Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 7 (primer semestre de 2003)  
number 7 (first semester of 2003)
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Perspectiva conceptual y práctica de la
modernización ecológica y la globalización


Judith A. Cherni *


* Imperial College of Science, Technology and Medicine, London, UK, E.mail: j.cherni@ic.ac.uk

 

1. Introducción

El creciente reconocimiento científico del daño ecológico ha despertado críticas sobre las estructuras sociales y políticas que lo causan como también ha promovido la búsqueda de soluciones prácticas a través de avances tecnológicos y el apropriado gestionamiento medio ambiental. Sin embargo, es evidente que en un principio no se advertía la degradación que la actividad económica descontrolada estaba causando al medio ambiente; y cuando luego se la reconoció, entonces no sólamente fue dificil de controlarla, sino también, y peor aún, a menudo se ignoró el daño ocasionado a la naturaleza. En los albores del siglo veintiuno, la realidad es tal que la degradación ecológica se ha convertido en un fenómeno trágico, imposible de continuar negándose. Ya en los tempranos años sesenta aparecían duras condenas contra la industria en particular por la destrucción que ésta causaba al medio ambiente:

El ataque más alarmante que el hombre ha hecho contra el medio ambiente es la contaminación del aire, ríos, suelos y mar mediante materiales tóxicos y, peor aún, muchos letales. La gran mayoría de esta contaminación no se recuperará jamás (Carson, 1962, p. 6).

Casi cuarenta años más tarde la degradación ecológica no ha disminuído, como lo indica el presente estado de contaminación avanzado de muchos ríos. Las condiciones catastróficas del 'sagrado' río Jordán es un ejemplo de tal polución:

Dos mil años les llevó al Pueblo Elegido finalizar su exilio y retornar a la Tierra Prometida. Le ha tomado sólo 52 años convertir la tierra de leche y miel en un país de ríos con espuma, de aguas carcinogénicas y de peces moribundos (Kiley, 2000, p. 3).

Se vislumbra que junto con la evidente degradación ambiental y los dictámenes de la globalización que ha prevalecido en las últimas décadas del siglo veinte surge la ‘modernización’ ecológica de los noventa (con Joseph Huber el sociólogo alemán como su fundador en 1982) la que se desprende de la idea y realizaciones concretas del ‘crecimiento sustentable’ de los años 1980s. El objetivo de este artículo es analizar la estrategia y teoría que dominan el actual entendimiento conceptual y las soluciones prácticas de la problemática ecológica. El modelo de la ‘modernización ecológica’ comenzó a dominar la conceptualización misma de los problemas ambientales y las estrategias políticas de los países (Hajer, 1995). De acuerdo a teóricos de esta modernización, la década del noventa en el pasado siglo ha experimentado el comienzo de transformaciones en el ámbito institucional y en prácticas sociales inducidas por el medio ambiente (Mol, 1997). La inserción del medio ambiente en organizaciones políticas y económicas ya no puede analíticamente ignorarse aunque ésta se tilde de ser 'muy poca, muy tarde' (Mol and Spaargaren, 2000). Las consideraciones ambientales están siendo paulatinamente institucionalizadas, y además éstas no desaparecen ante la primera depresión o crisis económica. Este punto es muy importante pues le da a los ambientalistas críticos una puerta de entrada a las instituciones tradicionales dominantes (ibid.). Esta última característica es particularmente apropiada para entender las prácticas de las organizaciones no gobernamentales (ONG) ecologistas internacionales como Amigos de la Tierra (FoE), Greenpeace y la Wildlife World Foundation. A título de ejemplo, el activismo radical de FoE se pone de manifiesto contínuamente en críticas que lanzan contra las políticas conservadoras del gobierno británico, por ejemplo, y en sus acciones pro-ambientalistas. A la par, propagan el 'capitalismo verde', que se refiere no sólamente a granjas orgánicas y a la industrialización más limpia, sino también promueve inversiones ecológicas en bancos que declaran responsabilidad social (Oaff, 2000).

Se trata en la proxima sección la teoría de la modernización ecológica; luego se verá a la sustentabilidad ecológica en práctica y se analizará en particular medidas políticas ambientales en la economía como también se ven el rol de la tecnología limpia y eficiente en estos cambios. La última sección trata analíticamente las paradojas del modelo de crecimiento ecologizado moderno y realza las contradicciones concretas de reconciliación entre el crecimiento económico imbuído en la globalización y la protección ambiental. Se desprende de este artículo que la degradación ambiental es difícil de solucionar debido más a razones político-económicas que a científicas y tecnológicas. Este artículo presupone un enfoque novedoso en el que se revertirá en esta ocasión el foco analítico que debate el impacto de la economía en el medio ambiente hacia un análisis del efecto del medio ambiente en la economía mundial y local.

 

2. Emergencia de la modernización ecológica

La protección medio ambiental ha oscilado entre extremos políticos liberales, reformistas y radicales pues ha sido interpretada tanto como un impedimento para incrementar la rentabilidad y competitividad económicas - en los años 1960 y 1970 la protección ambiental era vista como un obstáculo para el crecimiento económico - como que también se ha propuesto abolir el desarrollo económico para así poder proteger la ecología. No obstante, desde los años ochenta, la mayoría de estas perspectivas han cedido a un nuevo entendimiento que declara que es posible el crecimiento económico junto a la protección ambiental, es decir, el crecimiento sustentable. La idea del desarrollo sustentable es que la humanidad no debe extraer de la naturaleza más de lo que puede reponerle (IUCN, 1991), que no se deben afectar el uso de recursos a futuras generaciones, y en la necesidad crecimiento económico, y la justicia social parcial. De acuerdo al Reporte Brundtland que es en gran parte la cuna del desarrollo sustentable:

Responder a las necesidades esenciales requiere no sólo una nueva era de crecimiento económico para las naciones en las cuales la mayoría es pobre, sino también la seguridad de que los pobres recibirán una porción justa de los recursos necesarios para mantener el crecimiento económico (WCED, 1987, p. 8).

Pero desde el principio de los 1990, es la modernización ecológica (ME) la que claramente ha pasado a representar la solución más empleada y viable para combatir la degradación ambiental; sin embargo es también ésta una respuesta profundamente paradójica como se analizará. Esta vía de modernización ofrece el modelo o teoría para evaluar, manejar y superar los problemas ambientales actuales, es la forma más acreditada de usar el 'lenguaje verde' en las esferas políticas, profesional, empresarial y de organizaciones (Hajer, 1995; UNEP, 1987; OECD, 1997), y además, se ve como la opción de desarrollo más factible para los países del Sur (Blowers, 1997). Y hay teóricos que mantienen que desde la década del noventa se ha experimentado el comienzo de transformaciones inducidas por el medio ambiente, a partir de la promoción del desarrollo sustentable de la anterior década (Mol, 1997).

 

3. Características sobresalientes de la modernización ecológica

Las bases de la ME parten del paradigma de desarrollo económico que supone que los problemas ambientales son causados por fallas institucionales y tecnológicas de la sociedad industrial. En contraste con el pensamiento radical de los setenta, la modernización también asume que es posible controlar los problemas ambientales por medio de las instituciones políticas, económicas y sociales existentes. Pero para que este paradigma triunfe, la economía ambiental no debe ser vista como un juego en el que nadie gana, 'zero-sum-game', es decir, que una política pro-ambiental y el mantenimiento del crecimiento económico deben y pueden lograrse paralelamente (Jokinen, 2000). Esto indica que la modernización de la protección ambiental se reconcilia y es compatible con las necesidades de la reglas dominantes del mercado. La interpretación de Jacobs (1999) es que la modernización ecológica es también un nuevo discurso político que ve al medio ambiente a través del prisma del modernismo ya que ubica a los asusntos ecológicos dentro del contexto de los cambios totales que ocurren en la sociedad contemporánea. La modernización de la ecología surge y está construída como parte de la globalización y su meta es aliarse y promover las tendencias hacia una productividad ecologista mayor y adaptarse a las nuevas economías del conocimiento.

La inclinación que ha prevalecido entre economistas y sociólogos modernizantes ha sido el reconocimiento del valor de la dimensión ambiental en términos de mercado y ganancias, y esto es lo que llamamos la 'ecologización de la economía'. Usamos por lo tanto el término ‘ecologización’ para expresar el proceso de impacto de la crisis ecológica sobre la economía actual. Esto ha implicado que esfuerzos han sido dirigidos a reducir el uso de recursos naturales y aumentar la eficiencia, o sea, la otra tendencia complementaria que llamamos la 'economización de la ecología' (Frijns et al., 2000). Estas dos estrategias presuponen que tanto la economía competitiva como el medio ambiente se benefician de estas prácticas – muchas que pueden ser más beneficiosas para el medio ambiente que las tradicionales - que se ponen en marcha dentro del marco neo-liberal.

Se pueden simplificar las características fundamentales de la modernización ecológica en un número de principios que la explican distinguiéndose seis aspectos fundamentales. Primero, la modernización ecológica se fundamenta en que la degradación no puede ser resuelta simplemente agregando más leyes (Jacobs, 1997) ya que ella sucede por las características esenciales de la economía industrial moderna, tales como la combustión de fósiles, el transporte, la organización de la producción, la forma de provisión de servicios, y las fallas institucionales y tecnológicas. La incertidumbre científica y el riesgo ocupan lugares centrales junto al gestionamiento del riesgo. Segundo, el principio que ha regido a las transformaciones ecologizantes es que el crecimiento económico no necesita automáticamente causar impactos negativos ambientales. Se puede conseguir crecimiento al mismo tiempo que reducir el grado del daño ambiental causado por unidad de 'output’ producto (Gouldson and Murphy, 1997). De central importancia es el tercer punto, es decir, que para que este paradigma triunfe, la economía ambiental debe ser vista como un juego en el que tanto la economía competitiva como el medio ambiente ganan, es decir, ambos son parte del ‘win-win- game'. El triunfo de este nuevo paradigma reside en que tanto la economía como el medio ambiente se convierten en ganadores o beneficiarios.

Cuarto, la modernización ecológica es vista como una re-estructuración de la sociedad en la que el medio ambiente tiene igual peso que las esferas analíticas que rigen al desarrollo, es decir, la política, la económica, y la social (Mol, 1995, p. 64). En contraste con el pensamiento radical de los setenta, se asume que es posible controlar los problemas ambientales por medio de las instituciones políticas, económicas y sociales existentes (Mol, 1997). Quinto, se alude que debido a los cambios tecnológicos más benignos para el medio ambiente y a la terciarización de la economía en el Norte, ha habido un 'desacoplamiento', o desligamiento, entre el desarrollo económico y el impacto ecológico, por ejemplo desacoplamiento absoluto en Dinamarca, Francia, Alemania y el Reino Unido (Janicke, 1989), o parcial, como en Austria, Finlandia, Noruega y Japón. Sexto, la inserción del medio ambiente en organizaciones políticas y económicas ya no puede ignorarse y esto es lo que ha dado a los ambientalistas críticos una puerta de entrada a las instituciones tradicionales predominantes (Mol and Spaargaren, 2000).

En resumen, la ‘ecologización’ del desarrollo económico por medio de la integración de consideraciones medio ambientales se ha convertido en una de las estrategias políticas preferidas de gobiernos, organizaciones no gobernamentales, profesionales y también de muchas empresas. Bajo las condiciones reinantes de la globalización se crea una reconciliación y compatibilidad con las reglas del mercado por las que se continúan los volúmenes de extracciones y emisiones de manera balanceada con las capacidades regenerativas de la naturaleza, mediante gestión ambiental y eficiencia tecnológica de la materia y energía. Es así que se busca economizar la ecología mientras que se trata de ecologizar a la economía (Frijns et al., 2000). Se ha conseguido de esta manera una ecologización de la economía liberal.

 

4. Paradojas del crecimiento ecologizado

La teoría de la modernización ecológica reconoce que existen conflictos entre las formas industriales del desarrollo y la naturaleza. Sólo que parece no percatarse de que las causas de tal conflicto exceden las características de la sociedad industrial (porque históricamente, la relación entre el crecimiento económico descontrolado y la naturaleza ha sido antagónica) y por lo tanto soluciones como las mencionadas no dejan de presentar paradojas políticas, sociales y hasta tecnológicas.

Al mismo tiempo que se han desarrollado eficientes técnicas, tecnologías y políticas para proteger al medio ambiente como parte de la modernización ecológica, el conflicto que el modelo modernizante alude solucionar no es más que suavizado. Esto se debe a que la re-estructuración ecológica no actúa en forma aislada de la otra ‘re-estructuración’ o sea la globalización (O'Connor, 1998, p. 272). Y éste es un proceso dominante que externaliza los costos sociales y los ecológicos imponiendo límites inamovibles dictados por las prioridades, no muy ecológicas, de la competitividad, el mercado, la deregulación nacional, la débil legislación ambiental, demanda energética, transferencia de plantas industriales, y ventajas comparativas permisivas.

También insuficiente atención se ha concedido a las desigualdades del sistema social global. Mientras que en el Norte, las medidas ecológicas de protección y desarrollo sustentable pueden llegar a funcionar más que en el Sur porque el medio ambiente está a menudo en contienda entre organizaciones locales, autoridades e inversionistas, en el Sur la situación es diferente. Aquí a la naturaleza se la utiliza, y también explota en aras de la industria, la producción energética de electricidad o el turismo lo que posibilita la integración de aquéllos en el mercado global lo que tanto corporaciones, empresarios locales como gobiernos nacionales desean obtener. Se entiende que injusticia global es también que en Escandinavia, Alemania y Holanda, un parcial mejoramiento ambiental ha sido posible en gran parte debido a que plantas contaminantes han sido transferidas a países del Tercer Mundo.

Junto a benficiosas negociaciones y asistencia internacional, intercambio científico y tecnológico entre países del Sur y del Norte, debe también mencionarse que los países industrializados aún proveen los modelos dominantes de desarrollo económico y de modernización ecológica los que han sido generalmente impuestos a países menos desarrollados a través de mecanismos de programas internacionales como los del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de la transferencia de tecnologías limpias, y de la presencia de firmas globales que operan en el mercado mundial (Frijns et al. (2000).

Además, la mayoría de las tecnologías más limpias, eficientes y rentables no requieren cambios de actitud en el campo individual del consumo, o en la cantidad y propósito del producto industrial. La tecnología de la incineración de basura, por ejemplo, soluciona el problema ecológico de los desechos urbanos pero crea otros y refuerza los valores sociales que sostienen la necesidad de la producción de basura (Redclift, 1996).

Otra paradoja es que la modernización ecológica (Mol and Spaargaren, 2000) ha facilitado la incorporación de profesionales más radicales y críticos en las actuales organizaciones políticas y económicas. Pero este aval (Gouldson and Murphy, 1997) ha ayudado también a la legitimización y el mantenimiento de las mismas estructuras e instituciones que por décadas han sido responsables de la creciente degradación ambiental (O'Connor, 1988; Foster, 1992; Gould, Schnaiberg y Weinberg, 1996; Dryzek, 1995; Rees, 1990).

Pero, la paradoja del crecimiento moderno ecologizado como la solución a la crisis ambiental no se detiene en el nivel analitico. En la práctica nos enfrentamos ante tecnologías y políticas nacionales e internacionales que demuestran honesta y eficiente preocupación ambiental; aunque, por el otro lado, se ha intensificado la degradación de aguas, suelos, y aire a todo nivel geográfico. Por ejemplo, el uso creciente del automotor y el transporte aéreo está causando lentos estragos ambientales lo que ha contrarestado la reducción de gases en la atmósfera debido a tecnologías menos contaminantes.

Actividades en los sectores de la industria, la energía (Gorelick, 1999) y la agricultura contribuyen a la degradación del aire, suelo y de las aguas. En la agricultura, la aplicación de pesticidas y fertilizantes artificiales, el uso de semillas híbridas y las transgénicas, y también el monocultivo, particularmente en paises del Tercer Mundo que exportan bajo condiciones desfavorables, afectan considerablemente a la ecología. Por ejemplo, el nitrógeno de los fertilizantes se filtra en el agua, se libera en el ambiente y se convierte en gases que contribuyen al efecto invernadero global, a la reducción del ozono estratosférico, y a constituir el amoníaco de las lluvias acídicas (Middleton, 1999). Materiales altamente tóxicos como el cadmio, mercurio, plomo, cobre y cromo aparecen en los cauces de agua que han pasado a ser los vertederos de afluentes originados en industrias, típicamente no sólo en el río Jordán, como se ha mencionado al principio, sino también en el Vístula en Polonia, el canal de Houston, en EEUU (Cherni, 1997), en el río Danubio, en Austria y Hungría (Middleton, 1999) y en el lago Managua en Nicaragüa (Hardoy y Sattertwaite, 1987).

La explotación de áreas naturales debido al turismo, la construcción de nuevos caminos, hoteles y negocios – los que en muchos casos superan la atracción del lugar en sí – causa considerable contaminación. Ya existe alta degradación y excesiva acumulación de basura a razón del turismo internacional (Streeter, 2000). El eco-turismo puede llegar a ofrecer soluciones alternativas aunque con numerosas limitaciones.

Los rasgos salientes de la modernización ecológica en el período de globalización

Aspecto analítico

Características

Paradojas

Paradigma

Estrategia

Reconciliacón entre mercado y protección ambiental

Fallas institucionales y tecnológicas

Gestión ambiental

Las relación crecimiento económico desregulado y naturaleza es antagónica

Soluciones parciales presentan dificultades políticas, sociales y hasta tecnológicas

Ciencia

Tecnología

Reconoce incertidumbre científica y riesgo ambiental

Tecnologías benignas; eficiencia

Explotación ecolólogica para integrarse en el mercado mundial

Nuevos problemas ecológicos

Economía

Reconoce conflicto entre industria y naturaleza

Promueve crecimiento económico en todos los sectores económicos

Intensificación de actividad económica en agricultura, urbanización., turismo, etc. ocasionan severa degradación ambiental

Política

Ecología juega papel político en reestructuración de sociedad; existentes instituciones sociales, econ.y políticas aptas para promulgar mejoramiento y cambio Conectada a la globalización que tiene demandas no ecológicas debido a competitividad, liberalización

Sociedad

Situación win-win: economía y medio ambiente, desarrollo y en-desarrollo se benefician Desigualdades nacionales e internacionales; occidente aún modelo para desarrollo

Ecología

Desacoplamiento entre crecimiento e impacto ecológico Desacoplamiento es parcial; soluciones temporarias; seria contaminación mundialmente

Ideología

Integración de profecionales radicales en instituciones governamentales, empresariales, ONGs La crítica del movimiento ecologista se redujo; se legitimiza estructuras causantes del daño ambiental

 

5. La práctica de la sustentabilidad ecológica moderna

Como fue mencionado previamente, cambios fueron notorios en las interpretaciones del crecimiento económico y la naturaleza desde los años 1990. Mientras que hace veinte años atrás, la ideololgía de los ‘límites al crecimiento’ fue el perro guardián del movimiento ecologista mundial, hoy la palabra que está de moda es ‘cambio global’. Los mensajes que éstos comunican son diferentes ya que el primero, explica Sachs (1999), llama a la humanidad pensante a reconsiderar el proyecto de desarrollo y comportarse de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Por su parte, ‘cambio global’ ‘coloca a la humanidad en el asiento del conductor y le impulsa a dominar las complejidades de la naturaleza con mayor control’ (ibid, p. 39). Así es que en cuanto que la primera fórmula suena amenazante, la segunda implica un sentido de optimismo ya que se inclina a aceptar que los medios de la economía, tecnología y ciencia modernas ofrecerán la salida a las inconveniencias ecológicas.

En la práctica, la modernización ecológica aparece en las políticas de desarrollo. Por ejemplo, se la ve a través del Quinto Programa de Acción de la Comisión Europea (Fifth EC Environmental Action Programme) que integra la sustentabilidad medio ambiental en los sectores de la industria, energía, transporte, agricultura, y turismo, y que promueve participación activa de gobiernos, compañias privadas y el público en la responsabilidad ecológica. Por su parte, existe el ‘esquema de gestion ecológica y auditoría' (EGEA, Eco-Management Audit Scheme, EMAS), con los llamados acuerdos voluntarios entre industrias, gobiernos y organizaciones públicas, se establecen para facilitar la comunicación directa entre éstos y aumentar la responsabilidad de las industrias durante los procesos de la elaboración, distribución, uso y destrucción del producto (Franke, 1995). Este es un instrumento político flexible destinados a no interfir con el mercado y a complementar la legislación ambiental que controla, monitorea, inspecciona, e impone multas y medidas fiscales pero que no son suficiente. Se usan, por ejemplo en EEUU y en Europa. En un reciente con la Agencia Americana de Medio Ambiente (US EPA) y el Departamento de Justicia estadounidense, las corporaciones petroquímicas British Petroleum Amoco y el Grupo Koch Petroleum se han comprometido a invertir en nuevas tecnologías para poder reducir susemisiones y evitar accidentes (EPA, 2000).

En el sector de la producción, en términos tecnológicos, se promueve el empleo de tres estrategias diferentes para conseguir más eficiencia. Materiales contaminantes pueden ser sustituídos por otros más benignos: combustibles fósiles por combustibles renovables, como el uso de biomasa y energía solar. El uso de materiales puede ser más eficiente, por ejemplo, a través de la minimización de desechos y el reciclaje de papel y de metal. Y la composición del producto final puede cambiar, de productos que requieren alto uso de material a otros con un impacto ambiental bajo, como en el sector terciario. Un ejemplo del empleo de la tecnología como respuesta a problemas ambientales es la incineración de desechos locales para solucionar la situación de exceso de basura urbana doméstica y otras clases (como la proveniente de hospitales); es ampliamente empleada en Alemania, el Reino Unido y Austria. Por un lado, la incineración de desechos pasa a ser económica cuando es usada para producir energía. Por otro lado, la incineración de desechos puede ocasionar emisiones peligrosas si no es controlada con tecnología más costosa. Esta solución no requiere cambios de actitudes en el campo del consumo y producción y tampoco las autoridades locales necesitan reorganizar la infraestructura de las comunidades en torno a nuevos comportamientos para compartir recursos, reciclar y consumir menos (Redclift, 1996). Con la incineración, no existe la necesidad de cambiar los niveles de consumo en las economías desarrolladas ni interés en cuestionar la producción económica global y el comercio internacional con sus severas consecuencias sociales y ambientales que contribuyen a la creación de desechos. La tecnología de la incineración soluciona el problema ecológico de la acumulación de desechos en los suelos pero crea otros y refuerza los valores sociales que sostienen la necesidad de la producción de desechos.

Otro aspecto de la ecologización de la economía es que, a raíz del propósito de reducir las emisiones a nivel global, y los documentos internacionales que proponen cuotas de contaminación de carbono, como el Protocolo de Kyoto, ha surgido la posibilidad de la comercialización de los gases relacionados con el efecto invernadero. Frankel (2000) opina que muchos empresarios ya están usando la práctica de vender y comprar emisiones tóxicas a un standard global a la par que mejoran el medio ambiente. De este modo, opina Frankel, corporaciones multinacionales, ONGs, instituciones multilaterales como la UN Coference on Trade and Development (UNCTAD) y pequeños empresarios trabajan juntos para construir lo que está destinado a ser una poderosa fuerza en los mundos conectados de las finanzas, industria y medio ambiente. El desarrollo de este nuevo mecanismo de mercado global, que se mantiene en parte independiente de las regulaciones gubernamentales, ofrece oportunidades a países como EEUU de comprar 'créditos' de economías con menor exceso de emisiones, lo que le permite continuar con sus actividades contaminantes.

 

6. Conclusión

A través de la modernización ecológica definitivamente se ha reconocido que existe un conflicto entre las formas industriales del desarrollo y la naturaleza y por lo tanto se habla de una reconciliación entre las dos. Sólo que ésta no parece percatarse de que las causas de tal conflicto exceden las características de la sociedad industrial. Como resultado, vemos que la ecológización de la economía, que ha pasado a representar la respuesta más promovida y viable en la actualidad, consigue sólo el 'desacoplamiento' parcial entre la economía y la ecología pues puede transformary también mejorar al medio ambiente pero siempre dentro de los límites inamovibles dictados por las prioridades de la globalización. Por ello, la modernización ecológica significa la reconciliación reformista entre el desarrollo y la protección ambiental porque escasamente se propone o está capacitada para desafiar los macroprocesos de la competitividad, las restricciones del mercado, la deregulación nacional, la gran demanda energética, la debilidad de la legislación ambiental, transferencias de plantas industriales, y las ventajas comparativas permisivas.

Mediante la respuesta del desarrollo ecologizado que emplea la tecnología avanzada y políticas económicas de protección ambiental ha tenido el noble propósito, y la esperanza, de detener la destrucción ecológica. Sin embargo, esta estrategia y práctica de alguna manera también ha postergado resoluciones políticas y sociales que asocien problemas medioambientales a las características degradantes de la economía liberal globalizada y la vulnerabilidad incambiable de los sistemas ecológicos. La salida más ecológicamente sustentable que emplean las economías industrializadas y también las que se están industrializando convierten conflictos fundamentales entre el crecimiento y la protección ambiental en técnicamente solucionables y hasta inclusive se muestran los problemas ecológicos como oportunidades de ampliación empresarial y de obtener rentabilidad adicional.

Es dificultoso definir si sucederá que el proceso de ecologización de la economía, o el crecimiento sustentable modernizado desembocará en un estado de cambio político, social y económico profundo y radical que altere las condiciones económicas y políticas que facilitan la degradación ambiental. Sin embargo, debe mencionarse que a la par de la prevalente posición adquirida por la modernización ecológica en los campos tecnológicos, de gestión, económicos y políticos, se está también desarrollando una ecologización de la sociedad cuyas características marcadamente diferentes nos ayudan a entender la naturaleza de la reconciliación medio ambiental. Por ejemplo, movimientos populares en EEUU se han nutrido a partir de que han reaccionado a la tecnología y la economía global a través de la oposición a los efectos, el transporte y el almacenamiento de materiales tóxicos; la calidad del agua en los ríos Misisipi, Rin y el Tames ha sido mejorada debido a la voluntad política y a tecnologías e inversiones adecuadas (Middleton, 1999, p. 106); y el desarrollo de la agricultura orgánica y la energía renovable son promovidos por el gobierno en Cuba. Se podría decir que respuestas de esta índole se conrresponden con una posición intermedia entre la visión moderada y la radical del desarrollo económico. Inadvertidamente, estos caminos intermedios pueden desafiar, sutilmente, las prioridades políticas y económicas desparejas y decontroladas de la globalización y juntamente dar indicios del tipo de sociedad que residentes desean para el futuro. Estos son casos que pueden considerarse ejemplares para toda la humanidad tanto en el Norte como Sur pues sin negar la importancia e influencia del mercado internacional, se han desarrollado bajo una independencia ideológica y de acción.

 

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