Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 5 (primer semestre de 2002)  
number 5 (first semester of 2002)
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Recepción de la "fantasía científica" Darwiniana
en la Argentina decimonónica
(La teoría evolucionista en discursos literarios y parlamentarios)

 

Marisa Adriana Miranda*

  

* IIB-INTECH (CONICET), UNSAM y Universidad Nacional de La Plata. E.mail: mmiranda@der.jursoc.unlp.edu.ar

 

 

Para estudiar el ingreso del evolucionismo a la Argentina en ámbitos no estrictamente científicos -o al menos, no científico específicos, es decir, sin vinculación directa con las Ciencias Naturales-, corresponde analizar dos hitos significativos: por un lado, la "obrita" Dos partidos en lucha (HOLMBERG, 1875), escrito ficcional del joven médico -a la postre convertido en naturalista- Eduardo Ladislao Holmberg, así calificada por Pagés Larraya, su eximio comentarista, quien entiende que ha sido compuesta "con un sentido ajeno a rigores narrativos y a toda exigencia capaz de limitar la espontaneidad de una imaginación fértil como la suya"(PAGÉS LARRAYA, 1957). Por otro, la primera señal de su recepción en ámbitos jurídicos: el debate parlamentario de la Ley 1420 sobre educación primaria.

En ambos casos, se demostrará en estas páginas la interpretación simplificada de la teoría darwiniana, hasta pretender reducirla a la descendencia o no del hombre del mono; siendo destacable, a su vez, la impronta spenceriana -implícita o explícita- en el ingreso de dicha teoría al campo social.

Cabe señalar, asimismo, que la recepción del darwinismo en ámbitos cultos de la Argentina decimonónica, ha sido imaginada por el joven Holmberg como una contienda política -y hasta dogmática-, que vino a desvirtuar -por una parte- la naturaleza de la teoría -aplicable exclusivamente a lo biológico, según el mismo Darwin-, y a contrariar -por otra- el carácter antidogmático de cualquier pretensa doctrina científica.

Miguel Cané reflexionando sobre esta obra llegó a ofrecer el sacrificio de su dignidad "aceptando la disgustante teoría de Darwin sobre la transformación de las especies" con tal de lograr la resurrección -casi bíblica- de la "sensitiva" holmbergiana; destacando que se sintió orgulloso al ver que "un joven como nosotros se agita en el campo de la ciencia, fácil y libremente, hasta el punto de basar en axiomas científicos las fantasías de su espíritu" (CANÉ, 1939).

Efectivamente, Holmberg imaginó, en Dos partidos en lucha (1), la existencia de un fervor ciudadano respecto a la dilucidación de la polémica científica entre los más fuertes paradigmas naturalistas de la historia: el consolidado -fijista y sostenedor de la inmutabilidad de las especies a través del tiempo- y el emergente -evolucionista-; no obstante reconocer explícitamente siete años después que "somos un pueblo que recién comienza a penetrar los secretos naturales"(HOLMBERG, 1882 a). Sin embargo, esta recepción social de un debate específico, parece un argumento extremadamente artificial elegido por el autor, puesto que -como es lógico suponer- la polémica científica estaba limitada a los estrictísimos ámbitos en los cuales la ciencia tenía cabida, siéndole ajena a las multitudes, que -en la construcción literaria del joven médico- poblaron el Teatro Colón los días del Congreso Científico convocado para resolver, a la manera de un verdadero meeting político, la magna cuestión del origen del hombre (2).

Si se pretende entender la idealización de Holmberg respecto a la masificación de un debate científico como vinculado a la necesidad social de "creer" o "no creer" lo que éste dice, se traslada peligrosamente la doxa a la episteme, llevándose asimismo a categoría dogmática un principio científico. Efectivamente, en religión se cree o no se cree; en ciencia se racionaliza, se demuestra. Sabido es que todo conocimiento científico va más allá de la aceptación o no -Congreso científico mediante- por parte de las multitudes, de una opinión más o menos calificada.

Abona nuestra hipótesis sobre la recepción tardía -y a veces desvirtuada- de las doctrinas evolucionistas -y en particular, las de Darwin- por los actores sociales no vinculados directamente con las ciencias de la naturaleza, la ausencia de debates vinculados a la cuestión en las diversas leyes agrarias sancionadas hasta entrado el siglo XX. En este sentido, por ejemplo en el debate de la Ley 2384 (el 16 de octubre de 1888), de lucha contra la filoxera, los diputados cuestionaron la no indemnización al propietario de cepas atacadas por esta enfermedad que se destruyeran; no existiendo discusión sobre las características de la enfermedad ni sobre el modo de combatirla. En oportunidad de la sanción de la Ley 2793, que propiciaba una campaña contra la langosta, y fuera redactada en base a un proyecto enviado al Senado el 20 de agosto de 1891 por Carlos Pellegrini y José Zapata y tratado en ese cuerpo dos días después, y aprobado sobre tablas en Diputados, tampoco existió debate vinculado con las nuevas teorías emergentes en las Ciencias Naturales.

Respecto a la Ley 3490 (3), de lucha contra la langosta, que también desconoció un fluido canal relacional entre Ciencias Naturales-Ciencias Humanas, el debate en Diputados el día 7 de julio de 1897, se centró en los graves perjuicios económicos que causaba a Santa Fe la invasión de la langosta (4).

La conocida y aún hoy vigente Ley 3959 (5), de Sanidad Animal, se trabajó a partir de la sesión de Diputados del 25 de junio de 1900 y gracias a un Proyecto presentado por el diputado por Buenos Aires Ezequiel Ramos Mexía, haciéndose igualmente caso omiso del debate científico en boga; observándose una cierta tendencia de determinismo "fijista" en la sesión del 13 de julio en la que Salas (6) dijo: "...Es una ley natural que del débil nace el débil, que del hombre nace el hombre y que de la tímida paloma no nace el cóndor trepador de los Andes...".

A su vez, en la sesión del 18 del mismo mes, el Diputado por Tucumán, Alberto Soldati sentenció que el sistema federal de gobierno "existe en la naturaleza misma", puesto que todos los seres organizados "son un modelo de sistema federal, dentro de la sujeción respectiva de sus órganos y tejidos, tanto en los vegetales como en los animales, para formar un todo que constituye su individualidad y los distingue de los demás del mismo género. Existe una autonomía, un poder soberano, en cada órgano, en cada tejido, en cada célula de que resulta la admirable armonía del ser..."; previniendo Pedro T. Sanchez (7) sobre "...El peligro que habría de que dependiera ese poder de policía únicamente del criterio científico, naturalista o veterinario del gobierno nacional..."

Tampoco existieron referencias explícitas o implícitas al tema en cuestión en los debates parlamentarios de la Ley 4863 (Sanidad Vegetal, año 1905), excepto la reflexión del Diputado por el distrito electoral de Buenos Aires, Andrónico Castro, quien, al hablar de la planta llamada cuscuta, dijo: "...La cuscuta, señor presidente, no es propiamente una planta parasitaria; es una planta que más vive del aire y que ni siquiera tiene raíces... porque todo lo que es malo en la tierra tiene dentro de sí mismo el germen de la muerte! Tan sabias son las leyes de la naturaleza! Lo mismo que sucede en el reino animal, ocurre en el reino vegetal..." "...Repito: no existe ese peligro; es puramente imaginario..."

Menos aún se intentó reflexionar sobre la temática en el debate del proyecto presentado por Eliseo Cantón (Diputado por el distrito electoral Capital) a comienzos de agosto de 1908, mediante el cual se propuso el otorgamiento de un premio a quien "descubra el procedimiento más eficaz y económico para destruir la plaga del Diaspis Pentágona" (enfermedad que ataca a los frutales y a otros árboles); siendo observable alguna vinculación poder político-conocimiento científico en las palabras del Senador por La Rioja, Leónidas Carreño, quien en la sesión del 22 de agosto de 1908 dijo que el premio tenía por objeto estimular a las personas que se dedican a esta clase de estudios científicos, a buscar la solución de este problema, siendo muy probable que de esta manera "se llegue a premiar las investigaciones de algún fitopatólogo", dado que "ya se están haciendo estudios sobre la vacunación de plantas con el mismo fin y en la misma forma en que se hace en la especie humana, tratando de inmunizar a las plantas como se inmuniza a las personas contra ciertas enfermedades infecciosas..."

La introducción de la tensión fijismo-evolucionismo surge -casi serendipiamente- recién en los debates parlamentarios de una ley de educación, la Ley 1420 y vinculado a la cuestión -tangencial- de la enseñanza laica, a la cual se le atribuía el mismo mote de "atea" que a las teorías evolucionistas (8) (MONTSERRAT, 1972).

Consecuentemente, la aceptación o rechazo de las teorías evolucionistas en la Argentina de fin de siglo, se entronca en los cuestionamientos generados a partir de la incompatibilidad de las nuevas doctrinas con el dogma católico y la tradición diluviana, más que en una clara discusión de sus postulados científicos.

Comenzaron, entonces, a identificarse claramente dos posiciones que buscaban sendos fundamentos científicos para consolidar su legitimación social. El fijismo creacionista, por una parte, fiel a su tradición diluviana, prosiguió considerando la inmutabilidad de las especies -y la imprescindible negación de cualquier progreso intraespecífico- como su paradigma principal. El evolucionismo, por otra, con Spencer y Darwin como sus representantes más prominentes difundidos por entonces, vino a introducir la idea de cambio, de modificación, de adaptación de los seres vivos; atributos éstos que implican la negación de cualquier postulado que incluya su fijeza a través de los tiempos.

El fijismo, por ende, fue la doctrina oficial de los sectores vinculados estrechamente a los ámbitos eclesiásticos; el evolucionismo, en cambio, si bien no invalidaba el relato bíblico -que también podía ser considerado en sentido metafórico-, quedó identificado con sectores laicos y contestatarios del orden monacal.

Desde la recepción local del evolucionismo se pensó que la doctrina de la fijeza de las especies era contraria a toda verdad científica porque ciencia y religión no podían ir juntas. En este sentido, en el discurso, leído por Holmberg, con motivo de la muerte de Darwin, en el Teatro Nacional de Buenos Aires, el día 19 de Mayo de 1882, en presencia de tres mil personas (9) (DIARIO "EL NACIONAL", 27/05/1882), reunidas por la invitación del Círculo Médico Argentino (10), el devenido naturalista dijo:

"Exponer una doctrina científica, no es atacar a nadie en sus creencias, porque ciencia y religión significan una dualidad perfecta y aislada. ¿Por qué no ha de tener el pueblo religión, si ella basta para consolarle en sus penas; si ella le da esperanzas, a falta de ciencia y fortaleza? Pero sostener que la religión y ciencia puedan marchar unidas...jamás! No se comprende una religión científica, ni menos una ciencia religiosa. Y sin embargo, un sentimiento cristiano nos reúne aquí: el profundo sentimiento de la tolerancia. Ella ha dictado estas páginas, y la libertad sirvió de antorcha. Y no creais que esa libertad es un fantasma. La nación que hoy puede tributar públicamente este homenage (sic) a Darwin es una nación libre. En los pueblos esclavos no se conoce el nombre de Darwin. El día en que las doctrinas de Darwin se enseñen en las escuelas rusas, los emperadores habrán garantido su cuerpo de las bombas del nihilismo." (HOLMBERG, 1882 a)

Entonces, rechazada la autoridad mosaica, como "insuficiente para explicar el origen de las plantas y de los animales", era menester indagar, comparando la esencia de las formas,

"cuáles habían sido los agentes naturales que intervinieran en su creación, y por lo mismo, operando las fuerzas ciegas de la Naturaleza, cómo se habían modificado, en la sucesión de los siglos, hasta presentar los organismos superiores. La doctrina genealógica o de la descendencia, del encadenamiento, de la evolución regular, apareció en el escenario científico como un rayo que iluminaba el oscuro problema". (HOLMBERG, 1882 a)

No obstante, en Dos partidos en lucha, Holmberg también idealizó la aceptación de la tesis darwiniana -teoría a la que Burmeister (11) llamó, despectivamente, "fantasía científica", subtítulo, por otra parte, del libro que estamos comentando- desde una perspectiva más vinculada con las creencias que con las demostraciones empíricas tan requeridas por los positivistas de entonces. Si no, cómo explicar el desenlace del texto, en el cual la sola disección de un ejemplar de Akka (supuesto eslabón en la cadena hombre-mono) bastó para que los rabianistas (conservadores antitransformistas) aceptaran su derrota (12, 13).

La masificación de la cuestión científica concebida por Holmberg permite poner en valor la real dimensión de los planteos evolucionistas, los que, al hablar del origen y del fin, mediados por la lucha por la vida, exceden con creces el marco de hipótesis meramente naturalistas para conformar una nueva ideología cuyos efectos irán más allá de su ámbito de enunciación. Y así lo explicita el autor, cuando pone en boca de Griffritz (14): "Voy a decirle a Ud. (se refiere a Kaillitz) la verdad... Sirvo una doctrina científica: el Darwinismo. Tarde o temprano llegará a ser una doctrina política, y necesito cierto misterio en mi conducta. No me pregunte Ud. más, pues me vería en el caso de negarle una respuesta" (HOLMBERG, 1875).

Si el debate desbordaba el marco estrictamente científico para penetrar en la forma de vida de una sociedad y las diversas facetas de la vida de los hombres, parece razonable concebir un congreso multitudinario, ante la presencia de legos, semejante a una disputa entre dos luchadores, a quienes el jurado que dirimía la contienda debía rendir cuentas al público que ha sido testigo del evento. En este sentido, se advierte que

"Como los colores de los partidos políticos se habían fundido en el celeste y blanco de la unidad nacional después de resolverse las luchas electorales con el casi nombramiento del nuevo presidente de la República, el pueblo, que sólo se considera satisfecho cuando hay lucha como consecuencia de la diversidad de ideas sobre un punto cualquiera, resolvió adoptar una resolución suprema.

Con este motivo, algunos cabecillas se reunieron en una casa particular de todos ellos, el 28 de Mayo de 1874, y resolvieron convocar al pueblo a un meeting que debía de celebrarse el 5 de Junio próximo en la Plaza Victoria a las 12 en punto del día." (HOLMBERG, 1875)

Exclamando un orador desconocido:

"...en tanto que la Europa se ajita (sic) en el torbellino de las guerras exteriores y de las luchas científicas internas, nosotros permanecemos gozando de la tranquilidad y de la paz.....La lucha que va a comenzar, no es de aquellas en que se derrama la sangre de los hermanos (¡Guerra sin sangre! exclama el público) es una lucha intelectual en la que vosotros, vosotros cuya ilustración, cuyo talento, cuyas nobles intenciones van a depositarse en la urna sagrada de la patria (A votar! A votar!) No! No! Ahora no se trata de votar (Pues que se trate!). Una noble contienda ha surgido radiante de la vieja Europa. Dos hombres se disputan el sólio de la gloria. Dos partidos luchan encarnizados por vencer en el combate de las ideas (¿Nada más que en ese? ¡Qué zonzos!)." (HOLMBERG, 1875)

Explicó Kaillitz que al disolverse el meeting "ya se habían formado dos bandos que no eran sino la consecuencia lójica (sic) de los discursos que pronunciaron los señores que tomaron la palabra". Los Darwinistas -prosigue- admitían la mutabilidad de la especie, es decir que un animal como el mono, podía, por los medios especiales que lo rodearan, "perfeccionar paulatinamente su organismo, aumentando el ángulo facial por la elevación vertical de la frente, como también la complicación de las circunvoluciones cerebrales; el pulgar del pie dejar de ser opuesto a los demás dedos; -en una palabra, alterar sus caracteres orgánicos y convertirse en hombre con todos sus atributos". Los Rabianistas, por el contrario, "no admitían ninguno de estos hechos. El mono sería siempre mono, sin que causa alguna geológica o climatológica pudiera alterar sus diferencias genéricas y diagnósticas" (HOLMBERG, 1875).

Sin embargo, entre los aspectos más llamativos de Dos partidos... se encuentran la inexistencia de una discusión profunda sobre los principios del evolucionismo, y la pretensión de su adopción -o rechazo- en forma dogmática.

Respecto al primero, es decir a la simplificación de las hipótesis evolucionistas que llevan a la enunciación de la teoría darwiniana por la exclusiva supuesta descendencia del hombre, la misma queda explicitada en un momento de la ficción, cuando a Kaillitz le es presentado don Pascasio Grifrritz, y se suscita el siguiente diálogo:

"...¿Puede haber algo más sencillo que el descender de monos?
-No tan sencillo, señor Grifritz.
-Para mí es una cuestión muy simple, y he llegado a modificar la teoría de Darwin. Lo que no concibo es que haya gente que no crea en nuestro génesis verdadero, esto es, que el mono, por ejemplo el gorila, no sea una degeneración perfeccionada del cinocéfalo, este del protopiteco, el que a su vez lo será de uno menos perfecto; -y el hombre, a la inversa, descienda de las generaciones perfeccionadas del gorila" (HOLMBERG, 1875).

A su vez, al iniciarse el Congreso, "El Presidente se puso de pié y adelantando algunos pasos, dijo con voz suficiente para que todos oyeran:

"...........Los señores aquí presentes....me han hecho el alto honor de elejirme (sic) Presidente provisorio, con el único objeto de organizar esta serie de conferencias, cuyo resultado, como saben VV. bien, será: si descendemos de monos, o si debemos creer, como pretenden algunos, que somos resultado de generaciones espontáneas de las épocas, y particulares de cada especie" (HOLMBERG, 1875).

Los aspectos dogmáticos, por su parte, quedan de manifiesto toda vez que un congreso científico, al que acudiera masivamente la población, que, por otra parte, tampoco sabía bien de qué se trataba (15), no era -resulta indudable- el ámbito propicio para poner a prueba doctrinas vinculadas a las ciencias experimentales.

Ahora bien, rescatando la influencia spenceriana (16) en la construcción de Holmberg, se advierte en ésta la interpretación evolutiva de las sociedades humanas -concepción rechazada por el mismo Darwin-, en un sabroso diálogo entre Griffritz y Kaillitz:

"-No ha llegado aún el momento para que un argentino publique obras científicas.
-¿Por qué no?
-Por qué los argentinos no las leerán?
-Y eso qué importa? Las leerán los europeos.

- Soy mas patriota de lo que Ud. se figura. No está muy distante el día en que veamos en los catálogos de nuestras librerías surtidos inmensos de obras científicas, y a nuestros compatriotas leerlas con la avidez con que se lee los boletines en época de lucha electoral.
-¿Por qué dice Ud. eso
?
-Porque cuando llegue ese día feliz, publicaré mis obras y los que como yo vieron al nacer el sol americano, y respiraron el aire de la Pampa, verán levantarse un sol científico, cuyos rayos iluminarán el título de mis obras.
...............
-¿De manera que Ud. desea que cuando salga ese sol científico los argentinos lean sus obras científicas antes que los europeos?
- Es lo que he dicho (HOLMBERG, 1875)."

La transpolación de lo biológico a lo social, emerge nuevamente al reflexionar sobre "las palabras bando y partido, (que) eran como una reliquia mal guardada, que manifestaba hasta qué punto se lleva entre nosotros la memoria de las luchas políticas" (HOLMBERG, 1875) (17); destacándose el concepto socio-evolutivo de Griffritz, quien afirma: "Y si es verdad que durante muchos siglos la ilustración ha estado encadenada a la Europa, no lo es menos que en la América se presienten ya los albores del Imperio del mundo. Y así de generación en generación, de raza en raza, se trasmite el dominio de la época, por hechos que se eslabonan, por causas que se comprenden" (HOLMBERG, 1875).

La imaginaria disputa científica -ahora inmersa en el campo social (18)- parece haber sido recepcionada en la vida cotidiana y reflejada en los medios de entonces, quienes se habrían enrolado en una u otra postura. Así las cosas, el tema de los peinados de las damas surgió como elemento diferenciador de la ideología científica de quienes lo portaban:

"En la noche del 21 de Junio de 1874,.....salimos a dar una vuelta y nos miró sobremanera una observación que hicimos, y fue que examinar los tocados de las señoras y señoritas que recorrían las calles, todas llevaban la pamela o la gorra de tres diferentes maneras" (19).

A su vez, la prensa bonaerense "estaba dividida en dos bandos: Darwinistas y Rabianistas... Un diario neutral y conciliador se felicitó altamente en el número del 20 de Junio de que al fin el periodismo hubiera desterrado los odiosos dicterios que en luchas anteriores se habían prodigado los partidos políticos. "Es altamente honroso para la prensa de Buenos Aires" dijo, "que en una cuestión que afecta tan vivamente los intereses científicos de la humanidad, se haya empleado el lenguaje digno y elevado que corresponde a este género de luchas en las que solo debe imperar la convicción y el desinterés bien entendido de la opinión científica"" (HOLMBERG, 1875).

El Congreso convocado era, entonces, la oportunidad esperada para que el pueblo argentino aprehendiera una teoría científica a través de su inserción en la vida cotidiana. Y ello, porque la explicación más realista de los planteos holmbergianos radicaba en que el interés de la población en un encuentro que abordaría temas específicos y, en muchos casos, inaccesibles a la generalidad de los concurrentes; infiriéndose que la disputa política utilizada recursivamente por el autor, no hace más que acercarnos a una disputa latente, que el evolucionismo venía a excitar: religión o laicicidad (20).

Al respecto, se destacan las palabras de Paleolítez cuando expresó:

"...el Rabianismo y el Darwinismo son dos teorías diametralmente opuestas que se disputan hoy el dominio de las ideas. La primera es exacta como las matemáticas, profunda como la metafísica, segura como la senda del bien, y sagrada para algunos por cuanto no rechaza la narración Mosaica, es decir, la que sostiene que descendemos de barro sucio, lo que es más noble que descender de monos. Alhaga (sic) todos los espíritus por cuanto es la expresión de la verdad; rechaza toda ficción por cuanto es matemática; y si me es permitida la expresión, es como la fotografía de la Naturaleza. Los sabios profundos, los que no somos poetas, admitimos y sostenemos el Rabianismo" (HOLMBERG, 1875);

adicionándole los siguientes cuestionamientos:

"¿Estamos acaso descontentos de ser hombres, de admitir, por metafórico que ello sea, la existencia real de Adan y sobre todo de Eva, para ir a buscar en un cinocéfalo o en un protopiteco los elementos perfectibles de nuestro organismo?....Acaso la teoría de Darwin es una degeneración del espíritu humano? No quiero creerlo, señores; pero si creo que en un arrebato poético Mister Darwin se ha permitido producirla...¿Dónde están esos eslabones que unen el mono con el hombre? ¿Dónde?.....Los microcéfalos no son un eslabón entre el hombre y el mono, sino una degeneración del hombre. Pertenecen a la serie descendente, no a la ascendente. No son monos perfeccionados, son hombres degenerados......Los Rabianistas, a la manera de Cuvier, inventariamos la Naturaleza, estudiando sus mas mínimos detalles; los Darwinistas, a la manera de Geoffroy St- Hilaire, prescinden del detalle para lanzarse en generalidades que no comprenden y que semejantes a castillos en el aire, fluctuan como el elemento que los sostiene" (HOLMBERG, 1875).

El monólogo de Griffritz resume, estupendamente, la verdadera relevancia de la cuestión:

"Si por el contrario triunfamos los Darwinistas, como es de esperar, pues para eso represento el partido en Buenos Aires, -si triunfan los Darwinistas, decía, es incuestionable que tiene que alterarse por completo la norma social, y, o estalla una revolución filosófica de una trascendencia incalculable, o llega la indiferencia hasta el extremo de no saber apreciar la influencia de una doctrina científica en la marcha de la sociedad" (HOLMBERG, 1875).

* * * * *

Independientemente del triunfo o la derrota de los darwinistas en la lucha imaginada por Holmberg, lo cierto es que la disputa por la ruptura del paradigma inclusivo del "error antropocéntrico" (21) detectado por el autor se visualiza claramente -ahora en el plano de la realidad- en los debates parlamentarios llevados a cabo en la Argentina al momento de discutirse el texto de la que sería la Ley 1420, durante 1883 y 1884.

En ellos se polemizó sobre la "enseñanza laica-enseñanza libre", subyaciendo en el primer término de la discusión la adopción o el rechazo de las teorías evolucionistas. Esta polémica ya se había manifestado, entre otras oportunidades, en el Congreso Pedagógico de 1882 y provocó en la Argentina -al decir de Hebe Clementi- "verdaderas ordalías" a partir del problema centrado en la necesidad de "enseñar ciencia en lugar de teología" (CLEMENTI, 1982).

Efectivamente, en vísperas de la Exposición Continental de la Industria que debía realizarse en la flamante Capital, y por sugestión de Sarmiento, el Poder Ejecutivo Nacional convocó un "Congreso de profesores y personas competentes para tratar en conferencias y en discusiones pedagógicas, cuestiones relativas a la enseñanza y a la educación popular, con el objeto de impulsarla y mejorarla" mediante el Superior Decreto de fecha 2 de diciembre de 1881.

Mediante este cuerpo legal se dispuso que el referido Congreso se debía ocupar de los "sistemas y métodos de enseñanza, local y tren de escuelas, higiene escolar, cajas de ahorros escolares, montepío de profesores", entre otras causas relacionadas con la educación común (art. 2°).

El mencionado Congreso, celebrado en abril de 1882 y coetáneo a la muerte de Darwin, fue considerado un antecedente directo de la Ley 1420. En él hubieron una serie de Proyectos de Resolución (22) en los que se introduce claramente la cuestión planteada. Por ejemplo, en el elaborado por el Inspector General de Educación de la Provincia de Buenos Aires, Dr. D. Nicanor Larrain sobre el tema "Estudio de la legislación vigente en materia de Educación Común y su reforma", se propuso, en su cláusula cuarta, que "las escuelas del Estado deben ser esencialmente laicas: las creencias religiosas son del dominio privado"; tema éste que fue reiterado en el Proyecto de Resolución elaborado por el Profesor del Colegio Nacional de la Provincia de Mendoza, Raoul Legout, sobre el tema "¿Cuál es el mejor sistema de educación, atenta nuestra aptitud intelectual, y las instituciones que nos rigen?". En sus considerando II, Legout remarca que "al dictarse la ley de Educación Común, el Legislador siente en ella, al lado de la Gratuidad y la Obligación, que ya poseemos, el principio de la Laicidad, y el derecho de legítima defensa, la Inspección".

En el debate de la Ley 1420, esa suerte de "test de modernidad" que refiere Montserrat (MONTSERRAT, 1974), no faltaron voces que buscaron en la polémica científica argumentos para sus posiciones; creciendo notablemente la impronta polémica del darwinismo que, en poco menos de una década invadió diversos ámbitos no específicos de nuestro país, desde su "despertar novelístico" hasta la ahora comentada irrupción parlamentaria (23).

En oportunidad de estos debates, el 13 de julio de 1883 intervino Eduardo Wilde, a la sazón ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, quien entendía que en la época moderna ambos poderes estaban separados, a disgusto de la Iglesia, siendo esto precisamente lo que aseguraba la libertad de conciencia y de culto. A su vez, para el representante del Poder Ejecutivo había contradicciones flagrantes entre la ciencia y la religión, debiéndose establecer sus relaciones sobre un plano justo, en el cual se reconocieran pero no se estorbaran (WEIMBERG, 1984, I).

A su vez, y ya identificando claramente enseñanza laica con adopción de las nuevas teorías científicas evolucionistas, en la 3° Sesión Extraordinaria de la Cámara de Diputados, del 14 de julio de 1883 de la Cámara de Diputados, y en el marco del debate sobre instrucción religiosa en las escuelas, el Sr. Achával Rodriguez dijo:

"El sentimiento religioso... es el que sirve de base a todos los demás del corazón humano; el atributo fundamental de la inteligencia, es la facultad de la fe; la religión, así, es el ambiente en que se desenvuelven todos los demás sentimientos del corazón, todas las demás facultades del entendimiento; y la instrucción que se dé al niño, si no ha de ser deficiente y desintegral, no puede dejar de estar empapada de la instrucción religiosa en la misma enseñanza científica.
El maestro dictará al niño nociones respecto del hombre. Pero, ¿qué le dirá del hombre si su enseñanza científica ha de ser ajena a toda noción religiosa?
¿Cuál será el origen del hombre, según el maestro? ¿Qué dirá del origen y formación de la materia, si el maestro no puede trasmitir idea alguna religiosa a su discípulo?
El niño preguntará al maestro, qué es el hombre; y el maestro no tendrá más contestación que ésta: el hombre es lo que veis; el hombre sois vos. ¿Le enseñará que tiene un espíritu? ¿Le enseñará que es nada más que un animal, o le dirá que hay en él una sustancia espiritual?
Al darle nociones de geología, le dirá lo que es la tierra; pero, sin apelar a la religión, ¿podrá decirle lo que es la Creación? ¿Le dirá que el mundo salió de la nada, que salió de las manos de Dios, o que la materia es increada y eterna? ¿Qué le dirá?
Pero si el maestro no tiene creencias religiosas, o ha de proceder como si no las tuviera; si se ha de mostrar extraño a estas verdades fundamentales, enseñará inevitablemente a los niños el más rudo materialismo.
¿Qué dirá de los destinos del hombre? ¿Qué dirá de su origen y formación? ¿Dirá que según la ciencia de Darwin somos monos convertidos en hombres, seres irracionales perfeccionados, que no tenemos mejor destino que cualquier otro ser de la escala inferior?
Prescindiendo de toda noción religiosa, ¿podrá enseñar al niño que tenemos un espíritu, que tenemos el soplo de Dios en nosotros y que tenemos un inmenso destino a que aspirar?
¡Oh, no, señor Presidente! No puede el maestro dejar de tener una creencia religiosa inseparable de él, como inseparable de las ideas y nociones que al niño trasmita" (WEIMBERG, 1984, II).

En la misma sesión, y apelando al argumento de la autoridad de Mr. Gessler, Achával Rodriguez evocó sus palabras en cuanto afirmaba:

"... Yo me he ocupado muy seriamente de las ciencias naturales y puedo asegurar que a medida que he avanzado en ellas, mi creencia en Dios ha adquirido una fuerza mayor. Yo creo que ciertas ramas de las ciencias, particularmente la astronomía, llevan directamente a Dios. Es imposible que el astrónomo no se haga creyente. Es imposible, para mí, que una ciencia destruya jamás la religión. Mientras más investigaciones he hecho, mientras más he avanzado en los descubrimientos, más me he convencido la grandeza de Dios..." (WEIMBERG, 1984, II).

* * * * *


Palabras finales

Ante la tensión creada en la sociedad tradicionalista, de impronta católica, fundamentalmente debida a la pérdida progresiva de poder y representatividad, y temerosa del avance de las corrientes liberales del pensamiento, surge una reacción de aquéllas, apreciada ya en las premonitorias palabras del "diluvianista" José Manuel Estrada, quien, en 1862 -y a sólo tres años de la publicación de la polémica obra de Darwin, la que aún no habría penetrado "en el ambiente intelectual porteño" (MONTSERRAT, 1972)-, planteaba claramente su oposición a cualquier recepción del evolucionismo cuando -ridiculizándolo- afirmó: vosotros los que queréis hacer al hombre un descendiente de una marsopla que se parte la cola, o de un mono acatarrado, que alarga la nariz.

Montada sobre la biología transformista, con marcada influencia -explícita- de la línea darwiniana, e -implícita- de la hoy discutidísima traspolación social intentada por Spencer, la ideología progresista de la generación del ochenta se hallaba fuertemente influenciada por las conclusiones de la biología, más que por los métodos imperantes en la física o en la matemática de entonces. En virtud de ello, se pretendía aplicar el modelo biológico a la realidad histórico-social, lo que condujo a Holmberg, por ejemplo, a pensar en una gradación -también evolucionista- de los seres humanos, llegando a señalar desde que

"Los hombres no son iguales. Desde el complicado cerebro del matemático Gaus, hasta la forma rudimentaria del de un idiota de nacimiento, hay una cadena de eslabones, apenas diferentes, cuya supresión genera un abismo. Desde la forma divina de la Venus de Milo hasta el cuerpo del mono del Hotentote o del Akka del Africa Central ¿quién se atrevería a suprimir la inmensa serie de eslabones conocidos? Es, pues, un error de raza" (HOLMBERG, 1882 a); hasta la afirmación no menos cruda "En el reino de los animales tenemos al Indio" (HOLMBERG, 1882 a).

A partir de esta noción evolucionista del progreso social, que intentaba aplicar a las agrupaciones humanas las hipótesis biológicas explicativas del funcionamiento orgánico, surgieron fortísimos cuestionamientos a la posición de la Iglesia, no sólo por la consabida tesis creacionista, que implicaba cualquier negativa a la evolución de las especies, sino también, por su intromisión en las cuestiones civiles. Entre éstas se destaca, la reacción virulenta originada en oportunidad del debate parlamentario de la Ley 1420, en el que, los defensores del status quo y, en cumplimiento de las prescripciones de la Encíclica "Quanta Cura" y su complementario Syllabus (24) -o colección de los errores modernos- pretendieron proscribir "la horrible tempestad desatada por tantas doctrinas perversas" .

Y esta proscripción, lejos de la aseveración de Holmberg en el Discurso dado ante la muerte de Darwin, sobre los alcances de la ciencia, que "no es solamente la más alta expresión del buen sentido, sino también la más alta expresión de la libertad, porque el buen sentido y la libertad son absolutamente inseparables" (HOLMBERG, 1882 a); se encuentra claramente referenciada en diversos parágrafos de los mencionados documentos eclesiásticos (25).

Así, por ejemplo, el postulado del Syllabus que lleva el número IX, refiere como error la posibilidad de considerar a "todos los dogmas de la religión cristiana (como) indistintamente objeto de la ciencia natural o la filosofía"; mientras que el LVII reafirma la falacia de considerar que "la ciencia de las cosas pertenecientes a la filosofía y a la moral, así como las leyes civiles, pueden y deben separarse de la autoridad divina y eclesiástica".

Refiriéndose al tema del control y dirección de la educación por parte de la autoridad religiosa -precisamente una de las principales la vías de ingreso a nuestro país de la discusión evolucionista- se destacan los errores detectados por el Syllabus respecto a la consideración que

"La perfecta constitución de la sociedad civil exige, que las escuelas abiertas para los niños de todas las clases del pueblo, y en general los establecimientos públicos, destinados a la enseñanza de las letras y de las ciencias y a la educación de la juventud, queden exentos de toda autoridad de la Iglesia, así como de todo poder regulador e intervención de la misma; y que estén sujetos al pleno arbitrio de la autoridad civil y política según el dictamen de los gobernantes, y el torrente de las ideas comunes de la época" (postulado XLVII);

así como la prohibición para los católicos de "aprobar un sistema de educación de la juventud que no tenga conexión con la fe católica ni con la potestad de la Iglesia; y cuyo único objeto, o el principal al menos, sea solamente la ciencia de las cosas naturales, y las ventajas de la vida social sobre la tierra" (postulado XLVIII).

Queda en claro, entonces, la negativa tradicionalista a permitir el estudio del evolucionismo en las escuelas, "...como casi siempre hay más tendencia en el espíritu humano a dar mas valor a las palabras que a averiguar si realmente significan lo que suenan, el darwinismo no se estudia generalmente porque ha recibido el estigma de infame!" (HOLMBERG, 1882 a); evolucionismo que pretendería legitimar científicamente la ideología social del progreso, y que ya fuera adoptado, entre otros, por la vecina República del Uruguay, destacándose que La Legislación Escolar de Varela se imprimió en 1876, es decir, tan solo un año después que los Dos partidos en lucha de Holmberg (26).

Desde esta postura dogmática se ha señalado como "impío y absurdo" al principio del naturalismo, distribuido por medio de "libros envenenados, de folletos y de periódicos esparcidos por los cuatro extremos del mundo"; destacándose que "hay hombres que, empujados y excitados por el espíritu de Satanás, han llegado hasta tal grado de impiedad, que reniegan a Jesucristo Nuestro único Soberano y Señor, sin que tiemblen al atacar su divinidad con la más criminal imprudencia" (ENCÍCLICA QUANTA CURA).

Pese a ser "un pueblo que recién comienza a penetrar los secretos naturales" (27), la otra faceta de los '80, claramente emparentada con la ideología del progreso, queda de manifiesto en la referencia que hace el Diario El Nacional ante la muerte del sabio inglés: "...La metáforas religiosas que daban al hombre un origen divino y único, han desaparecido debido a la ciencia del sabio naturalista, cuya pérdida anunciamos, así como las que excluían la existencia del nuevo mundo, suprimiendo la idea de la esfericidad de la tierra y la existencia de las antípodas, cayeron ante la iniciativa de Colón" (DIARIO "EL NACIONAL", 22/04/1882) (28), destacándose la actitud más cautelosa de La Nación, quien ocupándose por esos días principalmente de la Exposición Continental y del Congreso Pedagógico que se celebraban coetáneamente, hizo hincapié en el paso del científico por territorio argentino, más que en su teoría, no obstante reconocer que produjo "una revolución en la ciencia" (DIARIO "LA NACIÓN", 22/04/1882).

La rigidez -y simplificación- del debate por parte de los sostenedores dogmáticos de la fijeza de las especies, puede resumirse -anecdóticamente- en la ridiculización de la doctrina darwiniana que bajo el título "La comparsa de monos (poema de actualidad)" se publicara por entonces (DIARIO "EL NACIONAL", 22/05/1882), cuyo imperdible Canto II refiere,

"Ah, si pudiese contemplar Pío IX
el progreso fatal del darwinismo,
que ha de ponerle monos en el trono!

Circunstancias todas que nos conducen a suponer que en la sociedad argentina de la década del '80 la teoría evolucionista alcanzaba su real dimensión sólo cuando era contrapuesta al paradigma bíblico diluviano.

Para ciertos sectores de nuestro país, entonces, la revolución que experimentó la ciencia a partir de Darwin, no sería más que un simple "paptinal" (29) holmbergiano, cuya mayor debilidad quedaba resumida en la cuestionable preocupación del naturalista argentino por la supervivencia no ya de los mejores, sino de los más débiles -y, por ende, objeto de mayor protección-; enunciada a partir de un discurso -que sería eficazmente esclarecido por la Sociobiología actual- en el cual señalaba que por regla general, el niño débil, enfermizo, delicado, es objeto de mayores cuidados por parte de los padres, mientras que el fuerte, robusto, no es tan atendido. Si éste cae con una pulmonía, muere; mientras que aquél, siempre envuelto y arrastrando una vida miserable, llega a la vejez; concluyendo que "en un plan preconcebido en la Naturaleza, con verdadera inteligencia, con razón, no era el niño fuerte quien debía morir".

Y a esta inversión del orden natural, prescindente de la selección, Holmberg llama Providencia (HOLMBERG, 1882).

 

Notas

1. El texto -"juguete literario" en la expresión de Holmberg- está escrito por un supuesto Ladislao Kaillitz, Darwinista, que no sería más que una adaptación del verdadero apellido de la familia de Holmberg, razón por la cual se podría llegar a pensar que es un relato prácticamente en primera persona. Efectivamente, el abuelo de su autor, se llamaba Eduardo Kaulitz -de donde provendría Kaillitz-, Baron de Holmberg; pasando el padre de E.L.H. a llamarse Eduardo Holmberg, y su hijo, nuestro protagonista, Eduardo Ladislao Holmberg.
2. Al comentar Dos partidos en lucha, PAGÉS LARRAYA (1957) refiere: "resulta visible que el irreconciliable enfrentamiento de darwinistas y rabianistas podría encontrar paralelo en la lucha de mitristas contra alsinistas".
3. El 6 de agosto de 1897 se sanciona esta ley con las modificaciones introducidas por el Senado.
4. El Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de entonces, Dr. Antonio Bermejo, aclara que el frío no influye sobre la langosta, poniendo como ejemplo las temperaturas que se dieron en España y USA e igualmente la langosta persiste. "...Se recuerda que, en informes que he tenido a la vista, llega la abundancia del insecto hasta detener la marcha de los trenes...". A su vez, se afirma que "...en Chipre, donde se ha combatido eficazmente la langosta, fue un solo hombre, el señor Brown, quien tomó a su cargo la tarea, que la desempeñó en cinco años. En Argelia también fue el señor d'Herculais, quien se consagró a estos estudios, durante nueve años; en Rusia fue Koppen, primero, y después Mesnikoff, otro hombre especialmente preparado, quien dirigió los trabajos de organización. Entonces, es razonable que el poder ejecutivo haga en nuestro país lo que se ha hecho en los Estados Unidos: nombrar una comisión o un individuo que estudie las costumbres del insecto y los medios más eficaces para combatirlo".
5. En la sesión del 5-10-1900 la ley queda sancionada en Diputados con las modificaciones propuestas por Senadores.
6. Nos referimos a José A. Salas, Diputado por Mendoza.
7. Diputado por Corrientes.
8. Recodemos las palabras de José Manuel Estrada cuando, anticipándose a la polémica darwiniana y pensando en Lamarck, refiere en El génesis de nuestra raza (1862): "¿Creéis en las razas progresivas, creéis en el hombre pre-adámico?...Entonces no creéis en el alma; creéis en un bruto mortal y sin destino; es un ser sin conciencia del yo individual, sin la noción de justicia absoluta, creéis, Dr. Minelli, creéis en Virey y en Lamarck, creéis en Proudhon y en Lucrecio, pero no creéis en Dios! Sois ateo"
9. Cifra según nota de agradecimiento a Sarmiento -otro de los oradores- hecha por el Presidente del Círculo Médico Argentino y publicada en el Diario El Nacional del sábado 27 de mayo de 1882 en la sección Correo del Día; destacándose que este diario ofrecía a la venta un folleto conteniendo el discurso pronunciado por Sarmiento más el agregado de un opúsculo sobre el Congreso de Tucumán (Diario El Nacional, 1 de Junio de 1882).
10. Círculo que, años antes (1877) fundara -conjuntamente con un grupo de jóvenes profesionales- su gran amigo, José María Ramos Mejía, quien a la postre fuera también su primer Presidente.
11. Hablando de Burmeister -"un sabio, demasiado sabio quizá"- Holmberg reflexionaba que "La fama de aquel sabio era universal, no sólo por sus relaciones particulares...., sino también porque sus obras siempre habían sido leídas por todos aquellos que anhelaban conocer los oríjenes (sic) del planeta que habitamos y todas las cuestiones de ciencia natural que con este se relacionan".
A su vez, entendió Kaillitz que la importancia, si se quiere, de la celebridad de Darwin no estribaba solamente en su obra, sino también en la novedad de que Darwin "se había dejado celebrizar viviendo Burmeister".
Conocidísima es, por otra parte, la Historia de la Creación, de este autor, en la cual llegó a afirmar: "Nos sentimos poco inclinados a conceder nuestro asentimiento a esta hipótesis (la de Darwin) por muy ingeniosa que pueda parecer a un gran número de personas...El Hombre y el Mono se distinguen hoy el uno del otro zoológica y psicológicamente; y como no podemos dejar derivar el principio de invariabilidad de los caracteres específicos sin trastornar al mismo tiempo toda la zoología científica, tenemos toda la razón para creer que sus diferencias han existido primitivamente y en todos los tiempos y subsistirán también en el porvenir"
12. Los Darwinistas y los Rabianistas anhelaban triunfar en esta contienda. "Los unos pretenden que descendemos del mono; los otros aseguran que descendemos de nosotros mismos"; y la dilucidación de esta lucha, que afecta a "los intereses morales de la patria" y requiere hacernos "fijar nuestras opiniones a este respecto", induce a los organizadores a formar un "congreso Científico en cuyo seno se discutan los altos principios de la ciencia, la cual será hoy nuestro norte; ya que la paz es nuestro sur".
13. Derrota enunciada por Paleolítez, quien expresó: "Señores, ..., estamos vencidos; los Darwinistas han triunfado......en el carácter, pues, de representante del partido Rabianista, declaro que el partido que represento está vencido".
14. En el mencionado Congreso el relato queda polarizado en dos protagonistas, representantes de las respectivas posiciones en lucha, amén de un personaje inepto y ecléctico, cuyo único atributo parece ser el de su elegancia, destacada por las muchachas del lugar, llamado Juan Estaca. El rabianista, partidario de la doctrina de la invariabilidad de las especies, está representado en la obra por Francisco P. Paleolitez; mientras que Pascasio Griffritz sostiene el evolucionismo darwinista.
15. No olvidemos que la invitación tan solo contenía estas breves palabras: "Gran meeting-Plaza Victoria-5 de Junio 74-Urgente".
16. En el discurso pronunciado en ocasión de la muerte de Darwin, Holmberg sostuvo que Herbert Spencer -entre otros- "con sus publicaciones o conferencias (han contribuido) a popularizar más aún los principios de la gran doctrina; pero sus obras no llegan ciertamente a nuestras playas con la profusión con que debieran, porque aquí, como en muchas partes, hay razones que se oponen vivamente a su difusión".
17. En este sentido: "Habla un diario Darwinista: "Podemos felicitar anticipadamente a nuestro partido por el espléndido triunfo de sus ideas sobre las del bando Rabianista... Habla un diario Rabianista: "Hoy celebra el Congreso Científico su primera conferencia pública, y nos felicitamos desde ahora de que el bando Darwinista será derrotado completamente por la poderosa falange de sabios del partido Rabianista..."
18. Kaillitz entendió que en tres años hubo una explosión respecto al gusto científico en la sociedad de Buenos Aires: "Es indudable que en Buenos Aires se va despertando el sentimiento científico con una rapidez extraordinaria....La esperanza del Señor Griffritz ( a quien Kaillitz había conocido en 1872) se va realizando de tal modo, que podemos decir, sin temor de ser exajerados (sic), que el gusto científico se desarrolla aquí inmoderadamente. ¿A qué librería podremos ir hoy (1875) sin que hallemos que la mitad de las obras se relacionan más o menos directamente con las ciencias en cuestión?
19. Ante las averiguaciones que hizo Kaillitz al respecto, se destaca la respuesta que obtuvo de una "dulce" voz femenina: "En las actuales circunstancias...se ha resuelto que todas las señoras y señoritas lleven el tocado según el color científico a que pertenezcan: a la Rabian, a la Darwin y a la Griffritz. A la Rabian se la colocan sobre las cejas, de modo que la frente quede cubierta; a la Darwin es hacia atrás o inclinada a la izquierda; y finalmente a la Griffritz, la gorra o pamela va en el vértice de la cabeza".
20. En el relato se describe minuciosamente la concurrencia masiva al inusual evento: "A las 8 de la noche, las puertas del teatro Colón no daban a vasto para permitir la entrada a las miles de personas que acudían al llamamiento de los diarios, de los cohetes, de los boletines, y de los cartelones pegados en todas las esquinas.
Todos los telégrafos nacionales y provinciales estaban tomados con anticipación para trasmitir a los diversos puntos los resultados de la primera sesión.
Los palcos, la cazuela, el paraíso y la platea del teatro estaban de bote en bote, y el escenario, donde se había colocado la mesa presidencial y los asientos de los sabios y vocales que iban a tomar parte en la discusión, presentaba el más brillante punto de mira que hasta ahora hayamos contemplado.
Era un verdadero foco donde se reconcentraban las miradas de la innumerable concurrencia, y no se diga miradas vagas o vanas, no -miradas llenas de ansiedad y de entusiasmo- miradas de donde brotaba todo el fuego científico de los Argentinos".
21. Mediante la expresión error antropocéntrico nuestro autor pretende remarcar la suposición humana de constituir el centro providencial de todas las creaciones.
22. Los disertantes debían exponer "su asunto en un escrito, el cual terminará con un proyecto de resolución, que servirá de base a las discusiones del Congreso"
23. Sin embargo, como bien se ha destacado, el debate entre las corrientes evolucionistas y fijistas no se cerró por entonces, advirtiéndose en los libros de texto escolares de la época tres posiciones bien diferenciadas: la creacionista-fijista, que ignora (no nombra siquiera) la existencia de teorías científicas contrapuestas; la creacionista-fijista en discusión con el evolucionismo; y la evolucionista (GVIRTZ, 2000).
24. El Syllabus es una enumeración de los errores "que se condenan", y fue elaborado a partir de varias Alocuciones, Encíclicas y Cartas de Pío IX, y publicado, juntamente con la Bula Quanta cura, el 8 de diciembre de 1864.
25. Ya en 1881, el arzobispo de Buenos Aires se quejaba ante el Ministro de Instrucción Pública por una disposición del Consejo General de Educación que reglamentaba la enseñanza religiosa y disponía que fuera impartida por los párrocos y no por los maestros; tensión que se agravó en 1882 durante las reuniones del Congreso Pedagógico, alcanzando en 1883, durante los debates de la Ley 1420, su punto máximo (TEDESCO, 1986).
Las doctrinas eclesiásticas, denominadas por Wilde "subversivas" quedan de manifiesto, entre otros en la prescripción establecida en el Syllabus XLV, mediante la cual, interpretada a contrario sensu, la dirección total de las escuelas públicas no debía ser entregada a la autoridad civil.
26. "En 1885, impuesto ya abrumadoramente el evolucionismo en la Universidad, declaraba en un discurso el Rector Vásquez Acevedo: "En pocos países la teoría moderna de la evolución ha hecho más rápido camino que en nuestra pequeña república. Mientras viejas naciones europeas todavía ponen trabas a las verdades que el eminente Darwin ha enseñado, nosotros nos atrevemos a adelantarlas, llevando las aplicaciones y las consecuencias filosóficas, más lejos que el mismo sabio inglés" ¿Cómo, entonces, no conferir verdadero carácter histórico a aquel primer desafío del darwinismo realizado por intermedio de Varela apenas nueve años antes?" (VARELA-RAMÍREZ, 1965). A su vez, al Congreso Pedagógico de 1882 asistieron, además del referido Vásquez Acevedo, el entonces Director de Educación de la República Oriental del Uruguay, Jacobo A. Varela; y el Dr. F.A. Berra como Delegado de la Sociedad Amigos de la Educación.
27. Expresión de Holmberg coincidente con los conceptos vertidos por el Diario El Nacional del lunes 24-4-1882 ante el ofrecimiento efectuado a Florentino Ameghino para que brinde una conferencia en honor al sabio: "...Se ha indicado la idea de una manifestación pública, como un homenaje a la memoria del más grande observador de los tiempos modernos, y fundador de la teoría de la evolución que amenaza reconstruir, bajo un mismo plan, las ciencias naturales. No creemos que nuestro público en general esté preparado para estimar, ni aún el nombre, cuanto y menos las ideas de aquel sabio. Los corolarios que se deducen de su teoría, causan grave perturbación en el ánimo de los que se atienen a los antiguos sistemas de una creación o de creaciones sucesivas..."
28. Mediante esa nota, el periódico informaba sobre el deceso de Darwin, acaecido en Londres el 20 de abril de ese año, a la edad de 73 años.
29. Recordemos a Holmberg, cuando "construyó" esta expresión: "Ayer me encontraba en la Escuela Normal de Maestras dictando una clase y por una coincidencia que nada tiene de particular nos ocupábamos de nomenclatura y decía estas palabras: "Esta ciencia, como las otras tiene un lenguaje propio, sin el cual es imposible entenderse. Si ustedes no supieran geometría ni álgebra, podrían imaginar lo que es un binomio, podrían sospechar siquiera lo qué es tangente. A las respuestas de no, agregué lo que sigue: estos ejemplos no tienen bastante fuerza, precisamente porque ustedes saben lo que es tangente y lo que es binomio y no pueden por lo mismo imaginar otra cosa que lo que realmente es. Tomemos una palabra que seguramente no conocen, Paptinal. Invité a cada una de las alumnas a que se imaginara lo que podría significar un paptinal y recibí las siguientes respuestas: un árbol, un fruto, un mineral, un edificio, un río, un adorno, etc., etc.. Señoritas, la palabra paptinal no significa absolutamente nada". (HOLMBERG, 1882 b).

 

Referencias bibliográficas

Album Biográfico de los Libre Pensadores, Buenos Aires, s/d, 1909.

BURMEISTER, H., Historia de la Creación, Madrid, Gaspar Editores, s/f, Tomo segundo.

CANÉ, Miguel: Ensayos, Buenos Aires, Biblioteca Mundial Sopena, 1939.

CLEMENTI, Hebe: "Precisiones en torno al positivismo argentino", en Primeras Jornadas de Historia del Pensamiento Científico Argentino, Buenos Aires, 12-13-14 de Julio de 1982, pág. 43-55.

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Encíclicas Pontificias. Colección completa de 1832 a 1958, Facultades de Filosofía y Teología de San Miguel, Buenos Aires, Editorial Guadalupe, 1958, Tomo I.

GVIRTZ, Silvina: "Los usos políticos de las Ciencias Naturales en la escuela: Argentina, 1870-1950)", en MONTSERRAT, MARCELO (compilador), La ciencia en la Argentina entre siglos. Textos, contextos e instituciones, Buenos Aires, Manantial, 2000, pág. 157-170.

HOLMBERG, Eduardo Ladislao: (a), Carlos Roberto Darwin, Buenos Aires, Establecimiento Tipográfico de El Nacional, 1882.

HOLMBERG, Eduardo Ladislao: (b), "Cómo se refuta el transformismo, doctrina comúnmente llamada darwinismo", Parte II, Diario El Nacional, Buenos Aires, 1-6-1882.

HOLMBERG, Eduardo Ladislao: Dos partidos en lucha, Buenos Aires, Imprenta El Arjentino, 1875.

MONTSERRAT, Marcelo: "Holmberg y el darwinismo en Argentina, en Revista Criterio, Buenos Aires, Año XLVII, N° 1702, 24-10-1974, pág. 591-598.

MONTSERRAT, Marcelo: "La recepción del darwinismo en Argentina: La etapa prepositivista", en Revista Criterio, Buenos Aires, Año XLV, N° 1656, 23-11-1972, pág. 652-656.

PAGÉS LARRAYA, Antonio: "Estudio Preliminar" en HOLMBERG, EDUARDO L., Cuentos Fantásticos, Buenos Aires, Librería Hachette S.A., 1957.

Programa de Trabajos y Reglamento del Congreso Pedagógico de 1882.

TEDESCO, Juan Carlos: Educación y Sociedad en la Argentina (1880-1945), Buenos Aires, Ediciones Solar, 1986.

VARELA, José Pedro; RAMÍREZ, Carlos María: El destino nacional y la Universidad. Polémica, Montevideo, Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos, 1965, Volumen 67, Tomo I.

WEIMBERG, Gregorio: Ley 1420, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, Tomos 1 y 2.

 



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