Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 7 (primer semestre de 2003)  
number 7 (first semester of 2003)
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Reseñas / Book Reviews


 

Sarewitz, D; Pielke Jr, R.A.; Byerly Jr. R.
Prediction, Science, Decision Making and the Future of Nature
Island Press. Washington, D.C. Covelo, California, 2000. ISBN 1-55963-776-5. P.405

Guillermo Foladori
Center for Science, Policy, and Outcomes; Columbia University, USA
(gf2102@columbia.edu)


La predicción es uno de los objetivos de la ciencia. Es conocida la anécdota contada por Aristóteles de que Thales de Mileto predijo una abundante cosecha de aceitunas, y monopolizo las prensas de Mileto para aprovecharse económicamente de los futuros bajos precios. Con ello Mileto respondía a los críticos que veían en sus estudios astronómicos solo especulación inútil. El mercado de productos agrícolas a futuro es un negocio lucrativo del ámbito mundial, y hoy en día muchos de las cuestiones ambientales de nivel planetario se han convertido en objeto de especulación científica y de predicciones. Se especula sobre si el calentamiento global de origen antrópico es el causante de disturbios atmosféricos agravados, como los efectos de el niño; o si el nivel medio de los océanos aumentara en 15 centímetros o en 90 en el correr de este siglo.

Los editores de este libro comienzan cuestionando tanto la validez de las predicciones como la correspondencia que normalmente se establece entre los resultados de esas predicciones y la acción política tomada. Con las mejores intenciones, el Sistema de Seguridad Social de los Estados Unidos encomendó estudios poblacionales para prever sus necesidades a futuro. En el año de 1983 se tomaron las medidas políticas (impuestos) necesarias para que el sistema pudiese absorber los cambios futuros. No obstante, en 1998 se mostró que las estimativas habían errado en un 33%. Este ejemplo al pasar muestra la debilidad de que las políticas públicas descansen en predicciones científicas. Pero, el hecho concreto es que el ser humano necesita predecir para poder planificar el futuro, de otra forma tiene que adaptarse a los cambios. Ambas alternativas son normalmente complementarias, ya que no siempre es posible predecir con exactitud o en toda la magnitud del fenómeno, y es necesario adaptarse. Los editores reunieron diversos autores para escribir sobre la predicción en relación con los problemas ambientales en sus diferentes ámbitos científicos

El libro cuenta con 17 capítulos, sin contar las conclusiones, y abarca diversas ciencias y ámbitos, como, el clima, las inundaciones, los fenómenos celestes, los terremotos, lluvia ácida, y muchos otros. Pero, lo que tienen de común todos los capítulos es mostrar que la predicción no siempre facilita la toma de decisiones políticas e inclusive las puede complicar. En ese contexto el libro resulta sumamente atractivo y crítico. Y, aunque la mayoría de los capítulos están escritos desde y se refieren a las ciencias físico-naturales, hay un capitulo específico sobre las ciencias sociales, además de varios con referencias explícitas, y resulta provocador para los cientistas sociales. Pero lo que es más interesante es la crítica a la supuesta necesidad de más conocimiento para actuar políticamente. En un capítulo de sistematización teórica de la relación entre la predicción científica y las políticas públicas, Sarewitz y Pielke Jr., identifican seis enunciados que resumen la relación entre las predicciones y las políticas.
El cuadro a continuación resume esos enunciados y establece su conexión con los capítulos donde el tema es tratado

Principio Capítulo-tema
1. Fenómenos o procesos de interés directo de los políticos no son fácilmente predecibles en escalas geográficas o tiempos que sirvan de alguna utilidad. Como el optimismo surgido décadas atrás en las previsiones de los terremotos, lo que luego mostró su fracaso Cap. 7. Predicting Earthquakes
2. Un ajustado conocimiento de los fenómenos puede no ser necesario para responder a problemas socio-económicos creados por esos fenómenos. Mitigar los efectos de los huracanes, por ejemplo, no depende de su mejor predicción Cap. 4, 5, 12. Short term weather prediction. Flood prediction. Predicting modeling on acid rain.
3. La acción política debe, en muchos casos, ser diferida de la información predictiva. Sin necesidad de esperar resultados inciertos o sin una temporalidad fija posible. Cap. 13, 10. Predicting and observing groundwater movement at a proposed nuclear waste site. Prediction and other approaches to climate change policy
4. La información predictiva puede ser mal usada, o manipulada debido a las incertidumbres y controversias asociadas. Cap. 8, 9. Predicting the behavior of nourished beaches. Water quality predictions in mining impact studies.
5. Los progresos en el conocimiento científico no necesariamente se correlacionan con avances en la toma de decisiones. Los criterios para la toma de decisiones políticas no son iguales a los que buscan el conocimiento predictivo. Inclusive nuevos resultados de las predicciones pueden generar conflictos políticos imprevistos Cap. 11, 13. Oil and gas resource appraisal. Diminishing reserves, increasing supplies. Prediction and other approaches to climate change
6. El énfasis en la predicción puede desplazar recursos financieros e intelectuales de otras áreas más susceptibles de ayudar en la toma de decisiones políticas. Cap. 14. Alternatives to prediction

El libro incursiona en un tema de gran relevancia, que es el de la relación entre el conocimiento científico y las políticas que utilizan o pueden utilizar dichos resultados. La orientación va contra aquellos que piensan que un conocimiento más profundo facilita o es requisito para tomar decisiones mejores o más ajustadas a las necesidades. Muestra que existe una gran distancia entre los resultados de la investigación científica y las actitudes que pueden ser tomadas en materia de políticas públicas. Distancia tanto técnica (temporal y espacial), como práctica en la medida en que la política y la ciencia, tienen diferentes necesidades y fuerzas que la guían. Pero el libro no incursiona más que marginalmente en cómo los diferentes intereses sociales y económicos condicionan el tipo de investigación científica y su resultado. En materia de cuestiones ambientales esto es muy significativo. Allí está el caso de las investigaciones sobre organismos genéticamente modificados, donde la orientación o tipo de investigación, que depende de intereses económicos en juego, puede llevar a resultados de lo más diversos. Así la política ambiental de los Estados Unidos acepta la utilización de los transgénicos sobre la base de la equivalencia esencial en términos químicos, lo que puede ser criticado desde una perspectiva ecológica o de la biología evolutiva, pero la elección del camino científico está, ciertamente, determinado por los intereses sociales y económicos en juego. Lo mismo puede decirse de las investigaciones sobre el genoma humano, cuyas posibles previsiones, aún cuando ciertas, no pueden dejar de responder a los intereses de aquellas corporaciones de la industria química-farmacéutica que está por detrás de los posibles resultados. De manera que hay un séptimo enunciado no tratado en el libro que dice que las relaciones de propiedad sobre los fenómenos en estudio —que se manifiestan como relaciones de mercado— establecen la unión entre el conocimiento científico y las prácticas políticas, influyendo tanto unas como otras, tanto en la elección del objeto de estudio, como en el método utilizado y en sus productos.

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Bertrand, Michel et Marin, Richard (Directeurs)
Écrire l’histoire de l’Amérique latine, XIX-XX siècles,
CNRS Éditions, Paris, 2001, 206 pp. e índices.


Darío G. Barriera
(Universidad Nacional de Rosario y  CONICET, Argentina)

 

Durante 1996, se celebró en Salamanca el Primer Congreso de latinoamericanistas organizado por el Consejo Europeo de investigaciones sobre América Latina (CEISAL), institución creada en 1969. El libro que tenemos entre manos es en buena parte fruto de este proyecto (revitalizado desde la asunción de la presidencia del CEISAL por Romain Gaignard en 1995, también presidente de la Universidad de Toulouse) y del esfuerzo realizado por el Groupe de Recherches sur l’Amérique Latine, de la misma Universidad. Michel Bertrand y Richard Marin, promotores y coordinadores del producto editorial, animaron a algunos de los participantes del evento a retomar sus intervenciones que en el volumen aparecen acompañadas de otras contribuciones solicitadas con el objeto de "...prolonger la réflexion alors engagée sur la place et les caractères originaux de l’historiographie latino-américaine élaborée au cours des XIXe et XXe siècles." (p. 13) Pretensión que, puede adelantarse ya, el libro satisface con una cobertura espacial y temática acorde al formato.

Cuatro historiadores franceses, tres venezolanos, dos mexicanos, un argentino y un brasileño ofrecen sus textos que, precedidos por una introducción que combina bien descripción de contenidos y planteo de problemas, suman una docena de capítulos que sugieren pensar la historiografía latinoamericana como proceso y como problema.

El volumen persigue como objetivo contribuir a la roturación del campo de la investigación americanista desde cuestionamientos nuevos, escogiendo como los siglos XIX y XX como un periodo "...soucieux précisément d’offir de nouvelles réponses aux divers problèmes..." (p. 12), durante el cual fragua, además, el oficio de historiador en Europa y América. Las problemáticas planteadas pueden dividirse en dos grupos: el primero se refiere al proceso histórico marcado por la irrupción de América en la cultura europea (algo que habitualmente es leído exactamente al revés). Esta "...irruption brutale et inattendue..." es relacionada por Bertrand y Marin con la producción de conocimiento: el histórico, aseguran, fue construido principalmente por los vencedores europeos y tuvo como objeto primordial "...intégrer a tout prix ce monde nouveau à l’univers judéo-chrétien." (p. 6). El segundo grupo de problemas podría rotularse bajo la etiqueta de la "originalidad americana". La singularidad civilizatoria de los espacios americanos, tributaria sin duda alguna del violento proceso abierto con la invasión y conquista de una Europa que buscaba superar estructuralmente una nueva crisis feudal, incluye originalidades subsidiarias, cuyas líneas maestras la constituyen el proceso de construcción histórica de un "mundo nuevo", los usos de la historia escrita por los vencedores en contextos coloniales y postcoloniales y el mestizaje como impacto desestabilizador más destacado del fenómeno colonial.

Estas problemáticas sostienen entre sí una vinculación íntima. La posición de estos latinoamericanistas europeos no es tributaria ni del credo del victimismo americano ni de la ideología de la mala conciencia europea: su principal virtud reside en la construcción de una posición situada que no ignora las coordenadas culturales desde la cual proponen la lectura. El proceso de occidentalización de América fue exitoso: el actual paisaje del continente es una prueba contundente. Pero señalar con fuerza y desde el comienzo que la integración se propulsaba desde y hacia un judeo-cristianismo que se pretendía universal, implica que se ha tomado debida nota del rasgo que, junto con el uso de la fuerza física y la introducción de una nueva ecología de la producción, domina el proceso en su conjunto.

Aunque el conjunto abona la discusión de dos grandes grupos de problemáticas, el libro está estructurado en tres partes (las historiografías nacionales, historia e identidades e influencias cruzadas). En la primera, un trabajo de Pierre Vayssière sobre el hispanismo de Jaime Eyzaguirre en pleno siglo XX chileno queda atrapado en el marco dominante de las miradas sobre el caso venezolano, sobre las cuales voy a detenerme con el propósito de discutir algunos de sus planteamientos.

Pedro Calzadilla quita un ladrillo importante del muro de certezas absolutas: la unicidad de las interpretaciones pro-hispanistas o anti-hispanistas del periodo postcolonial venezolano no le parece evidente de suyo. Bien al contrario, los discursos historiográficos del siglo XIX beneficiaron la construcción de historias acordes a la nueva situación, tributaria del discurso político inmediatamente posterior a la independencia. Ubicando su reflexión en la historia de "batallas culturales", el autor demuestra que la confección de nuevas imágenes de España trazadas por las élites venezolanas poscoloniales, son contradictorias, pero no "esquizofrénicas". La dicotomía "historiografía liberal / conservadora", importada de la realidad europea, no es operativa cuando se pretende encuadrar en ella relatos que no responden a la matriz originaria. La sensibilidad historiográfica y cultural, afirma Calzadilla, originó el trazado de las "pasarelas" necesarias hacia un pasado que no podía ser vacío ni completamente negativo. Reinventar el pasado colonial era una tarea mucho más compleja que la composición de la imagen de una España-madre buena o mala. Esa reinvención tributó mucho más a la "sed de antigüedad", insustituible para saciar la necesidad identitaria del origen, que a la creación de un catálogo de perversidades infringidas por España a la vieja América. Este trabajo podría continuarse: si las articulaciones entre la dicotomía europeizante y la producción historiográfica del temprano siglo XIX no son satisfactorias, el lector deberá bucear en otros trabajos del autor –quizás en su tesis– para, por ejemplo, encontrar relaciones políticas a nivel local que aporten elementos a escala americana de los vínculos existentes entre quienes libraban estas batallas culturales al interior de los discursos historiográficos.

Si de discutir el pasado colonial para establecer los rasgos identitarios de la nueva nación se trata, el proceso de escritura de sentido parece haber agotado su veta en la segunda mitad del siglo XIX. El trabajo de Ramón Aizpurúa vuelve retoma el tema a partir de una historiografía contemporánea que, afirma, protagonizó una renovación limitada. Lo más discutible de la propuesta de Aizpurúa son sus supuestos iniciales y su conclusión, que encapsulan un desarrollo sólido y sesudo. Tras inventariar libros y artículos recientes sobre el periodo colonial en Venezuela, el autor ubica los "polos de investigación" histórica creados desde la segunda mitad de los 1950s en las universidades venezolanas y señala atinadamente que poco después "...dans les études pédagogiques, la spécialisation en histoire commença à avoir sa place" (p. 85). Esta situación multiplicó el número de historiadores formados en o cerca del métier histórico, pero acarreó al menos dos procesos asociados: un cambio en el origen socio-político de los nuevos miembros del oficio y el ejercicio de la investigación a tiempo compartido con la docencia. Este nuevo perfil profesional de los historiadores venezolanos, afirma Aizpurúa, impactó negativamente en el volumen de la producción (respecto del ensanchamiento del número de miembros y en la reducción de la extensión del tipo de trabajo producido) y también en la calidad de la misma. La renovación, afirma, fue un sucedáneo de la formación de profesionales en el exterior y, a nivel temático, por el impacto de la espacialización de los estudios históricos, cuya más vital expresión la componen los estudios de historia regional. Aizpurúa vincula esa línea de investigación con iniciativas promovidas desde el Estado: el proyecto encarado en los años 1980s por el Ministerio de Educación para "personalizar" los estudios sociales en la educación básica originó la producción de "historias oficiales" de cada una de las regiones venezolanas. Cabe acotar que este proceso se dio en toda América Latina y que su principal consecuencia fue hacer estallar las historias nacionales en más de lo mismo: pequeñas historias regionales o provinciales, según el caso, no siempre atentas a la reflexión sobre la naturaleza epistemológica de la categoría de "región".

Quienes impulsaron una producción de trabajos menos sensible a los requerimientos de un mercado fresco que a la búsqueda de una calidad historiográfica fueron los jóvenes animadores de Tierra Firme, expresión no estatal del movimiento de renovación que, en las universidades, encontró sus interlocutores en los nuevos "centros de estudios regionales", donde trabajaban muchos de los colegas que elegían publicar en Tierra Firme los resultados de sus encuestas. En lo que respecta al periodo colonial, y aunque la renovación parece haberse dado sobre todo en el campo de la historia de las élites, de las mentalidades y de la mencionada historia regional, Aizpurúa asegura que fue insuficiente. La situación editorial sobre la temática colonial en la historiografía venezolana reciente es calificada como de "una pobreza desoladora", mientras que el panorama presentado sobre la renovación en general es francamente apocalíptico. Aizpurúa es muy severo con la producción de la que es partícipe: para él, la historiografía "tradicional" no fue superada por la "reciente" porque no hay trabajos de calidad y, sobre todo, porque no se han escrito síntesis como las que aquella producción legó. Pero si ha cambiado la extracción social de los historiadores y el perfil de la producción, la naturaleza de la síntesis que reclama Aizpurúa también ha cambiado.

El trabajo de Inés Quintero, por su parte, aborda la relación entre la escritura de la historia y la construcción de las naciones —como se dijo uno de los dos ejes vertebradores de este volumen. Propone una taxonomía del legado historiográfico apoyada en géneros que clasifican escritos de diverso tipo, incluyendo algunos normalmente relegados por la historia de la historiografía. La autora introduce el problema de la tarea de los compiladores de documentos y productores de testimonios del siglo XIX (p. 70) como tema de la historia de la historiografía, argumentando que aquellos, abonando concientemente el terreno para quienes luego se encargarían de escribir historia, conformaron el sustrato de la historiografía venezolana. La última parte del trabajo encara el estudio de la institucionalización de la disciplina en cátedras universitarias y la Academia Nacional de la Historia, tema que forma parte de una agenda compartida por otros colegas de diferentes países.

La segunda parte del volumen (historia e identidades nacionales) presenta tres ensayos. En el primero, Milton Carlos Costa consagra algunas páginas a Joaquim Nabuco y los aspectos católicos de su apología del Imperio publicada en pleno perido republicano (1889), lo que complementa bien el que cierra esta sección, redactado por Richard Marin. La estrategia exhibida por Marin en su estudio sobre la aparición de lo afro-brasileño en el campo de las ciencias sociales trasunta, igual que la de Aizpurúa, gran fineza; pero no lo conduce al muro de los lamentos. Al contrario, el texto de Marin, narra un recorrido antitético al del venezolano. El artículo abre con unos párrafos alarmistas escritos por Silvio Romero en 1888 y desanda el camino de la indiferencia de la ciencia y de la sociedad brasileña respecto de sus "raíces africanas". El sueño decimonónico de un "futuro blanco" recibe una estocada fuerte de la mano de los trabajos de Nina Rodrigues, primero en estudiar científicamente la cultura africana en Brasil, quien se consagró a inventariar rigurosamente los orígenes etnográficos de los esclavos llegados, la preservación de su memoria, el conocimiento de su "psicología social" y su aporte a la construcción de una identidad nacional. Sus estudios sobre los negros de Bahía no vieron la luz sino hasta 1932 y constituyen todavía un marco de referencia. El inventario se completa con la figura de Gilberto Freyre, cuyo Casa Grande e Senzala, publicado un año después que el trabajo de Nina Rodrigues, colocó a su autor inmediatamente en un primer plano. Marin subraya que en vísperas de la Segunda Guerra mundial, los estudios afrobrasileños habían conseguido lanzarse e instalarse en un panorama intelectual que, una decena de años atrás, le era hostil. El autor concluye que en la actualidad, el elemento africano de la matriz identitaria brasileña no sólo parece ya fuertemente instalado en la discusión científica, sino también vindicado en el proceso de construcción de una memoria cada vez más tributaria de sus raíces étnicas antes negadas. Esta sección se completa con el artículo que Eugenia Roldán Vera consagra a los orígenes de la enseñanza de la historia nacional en México a través del análisis (desde el punto de vista del contenido) de 30 manuales escolares publicados entre 1852 y 1894. Nos indica que, si bien esos textos no presentaban homogeneidad en la mirada sobre el pasado, estaban atravesados de todos modos por un propósito conciliador en torno a algunos episodios dolorosos del pasado nacional así como por la intención de producir un "efecto de simpatía" sobre el presente.

La tercera y última parte, montada sobre las influencias cruzadas entre Europa y América Latina, se abre con un ensayo en el cual Michel Bertrand saca a la luz el papel decisivo jugado por el abate Charles Étienne Brasseur de Baubourg como uno de los "redescubridores" científicos de las culturas prehispánicas (sobre todo la maya). Ubica y pondera su contribución en el marco de su propio contexto historiográfico, considerándolo como un verdadero activista del americanismo naciente a mediados del siglo XIX (164); el abate cobra toda su dimensión no sólo por haber puesto en evidencia la importancia del conocimiento de las civilizaciones negadas o ignoradas, sino también a partir del rescate que de sus hipótesis realizaron otros científicos, como Florentino Ameghino o Alex Hrdlicka. El trabajo de Cagni Punset sobre la relación de Quesada con la filosofía de la historia de Spengler cierra con una anécdota casi paradójica que abre una veta interesante de ser explorada. Resalta en el final del trabajo el hecho de que la biblioteca de Vicente y Ernesto Quesada acabara formando el fondo inicial del Ibero Amerikanische Institut de Berlin, después de que la Universidad de Buenos Aires y la Biblioteca Nacional hubieran rehusado acogerla por problemas de "espacio"; este hecho pone en el tapete el rol que la desidia y los problemas estructurales de las instituciones culturales juegan, finalmente, de cara a ciertos aspectos que conciernen al desarrollo de una historiografía. El artículo de Denis Rolland muestra los alcances y los límites de un intento de crítica al discurso liberal decimonónico sobre América Latina. Si Febvre propuso en 1929 abordar desde los Annales la América del Sur como un campo privilegiado, no escapó a la reproducción del modelo "civilización / barbarie", continuando la línea de interrogaciones sobre América que conllevaban finalmente el propósito de escribir la historia de Europa. Rolland destaca los límites de la renovación annaliste en este plano; igual que Vayssière, el autor echa mano del recurso a la cuantificación para procesar información historiográfica y repone, como aquél, la cuestión de discusión sobre la denominación del conjunto "latinoamericano". Finalmente, el trabajo de Aguirre Rojas, ya conocido para los lectores hispanohablantes, recupera un fragmento poco frecuentado de la biografía intelectual de Fernand Braudel, exhumando documentos que muestran, de acuerdo al testimonio del historiador francés, de qué manera su estancia en Brasil modificó sus puntos de vista sobre la historia sin más.

Para los coordinadores de este volumen la producción de conocimeinto, de imágenes sobre el pasado y sobre todo de historiografía, responde sobre todo (aunque no solamente) a los combates librados en torno a las construcciones identitarias. Así, el grado de incardinación entre historiografía y política es subrayado como una propuesta central a la hora de hacer historia de la historiografía. Y es éste un acierto muy fuerte de la introducción (honesta cuando afirma que la reflexión epistemológica sobre la escritura de la historia del mundo latinoamericano es aun balbuceante), dado que los vínculos entre producción de conocimiento y la arena de toma de decisiones vinculantes, constituyen quizás una de esas duras tierras que espera ser roturada. Con este libro, los coordinadores encararon la tarea de comenzar a dar algunas respuestas sobre cómo se ha escrito la historia de América Latina y reunieron trabajos que ofrecen reflexiones y respuestas. Con ellas, el camino está abierto para la discusión de estos y otros supuestos y, sobre todo, invitan a la confección de una agenda espacialmente más amplia. Los trabajos en marcha en diversos centros por toda América Latina son un buen síntoma, y señalan que el interés por la escritura de nuestras historiografías nacionales es considerado desde hace algunos años un ámbito legítimo y legitimado de la producción historiográfica. Este volumen confirma el rumbo y puede afirmarse que satisface la pretensión de sus compiladores, conformando una contribución indispensable a la roturación del campo.

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Marx verde?

Burkett, Paul
Marx and Nature. A red and green perspective
St. Martin´s Press, New York, 1999. ISBN 0-312-21940-7. 312 pp.

Guillermo Foladori
Center for Science, Policy, and Outcomes; Columbia University, USA
(gf2102@columbia.edu)

 

La reivindicación de una relación más armónica entre la sociedad humana y la naturaleza parece ser una novedad del último tercio del siglo XX, al menos desde la época moderna. La gran mayoría de ambientalistas consideran que fue el industrialismo que generó una consciencia de dominación destructiva sobre el medio ambiente, y sólo como resultado de serios y amplios problemas ambientales manifiestos a partir de los sesenta del siglo XX se comenzó a generar una conciencia ambiental crítica y comprometida. Según esta versión, que es la más común, hasta los críticos más acérrimos del sistema capitalista, como Max y Engels compartieron la visión prometeica y destructiva de la naturaleza. Varios eco-marxistas apoyan esta versión y sostienen la necesidad de mejorar o corregir el materialismo histórico con un enfoque ecológico. Por cierto que esta interpretación del pensamiento marxista fue varias veces contestada por varios autores en artículos de revistas, pero siempre de forma parcial.

El libro de Paul Burkett es una respuesta exhaustiva a estas interpretaciones. Mediante una prolija exposición de la relación entre el pensamiento marxista y la problemática ambiental llega a tres conclusiones. Primero, que el método de Marx, el materialismo histórico, contiene una teoría de la coevolución sociedad-naturaleza que lejos de desmerecer el papel de la naturaleza en la evolución de la sociedad, permite entender sus interrelaciones. Segundo, que la aplicación de dicho método al sistema capitalista, plasmado en su principal obra El Capital y en otras secundarias, explica por qué y cómo el sistema capitalista lleva intrínseca la tendencia a considerar a la naturaleza sólo en tanto mercancía que puede generar lucros privados, y no como una riqueza en sí y parte del bienestar de la sociedad humana. Y, tercero, que la superación del sistema capitalista por una sociedad de productores asociados —objetivo de toda la actividad política e intelectual de Marx— lleva a extender la responsabilidad social a una responsabilidad por la naturaleza externa, en tanto acaba con la separación de los productores respecto de sus condiciones naturales de vida, y la objetivación en dinero de la naturaleza y todo producto del trabajo humano.

De esta manera, el libro de Burkett responde a las tres críticas más comunes realizadas a Marx: a) que Marx tiene una visión productivista o prometeica a partir de la cual el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas permitiría solucionar cualquier barrera natural. También el comunismo sería visto como una extensión y racionalización de la dominación del ser humano sobre la naturaleza. De allí que tanto capitalismo como comunismo muestren un antagonismo inevitable entre humanidad y naturaleza. b) que el análisis de Marx del capitalismo excluye o desmerece la contribución de la naturaleza a la producción. Esto se aplicaría, especialmente, a la teoría del valor-trabajo. Y, c) que la crítica de Marx a las contradicciones del capitalismo nada tienen que ver con la naturaleza o con las condiciones naturales de producción. Cada una de estas críticas es desmontada por Burkett con amplias referencias documentales. Pero, la importancia del trabajo de Burkett no es sólo, ni principalmente, la reivindicación del papel de la naturaleza en el pensamiento marxista. Un tercio del libro está dedicado a mostrar la utilidad de la interpretación marxista para entender la crisis ambiental contemporánea, así como los requerimientos socioeconómicos para una saludable y sustentable coevolución entre la sociedad y la naturaleza.

El libro está dividido en tres secciones. La primera, Naturaleza y materialismo histórico incluye, a su vez, cuatro capítulos. En el primero, muestra cómo la mayoría de las reivindicaciones metodológicas contemporáneas para el análisis de la relación sociedad naturaleza, como la combinación de los aspectos materiales y ecológicos con los sociales, o el carácter holista de la interpretación y las interrelaciones múltiples, ya estaban contempladas en la metodología de Marx. En el segundo capítulo, Burkett analiza la forma en que la naturaleza es considerada por el materialismo histórico. Para la sociedad humana —según Marx— la riqueza es resultado de "a process in which both man and nature participate". Pero no sólo la naturaleza externa forma parte de la riqueza humana, el trabajo mismo que actúa como mediación es, también, naturaleza. Con estas anotaciones Burkett ya rebate muchas de las críticas vulgares al marxismo. Y, lo que es más importante, muestra cómo la separación de la sociedad respecto de su naturaleza externa no es un hecho dado sino un resultado histórico. Lo que requiere explicación es precisamente la separación del trabajador de sus condiciones naturales de vida, forma que adquiere su máxima expresión con el capitalismo. De esta manera las constricciones naturales, las barreras naturales al desarrollo, o los hoy llamados límites naturales están, al decir de Burkett "shaped by social relations". El tercer capítulo, "The natural basis of labor productivity and surplus labor" muestra cómo la base de cualquier excedente productivo es un grado de fertilidad o productividad natural que posibilite dicho excedente. De esta forma y siguiendo a Marx, Burkett afirma que el proceso de producción va más allá del proceso de trabajo. Marx no reduce toda la relación con la naturaleza al proceso de trabajo como vulgarmente se dice, sino que incluye a este último dentro de un proceso más amplio que es el de producción, y donde puede darse el caso de que la naturaleza actúe sin la participación humana, creando riqueza para la sociedad, como en el caso del crecimiento natural de los seres vivos, de la fermentación de la uva en la fabricación del vino etc. Una vez más, el argumento de que para Marx la naturaleza se reduce a ser objeto del trabajo es contestada por Burkett de una manera elegante y contundente. Para terminar la primera sección, el capítulo cuatro analiza cómo la fuerza humana de trabajo no puede ser considerada aparte de la naturaleza, sino que ella es, en sí misma, naturaleza, con sus limitaciones y constricciones físico-materiales. Marx considera a ésta fuerza social humana una fuerza natural modificada a través de la historia —"all natural forces of social labour are themselves historical products".

El tema de la segunda sección del libro es explícito en su título: Nauraleza y Capitalismo. Los seis capítulos que contiene están dedicados a mostrar la peculiar relación entre la sociedad y la naturaleza que se establece con el regimen capitalista de producción. Comienza con la separación de la humanidad de su naturaleza externa como un producto histórico que llega a su forma más distante en el capitalismo. Siendo el móvil del sistema la generación de dinero y ganancia, la separación entre la sociedad y la naturaleza conlleva la degradación de toda la naturaleza y la gente a condiciones para la generación de dinero y lucro. El resultado de la expansión de las relaciones capitalistas es que el capital pasa a apropiarse gratuitamente de las condiciones naturales. Esta es una característica del sistema capitalista. Marx muestra cómo se realiza esta apropiación gratuita y por qué no es una condición genérica de la humanidad, sino exclusiva del capitalismo. Burkett aborda esta monetarización del medio ambiente a través de las tres categorías básicas del capitalismo: la mercancía, el dinero, y el capital. A partir de la primera contradicción de la sociedad capitalista, presentada por Max en el primer capítulo del tomo I de El Capital, esto es, la contradicción entre valor de uso y valor, Burkett desarrolla su argumentación mostrando cómo las relaciones capitalistas llevan a subsumir el valor de uso en el valor, lo cual conlleva a las frecuentes crisis de sobreproducción y desperdicio. Cuando esta subsunción del valor de uso se analiza en función del dinero las consecuencias son aún mayores, ya que genera el imperativo de los resultados monetarios inmediatos, desinteresándose por los ciclos naturales que están por detrás de la relación monetaria. Además, el móvil de la producción deja de ser la satisfacción de las necesidades para convertirse en un aumento cuantitativo del lucro monetario.

El capítulo ocho de la segunda sección está dedicado, por entero, a responder a las críticas más comunes —aunque esto Burkett ya lo venía haciendo en los capítulos anteriores y lo seguirá haciendo en los posteriores—. Allí responde a comentarios de autores como Skirbekk, Orton, Carpenter, Benton, y antes lo había hecho con O´Connor.

Por último, y contra la versión vulgar de que Marx no se interesa por la naturaleza en su teoría del valor, Burkett muestra como la teoría de las crisis de Marx incorpora plenamente la cuestión natural. Nuevamente, la contradicción entre valor de uso y valor se presenta ahora como contradicción entre producción artificial y condiciones naturales. El siguiente párrafo tomado de El Capital es elocuente:

"It is in the nature of things that vegetable and animal substances whose growth and production are subject to certain organic laws and bound up with definite natural time periods, cannot be suddenly sugmented in the same degree as, for instance, machines and other fixed capital, or coal, ore, etc. .."

Burkett muestra que la sociedad capitalista lleva al extremo la contradicción entre la proporcionalidad material cuantitativa y cualitativa necesaria para la reproducción de la sociedad y el valor de los productos que guian la producción y que se homogeneizan en precios que no respetan proporcionalidad alguna. Por ello, la crisis de acumulación capitalista debe ser entendida, también, como una crisis ecológica.

Es, además, una crisis ecológica la que surge como resultado de la calidad del desarrollo social, lo que hoy en día se llama sustentabilidad social. La profundización de la división campo-ciudad, con los problemas ambientales que acarrea, la explotación del trabajo infantil, la prolongación de la jornada laboral, son manifestaciones de la degradación de la naturaleza humana. Adelantándose 100 años en el vocabulario sobre las futuras generaciones, Marx escribe en un párrafo de las Teorías sobre la Plusvalía que Burkett cita:

"Anticipation of the future —real anticipation— occurs in the production of wealth in relation to the worker and to the land. The future can indeed be anticipated and ruines in both cases by premature overexertion and exhaustion, and by the disturbance of the balance between expenditure and income. In capitalist production this happens to both the worker and the land...What is shortened here exists as power and the life span of this power is shortened as a result of accelerated expenditure".

La tercera sección de libro es la más amplia. Titulada Nature and Communism pretende mostrar cómo sería la relación sociedad naturaleza en una utópica sociedad comunista para Marx. Comienza mostrando el doble carácter del capitalismo. Progresista en cuanto desarrolla las capacidades productivas humanas y desaparece la coerción extra-económica común en las sociedades precapitalistas. De esta forma existe una potencialidad —lo que no significa realidad— para la expansión del ocio y de las actividades creativas del ser humano, al tiempo que una relación más armónica con la naturaleza. Al decir de Marx, "recognition of nature..as their real body". Pero esta potencialidad es negada por el sistema capitalista a través de la subordinación de todas las relaciones a la generación de ganancia. Por ello, bajo la producción capitalista —escribe Marx— "nature becomes purely an object for humankind, purely a matter of utility; ceases to be recognized as a power for itself; and the theoretical discovery of its autonomous laws appears merely as a ruse so as to subjugate it under human needs, whether as an object of consumption or as a means of production".

Burkett también muestra cómo la propia alienación de los trabajadores bajo el capital no es sólo una cuestión económica, sino resultado de la subordinación de la sociedad como un todo junto con la naturaleza, al valor y la riqueza monetaria. Por ello, la potencialidad de alianza de las clases trabajadoras va más allá de una reivindicación económica, abarca toda lucha política en contra de la vigencia de la contradicción valor de uso-valor que es la esencia del sistema capitalista. Esto significa que aquellas luchas consideradas sociológicamente "externas" a la contradicción capital-trabajo, son en realidad internas a la dinámica capitalista basada en la contradicción valor de uso-valor.

Para terminar, Burkett incluye una serie de reflexiones y requisitos para un sistema ecológicamente sustentable, mismos que no contradicen el pensamiento marxista y varios de ellos son derivaciones directas de éste.

Como escribe John Bellamy Foster —autor de The Vulnerable Planet. A Short Economic History of the Environment— en el comentario de contratapa, Marx and Nature es un tour de force. Sea de acuerdo o en desacuerdo, de ahora en delante no hay manera de referirse al marxismo en su relación con la cuestión ambiental sin tomar en cuenta este libro.

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Fotopoulos, Takis
Hacia una democracia inclusiva. Un nuevo proyecto liberador
Montevideo, Nordan Comunidad, 2002, 325 pags., ISBN:9974-42-098-9

Guido Galafassi
(CONICET y Universidad Nacional de Quilmes) E-mail: ggalafassi@unq.edu.ar  


La traducción al castellano por Nordan Comunidad de la obra de Takis Fotopoulos "Towards an Inclusive Democracy. The Crisis of the Growth Economy an the Need for a New Liberatory Project", editada originalmente por Cassell (London & New York) en 1997, constituye sin dudas un aporte muy valioso en la renovada discusión actual en torno a las estrategias de liberación social y política.

"Hacia una democracia inclusiva. Un nuevo proyecto liberador", tal el título en castellano, aborda de una manera integral la compleja problemática de la sociedad moderna con su economía de mercado y sus diversas y variadas formas políticas de dominación (incluyendo también al "estatismo socialista"). Sin lugar a dudas, que este tratamiento abarcador de la complejidad de la sociedad moderna, es uno de los más destacadados métiros de este trabajo. Habituados al nunca detenido reduccionismo (de fuerte matríz positivista y objetivista) de toda o casi toda la ciencia moderna que mayoritariamente solo es capaz de ver uno, o unos pocos, de los aspectos del problema (dado que esto garantiza, según se arguye, el conocimiento verdadero en base exclusivamente al criterio de identidad y adecuación), el libro de Fotopoulos, en cambio, rescata toda la riqueza generada por el pensamiento crítico, de base dialéctica no objetivista.

El trabajo de Fotopoulos es imposible encasillarlo dentro de una determinada disciplina científica en particular. Por el contrario, se nutre y abre la discusión desde una mirada pluridisciplinaria. Es que precisamente el mayor interés del autor radica en desentrañar las complejas relaciones de la realidad contemporánea y plantear alguna forma de salida al proceso de explotación y dominación ejercido por los poderes concentrados de la sociedad moderna. Así, la mera discusión interna dentro de los límites de una disciplina, esa que privilegia abiertamente la mirada parcial y reduccionista (es decir, miope) de la realidad, está por fortuna ausente, construyéndose, por el contrario, un discurso rico en el análisis de las interrelaciones. Es esta característica la que hace que el trabajo de Fotopoulos pueda ser tomado como un aporte fundamental a la hora de definir la batalla contra el orden social y científico dominante, pues solamente desde una mirada integral es posible plantear críticamente un proyecto liberador. No es casualidad que el inmenso conjunto de científicos "unidisciplinares" (considerados de alto prestigio acádémico) solo estén interesados por descubrir y acumular nuevo conocimiento para mantener, directa o indirectamente, el status quo, y se despreocupen por cualquier compromiso de transformación de las reglas de dominación vigentes. Es que la mirada unidisciplinar imposibilita absolutamente cualquier abordaje crítico de la realidad.

La noción de Democracia Inclusiva, desconocida como tal en nuestros países del hemisferio sur latinoamericano, puede ser asociada en parte (pero solo en parte) a las nociones de democracia directa y participativa, que han empezado a discutirse en los últimos años, aunque estos dos últimos conceptos tengan un alcance mucho más restringido. El debate sobre nuevas formas de democracia verdadera (dado por ejemplo por Toni Negri, John Holloway, Werner Bonefeld, etc.) que supere por un lado la ficción planteada por el liberalismo dominante y que ocupe un lugar auténtico en los proyectos de liberación una vez caído el muro de Berlín, está sin dudas, en auge en los últimos años. La irrupción de los movimientos antiglobalización y la profunda crisis en la que ha entrado nuevamente el capitalismo a nivel mundial, ha permitido hacer resurgir, hacia fines de los años 90, la utopía del cambio social radical luego de la dominación ideológica ejercida por el posmodernismo conformista e intelectualmente mediocre de los 80 y buena parte de los 90 (y que aún continúa en muchos ámbitos). Pero el libro de Takis Fotopoulos puede considerárselo como uno de los primeros de este nuevo debate (aunque el propio autor no se considere parte de esto) pues no olvidemos que su edición original en inglés data de 1997. Basado en una clara filiación libertaria, manifestada desde las primeras páginas del libro (por lo cual, y lamentablemente, desconoce todo este nuevo debate recién mencionado), este trabajo profundiza las nuevas visiones de la liberación individual y colectiva en el sentido de alcanzar una autonomía plena (reconociendo como antecedentes, entre otros a Murray Bookchin y Cornelius Castoriadis). Esto último, coloca a este trabajo, (aunque, repetimos, el autor no lo reconozca como tal), en los renovados senderos explorados en los últimos años, que aproximan nuevamente los ideales de la democracia radical socialista con el socialismo libertario, y en donde la salida no está ubicada en la fortaleza del Estado, sino en la autonomía de los seres humanos, respecto de cualquier forma de concentración del poder. Una vez sucumbido el "estatismo" del así llamado "socialismo real" y una vez desaparecida su pesada influencia sobre el pensamiento occidental, el proyecto liberador por una sociedad libre e igualitaria, se va permitiendo una búsqueda más profunda de las raíces que originan y mantienen los mecanismos de dominación, acercándose de esta manera, a muchos de los problemas planteados por la tradición libertaria, de la cual, como se dijo, Fotopoulos es uno de los actuales exponentes.

La necesidad de construir una Democracia Inclusiva, es vista por el autor como la salida a la crisis crónica que plantea la política de crecimiento económico dominante. Para ser más preciso, es vista como la única salida, ya que la crítica hacia lo que el define como marxismo-leninismo, es muy fuerte, por su adhesión a la lógica del crecimiento y su propuesta de la etapa transicional (dictadudra del proletariado) antes de la llegada plena a la democracia comunista. Es que Fotopoulos se nutre de forma importante de las concepciones ecologista y alternativas de las últimas décadas, que dirigen su crítica no solo al capitalismo, sino incluso a ciertos pilares básicos de la modernidad. Y la salida a la crisis, la ve regenerando las tradiciones libertarias y democráticas, y planteando explícitamente la integración de la sociedad con la política, la economía y la naturaleza. Esta crisis que es definida como multi-dimensional por el autor, es debida fundamentalmente a la lógica del crecimiento infinito que subyace en la sociedad contemporánea. De ahí que su crítica no solo está dirigida a la sociedad capitalista, ya sea esta liberal o socialdemócrata, sino también al socialismo real, pues todos estos han asumido a la lógica del crecimiento, que conlleva inevitablemente a la concentración del poder, como el principio rector. Dice el autor en el prólogo: "Hay luego del colapso del estatismo socialista, ya sea en la forma de socialismo real o en la forma de socialdemocracia, hay una oportunidad histórica para la regeneración del socialismo libertario y de las tradiciones democráticas (…) Pero es la crónica concentración del poder (el resultado inevitable de la separación de la sociedad de la política y la economía que introducida a lo largo y ancho del mundo en los últimos siglos dentro del marco de la economía de mercado y la democracia representativa), lo que es la última causa de la crisis multi-dimensional actual. En efecto, dentro de la economía de mercado internacionalizada presente, los controles para la protección de la sociedad y de la naturaleza de los trabajos del mercado, no son factibles ya más. A la vez, la internacionalización de la economía de mercado misma es irreversible ya que ello representa el resultado inevitable de la dinámica de crecer-o-morir" (pag. 15).

El libro está organizado en tres partes. La primera parte (4 capítulos) está enteramente dedicada a analizar la crisis de la economía del crecimiento. Tras analizar la economía de mercado, el estatismo socialista y el desarrollo en el Sur, dedica el último capítulo a la ya mencionada "crisis multidimensional". A esta se la define como de carácter universal, lo cual le otorga un carácter determinante para diferenciarlo de otras crisis anteriores. Esta crisis "pone en tela de juicio prácticamente todas las estructuras y significaciones en que se apoyan las sociedades jerárquicas contemporáneas de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur" (pag. 135).

La segunda y tercer partes (3 y 1 capítulos respectivamente) son sin dudas las porciones más sustanciales del texto, pues en ellas Fotopoulos desarrolla en detalle el proyecto libertario de Democracia Inclusiva. Luego de analizar las diferentes conceptos de democracia vigentes hasta hoy y la relación negativa de estos con la economía de crecimiento, se dedica de lleno a desarrollar su propuesta, advirtiendo sobre la situación actual y las condiciones que esta impone para la posible aplicación inmediata de un modelo de democracia inclusiva. Así, en las condiciones actuales, una democracia inclusiva solo se puede conformar a partir de una confederación de comunidades y más precisamente una democracia económica federal donde la asignación de recursos no debería ser ni la determinada por el mercado ni la determinada por la planificación central, sino la propuesta por la planificación participativa. A partir de aquí, se podría comenzar a desarrollar "una estrategia de transición que conduzca a un estado en el que el proyecto democrático pase a ser el paradigma social dominante" (pag. 245) De esta manera una nueva estrategia política y económica crearía una nueva estructura institucional apta para una democracia inclusiva.

El libro termina discutiendo el indispensable cambio de racionalidad para hacer posible una democracia inclusiva. La objetividad modernista (positivista y dialéctica) tanto como la subjetividad posmodernista son fuertemente cuestionadas. Por lo tanto, el proyecto liberador solo podrá basarse en un racionalismo democrático que trascienda el cientificismo y el irracionalismo, así como el relativismo general. Porque si se definen a la libertad y al proyecto liberador en términos de la exigencia de autonomía social e individual, entonces se la define como una manera responsable de elección de la autonomía y su expresión en la democracia. Es decir que el camino elegido es el del racionalismo democrático, "a saber: un racionalismo fundado en la democracia como estructura y un proceso por el cual la sociedad se instituye a si misma" (pag. 304). Solo así será posible llegar a una síntesis de las tradiciones autónoma-democrática, socialista libertaria, verde radical y feminista, tal como la que propone Takis Fotopoulos en este libro.

 

 

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