Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 5 (primer semestre de 2002)  
number 5 (first semester of 2002)
                    pajaro.GIF (940 bytes)

 


Reseñas / Book Reviews


Negri, Toni y Hardt, Michael
Imperio

Paidos, Barcelona, 2002. ISBN: 8449312272

Alberto R. Bonnet (abonnet@unq.edu.ar)
Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Quilmes

 

A más de tres décadas de desencadenada la crisis que puso fin al capitalismo de posguerra, cuyo origen remite al arco iris de luchas sociales surcó el mundo hacia fines de los 60 y comienzos de los 70, se impone el reconocimiento de que vivimos en un período nuevo y distinto del desarrollo capitalista. ¿Cómo interpretar las tendencias hoy vigentes en el mercado mundial y el sistema internacional de estados? ¿Debemos partir, para esta interpretación, de alguna de las teorías preexistentes del imperialismo, o más bien de una nueva teoría? Toni Negri y Michael Hardt propusieron recientemente una respuesta a esta pregunta en las páginas de Empire.(1)

Empire se convirtió inmediatamente en un fenómeno editorial, un verdadero best seller, y muchos de los intelectuales de izquierda más importantes de nuestros días se hicieron eco enseguida de las provocativas propuestas de los autores. A la publicación original inglesa (2000) le sucedieron las traducciones francesa, portuguesa, china, turca, árabe, española, etc. en los dos años escasos siguientes.(2) Periódicos como The Nation, The New York Times, Le Nouvel Observateur, Le Monde Diplomatique, Time, The Observer y Sunday Times, así como Clarín y La Nación en nuestro medio, se hicieron eco de su aparición y revistas como New Left Review o Rethinking Marxism dedicaron muchas páginas a su recensión. "Negri y Hardt ofrecen nada menos que una reescritura del Manifiesto Comunista para nuestro tiempo" (S. Zizek), "la nueva nueva gran síntesis teórica del nuevo milenio" (F. Jameson), "un sorprendente tour de force" (E. Balibar), "un libro extraordinario" (S. Sassen).

¿Una simple moda intelectual? Ciertamente no. Empire merece, como veremos, muchos de los calificativos arriba mencionados. Toni Negri es uno de los intelectuales marxistas más importantes de las últimas décadas, tampoco Michael Hardt es un recién llegado. Y, en todo caso, nuestra pregunta debería apuntar más bien hacia qué nuevas condiciones políticas -y que falencias de las viejas políticas de izquierda- estarían sustentando esta posibilidad de que un manifiesto político explícitamente comprometido con el comunismo se convierta en una moda. Pero también es cierto que Empire fue convertido en una moda.(3) Los periodistas de siempre, aggiornados, incluyen la palabra "imperio" en su jerga, los populistas de siempre, también aggiornados, parlotean de las "multitudes", y así sucesivamente.

Nuestra intención aquí no es inscribirnos en las últimas tendencias de la moda. Nuestra intención consiste más bien en analizar críticamente algunos de los argumentos centrales de Empire -precisamente porque estamos convencidos de que no merecen el triste destino de las modas intelectuales- y volver también sobre algunas ideas que Negri presenta en textos previos y que pueden ser discutidas a la luz de éste, su ultimo trabajo.


Algunas cuestiones preliminares

La tesis central de Negri y Hardt consiste en la afirmación de que al capitalismo globalizado contemporáneo corresponde una "nueva forma de soberanía": el imperio. "El imperio es el sujeto político que regula efectivamente estos intercambios globales, el poder soberano que gobierna el mundo" (Prefacio, XI). Se trata de una nueva forma de soberanía que estaría reemplazando la declinante soberanía de los estados-nación y que, por consiguiente, no debería confundirse con la extensión imperialista de la soberanía de ninguno de esos estados-nación preexistentes. "Hay que salir de lo que ha sido la vieja concepción marxista-leninista, conforme a la cual el imperialismo es la expansión del capitalismo nacional hacia espacios mundiales, que crea una jerarquía a través de la centralidad de las grandes potencias. Todo eso es un marco periclitado. El estado nación no es ya el sujeto del desarrollo mundial capitalista. El mercado global es una realidad, en la cual las naciones van a diluirse. No estamos diciendo que el estado nación ya no exista, pero sí que seda una transferencia esencial de su soberanía", explicaba Negri en una entrevista reciente.(4)

Creemos que aquí puede encontrarse ya un primer acierto de Empire. Negri y Hardt prefieren dirigir su mirada hacia las realidades nuevas que se esconden –aunque ciertamente de manera a menudo mistificadora- detrás de nociones tales como las de "globalización" y "nuevo orden mundial", en lugar de soslayarlas sin más como meras realidades viejas con un nuevo nombre.(5) Este siempre fue, naturalmente, el punto de partida de la crítica marxista. Negri y Hardt optan asimismo por centrar su atención en las transformaciones que consideran como indicativas de tendencias en curso, en lugar de "atenerse a los hechos" de una manera indiscriminada. Este fue también, desde siempre, un punto de partida de la crítica marxista. Marx ofrece extraordinarios ejemplos en este sentido como, entre otros, su análisis de la tendencia hacia la socialización del trabajo en los Grundrisse -que constituye, justamente, uno de recursos predilectos de Negri.(6) En la medida en que se identifiquen correctamente dichas tendencias y se las asuma justamente como tales tendencias –esto es: como tendencias aún no realizadas en el presente, atravesadas de contradicciones, y cuya realización futura sigue siendo siempre indeterminada-, aquella opción de Negri y Hardt nos parece incuestionable.

Negri y Hardt se diferencian, entonces, de quienes "son renuentes a reconocer un cambio mayor en las relaciones de poder globales porque ven que los estados-nación capitalistas dominantes continuaron ejerciendo dominación imperialista sobre las otras naciones y regiones del globo. Desde esta perspectiva, las tendencias contemporáneas hacia el Imperio no representarían un fenómeno fundamentalmente nuevo sino simplemente un perfeccionamiento del imperialismo. Sin subestimar estas líneas de continuidad reales e importantes, sin embargo, pensamos que es importante advertir que lo que usualmente era el conflicto o la competencia entre varios poderes imperialistas fue reemplazado en aspectos importantes por la idea de un poder único que los sobredetermina a todos, los estructura de una manera unitaria y los trata bajo una noción común de derecho que es decididamente post-colonial y post-imperialista" (1.1, 9). Pero este punto de partida los sitúa también, inevitablemente, ante un desafío intelectual inmenso y cargado de riesgos. Quedan así situados ante las tareas de determinar las características de esta nueva forma de soberanía imperial, de explicar el pasaje entre la vieja forma de soberanía de los estados-nación, con su extensión imperialista, y esta nueva forma de soberanía del imperio, y de delinear una nueva política revolucionaria dentro de, y contra, el imperio.


Del imperialismo al imperio

Comencemos atendiendo a la génesis o, como preferiría Negri, a la genealogía del imperio. Negri y Hardt analizan los orígenes del imperio fundamentalmente en dos niveles, que podríamos asociar a grandes rasgos el nivel de las formas de soberanía ("passages of sovereignty") y el de sus bases materiales ("passages of production").

Un extraordinario recorrido a través de los avatares históricos del concepto de soberanía a lo largo de la modernidad europea sustenta la genealogía del imperio al nivel de las formas de soberanía. El recorrido se inicia con el descubrimiento de su carácter inmanente en los albores de la modernidad –momento que culmina hacia el siglo XVII en el pensamiento spinoziano-(7), pasa por su crisis y la reacción contra esa inmanencia en manos de la ilustración –Hegel incluido- y concluye en la resolución de esa crisis, siempre provisoria, mediante la instauración del estado-nación como locus trascendente de la soberanía. Las nociones de estado, nación, pueblo y representación son sometidas a una rigurosa crítica a lo largo de este recorrido.(8) A propósito del momento más controvertible del mismo, la propia revolución francesa, por ejemplo, Negri y Hardt sentencian: "Nunca el concepto de nación fue más reaccionario que cuando se presentó a sí mismo como revolucionario" (2.2, 104). Pero también someten a crítica la naturaleza, más ambigua, de dichas nociones en la periferia. Y no podía ser de otro modo, puesto que de discutir el imperialismo se trata, pero conviene detenerse en este punto particularmente relevante desde nuestra perspectiva. "El concepto mismo de una soberanía nacional liberadora –escriben- es ambiguo si no completamente contradictorio. Mientras este nacionalismo busca liberar a la multitud respecto de la dominación extranjera, erige estructuras de dominación domésticas que son igualmente severas" (2.3., 133). Y concluyen un poco más adelante: "La cadena lógica completa de la representación puede ser resumida como sigue: el pueblo representando a la multitud, la nación representando al pueblo, y el estado representando a la nación (...) Desde la India hasta Argelia y desde Cuba hasta Vietnam, el estado es el legado envenenado de la liberación nacional" (id., 134). La declinación de esta noción de soberanía, tanto en el centro como en la periferia, sería indicativa a su vez del pasaje hacia la nueva forma de soberanía imperial.

Es interesante advertir, de paso, que el posmodernismo y el fundamentalismo son presentados ambos como síntomas de ese pasaje entre los ganadores y los perdedores, respectivamente, del proceso de globalización. Respecto del denominado "fundamentalismo" escriben: "Es más correcto y más útil (...) entender los distintos fundamentalismos, no como la recreación de un mundo premoderno, sino más bien como un poderoso rechazo del tránsito histórico contemporáneo en curso. En este sentido, como las teorías posmodernistas y postcolonialistas, el fundamentalismo también es un síntoma del pasaje hacia el Imperio" (2.4., 146-7).(9) Y en relación con el posmodernismo, en sintonía con Jameson, Harvey y otros críticos marxistas del mismo, anotan que "a pesar de sus mejores intenciones, entonces, las políticas de la diferencia posmodernistas no sólo son inefectivas contra, sino que pueden incluso coincidir con y sustentar, las funciones y prácticas de la dominación imperial" (id., 142).

Pero Hardt y Negri deben también examinar los orígenes de esta nueva forma de soberanía imperial. Remiten entonces a la revolución norteamericana y al pensamiento constitucionalista que la acompaña, es decir, el asociado con el Federalist. Encuentran allí, en efecto, un proyecto de poder constituyente aún no clausurado. Un proyecto que sigue suponiendo una concepción inmanente y expansiva -aunque inclusiva- de la soberanía, a diferencia de la concepción trascendental e imperialista que por entonces ya adoptaba el proyecto europeo. En la apertura de la frontera oeste norteamericana, en otras palabras, encuentran el germen de un proyecto de república potencialmente universal, de una red de poderes y contrapoderes potencialmente carente de fronteras. Negri y Hardt siguen el despliegue de este proyecto de poder constituyente a través de la historia norteamericana, desde la declaración de la independemcia, la guerra civil y la reconstrucción, pasando por la disputa entre los proyectos imperialista de Roosevelt y reformista de Wilson durante el cambio de siglos, hasta su clausura con el New Deal, la Segunda Guerra y la subsiguiente Guerra Fría. El fin de la era de posguerra daría lugar, por su parte, a la plena realización de aquel proyecto bajo la forma de una soberanía imperial extendida a escala global.

Negri y Hardt examinan también las modificaciones en las relaciones sociales que sustentan este pasaje del imperialismo al imperio. Rescatan en este sentido, por más paradójica que en principio pueda parecer esta afirmación, una visión sumamente ortodoxa de la teoría clásica del imperialismo vinculada a los problemas de realización (Luxemburgo) y la exportación de capitales (Lenin) del capital monopolista e imperialista.(10) La visión del imperialismo de Luxemburgo, previsiblemente, es recuperada en tanto puede ser reinterpretada en términos de un proceso de incorporación de nuevos espacios de acumulación del mercado mundial que culminará en el imperio, uno de cuyos rasgos característicos es, precisamente, su carencia de exterioridad. Más interesante es, sin embargo, su recuperación de la visión de Lenin y, en particular, de la crítica leninista a la tesis del ultraimperialismo de Kautsky. Negri y Hardt afirman que, en realidad, Lenin compartía con Kautsky su hipótesis acerca de una tendencia hacia el ultraimperialismo, es decir, de una concentración y centralización del capital como proceso acumulativo que conduciría a una superación monopolista definitiva de la competencia, de la nivelación de la tasa de ganancia, de la vigencia misma de la ley del valor. Lenin se diferenciaba de Kautsky, en cambio, en su apuesta política: las contradicciones del imperialismo abortarían este proceso de manera revolucionaria. "Hay una alternativa implícita en la obra de Lenin: o bien la revolución comunista mundial o bien el Imperio" (3.1., 234). El imperio aparece así, en ausencia de esta revolución comunista, como una suerte de realización de aquella tendencia hacia el ultraimperialismo.

Esta explicación, incluso poniendo entre paréntesis la reinterpretación de estos debates clásicos sobre el imperialismo operada por los autores, nos parece sumamente cuestionable. En primer lugar, por más paradójico que parezca, explicar de esta manera el pasaje entre el imperialismo y el imperio supone aceptar implícitamente, sin crítica mediante, aquellas teorías clásicas del imperialismo. Negri y Hardt no someten a crítica estas teorías del imperialismo, sino que sostienen que el imperialismo que dichas teorías intentaban explicar cedió históricamente su lugar al imperio. Estamos convencidos, en cambio, que la crítica rigurosa de las teorías clásicas del imperialismo se impone como una condición sine qua non para emprender la investigación de las tendencias vigentes hoy en el mercado mundial y en el sistema internacional de estados.(11) En segundo lugar, hay una serie de tendencias del capitalismo contemporáneo que parecen desmentir este advenimiento del imperio así entendido: las tendencias hacia un recrudecimiento de la competencia, por ejemplo, o hacia una extensión a escala mundial de la vigencia de la ley del valor-trabajo y de la nivelación de las tasas de ganancia. Tendencias como estas, en cualquier caso, no son siquiera exploradas por los autores. D. Bensaïd señalaba correctamente en este sentido, en una reseña de Empire, que "el análisis de la realidad actual de la acumulación capitalista es a menudo evasivo y el mercado mundial, cuando no es relegado a un trasfondo oscuro, se reduce a una abstracción. ¿Cuál es la relación precisa de la concentración del capital con su localización territorial y sus logísticas estatales (monetarias y militares)? ¿Cuáles son las estrategias geopolíticas en juego? ¿Cómo opera la tensión entre un derecho supra-nacional emergente y un orden mundial que todavía reposa sobre una estructura inter-estatal? ¿Cuál es la relación entre movilidad de capitales y mercancías, control de los flujos de mano de obra y nueva división internacional del trabajo? El hecho de que las dominaciones imperiales no puedan más ser pensadas en los términos en que lo fueron a comienzos de siglo por Luxemburgo o Hilferding o de que sea útil retomar el debate entre Lenin y Kautsky sobre el ultraimperialismo no significa que uno pueda despedirse de estos clásicos sin re-examinar lo que cambió."(12)


El imperio: autonomismo y estructuralismo

Ahora bien ¿cómo se instaura efectivamente este imperio? Negri y Hardt remiten a un New Deal, fundante del modo disciplinario de gobierno (disciplinary government) correspondiente al imperio, que se extendería a escala mundial como una combinación de imperialismo y reformismo hasta constituirse en el "orden disciplinario mundial" asociado con la producción en masa fordista y los estados keynesianos de posguerra. Los procesos de descolonización, de inversiones internacionales y descentralización de la producción, de guerra fría y americanización, entre otros, serían los motores de este pasaje. El pasaje habría conducido hacia una extensión a escala mundial y una plena realización de la subsunción real del trabajo al capital, mediante la conversión del "obrero masa" fordista en el "obrero social" posfordista que resulta de la creciente socialización del trabajo (informatización de la producción, indistinción entre trabajo productivo e improductivo y entre fábrica y sociedad, conversión de la valorización en auto-valorización, etc.) y el advenimiento de una economía postindustrial organizada en redes de producción descentralizadas, aunque centralizada a través del comando de los servicios financieros.(13) Es esta realización extendida de la subsunción real la que requiere, a su vez, el pasaje desde esa soberanía imperialista sustentada en un paradigma disciplinario hacia una soberanía imperial sustentada en un nuevo paradigma de control.

En este punto de la explicación de la transición hacia el imperio se reproduce empero una tensión que, en nuestra opinión, mina de conjunto el pensamiento de Negri. Nuestro Negri autonomista, por así decirlo, reafirma el carácter inerte del capital. "La historia de las formas capitalistas es siempre necesariamente una historia reactiva" (3.3., 268). La transición hacia el imperio es así resultado del "asalto al orden disciplinario" que cierra la era de posguerra a fines de los 60 y tanto en el capitalismo avanzado (el mayo francés, el otoño caliente italiano) como en los atrasados (Vietnam). "Uno puede incluso decir -sugieren- que la construcción del Imperio y sus redes globales es una respuesta a las varias luchas contra las máquinas de poder modernas, y específicamente a la lucha de clases llevada adelante por el deseo de liberación de la multitud" (1.3., 43). Pero a la vez el otro Negri, un Negri regulacionista, explica dicha transición en términos decididamente estructural-funcionalistas: "el sistema entró en crisis y cayó a causa de su incapacidad estructural para ir más allá del modelo de la gobernabilidad disciplinaria, con respecto a la vez a su modo de producción, que era fordista y taylorista, y con respecto a su comando político, que era keynesiano-socialista y entonces simplemente modernizante internamente e imperialista externamente" (3.3., 277).

Esta tensión, como decíamos, atraviesa en su conjunto la obra de Negri. Negri suele periodizar el desarrollo capitalista valiéndose de categorías y argumentos tomados de la escuela de la regulación y, al mismo tiempo, presenta la lucha de clases como una dinámica ajena a las determinaciones estructural-funcionalistas puestas en juego en esa periodización. "Las secuencias del poder proletario -escribe en este sentido- no sólo no corresponden al desarrollo capitalista sino que tampoco son, en sentido negativo, la inversión del desarrollo capitalista. Esta asimetría es una indicación de la profunda autonomía del movimiento real respecto del movimiento capitalista".(14) Esta tensión remite, en nuestra opinión, a la negativa de Negri a interpretar la relación capital-trabajo en términos dialécticos. En efecto, la relación capital-trabajo no puede entenderse de una manera "monista" –es decir, en términos de creatividad del trabajo y de relación inmediata del trabajo consigo mismo-, ni tampoco de manera "dualista" –en términos de una mera contraposición entre capital y trabajo como entidades positivas mutuamente independientes. Negri no hace sino pendular entre estas dos interpretaciones que, en realidad, son interdependientes. La relación entre trabajo y capital debe concebirse, en cambio, de una manera dialéctico-negativa: como una relación antagónica del trabajo consigo mismo, es decir, una relación del trabajo consigo mismo aunque enajenado en la forma de capital. Y a partir de aquí puede entenderse consecuentemente el desarrollo capitalista como desenvolvimiento del antagonismo capital-trabajo inherente al mismo.(15) La superposición de la multitudo productiva y constituyente de la ontología spinoziana sobre las categorías estructuralistas de fordismo y posfordismo no es sino un engorroso atajo para esquivar la dialéctica -reducida a una dialéctica positiva- que no conduce sino a una reproducción permanente de aquella tensión.

Esta tensión deviene especialmente fuerte a propósito de la explicación de la emergencia de la nueva forma de soberanía del imperio. Es preciso detenernos en este punto. La declinación de la soberanía asociada con los estados-nación no puede implicar en su análisis una declinación de la soberanía en sí misma, es decir, de esa regulación política de la acumulación que habría alcanzado su cima en los estados imperialistas-keynesianos de posguerra, sino un desplazamiento de la soberanía hacia una instancia superior. Escriben entonces que "la fase contemporánea de hecho no se caracteriza adecuadamente por la victoria de las corporaciones capitalistas sobre el estado. Aún cuando las corporaciones transnacionales y las redes globales de producción y circulación minaron los poderes de los estados nación, funciones del estado y elementos constitucionales fueron efectivamente desplazados a otros niveles y dominios" (3.5., 307). En otras palabras, una creciente imbricación entre estado y capital sería un proceso irreversible que conduciría necesariamente, una vez que la globalización del capital supera la capacidad de regulación de los estados-nación, a un desplazamiento de esa capacidad de regulación a una instancia supra-nacional.(16) En este sentido afirman que "una teoría marxista del estado puede ser escrita sólo cuando todas esas barreras fijas (fronteras) son superadas y cuando el estado y el capital coinciden efectivamente. En otras palabras, la declinación de los estados nación es en un sentido profundo la realización plena de la relación entre el estado y el capital" (3.1, 236). Si la soberanía de los estados-nación declina, pues, tiene que estar aguardándolas una nueva forma de soberanía, un cuasi-estado, el imperio. "Hay ciertamente procesos de subsunción real sin mercado mundial, pero no puede haber un mercado mundial completamente realizado sin el proceso de subsunción real. En otras palabras, la realización del mercado mundial y la nivelación general o al menos el manejo de las tasas de ganancia a una escala mundial no pueden ser simplemente el resultado de factores financieros o monetarios, sino que deben suceder a través de una transformación de las relaciones sociales y productivas. La disciplina es el mecanismo central de esta transformación. Cuando una nueva realidad social se forma, integrando a la vez el desarrollo del capital y la proletarización de la población en un proceso único, la forma política de comando debe en sí misma ser modificada y articulada de una manera y en una escala adecuada a este proceso, un cuasi-estado global del régimen disciplinario" (3.2, 255). La argumentación alrededor de la transición hacia el imperio queda así descuartizada entre esta necesidad estructural-funcional de una nueva forma de soberanía y aquel asalto de la multitud a la vieja soberanía de los estados-nación.


En y contra el imperio

Pero ¿en qué consiste esta nueva forma de soberanía del imperio? Muchas de las dificultades que enfrentan Negri y Hardt a la hora de definirla también derivan, según creemos, de esa tensión que signa sus argumentos alrededor de la transición hacia la misma. El rasgo más distintivo de la nueva forma de soberanía radica en su doble carácter global, sin afuera, y a la vez descentrado, presente en todas partes, caracteres ambos incompatibles con la soberanía del estado-nación. El imperio se ve enfrentado así a las diferencias, a las que incluye, afirma culturalmente y maneja y jerarquiza en una nueva modalidad de comando sobre microconflictos que se multiplican. Negri y Hardt asocian esta nueva modalidad de comando con un nuevo paradigma de poder, el "control", generalización del paradigma previo, "disciplinario" (Foucault). Un nuevo paradigma de "biopoder" de naturaleza rizomática (Deleuze y Guattari), completamente inmanente a la sociedad y a la producción y reproducción de la vida misma, inscripto en los cuerpos y los cerebros de los ciudadanos, interiorizado a través de los medios de comunicación, las políticas de bienestar, etc. Negri y Hardt asocian asimismo esta nueva modalidad de comando a una nueva constitución que, retomando las formas polibianas, tiene su monarquía en EEUU y su monopolio de la coerción, su aristocracia en las corporaciones transnacionales, los estados-nación centrales y sus asociaciones, como el G7, con su manejo de instrumentos monetarios, y su democracia en los restantes estados-nación y ciertas grandes ONGs humanitarias. Pero, a diferencia de la polibiana original, se trataría de una constitución híbrida (no mixta), dispuesta en funciones (no en cuerpos) y, por sobre todas las cosas, propia de aquella modalidad de comando como un control inmanente (y no como disciplina trascendente). Una fuerte vaguedad signa así la caracterización de esta nueva forma de soberanía del imperio. "Las características fundamentales del estado-nación, de la soberanía, se están transfiriendo hacia otros lugares, sitios por cierto no identificables" -señalaba Negri en una entrevista.(17) ¿Y si no estuvieran "transfiriéndose" hacia sitio alguno? ¿Y si esta incapacidad de identificar un nuevo locus de la soberanía resultara, simplemente, del hecho de que no existe locus alguno de una soberanía efectivamente global? ¿Y si ninguna nueva forma de soberanía "correspondiera" de hecho al capital global? Negri y Hardt no formulan estas preguntas. Prefieren proceder, digamos, como Leverrier y Adams en 1846: suponiendo que, en ese rincón del sistema solar, debe haber un planeta aunque no se vea.(18) Y estaba Neptuno. Pero el capitalismo no es un sistema en ese mismo sentido, afortunadamente, y puede ser que en ese rincón suyo donde debería haber una nueva forma de soberanía, haya en realidad un vacío. Un vacío que represente una contradicción y que, además, sea una brecha para la resistencia anticapitalista.

Un aspecto de esta constitución del imperio acaso merezca ser resaltado en esta coyuntura de guerra en medio oriente: la función de EEUU y sus armas no se asimila, para Negri y Hardt, a la de una potencia imperialista. EEUU opera como agente de esa "noción común de derecho" que mencionamos antes y que es específicamente imperial. El imperio está asociado entonces a la emergencia de un "derecho de intervención" –que en realidad es tanto "militar" (con EEUU y la OTAN como ejecutores) como "moral" (con las ONGs humanitarias)-, una suerte de "estado de emergencia y excepción permanente justificado por el llamado a valores esenciales de justicia" (1.1, 18). Este derecho de intervención se habría aplicado por primera vez en la operación "tormenta del desierto" y, naturalmente, es un postulante serio para explicar la operación "justicia infinita" de nuestros días.(19) "La importancia de la guerra del golfo -escriben en este sentido- deriva del hecho de que presentó a los Estados Unidos como el único poder capaz de manejar la justicia internacional, no en función de sus propios motivos nacionales sino en nombre del derecho global" (2.5, 180).

Las consecuencias políticas que Negri y Hardt derivan de su análisis del imperio son en nuestra opinión, para finalizar, uno de los aspectos más importantes del texto. La política es la acción de la multitud "en el Imperio y contra el Imperio" (1.3, 61), en pocas palabras. "Nuestra tarea política no es simplemente resistir estos procesos sino reorganizarlos y dirigirlos hacia nuevos fines. Las fuerzas creativas de la multitud que sustentan el Imperio son también capaces de construir autónomamente un contra-Imperio" (Prefacio, XV). Es en este sentido que, ante el imperio, reclaman "deshacerse de toda nostalgia por las estructuras de poder que lo precedieron y rechazar toda estrategia política que implique un retorno a estos viejos órdenes, tales como intentar resucitar el estado nación para protegerse contra el capital global" (1.2, 43).

Toni Negri, decíamos al comienzo, es uno de los intelectuales marxistas más lúcidos y creativos de nuestros días y, con su extraordinario esfuerzo por determinar las novedades políticas que caracterizan el capitalismo contemporáneo y a pesar de las críticas que el resultado de dicho esfuerzo merezca, Empire no hace sino confirmarlo. Pero Negri es también, desde hace años, un intelectual revolucionario empeñado en determinar siempre nuevas estrategias políticas anticapitalistas. "Hemos de aceptar este cambio y aprender a pensar globalmente y a actuar globalmente. La globalización debe ser enfrentada con una contra-globalización, el Imperio con un contra-Imperio" (Intermezzo, 207), sostienen, prefigurando así ese movimiento global de resistencia anticapitalista que se pondría en marcha unos meses más tarde en Seattle.

 

Notas

1. Empire  acaba de ser publicado en español por Paidós. Las citas que incluyo a continuación, sin embargo, pertenecen a la edición original (Empire, Cambridge, Harvard University Press, 2000), con capítulo y página correspondientes a dicha edición; las traducciones son mías y las itálicas de los autores en todos los casos.
2. El macarthismo político reinante en Italia, contexto en que se explica la prisión de Negri y la censura de hecho de sus textos anteriores, impidió hasta el presente la aparición de una edición italiana de Empire. Véase el comentario de I. Dominijanni: "Editoria, i sudditi dell' Impero", en Il Manifesto, Roma, 17/7/01.
3. En realidad, son los propios comentaristas de los medios masivos de comunicación los que, como no podía ser de otra manera, intentaron reciclar las subversivas ideas de Negri y Hardt en una nueva "moda-imperio". Véase, por ejemplo, E. Eakin: "What is the next big idea?", en New York Times, 7/7/01.
4. "El G-8 es una caricatura; la globalización exige la participación de todos", entrevista de G. Albiac publicada en El Mundo de Madrid.
5. La crítica de Empire realizada por Petras provee un ejemplo palmario de este último procedimiento. El escribe: "Imperio es una síntesis generalizada de las banalidades intelectuales sobre la globalización, el postmodernismo, el posmarxismo..." ("Imperio contra imperialismo", en http://www.rebelion.org). Más adelante volveremos sobre esta crítica.
6. Véase en particular Marx beyond Marx. Lessons on the Grundrisse, New York, Autonomedia, 1991.
7. Las nociones spinozianas de inmanencia –como opuesta a la trascendencia del estado- y multitud –como multiplicidad opuesta a identidad del pueblo- desempeñan un papel clave en el pensamiento de Negri y aquí vuelven a estar presentes (puede ampliarse este punto recurriendo a La anomalía salvaje, Barcelona, Anthropos, 1994).
8. Para ahondar en esta crítica, uno de los aportes más valiosos de Negri en nuestra opinión, consúltese El poder constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad, Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1994.
9. A raiz del atentado del 11 de septiembre y en sintonía con esta interpretación del fundamentalismo, Negri sostenía en un reportaje: "Asistimos a la lucha entre los talibanes del dólar y los talibanes del petróleo! Ellos se construyeron el uno junto al otro, el uno sobre el otro, y ahora es el odio el que reina" ("C´est la lutte des talibans du dólar contre les talibans du pétrole", entrevista de C. Monnot y N. Weill, en Le Monde, París, octubre de 2001).
10. La paradoja citada es sólo aparente: en verdad, los trabajos del Negri autonomista de los 60 y 70 eran fuertemente deudores de (una interpretación de) el leninismo. El principal escrito de Negri sobre Lenin (La fabbrica della strategia. 33 lezioni su Lenin, Padua, Cleup, 1976) no se encuentra disponible, pero puede consultarse al respecto M. Hardt: "La constitución de la ontología: Negri entre los filósofos", en Anthropos 144, Madrid, 1993.
11. Está claro que no suscribimos las numerosas críticas realizadas a Empire por parte de muchos de los seguidores de las teorías clásicas del imperialismo. Estas críticas tienen la característica común de enunciarse desde una supuesta "ortodoxia marxista" que tiene mucho de ortodoxia, ciertamente, pero poco de marxista. Considérense, por ejemplo, la curiosa concepción de Petras acerca de un mercado mundial estructurado en estados-nación con diferentes intereses de clase (sic) o aún la de Foster de un mercado escindido en centro y periferia a la manera cepalina (ver J. Petras: "Imperio contra imperialismo", cit.; J. B. Foster: "'Imperio' e imperialismo", en http://rcci.net/globalización).
12. D. Bensaid: "L´Empire, stade terminal?", publicado por Rouge en Paris, a publicarse en español en Cuadernos del Sur 33, Bs.As., 2002.
13. Toda esta problemática del pasaje de la "subsunción formal" a la "subsunción real" del trabajo al capital (categorías ambas empleadas por Marx en un capítulo inédito de El Capital), incluyendo las nociones de "obrero masa" y "obrero social", de "autovalorización", etc., es ampliamente tratada por Negri en varios escritos. Uno de los más abarcadores, publicado en español, es Fin de siglo, Barcelona, Paidós, 1992.
14. A. Negri: "Interpretation of the class situation today: methodological aspects", en W. Bonefeld, R. Gunn y K. Psichopedis (eds.): Open Marxism II, Londres, Pluto, 1992. Este conjunto de tesis constituyen, por lo demás, una de las mejores muestras de esta tensión.
15. Esta crítica nuestra es afín a las críticas que J. Holloway realizara al autonomismo en varias ocasiones. La versión más desarrollada de estas críticas, incluyendo referencias a Empire, se halla en J. Holloway: Anti-power, Londres, Pluto, 2002, cap.9 (a publicarse próximamente en español por Antídoto).
16. "En la fase contemporánea de la lucha de clases, el estado capitalista muestra un nivel de integración estructural de la sociedad civil que se aproxima a los límites extremos previsibles. El estado capitalista comienza a ser definido realmente como un 'capitalista colectivo ideal'", escribía Negri, parafraseando a Engels, ya a mediados de los 70 ("Comunist state theory", en A. Negri y M. Hardt: Labor of Dyonisus. A critique of the state-form, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1996). Disentimos de esta idea: la separación entre lo político y lo económico, constitutiva del capitalismo, no es simplemente un aspecto de la forma liberal de estado ya superado sino un momento propio de toda forma de estado capitalista.
17. "La globalización sucede al colapso de los estados-nación", entrevista de Toni Negri con L. Hernández Navarro publicada en La jornada, México, julio de 2001.
18. O bien, desde luego, como los regulacionistas de nuestros días: suponiendo que en esa instancia de la estructura donde ya no hay fordismo, debe haber un nuevo modo de regulación posfordista… Véase W. Bonefeld y J. Holloway (comp.): ¿Un nuevo estado? Debates sobre la reestructuración del estado y el capital, México, Fontamara, 1994.
19. Véase también en este sentido, desde una perspectiva de análisis muy diferente de la seguida por Negri, la noción de "guerra ética" desarrollada por D. Bensaïd en Contes et légendes de la guerre éthique, Paris, Textuel, 1999; algunos de los argumentos centrales de este ensayo pueden consultarse en español en D. Bensaïd: "Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren", en Cuadernos del Sur 32, 2001.

...


Middleton, Neil & O’Keefe, Phil

Redefining Sustainable Development
Pluto Press, London, UK; Sterling, USA, 2001.ISBN: 0 7453 1605 0. P.181.

Guillermo Foladori (fola@cce.ufpr.br)
Universidade Federal do Paraná, Brasil

 

El desarrollo sustentable es uno de los objetivos más comunes de cualquier proyecto o agencia de desarrollo. Ni las organizaciones más conservacionistas consiguen evadir la necesidad de considerar en sus prácticas la sustentabilidad, no solamente la ecológica, sino también la social. Hasta las organizaciones internacionales como el Banco Mundial o las Naciones Unidas consideran sus proyectos como políticas de desarrollo sustentable.

Los autores de este libro tienen una vasta experiencia en proyectos de desarrollo rural en países pobres. Conocen de dentro muchas de las ONGs que dicen contribuir a la sustentabilidad ambiental. Juntando experiencia de campo, con una sólida formación teórica ellos muestran los límites de este tipo de proyecto. Limites que derivan del hecho de que los proyectos tienen que realizarse dentro de las reglas impuestas por las relaciones de mercado. Limites también resultado de un actuar local sin relación con la dinámica global. El libro debe ser leído por todos aquellos que estén interesados en la contradicción entre lo local y lo global, entre la lógica económica del sistema capitalista y la justicia social, entre las prácticas de las ONGs y la realidad más amplia. El libro escapa de los discursos comunes sobre desarrollo sustentable. El lector no encontrará recetas sobre las necesidades del equilibrio ecológico, ni discursos éticos sobre el valor de la naturaleza prístina. Encontrará, sin embargo, indicaciones sobre las dificultades de promover la sustentabilidad en el contexto capitalista, y también sobre la necesidad de discutir la sustentabilidad como proyecto a partir de criterios de justicia social.

Tanto en la discusión, como en las políticas internacionales sobre sustentabilidad, tres tópicos son abordados: la sustentabilidad ecológica, la social y la económica. En los tres itens los autores discrepan de la versión hegemónica. En lo que tiene que ver con la sustentabilidad ecológica, Middleton y O’Keefe critican el hecho de considerar a la naturaleza externa al ser humano y a lo prístino como ideal de equilibrio ecosistémico, sin considerar que la naturaleza es construida con la participación humana. En la sustentabilidad económica, la versión hegemónica busca otorgar precio a los elementos de la naturaleza que no son mercancía. No obstante, los autores explican que tal relación no es posible, porque los mercados no reflejan esos valores. También critican a la versión hegemónica que considera el ambiente como un problema para los mercados. Por el contrario, ellos acreditan que es el mercado un problema para el medio ambiente. En cuanto a la sustentabilidad social, la visión hegemónica no va muy lejos, y se restringe a los discursos sobre equidad y derechos democráticos. El libro muestra que los derechos democráticos no conducen a justicia social, mientras no sean alteradas las relaciones de propiedad. Las políticas también se preocupan con la integración al mercado de las comunidades, pero no con la forma como las comunidades son desintegradas por el mercado. El libro es, en todo sentido, contestatario.

Las ONGs suponen que a partir del trabajo de micro-proyectos surgirán organizaciones mayores que cambiarán las modalidades de gobernanza. El libro muestra como esa filosofía de acción se enfrenta con dos dificultades: la de escala, ya que en el caso más optimista llevaría siglos para que ese proceso se confirmarse; y la de poder, ya que las estructuras políticas y económicas locales, regionales o nacionales son incapaces de contraponerse a las estructuras políticas y económicas internacionales, respaldadas por el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, o la Organización Internacional del Comercio, o tratados como el del NAFTA etc. No debemos olvidar que entre un 70 a un 80% del comercio mundial está en manos de transnacionales respaldadas por esos organismos, y que controlan la mayoría de las cadenas alimenticias del mundo. ¿Cuál es la eficiencia de los proyectos de las ONGs en el contexto del agribusiness global? Las ONGs comúnmente están preocupadas con los efectos negativos del capitalismo y consideran el desarrollo sustentable como una alternativa. No obstante, la mayoría no percibe que el propio desarrollo sustentable es resultado y condición del capitalismo. Los autores escriben:

"The dilemma for NGOs and, for that matter, for relatively well-inclined social democracies like the present Scandinavian states and The Netherlands, is that all programmes and projects of development and humanitarian assistance have their origins from within the mores of the free market" (:134).

Las críticas de los autores no pretenden negar la importancia de las acciones de las ONGs, sino definir sus límites y posibilidades. Uno de los procesos más avanzados reivindicados por las ONGs es el del empoderamento [empowerment] que debe ser promovido dentro de las comunidades. Este concepto puede significar cosas muy diversas, siendo más utilizado como desarrollo de la conciencia contra cualquier tipo de opresión. Middleton & O’Keefe llaman la atención para ese hecho. Las ONGs generalmente trabajan con los individuos, creyendo que la suma de los individuos genera el cambio. Según los autores eso es equivocado, ya que significa trasladar la responsabilidad de la sociedad para el individuo, mientras los procesos de opresión son resultados sociales cuyas raíces deben ser buscadas en las relaciones de propiedad.

El libro está lleno de ejemplos de contradicciones entre los proyectos de desarrollo comunitario o los de ayuda humanitaria promovidos por las ONGs y las macropolíticas económicas, impuestas por el FMI o el Banco Mundial en esos mismos países. Mientras los primeros buscan desarrollar nuevas potencialidades de empleo y mejoría de las condiciones de vida de las comunidades, trabajando en lo micro, los segundos afectan grandes masas de población, dejando sin recursos y concentrando riqueza en manos del gran capital. Visto en términos de proceso, las actividades micro no consiguen evitar una creciente tendencia al incremento de la pobreza.

... 


James O´Connor
Causas Naturales. Ensayo de marxismo ecológico

México, Siglo XXI Editores, 2001. ISBN 968-23-2301-0

Guido Galafassi (ggalafassi@unq.edu.ar)
CONICET y Universdidad Nacional de Quilmes (Argentina)

 

James O´Connor en este libro de reciente aparición (primera edición en inglés en 1998) recopila una serie de artículos aparecidos en los últimos años en diferentes publicaciones resumiendo muy bien las líneas principales de su pensamiento. Así, si bien el libro en su conjunto no constituye ningún aporte novedoso dentro de la producción intelectual del autor, tiene la valiosísima cualidad de constituir la primer obra integral en idioma castellano que reúne en forma sistemática las ideas de James O´Connor sobre los diversos problemas vinculados con su visión ecológica del marxismo. Por lo tanto, para los lectores habituales de Capitalism, Nature and Socialism (sin dudas una de las principales publicaciones sobre las relaciones entre sociedad y naturaleza) no constituirá este libro ninguna diferencia, pero sin embargo constituye una lectura obligada para todos aquellos que aún no conocían en profundidad las formulaciones de O´Connor y su marxismo ecológico. Es que la tesis del autor profundiza un debate (bastante desarrollado en idioma inglés) que aún no ha tenido en los ámbitos académicos y editoriales en castellano el desarrollo deseado. Porque si bien la cuestión ambiental, la problemática socio-ambiental y la propuesta de un desarrollo sustentable vienen teniendo una amplia cobertura, el análisis sobre las complejas relaciones entre sociedad y naturaleza y los modelos de desarrollo vigentes incluido el "ambiguo" desarrollo sustentable, aún no tiene una discusión profunda en castellano. Así, la traducción al castellano de este libro configura un notable aporte para comenzar a enriquecer el tratamiento de la temática en cuestión.

Su propuesta de marxismo ecológico (sin dudas uno de los más lúcidos y audaces "aggiornaméntos" del materialismo histórico, pero casi ignorado por el resto del pensamiento marxista contemporáneo) comienza señalando las falencias de las distintas variantes del marxismo tradicional en sus análisis del cambio histórico y el desarrollo en el sentido del descuido que reciben los conceptos de naturaleza y cultura.

El autor indaga la importancia epistemológica del conocimiento relativo a las relaciones entre sociedad y naturaleza. En su primer parte referida a "Historia y naturaleza" deja claramente explicitada su preocupación por la nueva historia ambiental. Esta es vista en un proceso de continuidad y cambio de la disciplina histórica que comienza con la historia política, continúa con la historia económica y la cultural, y termina, por el momento, con el surgimiento de la historia ambiental. De esta manera, cada una de estas puso en evidencia las preocupaciones fundamentales en cada época respecto al proceso histórico, y cada una de las variantes encuentra su justificación en el contexto temporal y espacial en el que surgió. La historia como ciencia se fue enriqueciendo al incorporar en su explicación en forma secuencial nuevos aspectos de la realidad y culmina en la actualidad con la historia ambiental, de tal suerte que esta "está resultando ser historia política, económica y social… más amplia, más profunda, más incluyente. En este sentido, la historia ambiental es la culminación lógica de toda la historiografía que ha existido hasta la fecha" (pp. 93). Si bien es cierto que es imposible hacer historia ambiental sin incorporar las explicaciones políticas, económicas y culturales, la visión de James O´Connor peca sin dudas de un exagerado optimismo, pues solo basta con observar el nuevo campo de la historia ambiental para ver como esta se está constituyendo solo en una "nueva especialidad" que se aísla y encuentra su nicho de pertenencia al lado de las otras historias (política, económica, cultural) que siguen existiendo y por cierto, ignorando en la mayoría de los casos los procesos de relación entre sociedad y naturaleza.

Pero el aporte fundamental de O´Connor al conocimiento contemporáneo lo constituyen sus consideraciones sobre la "teoría de la segunda contradicción del capitalismo". La muy conocida "primera contradicción" hace referencia a la explotación capitalista del trabajo, al hecho de que la producción capitalista no es sólo producción de mercancías sino también explotación capitalista del trabajo. Esto lleva inevitablemente a la lucha de clases y a las crisis económicas recurrentes, crisis que recibe también el nombre de "sobreproducción de capital". Este enfoque tradicional de la crisis económica se concentra en las contradicciones inherentes a la valorización del capital, es decir al valor de cambio. De esta manera, el valor de uso desempeña solo un papel secundario en esta teoría relativa a la primera contradicción, pues en el capitalismo el valor de uso se subsume en el valor de cambio. De esta manera, los impactos ambientales generados por la producción y reproducción del capital no interesan, salvo en contados casos cuando entra en juego justamente el valor de cambio. Por esto, para analizar las relaciones entre sociedad, naturaleza y desarrollo es necesario considerar una de las tendencias básicas del capital que es la de debilitar y destruir sus propias condiciones de producción. Esto es justamente lo que se intenta resaltar con la teoría de la segunda contradicción. Mientras la "primera contradicción del capitalismo es interna del sistema; no tiene nada que ver con las condiciones de producción ... La segunda contradicción del capitalismo requiere una terminología más compleja acuñada en términos de valor de uso: el tamaño y contenido en valor de la canasta de consumo y la canasta de capital fijo, los costos de los elementos naturales que intervienen en el capital constante y variable, la renta de la tierra como una deducción del plusvalor, y externalidades negativas de todas clases (por ejemplo los costos de congestionamiento en las ciudades...). La primera contradicción le pega al capital desde el lado de la demanda. Cuando los capitales individuales bajan los costos con el fin de defender o restaurar los beneficios, el efecto involuntario es reducir la demanda de mercancías en el mercado y, de esta manera hacer descender las utilidades realizadas. La segunda contradicción golpea desde el lado del costo. Afirma que cuando los capitales individuales bajan sus costos - por ejemplo cuando externalizan costos en las condiciones de producción (la naturaleza, la fuerza de trabajo o lo urbano) - con el objetivo de defender o restaurar los beneficios, el efecto no previsto es elevar los costos de otros capitales (y, en el caso extremo, del capital en su conjunto), reduciendo así los beneficios producidos. (pp. 211).

En síntesis, con el desarrollo de la teoría de la segunda contradicción del capitalismo, O´Connor ha logrado sin dudas comenzar un diálogo entre las teorías y movimientos ambientalistas y socialistas de tal manera que estos puedan reforzarse mutuamente. El autor demuestra entonces en esta obra como el crecimiento económico desde la revolución industrial se ha logrado a expensas de un tremendo costo tanto para la autonomía de las comunidades humanas como para el ambiente natural. En este libro se muestra claramente como las políticas e imperativos de máxima ganancia de las empresas y las directivas de los gobiernos ejercen una fuerte presión sobre el cambio ambiental y social generando una crisis cada vez más profunda que incluso está comenzando a amenazar la propia continuidad del capitalismo. Hasta el concepto contemporáneo de "desarrollo sustentable" es hábilmente desnudado demostrando las falacias y contradicciones que encierra, lo que lo constituye en una salida del sistema más que en una alternativa para hacer frente a la crisis. Así, el análisis del marxismo ecológico de James O´Connor constituye una herramienta importante a la hora de comprender los cambios sociales y ambientales devenidos del desarrollo del capitalismo en esta etapa de creciente mundialización.

...


Ernesto Viglizzo
La trampa de Malthus
Buenos Aires, Eudeba, 2001. ISBN: 950-23-1025-X

Alberto Daniel Golberg (golberg@agro.unlpam.edu.ar)
Universidad Nacional de La Pampa (Argentina)

 

Cuando el Dr. Viglizzo me propuso que fuera quien analizara su trabajo en ocasión del acto en el que se realizó la presentación en sociedad de su libro "La trampa de Malthus"en la ciudad de Santa Rosa, tuve oportunidad de reflexionar sobre los cambios que habían ocurrido en algunos casos en relación con nuestro andamiaje ideológico, puesto que ambos, Viglizzo y yo, conocemos perfectamente cuales son nuestras posiciones respectivas en todo lo que concierne a la visión de los fenómenos humanos y aunque algunos se han atrevido a sostener que las ideologías han quedado guardadas en el desván, la historia reciente y la cotidianeidad muestran a cada instante que permanecen activas y bien activas.

Por eso, la deferencia que tuvo Viglizzo, mostraba a la vez cuanto camino ciertas personas han recorrido en relación a la tolerancia y al respeto de las ideas del otro. Porque es difícil sino imposible analizar su obra fuera del prisma de la ideología, como lo es estudiar las acciones humanas con la absoluta objetividad con que, por ejemplo, un microscopio nos muestra la estructura de una bacteria.

Teniendo en cuenta entonces el prisma de las ideologías diría que la obra de Viglizzo admite diversas lecturas y lo convierte en un libro polémico, apto para el estudio, el análisis y la discusión en carreras relacionadas con la Agronomía y los problemas ambientales porque el texto trata de manera exhaustiva uno de los conflictos más importantes que como una flecha ha atravesado la historia, me refiero al conflicto entre producción de alimentos y demografía y lo trata de acuerdo con los cánones de los modelos económicos en boga: el mercado y la competitividad.

Pero antes que nada, aunque la figura de Malthus es bastante conocida, trataremos de sintetizar para los neófitos algunos de sus rasgos más relevantes, de que manera se conecta con el conflicto enunciado anteriormente, en que consiste su "trampa"

Thomas R. Malthus nació en Inglaterra en 1766 y murió en 1834, fue contemporáneo, entre otros economistas famosos, de Adam Smith y de David Ricardo, como a ellos, los libros de economía política lo ubican dentro de la escuela clásica. Probablemente la contribución más importante a la economía de Malthus y constituye la médula del libro de Viglizzo fue la hipótesis, plasmada en su libro "Ensayo sobre el principio de la población" publicado en 1789 donde sostenía que la raza humana tendía a multiplicarse de manera mucho más rápida que la producción de alimentos, como consecuencia de esto, Malthus postulaba que: "el hambre parece ser el último y más temible recurso de la naturaleza (op. cit., capítulo 27), en esto consiste la trampa de Malthus.

La historia de los siglos XIX y sobre todo del XX a partir de la Segunda Guerra Mundial pareciera haber desmentido rotundamente el postulado del clérigo inglés: El mejoramiento de las técnicas de cultivo, el uso de fertilizantes químicos y de otros agroquímicos utilizados en el control de plagas y en general en la protección de los cultivos, sumado a la mejora varietal ha producido un impresionante aumento de los rendimientos, así por ejemplo desde los años 50 del siglo pasado, en Francia, el aumento anual del rendimientos de los cultivos ha sido del 2% /año, (Gay, 1984), algo similar ha ocurrido en la mayor parte de los países desarrollados.

El balance global de alimentos vs población mundial es en la actualidad excedentario y la existencia de amplias regiones de Africa y Asia donde el hambre es crónico debería ser adjudicada a una terrible falta de equitatividad en el reparto de los recursos. Así, la India donde millones de habitantes sufren de malnutrición es exportadora de commodities. Etiopía, uno de los países donde las hambrunas son recurrentes dedica buena parte de su superficie cultivable a la producción de alfalfa para exportación (Murdoch, 1990).

Teniendo en cuenta lo señalado anteriormente en cuanto al incremento global de la producción alimentaria y considerando que los déficits que ocurren en numerosos países no son inherentes a la producción y que además se solucionarían mediante una equitativa distribución de los recursos alimenticios globales, podría pensarse que la trampa de Malthus ha sido definitivamente salvada.

Sin embargo no existe acuerdo entre los demógrafos sobre la evolución de la población mundial estimada actualmente en unos 6 mil millones. Los modelos más conservadores muestran una meseta que rondaría los 10 mil millones a alcanzarse a fines del presente siglo (Cox y Atkins, 1979); este 40% de aumento de la población mundial y las perspectivas de estabilización del incremento de los rendimientos de los principales cultivos hacia fines del siglo pasado vaticinada por Duvick, (1984) permitirían augurar que la hipótesis de Malthus elaborada a fines del siglo XVIII, persigue al género humano cual un fantasma, acechándolo en cada encrucijada del camino.

El interrogante que deberíamos contestar en la actualidad para volver a alejarnos del fantasma de Malthus es: ¿Serán capaces nuevamente la ciencia y la técnica de producir otra revolución en la productividad de los cultivos, como la observada en la última mitad del siglo pasado, que permita cubrir la divergencia vaticinada entre incremento demográfico y producción de alimentos?. Mientras no seamos capaces de contestar con seguridad esta pregunta, el fantasma de Malthus estará siempre vigente y es en este punto donde la obra de Viglizzo alcanza su plena vigencia.

Viglizzo circunscribió su obra a lo estrictamente planteado por Malthus, es decir el aumento de la población y la producción de alimentos, la situación del planeta a fines del siglo XVIII estaba muy lejos de los problemas que el aumento de la población y paradojalmente el desarrollo de la ciencia y la técnica plantean en la actualidad. Con toda seguridad la trampa posee hoy muchos más elementos que en la época de Malthus, la humanidad está acechada por mayores peligros, el fantasma se ha agigantado de modo tal que al aspecto alimentario habría que agregar: 1- Agotamiento de reservorios de agua dulce, el aumento constante de las áreas irrigadas sumado al consumo industrial y urbano, hace que este recurso fundamental y que en algunas épocas fue calificado como inagotable no lo sea. 2- Fuentes de energía, una proporción importantísima de los sistemas productivos están basados en energía fósil derivada del petróleo, las estimaciones de las reservas que aún guarda el planeta aunque dispares, no son muy esperanzadoras. 3- Metabolización de los deshechos derivados de la actividad humana, a medida que la población mundial crece y de manera correlativa los deshechos de su actividad, el medio natural encuentra cada vez más dificultades para metabolizarlos, es decir para convertirlos en productos inocuos para él mismo y para los otros componentes del ecosistema; tal vez el ejemplo más importante que tenemos sobre esta contingencia es el llamado "efecto invernadero" producido por el enriquecimiento constante de la atmósfera terrestre en anhídrido carbónico, metano y en gases de nitrógeno.

Los ecólogos han introducido el concepto de capacidad de carga, esto es el límite superior de capacidad de un ecosistema para mantener una determinada población, éste límite está relacionado con la oferta ambiental. El interrogante que podríamos hacernos ahora, a la luz de lo tratado en los parágrafos precedentes es: ¿Existe una determinada capacidad de carga para el hombre en este planeta?. ¿Y si la pregunta fuese afirmativa, en que nivel poblacional podría situarse?. Es fundamental contestar estos interrogantes porque nos va la vida, sino la nuestra, la de las futuras generaciones.

En relación con la atención que nos merecen la suerte de las futuras generaciones, Viglizzo introduce el concepto de Desarrollo Sustentable cuya definición tomada del Informe Brundtland, World Commission on Environment and Development (1987) establece que: "El Desarrollo Sustentable es un proceso en el cual la explotación de los recursos, el desarrollo tecnológico y el cambio institucional, deben estar en armonía con el medio ambiente y satisfacer de manera equitativa las necesidades de las generaciones actuales, sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer las propias. Aquí se pueden observar 3 elementos fundamentales que podrían contribuir a salvar la trampa de Malthus: En primer lugar, en relación con el presente: la necesidad de que la explotación de un determinado recurso se realiza en armonía con el medio ambiente y el concepto de equitatividad en la satisfacción de las necesidades de una determinada generación y finalmente, la proyección al futuro: la necesidad de no comprometer las posibilidades de las generaciones venideras para satisfacer sus propias necesidades.

Es respecto a este concepto de sustentabilidad, de desarrollo sustentable, que yo considero como liminar en el devenir de la humanidad y posiblemente, única posibilidad que tiene el hombre para salvar la trampa de Malthus con sus componentes actuales (agotamiento de recursos, crisis energética, etc.) donde surgen las diferencias ideológicas más importantes respecto del libro comentado. Viglizzo basa toda la perspectiva futura en base al pensamiento en boga: funcionamiento de los mercados, mejoramiento o disminución de la competitividad que permitiría el éxito de un productor que cuida el ambiente y en caso contrario el fracaso del que lo deteriora, sistemas de penas y castigos monetarios, posibilidad de establecer controles estatales aunque mínimos.

Yo me permito introducir en este punto una gran desconfianza en la potencialidad de los mecanismos del mercado y la competitividad para alcanzar un desarrollo sustentable en una determinada región, un país o del planeta todo. Considero que el sistema capitalista cuyo vector fundamental es el lucro y cuya funcionalidad se realiza mediante el funcionamiento de los mercados (cuando menos regulados mejor) y la competitividad es absolutamente incapaz de proveer al desarrollo sustentable. También considero que tampoco un cambio de la modalidad productiva aseguran per se el desarrollo sustentable, los países del ex Socialismo Real están llenos de ejemplos de mal trato ambiental, Chernobyl, accidente ocasionado por el no respeto de las normas de seguridad de la industria nuclear ocurrió en la ex URSS y no en países capitalistas como Francia o Alemania.

El desarrollo sustentable, la posibilidad de que el hombre se aleje definitivamente de la trampa de Malthus se alcanzará cuando un cambio en los sistemas productivos, el cambio social y económico se den correlativamente con el cambio en la conciencia del hombre en la valoración de la solidaridad con nuestro semejantes y en una nueva valoración del medio natural no como bien de uso, puro recurso, sino como el manto protector que recubre a todos los habitantes de este planeta. Se que en la situación actual estas palabras suenan a pura utopía pero por otra parte, el pensamiento único es la trampa de Malthus, es la muerte.

Bibligrafía

COX, G.W. Agricultural Ecology. An analysis of world food production systems. W.H Freeman & Cy. San Francisco, 1979.
DUVICK, D.N.: "Genetic contribution to yield gains of U.S. hybrid maize, 1930-1980". In: W.R. Fehried ed.: Genetic contributions to yield gains of five major crop plants. Coop. Science Society of America. Special Publication N° 7, pp. 15-47, 1984.
GAY, J.F.: Fabuleux mais, histoire et avenir d’une plant. Asociation Générale des Producteurs de Mais, France, 1984.
MURDOCH, W.: "World Hunger and Poulation". In: Carroll, C.R.; Vandermeer, J.H.; Rosset, P.M. eds., Agroecology. Mc. Graw Hill Publishing Cy, New York. 1990.

 

... 

 

Antonio Campillo
Adios al Progreso. Una meditación sobre la historia

Barcelona, Editorial Anagrama, 1995 (2º edición), ISBN: 84-339-0080-3

Guido Galafassi (ggalafassi@unq.edu.ar)
CONICET y Universdidad Nacional de Quilmes (Argentina)

 

La reflexión sobre la idea de progreso constituye un pilar central para la comprensión de la sociedad contemporánea en general y de las relaciones entre sociedad, naturaleza y desarrollo. Porque, que es el desarrollo moderno sino una manera particular de ver las relaciones entre sociedad y natural en clave de progreso. Es decir, el (o los) concepto(s) de desarrollo no son otra cosa que la representación en términos políticos y socioeconómicos de la idea primordial de progreso moderno, representando las distintas teorías sobre el desarrollo (desde el concepto de desarrollo lineal de Rostow hasta las teorías del crecimiento cero) distintas formas de interpretar o valorar los diferentes elementos constitutivos de la noción de progreso. Es precisamente la idea de razón unida a la creencia en un progreso indefinido, tanto del mundo material como del mundo del conocimiento, lo que permite argumentar a favor de una sociedad moderna en camino a la perfección, según los propios clivajes del pensamiento moderno.

El trabajo de Antonio Campillo trata justamente sobre el derrotero que ha seguido la idea de progreso en la sociedad occidental, pero focalizándose en la tesis sobre la crisis actual de esta idea, que se manifiesta, según el autor, como la crisis de la misma modernidad. El itinerario que sigue el autor es el siguiente. En un primer capítulo (Sobre el pensamiento moderno y su posible crisis) el autor realiza un análisis general del pensamiento moderno destacando el carácter central de la idea de progreso. Un segundo capítulo (Sobre las formas premodernas de pensamiento) está dedicado a la evolución que tuvo la idea de progreso, y su importancia, en la constitución del pensamiento social en las etapas históricas de occidente que antecedieron a la modernidad. En el tercer y último capítulo (Sobre el pensamiento postmoderno y su posible destino) el autor muestra como ha comenzado a surgir una nueva concepción de la historia y una nueva relación del presente con el pasado (y con el futuro). Así, la idea de progreso, central a la modernidad, es remplazada por la idea de variación, constituyéndose de esta manera en una nueva filosofía de la historia (de la cual el autor se considera solo un interprete). Es, pues, esta idea de variación la que permite identificar un forma posmoderna de pensamiento. Y como el progreso ya ha quedado atrás y ahora lo que vale es la idea de variación, el propio pensamiento posmoderno tendrá que pensarse a si mismo solo como una variación y ya no como un progreso o una superación del pensamiento moderno.

Sin lugar a dudas, tanto en el primer como el segundo capítulo, Antonio Campillo ha logrado una síntesis muy clara y muy ajustada de la evolución de la idea de progreso en la historia del pensamiento occidental. El autor propone que el pensamiento moderno se constituye en dos tiempos desdoblándose en dos aspectos. Por lo tanto es imposible comprender la lógica interna de dicho pensamiento si no se reconoce la diferencia y al mismo tiempo la articulación entre estos dos tiempos o aspectos de su constitución. Así, el pensamiento moderno es visto como una moneda con dos caras. Una de las caras, la primera en aparecer, es la tesis del sujeto que se impone en el período comprendido entre el Renacimiento y la Ilustración. "El mundo se hace visible porque el sujeto es un espejo o bien porque es una manantial de luz, porque reproduce el perfil de las cosas o porque las ilumina con su mirada" (pp. 16). La otra cara de la moneda, aparecida en un segundo tiempo, "un tiempo que abarca desde el romanticismo hasta la crisis del marxismo" la constituye la tesis de la historia. "La historia es el punto de partida de toda reflexión sobre el conocimiento: se subraya la radical historicidad del saber, la variabilidad de las formas, de los contenidos e incluso de los sujetos de conocimiento" (pp. 21). Lo que permite la reconciliación entre ambas tesis, es precisamente la idea de progreso, es decir "el establecimiento de una escala o jerarquía vertical entre los pueblos, jerarquía que resulta de aplicar un mismo patrón universal e intemporal a las diversas culturas de la historia, o que la propia historia se encarga de elaborar en el movimiento mismo de su desarrollo" (pp. 25). Así la noción de progreso permite la reconciliación entre la identidad y la diferencia y se constituye en el eje fundamental de la legitimación moderna de la realidad.

Los problemas surgen en el tercer capítulo del libro, el que constituye justamente la tesis fundamental del trabajo. Antonio Campillo, es necesario admitir que sin ser demasiado original, cae en las mismas falacias que los más renombrados autores posmodernos (Vattimo, Baudrillard, Lipovetsky, etc.) al asumir que la sola puesta en crisis de la idea de progreso (crisis, que por otra parte, se manifiesta por ahora solo en ciertos sectores del campo intelectual, pero que en el terreno de lo estructural todavía no parece haberse hecho presente, y sino veamos el cada vez más acelerado proceso de renovación científica y tecnológica, por ejemplo) constituye el fin mismo de la modernidad. Porque, como el mismo autor enfatiza en los primeros capítulos, la modernidad es la relación dialéctica entre sujeto, historia y progreso. Así, argumentar el fin de la modernidad en base a la crisis del progreso, es casi lo mismo que argumentar que por que un ser humano tiene problemas con la vista, por ejemplo, deja automáticamente de ser un humano. Que la idea de progreso sufra efectivamente una crisis en el campo intelectual y social (ciertos movimientos ecologistas y antiglobalización son en parte expresión de esta crisis) no significa en primer lugar que la idea de progreso ya ha dejado de existir, y por sobre todo, significa mucho menos el fin de la modernidad y su simple remplazo por la posmodernidad. Pues la modernidad es mucho más que una simple variante de la idea de progreso. La modernidad es un conjunto de concepciones y de formas de sentir y de actuar que fundamentalmente rompen con el universo cerrado y religioso del medioevo y que se basa en una concepción secular de la modernidad, tesis esta que de alguna manera el autor intenta explicar en los dos primeros capítulos. Pero también la modernidad, como tan claramente lo expusiera Marshall Berman en su libro "Todo lo sólido se desvanece en el aire" se caracteriza por una sucesión infinita de cambios y transformaciones en constante apertura de formas y variantes, siendo muchos de ellas incluso contradictorias entre si, pero siempre dentro de este universo secular y renovador. Por lo tanto, que la idea de progreso esté sufriendo un cierto proceso de crisis de legitimidad no necesariamente significa una crisis final de la modernidad. Llegar a está tajante definición, constituye, cuanto menos, una conclusión superficial y apresurada.

...

 

       Portada/Cover     Editorial     Contenido/Contents 
Instrucciones para los autores /Instructions for Authors  
Consejo Editorial/Editorial Board

 



Theomai: palabra de origen griego que significa ver, mirar, contemplar, observar, pasar revista, comprender, conocer
Theomai is a word of greek origin wich means: to see, to contemplate, to observe, to understand, to know

theomai@unq.edu.ar


Revista Theomai es una publicación de la Red de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo
Theomai Journal is published by  Society, Nature and Development Studies Network
Coordinadores/Coordinators: Guido P. Galafassi, Adrián G. Zarrilli

Universidad Nacional de Quilmes