Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número 8 (segundo semestre de 2003)  
number 8 (second semester of 2003)

  

 


Editorial

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Investigación en Ciencias Sociales ¿para qué?


Un tema sobre el que es pertinente cuestionarse es ¿para qué hacemos investigación los científicos sociales? Algunos dirán para conocer y comprender mejor la realidad. Es una respuesta por de más válida, pero surge preguntar nuevamente ¿para qué comprender los procesos sociales, para qué analizar la realidad? No quiero con esto decir que dude de la finalidad de las ciencias sociales. Muy por el contrario, creo que los resultados de muchas de nuestras investigaciones deberían ser leídos por muchas más personas de las que efectivamente acceden a ellos. Y no me refiero solamente a otros colegas sino sobre todo a funcionarios, técnicos y políticos que se dedican a diseñar políticas educativas, de salud, económicas, en fin, todos aquellos que moldean e implementan las políticas de cambio social en general.

Podemos tomar como ejemplo el caso de la antropología que es la disciplina que mejor conozco por ser la disciplina en la que me desempeño . Los resultados de las investigaciones de antropólogos muy reconocidos en sus respectivas áreas de especialización: antropología de la educación, de la salud, violencia, antropología rural o urbana (por nombrar algunas áreas) rara vez llegan a manos ni a oídos de quienes trabajan gestionando políticas de cambio social en esas mismas áreas desde el gobierno u otros organismos no gubernamentales. Los investigadores que han dedicado años a hacer trabajo de campo, relevando y sistematizando datos y analizando dicho material a la luz de diversas teorías tienen mucho que aportar a quienes diseñan e implementan políticas en esas mismas áreas. Pocos son los casos (al menos en nuestro país) en los que antropólogos (o para el caso historiadores o politólogos, quizás sociólogos en mayor medida) especialistas en determinado tema, son convocados a prestar asesoramiento o a trabajar en proyectos de gestión de políticas o programas sociales.

Sería fácil responsabilizar de ello a quienes se desempeñan en la gestión, por ejemplo a los técnicos o funcionarios que no accederían al material o que no tendrían tiempo y/o interés en hacerlo, pero el tema es bastante más complejo y tiene que ver, en gran parte, con una cerrazón de la academia sobre sí misma y con un descrédito de la relación de las disciplinas sociales con el campo de la gestión. Indagar en los motivos de tal desconexión requeriría un trabajo de investigación en sí mismo y no es ese el objetivo de esta nota editorial, sino simplemente el de instalar algunas preguntas o quizás abrir un debate dentro de la comunidad científica. Que nos preguntemos por las razones por las cuales en nuestro país la academia está tan aislada de la gestión, de los programas de cambio social, sobre todo siendo que en muchos casos nosotros los científicos sociales, nos dedicamos a estudiar precisamente los procesos de cambio y los efectos de muchas de las políticas que gestionan los que gestionan.

La intención de esta editorial no es la de instalar un debate con fines puramente epistemológicos y/o científicos, sino la de que empecemos a pensar de qué manera podemos aportar desde la ciencia a la discusión de alternativas y de soluciones más adecuadas a las necesidades y demandas de nuestra sociedad.

Por supuesto no puede quedar fuera de la discusión el hecho de que la intervención (en cualquier área) implica mil y una cuestiones de orden ético, político y epistemológico muy difíciles de sortear, cuestiones que además están muy arraigadas históricamente en nuestras disciplinas. Es evidente que estos impedimentos y limitaciones existen y que cualquier relación entre teoría y praxis genera un sinnúmero de preguntas sobre la objetividad y la distancia analítica necesarias, la metodología, el compromiso con lo/as sujetos de la investigación etc., pero aún así vale la pena poner esta discusión sobre el tapete y empezar a pensar en un corpus teórico y epistemológico que permita una relación más fluida entre la academia y el mundo de la gestión.

Una mayor colaboración y transferencia de conocimiento entre quienes hacen y quienes piensan sobre lo que se hace resulta no sólo necesaria sino fundamental para empezar a intervenir de manera diferente sobre los problemas que aquejan a nuestra sociedad a través de un mayor conocimiento de las constelaciones sociales y una mayor comprensión de las especificidades históricas y culturales. Tal intercambio sería enriquecedor para ambas partes ya que no sólo los técnicos que diseñan e implementan políticas se beneficiarían con los resultados de las investigaciones en ciencias sociales, también los científicos encontraríamos nuevos temas de investigación al conocer las dificultades o trabazones que encuentran los técnicos cuando se enfrentan a los problemas sociales que intentan resolver, a su vez sería útil para ambos poder reflexionar en conjunto sobre los marcos conceptuales que se construyen y debatir y confrontar los resultados a los que se arriban.
Por último, el intento de buscar respuesta a algunos de los interrogantes aquí planteados quizás ayude a desestructurar algunos espacios de saber/poder fuertemente enraizados en los ámbitos académicos y político-administrativos hegemonizados por ideas (e ideólogos) dominantes que se oponen a una apertura de las ciencias sociales al mundo de la gestión y de la práctica.

En fin, estas son algunas preguntas que quedan planteadas aquí con el objetivo de promover un debate desde la Revista Theomai. Se han esbozado las problemáticas sabiendo que la búsqueda de respuestas es ardua, larga y problemática. La intención ha sido más bien la de dar un pantallazo de la situación actual para abrir un espacio de reflexión crítica y la posibilidad de encontrar nuevos caminos y nuevas maneras de encarar la compleja relación de las ciencias sociales con el mundo de la gestión.

Paula Colmegna
Comite Editorial



Editorial


What do we, Social Scientists do Research for?


A topic relevant to be discussed within the realm of social sciences is what do we, social researchers, research for? Some could argue that the objective is to know and better comprehend the world in which we live. Such a response would be more than valid but it is unavoidable to ask again: What do we want to understand social processes for? Why do we want to analyse the world in which we live? The intention of this article is not to pose a doubt about the purpose of social sciences. Quite the opposite, the intention is to propose that the results of many of our investigations should be read by many more people than actually have access to them. I refer not only to other colleagues, but especially to officials, technicians and politicians who design policies in diverse areas: education, health, economy; in short all those who shape and implement policies of social change.

I am going to take Anthropology as an example because it is the discipline I know better for being the discipline I belong to . The results of anthropological investigations by researchers highly praised in their respective areas of specialisation (the anthropology of education, health, violence, rural and urban anthropology; only to mention some areas) don’t very often reach those who work in the implementation of change policies in those very same areas, be it inside governmental agencies or in non-governmental organisations. Researchers who have spent years doing fieldwork, collecting and systematising data and further analysing the material in the light of diverse theories have a lot to contribute to those who design and implement policies in the same areas of expertise. There are very few cases (at least in Argentina) where anthropologists (or historians, political scientists, maybe sociologists more so) specialising in a particular topic are called to act as collaborators or consultants or to work within development and social policy projects and/or programs.

It would be easy to lay responsibilities exclusively on officials and technicians working in the administration of projects, who either don’t have time or interest in accessing the available material. But the issue is much more complex than that and it is largely related to a closure of academy upon itself and a general discredit about the relationship of the social disciplines with the realm of action, administration, policy-making and change. To investigate such disconnections would require a research in itself, and that exceeds by far the objectives of this editorial article. The objective here is rather to put forward some questions or maybe to promote a debate within the scientific community asking ourselves about the reasons why in Argentina academia is so isolated from the policy-making realm; especially considering that many of us, social scientists focus our studies precisely in the processes of social change and in the consequences of the changes operated by policies made by policy-makers.

The purpose behind this article is not only to encourage a purely epistemological and/or scientific debate, but rather to encourage us to start thinking about possible ways in which we can contribute from our scientific standpoint to the discussion of alternatives and more adequate solutions to the necessities and demands of our society.

Of course, the fact that intervention (in any given area) implies a great number of ethical, political and epistemological questions very difficult to deal with and that are very rooted in our disciplines cannot be overlooked. It is obvious that these limitations and obstacles exist and that any relation between theory and praxis triggers a great many questions about objectivity, analytical distance, methodology, commitment to the subjects of our research, etc. Nevertheless, it is necessary to put these topics of discussion over the table and start working on a methodological and theoretical guideline that allows for a more fluent relation between academia and policy-making.

A closer collaboration and transfer of knowledge between those who operate changes and those who think about the changes operated is not only necessary, but also by having a better knowledge of the social constellations and a better understanding of historical and cultural specificity, essential for creating a new way of intervening over the problems afflicting our society. Such an exchange will be enriching for all parts involved. Not only will the technicians who make policies benefit from the result of social research, but also social scientists by knowing the difficulties encountered by technicians when trying to solve social problems, may find new and relevant topics of research. It would also be helpful for both parties to reflect together about the conceptual frameworks that are constructed and debate and confront the results to which they both reach separately.

Lastly, the attempt to search for answers to some of the questions put forward here, can maybe help to strike at the foundations of spaces of knowledge/power well-rooted in the academic and political-administrative spheres, which are in many cases hegemonised by dominant ideas (and ideologists) who may refuse and obstruct the possibility of a closer and more fluent relationship between the worlds of social sciences and policy-making.

In a final note, these questions are put forward here with the objective of promoting a debate among all of us, social scientists. The problems have been put forward knowing that the search for answers is long, difficult and problematic. The intention has been to quickly show the current situation so as to open a space for critical reflection and the possibility of finding new ways to look at the relationship between social sciences and administration.

Paula Colmegna
Comite Editorial




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Theomai is a word of greek origin wich means: to see, to contemplate, to observe, to understand, to know

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