Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 7 (primer semestre de 2003)  
number 7 (first semester of 2003)
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Sociología de la desertificación en la Patagonia Austral:
los productores ovinos de la Meseta Central de Santa Cruz
.
(1)

 

Larry Andrade (*)

 

* Universidad Nacional de la Patagonia Austral – Unidad Académica San Julián, Argentina. E-mail: psanjulian@prodigy.net.mx , puertosj@yahoo.com.mx

 

1. Presentación

Lo que a principios del Siglo XX fue una actividad pionera en el poblamiento del territorio santacruceño y altamente rentable, con el correr de los años devino en una crisis que está llevando a la explotación ovino extensiva prácticamente a su desaparición en la mayor parte del territorio.

¿Qué fue lo que ocurrió en ese tiempo para llegar a tales consecuencias? Un intento por responder este interrogante es lo que en este artículo presento.

Cuando inicié la investigación, La pregunta que orientó las primeras búsquedas recuperaba un interrogante que se formulaban profesionales de distintos organismos técnico agropecuarios: ¿por qué no adoptan tecnología los productores ovino extensivos?.

A partir de allí se abría un universo de situaciones que podrían resumirse en una sola y gran cuestión: ¿cómo visualizaban los productores la crisis de la ganadería ovina extensiva en sus campos y cómo se conectaba esta visualización con la no adopción de tecnología de manejo extensivo? Esta pregunta era independiente de la percepción que tuvieran de la tecnología en si misma, interesaba conocer cómo se relacionaba el productor con el recurso natural que explotaba -cómo lo "veía"- y que evaluación hacia de su práctica productiva sobre el mismo.

El trabajo pretende ser una mirada que amplíe la visión que hace del análisis de rentabilidad de las explotaciones, sino el único sí el criterio más importante en estudios que abordan la permanencia o abandono en las mismas; es decir, mientras se obtenga ganancia se permanece en ellas. Los ganaderos de la meseta central de Santa Cruz estan contrariando esa premisa.

Resultaba una tarea ineludible en el abordaje de ese contexto la comprensión de las prácticas sociales de producción en esos espacios y de los significados asociados a ellas, en tanto lo real cobra importancia a partir de la significación e interés que reviste para el individuo (Weber, 1993) (2).

Presento en este artículo una breve revisión en torno a la problemática de la desertificación y su relación con la explotación ganadera y, a partir de datos construidos con encuesta y entrevista, la opinión de los ganaderos acerca de la evolución de la explotación ganadera y los elementos que se habrían articulado para desembocar en el estado actual de las explotaciones (3).

En los Mapa Ia y Ib puede apreciarse la ubicación relativa de la región y zona en estudio.

 

2. Introducción (4)

Existe un generalizado consenso entre los expertos y en los diversos organismos técnicos provinciales, nacionales e internacionales, acerca de que el fenómeno conocido como "desertificación" se debe, al menos en Patagonia, al sobreuso de los suelos que, asociado con factores climáticos, llevó a un agotamiento del recurso natural, base de la explotación extensiva del ganado ovino por más de cien años.

Este consenso no debería impedir una mirada más profunda al fenómeno que me ocupa. Es decir, aceptarlo en principio como punto de partida no supone asumir una visión dual, donde los técnicos y especialistas tienen la razón y los productores son los que han hecho mal las cosas. La cuestión crucial, desde nuestra óptica, era tener una aproximación confiable a la visualización que los productores implicados en este proceso tenían de la situación del ecosistema y a que atribuían la merma en el número de animales y, consecuentemente, en la producción de lana, a la vez que interesaba conocer las razones que aducían ante la imposibilidad de repoblar el campo con nuevo ganado.

Lo que procuro dejar en claro es que la situación del ecosistema es un síntoma en el ambiente natural de una crisis de mayor extensión, originada en la baja casi constante de la rentabilidad que impacta desde el fin de la Primera Guerra Mundial la ganancia de estos productores, lo que llevó a muchos de ellos a recargar sus campos para compensar las perdidas.

Para ser más claro: la crisis de la ganadería ovino extensiva en Patagonia cuyo síntoma es la desertificación, es manifestación de la crisis de un sistema social de producción, que se desarrolló y consolidó a partir de la explotación del pastizal natural. Esto incluye las prácticas (presentes y ausentes) no sólo de los productores sino también de los organismos técnico-agropecuarios y de los gobiernos nacionales y provinciales, cuando menos.

3. Desertificación: breve introducción a la problemática

Una aproximación breve y difundida acerca del fenómeno conocido como desertificación, es la definición propuesta por Bertolani: "la desertificación es la extensión de las condiciones de desierto como resultado del impacto humano, en ecosistemas de regiones áridas, semiáridas y sub-húmedas (...) el no control del fenómeno provocaría no solo un avance en las condiciones de desierto sino, y como consecuencia de ello, una menor productividad de los ecosistemas" (Bertolani, 1989).

En otro trabajo se la conceptualiza del siguiente modo: "la desertificación es el proceso de empobrecimiento de los ecosistemas áridos, semiáridos y algunos subhúmedos, a causa del impacto combinado de las actividades del hombre y la sequía" (Dregne, H. 1976, en Peralta: 1992), o también "la desertificación es un proceso natural o inducido por el hombre, de irreversible cambio de suelo y vegetación de zonas áridas en la dirección de la aridificación y disminución de la productividad biológica, la cual en casos extremos, puede orientarse hacia la total destrucción del potencial biológico y conversión de la tierra hacia un desierto" (Peralta, 1992).

Estudios llevados a cabo en el área en estudio encuentran que "la desertificación observada parece deberse a: 1) intensificación por sobrepastoreo de los procesos erosivos en áreas naturalmente propensas; 2) sobrespatoreo continuo sobre comunidades frágiles y 3) sobreexplotación de comunidades de arbustos" (Espina, 1994: 9).

Ampliando el análisis anterior, Rapp, Acosta y Ayerza señalan, respecto de Santa Cruz, que: "haciendo un análisis somero de los factores que inciden para acelerar la degradación del ambiente, corresponde señalar que: 1) la vegetación típica es de estepa y semidesierto, rala y con mucho suelo descubierto; 2) los vientos se orientan en forma dominante de la cordillera hacia la costa (oeste-este); 3) las precipitaciones son sumamente escasas; 4) las bajas temperaturas no permiten el desarrollo de una micro flora y fauna del suelo, que degrade la poca materia orgánica incorporada en los ácidos húmicos que coadyuven a la formación de un horizonte superficial resistente; 5) el material del suelo carece de elementos finos por la acción del viento; 6) sobre todo este panorama tan desalentador, el sobrepastoreo y pisoteo son las dominantes de una situación muy difícil de revertir" (Rapp y otros, FECIC 1988: 155).

La opinión de P. Borelli (técnico de INTA - EEA Río Gallegos y con mucha experiencia en la zona), quien expresaba hace unos años que se ha "cumplido un siglo de ganadería en Santa Cruz y todavía no se conoce cuanto pasto producen los pastizales, que especies son preferidas, cual es la resistencia al pastoreo y, en consecuencia, cuanto pasto se puede cosechar a través de los animales. Este lamentable desconocimiento ha favorecido el proceso generalizado de sobrepastoreo y degradación de los campos naturales (...) la carga animal define la relación planta-animal y los ingresos económicos a corto y largo plazo de la empresa ganadera" (Borelli, s/f), refuerza lo señalado y apunta hacia los efectos que produce en la explotación.

En varias de las expresiones anteriores se menciona el sobrepastoreo como un factor decisivo en el proceso de desertificación. A tal fin, Panigatti lo define como aquella acción que "produce degradación de la vegetación natural o cultivada y consecuentemente una denudación del suelo. En muchos casos el pisoteo en condiciones desfavorables aumenta la acción negativa compactando los suelos finos o pesados, con la consecuente reducción de la capacidad de infiltración" (Panigatti, FECIC 1988: 48).

Como fue mencionado, un factor constante y de permanente acción sobre el suelo patagónico es el viento, que sopla con fuerte intensidad la mayor parte del año. En tal sentido, Rapp, Ayerza y Acosta lo mencionan como uno de los factores que impactan en la rentabilidad de las explotaciones y en el desmejoramiento del estado del ecosistema: "las características climáticas altamente agresivas –que- sumadas al mal manejo que desde los inicios de la monocultura ovina se ha dado a estas tierras, acarrean una disminución progresiva de la rentabilidad" y luego agregan que "la causa principal de la erosión es la sobrecarga animal provocada por distintos factores tales como inestabilidad económica del país, desconocimiento del manejo racional y falta de precio adecuado para la carne ovina que orientó al productor a la mayor producción de lana" (Rapp y otros, FECIC, 1988: 156).

Un estudio reciente identifica factores estructurales y coyunturales en el estancamiento y crisis del sistema ovino patagónico. Entre los primeros encuentra "la baja inversión en tecnología y el proceso de desertificación provocado por la explotación intensiva (sobrecarga ovina) y entre los segundos la evolución negativa de los precios internacionales de la lana" (LUDEPA, 1992: 27).

Quizá resulte oportuna una aclaración a este señalamiento o, mejor aun, vincular de otro modo estos elementos: según entiendo, el bajo precio de la lana es un factor conceptualizado como coyuntural desde hace ya varios años, especialmente por parte de los productores. Sin embargo, existen estudios no tan recientes (por ejemplo, FLA, 1986), que muestran que el bajo precio que se paga en el mercado internacional por la lana es una constante por lo menos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y responde, entre otras circunstancias, a la producción masiva de sustitutos de la lana.

Mirado así, el bajo precio de la lana es un factor estructural. La baja inversión en tecnología existe, lo que hace falta es profundizar en los motivos y/o razones de tal actitud, antes que esta premisa se transforme en un obturador de otras miradas en torno a la situación actual.

Los Departamentos de la Zona Centro ubicados sobre la costa y los ubicados sobre la Meseta Central son los más expuestos y afectados por la desertificación, tal como lo resaltan algunos autores: "Magallanes, Río Chico y Corpen Aike sufren con mayor intensidad un notable y paulatino descenso de la carga ovina debido a graves problemas de erosión. Se combina el proceso erosivo natural por fuertes vientos con un manejo inadecuado, desorganizado y sin descanso de las pasturas debido a la falta de campos de uso estacional, desencadenando la disminución de la receptividad de los mismos. Esta situación pudo haber sido alentada por ganancias momentáneas y por el desconocimiento de la receptividad, llevando a una caída espectacular de la productividad por hectárea y a no poder sostener ya las cargas animales de comienzos de siglo" (Cepparo de Grosso, 1986: 92; Borelli (s/f)).

Una de las consecuencias más notorias del avance del proceso erosivo, es el abandono de establecimientos. Al respecto, Barbería expresa que la mayoría de los "establecimientos abandonados y no rentables se ubican en la meseta central, al norte del Río Santa Cruz, zona que cuenta con los terrenos de menor calidad, menor superficie y menores inversiones. Por otra parte, un sector importante de los mismos ha sido cubierto de ceniza volcánica a raíz de la erupción del Volcán Hudsón [agosto de 1991] (...)" (Barbería, 1995: 277).

Precisamente, esta es el área donde la investigación indagó, puesto que pese a ser la zona poblada en la tercera ola de ocupación (Barbería, 1995) y ser tierras de menor calidad que las del sur y la cordillera, sus ocupantes disfrutaron, aunque por poco tiempo, del auge del lanar y los altos precios de la lana. Hoy es la zona más afectada por la desertificación en la que aun persisten algunos pobladores; la zona norte está prácticamente abandonada desde principios de 1990.

 

4. El sobrepastoreo y sus consecuencias

La combinación de baja inversión, poca o ninguna incorporación de tecnología, en algunos casos forma de tenencia precaria (muy usual en las primeras décadas del siglo XX, cuando se gesta y consolida el sistema ovino) y uso inadecuado del suelo, disminuyen aun más el ingreso obtenido por la venta de lana, en un mercado con precios de por sí deprimidos. Esta conjugación negativa de factores desemboca en 1997 con 500 establecimientos cerrados, según expresara a mediados de ese año el Presidente de Federación de Instituciones Agropecuarias Santacruceñas (FIAS).

A este respecto, no tener una adecuada visualización de la situación y de sus factores desencadenantes o el adjudicar la crisis a variaciones climáticas, lleva a muchos productores a seguir manejando el campo como lo hacían tradicionalmente.

A tal fin, Castro opina que "cuando un proceso de erosión se ha puesto en marcha, ya desde su calificación como «leve» está afectando la producción forrajera de la pradera natural. El ganadero de la región generalmente resta importancia al fenómeno, porque no se da cuenta del mismo o porque atribuye la merma en la producción a la escasez de precipitaciones" (Castro, s/f). Este tipo de argumentos será revisado en el apartado donde abordo el relato de los productores acerca de la crisis.

Quizás la forma decisiva para lograr un manejo conservacionista del pastizal es la realización de relevamiento de pastizales. En relación a esto y la actitud de muchos ganaderos, decía E. Barbería que: "recién en los últimos años –desde mediados de los `80 y con más intensidad desde los `90- se iniciaron relevamientos y estudios sobre el deterioro de los pastizales, sus posibilidades de recuperación y manejo adecuado. Además de muy recientes, requieren experimentación, financiación y un cambio de mentalidad del ganadero, que aún continúa atribuyendo las causas de la crisis a factores climáticos y a los precios de la lana; por otra parte, no cuentan con capital suficiente para invertir en tecnología, ya que prevalece el minifundio (establecimientos con menos de 5.000 ovinos), a excepción de la zona sur y de una estrecha franja costera que alcanza la localidad de Puerto San Julián" (Barbería, 1995: 281, itálicas nuestras).

La expresión "cambio de mentalidad del ganadero" es frecuente en buena parte del personal de las organizaciones técnicas dedicadas al quehacer agropecuario como también en especialistas y estudiosos del medio rural. Quizás pueda ser la meta a lograr, eso hay que establecerlo, pero sí sostengo que es necesario conocer como opera el pensamiento del productor, comprender que elementos toma en consideración y cómo los articula para llegar a esas y no a otras ideas acerca de la producción y su comprensión del devenir de la situación actual. Sólo de ese modo se podrá abrigar la esperanza de un cambio en el futuro.

En un taller sobre aspectos relacionados con la desertificación leemos que "se porfía en volver a las cargas animales históricas, pero no en ajustarla a la condición actual del recurso paro no repetir daños. El factor rentabilidad impide en muchos casos que se realice un ajuste de carga adecuado a la condición del pastizal" (LUDEPA, 1992. Itálicas mías).

Quizás en el estudio y comprensión de las actitudes "porfiadas" podamos encontrar pistas sólidas para implementar una estrategia de lucha concreta que tome en cuenta el punto de vista de los productores y, por consiguiente, logre su apoyo.

 

5. Evolución del stock ovino en los establecimientos del área en estudio

La Tabla 1 permite visualizar una caída sostenida del stock ovino en los Departamentos Magallanes y Río Chico, foco del estudio (5). El descenso es notorio aún en el Departamento Guer Aike, ubicado en el sur de Santa Cruz, uno de los pocos de los cuales hoy puede decirse mantiene una producción ovina con cierto margen de rentabilidad y afectado por grados de desertificación leves. Para los años 1993 y subsiguientes, la Tabla 1b muestra la evolución del stock ovino para Santa Cruz.

Más notoria aún es la caída si se aprecia como evolucionó el número de ovinos por estratos en los 39 productores relevados (Tabla 2).

Esta tabla muestra el descenso en cada año del seguimiento de los estratos con mayor cantidad de ovinos a los de menor número de animales. Obsérvese por ejemplo que el estrato de 3.001 y más ovinos que en 1981 tenía 26 productores ubicados allí, en 1998 sólo tiene 4, en tanto el estrato de hasta 1.000 ovinos que en 1981 tenía sólo 1 productor en 1998 reúne a 16 de ellos.

Otra lectura interesante de esta tabla es la relacionada con el stock y el tamaño del establecimiento. En tal sentido caben dos aclaraciones: primera, en la zona de estudio, el tamaño predominante es hasta 20.000 hectáreas y, segunda, aun en los establecimientos más grandes (las dos columnas del medio) el stock se ha contraido hacia los estratos menores, por ejemplo, de 10 establecimientos que al comenzar la explotación tenían entre 15.001 y 20.000 hectáreas y 3.001 y más ovinos, en 1998 encontramos allí 1 establecimiento, en tanto el estrato de 1.001 a 3.000 presenta 7 y el de hasta 1.000 ovinos 5 explotaciones, lo cual da una pauta de la evolución negativa del stock y, por lógica consecuencia, de la caída en la rentabilidad de las explotaciones.

 

6. La carga estimada como indicador de percepción del estado del pastizal natural

La compleja relación entre necesidades de subsistencia y explotación del pastizal natural se hace patente en las explicaciones acerca de la potencialidad de la base material de la ganadería ovino-extensiva y las expectativas del ganadero.

Con el fin de profundizar en el análisis que esta compleja relación, que, mediante de relevamiento de pastizales y obtención de índices verdes [a través del procesamiento digital de fotos satelitales], estiman el número de animales que un determinado pastizal natural puede sostener. Esta variable es la que figura en el Gráfico 1 como "calculados INTA".

La complejidad de la relación y su potencial impacto sobre el pastizal natural es evidente cuando se contrasta la diferencia entre "estimados productor" y "existencias 1998" (animales existentes en la explotación al momento de la encuesta).

El número de "estimados productor" asciende a 108.350 animales en los 39 encuestados, en tanto que las "existencias 1998" son de 39.657 ovinos; siendo la diferencia entre lo que el productor posee actualmente y la que estima que su campo podría matener es de 68.693 animales.

Por otro lado, el número de animales que los productores estiman necesarios para cubrir los gastos ("necesarios productor") es de 118.050 ovinos. Entonces, si se compara el número de animales necesarios para cubrir sus gastos (118.050) con el de "estimados productor" (108.350) la diferencia es de apenas 9.700 animales.

Esta simple comparación permite apreciar uno de los modos en que opera el ganadero en su relación con el pastizal natural: el número de animales que el campo puede sostener, según su óptica, no surge de una estimación [vía relevamiento de pastizales , p.e.] de lo que el pastizal natural resistiría sino que se acerca mucho [o coincide con él] al número de animales que el estima necesario para cubrir sus necesidades.

De lo señalado surgen dos cuestiones: primera, y según se aprecia en los relatos, existe entre los productores la conciencia de algunos elementos que dan cuenta de la crisis del ecosistema; no obstante, no son esos los factores relevantes en la explicación acerca del desencadenamiento de la situación actual.

Para ser más claro: algunos productores aceptan que el sobrepastoreo es uno de los factores que llevaron a la situación actual, pero al explicar los problemas de su campo remiten constantemente a los bajos precios de la lana, cuestiones climáticas y depredares.

Segunda y más compleja, aunque la visualización de los elementos que desembocan en la situación actual pueda ser acertada, existen necesidades materiales concretas, relacionadas con la supervivencia que, sumadas a una necesidad de "des-responsabilizarse" por el estado actual de las explotaciones, conjugan sus efectos y obliga a cargar nuevamente los campos pese a la posible visualización de su estado "real".

Con el fin de ajustar el estudio de la imagen que el productor tiene de la receptividad de su campo, disponemos de la carga calculada [número de animales que, según la densidad de especies palatables, el campo puede sostener] por el INTA (6) para 23 establecimientos del área estudiada, por lo que puede hacerse la comparación entre ésta y la asignada por el productor, cotejando luego con el discurso que tiene cada uno de ellos sobre la situación actual de las explotaciones. En tal sentido, interesa especialmente realizar aproximaciones a la percepción del productor acerca del entorno natural y de su relación con él.

El relevamiento de pastizales es la técnica más simple y efectiva para determinar la producción de pasto por hectárea en cualquier campo. Es por ello que se toman los resultados de estos estudios, realizados en los campos cuyos productores fueron encuestados y se los compara con la carga potencial estimada por el productor.

Desde esta óptica, la visualización que los productores tienen del entorno natural, en tanto sostén de la explotación ganadera extensiva que llevan adelante, es de extrema importancia, puesto que es en ese desajuste entre lo que el productor estima que puede hacer y lo que realmente el estado del suelo y del pastizal natural le permitiría realizar, donde la investigación indagó y pretendía hacer su aporte más relevante, haciendo evidente que no basta con "mostrarle" al productor los efectos de un manejo no conservacionista del pastizal natural que ha llevado al estado actual a su explotación, sino que el productor mira y evalúa su campo desde otros parametros y considerando otros elementos, por ejemplo, el de remitir la carga actual a la comparación con la carga histórica o la de 10 años atrás, con lo cual el campo aparece, en general, con menos animales y, por consecuencia, con más comida disponible para alimentar más ovinos.

La importancia de considerar la carga potencial como un indicador de la percepción del entorno natural por parte del productor, reside en que la carga potencial depende del estado del suelo, en este caso, de la disponibilidad de pastizal natural para alimentar un número determinado de animales. El productor, según parece, no estima la carga potencial con ese criterio sino que remite la misma a los stock ovinos en los años 1991, 1981, es decir "a lo que siempre aguantó" y, como ya fue señalado, a la cantidad de animales que estima necesarios para cubrir sus gastos.

De tal modo que, al comparar la carga potencial con el stock de ovinos que dispone actualmente, surgen en los productores explicaciones que para dar cuenta de la caída sostenida del número de ovinos no toman en cuenta el deterioro del pastizal natural.

Una visualización a la situación planteada, puede apreciarse en el Gráfico 1. La lectura del mismo muestra que:

a) en general, el INTA estima una carga mayor (calculados INTA, línea guión y punto, roja) de la que muchos productores tienen actualmente (existencias 1998, línea continua azul);

b) la estimación del INTA no garantiza a la mayoría de los productores un número que pueda considerarse como una unidad económica rentable (necesarios productor, línea de punto gris);

c) salvo excepciones, los productores pondrían más animales (estimados productor, línea de guiones negra) de los que estima el INTA;

d) las variaciones más notorias son las que se dan entre el número de animales que el productor estima necesarios y el número de ovinos disponibles en 1998.

Para los objetivos del estudio, era de fundamental interés captar los motivos y razones que sostenían (y sostienen) los productores para dar fundamento a su práctica de producción hoy. Era necesario ir más allá de lo que se ve, adentrarse en el campo más denso y complejo de los significados que orientan y dan sentido a la práctica productiva del ganadero.

Fue con esa intención que realicé entrevistas en profundidad con los productores. En general, durante las mismas, al conversar sobre la evolución del stock, hacen hincapié en grandes catástrofes climáticas (gran sequía en 1983; nevadas y heladas en 1982 y 1984; la erupción del volcán Hudson en 1991; menor cantidad de lluvia y nieve en los últimos años) como causa de la caída del número de ovinos a valores realmente alarmantes.

Esas situaciones y elementos tienen una fuerte incidencia, aunque la explicación no se agota en ellos: "las agudas condiciones climáticas son sólo las causas desencadenantes del problema, pero su raíz se encuentra en el progresivo deterioro de los campos de pastoreo" (INTA Río Gallegos, 1986), a la vez que la "menor disponibilidad de forraje limita la producción en calidad y cantidad de lana." (Quargnolo y Alvarez, 1992)

Dos preguntas abiertas de la encuesta aplicada en la zona en estudio abordaban en términos generales la situación de evolución del stock ovino. Las respuestas dadas a la pregunta número 5 (¿cuáles son los problemas actuales de su campo?) y a la número 47 (¿Por qué motivo no mantuvo el número de ovinos?), dieron la oportunidad de aproximarse a la visión que los productores tienen de esta situación.

Sobre 39 encuestas, las respuestas modales a la pregunta 5 fueron: 30 productores mencionan la incidencia de los depredadores como uno de los problemas actuales en sus explotaciones y 13 señalan las inclemencias climáticas. El bajo precio de la lana obtiene 12 menciones y el despoblamiento de campos 7.

Al conversar sobre los motivos por los que no mantuvo el stock, para 29 respuestas la distribución es la siguiente: 18 menciones obtiene la cuestión climática y 17 la incidencia de los predadores.

Tanto en uno como en otro caso, las cuestiones climáticas y los depredadores emergen con importante peso en la explicación de la crisis. En ningún caso hubo referencias al sobrepastoreo como un elemento importante en el desencadenamiento de la situación actual.

 

7. Esquemas de análisis para comprender la interacción produción ovino extensiva y desertificación

El Esquema 1a procura dar cuenta de la visión que los productores tienen sobre el fenómeno. Según surge del relato de estos, el abandono y despoblamiento y establecimientos ganaderos es adjudicado básicamente a tres elementos, que confluyen en la crisis de rentabilidad: variaciones climáticas, incidencia de los depredadores y fluctuaciones en el precio de la lana. A partir de estas consideraciones las opciones que se abren son dos: cierre y abandono de establecimientos o continuidad de la producción en condiciones de extrema precariedad, es decir, en condiciones de subsistencia.

La primera es y fue una opción para quienes tenían otro ingreso en algún centro urbano o que, cuando aun podían vender la explotación, lo hicieron y con lo recaudado compraron viviendas para rentar o un comercio en la ciudad, estos tenían su propia vivienda en la ciudad. La segunda es y fue la opción obligada para quienes no pudieron (los mayores especialmente) hacer otra cosa. En general es gente que no tenía vivienda en ningun centro urbano y que había vivido prácticamente su vida entera en el campo.

El Esquema 1b da cuenta de la mirada de los organismos técnico-agropecuarios y de los estudiosos del tema. En este análisis, la explicación adquiere mayor complejidad, según puede apreciarse en el apartado 3. Recuperando elementos de la explicación de los productores, los articulan de otro modo en el marco de una racionalidad diferente. Básicamente, tomar en cuenta las variaciones climáticas supone realizar relevamiento de pastizales (tecnología relativamente nueva y, dependiendo quién la lleve a cabo, costosa en su realización), no hacerlo conduce a un no ajuste de la carga en relación con lo que el pastizal puede sostener y, consecuentemente, a una sobrecarga relativa del campo, cuya repetición es factor decisivo en la emergencia del fenómeno de la desertificación y sus consecuencias.

El Esquema 1c pretende sintetizar la compleja interacción hombre y naturaleza en el caso de los productores ovino extensivos. En el mismo procuro dejar en claro la diversidad de elementos que intervienen en la situación actual de las explotaciones, específicamente, como lo que hoy es asumido como una crisis de rentabilidad por efecto de los bajos precios de la lana y por la mortandad de animales debido a inclemencias climáticas, es en realidad el emergente de una forma social de producción que no consideró una utilización conservacionista del pastizal natural, desembocando en un águdo proceso de desertificación que está en la base de la crisis de la explotación ovino extensiva extensiva en la Patagonia Austral.

Es decir, no basta con la mejoría en los precios de la lana y disponer de mayor número de animales, es el suelo donde esos animales se alimentan lo que ha tornado prácticamente inviable la explotación en su modalidad histórica. Formas de explotación intensiva son costosas y su viabilidad se encuentra acotada a áreas muy puntuales de la provincia.

 

8. El discurso de los productores: presentación e interpretación

En este apartado retomo algunos planteos señalados precedentemente y los contrasto con el relato de los productores, procurando detectar y mostrar como los mismos construyen un discurso que se apropia del medio y lo interpreta desde una óptica en que cada acción y cada omisión adquiere sentido.

Las entrevistas proporcionan relatos que dan la posibilidad de aproximarse y conocer la particular visión que los productores tienen de las elementos y/o factores que intervinieron en el desencadenamiento de la crisis. Interesaba saber si reconocen el proceso erosivo como factor de crisis y a qué lo asocian o a qué elementos lo adjudican (7).

El análisis procura señalar aquellas opiniones de los productores que permitieran dar cuenta (y articular) los significados subyacentes, de tal modo que no menciono todos los testimonios que sobre un mismo tema emergen, sino aquellos que considero con suficiente fuerza expresiva acerca de la categoría de análisis de que se trate (clima, depredadores, carga potencial, etcetera) (8).

Los grupos de productores fueron definidos por la aplicación de un criterio simple, no obstante apropiado a los objetivos del trabajo, que consistió en considerar la diferencia entre las variables ingresos del establecimiento, que surgió con un peso relativo importante en algunos análisis de correlaciones, y gastos del establecimiento en el último año como criterio de demarcación.

De la aplicación de tal criterio surgieron tres Grupos de productores: Grupo I) nivel de sobrevivencia (con un saldo negativo entre gastos e ingresos); Grupo II) en transición (el gasto y el ingreso es igual) y Grupo III) sostenibles económicamente (el saldo entre gastos e ingresos es positivo). En el primer grupo se ubican 23 establecimientos; en el segundo 5 y en el tercero 11 (9).

 
8.1. "me está sucediendo a mí y a todos los ganaderos"

Las respuestas dadas en las preguntas abiertas de la encuesta, relacionado con la inversión en el orden de los factores de peso en la explicación de la situación actual, pueden estar asociadas a un des-responsabilizarse por las causas de lo ocurrido, en el sentido de que la primer pregunta hacia referencia a una situación general "los problemas del campo hoy" y la segunda a cuestiones que lo involucran directamente "¿por qué –usted- no mantuvo el número?".

En este sentido, el párrafo siguiente corresponde a un productor que intenta explicar la propia situación a partir de que el suyo es un caso de tantos similares: "(...) y el problema grave fue a partir del ´84 (...) la gente se fue... descapitalizando, porque imagínese... porque no nos podemos fundir los cuatrocientos tipos de golpe!!, quiere decir que... si durante añares, muchos de ellos ganaderos de toda la vida, usted no puede pasar a ser un mal administrador de la noche a la mañana... entonces desgraciadamente esa es la gran verdad!! (...) yo tengo 50 años, nací acá!! (...)" (48, G1) (10).

La expresión "ganaderos de toda la vida" procura dar peso a la idea de que "sabían como hacerlo" en relación a la producción, por lo tanto, no serían ellos los responsables de la situación actual (11).

La expresión del productor 48 tiene por objeto alejar aquello que podría poner en duda su propia práctica productiva, con ese fin expresa que "no nos podemos fundír los cuatrocientos tipos de golpe"; alejando la sombra de responsabilidad individual.

En un productor del Grupo II se encuentran elementos que permiten reconocer que acepta un estado de crisis sin mencionar explícitamente esta palabra, retoma la idea de que "esto le pasa a todos": "(...) creo que estamos en un punto donde la gente está teniendo un cambio por obligación, por un montón de factores, que están los momentos dados para tener un cambio, el campo no es rentable, estamos trabajando a pérdida, por lo menos toda esta zona (...)" (15, G2).

Un ejemplo de cómo la práctica cotidiana [el habitus, diría P. Bourdieu] procura asegurar su constancia lo da un productor que reside habitualmente en el campo, pertenece al Grupo III y que tiene esta visión de la situación: "(...) imaginate que 1.700 animales son como 9.000 y tantos kilos de lana. Con un 40 de rinde, con 19,20 micrones; si la unidad económica tiene que ser 5.000 animales, ¿qué podemos decir nosotros en este momento con 1.700? (...) al valor del producto teníamos U$S1.20 ó U$S 1.10; ahora tuvimos este aumento en este año que, por lo menos en nuestra zona que ya fue afectada, estaba en U$S 2.10 ó U$S 2.15; Ya es un precio aceptable para ir sobreviviendo, porque la palabra es esa: sobrevivir. Hacer vida de campo, limitando gastos. Yo estoy hablando de lo que me está sucediendo a mí y a todos los ganaderos de la zona del Río Santa Cruz para acá, que es la zona más afectada (...)" (114, G3).

Remitir la explicación de que lo que se dice es algo que ocurre del mismo modo a otros cientos de productores parece ser un mecanismo que pretende reafirmar los dichos y señalar que no es el único que atraviesa esa situación, que el no hizo nada que no hicieron los demás.

La aproximación a estos significados tiene relación directa con el afuera y con los otros, el productor debería esperar que las condiciones externas estén dadas para seguir la explotación ganadera como hasta ahora.


8.2. "Ovejeros de raza"

Ante la crisis existe la necesidad de buscar alternativas, cuya dificultad se acrecienta sobre todo por el condicionamiento que la costumbre como productores ganaderos ovino extensivos representa, y que dos hermanos, propietarios de un establecimiento en la zona en estudio, explican de este modo: "(...) para nosotros fundamentalmente es una cuestión cultural, las raíces del problema, a lo mejor más grave, que hemos tenido para aceptar los cambios es que somos ovejeros de raza, nosotros somos como esos perritos que ustedes ven ahí, que no se sabe que porque milagro de la naturaleza uno los larga con las ovejas y salen trabajando solos, bueno, nosotros somos medios parecidos, somos ovejeros y lo llevamos adentro (...)" (28, G1).

Los afectos pesan de manera decisiva y envuelven la situación como un elemento de gran relevancia, que atraviesa la mayoría de las decisiones que se toman con relación al campo. En una expresión breve pero ejemplificadora, un ganadero comenta así la razón de mantener el campo: "lo hemos heredado, pero hemos vivido toda la vida en el campo y sabemos el sacrificio de los padres y bueno, un poco es un capital medio sentimental (...)" (41, G1).

La costumbre es "pesada" y lleva a realizar acciones que, desde una mirada puramente técnica, pueden ser concebidas como irracionales.

Otro productor expresa "ahora traje, hace poquitos días traje 200 ovejas para... para no abandonar digamos, no cierto?, son ovejas viejas, no se como les va a ir este invierno" (8, G1).

En este tipo de acciones es donde podemos darnos cuenta de que la racionalidad productiva de estos ganaderos esta construida sobre elementos no puramente económicos, puesto que de otro modo no se explica la acción del productor mencionado, cuando el mismo intuye que probablemente al final del invierno no encuentre animales vivos.


8.3. "perdimos la guerra"

Encontramos productores en los que es elocuente la resignación y el pesimismo, aún en establecimientos que podrían continuar la producción pero sin posibilidades de diversificación, es decir, aquellas explotaciones que no podrían realizar otra producción por no tener agua en cantidad suficiente. Uno de esos productores realizó la siguiente reflexión: "(...) en este momento estamos... no es que estamos, no estamos en producción, porque las últimas 200 ovejas las tuve que vender el año pasado por que ya el avance del zorro... ya no teníamos pariciones, en el año 92 que todavía había 1.000 y pico de animales hubo una buena parición, porque la salimos a ver, yo me tuve que ir (...) tuve que hacer la señalada y resulta que... creo que señalé... ninguno, no? y bueno, llegamos hasta el año pasado que tuve que sacar las últimas ovejas, ahora en este momento hay 15 carneros, 40 capones y 30 ovejas, y no hay más... así que... perdimos la guerra (...)" (18, G1).

La incidencia del clima y del robo, que será analizada en el apartado siguiente, se asocia en algunos casos con la existencia de deuda con entidades de crédito, tal es el caso de este productor, quien relata: "(...) pagué, me quedó una sola cuota de las borregas que no alcancé a pagar, eso me parece que fue en cuatro cuotas, pagué tres y me quedó una hay colgada, la última; y bueno en el ´91 con el tema del volcán (...) claro, acá el campo ese de arriba, el campo del puesto, daba justo en el límite de la zona 1 (...) otra vez murió mucha hacienda y en el verano, en diciembre más o menos, me sac... bah!, me robaron unos 800 capones más o menos (...) y bueno de ahí lo poco que me quedó lo llevé para abajo, a La Hermosa (12), me quedaron 700 y pico de ovejas, creo 800, las llevé para allá y bueno, ahí se terminó El Refugio" (8, G2).

Las consideraciones que realizan los productores remiten constantemente a elementos que valoran situaciones que no serían la causa de la crisis pero que sí afectan hoy la posibilidad de seguir en producción o de reiniciar esa explotación.

Uno de los productores señala, respecto de los animales de su explotación, que: "no los saque del todo, tengo allá en la cordillera 1.000, 1.000 y algo... es imposible luchar contra... el robo... y la desocupación de los campos linderos que fue tan brava... y últimamente yo me había quedado aislado y ningún vecino mío tiene hacienda... y finalmente la mortandad de animales por zorro, por robo... es imposible de evitar, nosotros no tenemos armas para el ladrón (...) agregá bajísima rentabilidad de la lana, agregá que hay que pagar sueldos más o menos superiores a los normales que pagan en el pueblo... entonces... hay que invertir más, darle más comodidades a la gente... así que los costos son demasiados... sobre todo en esta zona... porque aquí no tenemos cómo en la costa del río Santa Cruz para allá, en Río Gallegos, una gran cantidad de corderos de señalada segura por año (...)" (12, G1).

Por el nivel de inversión realizado y el monto del endeudamiento actual, muchos de ellos no pueden ser conceptualizados como minifundistas, no obstante la rentabilidad y los objetivos de la explotación están orientados a garantizar un ingreso mínimo que le permita vivir sin sobresaltos en los tiempos actuales. Es decir, la lógica productiva que llevan (o llevaban) adelante hace que, de hecho, funcionen como tales (13).

En general las opiniones coinciden en la apreciación de la situación actual pero difieren en las posibilidades reales o potenciales que ven para salir adelante. Existe una tendencia a "pelearla" con más entusiasmo por parte de aquellos que todavía tienen la explotación con animales o que viven en ella, pensando y haciendo propuestas de cara al futuro. En tanto en aquellos que ya dejaron la explotación o la tienen fuera de producción, las propuestas se orientan mayoritariamente a esperar una mejoría del clima y del precio de la lana como condición para volver a la misma. La mayoría espera el repoblamiento masivo de ovinos en los campos para evitar o disminuir las perdidas provocadas por el zorro colorado.


8.4. "el clima nos cambió, digamos, para mal"

El factor clima es el elemento en torno al cual giran casi todas las explicaciones que los productores dan a la situación actual, la mayoría coincide en adjudicarle gran influencia en el desencadenamiento de la crisis actual y en considerar simultáneamente que es el factor de cuyo comportamiento depende la mejoría.

Estudios realizados por diversas instituciones dan cuenta que la alternancia entre ciclos secos y ciclos húmedos es típica de climas áridos y semiáridos, como es el de la meseta central en Santa Cruz. Sin embargo, se insiste en que ha habido un cambio y que este afectó gravemente el rendimiento de los campos naturales.

M. Bendini y C. Nogues encuentran en el clima un elemento importante en la explicación de la crisis que dan los ganaderos trashumantes, "no aparece una percepción uniforme sobre las causas del problema. Algunos atribuyen el empobrecimiento de los pastizales a ciclos de sequía prolongados y unos pocos al sobrepastoreo y/o al pastoreo continuo. Los productores familiares identifican a la variable climática como causa tanto de los procesos de empobrecimiento de los campos como de recuperación de los mismos, asociado con un concepto de ciclo y representaciones fatalistas de los resultados" (Bendini y Nogues, 1992: 22).

Respecto del cambio de clima, un estudio reciente, llevado a cabo por profesionales de la Unidad Académica Río Gallegos de la UNPA, aporta datos concretos en esta discusión: "contrariamente a lo que se podría imaginar, han descendido las temperaturas mínimas absolutas, y en algunos casos en forma significativa (entre 1 y más de 5º C.). Esta cuestión debe ser tomada como un diagnóstico importante en el estudio de este sistema natural-antrópico, pues se observa un aumento general de las amplitudes térmicas medias (...) esto permite interpretar la existencia de un proceso de intensificación de la continentalidad, que seguramente participa como factor en el avance de la desertificación que sufre la Provincia, aunque sus causas directas están imbricadas con el manejo humano de las explotaciones ganaderas, mas que con el cambio climático (...) si bien en la mayoría de las localidades se aprecia un aumento en las precipitaciones anuales, está visto que por ahora las mismas no compensan la acción ejercida por el ascenso térmico, y por ello notamos una evolución de la continentalización-desertificación" (Cuadra, 1995: 17).

Esta reflexión permite analizar las opiniones acerca del peso del clima con nuevos elementos de análisis. En principio, habría más agua por lluvias anuales aunque también la evaporación sería más rápida, lo cual podría reforzar la idea de algunos productores de que "hay menos húmedad". Su efecto incide negativamente en la situación de crisis actual pero no sería el factor central en la explicación del estado actual de las explotaciones ganaderas extensivas en la zona centro.

Un productor del Grupo III, ex criador de ovinos y ahora de vacunos, tiene una opinión novedosa sobre el clima, coincidiendo en parte con la reflexión anterior: "claro, en estos últimos años lo que más ha afectado no es la cantidad anual de agua que cae sino que mal distribuida, por ejemplo te caen las lluvias digamos en abril o mayo que al campo no le sirve (...) aparte de eso la temperatura ha aumentado mucho porque los calores que hay en verano antes no había tanto, eso de llegar a los 40º, 35 o 40º eso nunca se veía, eso es más o menos nuevo y en esa época 10 milímetros de agua es igual que tirar una gota de agua sobre la plancha (...) Para mi es la cantidad de lluvia" (66, G3).

Aunque reconoce un elemento que no aparece en otros productores, el del elevamiento de la temperatura, termina aceptando la explicación difundida de que "es la cantidad de lluvia".

La expresión del siguiente productor es elocuente reflejo de lo importante que es el factor ´cambio de clima´ en el discurso de los ganaderos en la zona centro: "los campos han venido a menos porque antes los inviernos, según mis abuelos o mis padres, comenzaban en abril, acá en abril se tapaba en nieve, llegaba noviembre y Ud. no podía salir de los campos, hoy en pleno invierno uno anda de zapatos recortados y se va a la meseta sin ningún problema. No, no, lógicamente, acá ha cambiado el factor clima, dentro de todos los fenómenos que pasaron, nos cambió, digamos, para mal (...) ya el ´82 nos pegó un golpe, pero el golpe de gracia lo dio el ´84 (...) la zona quedó bastante despoblada en ese momento (...) Desgraciadamente de ahí en más, siguió la sequía, siguió la baja rentabilidad, porque el campo no ofrece rentabilidad (...)" (48, G1).

Este productor realiza una asociación en su relato de aquellos elementos que señalamos como externos, es decir, baja rentabilidad y clima asociados a una mala situación financiera de las explotaciones debido, entre otras razones, a las sucesiones indivisas. En ningún momento él se ubica en alguna posición relevante en el desencadenamiento de la crisis, todo aparece afuera.

Se encuentran, aunque no explícitamente, menciones a algunas causas de la crisis: "se debe al invierno muy escarchador, el verano agarró la hacienda flaca, flaca por completo, porque no había pasto y llegó el invierno con escarcha, que no nevó, no nevó nada (...)" (51, G1).

La expresión "agarró la hacienda flaca por completo porque no había pasto" puede significar un reconocimiento implícito al estado del pastizal natural, lo cual impidió a los animales alimentarse adecuadamente. Es decir, no había pasto ni antes ni durante el invierno.

Estos señalamientos son recurrentes en los productores y podríamos definirlos como "la conspiración climática" que contribuyó en gran medida a llevar sus explotaciones al estado actual.

Este cuarto grupo de significados muestra con cierta claridad el empeño puesto en des-responsabilizarse por la emergencia de la situación actual: no son ellos quienes han hecho mal las cosas, "hechos externos" afectaron de modo decisivo la forma de producción y los condenaron al fracaso.

Básicamente, aceptar su responsabilidad en la crisis actual supone un cambio en la forma de producción, lo cual supone que se abandona el interés que se juega en este campo, asociado al "ser productor". Significa, lisa y llanamente, que se termina el juego como hasta ahora se jugó. Esto es inaceptable, por lo cual sería preferible seguir jugando con lo que queda y como se pueda a intentar definir nuevas reglas para un nuevo juego (14).


8.5. "si viniesen tres o cuatro años de estos, se va a poblar de pasto de nuevo".

Esta representación puede considerarse como la contracara de la señalada en el apartado precedente, y podría enunciarla de modo simple en términos de "si el clima provoca la caída, también el clima puede ser el factor del resurgimiento".

Los elementos que mencionaré a continuación tienen relación con lo que podría denominar una "naturalización" del problema, puesto que tanto las causas como la solución a la crisis están afuera, lejos de la posibilidad que ser controladas por el productor. Por lo tanto, eximiéndolo de responsabilidades en la emergencia de la situación actual.

Los párrafos citados hasta aquí dan cuenta de una situación respecto del clima, la que tiene directa vinculación con el desencadenamiento de la crisis.

Existe otra visión respecto del clima, que se asocia con su capacidad de actuar con acción regeneradora de los campos y dando lugar a la creencia de que los campos "mejoraron".

Esta visión parece acentuarse al ver los campos despoblados de animales y repoblándose de pastos. No siempre este nuevo pasto es del agrado de los ovinos (no es una especie palatable, en lenguaje técnico).

Un productor expresa su punto de vista acerca de cómo imagina el futuro y señala los elementos que deberían darse para permitir que la explotación se reinicie o continúe de manera satisfactoria. Se desprende de sus expresiones que esos elementos hoy no estarían dados.

Lo relata de la siguiente manera: "(...) yo creo que para que vaya la oveja nuevamente, tiene que acompañar el factor clima, tiene que empezar a nevar, tienen que recuperarse los campos, tienen que juntar agua las lagunas primordialmente, acá se conjugan un montón de cosas, el valor del producto, las especies depredadoras, acá hay muchas cosas (...) están los campos totalmente despoblados, así que si un campo que se veía escaso de pasto, hoy es impresionante cómo se está recubriendo otra vez de pasto, si llegamos a tener un invierno medianamente nevador, no hablo de mucha nieve, pero con un poco de humedad con toda la semilla caída, los campos se van a repoblar muy bien (...)" (48, G1).

El relato previo evidencia una situación que surge reiteradamente en los distintos relatos: la posibilidad de volver a la explotación ovino extensiva si el clima acompaña y el valor de la lana es mayor y estable. Lo que emerge con peso notable es la negación de que es la capa fértil lo que se ha perdido, que no es sólo agua lo que hace falta.

En algunos productores hay una expectativa más grande aún, puesto que estiman que si la lluvia se sostuviera en el tiempo la mejoría sería mayor. No obstante, el productor cuyo relato presentamos más abajo, tiene una percepción difusa del problema, sobre todo cuando dice que "ahora vos ves una mata de pasto acá, otra acá", precisamente una de las características en la transición de un grado de desertificación leve a otro más grave es la pérdida de cobertura vegetal y dentro de ella de las especies palatables.

Este hombre relata que "(...) este año nevó, estoy de acuerdo que nevó, pero que paso con el agua? semilló el pasto, pero nada más... yo calculo que si viniesen tres o cuatro años de estos, ahí sí va a poblar el pasto de nuevo, todo, no solamente este, sino algo general de la zona, porque ahora vos ves una mata de pasto acá, otra acá (...) y ese campo se había mantenido con más cantidad de animales que ahora, llegó a tener 5.500, 6.000 ó 6.500...Y ahora tiene 3.000" (20, G3).

Este productor hace referencia a otra situación que [como fue señalado en el apartado 3] parece tener peso al momento de calcular la carga del establecimiento: se toma el número histórico de ovinos como referencia pero no se cuestiona si ese número pudo estar sobredimensionado, puesto que si llegó a tener 5.500 o 6.000 animales y hoy no puede sostener 3.000 en buenas condiciones, ¿que ocurre?, ¿es sólo el clima el factor de cambio?, ¿es sólo allí donde hay que buscar las explicaciones?.

Probablemente el haber mantenido el campo con 6.000 o más ovinos es lo que llevó a la situación actual, donde se aprecia un estado de deterioro notable, según los propios dichos del productor.

Un productor piensa que en los últimos años se redujo la cantidad de humedad y encontramos una asociación entre cambio de clima y "perdida del suelo", si bien este hombre no explica como se evidencia ese "terminarse del suelo" es sugestiva su aparición y merece destacarse: "(...) si bien antes había mucha hacienda, yo pienso que el invierno siempre venía con algo de nieve, entonces alcanzaba a mantener la humedad, después de algunas lluvias de la primavera, venían los inviernos nevadores y seguro que la primavera era con lluvia, entonces alcanzaba a semillar el pasto, había más pasto en todos lados; después con esos inviernos tan escarchadores y primaveras secas y se tiene que terminar el suelo" (41, G1).

Pero más adelante, en la misma entrevista, pasa por alto la cuestión de "se tiene que terminar el suelo" y nuevamente deposita su confianza en el clima: "Pero después hay inviernos que son nevadores (...) por ahí quizás es necesario que vengan unos inviernos de esos para que se vaya poblando el campo de pasto" (41, G1).

La pregunta es: ¿si se termina el suelo, donde germinaría el nuevo pasto?.

Un productor del Grupo III tiene una visión que puede definirse como ajustada de la problemática, aunque después, en otras instancias de su relato, se encuentran elementos contradictorios con las propias expresiones: "bueno, yo entiendo que el que ha trabajado con mucha cantidad de animales, sobrecarga de animales en los campos, que se ha ido comiendo por las patitas, por las pesuñas, la capa fértil, uno se da cuenta. En la parte sud en nuestros campos ha quedado con falta de tierra, de tierra buena, que falta cubrirse. Yo lo entiendo así... por desertificación, que falta la capa...." (114, G3).

Este productor da cuenta de lo que entiende por desertificación y acepta que en alguna parte de su campo ese fenómeno está presente. Esta es una situación bastante común en el grupo de entrevistados: confusión de elementos desencadenantes de la situación actual con aquellos que podrían estimular el desarrollo futuro; no cuestionamiento de la forma tradicional de manejo, tomándola en muchos casos como antecedente de que antes "se trabajó" con más animales, sin evaluar los efectos que ese modo de utilizar el suelo trajo aparejado.

 

9. Para seguir pensando.

La información analizada en el apartado 8 pretende evidenciar el pensamiento de los productores, de los elementos que consideran en su análisis y de cómo construyen un discurso sobre la situación actual y su devenir, resignificando hechos que para ellos son "la prueba" de que lo que dicen es lo que realmente aconteció.

En este sentido hablo de una "conspiración climática", puesto que en muchos productores aparece la idea del "golpe" que asestó el clima en sus explotaciones, lo que implica apreciar la situación actual no como producto de una construcción, de un proceso histórico en el que ellos fueron partícipes necesarios con sus decisiones y omisiones, en las que el clima fue un elementos más que se entretejió en la densa trama de esa realidad productiva.

A la vez, existe una concepción de "naturalización del problema", en el doble sentido que puede leerse ésta expresión: por un lado, el de "siempre fue así", "nosotros no cambiamos nada" y, por el otro, fue la acción de un elemento natural, el clima, lo que provocó la situación actual: el cambio de clima es lo que destruyó los campos.

Al considerar la evolución de la explotación desde esa óptica, los daños producidos por el clima emergen con un potencial explicativo que oscurece la argumentación de los organismos técnico-agropecuarios y los especialistas mostrada en el tercer apartado, quienes señalan el efecto decisivo de la acción antrópica sobre el ecosistema.

Sin desmerecer la incidencia que tienen el clima y los depredadores en la disminución del stock de animales y sobre la rentabilidad de las explotaciones, el análisis presentado hasta aquí enseña que en el discurso de los productores estos elementos se combinan entre si y con otros de tal modo que permiten negar la causa principal de la crisis: el sobrepastoreo ovino.

Y esta negación se apoya en significados acerca de una sabiduría sobre la "correcta forma de producir", lograda a lo largo de años de experiencia en esos campos. Por consiguiente, las explicaciones procuran dejar a buen resguardo esta forma de producir y encontrar las causas de la crisis fuera, en el clima por ejemplo.

Asumirlo de otro modo, supondría aceptar que ellos han destruido aquello que les permitía vivir. Esta situación podría denominarse "principio de autodefensa" y procuraría resguardar la integridad psíquica ante la evidencia del desastre existente y, especialmente, dejar a salvo de crítica (y autocrítica) lo actuado hasta allí.

Muchas explicaciones se apoyan en la creencia de con una sucesión de "años buenos" el campo mejorará, lo cual se transforma en un nuevo obstáculo con vistas a implementar políticas de reconversión productiva y de manejo conservacionista del suelo, puesto que el problema es colocado en la "coyuntura climática", restando esperar su mejoría para que el campo arranque una vez más.

Si a la "conspiración climática" le sumamos la "naturalización del problema", el productor queda eximido de responsabilidad, puesto que es evidente en las explicaciones que dan a la situación actual de sus explotaciones la "externalidad de las causas", aunque algunos de ellos en sus relatos dan cuenta de modo confuso, y no siempre con la voluntad de hacerlo, de elementos que se ajustan más a lo que pudieron haber sido causas concretas en el desencadenamiento de la crisis: sobrepastoreo por desconocimiento de la receptividad del campo o para compensar, en tiempos de bajos precios, la caída del ingreso.

Sin embargo, como fue señalado, la explotación ovino extensiva en Patagonia Austral se consolidó en dos vías: la ocupación del territorio y la puesta en producción de los establecimientos a la vez que, simultáneamente, se constituyó en un sistema social de producción, que estructuró la sociedad y se erigió en el centro de la vida económica. Para confirmar esto basta ver alguna de las obras que refieren la importancia que la ganadería ovino extensiva tuvo en las primeras décadas del Siglo XX, no obstante, su decisiva influencia llega hasta nuestro días.

Esto significa que la responsabilidad no es solo de los ganaderos, hubo (y hay) toda una cadena de instituciones, personas y personajes que se beneficiaron con la explotación ovina, sólo que hoy la cara visible de la crisis es el ganadero.

Aquí se incluyen desde el comprador de lana y las compañías exportadoras que hicieron muy buenas ganancias en la época dorada del ovino hasta los bancos y los estados provinciales y nacional, que otorgaron (y siguen otorgando) subsidios a ganaderos que explotan en campos con severos grados de desertificación en la mayor parte de su superficie.

Sin duda, los organismos técnicos que llegan directamente al productor deberían revisar y actualizar permanentemente sus estrategías y prácticas de acercamiento, en tanto es en el nivel discursivo (sin desmerecer la importancia de la práctica) donde se juega gran parte de la posibilidad de persuadir y lograr un reorientación de las prácticas de producción en los ganaderos.

Quizás el aporte más significativo de este trabajo consista no tanto en abordar el pensamiento de productores en un área prácticamente devastada por la desertificación, como en poner a disposición de un público de investigadores y planificadores elementos de análisis para situaciones similares, pensando que la reconversión productiva no es algo que se promueva y se instale sin más, sino que va a reemplazar una forma de producción vigente y consolidada, encarnada en personas que tienen visiones y pasiones, que significan "lo real" de un modo determinado y desde cuyos significados las acciones y omisiones encuentran sentido.

Lo expuesto hasta aquí permite apreciar la diversidad de miradas que existen sobre la misma situación, por lo que el planteo de cambio en la forma de producir supone un cambio en la cultura productiva, con sus significados y prácticas asociadas en la compleja relación entre el hombre y el medio natural.

Quizás la respuesta a ¿por qué no adoptan tecnología? este contenida en los apartados donde se presenta el relato de los ganaderos. Ellos no visualizan una crisis en el sentido que fue descrita en los primeros apartados y, por ende, no asumen como necesario incorporar tecnología para salir de ella. Tan simple pero tan dramática es la visión de estos ganaderos.

Una simpleza en la forma de producir y acumular cierta riqueza que fue producto de muchos años de funcionamiento del sistema de explotación ovino extensiva sin grandes contratiempos, años en los cuales se fue gestando la crisis que hoy se manifiesta con toda contundencia.

Se debería monitorear las zonas más afectadas por el fenómeno, pero también se debe asistir a los productores que allí viven y a los que ya han dejado las explotaciones.

Con el nivel de gravedad que se presenta la situación actual para muchos productores y para buena parte del suelo patagónico, la decisión y las medidas tendientes a procurar una estrategia para enfrentar la desertificación son de carácter netamente político.

Tal decisión debería tomarse con base en estudios de los organismos técnico-agropecuarios y de la revisión de experiencias en otras partes del mundo, que muestren posibles vías de salida a la encrucijada actual: clausuras a la explotación ovino-extensiva en las zonas más degradadas, relocalización de productores en áreas donde todavía ello es posible; subsidios para el cuidado del establecimiento no para su explotación; revegetación con plantas que contribuyan a detener el avance de la erosión; monitoreo constante de aquellas explotaciones que todavía pueden seguir en producción, pensando a la vez en la diversificación productiva como la forma de asegurar la subsistencia de esos productores; entre otras tantas posibilidades que habría que barajar.

Todo ello entraña inversión, en cantidad y sostenida en el tiempo, no obstante, en las circunstancias actuales es acuciante su necesidad puesto que está en juego el porvenir de una parte muy significativa del territorio patagónico, por lo cual su realización debería trascender cálculos electorales y gobiernos en turno: debe ser una cuestión de Estado.

 

Notas

1. La investigación para Tesis de Maestría "Representaciones Sociales de la desertificación. El caso de los productores ovino-extensivos en la zona centro de la meseta central. Provincia de Santa Cruz", de la cual este artículo es producto, fue posible gracias al aporte de la UNPA (Universidad Nacional de la Patagonia Austral), que paga mi salario y aportó fondos para el desarrollo del proyecto; del INTA-Río Gallegos (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), que aun en la permanente crisis económica en la que permanece sumido ante la desidia de sectores que no valoran su importancia, aportó apoyo financiero y, especialmente, humano; y el PRODESAR (Proyecto de prevención y control de la desertificación para el desarrollo sostenible de la Patagonia) -Convenio INTA/GTZ (Agencia de Cooperación Técnica Alemana)-, que también colaboró en la concreción de este trabajo. El director fue Guillermo Neiman (CEIL/CONICET) a quien agradezco el generoso tiempo de lectura a versiones previas de este trabajo y el aliento para que, de una vez, publique estas páginas.
2. Recuperando esta idea, a mediados de la década de los ´50, Alfred Schutz postulo una premisa que puede considerarse básica para la sociología comprensiva: "el campo de observación del científico social, el mundo social, no es esencialmente inestructurado. Tiene un sentido particular y una estructura de significatividades para los seres humanos que viven, piensan y actúan dentro de él (...) estos han preseleccionado y preinterpretado este mundo mediante construcciones de sentido común acerca de la realidad cotidiana. Esos objetos de pensamiento determinan su conducta, definen los objetivos de su acción, los medios disponibles para alcanzarlos (...) los ayudan a orientarse dentro de su medio natural y sociocultural y a relacionarse con él" (Schutz, 1995: 37).
3. Antes de entrar de lleno al abordaje de los significados que de la crisis tienen los productores y cómo estas influyen en las decisiones que ellos adoptan, es necesario mantener presente que "(...) los ecosistemas humanos son complejos sistemas adaptativos, capaces de generar organización y reorientarse. Los ambientes no determinan el comportamiento humano pero ofrecen limitaciones y barreras además de posibilidades y oportunidades. El ambiente de las conductas humanas incluye las prácticas (favorables, erróneas o ausentes) de manejo, uso y conservación de los recursos naturales. Cabe señalar que las conductas o acciones están condicionadas por conocimientos y actitudes, arraigadas en factores culturales, tradiciones y necesidades sentidas" (Hidalgo, 1995: 179).
4. Algunos conceptos de este apartado fueron presentados y discutidos en las "Primeras Jornadas de Estudios Agrarios y Agroindustriales"; comisión "Recursos Naturales y Sostenibilidad Ambiental". Facultad de Ciencias Económicas - Universidad de Buenos Aires (UBA). 4/5-11-99.
5. En el marco del proyecto PRODESAR se definió un área píloto que se concentró en la zona de Gobernador Gregores, la más afectada por la desertificación. El área incluía 60 establecimientos, de los cuales fueron encuestados y entrevistados 39. Respecto de los 21 restantes, no fue posible contactar con ellos en el periodo previsto para encuestar y entrevistar o los establecimientos se hallaban abandonados.
6. El cálculo, dicen los autores, se realizó en base a la obtención de masas de índice verde (que relevan las existencias forrajeras) y mapas de unidades de paisaje (que permiten evaluar la aptitud del terreno para la cria de ovinos y, según la altura sobre el nivel de mar, también la magnitud del riesgo invernal y la posibilidad de realizar trabajos en campos diferenciados -invernada y veranada). (Oliva et al, s/f)
7. M. Bendini y C. Nogues, en el estudio mencionado, detectan que la percepción de la desertificación es diferencial según el grupo de que se trate, así "los productores familiares no reconocen la denominación desertificación, no se refieren al ambiente en que desarrollan su actividad agropecuaria como desierto ni al proceso de degradación y erosión como de desertificación. Eso no quiere decir que no reconocen la problemática implícita pero se refieren a ella como empobrecimiento de los campos o en términos de menor disponibilidad de pastos (pastizales) (...) en cambio, los empresarios se refieren explícitamente al proceso de desertificación pero como una problemática ajena a ellos, proceso asociado a los crianceros y originado por concentración de población y de carga animal (sobrepastoreo y predominancia de ganado caprino)" (Bendini y Nogues, 1992: 21).
8. En ocasiones puede encontrarse un seguimiento a los dichos de un mismo productor, el mismo tiene por fin ´mostrar´ como en el propio discurso emergen las contradicciones que permiten aproximarse a los significados de la desertificación en los productores, objeto de nuestro estudio.
9. La tipología señala que los productores del Grupo I no cubren los costos mínimos de la explotación y no pueden desarrollar una producción ampliada con generación de excedente y reinversiones. Las actividades obligadas del campo en general las realizan ellos mismos o con ayuda de familiares; los productores del Grupo II presentan distintos grados, cubrirían los los gastos anuales y obtendrían un pequeño excedente, inútil para realizar reinversiones por su escaso monto; los productores del Grupo III serían excedentarios, aunque con un excedente que permite cubrir el sustento del productor y su grupo familiar, con posibilidades de reinversión en mejoras que demanden un reducido monto de capital.
10. El primer número alude a un productor determinado; la letra y el número siguiente remiten al grupo de la tipología al que pertenece el productor, en este caso, el es productor 48 del grupo 1.
11. Un interrogante que podemos plantear tiene relación con la situación de ¿cómo es posible que sin ponerse de acuerdo y en la mayoría de los casos, sin conocerse personalmente, pueden ´equivocarse todos a la vez´ y, a pesar de las distancias geográficas entre unos y otros, llegar a explicaciones similares sobre las causas de la crisis?. En estos casos, hablamos de significados e imagenes compartidos por los productores.
Resulta interesante introducir el concepto de habitus, que BOURDIEU (1991: 92) define de la siguiente manera: "sistema de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente ´reguladas´ y ´regulares´ sin ser el producto de la obediencia a reglas y, a la vez, que todo esto, colectivamente orquestados sin ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta." Itálicas nuestras.
Este "situar" al productor es clave para el objetivo de conocer "cómo ve su campo y desde donde lo está mirando".
El aporte de P. Bourdieu (1991) permite comprender porque muchos productores dan explicaciones similares a los problemas actuales del campo, muchos de ellos sin haberse visto una vez en la vida. similares condiciones de existencia dan origen a modos similares de pensamiento. Los habitus y significados a el asociados, surgen y se consolidan en esa dialéctica de interiorización de lo externo y exteriorización de lo interno. BOURDIEU (1991: 102) expresa que: "la homogeneización objetiva de los habitus de grupo o de clase que resulta de la homogeneidad de las condiciones de existencia, es lo que hace que las prácticas puedan estar objetivamente concertadas sin cálculo estratégico alguno ni referencia consciente a una norma, y mutuamente ajustadas sin interacción directa alguna y, a fortiori, sin concertación explícita (...) como dice Leibniz, ´no siguiendo más que sus propias leyes´, cada uno ´se pone de acuerdo con el otro´ (...)." No retomaremos aquí la discusión sobre los criterios para definir clase. En nuestro trabajo lo utilizaremos acotado al contexto del estudio como sinónimo de grupo.
En el caso de los productores, como en el de todos los agrupamientos humanos, la información es difundida por distintos medios y con distintos ritmos de propagación: radio, televisión, reuniones de las sociedades rurales, remates, etcetera. Estos "espacios de socialización" son lugares posibles donde los significados circulan y se difunden. Pueden llevarse estas argumentaciones al contexto que interesa y hablar de prácticas sociales de producción, compartidas y consensuadas implícitamente entre los productores de la zona centro, de modo tal que ya no cuestionan las premisas de partida, cual si fuera un sistema axiomático, y buscan afuera los elementos que provocan disturbios en ella.
12. Los nombres de los establecimientos son ficticios.
13. Al respecto, Mercedes Basco opina acerca de los objetivos de los productores minifundistas y el ingreso mínimo para la subsistencia, diciendo que la racionalidad de estos: "es diferente a la del empresario, debido a su diferente dotación de recursos y forma social de la explotación (...) su racionalidad económica tiene como objetivo asegurar la subsistencia familiar para lo cual intenta maximizar un ingreso global que cubra dicha subsistencia aún cuando no se retribuyan todos los factores de la reproducción. Su escasez de recursos y su forma social de trabajo le determinan como objetivo real, posible de alcanzar, la maximización de un ingreso culturalmente definido, objetivo que intenta lograr mediante la maximización del uso del trabajo familiar" (Basco, 1993: 107).
14. Esta reflexión se apoya en la concepción de campo e interés en P. Bourdieu. Al respecto, sobre el concepto de campo, puede consultarse Bourdieu, Pierre (1994): El campo Científico.REDES. Revista de Ciencias Sociales de la Ciencia, Nro.2 Vol. 1, Bs.As., Universidad Nacional de Quilmes.

 

Bibliografía consultada

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