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Del apogeo y crisis de una burguesía hegemónica
Jorge Próspero Roze*
* CONICET y Universidad Nacional de Misiones, Argentina. E-mail: jorgeroze@gigared.com
Acerca de las burguesías regionales La incorporación de espacios geográficos a nuevos procesos productivos –podríamos afirmar desde los inicios del siglo XIX- crea o redefine estructuras sociales basada en las determinaciones del sistema capitalista de producción. Las formas que adopta este proceso estarán determinadas por las características originales del espacio, tanto sociales como fisiográficas; también por aspectos culturales y teleonómicos si la población que origina u orienta esos procesos constituye un grupo homogéneo en esos términos1. La situación típica en los procesos iniciales de expansión del sistema a través del mercado fue la transformación de las formas de producción agraria precapitalistas (el campesinado en sentido amplio) en agricultura capitalistas2. Otra faceta de este proceso es la ocupación de tierras vírgenes a través de los denominados procesos de colonización; es decir la ocupación de espacios vacíos. Lo normal es que en la casi totalidad de los casos el “vacío territorial” ha sido resultado del desplazamiento de ocupantes originales –modos de producción no capitalista- ocupantes que en algunos casos se consideraron no formando parte de la humanidad y “vaciados” a través de distintos instrumentos genocidas3; y en el mejor de ellos, transformados en fuerza de trabajo de los nuevos procesos de producción donde el etnocidio adquiere forma de sobreexplotación, destrucción de sus procesos de producción de sus formas de vida, aculturación, etc. Los modos de producción que se despliegan sobre los nuevos territorios pueden ad-initio ser producto de las determinaciones capitalistas, tal el caso de las economías de enclaves y la colonización capitalista, o transitar procesos como la constitución de matrices campesinas con relativo grado de aislamiento, cuya permanencia en todos los casos está acotada al grado de aislamiento que puedan sostener frente a la oferta del mercado o a las demandas de tierras de la agricultura capitalista4. En todos los casos, señalábamos, se consolidan estructuras sociales fundadas en fracciones de burguesía y diversas formas de explotación de la fuerza de trabajo. Cuando estos procesos se consolidan en un determinado espacio geográfico explotando recursos naturales, conforman un sistema productivo; también denominados “economías regionales”. El origen de las fracciones dominantes de burguesía en las diferentes regiones de América Latina tuvo como base la apropiación de los recursos naturales, principalmente la tierra y la explotación de la fuerza de trabajo. El desarrollo de estas burguesías se vinculó con los procesos de división del trabajo y el trasplante de sistemas institucionales políticos de origen europeos, determinando sociedades de complejidad creciente con el desarrollo de procesos de urbanización. Conjunto de sistemas productivos que se consolidan en el siglo XIX se unifican constituyendo espacios nacionales como resultado de diversas formas de alianza o subsunción mediado por el sistema de instituciones que aseguraran el monopolio del uso de la fuerza, estructurándose de forma definitiva en estados-nación a lo largo de todo el continente. Esas burguesías originarias, presionadas por las nuevas fracciones vinculadas con la industria, con el comercio, y con los servicios se territorializan, constituyendo estructuras de poder local, delimitando espacios de acción bajo la forma de “estados provinciales” y sosteniendo sus representaciones en los aparatos del estado nacional, desde donde pueden instrumentar condiciones políticas para la permanencia de “sus” sistemas productivos5. Las políticas aperturistas provenientes de los embates del capital industrial monopólico en un primer momento; capital financiero y finalmente globalizado ponían en sucesivas crisis estas burguesías provinciales, en general con escasa capacidad de competencia en los mercados internacionales, ya sea por el atraso tecnológico, la disminución de diversas formas de renta, o su propio atraso en términos de acceso a los mercados externos6. En este marco analizamos el proceso de apogeo y crisis de las fracciones de la burguesía de una provincia Argentina, poniendo eje en aquellas que han jugado un papel hegemónico en los procesos de constitución del territorio.
La constitución de la burguesía en la provincia del Chaco La región chaqueña en Argentina tiene una particularidad de carácter histórico: fue uno de los últimos territorios en incorporarse a los procesos de producción capitalista en el cono sur de América Latina. Región selvática constituyó el último refugio de los grupos aborígenes desplazados por el avance “civilizador” que ocupaba progresivamente los espacios de subsistencia de los grupos cazadores-recolectores no incorporados como fuerza de trabajo. Recién en la segunda mitad del siglo XIX se instalan en sus bordes obrajes que proveían maderas duras a los emprendimientos de la Argentina que construía su infraestructura de cara a los mercados internacionales (columnas y vigas para puentes, puertos, durmientes para ferrocarriles, etc.). No obstante la ocupación de este espacio se consolida con la explotación del quebracho colorado para la fabricación de tanino bajo la forma de enclaves fabriles insertos en el monte que estructuraron un conjunto de asentamientos e infraestructura básicamente ferroviaria. Si bien en sus inicios participan empresarios argentinos, esta producción es monopolizada por capitales europeos uno de cuyos paradigmas fue la empresa inglesa Forestal Land, Timber and railways Company Ltd. tristemente célebre por sus métodos de explotación como “La Forestal”. En términos de análisis de la constitución de burguesías regionales el proceso de apogeo y crisis de la producción de tanantes no reviste un mayor interés, en tanto el retiro del monopolio de la Argentina deja la producción en manos de empresas sin capacidad de generar procesos de reproducción ampliada. Con la venta de tierras se puede haber consolidado una burguesía de ganaderos locales –tema que no hemos particularizado-, fracción social que tampoco ocupó la centralidad de los procesos de constitución del territorio en las décadas que analizamos. La política que sí generó la creación y consolidación de un territorio -definiendo para el espacio geográfico una “economía regional”-, fue la de apertura de fronteras agrícolas a través de la fundación de colonias en el espacio previamente “pacificado”7 por campañas militares. Este proceso se liga indisolublemente con el del cultivo del algodón, determinado en sus primeras etapas por las distintas crisis en las áreas originales de cultivo, es decir por las demandas del mercado mundial a través de empresas comercializadoras de diversos orígenes, y en una segunda etapa por la expansión de la industria textil nacional que conformaba un expansivo proceso de consolidación del capital industrial monopólico localizado en los grandes centros urbanos de la zona pampeana, en particular el cinturón fabril del Gran Buenos Aires. El cultivo del algodón tiene un carácter fuertemente distributivo en su zona de producción en tanto cultivado por pequeños y medianos productores y demandante de grandes contingentes de mano obra para la carpida y cosecha, dinamiza el comercio en todas sus escalas, genera una importante demanda de servicios, a la par de un proceso de industrialización primaria para el desmotado del algodón y fábricas de aceite.
Así también, la constitución de una fracción de burguesía agraria en la provincia estuvo indisolublemente ligada a un explosivo proceso de creación de cooperativas agrícolas fundadas a los efectos de concentrar la oferta del textil cuyos precios significaban la explotación del productor en términos del monopolio de la demanda por un conjunto de empresas comercializadoras, así como proveer a los productores bajo formas de adelanto de semillas, y provisiones para su mantenimiento y el de la mano de obra. Cubría además la demanda del crédito necesario para el funcionamiento de la producción hasta la cosecha. Se crean cooperativas en todo el territorio, hasta la configuración de una cooperativa de segundo grado UCAL (Unión de cooperativas Agrícolas Algodoneras Limitada) en las décadas del ’30 y 408. Quiero poner el acento en el proceso de creación de cooperativas, porque mi hipótesis substancial se vincula con el análisis crítico de este instrumento. La cuestión reside en la imposibilidad del pequeño productor de alcanzar cuantías de capital que le permitan participar de la tasa de ganancia en el proceso global de extracción de plusvalor. Es decir, la cooperativa es el instrumento por excelencia para transformar el productor mercantil en un productor capitalista y poder disputar una porción del mercado con otras fracciones competidoras en la rama. El proceso de conformación de UCAL en el Chaco nos evidencia los sucesivos momentos que transita este colectivo en la constitución de una fracción de burguesía con el objetivo de constituirse en una empresa monopólica buscando disputar el espacio a las empresas monopólicas que mantenían subsumidos los productores chaqueños. Se trataba de integrar la rama algodonera no desde la industria textil (proceso que desarrollaba, particularmente al empresa monopólica de Bunge y Born, expandiéndose a países vecinos), sino desde la producción de algodón. Esa integración suponía, además de la comercialización del algodón, el desmotado, el hilado y el tejido (Bunge y Born hácia la década del 60 había integrado el proceso, desmotado en establecimientos propios y/o contratando desmotadoras privadas en las zonas de cultivo) En este proceso de integración, las cooperativas se industrializan incorporando el desmote, comercializan a través de UCAL, -que abre oficinas en Buenos Aires para el comercio-, fundan una cooperativa de seguros: COSECHA (Cooperativa de Seguros Chaqueña), y finalmente UCAL adquiere un fábrica de hilados. UCAL y las cooperativas, a través de su creciente capacidad económica constituyen al colectivo de “los productores chaqueños” en la fracción hegemónica del territorio chaqueño9. La construcción de la hegemonía se consolida alimentando con un sentido cuasi épico en tanto se inventa una gesta fundacional cuyos componentes son “el sufrido inmigrante que de la nada construyó el Chaco”; “el incansable colono enfrentando la hostil naturaleza del Chaco” y “los colonos que distraían el tiempo de descanso para fundar y participar de sus cooperativas para enfrentar la explotación”, hasta su síntesis en el término literario de “razachaco”. La hegemonía de las fracciones vinculadas con la producción algodonera tiene su base material en tanto la economía de la provincia era fuertemente dependiente de la buena o mala campaña agrícola; es decir, de los avatares de la naturaleza y de los precios de la fibra que -a pesar de UCAL y las cooperativas- era regulado por la demanda del Capital Industrial Monopólico concentrado en la capital, que no solo regulaba la demanda a través de sostener stocks de arrastre, sino tenía la capacidad política de influir en el comercio exterior de fibra, haciendo posible la importación cuando la industria aumentaba su demanda y podía significar un alza en los precios de la fibra producida en Argentina. Si observamos el cuadro vemos que más del 97 % de la industria se situaba en la región central de la Argentina.
Los ingresos monetarios a la provincia de la producción algodonera movilizaba el conjunto de economía no solo en el movimiento comercial de los chaqueños y movilizando además ramas como la construcción, la venta de vehículos, máquinas y herramientas, talleres, alimentos, etc. sino que a través del ingreso de mano de obra estacional el consumo de bienes y servicios aumentaba de manera substancial. Esta situación en la señalada relación entre clases al interior del sistema productivo funciona con cierta eficiencia hasta inicios de la década del ’60, en que la economía regional toma conciencia de la larga duración de la crisis del textil que a partir de mediados de la década del ’50 se produce a nivel mundial del consumo, reemplazado por el boom de la fibras artificiales, y en el caso argentino, además, por una baja general en el ingreso de los sectores asalariados.
1. La lucha por la constitución de la burguesía regional: la disputa del mercado interno (1970-76) La situación: El crecimiento de la provincia en términos poblacionales y económicos, netamente ascendente se revierte a partir de la crisis del textil a inicios de la década del ‘60. Esta crisis significó en el Chaco la pérdida estimada de población de alrededor de 100.000 habitantes en el período intercensal 1960-1969 y como podemos observar en el cuadro de superficie y rendimiento por décadas, podemos observar la caída de la producción, que recién a fines del siglo, con la reconversión capitalista del sector y un gran salto en los rendimientos va a volver a subir.
Los aspectos cruciales de los enfrentamientos interburgueses se despliegan en el ámbito agrario en la disputa del plusvalor generado en la producción, distribución, cambio y consumo de los componentes de la rama algodonera. Habíamos señalado como sujetos dominantes del enfrentamiento la burguesía concentrada en la industria textil, como fracción de capital industrial monopólico por un lado y el colectivo de productores algodoneros, particularmente aquellos agrupados en cooperativas agrícolas en la provincia.
A los efectos de hacer comprensible el proceso, avanzando sobre de las descripciones fenomenológicas o coyunturales debemos, en principio analizar la composición de ese colectivo de productores algodoneros, que en los conflictos agrarios de inicios de la década del ’70 eran caracterizados –y se presentaban- con diversas nominaciones como “productores agrarios”, “campesinos”, “agricultores”, todas ellas implicando un colectivo y simplificando las complejidades y contradicciones subyacentes10. Señalábamos el papel de las cooperativas en la constitución de los productores mercantiles dispersos en fracciones de burguesía actuantes en distintas instancias de explotación de fuerza de trabajo, ya a los obreros fabriles en sus desmotadoras o a los empleados en las distintas instancias de comercio o servicio de la institución. Analizado el proceso de constitución del colectivo de productores individuales en fracciones de burguesía, concluimos en señalar a esta forma de organización como una instancia necesaria (Roze,2002), así como la estructuración de un sistema territorial de cooperativas a través de la creación de cooperativas de segundo grado, generando nuevas actividades que demandaban mayores cuantías de capital para su puesta en funcionamiento y participación en las tasas de ganancias de la rama. Este proceso de conformación de burguesía que se desplegaba en el Chaco se produce también en la producción de otras regiones, particularmente en la pampa húmeda, donde funcionaban la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA) y la Asociación de Cooperativas Agrarias (ACA). Estas poderosas corporaciones de productores que agrupaban las fracciones mas consolidadas en la producción de granos para la exportación, necesariamente se expandían a otras economías regionales, agrupando cooperativas que inicialmente no formaban parte de UCAL o afiliando cooperativas que abandonaban UCAL11. ¿Que elementos operaban en la decisión de uno u otro conjunto de productores agrupados en cooperativas para definir su afiliación a una u otra cooperativa de segundo grado, es decir, a formar parte de una u otra fracción de capital en su proceso de acumulación?. Sin lugar a dudas la capacidad de gestión que cada uno de los agrupamientos podía exhibir, a los efectos de la prestación de los servicios, pero que necesariamente debían traducirse en ventajas económicas a la hora de realización de su producción, gestión que tenía gran contenido político-corporativo. En ese sentido la FACA, contaba con una notable ventaja a partir de su asociación con la Federación Agraria Argentina (FAA), que constituye la organización gremial agraria, en su momento mas numerosa de América Latina, que se inicia a principios del siglo en las luchas de los productores agrarios de la pampa húmeda. La capacidad de negociación de esa corporación gremial adquiría gran influencia al momento de presionar al estado en la fijación de precios u otras demandas del sector agrario. Esa capacidad de gestión tiene como fruto que en 1970 el Ministerio de Agricultura de la Nación tuviera al frente a un hombre surgido de las filas de la FACA. En estas condiciones, a mediados de 1970 irrumpen en el ámbito político chaqueño sectores de la juventud agraria provenientes de dos vertientes: La juventudes radicalizadas de la iglesia católica y las “juventudes cooperativistas” con una convocatoria a la movilización de los productores demandando al estado nacional precios para el algodón, créditos, tierras, es decir una política agraria favorable al sector. Plantean la conformación de las Ligas Agrarias, asumiendo la representación de los productores agrarios, organizándose a partir de agrupamientos comarcales: “ligas”. La Argentina transitaba un momento que fue caracterizado como “de protesta social” donde estas acciones tienden a enmarcarse en procesos mas amplios de enfrentamientos con características anticapitalistas. Estos movimientos que se extienden, en principio a las cinco provincias productoras de cultivos industriales del Nordeste de Argentino y luego a otras nueve tiene un carácter notablemente heterogéneo en su composición de acuerdo con determinaciones propias de cada uno de los sistemas productivos en que desplegaban sus acciones. Nuestra hipótesis es que en el caso de los “productores algodoneros chaqueños” estábamos ante una alianza social de productores medios cooperativizados y pequeños productores mercantiles en términos de forma cuyos contenidos se vinculaban con el proceso de consolidación de una fracción de burguesía agraria en términos de constitución como sector de capital industrial monopólico en la rama textil. Si hacemos abstracción de los discursos de sus dirigentes, la composición heterogénea de sus bases o la mayor o menor radicalidad de sus acciones y nos concentramos en los aspectos reivindicativos y particularmente en la caracterización de la situación agraria y en ella la de los sectores responsables de la crisis de la provincia, se hace observable el carácter interburgués que orientaba el enfrentamiento y en última instancia caracterizaba la organización liguista. Los enemigos del conjunto de los productores chaqueños –al decir de las Ligas- eran “los monopolios”, donde un grupo económico en particular –Bunge y Born- aparecía como paradigmático en los manejos económicos y políticos que disparaban la crisis de la región algodonera. El gobierno militar, caracterizado como “gobierno de los monopolios” constituía el otro elemento responsable de la crisis de producción algodonera, crisis de la región y crisis de la provincia del Chaco. El otro componente substancial en la caracterización de “los aliados de los monopolios” era precisamente el grupo económico federado FACA-FAA quienes –señalaban- habían debilitado la economía de los productores chaqueños al ser uno de los factores de la crisis de UCAL y del movimiento cooperativista chaqueño. El movimiento agrario chaqueño, constituido por sus organizaciones económicas y gremiales (cooperativas, UCAL, Ligas Agrarias, Juventudes Cooperativistas, Movimiento Rural) convocan a un Frente provincial en defensa de la economía chaqueña donde agrupan al conjunto de fracciones de la burguesía chaqueña a través de sus organizaciones corporativas (Federación Económica, cámaras empresarias), la iglesia, las organizaciones gremiales obreras y estudiantiles. El conjunto de sistema institucional se suma a esta convocatoria que entre 1971 y 1974 expresan el “interés general” de los chaqueños, obviamente coincidente con el interés de “los productores chaqueños”. De este modo, la fracción de burguesía cooperativista transita un momento de hegemonía casi total de la fuerza social que constituye al Chaco como corporación. La intervención militar que gobierna la provincia se identifica con las demandas del sector y participa de manera activa en apoyo de las demandas de la sociedad chaqueña. Ampliada la capacidad instrumental de los productores chaqueños, tanto en el apoyo activo de la sociedad como de gran parte del sistema institucional, pueden negociar con el capital industrial monopólico –en condiciones favorables-, tanto el precio de la fibra como influir en la política crediticia, de regulación del mercado externo, fiscales, etc. lo que contribuye a la acumulación tanto instrumental como económica en su proceso de constitución de este sector como sector monopolista en la rama12. Esta situación ascendente de la burguesía cooperativista chaqueña determinada por sus posibilidades instrumentales, se verá interrumpida al momento en que dos de los instrumentos que podía operar como fracción hegemónica imprimen a sus acciones un nuevo sentido al partir de 1973 momento en que la situación institucional política de la nación y de la provincia retoman los cauces constitucionales. El elemento crítico en sentido de su proceso de consolidación como fracción del capital tendrá su origen en la perdida del apoyo incondicional del ejecutivo provincial con que contaba esta fracción. El “gobierno del pueblo” surgido de las elecciones de 1973 en la provincia era peronista, es decir la expresión de una alianza conducida por el capital industrial monopólico cuya representación corporativa era la Confederación General Económica de la República Argentina. La instrumento substancial de la economía del gobierno nacional fue el denominado “Pacto Social”, una tregua entre las corporaciones de la burguesía y las organizaciones obreras para mantener fijos precios y salarios. No participaban de esta alianza las organizaciones agrarias de modo que la variable sobre la que la industria podía operar sobre-ganancias colocaba en primer plano el precio de la materia prima, con lo que se endurecía la capacidad de negociación de estos sectores por un lado, y el gobernador de la provincia no podía convertirse en oposición de su propio partido apoyando incondicionalmente las fracciones de capital local. El ejercicio de hegemonía que llevaran adelante las fracciones agrarias a través de sus organizaciones (cooperativas, UCAL y Ligas Agrarias), determinaron a que a inicios del gobierno de 1973, estas organizaciones exigieran (por intermedio de las Ligas Agrarias) el manejo de los organismos provinciales de agricultura y tierras. Esta exigencia fue rechazada por el gobernador de la provincia (señalando que había otros sectores involucrados en esos temas), otorgando algunos cargos de menor rango a representantes de estas organizaciones. Otro factor concomitante, fue la progresiva radicalización de los sectores dirigentes de las Ligas Agrarias fuertemente influenciadas por la protesta social, operando identificaciones con fracciones del peronismo revolucionario, cuyas críticas al determinadas medidas del gobierno nacional y provincial iban en aumento. Las relaciones entre el ejecutivo de la provincia y las Ligas se deterioran al punto de operarse la separación de esta organización de la conducción del Frente Agrario y de las convocatorias a discutir las políticas del sector13. Debilitada la fracción hegemónica y -con el cambio de las condiciones políticas- debilitado el frente provincial el capital industrial monopólico retoma el control económico del territorio a través del control de mercado. La fracción chaqueña de burguesía agraria cooperativizada, pierde su convocatoria frente a las organizaciones extraprovinciales, quienes retoman la conducción de la protesta agraria a través de la Federación Agraria Argentina, que nuevamente expresa la representación del sector.
2. Una alianza para la constitución de la burguesía regional en los marcos de la internacionalización del sistema productivo (1977-1990) El gobierno militar surgido del golpe de estado de 1976 se plantea realizar dos objetivos: erradicar lo que denominaban “la subversión” y crear las condiciones para la hegemonía del Capital Financiero en el conjunto de la economía Argentina. En términos del primer objetivo, en el caso del Chaco se despliega una ofensiva militar de ocupación del territorio, donde se realizan operativos que significan productores detenidos, desaparecidos o “muertos en enfrentamientos”. El Chaco había sido un segundo territorio donde se afirmaba la existencia de una guerrilla rural, producto de la radicalización de las bases de los sectores menos constituidos (como burguesía) de productores y campesinos asociados a las Ligas Agrarias y otros grupos con influencia en grupos aborígenes y pobres del campo. No obstante, el objetivo suponía “erradicar las causas de la insurrección” que señalaban anidaba en la crisis de larga duración que pauperizaba las fracciones de agrarias, protagonistas de las movilizaciones del período anterior. Esto suponía profundas transformaciones en el sistema productivo, es decir la transformación de la economía algodonera, donde el objetivo manifiesto fue “la creación de una clase media agropecuaria”. El sujeto de la transformación agraria del gobierno militar fue la burguesía cooperativista y el proceso consistió en dar una amplia respuesta a las demandas básicas de este grupo social en las nuevas condiciones de la economía que desplegaba en ese momento a nivel nacional Martinez de Hoz y en la provincia un cuadro del capital financiero en la función de Ministro de Economía de la Provincia. (Roze.1979) El planteo no fue solucionar los problemas coyunturales de esa fracción de burguesía, sino transformar las condiciones generales de funcionamiento del sistema productivo, transformando a su vez a esta fracción de capital, impulsando su consolidación a través de la transformación de las cooperativas en empresas eficientes y a los cuadros cooperativistas en “managers”. Para ello se organizó la capacitación de los gerentes, asistencia técnica tanto agraria como de política económica; asistencia a diferentes foros mundiales con representación de la provincia. Las cooperativas debieron convertirse en tomadoras de créditos y entidades financieras de sus asociados para la producción. Las transformaciones alcanzaron a la administración provincial haciendo eficiente el funcionamiento, en particular de las áreas de tierras y agricultura; al Banco Provincia del Chaco, un banco local de fomento en una institución crediticia de primera línea tomando dinero de la capital federal para financiar las campañas algodoneras y las cooperativas. En términos de mercados, elimina todo proceso de regulación determinando una política de apertura del comercio exterior y una agresiva política de las cooperativas de colocación de fibra en el mercado externo. Este proceso de internacionalización de la producción algodonera chaqueña (Roze, 1979), señalamos, suponía transformar las cooperativas y transformar las explotaciones de algodón elevando los rendimientos para hacer competitivo el producto14. Neutralizan al grupo federado FAA-FACA a partir de aplicar la prohibición de actividades gremiales y políticas. Con lo que nuevamente se constituye como fracción dominante el grupo cooperativas-UCAL, pero bajo las nuevas condiciones de la economía y del mercado. El costo social de esta transformación fue un potenciado proceso de reestructuración de la matriz de productores, con una acelerada proletarización y campesinización de los productores algodoneros mercantiles por un lado y la consolidación de una fracción que se expande y moderniza por el otro. De lo que hablamos es de una alianza de esta fracción de capital con fracciones locales del capital financiero; alianza que significó un singular avance en la consolidación de la fracción de productores cooperativizados, en el plazo cortísimo de dos años de buenos precios internacionales de la fibra. Significó, con la caída de los precios en 1979 el inicio del endeudamiento de productores y cooperativas, que crearon una nueva categoría económica que caracterizará el futuro de la producción agraria chaqueña: el productor endeudado y la cooperativa endeudada. El fracaso del proceso de internacionalización obligó al gobierno militar a revertir su política económica retrotrayendo el funcionamiento del sistema productivo a las formas anteriores, ahora con el conjunto de sus empresas en la alternativa del quiebre o la continuidad atadas al endeudamiento financiero. El pasado hegemónico y el peso económico y social del sector de productores determina que de modo permanente el aparato del estado platee soluciones al sector, ya a través de planes de reversión productiva (PRACHACO 1982), ya a través de la condonación de deudas a las cooperativas (los denominados “salvatajes”15). No obstante las nuevas formas que adquiere el capitalismo en el ámbito agrario chaqueño no se consolida al punto de poder reproducir de modo sostenible sus condiciones de funcionamiento, no solo por el arrastre de la deuda, sino por la propias condiciones del sistema productivo donde, por ejemplo, no se asumen los avatares de la naturaleza (excesos hídricos o sequías), y para funcionar debe, en forma permanente recibir distintas formas de subsidios encubiertos, donde el mas notable es la “emergencia agropecuaria” (Roze, 2001).
3. Ascenso y crisis de fracciones emergentes de burguesía en los marcos de la globalización. (1983 – 2000) La crisis de la burguesía agraria cooperativizada se expresa –decíamos- en la pérdida de su capacidad instrumental; es decir la posibilidad de operar instancias institucionales que favorezca sus procesos de acumulación. El gobierno militar -además de desplegar una agresiva política agropecuaria-, instrumenta un plan de obras públicas cuyo objetivo era absorber la mano de obra desocupada que se asentaba en las ciudades a partir del incremento de los procesos migratorios producto de la pauperización y proletarización de los pequeños productores algodoneros. Los fondos provenientes de la Nación para obras públicas determinan la génesis y/o consolidación de una nueva fracción de burguesía local: los empresarios de la construcción. La construcción de miles de viviendas con dinero del Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI) –que en estos años favorecieron especialmente a la provincia-, además de obras viales estructuraron alianzas económicas entre los funcionarios del gobierno militar y pequeños empresarios, que en término de meses ganaban grandes licitaciones, conseguían sin garantías préstamos millonarios del Banco del Chaco y competían inclusive con empresas internacionales atraídas por el fenómeno. Esta fracción de burguesía es quien desplegará su capacidad instrumental en los últimos tramos del gobierno militar (1980-1983), operará de forma ordenada la transición en los manejos de la obra pública para finalmente colocar sus cuadros políticos-técnicos en la administración del gobierno surgido de las elecciones16; por ejemplo, los ministros de economía de la provincia eran elegidos por las corporaciones empresarias; las empresas constructoras financiaban las campañas de ambos partidos. Otra fracción de burguesía que asciende en el período son los autodenominados “productores forestales”. Se trata del sector que explota la madera de los bosques bajo las formas mas inhumana de sobreexplotación de la fuerza de trabajo. Este sector no adquiere poder instrumental a partir del poder económico, sino fortalece su poder económico a partir del lugar político en el partido gobernante de esos empresarios. Favorecidos con líneas de créditos y ventajas impositivas, despliegan sus negocios en el período en que gobiernan los empresarios del sector para desaparecer con su recambio. Los empresarios de la construcción, en cambio, sostienen su hegemonía durante todo el período aunque a inicio de la década del ’90 se producen cambios en términos del manejo de la obra pública, particularmente de las operatorias del FONAVI; no obstante esa fracción de burguesía sigue siendo el sector que determina a través de complejos sistemas de retorno las “cajas” de los partidos gobernantes. Por otra parte la medida de la eficiencia de los gobiernos son lo mostrable, la obras17.
4. El defensismo de la burguesía mendicante. (2000 g En enero del año 2000 el conjunto de los chaqueños es llamado a concentrarse a través de una Convocatoria Empresaria para "... definir cursos de acción concretos, que atiendan la compleja situación por la que atraviesa la pequeña y mediana empresa chaqueña..." (Documento "Convocatoria Empresaria" Resistencia, jueves 27 de enero de 2000., p. 1) Los convocantes eran nueve personas, siete propietarios de pequeñas y medianas empresas (un industrial metalúrgico; un empresario metalúrgico; dos empresarios de la construcción, un empresario de frigorífico y un empresario de servicios) y dos gerentes de dos diarios locales, a los que se "Adhieren: Unión Industrial del Chaco; Cámara Argentina de la Construcción (Deleg. Resistencia); Cámara de Comercio, Industria y Producción de Resistencia; Asociación Empresas Comercializadoras Agroquímicos y Semillas; Cámara de Comercio Exterior de Resistencia; Cámara de Comercio de Sáenz Peña; Federación Cooperativas de Servicios Públicos; Cámara de Concesionarios de Máquinas Agrícolas de la Provincia del Chaco; Cooperativa Productores Frutihortícolas; Asociación Transportistas de Cargas; Federación Médica del Chaco; Federación Agraria Argentina; Federación Económica del Chaco; Cámara de Farmacias; Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; Confederación de Sociedades Rurales del Chaco y Formosa (CHAFOR); Confederación General del Trabajo (Delegación Resistencia); Fechasoru; UCAL" es decir el conjunto de representantes de las corporaciones locales, cada uno de ellos con mayor representación que el conjunto de empresarios que realizaron el llamado. El otro elemento original de esta convocatoria es la inusual masiva presencia de distintas organizaciones de la sociedad que superaron todas las expectativas del grupo. Los objetivos de la convocatoria eran: "...peticionar a las autoridades nacionales y provinciales, sobre el urgente dictado de normas de carácter particular para la Provincia, que atiendan a sobrellevar la coyuntura y definan un rumbo para las soluciones estructurales en el mediano y largo plazo..." (Idem. p. 1.). En apariencia, parecía repetirse el fenómeno de 1970 en que el conjunto de organizaciones de la provincia demanda políticas que permitan revertir la crisis. Interesa aproximarnos a las demandas; se componían de medidas coyunturales (financiación y refinanciación de pasivos impositivos y previsionales; pasivos financieros y deudas con proveedores, así como financiamiento para las empresas radicadas en la provincia con garantías y aval del estado provincial y reducción de aportes patronales a la Administración Federal de Ingresos Públicos18. Plantean también medidas estructurales vinculadas con crear condiciones de rentabilidad en el marco de las políticas de convertibilidad. La medida que los organizadores proponen a la asamblea es la aprobación de un documento donde a las propuestas generales se suman las demandas que cada sector plantea como traba para su funcionamiento. Se trataba de elevar este documento a las autoridades provinciales y nacionales (a través de algún diputado nacional allí presente) y el grupo convocante constituirse en la representación del sector. Al momento de la aprobación del documento que los organizadores llevaron a la discusión –con los agregados particulares- se plantea una cuestión en relación con la concepción acerca de la política económica llevada adelante por el Gobierno Nacional, en particular la cuestión de la convertibilidad. El grupo convocante asume la positividad de la política que llevaba a cabo el gobierno nacional, y lo que pedía eran “leyes del juego clara para todos los sectores”, mientras que otros grupos, particularmente la Cámara de Comercio, Industria y Producción de Resistencia se muestran críticos de la convertibilidad, poniéndola como principal causa de la situación de crisis del conjunto y proponiendo su reemplazo. Importa detenerse sobre este punto, no por el desacuerdo en sí, sino porque pone de manifiesto la incapacidad de las fracciones burguesas autocaracterizadas como Pymes de poder señalar un enemigo y unificar medidas y consignas. Todo el poder instrumental que despliega este sector es el de elevar sus documentos a las distintas instancias de los poderes del estado provincial (en particular al gobernador) para que gestione las medidas solicitadas y fondos para créditos, y a los diputados nacionales para solicitar medidas especiales al congreso de la Nación. La incapacidad de la dirección de asumir ningún tipo de enfrentamiento tiene, obviamente como respuesta la indiferencia de los receptores de las demandas con lo que el “grupo convocante” llama a nuevas reuniones, despliega cierta presencia mediática, básicamente a través de los periódicos locales, y la gestión se convierte en demandar medidas especiales que hagan posible su supervivencia. Esta actitud mendicante fue la alternativa elegida frente a la posibilidad abierta del conflicto, cuya precondiciones era la alianza con los sectores movilizados, básicamente desocupados bajo la forma de piqueteros, ocupantes de tierras, empleados públicos, etc.
5. Las burguesías regionales en los procesos de globalización Para analizar los procesos históricos contemporáneos en nuestras economías regionales, es decir la génesis y desenvolvimiento de los sistemas productivos que delimitan territorios, necesariamente debemos estudiar lo que los clásicos del máximos han denominado las formas19. Desde otra perspectiva, Norber Elías ( 1996 : 54) nos habla de "...una completamente determinada constelación social de hombres recíprocamente enlazados...", Elías ( 1996 : 54) En nuestras realidades estas formas –señalábamos- surgen de los procesos de penetración, desarrollo y reformulaciones de las relaciones capitalistas en su permanente proceso de expansión y universalización, en última instancia, del trabajo socialmente necesario en el universo de la producción20. En términos de las determinaciones espaciales se despliegan sobre un espacio concreto, configurando territorios, es decir un ámbito donde se producen y reproducen las condiciones de existencia. Implica un cierto ordenamiento de cuerpos y cosas y obviamente un conjunto de actividades y procesos que determinan la reproducción y determinan un orden social. El orden social refiere a la estructuración de formas de dominio territorial; es decir la posibilidad que tiene una determinada fracción de capital de ejercer control efectivo sobre los procesos socioeconómicos ocurridos en un determinado espacio geográfico. Este control es producto de enfrentamientos pretéritos o presentes que estructuran y replantean la situación entre fracciones de burguesía en relación con sus caracteres de dirigentes y distintos grados de subordinación otras. El dominio de un determinado territorio implica complejos procesos de enfrentamiento donde fracciones de capital luchan por conservarlo en tanto otras operan ocupar esos espacios y apropiarse de los recursos. Este proceso no es simplemente una lucha entre burguesías, sino que cada fracción construye alianzas amplias con fracciones de clase obrera y pequeñoburguesía, y en ciertos momento puede implicar políticas de eliminación de ciertas otras fracciones que coexisten o interactúan en un determinado espacio y que se expresan en procesos de migración masiva, pauperismo, o aumento de las tasas de mortandad infantil, hambre, suicidios, etc. En el Chaco fueron diferentes fracciones de burguesía extraterritoriales quienes determinaron las características de los procesos productivos fundados en la extracción de recursos y explotación de la fuerza de trabajo, no solo a través de las relaciones clásicas burguesía-proletariado, sino además, mecanismos complejos de autoexplotación de fracciones de pequeñoburguesía agraria, campesinos, semiproletarios, aborígenes. En ese sentido el dominio del territorio –en el sentido de espacio geográfico21 controlado- del Chaco, durante todo el proceso de expansión del cultivo ha sido atributo de fracciones de burguesía extrarregionales, en general de carácter monopólico. Los espacios posibles de acumulación permitían el desenvolvimiento de fracciones de burguesía menos constituidas, que se expandían en los límites del mercado regional, y en general participaban del plusvalor generado por las actividades exportables fuera de la región. La constitución de una fracción con aspiraciones hegemónicas y la posibilidad de construir una fuerza social al interior del sistema productivo hizo posible la emergencia de una burguesía cooperativista construyendo un conjunto de instrumentos económicos primero (industrias, oficinas de exportación, seguro, banco) e instrumentos político-corporativo (las Ligas Agrarias, el frente provincial) Este manejo instrumental determinado por la situación de fracción hegemónica en el ámbito simbólico alcanza su mayor expresión institucional al momento en que hace posible que en la constitución provincial de 1957 se incorporen tres artículos promoviendo el cooperativismo donde determinan que las tierras públicas y los servicios públicos solo pueden ser enajenados a empresas cooperativas22. El proceso de darle contenido económico a este dominio simbólico estaba determinado como meta necesaria23, por la constitución de la fracción de burguesía agraria en capital industrial monopólico, con lo que al constituir el instrumento político-corporativo, puede lanzar una ofensiva por el control del mercado de la fibra y un espacio substancial en la producción de hilados. Otro momento en la lucha interburguesa por el dominio del territorio se produce, como señalamos, con el inicio de la hegemonía en el territorio nacional del capital financiero, donde la búsqueda de una situación de hegemonía se produce a partir de una alianza con el Capital Industrial Monopólico, que solo funciona dos años, pero cuyo resultado fue la crisis generalizada del sistema productivo provincial a partir de la situación de endeudamiento generalizado de productores y cooperativas. La siguiente etapa refiere al avance del proceso de globalización donde se realiza el dominio del capital financiero en el conjunto de la economía, que impacta a los sistemas productivos regionales de acuerdo con la composición de sus fracciones de burguesías y las posibilidades de incorporación a diversos segmentos del mercado internacionalizado. La crisis generalizada del capital industrial monopólico de origen argentino con la desindustrialización de la década del ’90 determina la inexistencia de espacios de constitución de nuevas fracciones de burguesías, sino en situación de tributarias de formas mas concentradas del capital. En el ámbito de la producción agraria la globalización significa una nueva generalización de relaciones capitalistas, ahora determinadas por las empresas transnacionales de agroquímicos, y semillas donde la territorialización escapa inclusive a las fracciones mas constituidas del capital agroindustrial local. En el caso del Chaco, la estructura productiva vinculada con el cultivo del algodón se reconvierte con la incorporación de tecnología, a pesar de ello, se reitera su dependencia con el mercado mundial y el papel marginal en términos de volúmenes de producción reitera. No obstante fue la desfavorable relación de cambio determinada por la convertibilidad la que determina las dificultades de competir con los mercados internacionales y en lo local que los productores continúen en situaciones de endeudamiento24. En los últimos años los sistemas productivos vinculados con los cultivos de granos, particularmente la soja, determina la reconversión de aquellos productores que pueden hacerlo, pero básicamente el arrendamiento de tierras a productores agrícolas extraprovinciales. Las fracciones de burguesía que pueden sostenerse en los espacios no dominados por las corporaciones –por ejemplo aquellas vinculadas con la construcción-, sobreviven en las condiciones posibles determinadas por el mercado local , pero esencialmente la obra pública. Igual situación los sectores vinculados con los servicios, algunos sostenidos por el mercado local y otros como tributarios de capitales concentrados (Por ejemplo los subcontratistas de empresas privatizadas: Telecom o dependen de laboratorios extranjeros). Vemos así que las consecuencia políticas e ideológicas derivadas de los procesos de globalización evidencian que el espacio posible de acción de estas fracciones imposibilita pensar el ejercicio de una hegemonía e impide toda posible ofensiva en la defensa de sus condiciones de existencia. En términos objetivos, porque solo pueden realizar su producción en mercados residuales, marginales, que día a día se reducen por las situaciones de pérdida de la capacidad adquisitiva de cada vez mas amplios sectores de asalariados y pequeño burguesía. Como fracciones tributarias de las grandes corporaciones, no tienen ninguna posibilidad de negociación a partir de sus identidades fracturadas. En términos subjetivos, el dominio del discurso económico neoliberal atenaza toda posibilidad de reflexión y se excluye cualquier posibilidad fuera de las alternativas polares planteadas por los intelectuales orgánicos del capital financiero. Así, toda su acción tiene un carácter netamente defensista, donde la única meta que se ofrece es no perder lo poco que han acumulado, y la reivindicación posible es el pedido de paliativos a cualquier instancia del aparato del estado. Frente a las fracciones históricas que asumían la legitimidad de sus demandas territoriales nos encontramos con este conjunto de “burguesías mendicantes”, que aun con la posibilidad de producir situaciones posibles de transformación, esperan las dádivas de lo que suponen sus representantes.
Notas 1. Por ejemplo los grupos
religiosos fundamentalistas (cuáqueros, amish, etc.).
Bibliografía ARICÓ JOSE.
comp. Correspondencia
1868-1895. Karl Marx Nikilai
F.Danielsón Friedrich Engels. Biblioteca del
Pensamiento Socialista. México. Siglo veintiuno editores.
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Theomai: palabra de origen griego que
significa ver, mirar, contemplar, observar, comprender, conocer
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