Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 10 (segundo semestre de 2004)  
number 10 (second semester of 2004)

 


Editorial

english version       

Ciencia ¿para qué?
El cientificismo en la sociedad posmoderna-neoliberal

  

En estas últimas décadas, en donde el valor de cambio se ha masificado a niveles inconcebibles comparado con cualquier etapa previa del capitalismo, donde el consumo-mercancía alcanza y reemplaza cualquier otra forma de valoración llevando a la economía de mercado a sus límites más lejanos, el mundo del conocimiento científico no ha escapado a estas influencias. La dupla neoliberalismo-posmodernidad, que usualmente no se presentan conformando una unidad (aunque ya no cabe duda que son dos caras de una misma moneda) impregna cada vez más fuertemente el ámbito del conocimiento. Y en esto están involucrados no solo buena parte de la ciencia que ha olvidado todo intento de debate respecto al cambio social (tan de moda a partir de los años cincuenta), lo que implica abandonar el mismísimo ideario de “progreso liberal” que legitimó la construcción de la ciencia moderna, sino también –y esto es claramente más grave- aquellos académicos que fueran “revolucionarios” en los años setenta y que actualmente son los promotores de la apatía y la incertidumbre posmoderna (fenómeno particularmente notable en la Argentina), camuflados bajo, el más que ambiguo paraguas de defensores de la democracia representativa -en fuerte crisis, por cierto, dado su amplio carácter de democracia restrictiva.

Así, bajo el paradigma de la “excelencia” objetivista o del relativismo posmoderno, una buena parte de la academia y el mundo científico se ha encerrado en su propia lógica “profesionalística” olvidándose que forman parte de la sociedad y sus avatares. Incluso bajo la presión de la pauperización de las condiciones laborales en el mundo académico-científico, especialmente en los países periféricos, la ciencia contemporánea prefiere dedicar sus esfuerzos a develar el “sexo de los ángeles” antes que inmiscuirse en conocer y dar a difusión la trama de usurpación y rapiña del modelo económico y político en el que estamos inmersos. La falta de compromiso social en una gran parte de los estamentos científicos ha sido la regla dominante en las últimas décadas. Luego de un breve ataque a la ciencia cómplice de la dictadura en los primeros años de la democracia argentina, por ejemplo, la academia ha preferido recluirse en su anonimato, disputando internamente cuotas de poder, privilegios y fondos para la investigación. La escasa presencia de la ciencia y la universidad (en su rol de interpretación y difusión) en todo el proceso de usurpación social y hasta cultural de las últimas décadas ha sido notable. A pesar de esto, vienen produciéndose en los intersticios del sistema, diversas experiencias de trabajo alternativo, como por ejemplo iniciativas en conjunto con los diversos movimientos sociales, propuestas de planes económicos no ortodoxos, acercamientos de los proyectos a necesidades concretas de las comunidades, líneas teóricas y epistemológicas críticas, etc, a pesar de que sean vistas en algunos casos como “poco científicos” por el establishment que sigue teniendo en Harvard, Chicago y Oxford los modelos a imitar (no olvidemos que el propio Domingo Cavallo, ministro de economía de Carlos Menem y mentor de una de las políticas económicas más devastadoras de la historia argentina, es egresado de Chicago, y que la universidad de Oxford ha alojado al ex-ministro Corach para realizar sus trabajos académicos).

La dupla neoliberalismo-posmodernidad ha agudizado profundamente la tendencia “cientificista” ya magistralmente denunciada por Oscar Varsavsky en Ciencia, política y cientificismo, a fines de los años sesenta. Frente a la máxima posmoderna del “fin de la historia y la muerte de las ideologías” -vigentes aún hoy en buena parte del mundo intelectual- y tomando posición a partir del concepto de “praxis” como integración de teoría y práctica con potenciales liberadores, vale, rescatar el concepto de “cientificismo” como aquel que mejor se ajusta a definir el actual proceso de generación y reproducción del conocimiento, con especial referencia a la Latinoamérica neoliberal. Así, “… cientificista es el investigador que se ha adaptado a este mercado científico, que renuncia a preocuparse por el significado social de su actividad, desvinculándola de los problemas políticos, y se entrega de lleno a su ‘carrera’, aceptando para ella las normas y valores de los grandes centros internacionales, concretados en su esacalafón”.

Esta posición, amparada bajo la excusa de la “objetividad y la excelencia neutral en la cual el científico debe sumergirse para la búsqueda de la verdad universal”, solo provoca un aislamiento y una separación entre ciencia y sociedad, que deslegitima absolutamente la función de la ciencia como una herramienta de conocimiento para la emancipación del hombre (olvidándose incluso del viejo ideal humanista-iluminista que diera origen a esta “Ciencia Nueva” del occidente moderno). Esta supuesta “objetividad universal” termina siendo funcional a la estrategia liberal-conservadora de no comprometerse para de esta manera evitar pensar en alguna posibilidad de cambio social (tan irritante para los poderes dominantes). A pesar de la negativa de buena parte de la ciencia de reconocerse como política e ideológicamente comprometida, es imposible, poder sostener fehacientemente (es decir sin el apoyo y el respaldo de las posiciones de poder que la propia estructura burocrática científica y académica construye y consolida) que los científicos están exentos de realizar ciencia en un contexto de legitimaciones que quede afuera de cualquier influencia política o ideológica del sistema social al cual pertenece, dando como resultado solo producciones aptas para el “mercado científico”, es decir aptas para lo que el “mercado del conocimiento” demanda. Estas “mercancías científicas” incluso, solo cumplen con la función de demostrar productivismo en términos de volcar resultados de las investigaciones a través de publicaciones que solo interesan a un círculo sumamente reducido (principalmente por su colosal desconexión con los problemas que aquejan a la grandes mayorías explotadas) y que fundamentalmente solo sirven para legitimar el sistema de reparto de subsidios y becas. La estructura sumamente jerárquica (con premios y castigos más que evidentes) y normada a partir de reglas que cada vez más intentan imitar el “eficientismo” de la empresa privada, obligan asimismo a centrar el objetivo de los científicos en el propio escalafón ayudando fuertemente a producir el aislamiento respecto al resto de la sociedad. Estas son razones fundamentales que explican la ausencia de buena parte de la ciencia y la academia en el debate respecto al proceso de profundización del aniquilamiento del lazo social, productivo y cultural perpetrado por las políticas neoliberales. La predominancia del individualismo metodológico en el estudio de los movimientos sociales o del abordaje sistémico y biologicista en los estudios sociedad-naturaleza, son solo dos ejemplos de lo anterior.

Vale recordar lo que Baran y Sweezy2 sostenían ya por el 1966 en su obra El capital monopolista: “¿Cómo podemos considerar la paradoja de que científicos sociales más y mejor preparados fracasan aún más deslumbradoramente al explicar la realidad social? Sin duda, parte de la respuesta radica en el simple oportunismo. Quien paga al gaitero pide la tonada, y todo mundo sabe quiénes son los que pagan y qué tonadas prefieren. En una sociedad capitalista una demanda efectiva siempre producirá su propia oferta”.

En este contexto, la Revista Theomai constituye un intento por sumarse a la producción crítica y comprometida de conocimientos, que en los pliegues del sistema genera alternativas intelectuales de integración y no aislamiento, buscando que la ciencia y la academia sean una herramienta que pueda sumarse a la movilización de la sociedad para la superación de las relaciones sociales que generan la desigualdad y la explotación.

 Guido Galafassi       
Director Revista Theomai       
 


 

 


Editorial

Science – what for?  
Scientificism in postmodern-neoliberal society

 

In the last decades in which the economic growth and the marketization process (i.e. the historical process that has transformed the socially-controlled economies of the past into the market economy of the present) have had the highest increase in the history of capitalism, the world of scientific knowledge has not been away from these influences. The pair neoliberalism-posmodernity, which is not usually presented conforming a unit (despite been undoubtedly both sides of the same coin) is having an increasing and strong influences in the knowledge environment. This neoliberal and posmodern influence on scientific knowledge involves most of the “official science”, which has forgotten any intent of debate regarding social change, even discarding the central idea of liberal progress which supports the social construction of modern science.  And what is clearly more serious it involves those “revolutionary academics” of the seventies who are, at present, the fundamental promoters of posmodern apathy and uncertainty (phenomenon particularly remarkable in Argentina), playing the role of defenders of representative and capitalist democracy which undergoes strong crisis due to its deep restrictive character.

This way, under the shell of apathy and " excellence objectivity” a good part of this academic and official scientific world has locked themselves up in its own professional logics tending to forget that they are part of society and its changes. Even under the pressure of empoverishing of the labor conditions, especially in the peripherical countries, contemporary science devotes its efforts to find out the “sex of the angels” instead of knowing about and spreading the process of usurpation and sacking of the current economic and political model.

In most of scientific estates, lack of social commitment has been the dominant rule in the last decades. In Argentina, for example, after a light criticism to science “accomplice” of the dictatorship in the first years of democracy, scientist have preferred to be confined in their anonimity, competing for power, privileges and research funds. Thus, absence of science in the whole process of social and cultural usurpation of the last decades has been remarkable. Only in recent years some few work experiences have been observed together with the diverse social movements or proposals of alternative economic plans, which are not considered “scientific” by the establishment that continues having in Harvard, Chicago and Oxford models to imitate (note Domingo Cavallo, minister of economy of Carlos Menem, one of the responsible for the lately economic disaster, is a Chicago graduated).

The pair neoliberalism-posmodernity has worsened that “scientificist” tendency,  masterfully denounced by Oscar Varsavsky1 at the end of the sixties. Leaving aside the “end of the history and the death of ideologies” postmodern maxim (as it is today in good part of the intellectual world) and having a “praxis” concept approach, it is worth criticising this scientificist tendency.  This way,"… cientificist is the researcher who has adapted himself to this scientific market and has quits to be concerned about the social meaning of their activity, detaching it of the political problems, and devoting themselves fully to their 'career', accepting the norms and values of the big international centres, which implies to agree with professional ranks."

This position, under the umbrella of “objectivity and excellence” for the search of “universal truth", leads to isolation and separation between science and society. Science as a tool of knowledge for man's liberation is absolutely discarded (even forgetting the old humanist-enlightenment ideals that originated this New Science of modern Occident). This so-called objectivity is a masquerade of the liberal strategy of non commitment to avoid thinking of some possibility of social change (irritating for the dominant powers). In spite of the negative of the official science of being recognized as political and ideologically committed, it is impossible, to support (without the backing of their own scientific and academic bureaucratic structure) the “neutrality” in which the scientific activity is developed. As a consequence, a “scientific market” produces “scientific goods” in terms of publication results only interesting for extremely reduced circles. In addition, these research outcomes have little to do with the problems suffered by the exploited majorities and prove to be good to legitimate the system of allotment of subsidies and scholarships. The extremely hierarchical structure (with an evident system of prizes and punishments) organised based on rules trying to imitate private company efficiency, forces the scientist to centre the objective in their own professional ranks producing strong isolation from the rest of the society. To sum up, the official science is absent in the debate regarding the process of annihilation of the social, productive and cultural bond perpetrated by neoliberal policies. The almost absolute predominance of the methodological individualism in the study of the social movements or of the systemic and biologicist approach in the society-nature studies, count as examples.

It is worth to remember what Baran and Sweezy(2) thought in 1966 “How can we consider the paradox that well-trained social scientists fail significantly when explaining social reality? Without a doubt, part of the answer lays in simple opportunism. That who pays the piper requests the tune, and everybody knows who the ones who pay are and what tunes they prefer. In a capitalist society an effective demand will always produce its own offer." 


Guido Galafassi 
Executive Editor Theomai Journal 

1. Varsavsky, Oscar: Ciencia, política y cientificismo. Buenos Aires, CEAL, 1969. 
2. Baran, Paul and Paul Sweezy:  Monopoly Capital.  New York, Monthly Review Press, 1966

 




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Theomai is a word of greek origin wich means: to see, to contemplate, to observe, to understand, to know

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