Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 2 (segundo semestre de 2000)  
number 2 (second semester of 2000)
                           

 


Caminos y comercio como factores de cambio ambiental en las planicies áridas de Mendoza (Argentina) entre los siglos XVII y XIX.

 

María del R. Prieto* y Elena M. Abraham**


(Trabajo presentado a las XVII Jornadas de Historia Económica, Tucumán, Argentina, 20-22 de septiembre de 2000)

* Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, CRICYT- Mendoza, Argentina. charopri@lanet.com.ar
** Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Aridas, CRICYT- Mendoza, Argentina.

 

Introducción

Si bien se han realizado numerosos estudios sobre los caminos como vías de comunicación e intercambio no se ha analizado el impacto ocasionado por el uso continuado de las grandes vías de comunicación en los ecosistemas aledaños y las consecuencias ecológicas - muchas veces irreversibles- del tránsito permanente de grandes contingentes de personas, carretas y animales por las antiguas rutas del país desde mediados del siglo XVI.

El objetivo del presente trabajo fue estudiar el papel representado por una de las rutas más antiguas, el Camino Real o de la Travesía así como el comercio entablado entre el Atlántico y el Pacífico, en la progresiva degradación del ecosistema de la planicie oriental de Mendoza con anterioridad a 1870, fecha en que comienza la extracción intensiva que provocó la casi desaparición de los bosques de algarrobo que la cubrían (1).

 

Características ambientales de la planicie mendocina en la actualidad

Todo el ambiente de la llanura oriental mendocina presenta evidentes signos de desertificación. La hemos definido como el ecosistema que cubre aproximadamente la mitad del territorio de la provincia desde los 700 m s. m. por el oeste hasta alrededor de 500 m s. m. en el Río Desaguadero; su relieve es uniforme, sólo diferenciado por médanos y depresiones. Está cruzada por los ríos que descienden de los Andes y los bordes norte y este de esta cuenca están ocupados por relictos de un antiguo sistema de lagunas y bañados (Guanacache, del Rosario, Silverio). La utilización de los caudales de estos ríos en los oasis de cabecera determina que los únicos recursos hídricos de que dispone la llanura estén constituidos por las lluvias- alrededor de 200 mm anuales- y el agua subterránea .

Con respecto a la vegetación, según Guevara et al. dominan en la llanura "...distintas comunidades arbustivas xerofíticas de hojas perennes. Estos matorrales tienen en general dos estratos, uno leñoso, de uno a dos metros de alto y otro de herbáceas. Aún en las mejores condiciones, el porcentaje de suelo desnudo oscila entre 20 y 40 %. Los bosques son raros, la única especie que llega a formar rodales aislados es el algarrobo dulce (Prosopis flexuosa)" (2). Entre los árboles, acompañan al dominante Prosopis flexuosa otras especies como Geoffroea decorticans (chañar) y Bulnesia retama (retamo). Las arbustivas más frecuentes son Larrea divaricata y cuneifolia (jarillas), Atamisquea emarginata (atamisque), Condalia microphylla (piquillín), Atriplex lampa (zampa).

A pesar de su aparente homogeneidad, se pueden diferenciar en la llanura distintas unidades ecológicas, en función de los rasgos generales del relieve, pendiente, sustrato, suelos, erosión y vegetación dominante. De las clasificaciones existentes, nos han interesado aquéllas que consideran para la distinción de unidades, la existencia actual o pasada de bosques entre los elementos de la vegetación. Braun et. al. han distinguido para el sector de la llanura que nos interesa siete subunidades: 1. Planicie lacustre del Tulumaya, prácticamente sin bosques; 2. Planicie terminal del río Tunuyán, bosque abierto con estrato arbustivo y herbáceo desarrollado; 3. Planicie del Desaguadero, estepa arbustiva halófita, sectores de bosques abiertos; 4. Planicie oriental al norte del río Tunuyán, bosque abierto alternando con estepa arbustiva; 5. Bajada y playa del Gran Mendoza, cultivos bajo riego; 6. Llanura de Ñacuñan, bosque abierto con estrato arbustivo y herbáceo desarrollado; 7. Sector Central de la planicie oriental, similar al anterior (3).

Los bosques son muy abiertos, formados por árboles aislados, y responden siempre a la existencia de una freática cercana a la superficie. Afirma Roig et al. que es en el sector noreste y especialmente en el Departamento de Lavalle y en la planicie del Tunuyán donde han existido y aún subsisten los bosques de mayor extensión y desarrollo (4).

 

El camino Real y el comercio

Muchas de las vías de comunicación delineadas a comienzos de la colonia persistieron hasta el siglo XIX y aún hasta la actualidad. Además de las rutas más conocidas que comunicaban Buenos Aires con el norte (Potosí, Lima, etc.) existió otro camino que conectaba el Atlántico con el Pacífico: saliendo de Buenos Aires, atravesaba Córdoba, San Luis y Mendoza, cruzaba la cordillera e ingresaba a Chile y desde allí se conectaba con el Perú. La ruta a Chile era en realidad una prolongación de la que se dirigía a Cuyo. Si bien era utilizada con relativa frecuencia para el tránsito de productos y viajeros, no alcanzó la importancia de la del Alto Perú .

A pesar de su menor importancia relativa, este camino se constituyó en la salida obligada para la colocación de los productos de Mendoza en las ciudades situadas al oriente. La elaboración de vinos y alcoholes se consolidó como una fuerte industria en la región cuyana, que encontró buenos mercados en Córdoba y Buenos Aires a lo largo del XVII y XVIII.

En Mendoza hacia 1580 ya se había logrado producir trigo con excedentes y se traficaba con el vino en pequeña escala. Los vecinos y encomenderos intuyeron que la solución económica estaba en la agricultura y en la comercialización externa de sus productos, entre los que hacía buen papel la fruta seca o pasa, especialmente higos y uva. Para esa fecha ya se estaba utilizando el camino que unía Córdoba con Mendoza (descubierto en la década de 1570) y en 1603 se enviaron soldados desde Mendoza a explorar la ruta que conducía a Buenos Aires, camino que con el tiempo tomó el nombre de Camino Real o Camino de la Travesía (5).

A principios del siglo XVII las relaciones económicas con el exterior tenían cierta continuidad sobre todo con Córdoba y Santiago del Estero y ya se habían comenzado a utilizar las carretas para trasladar lo producido en las chacras mendocinas. según lo indica un convenio del 16 de noviembre de 1600, por el cual Juan Páez de Cartagena se comprometía a cargar en cuatro carretas "...frutales, camuesas y otras" y llevarlas a "la gobernación de los Juríes y pase a Santiago del Estero y allí las venda" (6). Rápidamente este comercio se extendió a Buenos Aires y un poco más tarde a Santa Fe.

Para Mendoza este tráfico significó la diversificación comercial y la independencia económica con respecto a Chile, puesto que no sólo estaba referido al comercio del vino, sino también a los efectos que se traían en las carretas al regreso, que se vendían luego en Mendoza o pasaban a Santiago. En 1690 el Virrey del Perú, Melchor de Portocarrero Laso de la Vega autoriza a los vecinos de Mendoza a trasladar los vinos y frutos de Cuyo al Puerto de la Santísima Trinidad, permitiendo así el libre tráfico de las carretas hasta Buenos Aires (7).

La presencia de los indígenas rebeldes, cuyo territorio lindaba con el Camino Real, era una de las pesadillas de los carreteros y de los dueños del vino transportado (8). A este problema se debe agregar las inmensas distancias, la escasez de agua para hombres y animales, los caminos intransitables, la falta de pastos y se tendrá un panorama parcial del esfuerzo que significaba para los agricultores mendocinos vender la producción del año. Al llegar a Buenos Aires se debía pagar impuestos de comercio a las autoridades - al no pertenecer a la jurisdicción del Puerto- por una partida de vino que posiblemente se había avinagrado durante la travesía.

La conducción del producto al lugar de consumo se tradujo en otro ramo comercial, el carretaje. El número de carretas fue aumentando en concordancia con el mayor tráfico hacia y desde el oriente. La demanda de medios de movilidad provenía no sólo de los productores, sino también de los comerciantes foráneos que compraban partidas para revender en los mercados exteriores "... vendiéndoles en sus bodegas... aún los que los compran es para sacarlos fuera de que resulta otra utilidad por el tráfico de carretas de que nos mantenemos..." (9).

Las carretas volvían de sus viajes cargadas con mercaderías diversas, sebo, grasa, la yerba del Paraguay o de Caamaní, parte de la cual pasaba a Chile, además de los bienes de consumo que Mendoza no producía tales como tabaco, ropa, telas, hilos, papel, sedas, encajes, sortijas de vidrio, cintas, espuelas, azúcar.

Por lo general, si el carretero era modesto, conducía él mismo la carreta ocupándose personalmente de realizar la transacción encargada por su cliente. Durante todo el siglo XVII cada vehículo llevaba alrededor de 17 bueyes y algunas mulas, aperos y herramientas (10).

Durante este siglo y primera mitad del XVIII, a pesar de la decadencia del comercio en América, Mendoza pasó a ser el nudo de una intensa red de relaciones que no se limitaba sólo al tráfico del Atlántico a la cordillera, sino que se extendía a Santiago y Valparaíso en Chile: "... de la dicha ciudad de Mendoza se da el abasto y avío a este Reino y a las demás provincias, en el trajín de sus comerciantes..." (11).

Con las reformas borbónicas el comercio vitininícola entró en un período de declinación. Según Chiaramonte "Las consecuencias del Reglamento de Comercio Libre de 1778 fueron irremediables para las economías regionales". Mendoza y San Juan cuyas producciones giraban en torno de la vid sufrieron directamente sus efectos : " Los vinos y aguardientes mendocinos se consumían en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y junto a ellos, aceite, harina y frutas secas. Según Azara, en 1796 se llevaron desde Mendoza a Buenos Aires y Montevideo unos 7313 barriles de vino y 3942 de aguardiente. Se calcula que hacia 1810 se consumían fuera de Cuyo unos 10000 barriles anuales de aguardiente y unos 15000 de vino provenientes de dicha región pese a la competencia de los vinos españoles (12).

Mendoza, de acuerdo con este autor, pudo defenderse mejor de las consecuencias del libre comercio. La burguesía mendocina mantenía además del vino una fuerte actividad comercial favorecida por el lugar estratégico ocupado por Mendoza en la ruta a Chile. Por esta ruta hacia comienzos del siglo XIX transitaban unas mil doscientas carretas anuales, a pesar de los altos fletes que pedían los carreteros, de los impuestos que se cobraban en Río Cuarto y del ínfimo precio del vino consecuencia de la competencia. De esas carretas, unas 500 retornaban con yerba del Paraguay para su consumo en Chile. El Resumen de la Real Hacienda sobre el movimiento de carretas entre 1792 y 1799 puede brindar un mejor panorama de la situación a fines del siglo XVIII (13).

Años

Entrada de carretas

Salida de carretas

1792

1032

978

1793

1046

919

1794

786

824

1795

569

704

1796

992

981

1797

1171

1209

1798

1015

1035

1799

1147

1259

Total

7758

7906

 

Reconstruyendo el escenario ambiental del pasado

Para estudiar el impacto de los factores socioeconómicos a lo largo del período se debía en primer lugar establecer la línea base del ecosistema a partir de la cual estudiar los cambios ocurridos en el ambiente en los momentos subsiguientes de acuerdo con la metodología explicitada por las autoras en trabajos anteriores (14). Se identificaron para ello los indicadores naturales y antrópicos más significativos del proceso de desertificación en el área y se los rastreó en la documentación histórica disponible para los siglos XVI, XVII y parte del XVIII.

Entre los indicadores antrópicos se tomó en cuenta: la presión demográfica; los asentamientos; la ocupación y abandono de tierras; el uso de recursos naturales como madera, leña y pasturas; tala de bosques; la introducción de especies vegetales y animales, especialmente las relacionadas con el uso ganadero; la apertura de caminos y construcción de canales.

Entre los indicadores más importantes del registro ambiental se consideraron las variaciones interanuales en las precipitaciones y en la temperatura, la variabilidad de caudales de ríos, lagunas y salinas; procesos de salinización, sedimentación y erosión de suelos y las catástrofes naturales (crecidas, aluviones, sequías, cambio de curso de ríos).

Se prestó atención especialmente a la fisonomía y cobertura vegetal y principales especies de la flora local porque ha sido este recurso el que más ha sufrido el impacto antrópico a lo largo de estos siglos y además porque permite inferir indirectamente el estado de los otros indicadores de degradación. Para ello se utilizaron fuentes históricas que permitieran obtener registros sobre la fisonomía de la vegetación y el uso de este recurso . Acudimos con este motivo a las primeras descripciones sobre el camino de la Travesía correspondientes a los siglos XVI y XVII, siempre teniendo en cuenta que en ese lapso la presión del uso no fue tan importante como en momentos posteriores.

El estudio fisionómico de la vegetación es un método proveniente de las Ciencias Naturales y se fundamenta en la identificación de grandes unidades de vegetación tal como se presentan o impresionan al observador, teniendo en cuenta la o las especies dominantes. Nos hemos basado en esta perspectiva fisionómica para reconstruir la cobertura vegetal de la planicie lo que nos permitiría comparar posteriormente sus resultados con el estado actual del paisaje.

Hemos partido de la premisa que ante la carencia de conocimientos botánicos, para el observador del pasado era más sencillo referirse a la configuración que a las especies. Por esa razón es más común encontrar referencias a las formaciones vegetales de la región -algarrobales, jarillales- que a especies determinadas, puesto que el hombre tiende a realizar una síntesis inconsciente, remarcando aquello que más lo impacta del paisaje. En un segundo momento del proceso de aprehensión de la nueva realidad el observador buscaba referentes en la vegetación de su lugar de origen, asimilando las especies o el conjunto de éstas a aquéllas que se asemejaran formalmente a las de su lugar de proveniencia (15).

 

La extensión del bosque primitivo hasta mediados del siglo XVIII

Hemos intentado determinar la extensión y características del área boscosa del centro y norte de Mendoza durante los siglos XVI y XVII y comienzos del XVIII, tomando como punto de referencia la ciudad de Mendoza.

A través del análisis de la documentación disponible, comprobamos que este paisaje se mantuvo sin grandes cambios durante más de doscientos cincuenta años. Una de las primeras apreciaciones se remonta al siglo XVII, la cual, refiriéndose al área, afirmaba que se trata de una "...tierra llana y bien poblada de espinos, árboles más ofensivos que provechosos, aunque a los naturales les es sustento su desabrida fruta..." (16).

Según Prieto y Wuilloud, al momento de la llegada de los españoles "... el algarrobo de porte arbóreo no se encontraba en los aledaños del sitio de la fundación de la ciudad, pues a fines del siglo XVII, cuando se necesitaba madera para la construcción de viviendas se debía recurrir a los bosques que crecían en las cercanías de las lagunas de Guanacache " ... para acabar con las obras de las Casas del Rey y Cabildo y Cárcel es menester que vayan carretas por la madera a Guanacache..." (17).

Entendemos que cuando las fuentes se refieren a Guanacache, aluden a las lagunas y su área de influencia. Esto nos permite ubicar el límite norte del comienzo del bosque, a unos 20-25 kilómetros del área fundacional en esa dirección, más específicamente en la porción septentrional de la antigua ciénaga y dehesa de la ciudad, cabecera del Arroyo Tulumaya, formada por el desagüe de los cursos tanto naturales como artificiales derivados del río Mendoza. El bosque se extendía desde este punto, siguiendo el curso de ese arroyo, hasta su desembocadura en la zona de lagunas y bañados de Guanacache (18). Naturalmente, en este sector, el bosque adopta una disposición en galería.

Hacia el oriente, según el Padre Miguel Herre (siglo XVIII) " .desde La Punta, hasta medio día de viaje distante de Mendoza, no se encuentran más que bosques, selvas y matas..." . Teniendo en cuenta el medio de locomoción utilizado (carretas) podemos calcular que la distancia recorrida en medio día de viaje podía llegar a 25 km y éste sería el límite de la formación boscosa hacia el este (19).

Hemos verificado la presencia de bosques abiertos de algarrobo que cubren en forma discontinua la extensa llanura oriental desde las primeras noticias sobre el área. Si bien esta información se limita a la zona adyacente al antiguo Camino Real, por las obvias restricciones visuales de los viajeros, se puede asumir la existencia de las mismas formaciones en el resto de la región.

A través de las descripciones vemos que la estructura del paisaje no ha cambiado con respecto al presente. Las apreciaciones sobre la vegetación están más relacionadas con la forma de percibir y valorar el recurso forestal, que va sufriendo modificaciones de acuerdo con las necesidades y la tecnología de cada época. En los primeros años de dominación española, se consideraba poco útil la madera de algarrobo y difícil de trabajar con las herramientas disponibles. En esos primeros tiempos, los mendocinos extraían la leña y madera para sus necesidades cotidianas de los sitios cercanos a la ciudad, la jarilla del piedemonte y otras especies de los aledaños de la antigua ciénaga situada al noreste del asentamiento urbano: "...respecto a que de inmemorial tiempo a esta parte han pastado en ella los ganados y tropas de los vecinos y arrieros y cortado leña y madera para sus menesteres" (20).

Sin embargo, cuando había necesidad de mayor cantidad , recurrían al bosque de San Luis, que ofrecía una mayor variedad y oferta: "...se trató, como en la Ciudad de San Luis habían mandado que no cortasen los vecinos ni moradores de esa provincia madera, causa que es con gran daño de las dos ciudades desta y la de San Juan..." (1627) (21).

A través de las descripciones se asume que en esta época era muy escasa la presión de uso sobre el bosque en la planicie debido a las largas distancias, la falta de transportes adecuados, y una relativamente baja demanda. Sin embargo, se pudo constatar que la presencia misma del Camino Real, que unía la ciudad de Mendoza con el litoral ya implicaba un incipiente deterioro de la franja aledaña al camino. Como se ha afirmado anteriormente, Mendoza comienza a comerciar con el litoral muy tempranamente, utilizando carretas tiradas por bueyes. Este medio de transporte ejercía cierto deterioro, aunque acotado a las zonas más inmediatas, sobre todo en estos primeros tiempos, en que el tránsito era relativamente escaso.

Aparece también durante el siglo XVII otro factor de deterioro, que posteriormente se agudizaría: el pisoteo, pastoreo y ramoneo del ganado. En la segunda mitad de este siglo, a raíz del abandono de las estancias del sur de Mendoza por los ataques indígenas, se intensificaron las "vaqueadas", consistentes en la extracción de ganado cimarrón de las pampas para comercializarlo en la ciudad de Mendoza y en Chile (22). Los arreos se introducían en la actual Provincia de Mendoza siguiendo el curso del Río Tunuyán, que corría un gran trecho paralelo al Camino Real.

 

El estado ambiental de la planicie desde la segunda mitad del XVIII hasta 1850.

Consideramos que durante el siglo XVIII y especialmente a partir de la segunda mitad se acentúa la presión antrópica sobre el ambiente de la planicie oriental de Mendoza. Se destacan principalmente los procesos desarrollados desde 1780 hasta 1850. A medida que el comercio entre el litoral atlántico, Mendoza y Chile adquiere mayor importancia, la presión sobre el bosque se intensifica. El Camino Real se jerarquiza como vía de comunicación, manifestándose como el principal factor de degradación, de acuerdo con los indicadores específicos seleccionados para analizar en este apartado: compactación, erosión, invasión de malezas y especies exóticas, fuegos intencionales, empobrecimiento de la fauna, deterioro de la vegetación y sobrepastoreo.

Para este período contamos con la ventaja de tener mayor información, tanto de archivo como de relatos de viajeros que hacían el camino Buenos Aires- Chile pasando por la Travesía, que se preocupan por realizar descripciones lo más ajustadas posible a la realidad. También científicos ilustrados enviados por la Corona española, integrando misiones científicas, como Tadeo Haenke y Luis Nee. Para mediados del siglo XIX ya disponemos de relatos científicos provenientes de los naturalistas.

Sobre la base de estas descripciones podremos circunscribir con más precisión las áreas con mayor desarrollo del bosque. En este sentido, llama la atención el énfasis de la mayoría de los viajeros en señalar la presencia de una masa forestal relativamente importante en el tramo del Camino Real entre Desaguadero y Las Catitas y principalmente en Corocorto (La Paz) y su área de influencia. La existencia de árboles entre los componentes del paisaje es la diferencia más importante verificada con respecto al inventario actual de la vegetación.

A partir del último cuarto del siglo XVIII se levantan varios mapas marcando el camino de la Travesía y las variantes abiertas con diferentes fines. Hemos seleccionado uno de ellos, el "Plano de los caminos contratados entre el gremio de carreteros de Mendoza y don Francisco Serra Canals" realizado en el año 1803 para ubicar al lector señalando los sitios aludidos en el texto (23). Este plano se levantó a raíz de un juicio entablado entre el poderoso gremio de carreteros de Mendoza y el encargado de construir un puente sobre el Río Desaguadero, Francisco de Serra y Canals. En el mapa están marcados los tres caminos principales utilizados por los carreteros en ese período, entre los que se destaca el de la Travesía como el más transitado. Partiendo de Mendoza, esta ruta luego de cruzar el río Mendoza iba bordeando el río Tunuyán hasta llegar a la posta de Corocorto (actual Villa de la Paz). Desde aquí el camino se dividía. Uno abandonaba el río Tunuyán y continuaba recto como Camino de la Travesía o Travesía del Medio hasta el puente del Desaguadero. El segundo se dirigía en diagonal hacia el noreste, hasta la primera gran laguna del complejo de lagunas y bañados del curso medio del Desaguadero y el tercero, al sur del Camino Real, continuaba bordeando el río Tunuyán para cruzar el Desaguadero en las cercanías de la laguna del Bebedero.

Todos los observadores, cuando estaban llegando a Corocorto desde Mendoza o desde Desaguadero, coincidían en describir un algarrobal más o menos denso, con escaso estrato arbustivo, grandes espacios de suelo desnudo y en algunos sitios cercanos a los asentamientos, bosquecillos de " algarrobos enanos". Hemos seleccionado los textos más representativos para ilustrar lo dicho. Tadeo Haenke (1794) por ejemplo, afirma que el camino a Corocorto es bueno "... los árboles y arbustos, matas más abundantes y por intervalos. Hay dos paradas buenas...la primera es el Zanjón, dista cuatro leguas de la posada no es abundante de agua pero hay un bosque muy frondoso...la segunda El algarrobo son nueve leguas de la referida posada, es sitio más ameno que el Zanjón, abundante de agua (24)."

Por su parte Schmidtmeyer corrobora lo anterior, esta vez aproximándose desde el este a Corocorto. Cruza el río Desaguadero y pasados unos kilómetros "... gradualmente las plantas de pasto en forma de matas habían desaparecido y la vegetación consistía principalmente de una cubierta rala de algarrobos, espinos, mirtos y algunos otros pequeños árboles y matorrales. El aspecto general era el de un desierto improductivo y el de una vegetación que padecía por una sequía desacostumbrada... A veces el suelo era tan nivelado y tan desnudo de plantas chicas, que matorrales un poco más verdes que los otros, tenían la apariencia de montecillos reciente y cuidadosamente cavados" (25). "Reanudamos el camino...por el mismo monte, hasta Corral de Cuero...Salimos de ahí a las siete y cuarto, atravesando bosques parecidos a los anteriores por las márgenes del río Tunuyán que baja de la sierra del Portillo... Pasamos por la aldea de Corocorto, a nueve leguas de la última estación; componen esa aldea unas pocas casas y la circundan bosquecillos de mimosas enanas...Desde ahí a La Dormida...A las Catitas caminamos seis leguas por entre bosquecillos de árboles muy bajos y después seguimos hasta Rodeo del Chacón..." / de allí/ " ...salimos a las tres y media para El Retamo, nueve leguas largas entre bosquecillos idénticos a los del día anterior..." (26).

Entre La Paz y La Dormida. "El suelo es arenoso; cruzamos malezas más o menos altas, entre las que dominan los algarrobos (27).

Para conocer la distribución del bosque en el área, contamos con un testimonio producido por el Comandante Don Faustino Ansay, en el año 1802, ante la necesidad de verificar el estado de los tres caminos ya mencionados que unían Corocorto con San Luis y comparar sus cualidades. De acuerdo con lo expresado, estos caminos partían de la actual Villa de La Paz. Es posible que el plano al que nos hemos referido anteriormente haya sido levantado en ocasión de este relevamiento.

Hemos hecho un análisis de cada uno de los Diarios levantados por Ansay. Se describen en ellos los caminos y el ambiente que atraviesan en forma muy minuciosa, por tramos de entre 100 y 300 varas (entre 80 y 240 m). Esto nos ha permitido reconstruir con bastante aproximación el paisaje y constatar la presencia una considerable extensión de bosques.

En los itinerarios se remarca en general la espesura del monte que se debía atravesar entre el río Desaguadero y Corocorto, así como las dificultades que encontraban las carretas :

"...hay en el campo bastante pasto; algunas distancias de consideración de escampado, siendo el piso muy bueno: pero hay bastantes retazos de monte espeso y como se halla el camino abierto por entre el dicho monte, está el piso con mucha tronquería, lo mismo de reigones y varios pedazos de tunas junto al camino, siendo el monte como llevo dicho, espeso..." (28). La cobertura boscosa está englobada bajo la denominación genérica de "monte espeso".

El ambiente de la Travesía del Medio o Camino Real es descripto en el segundo Diario. En este texto, si bien el monte de algarrobos y chañares es calificado entre " ralo y espeso" , es muy importante subrayar su gran extensión a lo largo de 35 km Los elementos del paisaje son los mismos que en la actualidad: barreales* y médanos (29).

Resumiendo, desde el Puente del Desaguadero, en los primeros tres kilómetros en dirección a Corocorto, predominan los barreales aunque se observan algarrobales ralos y montes de chañares. En el segundo tramo, de unos 15 km, con barreales, domina el monte de algarrobos entre ralo y espeso. En los siguientes 10 km continúa el monte de algarrobo, con las mismas características, entre médanos. En el último tramo, de unos 7 km, hay monte ralo de algarrobo, algo de jarillal ralo y en algunas partes el camino es medanoso.

El tercer diario, "De lo que se ha inspeccionado en el Camino del Bebedero" describe la ruta partiendo desde Corocorto hacia el sureste, bordeando el rio Tunuyán (30).

A diferencia del itinerario anterior, se destacan en éste las referencias a campos abiertos o bien arbustales bajos (jarillales, zampales) monte bajo y barreales. Esta parece ser una zona con mayor salinidad y abundancia de especies forrajeras como la zampa y pastos diversos. En una extensión de 67 kilómetros, los observadores sólo encontraron monte más espeso en un corto tramo.

Se debe de tener en cuenta que esta área formaba parte del antiguo delta del río Tunuyán que pocos años antes había desviado su curso hacia el sudeste ocasionando graves perjuicios económicos: "...por haber mudado su curso el río Tunuyán ha quedado en seco el camino de carretas, con notable perjuicio de los transeúntes y mortandad de boyadas..." (31).

Saliendo de Corocorto en dirección sudeste, en los primeros 10 km el monte en general era ralo. A lo largo de la costa del río Tunuyán había abundantes pasturas usadas para invernadas. Los siguientes 13 km , siguiendo siempre a lo largo de este río, se presentan en general como campo abierto. Ansay señala algunos pocos jarillales, zampales, algarrobos y chañares en el camino. Los próximos 10 km, bordeando el río, se encuentran cubiertos por monte ralo. Durante los siguientes 14 km encontraron monte ralo, campo abierto y en algunas partes monte más espeso.

Llegan a "Los Chañares largos" , a una distancia de 10 km del río Tunuyán, hacia el lado del Desaguadero. Durante los siguientes 20 km ven barreales y campo abierto, hasta llegar al Desaguadero, el que cruzan por el Paso de Delgado. En la Encrucijada al camino de Gorgonta, se acaban los barreales y empieza el monte, ya en territorio de San Luis.

 

Las especies vegetales que observaron los naturalistas

Basándonos en la descripción anterior y las observaciones que dejaron los naturalistas , comprobamos que existen coincidencias entre los distintos documentos consultados en cuanto a las especies vegetales predominantes en el área a fines del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX.

Una de las descripciones que nos parece más ajustada y rica en información es la del Teniente Archibald Macrae, integrante de la U.S Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere, quien en 1852 realizó un viaje de estudio desde Chile, pasando por la llanura de la Travesía. A través de sus anotaciones podemos corroborar la presencia de las mismas especies que en la actualidad.

En el tramo del camino que nos interesa especialmente, desde La Paz a Desaguadero, Macrae remarca la existencia de bosques de chañar, algarrobo, retamo y de montes bajos de jarilla. En el caso del retamo, es una de las pocas referencias que hemos encontrado sobre esta especie en esta zona de la llanura: " Es llamado "travesía" o lugar donde no hay agua usualmente; ... Tierra boscosa con chañares, retamos, y algarrobas..." (32). Un poco más adelante insiste sobre la composición de la vegetación: " La región presenta un monte ralo con algarrobas, chañares, retamos y -donde hay monte bajo- jarillas" (33).

Con respecto al tamaño y distribución de la especie más conspicua, el algarrobo, Macrae afirma que inmediatamente después de cruzar el Desaguadero el camino "... transcurría a través de un terreno con monte muy bajo, pero con los más grandes árboles que nosotros habíamos visto, algunas de las algarrobas tenían 16 pulgadas de diámetro y 30 pies de alto..." , lo cual equivale a troncos de alrededor de 0.40 m de ancho y 8,40 m de altura (34).

Un viajero, Francis Bonald Head, que pasó por la región en 1825-26, señala que los algarrobos del área del Desaguadero, eran de "...forma y tamaño de manzanos y suficientemente altos para ocultar los caballos..." (35). Reitera en otras oportunidades su percepción sobre el algarrobo como un árbol bajo, llamando mucho su atención la distribución dispersa de los mismos: "Los árboles no se aglomeran, sino que se nota orden tan bello en sus crecimientos que se puede galopar entre ellos en cualquier dirección..." (36).

 

El Camino Real como eje de penetración de los procesos de cambio del ecosistema

A medida que el comercio entre Buenos Aires, Rosario, Córdoba, San Luis, Mendoza y Chile fue adquiriendo mayor importancia, la presión antrópica sobre el bosque se fue intensificando.Al jerarquizarse el Camino Real como vía de comunicación, aumentó la necesidad y la demanda de postas- y gente para atenderlas- en su recorrido y producción de forraje para los animales de las caravanas.

El Cura de Corocorto señala en carta a Sobremonte en 1804, en relación a este tema, la necesidad de poblar las 70 leguas que hay de camino entre Mendoza y La Punta para atender el importante tráfico existente en ese momento: "Es utilidad común, pues no teniendo los troperos y transeúntes en toda esta distancia donde proveerse lo necesario, les sería utilísimo , el que esto estuviese poblado así para las personas como para las cabalgaduras y boyadas, cuia facilidad y utilidad está de manifiesto en el Rodeo de Moyano (que está en la misma costa de este río arriba) que ahora tres años pobló Dn. Gregorio Villanueva, que no era más que un bosque lo mismo que éste y sacando una sequia de este mismo Río, ha hecho unas possesiones que valen miles de pesos ...a más de los alfalfares, pues con motivo de la esterilidad de estos campos por la falta de agua, llegan alli las tropas y demás transeuntes y pagan...medio real por cada animal..." (37).

Tal como observa el sacerdote la población era muy escasa a lo largo del camino. La bajísima demografía de esta porción de la planicie si bien ejercía una débil presión local sobre los recursos, ya implicaba un mayor uso de los mismos, en relación con la etapa anterior. El deterioro se debe haber notado más en el área de influencia de los asentamientos y en particular de Corocorto. Sin embargo, en una matrícula de la población de la Feligresía de Corocorto, "comprendida desde el Paso del Desaguadero que tiene edad para cumplir con el precepto anual de N.S. Madre Iglesia" realizado por este mismo sacerdote, podemos verificar la escasa presencia humana permanente asentada en las postas de la Travesía en 1805, como se observa en el siguiente cuadro:

Localidad

Número de habitantes

Paso del Desaguadero

51

Mosmota

35

Gigantillo

23

Corral de Cuero

9

P...?

20

Ramadita

17

Medanito

26

Capilla

0

Capilla arriba al poniente

27

Posta de Las Catitas

3

Indio Fernando

3

Rodeo de Chacón

5

Ramada (último término de este curato)

4

 

total:224

fuente : AGN, Sala IX- 3-5-2-, Agosto de 1804.

En lo que atañe a la tala propiamente dicha, ya en la segunda mitad del siglo XVIII comienza una extracción más sistemática del recurso forestal en lo que es actualmente el Departamento de La Paz. Los bosques del área llaman la atención de las autoridades coloniales quienes determinan aplicar tasas para su explotación : "...Corocorto no tiene más que las maderas que se dan muy buenas y adjudicándole para que no se extraigan sin pagar alguna pensión podrá ser pueblo de conveniencia" (38). Pocos años más tarde ya estaba en vigencia el impuesto que debe haber significado un ingreso importante para el erario colonial "...impuesto de un peso a cada carreta de las que entran cargadas de madera de las que se sacaren del Monte de Corocorto..." (39).

El mismo padre Crisóstomo Pérez aclara en otra carta quiénes eran los que explotaban el bosque a principios del siglo XIX. Se trataba de los habitantes de la ciudad de Mendoza, especialmente el grupo dominante, quien disponía - tal como lo haría más adelante- de los recursos forestales en su propio beneficio, pues las autoridades de Mendoza "...el fin que llevan es que esto [Corocorto] nunca se fomente para de este modo tener estos campos por suyos para sus invernadas, cortes de madera y que no cultivándose estos terrenos tengan maior estimación sus frutos y potreros..." (40).

Pero , más allá de la relativa presión demográfica, de los incipientes asentamientos y de la tala, el factor de degradación más importante en ese momento fue la existencia misma del camino.

A través del mencionado pleito que sostuvo Francisco Serra Canals con el gremio de carreteros de Mendoza en 1805 podemos comprobar que la cantidad de carretas que transitaban anualmente por ese camino era aproximadamente la misma que en el siglo anterior. Lo mismo sucede con el traslado de los productos de Mendoza que se mantiene sin variantes, a diferencia de mercaderías que provenían de otras plazas comerciales.. "Dícese que ...han puesto aquel camino [el de Bebedero] en términos de no tener travesía /y que /...en el día con el uso del camino del Bebedero transitan más de mil carretas quando antes apenas rodaban como dos sientas...Los frutos de Mendoza y el carguío de ésta, a poca diferencia son los mismos en el día que eran en aquel entonces, antes si, en aquel tiempo se conducía de la de Chile el carguío de cacao, la cascarilla, el cobre, miniestras y otros muchos efectos que pasaban a España por esta vía, el mucho azúcar que se conducía a esta ciudad antes que se proveyese de las colonias extranjeras y la Abana, el transporte que estos últimos años se ha facilitado por el Cabo de Hornos ya de tercios de yerba y demás especias, que antes se remitían por la cordillera..." (41).

Estas apreciaciones de Serra Canals son ratificadas por viajeros algunos años después:

" Otro modo de viajar aquí es en carretas. Caravanas de diez, veinte o más carretas ...de gran tamaño y sobre dos ruedas muy altas, transportan los productos y otras mercaderías de comercio entre Buenos Aires, San Luis, Mendoza y San Juan...". " Las carretas son arrastradas por seis bueyes, a cuyo lado van otros para relevo o fuerza adicional...Todo el conjunto ocupa un gran espacio..." (42).

El efecto de las grandes ruedas de este significativo número de carretas, sumado a los bueyes que las arrastraban y los jinetes acompañantes, se traducía en la destrucción de la estructura del suelo y su posterior compactación en toda el área de influencia del camino. Asimismo, el paso de las ruedas generaba profundos surcos por los que se encauzaba la acción de las aguas y en los bordes del camino la erosión hídrica generaba importantes cárcavas " Está lleno de barrancas y zanjones que han formado las corrientes de las aguas de las lluvias" (43).

El mismo Serra Canals lo advierte al referirse al antiguo camino de la Travesía, abandonado pocos años antes al trazarse uno nuevo en mejores condiciones: "...por el mucho curso de Carretas desde la Conquista se han hecho huellas y arenales con algunos barrancos, de los que se librarán los caminantes con el nuevo camino..." (44).

Entre 1810 y 1830, las apreciaciones precedentes se ven confirmadas por varios viajeros:

"...el camino está muy surcado por el tránsito de mulas y carretas que transportan el producto de las viñas y otras mercancías entre Buenos Aires y Mendoza" (45).

Desde el Chorrillo, camino a Desaguadero, " El camino era una ruta honda y polvorosa en terreno bajo y boscoso..." . Camino a la Laguna de Chorrillo, "Inmediatamente de salir del poblado (de San Luis), entramos en país de bosque espeso y los huellones del camino fácilmente se sentían..." (46).

La gran remoción del terreno está señalada por importantes nubes de polvo, a veces acentuadas por la sequía, que llamaban la atención de los viajeros: "Continuamos todo el día por el mismo bosque y camino polvoroso " (47). En el camino desde Balde a Desaguadero, "... Apenas hay pasto; la tierra oscura y pelada, pesada de arena y arcilla en polvo por una larga sequía...Vimos un pequeño remolino de viento que levantaba una columna de polvo a gran altura...encontramos una fila de 27 carretas que iban de Mendoza a Buenos Aires y después una tropa de mulas... las nubes de polvo que levantaban... " (48). Luego de cruzar el Desaguadero se encuentra un "...camino polvoriento. El campo es como ayer: árboles bajos y arbustos, el suelo ligeramente arenoso y arcilloso hecho polvo por la prolongada sequía" (49).

Por otra parte, el aprovisionamiento de los troperos - agua, leña, animales silvestres- y el pastoreo de los animales significó un deterioro cada vez más acentuado de la biota "...Los caballos y ganados, en verano, vagan sueltos entre los matorrales y comen hojas... en invierno, cuando las hojas caen son llevados a algunas leguas a donde haya pasto..." (50).

Los incendios intencionales destinados a mantener el camino, contribuían a deteriorar aún más la vegetación. Precisamente Tadeo Haenke se refiere a este tema, al describir el tramo de camino desde Las Catitas a la Posta del Maltés:

"...A las dos leguas antes de llegar a la Posta del Maltés, los bosques se van espesando: pero prenden fuego en ellos y dejan el camino despejado que va encallejonado por bastante trecho" (51). Esta afirmación de Haenke es otra prueba más de la magnitud que alcanzaba la espesura de los bosques en algunos tramos del camino , a tal punto que debían quemar los árboles para despejarlo.

Haenke advierte también otro factor de desertificación, notable en un momento tan temprano: la presencia de especies vegetales ajenas a la región, introducidas por el tránsito y especialmente por las deyecciones del ganado.

"...dos especies de Xanthium abundan en varias partes: Dirán algunos, cómo podrán haber sido propagadas estas especies de Xanthium en medio de los montes y caminos: yo creo que como sus semillas son ganchosas y se pegan a la cola y crines de los animales como son bueyes, vacas, caballos y que por Mendoza y Buenos Aires son abundantísimas estas plantas se pegan dichas semillas van dichos animales por dichos caminos, se mueren muchos y por consiguiente las aguas que corren por dichos caminos arrastran dichas semillas hasta que queden depositadas en algunos sitios en donde germinan: también pueden muy bien desprenderse de la cola de dichos animales; por intervalos se hallan también dos especies de Chenopodium Argemone, varias especies de Cactus" (52).

 

Conclusiones

A través del desarrollo del trabajo hemos verificado que , si bien ciertos factores naturales tales como variaciones climáticas y de caudales de ríos y lagunas o cambios de curso de los ríos de la región, pudieron tener alguna incidencia local en la génesis de los procesos de degradación del área , tomados en su conjunto no pueden ser considerados realmente relevantes.

Lo mismo podemos afirmar respecto a algunos factores antropogénicos como la demografía de la región, la expansión de los nuevos asentamientos o la explotación de los bosques de algarrobo, que recién comenzaba a fines del siglo XVIII.

Antes que a un cambio en las condiciones naturales de la planicie oriental de Mendoza, podemos atribuir el comienzo del deterioro ambiental del área analizada básicamente al uso continuado del camino de la Travesía y de las áreas adyacentes a lo largo de casi trescientos años. Analizando los datos con los que hemos contado, hemos sintetizado los efectos de este intensivo uso en los siguientes indicadores de degradación:

* Compactación del camino y sus alrededores por pisoteo.
* Surcos de erosión hídrica sobre el camino y cárcavas y abarrancamientos en los bordes.
* Invasión de malezas y especies exóticas por el tránsito y especialmente por las deyecciones del ganado.
* Empobrecimiento de la vegetación y erosión del suelo desnudo por acción de los incendios intencionales para el mantenimiento del camino.
* Empobrecimiento de la fauna y reducción del hábitat inferidos por la previsible perturbación y cacería por parte de los integrantes de las caravanas.
* Destrucción de la vegetación y erosión del suelo desnudo por la apertura de nuevos caminos y aprovisionamiento de leña ( presencia de raigones, tocones).
* Arbustización de especies arbóreas por tala.
* Gran cantidad de polvo en suspensión por la remoción de partículas del suelo.
* Sobrepastoreo en las cercanías del camino por la necesidad de alimentación de los animales durante la travesía.

 

Notas

1. Abraham E. y M. del R. Prieto. " Vitivinicultura y desertificación en Mendoza". Estudios de historia y ambiente en América I: Argentina, Bolivia, México. Paraguay. ISBN: 968-6384-39-1, p.109-135. 296 p. Bernardo García Martínez y Alba González Jácome (Comp.) El Colegio de México/ Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1999, México.
2. Guevara, J.C., E.M. Abraham, R. Candia y M. Kufner. " Acciónes del IADIZA en investigación, conservación y desarrollo en la llanura mendocina". En: Terra Arida, Coquimbo, CEZA, Nº8, 1990, p.97.
3. Braun, R., R. Candia, R. Leiva, M. Páez, C. Stasi y C.F. Wuilloud. " Productividad primaria aérea neta del algarrobal de Ñacuñán (Mendoza). En: Deserta, Mendoza, IADIZA, nº5, 1979.
4. Roig, F., A. Berra, M. González, E. Martínez y C.F. Wuilloud. "La Travesía de Guanacache, tierra forestal". En: Actas Reunión Nacional de Prosopis . Villa Dolores, 1985.
5. Prieto, Ma. del R. "Formación y consolidación de la sociedad en un área marginal del Reino de Chile". Tesis doctoral (1983). Tirada especial de los Anales de Arqueología y Etnología. Facultad de Filosofía y Letras, U.N.Cuyo, 2000.
6. Juan Luis Espejo. La provincia de Cuyo del Reino de Chile, Santiago de Chile, 1954.
7. Morales Guiñazú, F. Primitivos habitantes de Mendoza, Mendoza, 1938. p. 70.
8. "Pedro Correa y Pedro Vejarano piden información de testigos sobre los costos que demanda la conducción de vino a Buenos Aires". 1683. En Juan Draghi Lucero. Revelaciones documentales sobre la economía cuyana durante la época de la colonia. RJEHM, XVI,. Mendoza, 1940. p. 225.
9. Presentación de los vecinos de la ciudad de Mendoza en protesta por los robos de bueyes en el camino de Buenos Aires. 1706. Sección Colonial, C12/ D5, AHM.
10. Prieto, Ma. del R. Op. Cit.
11. Los vecinos de Mendoza solicitan Real Provisión para que no se extraigan indios de sus encomiendas. 1694. Sección Colonial, Carpeta 1 documento 12, AHM.
12 Chiaramonte, J. C., La etapa ilustrada, 1750-1806. En: Assadourian, C. S., Beato G. y Chiaramonte, J.C. Argentina, de la conquista a la independencia, Hyspamérica, Buenos Aires, 1986, p. 329.
13. Martínez, P.S. Historia Económica de Mendoza durante el Virreinato. 1776-1810.UNCuyo-Inst. Gonzalo Fernandez de Oviedo, Madrid, 1961, p.284
14. Abraham, E. y M. del R. Prieto. "Desertificación. Aproximación metodológica para el estudio de su génesis y evolución". Actas del Seminario "Metodología Regional de Evaluación del proceso de Desertización. Desertización en Patagonia". Neuquén, Universidad Nacional del Comahue, p. 259-269,1988.
15. Prieto, Ma. de. R. y Wuilloud, C. Cuadernos de Historia Regional. Luján, U.Nac. de Luján, Vol.II, Nº 6, 1986.
16. Alonso González Nájera, En: Colección de Historiadores de Chile, Santiago, El Mercurio, T. XVI, 1889, p. 15.
17. Prieto, Ma. del R. y Wuilloud, C. Op. Cit.
18. En un trabajo anterior comprobamos que hasta fines del siglo XVII el Río Mendoza corría hacia el este, unido al Río Tunuyan, del que comenzó a separarse a principios del siglo XVIII, migrando hacia su actual dirección hacia el norte, donde es descripto por testigos ya en 1777. Ver: Abraham, E. y M. del R. Prieto. " Contributions of Historical Geography to the study of processes of landscape change. The case of Guanacache, Mendoza, Argentina". En: Bamberger Geographische Schriften, Bamberg, Universidad de Bamberg, Heft 11, 1991.
19. Prieto, M, del R. y C.F. Wuilloud. Op.cit., p. 10.
20. Colonial, C.192, D. 11, 1766, AHM.
21. Actas Capitulares de Mendoza, Mendoza, Junta de Estudios Históricos de Mendoza, T. II, 1961, p.22.
22. Prieto, Ma. del R., Op. Cit.
23. Mapas y Planos, Buenos Aires 210, AGI .
24. Tadeo Haenke. "Diario del viaje entre Chile y Buenos Aires", 1794, p.35. Archivo del Museo de la Marina, Madrid. Sección Manuscritos.
25. Schmidtmeyer, Peter. Viaje a Chile a través de Los Andes. Buenos Aires, Ed. Claridad, 1947, p. 170.
26. Caldcleugh, A., Viajes por América del Sur. Río de la Plata. 1821. Buenos Aires, Ed. Argentinas "Solar", 1943, p. 140.
27. Pallière, L. Diario de Viaje por América del Sud (1858). Buenos Aires, Ed. Peuser, 1945.
28. "Diario de lo que se ha inspeccionado en el Camino del Bebedero Año de 1802", Colonial, C 34/ D 16, 1802, AHM.
* Superficie de tierra gredosa o arcillosa
29. "Diario de lo que se ha inspeccionado en el Camino de la Travesía del Medio, Año de 1802". Colonial, C 34/ D 15, año 1802, AHM.
30. "Diario de lo que se ha inspeccionado en el Camino del Bebedero, Año de 1802". Colonial, C 34/ D16, año 1802, AHM.
31. Colonial, C 17/D 13. 10 de noviembre de 1798, AHM.
32. Macrae, A. Report of Journeys across The Andes and Pampas of the Argentine Provinces, Philadelphia, Lippincott & Co., 1856, p. 24.
33. Ibidem, p.52.
34. Ibidem, p. 24.
35. Simon, R. Un Inglés en la Argentina de Rivadavia: Francis Bonald Head. RJEHM , Nº 7, 1972, p.605.
36. Ibidem, p.22-23.
37. Colonial, Sala IX- 3-5-2-, Agosto de 1804, AGN.
38. Informe sobre el número y las características de la población de la Campaña de Cuyo, elevado a S.M. por el Presidente de Chile. 1756. Chile, legajo nº 138, AGI.
39. Colonial, Actas Capitulares, C.33, 1760, AHM.
40. Colonial, Sala IX, 3-5-2, 1805, AGN.
41. Colonial, Carta de Fco. Serra Canals sobre pleito con carreteros, C. 47, D. 64, 1800, AHM
42. Schmidtmeyer, Op. cit., p.75.
43. En: Martínez, P.S. Op. Cit, p. 257.
44. Plano que manifiesta las diferentes distancias..., Buenos Aires, Leg. 201, 1803, AGI.
45. Schmidtmeyer, Op. cit.
46. Proctor, Robert. Narraciones del Viaje por la Cordillera de los Andes. Años 1823 y 24. Buenos Aires, Vaccaro, 1920, p. 40.
47. Ibidem.
48. Greene Arnold, Samuel. Viaje por América del Sud. 1848. Buenos Aires, p. 203-204.
49. Ibidem, p. 205.
50. Proctor, R., Op. cit.
51. Haenke, T., Op. cit., p. 34.
52. Ibidem, p. 39-39v.

 


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