Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 8 (segundo semestre de 2003)  
number 8 (second semester of 2003)

  

 


Reseñas / Book Reviews

 

 

Aguirre Rojas, Carlos Antonio
Antimanual del mal historiador o cómo hacer una buena historia crítica
La Vasija, México, 2002, 132 pp.

Gonzalo Iraolagoitía
Universidad Nacional de Rosario, Argentina

Antimanual del mal historiador... es una obra que ya desde su título mismo y a lo largo de sus 132 páginas, va generando en el lector una irresistible tendencia hacia la reflexión en torno a la propuesta de una nueva forma de hacer, escribir, investigar y enseñar la historia. En efecto, el título escogido es altamente significativo y condensa, a mi entender, la meta principal que se propone el autor. Un lector crítico (o que intente serlo) podría preguntarse ¿hubiese sido lo mismo titularlo, por el contrario, Manual del buen historiador?. Sin ninguna duda hubiera cambiado radicalmente el sentido, ya que su clave reside en la “negatividad” que encierra el mismo, en su desafiante fuerza antitética que todo lo coloca “al revés”, en la esfera de lo “no verdadero”. Autores como Holloway han destacado el carácter fructífero de la experiencia de la negatividad como vía de rechazo, negación y construcción de cuadros alternativos frente a verdades consolidadas. La negatividad resalta la “ruptura”, el “quiebre” frente a determinadas prácticas e indica asimismo nuevos caminos a seguir. Y esta es precisamente la meta principal que se propone Aguirre Rojas, la de construir y enseñar un nuevo tipo de historia que rechace esa historia positivista “oficial”, “acrítica”, “aburrida”, “descriptiva”, etc. Elaborar una nueva historia crítica, en una doble dimensión teórico–práctica articulada dialécticamente: generar, por un lado, un renovado tipo de saber y de discurso historiográfico con nuevas herramientas conceptuales que permitan una mejor aprehensión del pasado, pero por el otro, promover una historia comprometida con los movimientos sociales actuales y con las necesidades del presente y dispuesta, a su vez, “...a contribuir y a colaborar, en la medida de lo posible, en la construcción de un futuro diferente, donde se elimine la explotación económica, el despotismo político, la desigualdad y discriminación sociales...”(p.15).

Estas ideas, esbozadas en la Introducción, serán desarrolladas extensamente a lo largo de toda la obra. En el Capítulo I denominado De antimanuales y antidefiniciones de la historia, Aguirre Rojas demuestra la fecundidad de la negatividad. Si en la actualidad, de las instituciones académicas surgen manuales tradicionales cuyas empobrecidas definiciones contribuyen a formar “malos historiadores” y cuyo producto es una historia “descriptiva” y “memorística”, un espacio que busque formar “buenos historiadores” debiera comenzar, contrariamente, por un antimanual con todo un conjunto de antidefiniciones, que no sólo delimiten a qué problemas y métodos “no” debiera estar restringida la historia, sino que contribuyan a su vez, a crear las condiciones para elaborar una nueva disciplina completamente diferente (de allí su fecundidad). Antidefiniciones que incluyen todo una serie de premisas básicas, a saber: la primer comienza por una reformulación del objeto de la ciencia histórica consagrada ahora como “la obra de los hombres en el tiempo”, marcando así la continuidad en la línea temporal pasado–presente–futuro en el que el “presente [..] no es más que una compleja articulación estratificada de distintos ‘pasados todavía presentes’” (pág.21). La segunda antidefinición nos conduce a las fuentes mismas, advirtiéndonos que la labor del historiador no se reduce únicamente a la tarea de archivo, sino también a la de observación y análisis de la actualidad circundante a través de los aportes de métodos y técnicas de otras ciencias. La tercer antidefinición propone la “unidisciplinariedad” en el análisis de los social que incluye para la formación académica, los aportes de las otras ciencias sociales. Arribamos de esta manera a la cuarta antidefinición, la que plantea la necesidad de una historia que abarque “la densidad misma del tejido completo de las sociedades” en todas sus dimensiones. La quinta antinoción de una buena historia crítica, reclama a viva voz, desprendiéndose de visiones antiteóricas y empiristas, la búsqueda de modelos teóricos y paradigmas que posibiliten la concreción de una verdadera historia científica, crítica e interpretativa. Otra antidefinición importante está relacionada con el concepto de “escala universal” que afirma la imposibilidad de restringir el marco geográfico en un análisis de caso, que ignore al contexto mundial o bien que lo conciba únicamente como simple complemento. Finalmente, la última antinoción critica la mala fórmula positivista de una historia que actúa como instrumento de legitimación de los poderes dominantes, proponiendo, por el contrario, la construcción de otra que desde la mirada de los vencidos, marque que no hay realidades determinadas en un sólo sentido y que recupere del olvido aquellos proyectos alternativos que sucumbieron en el espacio de lucha.

En el Capítulo II, titulado Los siete (y más) pecados capitales del mal historiador, Aguirre Rojas nos advierte, sobre los errores que cometen los malos historiadores postivistas. El primero no podía ser otro que el mismo “positivismo”, visión que al limitar el análisis únicamente a los hechos comprobables, anula el nivel interpretativo del sentido profundo que guarda la dimensión factual, expurgando así cualquier construcción metafactual que se distancie del llano nivel empírico. El segundo error estaría en el la falta de contemplación hacia el “cambio histórico”, concepción que suprime esa parte esencial de la historia que consiste justamente en demostrar cómo operó el mismo, cuáles fueron sus continuidades y cuáles sus rupturas, qué dirección siguieron estas últimas y cuáles podrían haber seguido. El tercer pecado está relacionado con la noción newtoniana de un tiempo único, homogéneo y unidireccional que como lo han explicado Bloch y Braudel entre otros, se contrapone con la idea que tiene la ciencia histórica de otro múltiple, heterogéneo y variable según los procesos principales que lo caracterizan y le dan sustancia, de acuerdo a los tres niveles señalados por el mismo Braudel (acontecimiento, coyuntura y estructura). El cuarto pecado remite a la idea simple de un progreso lineal de avances y conquistas que el paso del tiempo indefectiblemente trae aparejado, visión contrapuesta a la del historiador crítico que plantea una realidad en devenir y redefinición constante, semejante al método de ensayo y error, de avance y retroceso que siguen los científicos. El quinto error común de los malos historiadores reside en su “actitud acrítica” para con las versiones legadas por las victoriosas generaciones anteriores El historiador crítico detecta sus falsas argumentaciones legitimadoras, no sólo no haciéndose cómplice de las mismas sino demostrando, a su vez, que la realidad pudo haber sido distinta. En el sexto pecado, el de la “objetividad” en la historia, el autor demuestra la imposibilidad de la misma ya que toda selección, organización y elección de paradigmas refleja indefectiblemente puntos de vista y gustos del “cultivador del oficio de Clío”. Por último, el séptimo pecado lo constituye el “agnóstico postmodernismo” que al reducir la historia a su dimensión discursiva anula las pretensiones científicas de conocer los procesos reales.

A partir del Capítulo III, En los orígenes de la historia crítica, y a lo largo de los capítulos IV y V, Aguirre Rojas, analiza cronológicamente la peripecia intelectual del proyecto de construcción de una historia crítica, desde sus orígenes en la coyuntura de los años 1848-1870 con el proyecto fundacional marxista, pasando por los malogrados años 1870–1929 dominado por el paradigma positivista, siguiendo por el período de los Annales 1929–1968, hasta llegar a la actualidad con las contribuciones que dejó el mayo francés. En efecto, para el autor, fueron los trabajos de Karl Marx los que sentaron las premisas indispensables en la elaboración de una historia crítica. Su primer contribución consiste en la viabilidad de la construcción de una “ciencia de la historia” que detecte regularidades, defina tendencias y formule leyes de los procesos sociales. La segunda lección está orientada hacia la creación de una “historia social” que, por un lado, incorpore como los verdaderos protagonistas de la historia, a los antes completamente ignorados grandes actores colectivos, y que por el otro, incluya el macrocontexto social general dentro del cual dichos actores sociales se desenvuelven y son condicionados. Las dos lecciones siguientes resaltan la relación entre la estructura material y los fenómenos de la “conciencia y de las sensibilidades sociales” como dos esferas de una misma realidad en donde si bien no hay predominio de una sobre la otra, su compleja imbricación constituye, no obstante, una “problemática abierta” y por establecer. El quinto legado de Marx está relacionado a la necesidad de delimitar las conexiones que existen entre el objeto de estudio y las “totalidades” que lo condicionan y determinan, siendo que “todo problema histórico y social está siempre inserto en determinadas coordenadas espaciales, temporales y contextuales que influyen sobre él, en distintos grados y medidas, pero siempre de modo eficaz y fundamental” (pág.58). La sexta lección, recupera la mirada “dialéctica” de los problemas sociales y considera a los hechos históricos como manifestaciones “vivas y en devenir”, en un proceso de enfrentamiento constante cuyos resultados poseen un final abierto. Llegamos así a la última contribución marxiana, aquella que marca la necesidad de adoptar una postura crítica y contestataria frente a los discursos dominantes, que recupera la voz de los vencidos y que resalta la multicausalidad y la complejidad en la elaboración de una historia más densa y más profunda.

Continuando su recorrido por las lecciones que han dejado los “buenos historiadores críticos”, Aguirre Rojas aborda en el Capítulo IV, Por los caminos de la buena historia antipositivista, el proyecto de una historia científica e innovadora del primer ciclo de los Annales (1929–1968), que si bien coincide con muchos de los postulados de Marx, sin embargo, elabora y desarrolla nuevos elementos que el autor analiza en detalle. Su primera contribución se sitúa en la implementación para los estudios históricos del “método comparativo” que al determinar tendencias y regularidades entre distintos fenómenos que poseen ciertas analogías, permite elaborar posibles leyes explicativas para los procesos histórico–sociales generales. La segunda lección, la que distingue la buena historia “global”, de la mala perspectiva “universal y general”, se fundamenta en la concepción de la realidad social como una entidad única aunque multidimensional y plurifacética, y abordable, por ende, unidisciplinaria y globalmente. El tercer gran aporte, el de la “historia–problema”, reside en esa inversión copernicana de la función interpretativa, que pasa de “momento culminante” del proceso de erudición a “punto de partida” del mismo, de acuerdo a los problemas e interrogantes que se plantee el historiador. El cuarto legado plantea la perspectiva de una “historia abierta o en construcción”, que concibe el oficio del historiador en un proceso de reelaboración constante, enriquecido mediante los aportes teóricos y metodológicos de las distintas ciencias sociales en general. La quinta contribución rescatada por Aguirre Rojas es la que deriva de “los diferentes tiempos históricos y la larga duración”, que rechaza para el análisis histórico la noción newtoniana del tiempo, planteando, en contraposición, su peculiaridad múltiple y heterogénea. Peculiaridad que Braudel definió en sus famosos tres niveles de “acontecimiento”, “coyuntura” y “estructura” cuyos perfiles difusos marcan la inviabilidad de una separación tajante en la relación pasado–presente–futuro, señalando su unión flexible y dialéctica.

El itinerario reflexivo conduce al autor a analizar en el Capítulo V, Las lecciones de 1968 para una posible contrahistoria radical, los aportes principales, que llegan hasta nuestros días, derivados de la crisis de los modelos abstractos, que implicó el mayo francés. A tal fin, Aguirre Rojas rescata cuatro corrientes historiográficas principales: la cuarta generación francesa de los Annales; la historia marxista y socialista británica; la microhistoria italiana y por último el “world–system analysis”.
Una importante contribución de los Annales, desplegada desde 1989, luego del dérapage que implicó la “historia de las mentalidades”, está relacionada, por un lado, con la elaboración de una historia materialista y social de las prácticas culturales, y por el otro, con la búsqueda de una redefinición que permita restablecer una perspectiva más dinámica y fluída de la relación entre los actores sociales como forjadores y reproductores de las estructuras, y de éstas, como marco condicionante de su accionar.

El principal aporte de la historia marxista y socialista británica está centrado en el intento de recuperar la voz de las clases populares y de los oprimidos, ya sea concibiéndolos como los verdaderos protagonistas y constructores de la historia; ya sea rescatando sus memoria en pos de la construcción de un saber histórico, a través de los famosos history workshops; ya sea mediante una historia “de abajo hacia arriba” que reconstruya una historiografía desde la perspectiva de las clases populares.

La experiencia italiana de la microhistoria con su método de “cambio de escala”, demuestra que las esferas de lo macro y de lo micro son en realidad dos dimensiones de una sola realidad histórica que interactúan y se presuponen mutuamente y permite, también, un análisis más intensivo, que lleva a agotar prácticamente todos los niveles de la realidad estudiada, incluyendo la recuperación, mediante el “paradigma indiciario”, de esa historia silenciada de los vencidos en el terreno de la disputa histórica.

Finalmente, el paradigma de la “unidad planetaria del sistema–mundo capitalista”, elaborado por la corriente del “world–system analysis”, constituye el último legado de la revolución cultural del ’68, que al señalar la inviabilidad de cualquier análisis de realidades locales, regionales o nacionales que descarte el macrocontexto del sistema–mundo capitalista como “dinámica última y determinante” del conjunto de fenómenos sociales; permite a su vez, repensar metodológicamente la estructura organizacional de las ciencias sociales en el marco de una “unidisciplinariedad”.

Una vez reseñada las principales contribuciones para el desarrollo de una historia crítica y retomando el propósito esbozado en la Introducción, Aguirre Rojas se propone promover, en el último capítulo ¿Qué historia debemos hacer y enseñar hoy? Un modelo para (des)armar, los elementos generales de una historia nueva, científica, crítica y comprometida con las demandas del presente. De esta manera, al concebir la historia desde la perspectiva de la “totalidad”, es decir, como una única realidad social, aunque con distintos niveles, de pasados, presentes y futuros, el autor desecha las “falsas oposiciones” de los malos historiadores, que “parcializan” el episteme, restituyendo, a su vez, la rica perspectiva de una interconexión dialéctica de éstas distintas dimensiones. Es así como todo análisis histórico crítico combina “elementos universales” (que detectan regularidades) con “elementos particulares” (que explican por qué no se repiten nunca); interrelaciona el trabajo de “erudición”, visto como la materia prima que sirve, a su vez, para una “interpretación” que le otorga a la anterior sentido y significado; conecta los niveles “macro” y “micro” afirmando que lo general se manifiesta a través de lo particular; integra “contextos” (como realidades condicionantes móviles y cambiantes) con “agentes” ( condicionados por esos contextos pero susceptibles también de transformarlos); acerca interactivamente las “permanencias” con los “cambios” que operan dentro de las mismas, transformándolas; combina la “subjetividad” con la “objetividad”, marcando la relación entre una historia hecha simultáneamente por los sujetos y por las condiciones objetivas; y destaca, finalmente, los “logros” pero también los “fracasos” de quienes resultaron vencidos en las luchas por instaurar un proyecto alternativo.

Antimanual del mal historiador...es una obra sumamente enriquecedora que tiende, más que a la búsqueda, a la recuperación de un proyecto alternativo en la elaboración de la historia, que a lo largo de los últimos ciento cincuenta años ha venido demostrando poseer, a través de su negatividad, una fecundidad viva y en redefinición constante, pero cuyas lecciones, no obstante, han sido desoídas por la mayoría de los historiadores y de las instituciones académicas. Aguirre Rojas enfatiza su reclamo por una historia que constituya un grito de rechazo y que mediante el “...rescate crítico de la memoria [...] de las luchas, las resistencias, los olvidos y las marginaciones que ha llevado esa misma historia descriptiva y complaciente...” (pág.118), no se amilane ante “derrotas provisionales”, manteniendo siempre viva la esperanza en la construcción de un “futuro mejor”, esto es, por más que se hagan denodados esfuerzos por acallar ese grito.

 

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Robinson Salazar Y Eduardo Sandoval Forero (Coordinadores)
Lectura crítica “y crítica de la lectura” del Plan Puebla Panamá

Libros en Red, Colección Insumisos Latinoamericanos, México, 2003, 412 pags. http://www.librosenred.com/insumisoslatinoamericanos.asp

Oscar Picardo Joao
Universidad Francisco Gavidia, El Salvador, E-mail: opicardo@ufg.edu.sv

Eduardo Sandoval Forero y Robinson Salazar Pérez, una vez más nos sorprenden con su capacidad analítica, científica y académica en la Coordinación de la obra “Lectura crítica del Plan Puebla Panamá”, mediante la cual nos presentan una arquitectura rigurosa de ideas, a modo de lupa, que nos permite leer las “entre líneas” de este manifiesto regional de la globalidad. El equipo de ensayistas participantes en esta obra es de primer nivel, y le aporta a la obra la criticidad bajo una hilvanación conductora interdisciplinar y desde múltiples puntos de vista.

Desde la sutil dedicatoria hasta las densas notas y fuentes informacionales, la obra presenta el sentimiento de la “insatisfacción” anunciada en el apartado inicial “Palabras para el Debate”; en efecto, por causalidad es una obra insumisa que refleja el sentir y pensar de una visión humanitaria obviada y soslayada por los altares economicistas del bien-tener; como diría el teólogo Leonardo Boff, con “ternura y vigor” el libro presenta la otra verdad, aquella oculta y operante en el tejido social y excluido de los grupos indígenas y campesinos, quienes sufren los embates neoliberales y no tienen mayores espacios para presentar su palabra y opinión en los pseudodestinos de la hipersociología global.

¿Qué es Centroamérica, una región o un mercado…?; ¿quiénes son sus habitantes, personas o consumidores…?; ¿qué significa el pueblo para los políticos e inversores, un sector con necesidades y costumbres concretas o un potencial maquilero a mercantilizar…?. Las respuestas a estas preguntas desde el Plan Puebla Panamá (PPP) se resumen en la visión articuladora del plan entre los Tratados de Libre Comercio (TLC) y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), como bien lo señalan los coordinadores; la palabra clave, aquí, es “comercio”…

Cada uno de los ensayistas presenta su visión ciudadana y académica con honestidad, verdad i evidencia; Jaime Ornelas nos da la pauta del “corredor ideológico” que respalda el PPP y nos describe el paisaje neoliberal con lujos de detalles al mejor estilo de los muralistas. Alejandro Chanona, desde las crisis coyunturales de la globalidad, nos presenta la metáfora de la integración, demarcando con precisión las aristas entre “desnudos”, “fodas” y “dicotomías”. Américo Saldivar, con su alegoría titular, (Una Locomotora sin vagones de Segunda) presenta el PPP como el diseño de un artefacto mercantil, el cual está jalonado por una maquinaria económica inmersa en un mapa de problemas de pobreza, exclusión, degradación ambiental, custodiado por benévolos “jaguares y panteras”; para Saldivar, más que un plan, hay una agenda de intenciones geoestratégicas y geopolíticas, hay un “eje del bien” latente, en donde están comprometidos la soberanía, los recursos y la trilogía de deudas y oros. Román López Villicaña, desde la historia y el tiempo, nos propone una visión de la necesidad ¿o sed? del expansionismo imperial; desde la Colonia, pasando por la Independencia hasta el PPP nos dibuja la geopolítica regional con datos y rigor; anclando el análisis desde Soconusco y Don Matías Romero como símbolo de las ideas fundantes, López, nos presenta al PPP como la fase penúltima del expansionismo mexicano. Como no podía ser de otra manera, la inquisitiva y suspicaz hipótesis de asociar el Plan Colombia con el PPP, es descrita por Robinson Salazar; con su calidoscopio socio-antropológico, Robinson, ensambla el tejido de circunstancias contemporáneas para caer en la cuenta de que existe un vínculo castrense-mercantil. Por otra parte, Robinson analiza la trinidad de planes (Dignidad, Colombia y PPP) como la trama tejida por Estados Unidos sobre el telar arrastrado de los gobiernos de la región, y con la finalidad de “alambrar” la región (léase norteamericanizar) frente a las amenazas globales. Eduardo Sandoval Forero, reivindica, con su ensayo, la globalidad olvidada, la multiétnica, pluricultural y social de los grupos indígenas y campesinos; en un primer momento, Sandoval nos describe los nudos acontecimientos que viven los pueblos indígenas de la región, así como también, los intentos de resistencia ante los embates que intentan violar u obviar sus valores y creencias; a juicio del autor, la supercarretera del PPP lejos de fomentar un diálogo conciliador, aplanará los vestigios y reminiscencias de estas culturas insumisas en cuatro grandes flancos: recursos naturales, sometimiento, desarticulación social y control geomilitar. Leonardo Rioja Peregrina presenta la preocupación del fenómeno hegemónico llamado “Biopiratería” o apropiación de la biodiversidad para múltiples fines de carácter mercantil, cuyas dimensiones son significativas en cuanto a sus tendencias y contradicciones –según apunta el autor-; el ensayo hace un recorrido holístico, pasando por los campos biológicos, genéticos, históricos y tecnoproductivos, para caer en el análisis de la política medioambiental del PPP, la cual es categorizada como “manifestación genuina del capitalismo”. Jorge Lora Cam y José Luis Sánchez presentan al PPP como significante de la “Re-colonización” en la postmodernidad; los autores reivindican y demandan una postura apegada a la persona, a la cultura y a la naturaleza como antípoda del Plan, y desde un análisis globalizante inquieren en lo local con datos, cifras y señas…; en todo el ensayo lo central es la mediática “polis” sea esta macro, metro, meso, micro o angelo; en efecto, estamos ante un análisis socio-territorial, en donde se escudriñan las manifestativas formas societales (desgarros, tejidos, imaginarios y jinetes) y algunas descripciones etnometodológicas de los paisajes contemporáneos de contrastes (pobreza-mall)y sus implicaciones asociadas al PPP. Daniel Hiernaux-Nicolas nos decanta el PPP desde la óptica del desarrollo y las políticas regionales; si a la base del plan hay una plataforma de discursos y fantasías, nos advierte el autor que será difícil auscultarlo con rigor, no obstante se arriesga, presentándonos las tendencias modernizantes y de desbordamiento, cuyos resultados –como afirma Daniel Filmus- fueron ampliar aún más la brecha entre riqueza y pobreza; el ensayo nos hacer recorrer las “biografías y andanzas” políticas de: De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, en donde descubrimos la visión de región como “mano de obra y territorio barato” y la agenda oculta hegemónicamente occidentalizante, que se impulsa con las políticas crediticias o con las amistades forzosas ante la Casa Blanca. Con el rigor eco-feminista de Proxágoras, Ana isla, argumenta con un caso –Costa Rica- las perplejidades, enclaustramiento, perspectivas y consecuencias de la globalización en la región; el punto de partida del ensayo es ecológico, pero transversalmente, estoca aspectos como el desempleo bursátil, la nueva industria maquilera, la supervivencia, las privatizaciones, hasta acorralar los tópicos con el análisis agudo de género… para resistir las sentencias y los cadalsos de los fasos ecoturismos. El libro se cierra con el ensayo exploratorio-casuístico de Manuel Cedeño del Olmo, presentando la experiencia circunstancial de Tabasco en el marco de la gobernabilidad y la participación; el texto contrapone los principios –o procesos- de localidad versus adaptabilidad respecto al PPP, asimismo, presenta diversos escenarios subregionales asimétricos para cuadricular los rezagos y deficiencias frente a las utopías del PPP; el autor mide los tiempos, calcula y especula -sobre una experiencia concreta- que las hipótesis no son tan diáfanas de cara a la ecuación de la demanda social y la oferta del PPP para garantizar la gobernabilidad, hay asincronías para la conectividad…

No queda más que decir, y solo se puede invitar a quienes tengan sensibilidad y sed de una visión más genuina, humana e insumisa, a leer estas apasionantes bitácoras de académicos e investigadores que proponen, más que una re-lectura del PPP, una nuevo enfoque epistemológico para abordar las cuestión mesoamericana desde los espacios olvidados y excluidos. Felicitamos al equipo de trabajo, tanto de coordinación como de aportes, he invitamos a seguir avanzando en el árido camino académico y humanista para mantener una esperanza ante los rapsódicos, constantes y letales símbolos del economicismo neoliberal que anteponen el dinero, la eficiencia financiera, la rentabilidad, lo bursátil y la competitividad, sobre la persona, sus creencias, valores y entornos. En síntesis, el lector estará ante un riguroso y afable manifiesto de esperanza, cuyo soporte conceptual son ideas, información, conocimientos y experiencias, que dan fe del sentido académico, crítico y científico aun existente en las encrespadas aguas globales.

 

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Carpo, Azzurra
Una canoa sul rio delle Amazzoni. Conflitti, etnosviluppo e globalizzazione nell´Amazzonia peruviana
Verona, Italia, Il Segno dei Gabrielli editori, 2002, 240 págs. ISBN 88-88163-10-7

Guido Galafassi
CONICET y Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. E-mail: ggalafassi@unq.edu.ar


Este trabajo intenta ser la historia de un viaje, más bien de un “bioviaje” que atravieza los múltiples ríos del Perú amazónico. De ahí la presencia constante de la canoa, símbolo fundamental de los publos indígenas amazónicos y elemento esencial para superar los diversos escollos que el medio natural impone a la movilidad.

La diversidad cultural es el eje principal por el cual discurre este texto, en un intento por hacer entender la existencia de otros pueblos, otras visiones del mundo, otras espiritualidades, pero todas igualmente dignas. Efectivamente, todo el discurso está fuertemente imbuido por el espíritu del voluntariado, ya que el texto es justamente el resultado de varios años de trabajo en el proyecto “Equità di genere” para la promoción del pueblo indígena Shipibo, auspiciado por el M.L.A.L (Movimento Laici America Latina) y la ONG local CIPA (Centro de Investigación y Promoción Amazónica). Por lo tanto, es desde este punto de vista como hay que abordar este libro, puesto que no es un trabajo con la formalidad, la sistematicidad “objetiva” o la “extrañeza” académica que impone el episteme científico en sus interpretaciones de la realidad, sino por el contrario representa un claro compromiso e involucramiento en el problema social que se manifiesta en la lucha por el derecho a la diferencia llevado a cabo por las organizaciones y pueblos indígenas que “reman contra la corriente en la Amazonia peruana.

En consonancia con esto, el libro está organizado en tres “narraciones” donde se relatan los encuentros con la diversidad cultural con el objetivo de dar a conocer los mecanismos que acentúan la vulnerabilidad indígena y también aquellos que pueden asegurar la continuidad cultural, desde una mirada focalizada en el concepto de etnodesarrollo, del cual Marco Giovagnoli, en uno de los prólogos, resalta la necesaria potencia explicativa agregada por el prefijo “etno” en tanto “agregado humano (llamémoslo comunidad, pueblo, etnia, que no cambia nada) que redirige la flecha del desarrollo redefiniéndolo en base a una realidad concreta de carne, sangre y pensamiento”

La primera narración (que incluye 5 capítulos) nos introduce en la cosmovisión de cuatro pueblos amazónicos a partir de los relatos y experiencias de vida de dos mujeres y dos hombres. Estos cuatro pueblos son definidos como pueblos de frontera, no solo en el sentido geopolítico, sino también en un sentido cultural y humano. Porque en lugar de concebir, como mayoritariamente se hace, a la frontera como un límite divisorio entre opuestos, la autora trabaja con la frontera como un espacio de interacción que invita al acercamiento a lógicas y a modos diversos de “ser” humano y al reconocimiento de la fragilidad de estas lógicas y de estos sentidos del “ser” humano. Estos cuatro pueblos son: 1) Airo Pai (o Secoya) numéricamente reducido y vulnerable a la influencia de la economía cocalera y a las consecuencias del conflicto violento que se desarrolla en la frontera con Colombia a partir del narcotráfico; 2) Aguaruna, numéricamente consistente y organizado, vive en la frontera con Ecuador en un área afectada por numerosos proyectos de “desarrollo” que transformará drásticamente tanto la geografía como las relaciones sociales y culturales presentes; 3) Shipibo, relativamente cercano a la frontera con el mundo globalizado de la capital peruana (Lima) que lo somete a la fuerte influencia del mercado en un contexto de emigración y disgregación social y cultural; 4) Huambiza, pueblo de la familia lingüística Jibaro, envuento en una serie de conflictos donde se hace evidente la contradicción entre derecho positivo y derecho consuetudinario.

En la segunda narración (con 3 capítulos) Azzurra Carpo aborda panorámicamente los conflictos existentes entre los pueblos amazónicos y el Estado-Nación peruano. Comienza con el caso reciente de la cobertura que los diversos medios de prensa le dieron durante el 2000 al último grupo de indígenas “no contactados”, los Maschos-Piros que habitan la frontera Perú-Brasil. Se profundiza luego, desde un análisis crítico, las nocivas consecuencias del paradigma de la modernización y el sentido unilateral de las políticas de desarrollo como manifestaciones del “logos” moderno sobre la culturas del “rito” y del “mito”.

La tercer narración discute la noción misma de “pueblo” entendida como entidad colectiva ligada a una lengua original, en donde la cohesión organizativa/cultural juega un papel fundamental a la hora de definir la suerte futura de estas cosmovisiones dentro de la sectaria globalización unidimensional, para permitir emerger a partir del trabajo solidario y participativo de las organización indígenas, un nuevo concepto de “ciudadanía culturalmente diferenciada”.
El libro termina con un muy útil y acertado apéndice documental que contiene desde textos y declaraciones indígenas, hasta una serie de descripciones y cuadros sobre la complejidad de las etnias y organizaciones, pasando por una síntesis histórica, política y económica del Perú occidental y del Perú indígena.

 

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Robinson Salazar y Eduardo Sandoval F. (Compiladores)
América Latina: Conflicto, Violencia y Paz en el Siglo XXI

Libros en Red, Colección Insumisos Latinoamericanos, México, 2003, 468 pags. http://www.librosenred.com/insumisoslatinoamericanos.asp

Oscar Picardo Joao
Universidad Francisco Gavidia, El Salvador, E-mail: opicardo@ufg.edu.sv

América Latina se asoma en el horizonte del Siglo XXI como un cuerpo azotado por la violencia que vulnera su integridad por diversas y múltiples formas de brutalidad que lesionan los muchos intereses que en ella residen.

Nunca antes en la historia de los pueblos latinoamericanos se había vivido tanta violencia como la que hoy se da en todos los rincones de nuestros pueblos, la conquista española arrojó un saldo de muertes no cuantificable, lo mismo sucedió en la época de las guerras intestinas y separatistas, como también en la década de las dictaduras, pero lo que hoy acontece, equiparado con lo que sucedió en años anteriores y teniendo en cuenta que se han superado etapas en que la vida política no estaba cimentada por fuertes pilares institucionales, que las virtudes cívicas no eran siquiera parte de un legado ideológico, la fortaleza de los partidos políticos no eran suficientes y la visión que se tenía del adversario político transitaba por la denominación de enemigo político, es inmensamente mayor y vergonzosamente lo que hoy vemos y sufrimos a diario por culpa de la violencia.

La violencia del presente no deviene de un afluente, brota de muchos manantiales, algunos se encuentran localizados en el Estado, otros en el crimen organizado, muchos más brotan de la pobreza, la represión, el hambre, la injusticia, el intervensionismo militar y el paramilitarismo. Como podemos observar, el mar donde navega la violencia tiene diversos colores, distintas temperaturas y variedad de actores que la escenifican y la promocionan.

Los análisis que se sitúan frente al fenómeno de la violencia son variados. Este libro reune a un número significativo de autores especialistas en el tema para que den cuenta de lo que acontece en cada país o escenario donde se desenvuelve cada uno de ellos, a fin de que rindan cuenta ante las Ciencias Sociales sobre el comportamiento de este fenómeno que flagela a los habitantes de América Latina.

De lo que sí se puede estar seguro es que las transformaciones que se vienen dando en el contexto latinoamericano han provocado dos tipos de violencia, una defensiva y otra ofensiva; también se asoma el declive de un modelo de dominación y sus correspondientes formas de control social que la clase dominante había impuesto, lo que trae consigo una desestructuración que abre las compuertas para que el conflicto se extienda y abrace el ancho cuerpo de la sociedad, sin que el Estado pueda hacer algo por detenerlo.

El Estado se ha achatado tanto que no cuenta con los instrumentos suficientes y eficaces para detener la ola de conflictos, lo que ha permitido que actores que se encuentran en desventajas asuman la responsabilidad de ejercer la justicia por sus propias manos, siendo los linchamientos en Guatemala, México, Colombia, Brasil y Argentina una consecuencia del adelgazamiento del Estado y de la consubstancial desresponsabilidad que ha asumido frente a la violencia.

Otro tipo de escenario que nos visita es la paramilitarización que se viene desplegando en nuestros países a partir de la instrumentación del Plan Colombia, donde la política intervensionista de los EE.UU. en la región ha marcado una tendencia incremental no solo en Colombia, sino en las naciones vecinas, donde los gobiernos al verse imposibilitados de resolver las demandas de las ciudadanías, han acudido a incentivar grupos armados para que sofoquen la ira de los sujetos sin derechos que hoy día se sitúan en una estrategia reclamante a través de la acción directa. Ecuador, Perú y Venezuela son parte del corolario del Plan Colombia y a la vez son afectados por el paramilitarismo que día a día acosa a las comunidades y movimientos insumisos.

Al interior de los países donde la pobreza ha ensanchado las fronteras de su frondoso cuerpo han crecido desmesuradamente núcleos de pobladores que han sido despojados de sus derechos, por lo cual no existen como ciudadanos ni son tenidos en cuenta a la hora de elaborar políticas públicas tampoco a la hora de implementar un nuevo impuesto, todo ello los ha sumido en una situación lamentable que atenta contra la dignidad de las personas. La exagerada exclusión nunca antes vista en América ha irritado a grandes segmentos sociales, tanto que han decido actuar por su cuenta, al margen de lo que se pregona del estado de derecho, buscando por sus propios medios solventar la situación de penuria, siendo la violencia el recurso más utilizado y apropiado cuando se les niega toda posibilidad de justicia.

La violencia que se vive en las comunas ( barrios pobres) de Colombia, Venezuela y Brasil es insospechadamente enrome, trágica y sin parangón alguno en la historia de América Latina; los lazos asociativos se encuentran ausentes en los barios marginales, la sobrevivencia es cotidiana y las riñas permanentes, ahí la vida no vale nada.

La respuesta que ha tenido el gobierno para resolver la situación caótica en cada comuna es el uso de la violencia, por ello el problema persiste pero con un grado mayor de conflictividad.

En otra parte de la sociedad, se da una violencia que se asocia con el hambre, el desempleo, la represión y en encono que la élite gubernamental tiene para con los sectores medios en decadencia y los trabajadores asalariados, puesto que descargan sobre ellos toda la responsabilidad de los impuestos y los sacrificios que exigen las variables macroeconómicas del modelo neoliberal, irritando a densas capas sociales que ya se encuentran cansadas de ser el objeto de toda experimentación burocrática, asumiendo ante ello una actitud violenta para contrarrestar lo que la élite gubernamental y los grupos de empresarios intentan imponer. La violencia que portan los Piqueteros y Motoqueros en Argentina, el Movimiento Sin Techo en Paraguay, el Movimiento Sin Tierra en Brasil y los Círculos Bolivarianos en Venezuela, no es anárquica, es un manejo defensivo de la Violencia para contener la represión y el continuo desconocimiento que se hace de sus derechos.

Como podemos darnos cuenta, la violencia no sólo existe en los ciudadanos con derechos y sin derechos, sino en el gobierno, en los empresarios y en los partidos políticos, vivimos una sociedad cruzada por múltiples coordenadas violentas, las hay desde las quiebras de los bancos para confiscar los ahorros de los ciudadanos hasta el cobro de intereses sobre intereses en los créditos hipotecarios, desde la expropiación de sus tierras para una obra que beneficia a la iniciativa privada hasta la aplicación de la ley contra el terrorismo cuando demandan sus derechos los pobres; desde los empresarios que sacan su dinero por ingobernabilidad para dejar sin recursos al Estado hasta el cierre de varias empresas por declarase en quiebra, en fin, son múltiples los actos de violencia que descargan sobre las espaldas de los actores excluidos; asimismo, los sujetos sin derechos, no tienen muy claro quién es el enemigo, la globalización volatilizó los referentes del burgués, del imperialismo, del saqueador y de los terratenientes y se convirtieron en fantasmas que aplican la violencia pero se esfuman en el mundo global sin frontera, por ello las cadenas de supermercados, los bancos, los automóviles, los monopolios de los medios sean los blancos de los ataques de ira y de impotencia e indignación de los sin derechos cuando protestan por la indeferencia del gobierno ante sus reclamos.

Martin Shaw. Roberto A. Follari. José Luis Cisneros, Robinson Salazar Pérez, Ricardo Melgar Bao, Eduardo Andrés Sandoval Forero, Esperanza Hernández Delgado, Daniel Miguez, Celia Soibelmann Melhem, Sergio Salinas C. , Rolando Garrido Q., Alberto Riella , Nilia Viscardi, Alexis Romero Salazar, Adela García Pirela , Johel J. Salas y Ricardo Pérez Montfort conforman el grupo de desafiantes teóricos que en la postrimería del año 2002 han decidido reflexionar en torno a un debate que el Cuerpo Académico Internacional e Interinstitucional Insumisos Latinoamericanos ha puesto sobre la mesa para coadyuvar en el debate y encontrar respuestas a los múltiples problemas que residen en América Latina.


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