Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 7 (primer semestre de 2003)  
number 7 (first semester of 2003)
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Archipielagos Urbanos y Sustentabiliadad
Notas para una teoría critica del proyecto-fragmento
(1)

Roberto Fernández*


* Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. E-mail: rfernand@mdp.edu.ar

 

Las viejas relaciones entre arquitectura y ciudad – un verdadero mojón teórico de la modernidad, desde los futuristas-constructivistas hasta Hilbersheimer y Le Corbusier, pero mucho antes, el tema esencial del discurso albertiano – están ahora, en el eje del debate acerca del destino de las ciudades y de cuestiones cruciales de ellas, como la centralidad, la periferia o los espacios públicos, dentro del contexto del nuevo paradigma de la sustentabilidad que vinculada a la idea de finitud de recursos y soportes (por ejemplo, alrededor de las concepciones biorregionalistas y del ecological footprint) introduce un nuevo prisma de evaluación crítica de los proyectos de transformación y cambio urbanos.

Sobre todo, frente a la decadencia irreversible del modelo de burocracia propio del desarrollo de los instrumentos normativos y regulativos de la planificación en pro del modelo de mercado (2), y frente al pasaje de instancias de poder a instancias de control (3) en lo referido a las posibilidades concretas de modelación de los territorios urbanos.

Lo cierto es que la construcción de la ciudad y las áreas metropolitanas – esas vastas configuraciones territoriales propias de la generación de corredores urbanos o mosaicos híbridos – hoy parece armarse en torno de una acumulación heterogénea de fragmentos – como enclaves terciarios de consumo exclusivo, barrios cerrados, parques temáticos, etc.- que obeceden a distintas lógicas de producción y que resisten a y son autónomas de todo encuadramiento sistémico normativo y de condiciones objetivas de recalificación social integral. La heterogeneidad mencionada es consecuencia directa de la perdida del poder burocrático (el modelo de plan como sistema integrativo de los proyectos) y la llegada a un espontaneísmo- oportunismo de mercado, respecto del cuál sólo parece posible ejercitar cierta clase de controles (de efectos hipernegativos: EIA´s, movilización reactiva de ONG´s, etc.).

Ante el imperativo del capital globalizado y el desmantelamiento de los Estados nacionales, la ilusión de aumento de la autonomía local no es más que eso: una ilusión. Debemos convivir, en el seno de las administraciones locales, con esta fenomenología de desarrollo urbano, a menudo sustentada en poderes y capitales extralocales e instrumentos relativamente nuevos, como los planes estratégicos, que apenas si pueden funcionar como marcos orientadores de los flujos de inversión en el desarrollo urbano (4).

Si los planes estratégicos son básicamente, mecanismos de organización de ofertas urbanas para evidenciar atractivos comparativos que atraigan inversiones, ello debe ser necesariamente complementado con otros elementos que mantengan equilibrio social y calidades culturales y de sustentabilidad.

Como una capacidad crítica para evaluar los GPU (grandes proyectos urbanos) suceptible de ponderar tanto los elementos crítico-problemáticos como los factores de aprovechamiento de oportunidades.

O el favorecimiento de instrumentos que, como las Agendas Locales XXI, estimulan la participación comunitaria extendida (o sea, referida al campo amplio de las demandas, necesidades y deseos / utopías de una comunidad local) como elemento de regulación del libre juego de opciones de desarrollo urbano mera o restrictivamente relacionados a la captación de oportunidades de generación de rentas diferenciales.

Hay un conjunto de rasgos que evidencian este cambio en la relación arquitectura-ciudad, como ser:

  • La crisis del espacio público (5) y la desaparición de la obligación de alguién en procurarlo, producirlo, programarlo y manejarlo (6). Este es uno de los factores asociables a una pérdida de sustentabilidad a la vez socio-comunitaria y ecológica: la pérdida cuali-cuantitativa de espacio público refleja una crisis de sustentabilidad socio-comunitaria al remover un factor de calidad-identidad en la habitabilidad (asociable a la calidad de espacio público accesible) y una crisis de sustentabilidad ecológica en el sentido de pérdida de integridad de lo que llamaríamos segunda naturaleza (o soporte antrópico naturalizado o estabilizado – habituado, rutinirizado, apropiado - en el sentido microcultural).
  • La caída de los criterios gravitatorios de la localización de actividades urbanas y territoriales. Tanto la dispersividad relativa de nuevas instalaciones cuanto la movilidad o la relativa ausencia de inercia locacional, agrava las condiciones de sustentabilidad físico-ecológica, por ejemplo, favoreciendo procesos posurbanos – de generación de urban corridors u otras configuraciones – y/o circunstancias propias de los modelos de ciudad difusa o ville archipel.
  • El cierre del carácter esponjoso o transitivo de las grandes arquitecturas, en referencia al criterio de maximizar las transiciones afuera-adentro o público-privado (7). Esta característica, que las propuestas humanistas del Team X (especialmente Van Eyck y A.&P.Smithson) habían calificado con el concepto de umbral – como interfase compleja entre privacidad y comunidad (8)– implica, desde una cierta pérdida de calidad de los programas y también de voluntad disciplinar de una arquitectura algo más utópica en su contribución social, un fenómeno asociable a la reducción de la diversidad del espacio público y por tanto a una merma de factores ligados a la sustentabilidad socio-comunitaria y ecológica como se apuntaba más arriba. La reducción de la diversidad de la interfase privado-público (que tiene tanto la habitabilidad barrial popular como la de los centros históricos, en este caso, suficientemente valorada como amenidad turística o terciaria en general) puede abrir la consideración de una posible concepción de sustentabilidad psicológica o subjetiva que, más allá de indicadores generalizables en la normalidad socio-comunitaria, también pueden suponer aspectos de pérdida de arraigo sujeto-ciudad, debilitamiento de cuestiones inherentes a la identidad-memoria, tendencia a la asimilación acrítica (o mediáticamente manipulada) de estándares globalizados de relación sujeto-ciudad, etc. Se podría ligar la idea de sustentabilidad psicológica mencionada a la noción de afectividad sujeto-ambiente o topofilia.
  • La profundización de una ciudad estratificada, basada más en delimitaciones y fronteras antes que en continuidades. Aquí, por una parte, es preciso analizar el devenir de los modelos de la llamada ecología social que, desde la Escuela de Chicago en los años 20, ha estudiado el fenómeno de las instalaciones sociales en el territorio urbano, especialmente relacionadas con los procesos del desarrollo urbano, tratando de verificar comportamientos asimilables a las leyes ecológicas (sucesión, competencia, clímax, etc.). Procesos desde luego susceptibles de ser criticados por su formalismo mecanicista-conductista pero que verificaban procesos empíricos de organización socio-territorial, con ciertas relaciones entre niveles de calidad social (clases, estatus, etc.) con criterios de instalación territorial pero que solían poseer permeabilidades y flujos variables. Algunos procesos recientes estarían evidenciando por una parte una intensificación macro de los flujos (lo que suele llamarse procesos nómades) junto a una agudización micro de las clusterizaciones o encierros enclavísticos de determinados grupos, a veces cercano al viejo concepto de ghetto (como se estaría verificando en fenómenos tales como los barrios cerrados, los down town unifuncionales, etc.) (9). Cuestiones vinculadas a la estratificación socio-espacial y la clusterización rígida de islotes dentro de los complejos metropolitanos pueden vincularse a aspectos de cambios en la sustentabilidad físico-ecológica (como pérdidas de diversidad y estructuras amosaicadas interactuantes pero también como obstáculos topológicos de flujos y movilidades), en la sustentabilidad socio-comunitaria (como reducción tópica de experiencias urbanas y especialización en la localización diferencial de sectores sociales en relación a fragmentos específicos de los continuos territoriales, fuera de los cuáles los grupos y sujetos deben absorber contextos de incertidumbre, peligro, disfuncionalidad, etc.) y en la sustentabilidad económica (en tanto se agravan costos derivados de la fronterización territorial o se segmentan y diferencian accesos a servicios por la calidad relativa de cada ghetto, etc.).
  • El incremento de los flujos y movimientos de actividades y personas (10). Este aspecto se relaciona con las tendencias ampliadas de preferencias de localización de actividades dentro de una ciudad determinada en un sentido, y en los territorios en general en otro sentido. El movimiento de flujos oportunistas de inversión de capitales, como síntoma general de las economías líquidas, ha sido visto en general como un atractivo de la apertura de oportunidades que la competencia territorial (en relación al capital acumulado existente en cada punto susceptible de atraer esos flujos de inversión) estaría ofreciendo a la dinámica de decisiones a menudo extraurbanas o aún propias de la globalización extranacional de las economías. Sin embargo parece asimismo claro que ventajas macro (en la comparativa de localizaciones económicas) puede conllevar desventajas micro, por ejemplo a nivel de sustentabilidad socio-comunitaria (al predisponer actitudes proclives al desarraigo) o al nivel de sustentabilidad económica (por ejemplo maximizando traslados del tipo conmuter o exigiendo acondicionamientos de infraestructura como puntos de ruptura de cargas) y consecuentemente a esos efectos negativos en esas dimensiones de sustentabilidad, afectar también a la sustentabilidad ecológico-espacial (por ejemplo, por aumento de efectos regresivos del transporte, por transformación negativa de soportes en relación a demandas de nueva infraestructura, etc.).
  • El reordenamiento de la ecología social o la irrupción del modelo de ciudad difusa (11) además de los aspectos considerados más arriba, da curso a un tipo de expansión urbana, la urban sprawl tan típica de Los Angeles pero visible también en Buenos Aires o en Santiago, según el cuál prospera un crecimiento indeterminado de baja densidad sobre áreas periurbanas de distinta calidad y fragilidad, conllevando defectos de sustentabilidad ecológica (en tanto ruptura de buffers, avances neourbanos sobre territorios de calidades diferentes, agrícola-intensivos, paisajísticos, etc., deterioro de redes territoriales de asentamientos, alteración de sistemas de ciclos de recursos, etc.). La conformación de estructuras sociales de colonización – según la expresión de J. Morello – también supone fenómenos de aumento de la insustentabilidad social de esos grupos, así como pueden verificarse agudizaciones de insustentabilidad económica (costos de traslados, defectos de accesibilidad y conectividad, etc.).
  • El desarrollo de áreas preferenciales de ciudad y nichos ecológicos precisos , con el consiguiente abandono de las visiones sistémicas u holísticas. Los agravantes más significativos del cuadro de sustentabilidad de la generación de áreas urbanas preferenciales debe vincularse, asociada a la caída de regulación público-estatal del desarrollo y calidad de vida urbana, al despliegue de actuaciones asimétricas de dotación de infraestructura y equipamiento lo que agudiza aspectos de insustentabilidad físico-ecológica de estructuras urbanas consolidadas sin que ello se rebalancee por correciones económicas, como rediseño de las bases impositivas, etc.
  • La profundización de conflictos y violencias urbanas (12) deben interpretarse como fenómenos nuevos de pérdida de sustentabilidad socio-comunitaria ligados a factores de agravamiento de la convivencia de los diferentes de una estructura social (en esta noción, quizá imprecisa o marginalista, debe entenderse la múltiple figura de las minorías urbanas, que sumadas no lo son) lo que a su vez, tiene que ver con la suspensión de la aplicación de los modelos solidaristas de la gestión pública, según los cuáles los viejos y equipados habitantes urbanos aculturados financian el proceso de adaptación de los nuevos y todavía desequipados recién llegados a la ciudad.
  • El desarrollo de modelos urbanos del tipo city collage y ville archipel representa en un sentido, una aceptación de facto, por parte de los estamentos de la gestión pública, de la diferencialidad de renta potencial que la dinámica ultramercantil imprime desde el apogeo del neoliberalismo a la actividad económica urbana, con lo cuál los tradicionales instrumentos normativos tentativamente comprehensivos de toda la ciudad (por caso los modelos genéricos de land uses planning, inspirados por criterios de equilibrio de zonas de diverso potencial de desarrollo a lo largo del tiempo) se concentran temporo-espacialmente en proveer parámetros susceptibles de optimizar los movimientos de inversión privado ligados a la captación rápida de renta potencial, generalmente relacionados con localización, aprovechamiento de ventajas imprevistas, etc. Incluso a veces, estos procesos se repotencian con el aprovechamiento marginal de nueva obra pública, como fue el caso del sistema de equipamientos generados en ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.
  • La aparición de algunos conceptos urbanos posfuncionales – que tienden a suplantar tradicionales prestaciones públicas propias de gobiernos locales por ofertas privadas y mercantilizadas, generándose una ilusión de diversidad transfuncional bajo la realidad de una complejización de ofertas de bienes y servicios de mercado - que revisan las ortodoxias programático institucionales, como los terrain vagues, áreas intersticiales, áreas intermodales de transferencia de transporte, núcleos selectos de actividades terciarias, fashion buildings, temathic parks, etc (13).
  • El desarrollo de procesos de análisis y fruicción diferentes de lo urbano, como las derivas psicogeográficas, el arte industrial, los itinerarios, los imaginarios urbanos, las instalaciones, etc (14). En parte estas cuestiones están ligadas a lo que podría entenderse como una aproximación y confluencia entre las concepciones renovadoras del arte y la fenomenología de la vida urbana, visibles en corrientes como las del situacionismo o las del arte conceptual. El retorno posmoderno de un arte urbano tiene que ver con la recuperación esteticista de la noción de paisaje (conectada a la vieja tradición urbanística de los embellesiments) ahora conectada a cuestiones de marketing urbano y sobercalificación diferencial de fragmentos de ciudad, en lo cuál emerge un verde más económico que biológico-social. Y a su vez, desde otro sentido, por la voluntad posmoderna de sobrestetización de las experiencias sociales en cuestiones que implican por así decirlo, una artistización de la ciudad en tanto procura de efectos artísticos para algunas dimensiones de la vida de la ciudad, desde las antiguas nociones propias del paisajismo y la calidad perceptual de los entornos urbanos hasta la recalificación de los elementos materiales del espacio público (mobiliario urbano, infraestructura, etc.) (15).
  • La puesta en crisis de la centralidad tradicional: policentralidad, multicentralidad, descentralidad, etc (16). Aquí la cuestión radica no en el pasaje de la uni a la pluri o multi centralidad urbana o metropolitana, sino a las condiciones ambigüas que se suscitan en estadios intermedios de estas alternativas, que impliquen la pérdida de características eficientes de centralidad en tanto acceso a determinada clase de servicios, pertenencia a instancias de identidad simbólica y por tanto, afianzamiento del rol psicosocial de integración a una imagen de comunidad, etc. Adicionalmente la transformación de centralidades originales tiene que ver con cambios en los procesos de morfogénesis urbana conducentes al concepto de ciudad difusa o falta de alcance de umbrales de densidad (formal) y complejidad (funcional) en determinadas áreas antes de promoverse procesos de expansión de borde, etc. En general la pérdida de centralidad ligada a bajos estándares de densidad-complejidad conlleva habitualmente defectos de sustentabilidad no ya ligados a aspectos psicosociales como los apuntados sino también económicos y sociales. Por otra parte, existen investigaciones que avalan el mejoramiento de la sustentabilidad de un área metropolitana en tanto se pueda ofrecer un esquema adecuado y balanceado de multicentralidad, como el que tienen algunas ciudades metropolitanas de porte intermedio (Milán, Lyon, Francfort, Zurich, etc.).
  • La complejización del tema de la periferia, en el desarrollo de los conceptos de periferias internas y externas, etc (17). Dentro de las alternativas habituales del desarrollo urbano del siglo XIX, cuando se verificó en Europa el proceso explosivo de migración campo-ciudad, fueron las reformas interiores (por ejemplo, el plan del Ring en Viena, el plan parisino del barón Haussmann o el barrio Salamanca en Madrid) o los ensanches (del cuál el ejemplo más conocido sigue siendo el plan Cerdá en Barcelona aunque la propuesta más audaz y compleja era la ciudad lineal que Arturo Soria propuso para Madrid). Los ensanches, en razón teórica de la disponibilidad de suelo agrario prourbanizable, se convirtió no sólo en el modelo habitual de crecimiento sino en el flanco sustantivo de generación de renta diferencial urbana y en el espacio teórico de la movilidad social, al menos en la concepción social-democráta de la que devino el existenz-minimum y la llamada vivienda de interés social. Políticas urbanas social-democrátas exitosas, como la de Viena, resolvió el control de la especulación inmobiliaria de la periferización ingresando activamente al mercado de suelos, hasta controlar los precios. También es el espacio de la informalidad (más de media ciudad de Lima o de Medellín se compone de tierras ilegalmente ocupadas en procesos intrusivos mas o menos avalados, ex post, por el Estado, como el municipio autogestivo de El Salvador, en la primera de esas ciudades, ya con 300.000 habitantes) y del crecimiento sin inversión pública, al menos durante bastante tiempo, como fue el caso de la expansión periférica del Gran Buenos Aires (18).

Estos núcleos conceptuales permiten conformar un conjunto de criterios crítico-valorativos y también programáticos, para volver a discutir la cuestión de la relación entre arquitectura y ciudad y el desarrollo de GPU (grandes proyectos urbanos) en el seno de los fenómenos de la fragmentación, básicamente encuadrables en el siguiente registro de problemas y oportunidades:

Problemas:

  • Incremento de los factores de fracturación urbana, en el sentido de incremento de fragmentaciones físicas y sociales (barreras, ghettos, buffers de irradiación referentes a determinados grupos socio-culturales, intensificación de la diferencialidad de colectivos minoritarios, etc.).
  • Aumento de la crisis de la ciudad pública , en el sentido de pérdida relativa de importancia, calidad y nivel de equipamiento del espacio público urbano, trocado a cuestiones ligadas a usos-consumos privados (como el concepto de thematic park ).
  • Importancia del modelo imperativo de mercado en la captura de oportunidades de generación de RD (renta diferencial), con sus cualidades de mercado escaso y de debilitamiento compulsivo del aparato normativo . Esta cuestión está ligada a una característica relativamente reciente de los procesos de desarrollo urbano, según la cuál es imperativo, para los promotores privados, descubrir nichos de oportunidad para la rápida inducción de renta diferencial (por ejemplo, un sitio central de propiedad pública susceptible de ser enajenado, un área residual central susceptible de aprovecharse mediante cambios de funcionamiento, como en el caso de áreas portuarias o ferroviarias, un área importante de valor degradado por ejemplo, debido a la desactualización de sus indicadores urbanísticos, etc.). La creciente descalificación del urbanismo regulador no escapa a la intención de difuminar la calificación detallada de todo el suelo urbano y sus catalogaciones comprehensivas de usos e intensidades, de manera que la imperfección normativa pueda ser aprovechada para gestiones puntuales y excepcionales por parte de los promotores. En algunos casos, la manera transaccional de relacionar intereses de los developpers privados y la tutela del bien común por parte del sector público, es desarrollar mercados programados de renta futura, según los cuáles los organismos urbanísticos pueden catalogar detalladamente todo el stock de suelo y otorgar permisos de explotación a términos futuros, lo que permite en cualquier caso, generar transacciones de mercado en el ámbito privado a la vez que las respectivas habilitaciones futuras puedan programarse con factores de calificación urbana como obtención gradual de densidades adecuadas, complejización de funciones complementarias o alcance de estandares adecuados de equipamiento e infraestructura.
  • Especialización funcional , referido a una nueva especialización del espacio, no ya vinculado al ordenancismo regulativo del land uses planning sino emergente de segmentaciones de continuos urbanos-territoriales ligados a la renta diferencial, a la recalificación normativa compulsiva, a la ghettización o clusterización de espacios, a la fragmentación de calidad otorgada por diferenciales de equipamiento e infraestructura y/o ventajas de accesibilidad- conectividad, etc. La primera especialización (la del planning) podría interpretarse como estable y estratégica, relativamente inerte o de cambios lentos; la segunda especialización debe calificarse como fluyente y táctica, sorpresiva u oportunista, imprevista y de mutación rápida. .
  • Debilitamiento de las condiciones de sustentabilidad ambiental urbana e incremento verificable de las problemáticas eco-urbanas , básicamente relacionable con el déficit creciente de recursos naturales (activos y pasivos, fluyentes o inertes, como el agua potable o la tierra susceptible de recibir residuos), la irracionalidad e insuficiencia prestacional de servicios (focales y retales, de equipamiento nodal o de infraestructura de redes), las expansión periurbana de baja calidad, el aumento de riesgos ambientales, la mercantilización de los servicios públicos, la externalización de daños y efectos ambientales regresivos de actividades, etc. En este punto debe aludirse a problemas de sustentabilidad propiamente dicha, esto es, a cuestiones directamente inherentes a problemáticas ambientales, siendo el campo específico de trabajo de esa nueva categoría instrumental de planeamiento concertativo que son las Agendas Locales XXI o en relación directa con unidades de gestión como los proyectos, se trata del tipo de aspectos que buscan controlar los instrumentos tipo EIA´s. Debe agregarse que a tal sustentabilidad específica o propiamente dicha, hay que considerar los problemas de sustentabilidad indirecta generados por efectos complementarios o no centrales de otros procesos problemáticos aquí señalados (como el aumento de la fragmentación o fracturación urbana por efecto de corredores, barreras, etc., la especialización funcional, la pérdida de centralidad, etc.).
  • Incremento de las condiciones de pérdida de calidades ligadas a las condiciones de centralidad , incluyendo los efectos negativos consecuentes de la expansión urbana carente de accesibilidad a prestaciones de calidad central, unido a las deficiencias estructurales de la sub y/o multicentralidad sin articulación entre categorías de centros. Un conjunto de factores concurren a descalificar aspectos de centralidad, tales como las tendencias de periferización débil (propias de la ciudad difusa) en tanto proliferación de áreas desequipadas y desjerarquizadas , la caída en la calidad de prestaciones de subcentros de cierta tradición (como el caso de algunos subcentros barriales en el caso de Buenos Aires), los procesos inconclusos o imperfectos de traslados de centralidad o de generación de centralidades alternativas y/o complementarias (como en los casos de Santiago de Chile, México DF o Lima), la desarticulación topológica y/o funcional de áreas de centralidad, la descalificación y obsolescencia natural (19) o programada de áreas de centralidad (procesos entre los cuáles suele destacar la tugurización de áreas centrales).
  • Intensificación de los procesos de desarrollo urbano favorecedores de la maximización de generación de capital variable y de alta rotación del capital (deslocalización de inversiones, comportamientos tácticos, etc.) (20). Estos factores suelen asociarse a oportunidades puntuales de generación de renta en las ciudades como la vinculada a ciertos eventos significativos en tales ciudades (Olimpíadas, Expos y certámenes mundiales como los del fútbol, etc.) o a intempestivas transformaciones de un área urbana (como la localización en corredores de desarrollo o el impacto del trazado de un nuevo elemento de infraestuctura de gran relevancia regional, como fue el impacto que Lille tuvo cuando se conoció el nuevo trazado del tren al alta velocidad [TGV] del norte de Europa, etc.).

 

Oportunidades

Si la nómina precedente puede asociarse a las nuevas condiciones de problematicidad – genéricamente: factores de merma de sustentabilidad – que las ciudades presentan como características indicativas de sus contextos actuales y futuros, el mismo marco de situación contiene posibilidades de reversión o aprovechamiento de tales condiciones, en lo que podría entenderse como un cuadro de oportunidades que puede estar, directa o implícitamente, disponible en las perspectivas del desarrollo y la gestión urbanística urbana.

En parte hoy, aquello que podría llamarse planeamiento (por ejemplo, el planeamiento estratégico) está directamente ligado a una identificación de tal cuadro de oportunidades, incluso cuando a menudo ellas no son automáticas o de alcance inexorable, sino fruto de alguna clase de competencia o prioridad de una ciudad respecto de otra.

Así como tal tipo de planeamiento entendido como descubrimiento y captura de oportunidades define ciertas estrategias de actuación urbanística contemporánea (entendibles así más como algo ligado al posibilismo que a un marco de decisiones de carácter endógeno), los proyectos urbanos, entendibles como módulos o unidades operativas de tal estrategia general de gestión, también empiezan a recaracterizarse, no ya por la propia tradición de las arquitecturas urbanas, sino por las condiciones de posibilismo que emerge de la capacidad de asignar recursos escasos no sólo para paliar factores regresivos de aquél cuadro de procesos problemáticos sino además para potenciar las oportunidades en el sentido aquí definido.

La siguiente es una enumeración de tal cuadro de oportunidades/posibilidades:

  • Posibilidad de desarrollo de acciones de reorganización urbana: suturas, conectores, actividades difusoras de punta, efectos cascada de regeneración de tejidos y actividades, etc. Entre estas características destaca la connotación central de muchos proyectos urbanos prioritariamente concebidos como aumento de la conectividad, accesibilidad o atravesabilididad territorial – como sería el caso de los proyectos de corredores sud y oeste (21) en Buenos Aires, desarrollados dentro del PUA durante el período 2000-1 – entendiendo que tal contribución proyectual no va a garantizar una recalificación urbana per se, sino meramente a facilitar otros procesos, tales como la complejización funcional, la renovación y refuncionalización urbana, el incremento de espacio público (en este punto, es notable como el nuevo espacio público siempre es un residuo de los nuevos corredores de movilidad, no un fin en si mismo), el mejoramiento de la eficacia en el uso de la oferta de servicios de red, etc. Podría hablarse aquí de un enfoque dominantemente tópico, en el sentido de identificar y proponer una nueva espacialidad o geometría (vacíos, superficies, nodos, vectores de conectividad, etc.).
  • Enriquecimiento posible de los patrones rígidos de usos del suelo (zonning tradicional) y eventual desarrollo de nuevos mix programático-institucionales . Este aspecto ligado al potencial mejoramiento de la calidad de vida urbana (y de su sustentabilidad) hoy está más vinculado a la identificación y montaje de procesos participativos o consensualistas de cambio urbano, antes que a factores normativos. Un ejemplo de estos desarrollos lo ofrece el proceso del barrio negro de Queensgate (22), en la ciudad de Cincinnati, donde un movimiento popular primero impide la construcción de una autopista urbana y luego, adquirida una cierta fuerza organizativa y propositiva, identifica áreas de oportunidad (un gran terreno vacio luego de la demolición de un viejo hospital) y finalmente termina proponiendo y obteniendo el desarrollo de un nuevo centro cívico y de servicios.
  • Posibilidad de una capitalización social del diferencial de renta . Como se señaló antes, el caso más profundo y exitoso de este planteo es el plan de renovación histórica del centro de Bolonia (23), desarrollado hacia 1970 sobre una extensión de casi 450 hectáreas y afectando a 130000 habitantes (90 mil residentes), en base a innovaciones como la propiuedad cooperativa indivisa y la renta equo canone.
  • Aumento eventual de la diversidad y los atractivos urbanos, de la calidad de infraestructura, equipamientos y servicios, etc. En este punto a menudo parte de la importancia de los proyectos urbanos recalificadores de ciudades y aprovechadores de oportunidades latentes se liga no al factor arquitectónico del proyecto sino a la identificación de atractivos y activadores de demanda,como fue el caso del plan de la pequeña ciudad de Aurora, en Illinois (80000 habitantes, 40 km. de Chicago), donde su proyectista, B. Friedman, se centró, interpretando planteos participativos, en el diseño de una nuevo atractor urbano, la Aurorafest, desde fines de los 80, verdadero desencadenante de procesos de cambio urbano progresivo en tal ciudad (24).
  • Aprovechamiento de oportunidades inducidas para obtener mejoras de condiciones de sustentabilidad ambiental urbana, desarrollo indirecto y mitigación de problemáticas ambientales . Aquí, como antes afirmamos, hay que hablar de factores pro-sustentables directos en cada proyecto urbano así como de mejoras o ventajas de sustentabilidad de alcance indirecto. Un ejemplo del primer caso sería el reciente estudio emprendido en México por un equipo liderado por los arquitectos T. González de León y A. Kalach para reconstruir parte de la dinámica ambiental del antiguo lago Texcoco, sobre cuya desecación paulatina se asentó la ciudad de México DF (25).
  • Favorecimiento de la diversificación de las cualidades de centralidad (recentralidad, neocentralidad, multicentralidad, etc.) . Habituales trabajos italianos acerca del desarrollo de centros direccionales y la multiplicación de alternativas de funcionamiento de centralidades evidencian esta alternativa de aprovechamiento proyectual de oportunidades (26).
  • Potenciación del aprovechamiento de núcleos urbanos y territoriales que tienen calidades de capital fijo. En este caso pueden inscribirse numerosas actuaciones ligadas a la refuncionalización de equipamientos desafectados, a veces incluso con cualidades patrimoniales, de lo que dan cuenta más adelante una serie de ejemplos presentados en este sentido. No siempre empero, estas actuaciones garantizan mejoras globales o sociales de sustentabilidad.

La articulación de problemas (o condiciones y procesos areales-contextuales de la ciudad como sistema) y oportunidades (o situaciones encuadrables en las diversas modalidades de implementación de procesos de gestión del desarrollo urbano, desde planes sectoriales o locales y programas hasta proyectos) permitiría configurar un basamento crítico y teórico susceptible de relacionar crítica [máxima] y proyecto [mínimo] (27).

La crítica máxima apuntaría a no perder de vista el contexto de problemas que el grado de desarrollo de la fase avanzada del capitalismo le asigna, mediante los procesos de globalización, a la calidad de vida social de las ciudades, con sus secuelas de pobreza, inhospitalidad, pérdida de significación socio-productiva de la arquitectura proactiva de ciudad y urbanidad, fracturación y violencia intersocial, caída de la capacidad movilizatoria de los movimientos sociales urbanos, pasaje a una política mediáticamente clientelizada, etc.

El proyecto mínimo supone admitir un nuevo rol, básicamente ligado al potenciamiento de la efectividad cultural (ya no socio-productiva) de la arquitectura, que intensifique su función de reivindicación de calidades públicas de vida urbana y a la capacidad técnica que el saber arquitectónico puede todavía poner en juego para descubrir y capturar – proyectualmente – áreas de oportunidad (o quizá también, nichos descuidados de mercado, ambientes en que puede suscitarse cierto contrabando de calidades de uso público a través de los proyectos) e incluso, nuevos valores – más bien crítico-analíticos y movilizadores – del propio concepto de proyecto en el final de la modernidad.

Esta posible construcción matizaría la posibilidad – casi única, por lo demás – de imaginar una transformación fragmentaria, parcial y evolutiva de las ciudades o sus partes y los territorios, sin que ello necesariamente se pierda de vista algún modo de recuperar una idea sistémica y global de ciudad, ya inasible sin embargo, desde los dispositivos tradicionales del plan integral y sobre todo, de su connotación de relacionamiento preciso entre actividades y localizaciones.

También la reflexión acerca de la relación entre problemas y oportunidades permite asimilar los análisis de nuevas intervenciones urbanas fragmentarias – el aprovechamiento e implementación de oportunidades – a la modalidad de evaluación de impactos ambientales (EIA) de los proyectos urbanos, ya que estos mecanismos adaptativos y parametrizantes de nuevas variables e indicadores tienden a sustituir los procedimientos convencionales del relacionamiento entre actividades o usos, intensidades de usos y localizaciones espaciales.

Para el montaje exitoso de una teoría crítica de los proyectos urbanos sería necesario establecer criterios adecuados de correlación escalar y funcional entre el campo de manifestación de los problemas y el campo de aprovechamiento de las oportunidades: el primero es aquél propio del análisis crítico socio-económico y cultural, e incluso el que expresa el plano de los intereses y derechos políticos y ciudadanos, así como lo que sitúa la eventual confrontación entre presiones extra-locales o globales y voluntades emergentes del poder local.

El segundo, en cambio, es el que inscribe la dimensión amplia del proyecto, ya no restringido a meros procesos de arquitectura grande (propios de consideraciones derivadas del control morfológico-tipológico de trozos más o menos significativos de ciudad) sino extendido a cuestiones innovativas, como el diseño de formas de gestión, el montaje de acuerdos genéricos entre intereses privados y conveniencias públicas, la posibilidad de engendrar efectos de transformación urbana que desborden el territorio circunscripto del proyecto, el nivel de innovación o creatividad que llamaríamos pre-proyectual o propio de la instancia de formulación del programa, etc. Lo que solemos llamar proyecto urbano sería entonces una simplificación de un conjunto mas vasto de operaciones programáticas, de gestión, de posibilidades emergentes del cuadro normativo, etc.

Un modo de análisis crítico de los proyectos urbanos sería el que pueda cotejar las correlaciones directas oportunidades/problemas establecidas o no por la calidad del PU en cuestión, por ejemplo la acción de reorganización urbana que un PU puede producir como oportunidad aprovechada para mitigar cierto grado de manifestación de factores de fracturación urbana, que, como vimos, pueden significar un problema.

Esta posibilidad de calificación de relaciones entre oportunidades/problemas que un PU puede establecer es útil para comparar la eficiencia y eficacia de proyectos, dentro de un sistema de PU de la gestión de una ciudad o para facilitar la comparación entre alternativas frente a un mismo proyecto y puede relacionarse con las metodologías de evaluación de impacto (el impacto sería aquí el proyecto, como captura o aprovechamiento de oportunidades y la aptitud o contexto sobre el que se modeliza el impacto sería el campo de problemas).

Es obvio señalar que en este caso, el campo contextual es negativo o problemático y el campo de intervenciones o proyectos está signado, en general, por la cualidad de obtener impactos positivos, aunque desde la perspectiva del análisis ambiental crítico propuesto pueden existir efectos indeseados de proyectos que introduzcan parámetros negativos en el análisis, como impactos regresivos en relación a cuestiones sistémicas no contempladas. Por ejemplo, el aprovechamiento de capital fijo en el caso de Puerto Madero, aún teniendo quizá la positividad de reducir el problema directamente correlacionado (maximización del capital variable) tal vez no obtenga mejoramientos en cuanto a la neutralización o mitigación de otros problemas (como generación de renta diferencial, especialización funcional o pérdida de calidades de centralidad).

Ahora bien, creemos que es importante no sólo establecer una forma de análisis crítico de un PU según la calidad y eficacia de su solución de la ecuación oportunidad/problema que el PU tiene como motivo de su realización, sino también ver el campo de relaciones sistémicas que por una parte, tienen entre sí los PU (dentro de un sistema de PU o de GPU, grandes proyectos urbanos), y por otra los problemas, como formando parte del sistema de contexto o condición problemática general de la ciudad. Se puede proponer así el siguiente gráfico:

 

...
GRAFICO
... 

Ciudad 1 Proyecto Contexto Ciudad 2
(Sistema (Aprovechamiento (Situación (Sistema
GPU ) de Oportunidades) Problemática) de contextos)

 

 

En las relaciones oportunidad/problema que más arriba comentamos, el proyecto – como acción u operación tendiente al aprovechamiento de oportunidades – debe ser analizado en relación a un contexto o situación problemática, pero aquél, a su vez, pertenece a un conjunto sistémico (que llamamos sistema de GPU, o sistema de grandes proyectos urbanos) y ésta a la ciudad como un sistema de contextos-problema.

 

:::
GRAFICO
::::

 

 

El gráfico aquí inserto propone acentuar la interactividad deseable entre proyecto y contexto, en un ciclo que pueda admitir tanto la actividad predominantemente proyectual (representada por la flecha que va de izquierda a derecha) cuanto la actividad predominantemente analítica – crítica o evaluativa, en el sentido incluso de los EIA – (representada por la flecha que va de derecha a izquierda). A su vez se indican ciertos aspectos que hacen a esta interactividad, a saber:

  • Existe una dinámica interna propia de la actividad proyectual según la cuál se llegaría al proyecto desde el programa y a éste, al menos desde un sistema de proyectos, que puede ( o debe ) alcanzar la categoría de plan, de forma tal que esa dinámica tenga la lógica inclusiva plan ( SPU ) programa proyecto.
  • Por otra parte, podría definirse una dinámica interna propia del contexto pre-operacional o pre-proyectual, según la cuál puede establecerse un estado de demanda o necesidad-posibilidad encuadrable , desde nuestra perspectiva, en un perfil determinado de sustentabilidad – o calidad de la sustentabilidad, que sería aquella que tendería a una problematicidad o demanda baja – expresable, de acuerdo al paradigma de la sustentabilidad, según un mix que contenga referencias a las sustentabilidades económica, social, política y ecológica.
  • Podría ubicarse un espacio interactivo entre los campos del proyecto y el contexto – expresado en el rombo naranja del gráfico – que incluye cuatro aspectos de proyecto y análisis, a saber, dos predominantemente proyectuales (o emergentes de la positividad del proyecto) [F] fortaleza y [O] oportunidad y dos predominantemente analíticos (o emergentes de la negatividad del contexto, leído aquí como cuadro de demandas o necesidades expresivas de déficits de sustentabilidad) [D] debilidad y [A] amenaza.

Antes de avanzar en nuestras consideraciones puede resultar ventajoso ensayar una definición de proyecto urbano, y luego, deductivamente de gran proyecto urbano (expresión en la que resuenan ecos de la estrategia de modernización de París bajo la gestión Mitterrand, cuando se aludía al concepto de grandes ensembles ).

El proyecto urbano es una unidad de gestión, dentro de las prácticas técnicas del diseño arquitectónico, que tiene por su envergadura o cualidades, efectos transformadores de lo urbano previo, suficientemente significativos.

Lo que referimos como efectos transformadores debe entenderse básicamente, como modificación de la calidad pública de la ciudad, tanto sea en cuanto a la transformación de la oferta de espacios como de servicios públicos.

También se podría aludir, en este concepto de efectos transformadores, a efectos o impactos susceptibles de ser evaluados dentro de modelos de sustentabilidad/sensibilidad.

No todos los proyectos urbanos deben ser proyectos públicos (o de promoción pública), pero todos serán proyectos con efectos públicos, en donde la relevancia, oportunidad e intensidad de tales efectos pueda diferenciarlo.

Por ejemplo un proyecto privado de un pequeño conjunto de viviendas con un corto número de plazas de estacionamiento puede tener un efecto público mínimo o despreciable (no en cuanto a los efectos acumulativos: de allí la importancia de la regulación normativa referente al control de efectos derivados de la acumulación de pequeños proyectos) pero no será así cuando la escala del emprendimiento suscite en sí una transformación significativa de un entorno previo.

El concepto de gran proyecto urbano (GPU) agregaría a los conceptos precedentes una transformacíon significativa de la sustentabilidad y funcionalidad urbana y en particular, del modelo de centralidad/conectividad.

En el primero de los gráficos precedentes la ciudad 1 (sistema de GPU) es la ciudad fáctica, operativa, que en su desiderátum expresaría el concepto más o menos reciente de plan de proyectos, en el que el concepto de plan se vincula con la mayor sistematización del conjunto de proyectos, en el sentido de aprovechar sinergias, optimizar relaciones entre proyectos y situaciones de disponibilidad de capacidad y/o recursos, etc.

Un ejemplo de sistemas de proyectos urbanos (que incluye PU y GPU) podría ser el sistema de parques urbanos propuesto por el urbanista francés J.C.Forestier para la Intendencia de C. Noel en mayo de 1924, en un plano llamado Ante proyecto de avenidas y parques (28), en dónde constan propuestas tan diversas como imbricadas: el tratamiento parquizado completo del frente fluvial desde el límite noreste del distrito capitalino hasta el Puerto Nuevo, un sistema de parques y lagos de disipación para el área Lugano y un corredor verde para todo el curso del Riachuelo, además de toda una constelación de proyectos menores y microproyectos paisajísticos, etc.

La ciudad 2 (sistema de contextos) es la ciudad problemática, ligada al cuadro de necesidades y expectativas socio-culturales y a las condiciones específicas de calidad/sustentabilidad (descriptible en relación a las esferas económica, social, ecológica y política).

La modelización del cuadro de necesidades, unido a las condiciones de sustentabilidad (correlación necesidad/recurso, transformada en enunciado de objetivos) habitualmente se relaciona con las ideas convencionales de plan urbano (plan de ordenamiento, regulación, desarrollo, maestro, estratégico, etc., aludiéndose al desarrollo histórico reciente de diferentes estilos de planeamiento como técnica de producción de planes).

Desde esta perspectiva, tradicionalmente y según distintas modalidades – desde la normación hasta el estímulo o inducción, desde la disposición de políticas de obras y servicios públicos hasta la oferta de permisos para iniciativas privadas – ha sido concebida la producción de planes como interpretaciones de la ciudad 2 (sistema de contextos o cuadro de necesidades/recursos) de la que se debería deducir la ciudad 1 (sistema de GPU) y ulteriormente, toda producción de proyectos (en este caso, precisamente entendibles como unidades de gestión).

La doble sistematicidad (GPU/contextos) sería la que garantizaría un sucedáneo de planificación comprehensiva o un intento de insertar temáticas puntuales de oportunidad-problema en dimensiones más integrativas que afrontan, con más capacidad crítica, los movimientos genéricos del glocalismo (visualizable como la resistencia de la calidad-identidad local frente a la presión global).

Por otra parte, es necesario entender el proyecto no como operación técnico-propositiva habitualmente ligada a la toma de decisiones del arquitecto proyectista, sino más bien como un complejo decisional que bajo la forma genérica de proyecto incluye un sinnúmero de cuestiones tales como el programa, la selección de implantación (incluyendo los aspectos normativo-regulativos y el costo comparativo de suelo), las estrategias de financiamiento y marketing del bien a producir (cash flow, proporción y velocidad de retorno de capital, ventajas impositivas comparativas, etc.), los análisis de calidad relativa de la demanda del bien a producir y comercializar y la identificación de estratos de demanda potencial (merchandising), etc.

Cabría asimismo establecer la distinción precisa, dentro de la actividad de la planificación, entre las nociones de proyecto y programa, no sólo en el sentido antedicho por el cuál el proyecto – en tanto unidad de gestión, acción resolutoria, operativa, toma de decisiones, etc. – es siempre una circunstancia ulterior y consecuente de la existencia de un programa, esto es, un modo sistémico, proactivo y genérico de atender un problema o satisfacer una demanda sociales.

No es casual en este punto, referir al concepto actual de capacidad 21 que propone concentrar el trabajo planificatorio proactivo de sustentabilidad en la identificación y gestión de procesos antes que en la operación preferente de proyectos, incluso otorgando al concepto de proceso un marco elástico, abierto y participativo más intenso que en el concepto de programa (29).

En un sentido más comprehensivo y holístico (quizá en un sentido crítico del concepto fáctico de plan de proyectos) podría pensarse en un mayor énfasis en el trabajo en el nivel o la esfera del programa, como dispositivo de la planificación capaz de mejorar la inadecuación de las relaciones entre plan y proyectos que, por otra parte, nunca podrán ser garantizadas por la técnica de EIA´s, por más refinada y abarcativa que ésta sea.

En el campo de las políticas sociales la relevancia del concepto de programa – dentro de la secuencia plan-programa-proyecto – está bastante reconocida e incluso se acepta que la máxima eficacia de las políticas sectoriales se juega en esa dimensión, como verdadero escenario de montaje de estrategias de gestión, no como en el caso de las políticas de desarrollo urbano donde se ha puesto el acento en la dimensión de los proyectos, como escenario relevante de la gestión, en este caso, del desarrollo urbano.

En rigor, como por ejemplo se formula en el manual metodológico Siempro (30), el eje de la gestión social debe insertarse en el diseño de programas, basados en tal caso, no tanto en traducciones genéricas de aspiraciones de política sectorial sino en una clara orientación a resultados, o sea, trabajar en la dimensión del programa pensando en como la implementación de éstos obtienen resultados, es decir, se encarnan en la modelación transformadora de los problemas sociales que originan esta actividad de gestión.

Una sugerencia que podría plantearse sería analizar como esta corriente de trabajo en políticas sociales puede orientar un desarrollo de programas (no tanto o no sólo proyectos) en políticas urbanas.

En tal orden, cuando proponemos un modo de evaluación de los proyectos en el cuál se pueda establecer la calidad relativa de la ecuación entre aprovechamiento de oportunidades (facultada por el proyecto en sí, y respecto de una situación pre o no-proyectual) y mitigación de problemas (en tanto logros también emergentes de la performance del proyecto) estaríamos refiriéndonos a un conjunto de aspectos que por una parte, trascienden la crítica y valoración convencional de los proyectos – dentro del campo disciplinar de la arquitectura y aún dentro del campo más amplio del desarrollo inmobiliario urbano – y por otra, intentan incorporar los avances que surgen del auge del paradigma ambiental (EIA´s, etc.) y la temática de la sustentabilidad urbana (ALXXI, etc.).

En este sentido podrían apuntarse las siguientes consideraciones aclaratorias:

  • El análisis crítico de un proyecto urbano, en los términos señalados, puede centrarse como se propuso, en un estudio específico acerca de cómo las condiciones del proyecto implican un grado de aprovechamiento de oportunidades cuya concreción puede verificar una mitigación de los problemas. Este primer nivel de análisis implica correlacionar los términos específicos del proyecto con datos emergentes del contexto urbano de implantación, en la escala que corresponda a la envergadura del proyecto. Por otra parte, no sólo debe analizarse la correlación directa oportunidad-problema sino todo el cuadro de relaciones y sus efectos sinérgicos.
  • El punto anterior relaciona un campo grande (los problemas del contexto urbano en alguna de las escalas seleccionadas) con un campo chico (los logros o ventajas emanados de un proyecto concreto) y así, una primera expansión de este modo de análisis implica analizar todo el cuadro de situaciones pre-proyectuales, en tanto aquellas cosas que predeterminan el proyecto (programa, implantación, financiamiento, marketing, etc.). Puede ocurrir que proyectos arquitectónicos buenos no obtengan efectos positivos en la mitigación de problemas por carecer de bondades relativas aquellas cuestiones predeterminadas preproyectuales (un mal programa, etc.).
  • Otra cuestión a investigar es la relación de un proyecto urbano con un sistema de proyectos urbanos, si es que esta relación existe en alguna forma, por ejemplo dentro de la caracterización llamada plan de proyectos (el modelo Barcelona, si se quiere un ejemplo rápido). Si esta relación está contenida en una estrategia de planeamiento supuestamente existirán ventajas relativas aprovechadas por el proyecto puntual bajo análisis (no siempre es así) y si aquella estrategia no existiera entonces la crítica analítica de la relación PU / Sistema de PU será mucho más enunciativa de eventuales defectos del tal proyecto puntual.
  • Cuando aludimos al concepto de sistema de proyectos urbanos no necesariamente debería pensarse en el modelo de plan de proyectos (que en sus aspectos más cuestionables puede entenderse como un modelo city collage) sino por el contrario, como el emergente de proposiciones de una actividad agendística, en la cuál la enunciación de un conjunto de proyectos es, no un imperativo emergente de intereses de la patria proyectual, sino la consecuencia de un ascenso de consensos multiactorales acerca de cómo movilizar capacidad en relación a la mitigación de problemas, tanto como al aprovechamiento de potencialidades.
  • El concepto de sistema de proyectos urbanos debe incorporar no sólo la coexistencia sincrónica o simultaneidad de un conjunto de PU en la ciudad, sino además, la superposición diacrónica o yuxtaposición en el tiempo de diversos PU. Por ejemplo, para el caso del centro de Buenos Aires es necesario asumir el grado de yuxtaposición que a lo largo del tiempo han supuesto diversos proyectos configuradores de tal centralidad, desde el proyecto fundacional (el rectángulo de manzanas sobre el frente de barranca con accesos laterales desde norte y sur y el enmarcamiento de arroyos o terceros) hasta la situación presente que agrega las novedades de los rellenos de 1970 (hoy Reserva Ecológica) y el desarrollo de Puerto Madero Oeste y Este (1990, 2000), pasando por las aperturas de avenidas de los intendentes Alvear y Anchorena (de Mayo, 1870; diagonales y 9 de Julio, 1930), las propuestas fragmentarias de los planes Noel-Forestier (1925) y Le Corbusier-Ferrari Hardoy-Kurchan (1940), la penetración inconclusa de la red de autopistas del llamado Plan Cacciatore (1980), etc.
  • El concepto de EIA referido a aspectos urbanos tiene, como planteamos en otras partes, la posibilidad de referirse a actividades de la funcionalidad urbana (por ejemplo: transporte y movilidad, recolección-deposición de residuos, etc.) o a proyectos, en tanto disruptores de un estado previo y por tanto, eventualmente, generadores de impactos ambientales positivos y/o negativos y de conveniente mitigación. La EIA de proyectos y grandes proyectos urbanos encaja perfectamente en la caracterización de este instrumento e incluso en el aún incipiente procedimiento normativo al respecto, por ejemplo en Buenos Aires. En este sentido una EIA de GPU y PU debería incluir 1] la relación del proyecto en sí con eventuales sistemas de proyectos, formales o planificados o virtuales y 2] la relación PU / contexto en el sentido del análisis de la relación entre aprovechamiento de oportunidad contenido en la operación proyectual y magnitud-cualidad de problemáticas del contexto urbano pre-proyectual, análisis que en el caso de EIA puede traducirse en relaciones actividad (nueva, propia del proyecto en sí, durante su realización como en su operación) y soporte (incluso considerando éste tanto como territorio de aptitudes relativas cuanto estado de calidad de sustentabilidad).

 

 Notas

1. Este texto es una versión revisada y aumentada del ensayo Archipiélagos urbanos. Notas para una teoría del proyecto-fragmento inserto en mi libro Derivas. Arquitectura en la cultura de la posurbanidad, Editorial UNL, Santa Fé, 2002.
2. A. Zaera Polo, Un mundo lleno de agujeros, ensayo en revista El Croquis 84, Madrid, 1998, pp. 308-323. Aquí Zaera distingue los modelos de burocracia de los de mercado y en éstos, la hoy crucial distinción entre los mercados mayoritarios o estratificados y los más oportunistas que llama mercados nicho, que en volumen virtual pueden ser mayores a los otros y en los cuáles se presentan situaciones no explotadas que merecen investigarse e incluso una potencial situación de resistencia selectiva (en la enfatización de actuación en mercados nicho frente a las condiciones de los mercados mayoritarios). Adicionalmente, nosotros anotaríamos aquí, el surgimiento de una hibridación de modelos que quizá explique la existencia de un modelo burocrático de mercado, en el que la potenciación de los rasgos manageriales del antiguo burocratismo moderno tal vez esté cumpliendo el servicio histórico de minar, desde adentro, la omnipotencia de las decisiones puras de mercado y complicar, sino desmantelar a la larga, su ostensible cualidad de eficacia.
3. P. Eisenman plantea, para la arquitectura, la distinción tan nítida hoy para las ciencias políticas, entre poder y control, proponiendo que, al menos, el discurso crítico de la arquitectura, debe reservarse una actitud de control, ya que se presenta cada vez más orbital al poder (en Una conversación con Peter Esisenman, A. Zaera Polo, El Croquis 84, Madrid, 1999, pp.6-20).
4. Un excelente resumen del estado actual de los procesos de desarrollo urbano y los respectivos modelos que intentan explicarlo o planificarlo, consta en J.M. Ezquiaga, Cambio de estilo o cambio de paradigma? Reflexiones sobre la crisis del planeamiento urbano, ensayo en revista Urban, 2, Madrid,1998, pp. 7-33.
5. Con referencia, nuestra ponencia La Crisis de la Ciudad Pública, presentada al I Foro de Montevideo (Marzo 1998) y luego, más desarrollada, a la Reunión La Forma Urbana del Futuro, Córdoba (Mayo 1998). Incluída en el libro citado en nota 1, como ensayo 3. También véase, de mi autoría, el ensayo Urbanismo mágico, Summa+ 54, B. Aires, 2002, p.91.
6. Hay que decir, empero, que no todo está perdido: la reciente obra del tándem C. Maia-L.P.F.Conde en Rio de Janeiro, expresa la recuperación de la voluntad de crear y multiplicar espacio público urbano, con sus 16 proyectos realizados y otros 4 en marcha, con la habilitación de nuevas 106 hectáreas públicas de ciudad, 6500 árboles, 1000 km2. de pavimentos, etc., pero por sobre todo una calidad de diseño de neta inspiración burle-marxiana. Véase el libro catálogo editado por la Prefeitura, Rio Cidade.O urbanismo de volta as ruas, Editorial Mauad, Rio de Janeiro, 1996.
7. Al respecto, vale la pena reflexionar sobre lo potente del discurso articulatorio de arquitectura / ciudad que había promovido la tardomodernidad positiva del movimiento del Team X, alrededor de las ideas de A.&P.Smithson y A.Van Eyck (los umbrales, las transiciones, etc.) así como respecto de las causas de su desacreditación y fracaso. Veáse el texto colectivo Manual del Team X, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1966.
8. Un estudio de S. Chermayeff, Comunidad y privacidad, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1969, si bien algo dominado por la entonces prevalaciente psicología conductista y ciertamente relacionado con el intento de aumentar la importancia del hábitat privado doméstico, conectada con el axioma organicista a lord in your castle – en la línea que articulaba al movimiento garden cities con el organicismo de F.L. Wright – proponía aquilatar cuestiones relacionadas con los conceptos de esclusa, dominio y umbral, en tanto diversificación y complejización de las gradaciones que unían y separaban las esferas públicas y privadas. El concepto de housing manejado por el grupo catalán ACTAR – veáse J. Salazar-M. Gausa, Singular housing. El dominio privado, Edición de Actar, Barcelona, 1999 – intenta revisar conceptos que retomen la perspectiva de la complejidad de las transiciones privado-público, alrededor de ideas como fronteras profundas, la casa como interfaz, la casa como paisaje, etc. Otra perspectiva importante en este punto es considerar la cuestión de la esfera pública, como algo más complejo - y a las vez inclusivo de – que el espacio público como ha sido trabajado por parte de la sociología actual, especialmente J. Habermas en su libro Teoría de la acción comunicativa, Editorial Taurus, Barcelona, 1987. Veáse además, para una aplicación a la construcción más compleja de la noción de espacio público, la antología compilada por F. Guerra-A. Lemperiere, Los espacios públicos en Iberoamérica. Ambiguedades y problemas. Siglos XVIII-XIX, Editorial FCE, México, 1998, en que si indaga, para diversas ciudades regionales, la historia de la construcción del concepto de espacio público, como algo que tiene que ver con el desarrollo de instituciones, el poder y sus formas de ejercicio, etc.
9. Los dos tomos antologizados por G. Theodorson sobre Estudios de ecología humana, Editorial Labor, Barcelona, 1974, reseñan los trabajos de análisis urbano signados por enfoques más o menos derivados de la ecología y presentan así tanto los límites de esta dinámica de préstamos conceptuales como algunos aspectos de posible aplicación de los modelos ecosistémicos a los procesos socio-urbanos, justamente en tanto que modelos o modos de representación sintética de las complejidades socio-culturales estudiadas, en cualquier caso no menos científicos que los modelos clásicos del planeamiento y la geografía urbana, signados por enfoques gravitatorios que la física abandonó hace más de dos siglos.
10. A. Giddens, en su The Consequences of Modernity, Editorial SUP, Stanford, Cal., 1990, señala el carácter de incremento de racionalidad (capitalista) de esta intensificación de relaciones entre lo global y lo local que deviene en la complejización de flujos y en la desestabilización de localizaciones. I. Solá Morales, en su ponencia básica de la X Reunión UIA de Barcelona, 1994, identifica la problemática de los flujos como uno de los temas nuevos de atención del proyecto urbano-arquitectónico. E. Soja, - en su ensayo Postmodern urbanization: The six restructuring of Los Angeles, incluído en S. Watson et al (eds.), Posmodern cities ans spaces, Editorial Blackwell, Oxford, UK,1995 – plantea la noción de posmetropolis, como entidad en la cuál la profundización de diversos movimientos – capital, información, mercancías, personas – ha devenido en derrame o magma territorial indefinido, con difuminación de las ideas de centralidades y periferias y afianzamiento de criterios como vectores conectivos, redes difusas, etc.
11. La idea de ciudad difusa – por ejemplo, en S. Boeri et al, Il Territorio che cambia. Ambiente, paessagi e immagini della regione milanese, Editorial Abitare, Milán, 1993 – implica reconocer la ausencia progresiva de factores urbanos tradicionales como los de continuidad espacial (zonning), relaciones funcionales (por ejemplo, trabajo-residencia, mediadas y articuladas por estrategias de movilidad) y densidad (como intensidad de uso y como homogeneidades topológicas).
12. Respecto de éste tema – propuesto como consecuencia del anterior – resulta fundamental el más reciente libro de J. Jacobs, Edge of Empire.Postcolonialism and the city, Editorial Routledge, Londres, 1996, en el que se tratan los efectos de la restructuración multiétnica urbana poscolonial y sus procesos de impactación de cambios urbanos (como los casos del frustrado proyecto Banglatown, la inner city pakistaní de Londres, o la resistencia de los aborígenes waugal al proceso de reurbanización de la cervecería Old Swan en Perth, Australia).
13. M. Sorkin, en su relevante Variations on a Theme Park. The new american city and the end of the public space, Editorial Hill&Wang, Nueva York, 1993, expuso la provocativa idea de la conversión de las ciudades en archipiélagos de lugares temáticos – centros comerciales y de consumo mediático, parques empresariales y terciarios , centros de esparcimiento, deportes y ocio, etc.- todos reconceptualizados según una sustitución del antiguo espacio público gratuito en servicios onerosos prestados por áreas-programa de entidad privada.
14. No escapa a este hecho el reciente revival de las ideas de los situacionistas, un movimiento político-cultural de los 60, liderado por G. Debord. Veáse, La Creación Abierta y sus enemigos. Textos situacionistas sobre arte y urbanismo, edición a cargo de J. González del Rio, Editorial La Piqueta, Madrid, 1977, con textos y manifiestos de Debord, Jorn, Ivain, Constant, Vainegem, etc.
15. Un ejemplo interesante de este proceso de artistización de la ciudad como fenómeno complementario a la recalificación del espacio público urbano puede ejemplicarse en la obra realizada por el prefeito C. Maia y su secretario de Obras, L. Paulo Conde en Rio de Janeiro. Véase al respecto el libro Rio Cidade. O urbanismo de volta as ruas, citado en nota 6.
16. G. Dematteis, en su Progetto Implicito, Editorial F. Angeli, Milán, 1995, analiza cuestiones ligadas a la revisión de los modelos de centralidad y fundamenta el desarrollos de redes o retículas policéntricas, sobre todo basándose en la experiencia de la vasta región metropolitana milanesa que ha obtenido un interesante resultado de restructuración equilibrada de núcleos policéntricos.
17. Sobre la periferia, destaca el trabajo-muestra compilado por A. Monestiroli, Il Centro Altrove. Periferia e nuove centralitá nelle aree metropolitane, Editorial Electa, Milán, 1995, en que se presentaron experiencias de cinco casos (Milán, Berlín, Nueva York, Barcelona y Buenos Aires – sección que estuvo bajo mi curadoría-). R. Fishman, en su libro Bourgeois utopias: the rise and fall of suburbia, Editorial Basic Books, N. York, 1987, subraya el proceso de transformación de las periferias y abandono de su carácter social marginal, con el acogimiento de nuevas iniciativas capitalistas de desarrollo periférico (que en Buenos Aires implica, por ejemplo, el aumento de 180 urbanizaciones cerradas a 350, en el lapso que media entre 1990 y 1998).
18. Este fue el tema central del polémico libro de J. Scobie, Buenos Aires del centro a los barrios, 1870-1910, Editorial Solar-Hachette, Buenos Aires, 1977.
19. Podría llamarse tugurización natural a la incapacidad creciente de generación de inversión apta para mejoras y mantenimiento por parte de antiguos pobladores centrales, lo que suele agudizarse con fenómenos de renta de alquileres congelados o desactualizados. Salvo en el caso de la gestión del área central histórica de Bolonia, es habitual que el sector público avale gentrificaciones o cambios de población en tales áreas, ligados a radicar nuevos habitantes con más capacidad de ahorro e inversión.
20. Es muy interesante la reflexión de F. Jameson acerca de la naturaleza del movimiento del capital inmobiliario – que asocia a los finales conceptos marxistas de capital ficticio – y al criterio de generar una calificación de capital asociado a la expectativa de renta futura. Ese fenómeno explica, por ejemplo, fracasos como el del emprendimiento del Rockefeller Center, y también, el modelo de planeamiento insinuado en las Leyes de Suelo española – ahora camino de su desactivación – basado en regular el mercado futuro del desarrollo urbano, no el presente. Veáse, de Jameson, su ensayo El ladrillo y el globo: arquitectura, idealismo y especulación de la tierra, incluído en El Giro Cultural, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1999, pp. 213-248.
21. Veánse síntesis de ambos proyectos urbanos en la revista Arquitectura SCA, 203, Buenos Aires, 2001.
22. Se trata del proyecto Queensgate II Towncenter, en Cincinnati, Ohío, desarrollado por el grupo consultor Urban Design Ass. durante el período 1971-7. Veáse documentación de este caso en la revista Process Architecture, 3, Tokio, 1977, número monográfico dedicado al tema Community design by the people.
23. El caso Bolonia esá documentado en el libro de P.L. Cervellati-R. Scannavini, Bolonia. Política y metodología de la restauración de centros históricos, Editorial G. Gili, Barcelona, 1976. Para una teoría del análisis de las rentas urbanas leáse de C. Topalov, Ganancias y rentas urbanas. Elementos teóricos, Editorial Siglo XXI, Madrid, 1984 así como el texto de D. Harvey, Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Editorial FCE, México, 1990.
24. Veáse una síntesis de este proyecto en el monográfico de PA indicado en nota 22.
25. Un resumen de este proyecto, tal vez todavía en un nivel propósitivo ciertamente utopista, en T. González de León et al, La ciudad y sus lagos, Editorial Clío, México, 1998.
26. Veáse referencia en nota 17, ut supra.
27. Esta articulación fue presentada, en referencia al caso americano, en mi ponencia a la Reunión SAL, Lima, 1999, Crítica máxima de proyectos mínimos. De la modernización imperfecta a la globalización salvaje, incluído en Derivas, op. cit. nota 1.
28. Una reproducción de este plano de Forestier en el artículo de M. Montero-E. Bargiela, Soporte vegetal, en la revista Arquitectura SCA 197, Buenos Aires, 2000, p. 70
29. Se puede obtener referencias metodológicas del concepto capacidad21 (capacity21) en el sitio www.undp.org/capacity21, donde puede obtenerse el texto básico, coordinado por P. Stock, Caminos hacia la sustentabilidad (Capacidad21).
30. Siempro ( coordinado por I. Novacovsky y P. Chaves)- UNESCO, Gestión integral de Programas Sociales orientada a resultados. Manual metodológico para la planificación y evaluación de programas sociales, Edición Siempro-UNESCO-CFE, Buenos Aires-México, 1999.

 

 


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