas antes estabilizadas por el empleo.

Por otro lado, la desigualdad y la pobreza persisten como situación estructural que impone a millones de personas en América Latina la condición de excluidos del sistema social y económico formal. Esta exclusión no implica tan sólo carecer de bienes y servicios básicos, sino también la existencia de redes y reglas informales que permiten el acceso a ellos; y de un espacio social propio, regido por normas diferentes que cumplen con la función de procurar la satisfacción de las carencias propias de la pobreza. En efecto, es constante en América Latina el surgimiento de nuevos colectivos de pobres con capacidad para institucionalizar su pobreza, construyendo sus propios espacios sociales. Y en este contexto es necesario el estudio específico de las características y magnitud de esta pobreza instalada ya históricamente  en institucionalidad informal, a fin de terminar con la exclusión y la marginalidad (Cesar Yánez, Los Estados latinoamericanos y la pertinaz desigualdad)

Es palmaria la necesidad del conocimiento de estas organizaciones informales, generalmente vistas por los gobiernos como un elemento desestabilizador, por los técnicos como una dificultad para el planeamiento y por los partidos políticos como mero instrumento electoral.

El desafío de enfrentar la cuestión social en América Latina en toda su complejidad cobra una inusitada urgencia y actualidad. Es indispensable generar políticas públicas que, superando las medidas asistenciales en la emergencia, coadyuven a la reducción de las enormes brechas de desigualdad, que reconocen como origen más próximo esta transición desde el desarrollo hacia el estricto y limitado crecimiento, sin equidad y con desilusionantes resultados.

Frente a los movimientos sociales y su dinámica, la respuesta más común desde los grupos dominantes ha sido criminalizarlos en términos éticos y tratar de impedirlos en términos políticos. De allí que la historia de estos movimientos sociales se constituye en un campo historiográfico especialmente apropiado para rastrear las conexiones existentes entre historia y política o, a nivel más general, entre las ciencias sociales y su entorno social (Pedro Cadarso, Fundamentos teóricos del conflicto social).

Es sobre la base de estos urgencias y posibilidades que desde la Revista Theomai proponemos continuar con un espacio de reflexión, orientado a generar alternativas teóricas que permitan interpretar la naturaleza profunda de estos cambios históricos y que posibiliten la transición hacia prácticas enriquecedoras.

 

Silvia Lazzaro          
Comite Editorial Revista Theomai       
 

 

 

 


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