Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 8 (segundo semestre de 2003)  
number 8 (second semester of 2003)

                 

 


Estado, Universidad y economía agroexportadora en Argentina:
el desarrollo de las facultades de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires y La Plata, 1904-1930


Osvaldo Fabián Graciano*


* Universidad Nacional de La Plata / Universidad Nacional de Quilmes / CONICET. E-mail: graciano@netverk.com.ar



Introducción.

El desarrollo de la economía de exportación de productos agrarios en Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, resultó la estrategia dominante del desarrollo capitalista del país hasta la crisis económica mundial de 1929. En estrecha vinculación con el despliegue del capitalismo industrial británico, la Argentina modernizó sus estructuras productivas y se convirtió en una de las más importantes regiones proveedoras de cereales y carnes del mercado inglés y del mundial. La conformación de la “Argentina agroexportadora” tuvo como centro a las fértiles llanuras de clima templado de la región pampeana y requirió de parte de los sectores productores de esa región, liderados por los estancieros de la provincia de Buenos Aires, reorganizar sus explotaciones siguiendo el modelo que les brindaba el desarrollo agrícola y ganadero de la Europa atlántica y de los Estados Unidos. Esas transformaciones eran necesarias en la medida que ellas hacían a las exigencias de calidad requeridas a las exportaciones de productos agrarios por los mercados consumidores y por la competencia de otras áreas productoras en la misma época (como Australia, Canadá y Nueva Zelanda).

El desarrollo económico pampeano vinculado al mercado mundial, se expresó así en un proceso de cambios técnicos y productivos que implicaron la transformación de su estructura productiva y de los mismos actores económicos, quienes para lograrlo debieron apelar a los nuevos saberes científicos y técnicos que lo harían posible. Es en ese contexto que adquieren valor económico para los productores rurales pampeanos de Argentina, la organización en el país de un sistema educativo y científico que difundiera esos saberes y asegurase, a la vez que la capacitación de los trabajadores rurales y de técnicos, también la de los mismos agricultores y ganaderos. La historia del desarrollo de ese sistema científico y educativo en la Argentina entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX reconoce dos etapas claramente diferenciadas: la primera de ellas se extiende entre fines de la década de 1860 y 1900, período que se caracteriza por la acción de los sectores productivos de acceder a los nuevos conocimientos agronómicos y veterinarios y adquirirlos directamente (vía su propia capacitación personal) y por su acción en procura de lograr la organización de la enseñanza agrícola y veterinaria. La segunda etapa corresponde a las primeras décadas del siglo XX, momento en que se produce la creación de los primeros institutos nacionales de Agronomía y Veterinaria en el seno del sistema universitario argentino. El curso concomitante que el desarrollo institucional de estos saberes científicos guardó con la acción de los sectores agrarios pampeanos en la organización de la estructura productiva y la construcción de su hegemonía en la política y sociedad argentinas luego de 1870, en la formación del Estado y en la afirmación del poder de éste último de intervenir en la gestión del desenvolvimiento productivo de la región pampeana invocando el interés de la Nación en esa tarea, abre la posibilidad de reflexionar sobre el papel que los sectores dominantes en Argentina le atribuyeron a la ciencia y al desarrollo de un sistema científico que promoviera las condiciones técnicas para la organización de la estructura de exportaciones del país y le asegurase el desenvolvimiento de sus intereses económicos. Resulta así factible interpretar el despliegue de la ciencia argentina en general y de las ciencias agronómicas y veterinarias en particular, como factores intervinientes en la transformación de la sociedad argentina de la segunda mitad del siglo XIX, en la formación de sus clases dominantes, en la construcción de su Estado nacional y en su desarrollo en las primeras décadas del XX. Este trabajo intenta evaluarlo para el caso específico del desarrollo agropecuario pampeano (1).

En este sentido, la institucionalización de las ciencias agronómicas y veterinarias en el sistema universitario, fue el resultado de la valorización en los niveles gubernamentales y burocráticos nacionales, de la importancia de estas disciplinas como instrumentos del desarrollo técnico y organizativo de la agricultura y la ganadería de la región pampeana, convirtiéndose en uno de los primeros ensayos de vinculación de la Universidad con el sistema productivo. El desarrollo de las facultades de Agronomía y Veterinaria resultó la respuesta del Estado, a las demandas de asistencia técnica y de recursos profesionales, de quienes habían promovido la implantación de la enseñanza agronómica y veterinaria en el país desde fines del siglo XIX, los ganaderos de la Sociedad Rural Argentina [en adelante SRA].

Pero la organización de estos primeros complejos científicos de difusión de tecnologías agropecuarias a los productores rurales al comenzar el siglo XX, ha sido aún escasamente explorada por la historia agraria y también permanece sin una evaluación de conjunto, la formación de recursos profesionales, la producción científica desarrollada en estos institutos y las transferencias de esas tecnologías y conocimientos agronómicos-veterinarios a los productores. Asimismo, la estrecha relación que el desarrollo de la enseñanza agronómica y veterinaria guardó con la modernización económica promovida por los sectores agrarios pampeanos, no ha sido estudiada desde la perspectiva de considerar su implantación en el país, como un aspecto constitutivo de la especialización productiva de los grandes ganaderos pampeanos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, a cuya modernización económica aparece asociada (2).

En este sentido, la organización de las facultades de Ingeniería Agronómica y Medicina Veterinaria en el seno de las universidades nacionales de La Plata y Buenos Aires que el Estado promovió en la primera década del siglo XX, fue impulsada por los terratenientes pampeanos y tuvo como objetivos prioritarios tanto organizar un complejo científico de investigación y experimentación agrícola para la transferencia de tecnologías agropecuarias a los productores agrarios como formar los recursos profesionales que pudieran gestionar, integrados en el aparato burocrático estatal, el desenvolvimiento productivo de la economía agropecuaria pampeana.

Este trabajo se ocupa de analizar, en primer lugar, las condiciones económicas y sociales que permitieron la valorización económica en la sociedad argentina de éstas disciplinas y de las medidas gubernamentales que impulsaron su institucionalización universitaria. En segundo lugar, estudia el desarrollo institucional de las facultades de Agronomía y Veterinaria entre 1904 y 1930, los programas científicos que en ellas se impulsaron para su vinculación con la economía agroexportadora pampeana y el lugar científico-institucional que en el sistema universitario se otorgó a estas disciplinas. La reconstrucción del desarrollo científico e institucional de estas facultades, permite finalmente evaluar sus logros en la formación de recursos profesionales, los resultados obtenidos en investigación agrícola y las modalidades que adquirió la transferencia de tecnologías agropecuarias desarrolladas en estas instituciones e implementadas por el Estado, para la atención de las actividades productivas de la región pampeana en las tres primeras décadas del siglo XX.


Estado, terratenientes y modernización económica en Argentina, 1860-1900

La organización de los primeros institutos de enseñanza agronómica y veterinaria en Argentina, se asocia al proceso de difusión y adaptación tecnológica que el desarrollo de la economía agropecuaria pampeana experimentó durante la segunda mitad del siglo XIX, en su proceso de incorporación al mercado mundial como productora primero de lanas y posteriormente de cereales y carnes. En un proceso que se extiende entre los decenios de 1850 y 1900, la estructura productiva pampeana se transformó vinculada inicialmente al simultáneo despliegue de la agricultura sobre la base de la colonización europea en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos y de la producción ovina y bovina en la de Buenos Aires. La instalación de los frigoríficos y la extensión de las vías férreas desde mediados de los años de 1880 (principalmente en esta última provincia), profundizaron los cambios productivos en la economía pampeana, al permitir en pocos años transformar esa región en una de las principales productoras de cereales y carnes para el mercado internacional (3).

Si bien el Estado nacional, definitivamente organizado desde 1880, desempeñó el papel decisivo en las transformaciones productivas de las actividades agropecuarias en la región pampeana, promoviendo las inversiones de capital extranjero en transportes, infraestructura (ferrocarriles, puertos) y frigoríficos, impulsando la provisión de mano de obra mediante el fomento de la inmigración y la transferencia a particulares de las tierras productivas (conquista mediante) en poder de los pueblos indios, no implementó medidas destinadas a difundir la enseñanza agrícola en el país. Pero la ausencia de un sistema de enseñanza agrícola que sirviera a la divulgación de los nuevos métodos de producción agropecuarios y a la formación de recursos humanos (peritos ganaderos y agrícolas, administradores rurales, agrónomos y veterinarios) durante el período 1860-1900, fue resuelta por los agricultores, estancieros y empresas de comercialización de cereales, quienes introdujeron las nuevas técnicas productivas requeridas por la economía capitalista para la producción ganadera y agrícola (4).

Papel decisivo en esa tarea la desempeñó la SRA, asociación creada por los más importantes ganaderos de la provincia de Buenos Aires en 1866, que definió en sus estatutos de organización, todo un programa de difusión y adaptación de las nuevas técnicas productivas agropecuarias desarrolladas en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos o Australia y que fueron ampliamente divulgadas en su revista los Anales. A lo largo de medio siglo, la creciente complejidad técnica y organizativa que la producción ganadera pampeana fue adquiriendo, demandó aplicar los conocimientos clínicos, terapéuticos, sanitarios y zootécnicos vinculados a la producción del ganado, como así también los conocimientos agronómicos que permitieran la reorganización productiva de las estancias. La valorización económica que los saberes agronómicos y veterinarios adquirieron entre los más importantes ganaderos de la provincia de Buenos Aires, fue entonces concomitante a la modernización técnica que impulsaron en sus explotaciones (introducción de reproductores de pedigree, difusión del alambrado, máquinas y herramientas agrícolas, molinos para el abastecimiento de agua, desarrollo de praderas artificiales fundado en el sistema de cultivos combinados), para lograr el refinamiento de su ganado lanar y vacuno y adaptarlos así a las demandas del mercado internacional.

Para la promoción de los intereses económicos de los ganaderos bonaerenses, la SRA formuló sus objetivos de acción institucional con relación a su adaptación económica como clase a las condiciones económicas del mercado internacional y entre estos objetivos, se encontraba la difusión de los saberes agronómicos y veterinarios para su aplicación a la producción. Los ganaderos de la SRA (que se convirtió también en la principal asociación corporativa que representaba los intereses terratenientes en el país), lideraron así los cambios técnicos en la producción ganadera y vieron en los conocimientos agronómicos, veterinarios y zootécnicos, uno de los instrumentos que les permitirían la transformación de sus actividades agropecuarias, con el fin de adaptarlas a las condiciones de producción exigidas por la economía mundial (5).
La ausencia de reparticiones estatales que fomentaran el desarrollo agropecuario pampeano y la carencia de profesionales que introdujeran las nuevas técnicas productivas, fue subsanada con la organización por parte de la SRA, de concursos y exposiciones de maquinarias agrícolas y productos agropecuarios y la contratación de médicos para que estudiaran las enfermedades del ganado ovino y bovino. Los viajes de estudios a institutos agrícolas y explotaciones ganaderas de Inglaterra, Francia, Alemania y Australia, realizadas por los estancieros bonaerenses y la reproducción de los mismos en las páginas de los Anales, la adquisición de obras sobre zootécnia y agricultura y la contratación de ingenieros agrónomos y veterinarios extranjeros, como así también la publicación de las investigaciones realizadas por estos profesionales en los Anales, fueron algunas de las estrategias para la introducción de los conocimientos agronómicos y veterinarios y la difusión de tecnologías agropecuarias entre los productores. La misma SRA organizó sus propios centros de investigación agrícola (6).

Definidos estos saberes como un aspecto constitutivo de los cambios técnico-productivos agropecuarios por los mismos estancieros, la SRA gestionó desde la década de 1860 ante los gobiernos nacionales y de la provincia de Buenos Aires, la creación de servicios estatales de asistencia veterinaria y agronómica a los productores y la organización de la enseñanza agrícola. Sus gestiones ante los gobiernos provinciales de Buenos Aires tuvieron como resultado la creación en esa provincia, del Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina (que funcionó entre 1883 y 1889) y de la Facultad de Agronomía y Veterinaria en la ciudad de La Plata (la capital provincial) en 1890. En ambos institutos se editaron publicaciones de divulgación de los estudios científicos realizados por sus profesores (contratados en Francia y Bélgica), que fueron la base para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades infecciosas que atacaban el ganado vacuno (tuberculosis bovina, carbunclo), las parasitosis pulmonares e intestinales y la sarna (una parasitosis externa) que afectaba a los ovinos, como también sirvieron a la reglamentación sobre profilaxis y sanidad del comercio de los ganados de exportación, la inspección veterinaria de los reproductores puros que se introducían y la tuberculinización obligatoria de los bovinos (7). Este proceso de desarrollo de la enseñanza y la investigación agronómica y veterinaria en el país anterior a 1900, se caracterizó por su concentración regional y social, ya que el mismo se localizó en los institutos creados en la provincia de Buenos Aires y tuvo como principales beneficiarios de las aplicaciones de sus desarrollos científicos, a los grandes ganaderos pampeanos (8).

Sólo en los últimos años de 1890, cuando la formidable expansión agropecuaria de la región pampeana convirtió a la Argentina en una de las principales áreas de producción de cereales y carnes del mundo, el Estado nacional (consolidado en sus bases materiales e institucionales) inició incipientes políticas agrarias para orientar el desarrollo agropecuario pampeano y regional, con la organización en 1898 del Ministerio de Agricultura. Esta repartición se organizó como un aparato de gestión burocrático, cuyas funciones centrales fueron el relevamiento estadístico de las condiciones técnico-organizativas de la producción agropecuaria, la fiscalización de las actividades productivas mediante el control de las exportaciones de cereales, la inspección de las condiciones sanitarias e higiénicas de la producción y comercio de los ganados vacuno y lanar, la investigación y experimentación agrícolas sobre enfermedades de los cultivos y animales de producción y la difusión de los saberes agronómicos y veterinarios entre los productores. El ejercicio de estas funciones hizo necesario al nuevo ministerio, formar los profesionales que pudieran ejecutarlas. Bajo su dependencia se fue organizando un incipiente sistema de transferencia de tecnología y de formación de recursos humanos, con la creación de escuelas de enseñanza agrícola elemental (para la instrucción de los agricultores) y especializada (destinadas al fomento de las agroindustrias regionales del azúcar y del vino), y de la enseñanza extensiva ambulatoria y las estaciones de experimentación agrícolas. Para promover la investigación científica en su aplicación a la producción agropecuaria y formar los planteles de ingenieros agrónomos y veterinarios que dirigieran los laboratorios y oficinas ministeriales, se nacionalizó en 1902 la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la provincia de Buenos Aires y se creó en 1904, en la Capital Federal y como dependencia del nuevo ministerio, el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria. La organización de la enseñanza agrícola se completó con la incorporación de estas dos instituciones a las universidades de La Plata (1905) y de Buenos Aires (1909), respectivamente.
Al integrar estos institutos a la enseñanza superior, el Estado operó la valorización científica de las ciencias agronómicas y veterinarias revistiéndolas de una titulación universitaria, impulsó su desarrollo como centros de investigación y experimentación agrícolas y concretó a través de ellas, uno de los primeros ensayos de vinculación de la universidad con el sistema productivo. Las facultades de Agronomía y Veterinaria de La Plata y Buenos Aires, comenzaron a desempeñar así la función de formar los cuadros técnicos del Estado, a la vez que se convirtieron en dos centros de investigación científica sobre las enfermedades que afectaban los cultivos y ganados y en los que se diseñaron proyectos técnicos para la racionalización productiva del agro pampeano. En síntesis, la valorización científica y social que significó para las ciencias agronómicas y veterinarias su incorporación al sistema universitario, afirmó el papel profesional de los ingenieros agrónomos y médicos veterinarios en el sistema productivo agrario (vía su integración a la administración pública o directamente en su vinculación con los productores rurales), como los agentes calificados en la gestión y dirección de su funcionamiento, por su monopolio de saberes científico-técnicos (avalados por su titulación universitaria) y por su carácter de sujetos de la modernización científica de la economía agraria. El Estado intentó que los nuevos institutos agrícolas que se crearon y la burocracia científico técnica que se constituyó en el Ministerio de Agricultura, reemplazaran los esfuerzos de los productores y sus asociaciones, en la transferencia de tecnologías agropecuarias.

Pero este desarrollo burocrático resultó funcional a los intereses de los sectores terratenientes de la región pampeana, quienes lideraban las transformaciones productivas y monopolizaban el poder del Estado nacional, ya que tanto la organización del Ministerio de Agricultura como la de los institutos de enseñanza agrícola, fueron el resultado de las gestiones públicas de la SRA y de funcionarios estatales vinculados a ella, como Emilio Frers o Estanislao Zeballos (9). Asimismo, la dirección de la nueva repartición fue ocupada casi siempre por miembros de esa entidad, entre su fundación y 1930 y un aspecto que refuerza esta caracterización fue que tanto los objetivos fundacionales, como la organización y las funciones del nuevo ministerio en lo referente a investigación y difusión tecnológica, retomaban los mismos que en su gestión de los intereses terratenientes, se había fijado y desarrollado la SRA, entre 1866 y 1898 (10).

El funcionamiento institucional de las facultades de Agronomía y Veterinaria sería también funcional a los requerimientos del desarrollo económico promovido por los grandes ganaderos de la región pampeana, ya que al resultar su organización un aspecto constitutivo del despliegue burocrático estatal que estos impulsaron desde la década de 1890, quedaron encuadrados por las funciones burocráticas que el Ministerio de Agricultura definió como sus objetivos de gestión del agro pampeano (relevamientos estadísticos, control sanitario y fiscalización de las actividades productivas y comerciales, investigación científica y divulgación de servicios agronómicos-veterinarios, capacitación técnica de los agricultores y trabajadores rurales); funciones y objetivos que informarían tanto las políticas institucionales de esas facultades, los programas científicos definidos en su interior, como la currícula de contenidos de los planes de estudios y la definición de los perfiles profesionales de los ingenieros agrónomos y médicos veterinarios, aspectos que se desarrollan en el punto siguiente.


Los complejos agronómico-veterinarios de las universidades de La Plata y Buenos Aires. Organización y desarrollo, 1904-1930

Organizadas en los primeros años del siglo XX, época en la cual Argentina se había convertido ya en una competitiva economía de exportación de cereales y carnes en el mercado mundial, las facultades de Agronomía y Veterinaria definieron políticas académicas y proyectos científicos, orientados a instrumentar las funciones de formación de técnicos para el Ministerio de Agricultura de la Nación y de generación y difusión de tecnologías agropecuarias a los productores rurales. Los primeros años del desarrollo institucional de ambas facultades, se concentró en la organización de sus laboratorios y gabinetes de investigación, de sus campos de experimentación, clínicas veterinarias, la selección y contratación de sus cuerpos docentes, en la organización del sistema de enseñanza y la currícula de contenidos de los programas de las materias a dictarse, que concretaran el perfil profesional a dar a los ingenieros agrónomos y médicos veterinarios, definidos por los planes ministeriales (11).

El dispositivo de organización institucional de la enseñanza agronómica y veterinaria superior, se orientó a transformar a estas facultades en centros de investigación y experimentación científica, de preparación de investigadores y técnicos para las oficinas ministeriales y el sistema científico, junto con la de formación de médicos veterinarios e ingenieros agrónomos, que se vincularan directamente a los agricultores y ganaderos. Tanto el decreto de fundación del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria en 1904 (que fundamentó su posterior reorganización como facultad dependiente de la Universidad de Buenos Aires en 1909), la incorporación de la facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata a su universidad en 1905 como la reorganización de la enseñanza agrícola implementada por el Ministerio de Agricultura en diciembre de 1907, fundaban el desarrollo de estos institutos a partir de dos estrategias destinadas a la atención del funcionamiento de la economía agropecuaria pampeana: una de corto plazo, que se expresó en la finalidad de formar profesionales que aplicaran directamente sus conocimientos a la producción (con el fin de satisfacer la demanda directa de profesionales por parte de los actores económicos) y a través de la extensión universitaria de los saberes veterinarios y agronómicos, que debían realizar las mismas facultades. La segunda estrategia se concretó con el desarrollo de proyectos de investigación y experimentación agropecuaria y formación de una burocracia científico-técnica, de incidencia y aplicación económica también, pero en el largo plazo y canalizada fundamentalmente, por la acción estatal. Estas fueron las estrategias definidas desde el Estado nacional para el desarrollo educativo y científico de la enseñanza superior agronómica y veterinaria, con el fin de llevar a término la racionalización técnica y organizativa de las actividades productivas (12).

A su vez, la prioridad otorgada a la investigación científica y a la formación de técnicos para el Estado, fueron las razones determinantes de la incorporación de estas facultades al sistema universitario, que pasaron de la órbita del Ministerio de Agricultura a la del Ministerio de Instrucción Pública (del que dependían las universidades) y que permitió organizar definitivamente los ámbitos científicos agronómicos-veterinarios en el país y desarrollar proyectos científicos en su seno. Aún así, fueron las direcciones científicas de Agricultura (integradas por quienes ocupaban las cátedras y consejos académicos de las facultades de Agronomía y Veterinaria), las que establecieron la orientación a seguir en investigación y enseñanza en ellas.

Por otra parte, si bien ambas facultades adoptaban su organización científica y educativa de los modelos que les brindaban los institutos belgas y franceses, presentarían matices diferentes en lo que hace a su organización institucional y al lugar que les correspondió en las políticas académicas de sus respectivas universidades. En el caso de la facultad porteña, esta era no sólo de reciente creación e incorporación en la UBA, sino que ocupó allí un lugar subordinado frente a las carreras en ella predominantes (ciencias médicas y jurídicas) en lo que hacía a la distribución de los recursos del presupuesto y la definición de las políticas académicas. En tanto, la facultad de La Plata fue la base para la creación en 1905, de una universidad nacional vinculada al sistema productivo. En este sentido, ambas casas de estudios tuvieron desarrollos muy diferentes con respecto a sus direcciones durante gran parte del período aquí estudiado, ya que mientras la facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires tuvo como decanos a profesionales de otras disciplinas y hasta extrauniversitarios, en La Plata su dirección académica fue ejercida desde su nacionalización, por ingenieros agrónomos y médicos veterinarios (13).
Entre los años 1906 y 1920, la Facultad de Agronomía y Veterinaria platense fue privilegiada por la política académica de sus rectores y ocupó el primer lugar en la distribución del presupuesto universitario, contra el cuarto lugar de su par porteña en el mismo período. La situación apenas cambió en los años ’20 para ambas facultades, con la ventaja administrativa, institucional y pedagógica para las carreras de Agronomía y Veterinaria de la UNLP, de reorganizarse desde ese último año, como dos nuevas casas de estudios. Sin embargo, esta situación no llevaría a resultados sustancialmente distintos en la producción de investigación o en la formación de recursos humanos por parte de estas unidades académicas (14). En efecto, esos diferentes lugares ocupados por estas carreras en el sistema universitario argentino no debe ocultar que la creación de las facultades de Agronomía y Veterinaria, modificó el profesionalismo predominante en la Universidad argentina de fines de siglo XIX y su escasa tradición en investigación científica, pero que también reveló el interés de los sectores dominantes en que la enseñanza superior promoviera la experimentación e investigación y proveyera, junto al personal gubernativo y administrativo que el sistema político argentino requería, el personal técnico de la burocracia estatal (15).

Tampoco se diferenciaron sustancialmente en cuanto a las características de los perfiles profesionales definidos en ambas facultades ya que los contenidos curriculares de sus planes de estudios fueron similares y puede afirmarse que la tendencia predominante fue la uniformidad de criterios y objetivos pedagógicos, determinados tanto por el diseño estatal de la práctica profesional de los agrónomos y veterinarios, como por compartir (fundamentalmente en los años ’20) casi el mismo cuerpo docente. Reforzó esta capacitación como técnicos del Estado, la masiva participación de sus profesores en funciones directivas en el Ministerio de Agricultura de la Nación y de la organización en él de nuevas reparticiones (destinadas a las cuestiones agropecuarias), que demandó técnicos para su funcionamiento. En última instancia, era el modelo curricular y científico ensayado en la provincia de Buenos Aires desde la creación del Instituto de Santa Catalina por impulso de la SRA, el que se desarrollaba a nivel nacional. La definición de prácticas profesionales y de proyectos científicos diferenciados que respondieran a las demandas de otros intereses económicos regionales (como lo podían constituir los de la economía azucarera del noroeste del país o la vitivinicultura cuyana), tuvieron escaso lugar en el desarrollo académico de estas dos casas de estudios.

En el caso del sistema de enseñanza de la carrera de Ingeniería Agronómica, este se organizó en ambas facultades, con un plan de estudios de cuatro años de duración y una preparación de carácter teórico-práctica, con el objetivo de lograr una formación profesional de sus estudiantes que los capacitara en la atención de la economía agrícola. La enseñanza comprendió diferentes niveles de capacitación del estudiante, para que este adquiriese los conocimientos técnicos y prácticos del proceso de producción de la agricultura, de las agroindustrias regionales y de las pautas de organización, administración y contabilidad de las empresas agropecuarias. La enseñanza se organizó así de un modo progresivo e integrador, permitiendo al estudiante el dominio de los conocimientos técnicos y teóricos de los ciclos de la cerealicultura pampeana y de los sistemas de producción agrícola regionales. A su vez, la enseñanza impartida en medicina veterinaria seguía un proceso similar de formación integral y progresiva de sus estudiantes, en los conocimientos de biología y medicina aplicadas a los animales de producción, con el fin de prepararlos en los conocimientos de anatomía y fisiología animal, el estudio de sus patologías y de las terapéuticas y técnicas quirúrgicas para su tratamiento y que incluía un capítulo específico de estudio de las enfermedades animales transmisibles a los hombres (zoonosis). El perfil profesional del veterinario se encuadraba así, en su especialización como veterinario clínico, zootecnista e higienista.

El sistema de enseñanza que se estableció para ambas carreras, resultó así una especialización técnica de la organización productiva agropecuaria pampeana y el diseño de sus perfiles profesionales tuvo una precisa definición del área de competencias profesionales para sus graduados en el sistema productivo, lo que revelaba una específica división institucional de tareas pedagógicas y científicas. Mientras los ingenieros agrónomos se especializaron en el conocimiento de la organización y funcionamiento de los sistemas de producción cerealera, los médicos veterinarios lo hicieron en los estudios de selección y reproducción de los distintos ganados de producción económica (bovinos, ovinos, porcinos), su nutrición y cría, en el estudio de sus enfermedades y en los métodos terapéuticos y clínicos de su atención. Un capítulo específico de la preparación de estos estudiantes para su futura integración al Estado como burocracia científico-técnica, fue la enseñanza que se les brindó en las cátedras de inspección y control de las condiciones sanitarias de la industria frigorífica, láctea y de los productos alimenticios de origen animal, que vinculó el desarrollo de la Medicina Veterinaria con el mejoramiento de la salud pública. Los estudiantes de Agronomía recibieron a su vez, una preparación especial en legislación agraria, contabilidad, estadística y en el estudio de la economía y la sociedad rural (16).

Asimismo, la selección de los futuros investigadores se realizó a partir de las instancias propias del sistema de enseñanza (las monografías de seminarios y fundamentalmente las tesis de graduación) como así también por las prácticas y experiencias en los laboratorios (en donde los estudiantes definían temáticas de especialización) y que se convirtieron en sus ámbitos de producción científica. En la facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata, se instauró desde 1906 un sistema de becas para los mejores promedios, con el fin que realizaran estudios de especialización en institutos de investigación agropecuaria de Estados Unidos y Europa (17).

Por otra parte, en ambas facultades se organizaron mecanismos de extensión universitaria y servicios agronómicos y veterinarios de atención directa a los actores económicos (a empresas agrícolas, a los productores rurales y sus asociaciones). Esos servicios se concretaron en cursos de divulgación, de capacitación técnica de trabajadores rurales, de atención clínica de animales de producción en sus hospitales, de divulgación de guías técnicas para la realización de actividades productivas y asesoramiento para la organización de empresas agropecuarias y de colonización. Uno de los ámbitos centrales de esta extensión, fueron los laboratorios de química agrícola, donde se organizaron servicios de control y clasificación de semillas de cultivo provistas por los productores. Las dos facultades participaron también con sus productos de granja, maquinarias agrícolas, proyectos de organización productiva y de construcciones rurales, en los concursos y exposiciones organizados por la SRA, el Ministerio de Agricultura y por gobiernos provinciales, lo que se constituyó en otro de los vínculos con los productores (18).

En tanto, el desenvolvimiento de la investigación y la experimentación agropecuaria en las dos facultades reconoce una primera etapa y que corresponde a la de su organización (los años 1904-1920), que insumió a las autoridades y cuerpo de profesores definir proyectos de investigación, concretar la instalación y equipamiento de sus laboratorios, organizar los campos de estudios de hidrología y de experiencias con cultivos y la construcción de sus clínicas. Fueron también los años de contratación y conformación de los cuerpos docentes, de la adaptación de muchos de estos profesionales contratados en el exterior, a las condiciones del funcionamiento del agro argentino y de la selección de los primeros egresados y su formación de posgrado. Pero la superposición de funciones a desplegar por estas facultades (formación de profesionales, servicios de extensión e investigación) no dejaría de tener consecuencias para su producción científica. Al ser desarrollada por los mismos docentes que dictaban las cátedras, ejercían la dirección de los laboratorios y llevaban a término la extensión universitaria, la investigación agronómica y veterinaria se orientó hacia la resolución de los problemas de demanda urgente por parte de los agricultores y principalmente de los ganaderos y por las cuestiones suscitadas en la cátedra. Las cuestiones de investigación en las dos unidades académicas quedaron definidas así por la dinámica de la enseñanza, la atención de las demandas de los actores productivos y del mismo Ministerio de Agricultura. En los laboratorios de química agrícola y estaciones agronómicas se realizaron ensayos con abonos, forrajes y cereales, cultivos en secano y riego, clasificaciones y análisis de semillas, ensilajes de forrajes y cosechas. En los de patología vegetal se realizaban estudios de clasificación de las enfermedades parasitarias y las plagas que atacaban los cultivos (principalmente al trigo y al maíz) de la región pampeana. Las secciones de veterinaria se abocaron al estudio de las enfermedades infecciosas de los bovinos y porcinos y de aquellas transmisibles a los hombres. Así por ejemplo, en los laboratorios de bacteriología de las dos facultades, se desarrollaron técnicas de diagnóstico del carbunclo y de inmunización contra esta enfermedad, estudios sobre profilaxis de la tuberculosis bovina, métodos de higienización de la leche de consumo y estudios del bacilo portador de la tuberculosis en las leches pasteurizadas. En definitiva, las líneas de investigación desarrolladas por estos centros científicos en estos primeros años, se concentraron en los estudios de enfermedades infecciosas, de patología vegetal, zoología agrícola, química agrícola, experiencias de hidráulica y ensayos con maquinaria agrícola, mientras que las desplegadas por la sección veterinaria se caracterizaron por los estudios de bacteriología y parasitología animal, técnicas quirúrgicas para el tratamiento de patologías anatómicas y experiencias en el área de la zootécnia (higiene, reproducción y alimentación del ganado bovino).

Pero si bien esta producción científica continuaba en parte los desarrollos de investigación de los institutos agrícolas provinciales, se extendía ahora también a la atención de la agricultura del cereal con los trabajos de organización técnica y económica de la producción de granja, las clasificaciones comerciales de los cereales, el control de calidad de las semillas de cultivo y los estudios sobre entomología agrícola (principalmente de métodos para combatir la langosta). En este sentido, los profesores de las carreras de Agronomía impulsaron un conjunto de propuestas de planificación de la agricultura pampeana, que fueron concebidas como un instrumento de reformas de la organización de sus actividades productivas: frente a la ausencia de sistemas oficiales de crédito, la escasa difusión de las asociaciones de productores y del desarrollo de la producción agrícola extensiva y la tenencia de la tierra en carácter precario, propusieron la creación de mecanismos de crédito y financiación de la producción cerealera, el desarrollo del cooperativismo y la diversificación de la producción, sobre la base de la pequeña explotación intensiva en propiedad y de la enseñanza agrícola a los agricultores y su familia. Las mismas facultades organizaron explotaciones agropecuarias, que debían constituirse en el modelo de producción científica de la agricultura argentina (19).

Durante este primer período se sucedieron en ambas facultades, intentos de despliegue de líneas de investigación y experimentación agronómica y veterinaria independientes de las funciones de enseñanza y extensión universitaria que ellas brindaban, con la creación de nuevos institutos o la reorganización de los existentes. Estos intentos persiguieron también fortalecer la formación de investigadores y docentes para integrarse en las mismas unidades académicas, lo que se impulsó con la creación de especializaciones en las carreras de ingeniero agrónomo y médico veterinario. Aún así, la mayoría de esos proyectos no prosperaron, ya que la falta de recursos presupuestarios impidieron contar con el apoyo inmediato del Ministerio de Agricultura o de las autoridades universitarias (20).

Sería en la década del ‘20 que nuevos proyectos científicos pudieron implementarse, ya que en las dos facultades se impulsaron cambios tanto en lo curricular como en la organización de sus estructuras científicas, lo que permitió desarrollar nuevas líneas de investigación. Esta reorganización institucional y científica de las facultades de Agronomía y Veterinaria fue promovida por las direcciones científicas del Ministerio de Agricultura, que impulsaban desde hacia algunos años, la profundización de la investigación y experimentación agropecuaria y se reforzó con ella los mecanisnos de especialización profesional vigentes en los años anteriores, con el aumento del número de becas a egresados, de viajes de estudios de los profesores a institutos extranjeros y se intensificó tanto el número de seminarios de grado como el de conferencias dictadas en las facultades, por especialistas argentinos y extranjeros (21).

En la facultad porteña se llevaron a término estudios agronómicos de importancia, como la clasificación de las diversas plantas forrajeras del país, ensayos sobre rendimientos de cultivos en trigo a base de semillas mejoradas, clasificaciones de las enfermedades que atacaban los cereales y el estudio de métodos biológicos para combatir la langosta. La sección de veterinaria continuó los estudios sobre enfermedades infecciosas de bovinos y porcinos, se realizaron experiencias sobre su nutrición y se ensayaron técnicas quirúrgicas para la atención de estos animales (22). Con un cuerpo docente completamente renovado, integrado en parte por profesores de Buenos Aires y por aquéllos formados en sus aulas, en la facultad de Agronomía de la UNLP, se profundizaron los estudios de fitopatología de los cereales (principalmente de las enfermedades que atacaban el trigo), se elaboraron nuevos métodos de desinfección de semillas y suelos para cultivos de cereales y se realizaron experiencias de nuevas plantas para alimentación de los bovinos. Esta producción científica se completó con ensayos de hidrología agrícola, análisis de suelos y ensayos experimentales con tractores. Pero ya en estos años se comienzan a producir investigaciones sobre los procesos de industrialización de la leche y se realizan experiencias en cultivos de trigos y genética de este cereal. En la facultad de Veterinaria, se desarrollaron los estudios sobre medicina operatoria y clínica y se profundizaron los de las enfermedades infecciosas de los bovinos y porcinos (fiebre aftosa, carbunclo bacteridiano), lo que dio lugar en 1928, a la creación en su seno, de un instituto destinado al desarrollo de vacunas y sueros, bajo la dirección del bacteriólogo Eduardo Blomberg (23).

Pero el hecho fundamental en el desarrollo científico de estas facultades en esta década, lo constituyó la creación de los institutos de genética vegetal, lo que significó el inicio de estudios sistemáticos de tecnologías biológicas y formación de genetistas y fitotécnicos en la Universidad. Este programa fue llevado a cabo con la contratación de especialistas alemanes y con el envío de ingenieros agrónomos argentinos a realizar estudios de especialización en genética vegetal en los Estados Unidos y Alemania. Su desarrollo formó parte de los esfuerzos desplegados desde el Ministerio de Agricultura, de impulsar la mejora genética de los cultivos de trigo (desde 1912) y maíz (desde 1923), con la contratación de especialistas ingleses y alemanes (24).

En conclusión, el ciclo del desarrollo institucional y científico de las facultades de Agronomía y Veterinaria, abierto en la primera década del siglo XX, se caracterizaba hacia 1930 por la creación de nuevos laboratorios e institutos, por la formación de un núcleo importante de investigadores y docentes (muchos de ellos con especializaciones realizadas en institutos extranjeros), por el desarrollo de investigación y experimentación agropecuaria y por la formación de un importante número de profesionales en ambas unidades académicas (25). El desarrollo institucional y científico de estas facultades expuesto hasta aquí, permite realizar una evaluación de la importancia que el mismo tuvo en el desarrollo agropecuario pampeano entre 1900 y la crisis mundial de 1930.


Transferencia de tecnologías agropecuarias al sistema productivo pampeano. Estrategias y modalidades, 1900-1930

El desarrollo en las universidades de La Plata y Buenos Aires de las ciencias agronómicas y veterinarias, en las primeras décadas del siglo XX, puede definirse como un proceso de acumulación científico-técnico, ya que posibilitó la creación de centros de investigación y experimentación agropecuarias, laboratorios, publicaciones especializadas y la formación de un importante número de docentes e investigadores (fitopatólogos, bacteriólogos, parasitólogos, zootecnistas, fitomejoradores) y de médicos veterinarios e ingenieros agrónomos, conformándose así todo un complejo científico agronómico-veterinario en esas universidades, vinculado estrechamente al Ministerio de Agricultura. Este desarrollo científico permitió la generación en el país, tanto de recursos profesionales para la creación de nuevas facultades de Agronomía y Veterinaria (lo que evitó recurrir a la contratación de profesionales extranjeros), como la elaboración de las técnicas de producción de vacunas, de productos medicinales y el desarrollo de tratamientos farmacológicos.

Durante las primeras tres décadas del siglo XX, el Ministerio de Agricultura fue desarrollando su propio sistema de investigación y experimentación agropecuaria, en el cual se incorporaron mayoritariamente los egresados de las facultades de Agronomía y Veterinaria. Desde las dependencias ministeriales, estos profesionales realizaron relevamientos estadísticos sobre producción y comercio de cereales y carnes y produjeron una importante obra de investigación, desarrollada en parte en las universidades: estudios sobre zootécnia, sobre las enfermedades infecciosas de los ovinos, bovinos y porcinos, de fitopatología y entomología agrícolas, ensayos de maquinarias, de hidrología e hidráulica, de meteorología y climatología agrícolas y estudios sobre cereales y genética vegetal (26).

Si en parte resultan ciertos los argumentos que afirman la escasa gravitación que los conocimientos agronómicos y veterinarios tuvieron en este período (en el aumento de la productividad agrícola o en la solución de problemas como el de la plaga de langostas o de enfermedades como la fiebre aftosa, por ejemplo), ellos pierden parte de su solidez cuando se evalúan esas aplicaciones al nivel específico de las actividades productivas y en aquéllas vinculadas a su comercialización o a las agroindustrias. Desde las dependencias del Ministerio de Agricultura, los ingenieros agrónomos difundieron tecnologías agronómicas entre los agricultores (como por ejemplo las cartillas sobre métodos de siembra y cultivo, ensilajes y construcciones rurales, de combate de la langosta). Desde las escuelas agrícolas y las agronomías regionales, estos profesionales promovieron la formación de técnicos (administradores rurales), la capacitación técnica de los agricultores y de los trabajadores rurales y ayudaron a organizar cooperativas de productores, en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Desde la división de Genética vegetal se impulsaron ensayos con el fin de obtener semillas mejoradas de trigo y maíz, que permitieran mayores rindes agrícolas y fueran resistentes a las enfermedades que atacaban los cultivos. Así también, por medio de la labor profesional de los ingenieros agrónomos, el Estado fijó los primeros estándares de clasificación comercial de las semillas de cereal, realizó estudios sistemáticos de la calidad y aptitud para su industrialización de las diversas variedades de trigo y estableció hacia 1930, el primer servicio agrícola nacional de información y pronósticos de fenómenos meteorológicos en todo el país (27). A su vez, desde la dirección de Ganadería, los veterinarios llevaron adelante la inspección sanitaria en establecimientos ganaderos, ferias y mercados, mataderos y frigoríficos, transportes ferroviarios y puertos, servicio de fiscalización que aseguró las condiciones de profilaxis e higiene del comercio y la producción de los ganados y con ello, el normal funcionamiento de la exportación de carnes, la importación de reproductores y la prevención de la zoonosis. En los laboratorios del ministerio, estos profesionales realizaron investigaciones sobre enfermedades del ganado como triquinosis, tuberculosis, brucelosis, el cólera de los cerdos y en 1928 crearon un laboratorio, en el cual se profundizaron los estudios desarrollados en las primeras décadas del siglo sobre la fiebre aftosa. Desde principios de siglo, estos profesionales desarrollaron fármacos y vacunas para la atenuación o erradicación de las enfermedades del ganado y desde 1928 elaboraron en la facultad de Veterinaria de La Plata, la vacuna antituberculosa BCG, para ser aplicada inicialmente en vacas de tambo (28).

En asociación con diferentes entidades de productores (como la SRA, la Federación Agraria y las asociaciones de avicultores y criadores de cerdos, entre otras), el Ministerio de Agricultura organizó anualmente exposiciones y concursos de maquinarias agrícolas, de cereales, de productos de granja, de reproductores bovinos, ovinos y porcinos, en diversas localidades de la región pampeana con el fin de fomentar entre los productores el mejoramiento en la calidad de sus ganados y cultivos, la diversificación productiva y el desarrollo de la industria láctea. Por otra parte, estos conocimientos agronómicos, veterinarios y zootécnicos producidos en las universidades y en los laboratorios del Ministerio de Agricultura, se aplicaron a la producción a través de la acción privada de estos profesionales, contratados por frigoríficos, empresas lácteas, molinos harineros, asociaciones de productores, cooperativas, criaderos de semillas, compañías ferroviarias y de cereales. Muchos estancieros y dueños de cabañas, contrataron directamente los servicios de médicos veterinarios e ingenieros agrónomos. La SRA tuvo un cuerpo de agrónomos y veterinarios al frente de su museo de productos agrícolas y de su Instituto Biológico (creado en 1917) y estos profesionales fueron los encargados de organizar sus exposiciones rurales anuales (29). En contraste, quienes quedaron limitados en la implementación de estos servicios, fueron los agricultores arrendatarios o dueños de pequeñas extensiones de tierras y los criadores de ganado de la región pampeana que producían para el mercado interno (30).

Asimismo, la distribución regional y provincial de esta estructura de servicios estatales se concentró fundamentalmente en la región pampeana, en detrimento de las otras regiones del país, concentración que continuó beneficiando principalmente a la provincia de Buenos Aires, que recibió el aporte del mayor número de profesionales, de escuelas y oficinas estatales. Esta mayor presencia estatal que parecía desarrollarse de acuerdo a la gravitación productiva adquirida por las distintas provincias pampeanas en la economía del país y en el comercio de exportación, se desenvolvía también sobre líneas de desarrollo históricas que, como se señaló en la primera parte de este trabajo, habían sido establecidas en las últimas décadas del siglo pasado por la acción de la SRA, institución que - como afirmó Tulio Halperín Donghi- había definido el programa de transformación económica de la clase terrateniente y ello se expresó en el fomento que este sector dio a los cambios en la estructura agropecuaria pampeana, con el desarrollo de servicios estatales provinciales y luego nacionales para lograrlo, desde la segunda mitad del siglo XIX (31). Todo ello permite afirmar entonces, que la producción científica y los recursos profesionales generados por las facultades de Agronomía y Veterinaria hasta 1930, si no produjeron sustanciales transformaciones en la economía agroexportadora pampeana, sí hicieron posible su desenvolvimiento de acuerdo a las exigencias productivas de la economía mundial. Ese sistema científico universitario y los recursos profesionales formados en él, hicieron factible la organización de un conjunto de servicios institucionalizados de carácter estatal que resultaba un segmento constitutivo de estructuras administrativas estatales conformadas por el Ministerio de Agricultura, sus órganos de difusión y fomento y sus instancias jurídicas (códigos rurales y legislación agraria) que se complementaba en sus funciones con otro de carácter privado que también se había ido formando desde fines del siglo XIX (integrado por las asociaciones de productores, de comercio y las de ingenieros agrónomos y médicos veterinarios), que posibilitaron la instauración de las condiciones técnico-económicas, ideológicas y jurídicas para el desenvolvimiento productivo agropecuario pampeano.

A partir de la organización de las instancias administrativas estatales para garantizar el desarrollo agrario, esta burocracia técnica intervino activamente en la instrumentación del poder gubernamental para la fiscalización de las actividades productivas, comerciales y de consumo (al ejercer el poder de policía sanitaria de cultivos y animales de producción) y en el control ideológico de la población rural y los agricultores (a través de la enseñanza agrícola). Las funciones ideológicas de esa burocracia se expresaban en la intervención de los ingenieros agrónomos con sus programas que pretendían modelar la sociedad rural y reformar el funcionamiento de la economía agraria con proyectos de colonización, crédito oficial, cooperativismo, enseñanza agrícola, diversificación productiva, sistemas de comercialización, de las condiciones del trabajo rural y que apuntaron a la planificación del desarrollo productivo y a encauzar la resolución de los conflictos agrarios (que tenían como actores a agricultores o trabajadores y que fueron muy importantes en la década de 1910), en direcciones que garantizaran siempre el statu quo social agrario dominante (32).

La reconstrucción del proceso de valorización social de las ciencias agronómicas y veterinarias, de su desarrollo institucional y de su gravitación en el desenvolvimiento productivo pampeano, permiten reformular las evaluaciones sobre el papel de la ciencia y del pensamiento científico (ya del institucionalizado o de aquél que circulaba por canales informales) en la modernización social y económica de la Argentina, el que debe enfocarse también desde la importancia que le fue otorgada por los sectores dominantes y sus intelectuales, en la construcción y concreción de sus proyectos de sociedad. La ciencia y la tecnología generadas en las facultades de Agronomía y Veterinaria se constituyó en un factor funcional al poder, ya que promovió la organización y desarrollo de la economía agropecuaria pampeana, de cuyos saldos exportables (rubros centrales del comercio de exportación del país) dependían los niveles de actividad económica, consumo y bienestar de la sociedad argentina. Expresión del desarrollo de la ciencia argentina, la producción científica agropecuaria generada en las universidades desde 1900 y difundidas en la economía por la burocracia estatal formada en ellas, garantizaba los intereses de los sectores agrarios dominantes pampeanos que se habían convertido en los de la misma Nación, por la imposición de su proyecto de modernización para el país, en la segunda mitad del siglo XIX.


Notas

1. Agradezco los comentarios realizados a mi trabajo por las doctoras Ana María Dos Santos y Sonia Regina de Mendonça, quienes con sus sugerencias me permitieron comprender mi objeto de estudio desde la perspectiva de la relación entre saber/poder, constitutiva del desarrollo de este sistema científico- educativo. Precisamente esta perspectiva es desarrollada para el caso de Brasil por Sonia Regina de Mendonça, en su tesis doctoral Agronomia e poder no Brasil, Rio de Janeiro, Vício de Leitura, 1998. Aunque no formaba parte de sus preocupaciones teóricas, la vinculación entre la construcción del Estado nacional y el desarrollo científico del país, puede intuirse en el libro de José Babini, Historia de la ciencia en Argentina, México, FCE, 1949. En una perspectiva que contempla el desarrollo histórico de la ciencia en América Latina, Gregorio Weinberg a planteado la necesidad de vincularlo a las condiciones sociales que lo hicieron posible, entre las que resultan centrales las políticas, como la formación de los estados latinoamericanos. Véase de este autor La ciencia y la idea de progreso en América Latina, 1860-1930, Buenos Aires, FCE, 1998, pp. 17-39.
2. Entre los trabajos que tienen como objeto de estudio la enseñanza agronómica y veterinaria superior, pueden consultarse: Eduardo Trigo, Martín Piñeiro y Jorge Sábato, “La cuestión tecnológica y la organización de la investigación agropecuaria en América Latina”, Desarrollo Económico, vol. 23, nº 89, Buenos Aires, 1983, pp. 99-119. Josefina Di Filippo, La enseñanza superior de las ciencias agropecuarias en la República Argentina. I De los precursores al Centenario, 1867-1910. Bs. As, Fecic, 1984. Noemí Girbal–Blacha, “Tradición y modernización en la agricultura cerealera argentina, 1910-1930. Comportamiento y propuestas de los ingenieros agrónomos argentinos”, Jarbuch fur Geschichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, 1992, pp. 369-395. Osvaldo F. Graciano, “Universidad y Economía agroexportadora: el perfil profesional de los ingenieros agrónomos, 1910-1930”, en Noemí Girbal-Blacha, Agro, Universidad y Enseñanza. Dos momentos de la Argentina rural, (1910-1955), La Plata, UNLP, 1998, pp. 13-72. La bibliografía dedicada al tema por los veterinarios y agrónomos es muy numerosa, de ella pueden destacarse Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, Ciencias agronómicas y ciencias Veterinarias. Conmemoración del 75º aniversario de la inauguración de su enseñanza en la República Argentina, 1883-1958, Bs. As, 1959. Antonio Pérez, Historia de la Veterinaria en el Río de La Plata, Bs. As, 1994. José A. Carrazzoni, Historia de Ganaderos y de Veterinarios, Bs. As, Altuna editor, 1993 y Sobre médicos y veterinarios. Bs. As, Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, 1999, nº 26.
3. Sobre el desarrollo agropecuario pampeano véase Roberto Cortés Conde, El progreso argentino, 1880-1914, Bs. As, Sudamericana, 1979 y del mismo “La economía de exportación de argentina, 1880-1920”, Anuario del IHES, nº 13, Tandil, 1998, pp. 27-76. Ezequiel Gallo, La Pampa Gringa. La colonización agrícola en Santa Fe (1870-1895), Bs. As, Sudamericana, 1983. Hilda Sábato, Capitalismo y ganadería en Buenos Aires: La fiebre del lanar, 1850-1890. Bs. As, Sudamericana, 1989.
4. John Fogarty “Difusión de tecnología en áreas de asentamiento reciente: el caso de Australia y de la Argentina”, en Desarrollo Económico, vol. 17, nº 65, Buenos Aires, 1977, pp. 133-142. Osvaldo Barsky, “La evolución de las políticas agrarias en Argentina”, en Marta Bonaudo y Alfredo Pucciarelli, La problemática agraria. Nuevas aproximaciones III, Bs. As, CEAL, 1993, pp. 54-59.
5. En las “Bases para la fundación de la Sociedad Rural Argentina”, redactadas por el estanciero Eduardo Olivera (quien había realizado estudios de agronomía en el Instituto Agrícola de Grignon) se señalaba: “Promover, por todos los medios posibles, la mejora, orden y arreglo de nuestro pastoreo, por métodos más razonados que los actuales y conforme a las necesidades económicas y climatológicas del país.” En su punto 11 afirmaba: “Estimulará [la SRA], por todos los medios a su alcance, a los hombres de ciencia para que se ocupen de difundir entre nosotros, tanto los conocimientos veterinarios, como los mecánicos para la mejora de nuestros instrumentos agrícolas.” La SRA se constituyó así en un centro de difusión tecnológica y servicios agronómicos y veterinarios entre los ganaderos. Promovió ensayos y estudios sobre técnicas de conservación de carnes para su exportación, sobre métodos para la provisión de aguas a las estancias, experiencias sobre desarrollo de praderas artificiales y cultivos de cereales y dio amplia difusión a los estudios sobre refinamiento del ganado ovino y bovino, su cría y alimentación y sobre sus enfermedades. Emilio Frers, El Progreso Agrícola de la Nación y la Sociedad Rural Argentina, Bs. As, Gadola, 1916, pp. 19 a 23. Carmen Sesto define a la SRA como una “estructura de información tecnológica que les resulta [a los estancieros] indispensable para tomar decisiones bien fundadas, comprender las características de la tecnología, y evaluar de modo más realista los posibles riesgos.” Véase su artículo “El refinamiento del vacuno y la vanguardia terrateniente bonaerense, 1856-1900”, Anuario del IEHS, nº 14, Tandil, 1999, p. 418.
6. La asociación creó en 1888 el Laboratorio Agronómico-Veterinario destinado al estudio de las enfermedades que afectaban a los ganados de exportación y a los cultivos. Allí se realizaron estudios sobre la fiebre aftosa, la rabia, la tuberculosis y la brucelosis. Los informes científicos del laboratorio fueron uno de los fundamentos de la legislación sanitaria que el gobierno nacional implementó hacia 1900. En 1897 la SRA fundó el Instituto Bacteriológico, para continuar las investigaciones realizadas por el laboratorio (cerrado en 1895) y para su dirección se contrató al bacteriólogo francés José Lignières. También adquirió en el Instituto Pasteur de París, un suero destinado al tratamiento del carbunclo.
7. Las comisiones directivas de estos institutos quedaron en manos de los ganaderos bonaerenses, en tanto que la enseñanza fue desarrolla por los profesionales europeos. En el instituto de Santa Catalina, ubicado en la localidad de Lomas de Zamora (a cincuenta kilómetros de la capital del país), se organizó una estación de análisis de semillas y ensayos de cultivos y se fomentó el refinamiento del ganado vacuno y caballar. Allí funcionó también una clínica veterinaria para el tratamiento de las enfermedades de estos animales y el primer conservatorio de vacuna animal contra la Viruela, que proveyó la vacuna antivariólica en el país. Pedro Pagés, Primeras Bases Científicas y Técnicas del Progreso Agropecuario del país, Bs. As, 1937, pp. 11 a 90. En la facultad de La Plata, se continuaron los estudios sobre enfermedades de los ganados y se realizaron estudios sobre las condiciones técnicas y agronómicas de producción agrícola en la provincia. Sus egresados organizaron en 1897, la Oficina de Química Agrícola dependiente del Estado provincial.
8. De estos institutos egresaron un total de 105 ingenieros agrónomos y 62 médicos veterinarios. Un número importante de los profesores extranjeros y de los nuevos egresados, se vinculó profesionalmente con la SRA o fueron contratados por los estancieros para la organización y dirección de sus establecimientos agropecuarios. Estos veterinarios tuvieron acción gravitante en la elaboración de las primeras medidas de control sanitario del comercio de importación y exportación de ganado que el Estado implementó y formularon los primeros ensayos científicos sobre refinamiento ovino y bovino y las terapéuticas médicas para la atención del ganado enfermo. Asimismo, los estudios sobre desarrollos de cultivos, pasturas artificiales, construcciones rurales, organización de las exposiciones y de la enseñanza agrícola para los trabajadores y agricultores, realizados por los ingenieros agrónomos, fueron algunos de los servicios brindados por estos a los terratenientes.
9. A su vez, las principales funciones a ejercer por el Ministerio fueron organizadas por otros miembros de la SRA: la tarea de control sanitario de los ganados de exportación, se debió a la ley de policía sanitaria animal (promulgada por el Congreso Nacional en 1900), elaborada por el diputado y presidente de la SRA, Ezequiel Ramos Mejía, en tanto que la enseñanza agrícola se desarrolló sobre la base del proyecto que en 1907 presentó al gobierno otro miembro de esa asociación, Ramón J. Cárcano. Fueron también ingenieros agrónomos y veterinarios vinculados a la SRA, los que diseñaron los planes de estudios de esas facultades y quienes ocuparon su dirección, en las dos primeras décadas del siglo XX.
10. Esta afirmación resulta de la comparación de los objetivos y funciones del Ministerio de Agricultura (Ley nº 3727, del 11 de octubre de 1898) y las “Bases para la fundación de la Sociedad Rural Argentina”, de 1866. Véase República Argentina, Leyes Nacionales, años 1898 a 1900. Buenos Aires, Senado de la Nación, 1907, pp. 44 a 46. La organización de las dependencias ministeriales fue ejecutada por los profesores extranjeros y por los egresados de Santa Catalina y La Plata, vinculados profesionalmente a la SRA y muchos de ellos mismos estancieros. No fueron por otra parte, las únicas funciones a desempeñar por la nueva repartición, ya que fomentaría también el desarrollo de las economías regionales del azúcar de Tucumán y de la vitivinicultura cuyana, asistiendo técnicamente a sus productores. La gestión del funcionamiento de la agricultura pampeana (desarrollada por colonos y arrendatarios inmigrantes) y el control de la salud pública a través de la prevención de las enfermedades transmisibles a los hombres por los alimentos de origen animal (zoonosis), fueron también tareas que esa burocracia estatal desarrolló.
11. La facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires se instaló en el Parque del Oeste (actual barrio de la Chacarita), en una superficie de 93 hectáreas. La facultad de La Plata (que existía ya desde 1890), se organizó en un predio de 67 hectáreas, ubicado a pocos kilómetros del puerto de la ciudad, en donde se instalarían pocos años después, los frigoríficos norteamericanos Armour y Swift. Se le anexó como dependencia las tierras de Santa Catalina (una finca de 780 hectáreas), en las que funcionaría durante más de 20 años, una escuela de peritos agrícola-ganadero. En esos espacios físicos se desarrolló la investigación y la enseñanza agronómica y veterinaria en el país, en las primeras tres décadas del siglo. Por otra parte, hacia 1910 se editaban ya una serie de revistas científicas (Boletín de Agricultura y Ganadería del Ministerio de Agricultura, los Anales del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de la Nación y la Revista de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata), por las que se difundía la producción científica de las facultades y se había fundado en 1909, la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. En esos años se organizaron también los centros de estudiantes que editaban sus propias revistas (y que canalizaban parte de las investigaciones de las facultades) y las asociaciones de ingenieros agrónomos (Centro Nacional de Ingenieros Agrónomos) y veterinarios (la Sociedad de Medicina Veterinaria) y sus respectivas publicaciones.
12. El decreto de creación del Instituto de Agronomía y Veterinaria porteño sintetizaba los fines de la enseñanza agronómica-veterinaria: “Preparar veterinarios e ingenieros agrónomos que sepan positiva, teórica y prácticamente las ciencias y técnicas respectivas, en el grupo mayor de intensidad y superioridad alcanzado en los mejores establecimientos análogos. Así, los alumnos que obtengan el diploma final, deben estar preparados, no sólo para aplicar en la administración pública y en la industria sus conocimientos para la buena explotación agrícola y en la veterinaria y sanidad animal para la mejor explotación ganadera, sino también para poder enseñar a su vez, las materias que aprendan” y agregaba “Constituir un centro científico que, manteniendo relaciones con las instituciones análogas, siga el progreso universal en las ciencias y artes correspondientes.” Anales del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de la Nación, Bs. As, Ministerio de Agricultura, 1905, pp. 27-28.
13. Fueron decanos durante sus primeros años, dos médicos y dos miembros de las comisiones directivas de la SRA (Joaquín S. de Anchorena y Ramón J. Cárcano). Sólo hacia 1924 se produjo la plena profesionalización de la facultad, cuando el veterinario Daniel Inchausti ocupó su decanato. Ante la carencia de una “tradición” científica y académico-institucional a la que remitirse y con el propósito de prestigiar científicamente a estas nuevas carreras en el mundo universitario y en la sociedad, las autoridades del Estado nacional fundaron el desarrollo de la facultad porteña bajo el “padrinazgo” que le otorgarían el nombramiento en sus consejos académicos, de ex presidentes de la Nación (Julio A. Roca) y funcionarios ministeriales de alto rango (Wenceslao Escalante), de científicos de prestigio internacional (como el paleontólogo Florentino Ameghino) y de ex presidentes de la SRA (Emilio Frers).
14. Tanto desde el Ministerio de Agricultura como desde las universidades, se promovió activamente (mediante conferencias y folletos) las carreras de Agronomía y Veterinaria entre los estudiantes de los colegios normales y nacionales, se creó un sistema de becas (financiadas también por gobiernos provinciales) y se estableció el sistema de internado. Pero si bien estas carreras se ofrecieron a los estudiantes de la UBA y La Plata como nuevas opciones profesionales (frente a las que brindaban las ciencias médicas y jurídicas), el número de inscriptos en las mismas osciló entre el 2,5 y 3 % del período 1905-1920 y el 3,5 y 4 % de la década de 1920, de la matrícula total de las universidades nacionales.
15. Esta reforma del sistema universitario fue expresión del impulso que los gobiernos liberales hicieron desde fines de siglo XIX, de la enseñanza científico- técnica en el país, con la que se ofreció a los sectores medios en ascenso social, nuevas carreras (que si bien eran de carácter técnico tenían rango universitario), a través de las que pudieran promoverse socialmente (al convertirse en los cuadros bajos y medios de la burocracia), canalizando de ese modo las presiones que sobre las profesiones liberales ejercían estos sectores y reservando los niveles decisionales del sistema gubernativo y administrativo en manos de los sectores dominantes de la élite agraria. Osvaldo F. Graciano “La construcción de un espacio profesional agronómico: programa y práctica de los ingenieros agrónomos argentinos, 1890-1910.” Trabajo presentado a las VII Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, 1999. Publicado en CD Rom.
16. Los estudiantes de Agronomía se capacitaban en la organización de campos de cultivos experimentales, confección de mapas agronómicos, mensura y estudio de tierras fiscales, relevamientos estadísticos y climáticos, peritajes judiciales y organización de la enseñanza agrícola. Los de Veterinaria recibían una preparación especial en la inspección de las condiciones sanitarias de frigoríficos, mataderos, tambos, industrias lácteas, mercados y en la fiscalización del comercio de exportación.
17. En ambas facultades se organizaron seminarios de investigación sobre economía, legislación rural y policía sanitaria. En Buenos Aires, tanto las becas de formación de postgrado como el sistema de seminarios se implantó recién hacia 1927. Los estudiantes completaban esa formación con excursiones a frigoríficos, mataderos, explotaciones agropecuarias, laboratorios y oficinas del Ministerio de Agricultura y con viajes de estudio por el país.
18. Entre los años 1914 y 1917, se dictaron en la facultad de Buenos Aires cursos de botánica y agronomía destinados a maestras y estudiantes de colegios normales y al público en general y entre 1917 y 1920, se desarrollaron cursos sobre manejo de maquinaria agrícola a los trabajadores que cursaban estudios en la Universidad Popular de la Boca. En la facultad de Agronomía platense, se había organizado desde 1911, una Estación de Experimentación Agronómica, que realizaba de modo gratuito, el control de semillas y estudios agrológicos de los suelos. Su vinculación con los productores de la provincia de Buenos Aires dio lugar a experiencias con nuevas plantas para utilizar como forrajes de los bovinos. Asimismo, la escuela de Santa Catalina formaba peritos agrícola-ganaderos con el fin de constituirse en los administradores de estancias o directores de empresas agrícolas.
19. La escuela de Santa Catalina se organizó también como una explotación agrícola destinada a abastecer el mercado de la Capital Federal con sus productos. En la facultad de Agronomía de Buenos Aires se creó en 1917, sobre una extensión de 23 hectáreas, una granja en la cual se combinó la producción de cereales y la cría de vacunos, con la producción de huerta, la avicultura, apicultura y la producción láctea.
20. En 1915 el ingeniero agrónomo Tomás Amadeo, profesor en las carreras de Agronomía de La Plata y Buenos Aires y director de Enseñanza Agrícola del Ministerio de Agricultura, propuso la organización de un Instituto Central de Investigaciones Agrícolas, vinculado a la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. En 1917 el decano de esta última formuló un proyecto de reforma de la organización científica y de la enseñanza, que creaba cursos de especialización científica para los egresados de veterinaria en bacteriología e Higiene y creaba el doctorado en Ciencias Agrarias con especialización en Agronomía, Ingeniería y en Tecnología y química. En ese último año se creó en la facultad porteña, un Instituto de Mecánica Agrícola bajo la dirección del profesor italiano Marcelo Conti y que resultó uno de los ensayos exitosos de reforma.
21. En estos años se incorporaron a las cátedras los profesionales egresados de sus aulas en la década anterior, muchos de los cuales habían realizado estudios de especialización en el exterior, en los laboratorios del Ministerio de Agricultura y en las mismas facultades. Asimismo, se impulsó en estas últimas la reorganización de sus campos de experimentación, el reequipamiento o la creación de nuevos laboratorios. En la UNLP, las carreras de Agronomía y medicina veterinaria se organizaron desde 1920, como dos nuevas unidades académicas.
22. El desarrollo de los estudios sobre las enfermedades infecciosas de bovinos y porcinos, llevó a la facultad a enviar un becario a Estados Unidos y otro a Francia, a realizar estudios sobre la denominada “peste porcina” (cólera de los cerdos) y la fiebre aftosa, respectivamente.
23. Este instituto comenzó a elaborar suero normal, vacunas polivalentes y vacunas anticarbunclosa y antitetánica. Su plan de ensayos contemplaba el desarrollo de vacunas contra la fiebre aftosa y la elaboración y aplicación de la vacuna BCG, contra la tuberculosis de los bovinos. Ramón Loyarte, La transformación del establecimiento de Santa Catalina, La Plata, UNLP, 1929, nº 8, pp. 31 a 33.
24. En 1928 se creó en Santa Catalina el Instituto Fitotécnico de la UNLP, bajo la dirección del inmunólogo y genetista alemán Wilhem Rudorf. El plan de investigaciones del mismo tenía como objetivos formar técnicos experimentadores, desarrollar experiencias en genética con diferentes tipos de trigos y estudiar sus enfermedades. El Instituto de Genética vegetal de la facultad porteña se organizó en 1929, bajo la dirección del genetista alemán Wilhem Baur, aunque su dirección quedó a cargo del ingeniero agrónomo Salomón Horowitz, quien había sido enviado a Estados Unidos y Europa a realizar estudios de genética. En el instituto se llevó adelante inicialmente un plan de investigaciones en genética del maíz y estudios experimentales sobre enfermedades que atacaban distintas especies de avena y lino. Ramón G. Loyarte, La transformación del establecimiento de Santa Catalina... doc. cit., pp. 20-33 y 44-46 y Pedro F. Marotta, La obra del decanato, docente y administrativa, Buenos Aires, UBA, 1933. Sobre este tema véase Marta Gutiérrez, “Políticas en genética vegetal”, en Osvaldo Barsky (ed.), El desarrollo agropecuario pampeano, Bs. As, 1991,Gel, pp. 669-694.
25. De estas facultades egresaron un total de 865 médicos veterinarios y 575 ingenieros agrónomos. Las dos unidades académicas demostraron una similar capacidad de promoción de profesionales entre 1905 y 1930, con una leve ventaja de la facultad porteña (50,3 % del total) por sobre la platense (49,7%). En esta última, se formaron también más de 200 peritos agrícola-ganaderos.
26. Hacia 1930 dependían del ministerio las direcciones de Laboratorios e investigaciones agrícolo-ganaderas, de Ganadería e inspección sanitaria, de Enseñanza Agrícola, de Economía Rural, de Defensa de la Agricultura, de Geología e hidrología, de Registro agrícola-ganadero y de Tierras. A ellas se sumaban las estaciones de experimentación agrícolas, los viveros de ensayo forestal y frutal, las escuelas de agricultura y las veterinarias y agronomías regionales, diseminadas principalmente por la región pampeana, cuyas funciones centrales fueron la experimentación de variedades de cultivos y su difusión, de nuevas prácticas agrícolas y la formación de administradores rurales y peritos agrónomos ganaderos. Un estado de la investigación agrícola argentina hacia 1930, puede consultarse en Roberto Millán, Bibliografía Agrícola Argentina hasta 1930, Bs. As., Ministerio de Agricultura de la Nación, 1935.
27. Fueron ingenieros agrónomos del Ministerio de Agricultura, los que colaboraron en la producción hacia 1925 de la primera variedad de trigo mejorado genéticamente (el 38 M.A.), que fue rápidamente difundido en las zonas cerealeras y hacia fines de la década promovieron nuevas variedades de trigo (como el Lin Calel y el 110 M.A), desarrolladas en sus estaciones experimentales.
28. Estos universitarios produjeron también clasificaciones sistemáticas sobre plantas tóxicas para la alimentación del ganado y llevaron a término campañas de erradicación de enfermedades como las acariasis (“garrapatas”), hematófagos ectoparásitos que atacaban a los bovinos y ovinos y de los que se habían clasificado 22 especies hacia fines de los años ‘30.
29. Los Anales de la SRA difundieron las investigaciones realizadas en el Ministerio de Agricultura y en las facultades de Agronomía y Veterinaria. Además de sus exposiciones anuales que convocaban a empresarios de maquinarias y cereales y a los más importantes productores ganaderos y agrícolas de la región pampeana, la SRA organizó exposiciones y concursos de productos de granja, semillas y maquinarias para mejorar la calidad de la producción.
30. Aún así, el Ministerio de Agricultura llevó adelante entre éstos productores, a través de publicaciones gratuitas, de la realización de exposiciones y concursos y de la acción de sus agrónomos y veterinarios regionales, campañas destinadas al mejoramiento de los rodeos de ganado y al fomento de la diversificación de la producción cerealera a través de la promoción de la producción de granja.
31. Tulio Halperín Donghi, José Hernández y sus mundos, Bs. As, Sudamericana, 1985, pp. 225-226. Desde 1890 y a lo largo de más de cuatro décadas, los gobiernos bonaerenses habían ido organizando su propio aparato burocrático para la atención del agro, otorgando una creciente importancia a los ingenieros agrónomos y médicos veterinarios en él (y que se demostraría con la promulgación en 1930, de leyes provinciales sobre su competencia profesional). En 1913 crearon su dirección de Agricultura y Ganadería en la que se incorporó una parte importante de los profesionales formados en La Plata y Buenos Aires.
32. Noemí Girbal-Blacha, “Tradición y modernización en la agricultura cerealera ...”, art. cit., pp. 380-395.


 


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