Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 6 (segundo semestre de 2002)  
number 6 (second semester of 2002)
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Editorial

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Realismo Critico: combinando las ciencias sociales y naturales
para abordar temas medio ambientales

 

Las ciencias sociales y las físicas han abordado y también propuesto soluciones a los numerosos y a veces irreparables cambios ecológicos que han acompañado al crecimiento económico de los siglos veinte y principios del veintiuno. La contaminación del agua, la polución ambiental y la degradación del suelo se han intensificado en las últimas décadas habiendo pasado a ser ingredientes de la sociedad contemporánea. Un tema en particular que ha ocupado a científicos – aunque no continuamente ni tampoco con un constante grado de preocupación – es la contaminación del aire y consecuentemente, sus efectos en la salud de la población. A pesar de avances científicos que nos permiten hoy entender los mecanismos que intervienen en la producción del daño ambiental y de la salud humana, la polución ha persistido especialmente en ciudades, aunque no sólo en ellas, y las enfermedades relacionada a ésta han incrementado. Esto posiblemente nos está indicando que los asuntos medioambientales han sido precariamente entendidos y tratados por los responsables.

Existen formulaciones teóricas y extensa información empírica sobre la ecología, la química y la biología del medio ambiente y de la salud; también se ha estudiado la distribución de enfermedades. Como en otras áreas que han incorporado la preocupación del medio ambiente, un punto crucial aquí es que el estudio de la contaminación atmosférica y de la salud está dominado actualmente por una perspectiva geográfica que se refiere a regiones y que se percibe como un análisis específico de la ubicación de los hechos. Y así vemos los estudo biofísicos epidemiológicos, o la geografía médica. Un problema que ha surgido con esta literatura es que hay poco campo en común entre las distintas perspectivas, las intersecciones son pocas y además no existe un enfoque que pueda abordar el tema en su totalidad. Cuando el tema de la contaminación del aire ha sido abordado como un asunto predominantemente biofísico, con el objetivo sea de explicarlo o de solucionarlo, nos damos cuenta que el problema ha sido demasiado complejo para las ciencias naturales solas. Igualmente, ha resultado difícil para las ciencias sociales evaluar y determinar el problema debido a los compromisos que mueven a las instituciones políticas, a nuestra enraizada alienación de la naturaleza, a las confrontaciones entre lo público y lo privado y al poderoso status del mercado y las inversions internacionales.

La lectura de las publicaciones más significativas acerca de las teorías sobre la salud y la polución urbana contemporáneas revela que sus conclusiones son consecuencia de las metodologías positivistas empleadas. Estas consisten en instrumentos para identificar, medir y controlar las transformaciones biofísicas en la naturaleza y en los seres humanos. Aún cuando reconocemos ampliamente que la información obtenida a través de estos métodos es críticamente importante, la metodología positivista usada por las ciencias que tratan la problemática medio ambiental se han mostrado demasiado limitantes para alcanzar explicaciones profundas. Los enfoques positivistas no miran más allá de los aspectos descriptivos y mecánicos de la relación entre la contaminación del aire y los seres humanos. En el campo sociológico de la salud, gran parte de la investigación se lleva a cabo a partir de una base reduccionista. Esto quiere decir que ella se ha focalizado casi exclusivamente en los cambios en la salud que están ligados a factores socio-económicos de unidades familiares, a las instituciones, o a las características de las zonas de residencia. Sin embargo, no se debiera estimar de menos el valor de estos estudios. Aunque, debido a que son muy focalizados, sus explicaciones constituyen sólo una parte de un análisis completo. Para una apreciación más completa de la actual problemática ecológica en sus aspectos biofísicos, se requiere también abordar el rol que cumplen las estructuras sociales y políticas dominantes, ya que éstas representan un elemento fundamental para los cambios del medio ambiente, a pesar de que han sido por lo general escasamente tenidas en cuenta. Las ciencias sociales como método explicativo de la vinculación entre crecimiento económico y degradación ambiental han sido puestas en tela de juicio por diversos especialistas debido a la limitación de éstas para abordar el tema en su totalidad.

Las principales dificultades filosóficas para la producción de un conocimiento competente, es decir, de un conocimiento que sea políticamente aplicable para el beneficio social, es que la separación entre las ciencias sociales y las naturales es muy profunda pues está fundamentada en modos dualistas o separacionistas de pensamiento. Los dualismos son categorías diferenciadas, p. ej., lo económico y lo moral, lo social y lo físico, lo humano y lo no humano, que organizan al pensamiento, dan forma a la investigación y estructuran también los pensamientos no científicos y el sentido común. Así tenemos lecturas dicotomistas de la misma realidad: una que se basa en teorías sociales y la otra en las ciencias naturales. Limitaciones epistemológicas de este tipo pueden restringir la libertad del análisis, principalmente cuando abordamos nuestro tema de estudio con dimensiones biofísicas y sociales suficientemente estudiadas, pero por separado.

Adicionalmente, se puede señalar que, hasta cierto punto, la investigación sobre la contaminación y la salud indica que los modelos de las ciencias más usados frecuentemente enfatizan y reproducen interpretaciones reduccionistas y ahistóricas de la sociedad. Estos modelos han minimizado los orígenes sociales de los problemas relativos al medio ambiente y a la salud que afectan a la sociedad contemporánea. De esta manera, las creencias ampliamente sostenidas sobre los efectos a corto y largo plazo de la contaminación son necesariamente incompletos, y las alternativas políticas para enfrentarlos se ha comprobado que no son tan efectivas como se esperaba. Una visión del problema solamente en parcelas y no participativa, es decir, que excluya las opiniones de los directamente afectados, estará destinada a producir resultados similares a los anteriores, y a pesar de que estén correctamente diseñados, seguramente atrasarán la implementación de medidas que faciliten un mejoramiento sostenible de la calidad del aire.

Aparte de fomentar lazos entre las ciencias y la participación activa de los que proveen información necesaria, el estudio del medio ambiente y su influencia en la salud se verá beneficiado si se trascendiesen las restricciones del ahistoricismo inherente en los estudios empíricos. Por otro lado, las teorías abstractas solas pudiesen causar dificultades en la implementación política. Por lo tanto, en vez de un conocimiento parcelado, la confección de un correcto diagnóstico de cada caso particular, combinado con una perspectiva histórica política, se puede conseguir si se emplea una posición realista y también crítica: Realismo Critico, en terminos metodologicos. A diferencia del positivismo, el realismo crítico se fundamenta en la observación de eventos tanto que son visibles como los menos o los no visibles, es decir la observación de procesos socio-estructurales e históricos y mecanismos políticos que también dan origen a las condiciones presentes de la sociedad. El realismo crítico nos prermite reconocer el poder de todos estos procesos para causar los eventos ambientales por los que métodos cuantitativos y cualitativos son usados para evaluarlos. En la práctica, sin embargo, esta epistemología no ofrece un modelo único o especial de investigación . En la práctica, debe reconocerse que los fenómenos biofísicos y sociales convergen, y es por lo tanto necesario valerse de un enfoque multidisciplinario, pero que esté informado políticamente y que se vea enriquecido por la información participativa.

JUDITH CHERNI    
Comité Editorial    

  

Editorial

 

Crirtical Realism: the social and physical sciences on growing
environmental degradation – Empirical or theoretical work?

 

The social and physical sciences have been instrumental to approach and also to suggest solutions to the unwanted and, in many cases, irrevocable changes on the environment that have accompanied the continuous economic development in the twentieth and the beginning of the twentieth-one centuries. Water contamination, air pollution and soil degradation have intensified and have now become ingredients of contemporary society. A subject that has particularly occupied scientists over time - although neither continually nor with a sustained degree of preoccupation - is the contamination of the air and subsequently, the effects it imposes on the health of the population. Despite that remarkable advances in the sciences have enabled the understanding of the mechanisms that intervene in producing environmental and health damage, air pollution has persisted in the urban and other skies, and air pollution diseases have been on the rise. This is possibly indicating how precariously the environmental issues have been approached and dealt with by those responsible.

There exists a wide range of useful theoretical formulations and empirical analyses on the ecology, chemistry and biology of the environment and health. There is also a vast literature on sociology of health factors that are associated with the chances of contracting illness and on the parameters of disease distribution and on the importance of place as a factor for contracting diseases. As in other fields that also engage a preoccupation with the environment, a crucial point here is that the study that comprises the environmental health agenda has presently come to be dominated by underlying geographical perspectives that are regionally constituted and perceived as an analysis of location-specific deployment patterns. These have usually been ascribed to the fields of epidemiology and medical geography. A problem that has emerged with the literature is that there is little common ground among such perspectives, the intersections are few, and no single approach addresses the enquiry in its totality.

When the issue of air pollution has been approached as a predominantly biophysical subject, with the objective either of explaining or solving it, it has proved very complex for the natural sciences. Equally, the issue has proved difficult for the social sciences to evaluate and fix due to the commitments underlying our political institutions, our entrenched alienation from nature, private-versus-public confrontations, and the powerful status of the market and international investment.

Reviewing the current state-of-the-art of theoretical modes of analysis of contemporary urban pollution and ill health shows that the essential information revealed in the sciences originates in positivist methodologies. These consist of tools to identify, measure and control the biophysical transformations in nature and in human beings. Even though we fully acknowledge that the information obtained by these methods is critically important, the methodological positivism of the relevant sciences proves very narrow for achieving thorough explanations. Positivist approaches do not look beyond the descriptive and mechanical aspects of the relationship between air pollution and ill health. On the sociology of health front, much of their research is carried out on a reductionist basis. It has focused almost exclusively on health changes in relation to the effects of either household socio-economic circumstances, care institutions, or the characteristics of the living area. However, one should not underestimate the value of these studies. Yet, because they are very focused, their explanations constitute only a part of a complete analysis.

A more comprehensive appreciation of the bio-physical problem that poses the current condition of the environment also requires an enquire into the prevailing social and political structures the but this has been generally overlooked. Yet, the role of the social sciences in explaining the linkages particularly between both economic growth and environmental degradation has come under increasing scrutiny from many authors due to the social sciences' inadequacy for the task. Principal philosophical difficulties for producing competent knowledge, that is, one which can be politically implemented for social benefit, are that the foundations of the separation between the social and the natural sciences, based as these are on dualistic or separationist modes of thought, go very deep. Dualisms are in a very important respect organizing categories, both shaping scientific thought and research, and structuring everyday non-scientific and commonsense contexts of thought. We have thus a dichotomous understanding, one based on social theory, the other on natural science. Epistemological limitations of this type can restrict the freedom of analysis particularly when approaching our subject with well-defined biophysical and also social dimensions.

Additionally, it can be pointed out that to certain extent research on pollution and health indicates that most available research models have often emphasized and reproduced reductionist and also ahistorical views of society. These have minimized the social origins of environmentally related health problems that afflict contemporary society. In this manner, widely held beliefs about the short- and long-term effects of hazardous environments are necessarily incomplete and the political alternatives for dealing with them have turned out to be not as effective as might have been expected. It is argued that a "disintegrated" view of the problem, and a non-participatory approach that excludes people from the analysis, will be doomed to produce results similar to previous works and hence will delay implementation of measures to bring sustainable improvement in the quality of urban air.

Any environmental study will benefit if we attempt to transcend the restrictions of ahistoricism inherent in current empirical fieldwork. On the other hand, abstract theoretical notions alone may cause difficulties for actual political implementation. Therefore, instead of partial knowledge, opting for a more realist and also critical view as developed in the methodology of ‘critical realism will enable a more comprehensive diagnostic of each particular envronmental situation, with the incorporation of a historical and political perspective. Different from to positivism, a critical realist study implies the examination of both observable and non-observable events, that is, the underlying processes of causality in society. A useful principle of critical realism is that to establish knowledge we also need to recognize the power of things to cause events and ways of acting. It recognizes the domains of mechanisms and processes of the events and experiences where methods for quantification and qualification to assess the environmental events are employed. In practice, critical realism does not offer one particular model of research. An interdisciplinary and participatory perspective on the subject is thus necessary. There are important lessons to be learned from the natural and social sciences, from an interpretation of the political priorities and economic forces at play, and from the say of the public. Comprehensive and politically informed knowledge of this type will be important to improve situations where biophysical and social phenomena converge.

JUDITH CHERNI    
Editorial Committe    


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Theomai is a word of greek origin wich means: to see, to contemplate, to observe, to understand, to know

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