Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número especial (verano de 2003)  
special issue (summer of 2003)

                 

 

                             

Re-construyendo el sistema de conocimiento local acerca de la sustentabilidad del recurso suelo. El caso de la localidad
de Zavalla (Pcia de Santa Fe)

 

 Rosenstein, Susana*; Primolini, Carlos*; Pascuale, Adhemar*

 


* Docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias,  Universidad Nacional de Rosario. E-mail: srosens@ciudad.com.ar.

 

INTRODUCCION

El espacio local

Ubicación. Rasgos climáticos y edáficos.

La localidad de Zavalla se encuentra ubicada sobre la Ruta Nacional 33, a 27 km de la ciudad de Rosario, dentro del Departamento del mismo nombre, provincia de Santa Fe. El área que ocupa corresponde a la llamada Pampa Ondulada. Desde el punto de vista climático, el promedio de precipitaciones anuales oscila alrededor de 990 mm concentradas de diciembre a marzo y con inviernos secos, mientras que la temperatura promedio es de 17ºC. Los suelos del Distrito se clasifican como argiudoles vérticos: son suelos profundos, con buena capacidad de almacenamiento de agua, moderado buen drenaje y lenta permeabilidad, aptos tanto para la producción agrícola como para las pasturas artificiales.

Sin embargo, el grado de deterioro del recurso es preocupante en la actualidad. En la provincia se destinan anualmente a la agricultura unas 3.500.000 has, de las cuales 2.000.000 están afectadas por procesos de degradación. Las pérdidas por esta causa superan los 7.750.000 qq/año, lo que significa una disminución en el valor de la producción de más de 100 millones de dólares y una disminución en los ingresos brutos del productor entre 50 y 100 dólares por hectárea. (SAGyP y CFA, 1995). El problema se agrava en las tierras próximas a los cursos de agua y bajo agricultura continua en dónde predomina la erosión hídrica severa, incluyendo zonas con erosión grave.

La sucesión ininterrumpida de cultivos, la elevada tasa de remosión del suelo, las labranzas sin residuos en superficie, el empleo de especies de bajo aporte de rastrojo y la desaparición de las praderas en la rotación constituyen las principales causas del estado de deterioro en el que se encuentran hoy los suelos de la región.


Características poblacionales y económicas

Según el último Censo de Población (2001), Zavalla cuenta con una población urbana y rural de 4385 y 274 habitantes, respectivamente, lo que muestra la desproporción generada por la migración de las familias del campo al pueblo.

Desde el punto de vista económico, es una localidad eminentemente agrícola. Según datos del IPEC (INSTITUTO PROVINCIAL DE ESTADÍSTICA Y CENSOS, 2002), la superficie total del distrito bajo producción asciende a 10.885 hectáreas, de las cuales 9437 están dedicadas a la agricultura y sólo 1238 a la ganadería (86,7 y 11,4% respectivamente) Dentro de éstas últimas, encontramos mayormente campos bajos, de "cañada", no aptos para la agricultura, en los que la ganadería de cría es la única alternativa productiva. Lo más notable es la forma en que se reparten los distintos cultivos dentro de la superficie agrícola. Así, la soja de primera ocupa 6214 has (65,8% de la superficie agrícola), el trigo asociado a la soja de segunda en el mismo año agrícola, 2100 (22,2%), el maíz, 800 (8,5%), el sorgo 37 (0,4%) y la lenteja, también asociada a la soja de segunda, 35 has (0,4%). Esta situación se repite en todo el Departamento Rosario.


Las unidades productivas

A partir de su fundación en 1883, la "Colonia Zavalla" se caracterizó por la presencia de grandes estancias y de una masa de inmigrantes que, al no poder acceder a la propiedad de la tierra, se dedicaban a la agricultura en condiciones de tenencia precaria. Así, en la mayoría de los casos, son los padres o abuelos de los productores actuales los que se inician en la actividad como arrendatarios de alguna de las estancias de la localidad. El acceso a la propiedad de la tierra se logrará mucho más tarde: la mayoría se transformará en "colono" en la década del 60 gracias a la división de algunas grandes estancias y a través de créditos gestionados ante la banca oficial por los propios dueños o bien, del financiamiento que éstos mismos otorgaban.

Desde su origen, colonos y arrendatarios se dedicaban básicamente a la agricultura (trigo, lino y maíz) más las producciones típicas para autoconsumo (aves, cerdos, huerta). Cuando la condición de propietarios les permite decidir que hacer se generalizan en la zona las explotaciones mixtas. Dentro de la ganadería predomina el tambo, sistema que por su mayor grado de intensividad es el que mejor se adapta a superficies pequeñas. Luego, el proceso de modernización y la posibilidad del doble cultivo trigo-soja, a partir de los años 70, arrasa con las vacas, con los alambrados, con las instalaciones para el ordeñe.

La mecanización, la necesidad de ocupar la mano de obra de la familia, la alta rentabilidad de la soja impulsan a aumentar la escala de producción tomando tierra de terceros. Los colonos vuelven a transformarse, pero ya no en arrendatarios con contratos legales, sino simplemente en "contratistas". La precarización de la tenencia de la tierra aumenta: los llamados contratos accidentales se hacen por una sola campaña agrícola, generalmente de palabra y el precio se establece en quintales fijos de soja por hectárea. Precio que, por otra parte, aumenta año tras año al mismo tiempo que la presión de la demanda sobre la tierra apta para el cultivo.

En la década de los 90, la superficie destinada al doble cultivo disminuye a merced de la soja de primera y se observa un cierto repunte del maíz y del sorgo en ese orden. La segunda ola de modernización trae consigo un nuevo paquete tecnológico para la agricultura, dentro del cual se generaliza en la localidad el sistema de siembra directa y las variedades de soja transgénicas, resistentes a los herbicidas totales. A la vez, éste refuerza la posibilidad de generar ingresos extraprediales a través de la prestación de servicios de labores: ya no se presta sólo la labor de cosecha sino que aquellos que, además, poseen la sembradora específica (por compra o modificación de la tradicional) salen a sembrar los campos de los vecinos que carecen de ella.

La década de los 90, con sus políticas tendientes a la apertura indiscriminada y al retiro del Estado de los mercados sumado a la tendencia en baja de los precios internacionales de los granos, impacta en el sector de pequeños y medianos productores de toda la región. También en Zavalla se aprecian problemas de endeudamiento, de descapitalización, de pérdida de escala productiva por carencia de recursos, dificultades para acceder al sistema financiero y una fuerte incidencia de los compromisos impositivos que presionan con mayor fuerza que en el pasado (PIZARRO, J. 1998).

Sin embargo, no se observan en la localidad procesos de concentración de tierra a nivel de propiedad, lo que indicaría que, aún con un contexto económico desfavorable, la mayoría de los pequeños y medianos productores familiares han persistido. En cambio, se verifica un cierto grado de concentración productiva. La necesidad de aumentar la escala de producción y de saldar las deudas contraídas impulsa a propietarios y contratistas a aumentar la superficie trabajada a través del alquiler. Sin duda, habrá algunos mejor posicionados que otros para llevar adelante esta estrategia: los que disponen de maquinarias modernas, los que pueden correr el riesgo de pagar altos precios por la tierra y de adecuarse a las condiciones impuestas por los propietarios tendrán ventajas en la lucha por el control del recurso.

Algunas variables que nos permiten caracterizar a las unidades productivas de la localidad son:

Superficie trabajada y tenencia de la tierra: la mayoría posee parte o la totalidad de la tierra operada en propiedad. El promedio de tierra en propiedad es de 116 has. y la amplitud del rango hallado va de 15 a 400 has. Sobre el total de los productores locales, el 12% posee entre 1 y 25 has, el 26,5% entre 26 y 50 has, el 35% entre 51 y 100 has y el 26,5% más de 100 has. El 47% combina tierras propias más arrendadas.

Mano de obra: el trabajo es fundamentalmente familiar. En el 48% de los casos, las tareas son realizadas principalmente por un miembro de la familia y en el 52% restante por dos o más. El 40% de los productores contrata asalariados, generalmente en forma temporaria para las épocas de mayor trabajo como la siembra y la cosecha.

En el 51% de los casos, algún miembro de la familia desarrolla actividades extraprediales. La más frecuente (38%) es la prestación de servicio de labores de siembra, pulverización y/o cosecha en la localidad y en otras zonas.

Grado de capitalización: se verifica que en los casos que prestan servicio como contratistas de labor y/o toman tierra de terceros (63%) el grado de capitalización es mayor. Cuentan con sembradoras para siembra directa (algunas son adaptadas) y en el 90% de los casos poseen cosechadora, la mayoría de menos de 10 años de antigüedad. Por el contrario, aquellos productores que no han incorporado el contratismo de labor y/o de producción como parte de sus estrategias, poseen un menor grado de capital fijo en maquinarias. Incluso, el 13% contrata todas las labores a terceros (de siembra, culturales y de cosecha).

Actividad productiva: la mayoría de los productores realiza sólo agricultura y, dentro de ella, soja de primera o doble cultivo trigo-soja. El resto incluye en sus rotaciones otros cultivos: arveja y lenteja en sustitución del trigo y maíz, sorgo y girasol en proporciones menores a las destinadas a la soja.

El 81 % tiene residencia urbana y la minoría que permanece en el campo es, generalmente, la que combina con ganadería. (ALBANESI, R., ROSENSTEIN, S. et. al, 2001)

 

El planteo del problema

En este contexto, el objetivo del presente trabajo consiste en identificar los sistemas de conocimiento de los distintos grupos sociales presentes en la localidad desde los cuales se interpreta y evalúa el proceso de deterioro del suelo. Interesa analizar las categorías, valores, normas, atributos compartidos que definen el comportamiento de estos productores en relación con la sustentabilidad de los recursos naturales, cómo se han construido históricamente y el rol que han cumplido en esta construcción los organismos externos de difusión de tecnología.

¿Porqué nos planteamos este problema? El punto de partida lo constituye un trabajo de investigación anterior en el que se evaluó el grado de adopción del nuevo paquete tecnológico (siembra directa, variedades RR y riego) para el cultivo de soja entre los pequeños y medianos productores de la localidad, identificando las normas técnicas que guían la acción en respuesta a la difusión de nuevas prácticas. Dichas normas indicaban que, con respecto a la siembra directa, "no conviene jugarse por entero a una sola técnica". Por el contrario, "la soja RR constituye una alternativa tecnológica altamente conveniente", dado el menor costo en herbicidas y la simplificación del manejo. En cuanto al riego, la norma consensuada por el grupo local indicaba que "no es conveniente" debido a que la alta inversión inicial no justificaría la diferencia de rendimientos. (ALBANESI, R., ROSENSTEIN, S.; et. al. 2001).

Pero la mera identificación de los criterios de trabajo no bastaba para explicar como eran los mecanismos de producción de conocimiento a nivel local, los canales habituales de difusión y tratamiento de la información a través de los cuales ésta se crea, recrea y transforma. Fue por eso que, en una segunda etapa, reconstruimos las redes de diálogo que caracterizan a la localidad para poder conocer no sólo la relación que existía entre sus características morfológicas y la incorporación de nuevas prácticas sino también para explicar la incorporación diferencial en función de la posición que ocupan los actores en la red. (ROSENSTEIN, S.; et.al., 2001)

Observamos que existe en la localidad una red de diálogo densa en la que predominan los lazos de amistad y vecindad por sobre los de parentesco y trabajo, con múltiples puentes entre subgrupos y un alto grado de multipertenencia. Ello asegura que las normas de acción sean sometidas a la reflexión continua en los encuentros cotidianos.

En cuanto a las posiciones dentro de la red, habría un subgrupo más moderno, que adopta siembra directa en toda la superficie trabajada y que comienza a esbozar una nueva forma de ver y actuar en relación a la conservación del suelo. Dicho subgrupo se caracteriza por una mayor dotación de capital social y cultural, evidenciada en el elevado número de lazos efectivos que mantienen dentro de la red local y en una mayor disposición a la búsqueda de información técnica. Sin embargo, la posición diferencial no implica que el intercambio de información quede circunscripto a sus integrantes. A la hora de los encuentros son todos pares, ya sean vecinos, amigos, parientes o socios en el trabajo. Los más modernos no muestran pertenencia a un tipo de red específica.

La ausencia de fuertes jerarquías dentro de la red determina que muchos miembros del grupo local puedan ejercer la influencia necesaria para que las nuevas variantes a las normas sean consideradas y negociadas. Ello da como resultado una producción y transformación constante de los criterios de trabajo que se plasma en la adopción de nuevas prácticas en el marco de estrategias razonables para los actores. Dichas estrategias se caracterizan por la presencia de lo "nuevo" y lo "tradicional" en distintas proporciones en función de la significación que éstos le atribuyen para su propia práctica. En este sentido, para la mayoría de los productores, la incorporación de siembra directa más variedades transgénicas no significa sólo una técnica más. Forma parte de toda una estrategia productiva con la que se enfrentan al riesgo de pauperización y/o exclusión, en tanto redunda en una disminución de los costos de producción.

Contribuye a esta transformación constante del conocimiento la densidad de las relaciones con los técnicos del sector privado presentes en la localidad, considerados como pares con los cuales se puede hablar de las mismas cosas. Estos vínculos impulsan la hibridación entre distintos sistemas de conocimiento.

Ahora bien, dentro del paquete tecnológico de soja, la siembra directa es, desde el discurso técnico, una práctica tendiente a la conservación del recurso suelo. Sin embargo, las razones que esgrimían la mayoría de los agentes que la habían adoptado tenían que ver con la disminución de los costos de producción y la simplificación del proceso productivo que la práctica implica. La problemática de la sustentabilidad de los recursos naturales no aparecía, o bien aparecía débilmente como una nueva variante portada sólo por los más "modernos", dentro del marco con el que los productores observan e interpretan los fenómenos edáficos. Para éstos, el deterioro en sí mismo no constituiría un problema, no le otorgarían el mismo sentido que los técnicos le atribuyen en sus mensajes, no existiría aparentemente una representación colectivamente elaborada y compartida que permitiera interpretar el deterioro como parte de su realidad y actuar en consecuencia.

Nos preguntamos, entonces ¿cuáles son las categorías, valores normas, atributos compartidos que definen el comportamiento de estos productores en relación con la sustentabilidad de los recursos naturales? ¿con que marco interpretativo se percibe y se actúa en la vida cotidiana? ¿cómo se ha construido éste históricamente en la localidad, incluso con anterioridad al proceso de agriculturización? ¿qué rol han cumplido en esta construcción los organismos externos de difusión de tecnología?.

En síntesis, el presente trabajo se propone analizar el "conocimiento local" desde el que se interpreta y evalúa históricamente el estado de los recursos naturales como así también investigar las diferencias en las representaciones de los distintos grupos sociales presentes en la comunidad y los obstáculos que, hasta el presente, han impedido construir un sentido común acerca del problema.

 

MARCO TEORICO

La vida cotidiana se nos presenta como un mundo intersubjetivo: un mundo que compartimos con otros, compartimos los significados, compartimos un sentido común de la realidad que se nos presenta a todos.

Sin duda, el lenguaje es la forma más importante que tenemos como sociedad humana para objetivar nuestra subjetividad, para comunicar significados. Al posibilitar la objetivación, también nos permite retener y acumular la experiencia en un campo determinado (por ejemplo, en el campo de una ocupación que se comparte con otros).y esta acumulación resulta en un acopio social del conocimiento disponible para la praxis. "Sé que los otros comparten al menos parcialmente ese conocimiento y ellos saben que yo lo sé" (BERGER, P y LUCKMANN, T.; 1998) de modo que cada uno comprende el sentido de la conducta del otro. Este stock conforma directivas para la acción, para poder orientarse en el mundo y saber como actuar en cada situación práctica particular, "de normas habituales bajo la forma de recetas" (SCHUTZ, A., 1977).

El lenguaje aparece como el medio de construcción significativa del mundo característico de un grupo social y en una situación concreta (ALONSO, L.; 1998). Una construcción que se realiza por negociación desde las diferentes posiciones que ocupan los actores en el espacio social y que expresa los valores, percepciones y normas que caracterizan el punto de vista socialmente situado de ese grupo.

En el caso de los productores agropecuarios ¿cómo se construye ese stock de conocimientos que ponen en práctica en sus actividades? Es una producción del propio grupo, resultado del intercambio cotidiano de informaciones, experiencias y de la observación , es decir, de la cooperación a nivel de las ideas.

Esta actividad se cumple en las cadenas o flujos de diálogo, en las que, según la posición que ocupen los actores en el espacio social, todos participan en la construcción de las normas. Se construye así un sentido común entre sus miembros, una significación compartida de los objetos y acciones ligados a una actividad dominante: Desde esta perspectiva, la localidad, definida como "un grupo caracterizado por la co-presencia y la co-actividad" (DARRÉ, J.P:, 1985) aunque la co-actividad no implique necesariamente comunidad de intereses ni ausencia de conflictos, adquiere una importancia fundamental en la producción de conocimiento.

En el caso que nos ocupa, la agricultura es la actividad dominante tanto en términos de ocupación del espacio como de las personas implicadas directa o indirectamente en ella. Aún quiénes se dedican a actividades no directamente agrícolas (el "corredor" de cereales, el herrero) comparten el significado de los comportamientos que forman parte de la "cultura" local. La localidad no es sólo el espacio que facilita los encuentros cotidianos entre los productores, sino que "es un conjunto articulado de espacios sociales y geográficos donde tiene lugar la interfase entre éstos y las organizaciones, empresas e individuos que intervienen en su actividad técnica y económica" (ALBALADEJO, C., 2000). Dentro de estas organizaciones y/o individuos, adquiere importancia fundamental la relación con los organismos ligados a la generación y difusión de tecnologías, tanto de la esfera pública como privada.

Pero el stock de conocimientos de un grupo local no es unívoco, no todos los actores actúan de la misma manera. Existen múltiples y cambiantes marcos de interpretación que se negocian e interpretan en los encuentros cotidianos, generando nuevos conocimientos y nuevas prácticas. Y con más razón cuando la creciente complejización de la actividad exige dar nuevas respuestas ante nuevas situaciones. Pero estas interfases entre los distintos marcos no se producen sin conflicto en tanto están imbrincados en los procesos sociales más amplios que implican cuestiones de poder, de autoridad, de legitimación.

Lo que se negocia en el curso de la interacción son diferentes discursos sociales. Un discurso no es nada más que un texto producido por alguien en situación de comunicación interpersonal (ORTÍ, A.. 1989) pero, en tanto social, se constituye en expresión "de una red de posiciones de poder que son históricas y culturalmente específicas, construidas conflictivamente y por lo tanto dinámicas y mutables". Por ello, descubrir el conjunto de representaciones característico de un grupo social y confrontarlo con el de otros, resulta un camino de análisis del conjunto de las relaciones sociales presentes en la comunidad, en tanto los actores son "representantes subjetivos de posiciones objetivas". (ALONSO, L., 1998).

Lo dicho anteriormente nos resulta válido para analizar la relación entre técnicos y productores. Se trata de sistemas o stocks de conocimiento diferentes, portados por actores socialmente diferentes. Los primeros detentan mayor capacidad para convencer a los otros de la validez de sus propios puntos de vista, dado el lugar de mayor poder que la posesión del capital cultural "científico" (y que deviene en capital simbólico) les otorga. Pero además, al no reconocer que existen otras formas de conocimiento igualmente válidas y afirmar que poseen la "visión objetiva", no hay lugar para la negociación ni para la construcción de un significado compartido. El resultado es que técnicos y productores no hablan de las mismas cosas, no se refieren a la misma realidad, sus referentes no son los mismos y el resultado, es la falta de cooperación a nivel de las ideas.

 

METODOLOGÍA

La unidad de análisis de la presente investigación es el grupo local de productores de Zavalla. La categoría "productor local" fue definida por el espacio donde desarrolla la actividad social y económica y se asesora técnicamente y no por la estricta ubicación geográfica de la unidad de producción dentro del distrito.

De las 44 unidades familiares a cargo de productores considerados locales, se tomaron para esta etapa de la investigación 16 casos. Para la selección, priorizamos que estuvieran representadas las 6 categorías de adopción de innovaciones técnicas (siembra directa, variedades transgénicas y riego) construidas en el trabajo anterior, partiendo del supuesto que las categorías que los actores aplican a la observación del estado del recurso podían estar relacionadas con la adopción o no de la primera práctica, íntimamente vinculada a la conservación del suelo según el discurso técnico.

En relación a los técnicos, se identificaron todos aquellos que han tenido o tienen algún tipo de intervención en la localidad. Dentro de los organismos oficiales de generación y difusión de tecnología adquieren importancia la Agencia de Extensión del INTA más próxima (Roldán), la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario y el Programa Cambio Rural. Dentro de la actividad privada, los técnicos radicados en la localidad (cooperativa, agroquímicas) y los pertenecientes a la Asociación Argentina de Productores de Siembra directa (AAPRESID).

Como instrumentos de recolección de información, utilizamos entrevistas prácticamente abiertas porque, si bien, el protocolo contenía una serie de aspectos a indagar, la organización del discurso quedó en manos de los propios informantes.

La variable a relevar fue la representación que los productores tenían acerca del estado actual del suelo y las modificaciones experimentadas a lo largo del tiempo. Por esa razón, incluimos indicadores tales como la manera en que perciben el color, el estado de agregación y la fertilidad del recurso. Asimismo, relevamos las prácticas incorporadas, sustentables o no, en las que dicha representación se plasma y el sentido que dicha incorporación adquiere para los agentes.

Se buscaba aumentar la explicitación por parte del interlocutor de un discurso que no había aparecido espontáneamente en otras situaciones de entrevista, suponiendo que "lo que se dice en el curso de una entrevista se elabora en el curso de la misma, es decir, que no se trata de una actividad de extracción de un contenido pre-existente" (DARRÉ, J.P., 1985). El discurso no preexiste a la entrevista, aparece como una respuesta a una pregunta en dónde ambos interlocutores lo construyen juntos y juntos lo van (y se van) modificando.

Pero también debemos recordar que no todo pasa por el discurso: muchas veces las formas de ver y actuar de los actores operan directamente de "práctica en práctica" (BOURDIEU; P, 1980). No todos pueden dar cuenta con la palabra de lo que hacen o bien no saben como hacerlo. De ahí la importancia de considerar las líneas de acción en las que dichas formas se plasman.

En relación a los técnicos, no sólo nos interesaba indagar la representación acerca del estado del recurso suelo desde su propio sistema de conocimiento sino también el grado y tipo de intervención realizada en la localidad y la demanda de información por parte de los productores en relación a la conservación del suelo. De este modo, podríamos caracterizar el grado de "hibridación" entre ambos sistemas.


La elección del método

Para interpretar sociológicamente el discurso de productores y técnicos optamos por el análisis de contenido y, dentro de él, por la estrategia denominada intertextual. (NAVARRO, P; DÍAZ, C., 1998). El método trata de investigar las relaciones de asociación de las unidades significativas con su contexto, relaciones que pueden ser de atribución, de oposición, de establecimiento de relaciones, etc…El objetivo que perseguíamos era que estas relaciones hicieran aparecer, en primer lugar, la forma en la que los productores clasifican las prácticas y, en segundo lugar, el conjunto de rasgos que diferencian una clase de otra.

Según DARRÉ, J.P. (1985), "el sentido o uso que las personas hacen de las palabras se define por su empleo en las frases, por los vínculos que puedan establecerse, por sus diferentes valores contextuales en diferentes enunciados". Este uso pone en juego un sistema de clasificación. El uso construye, reconstruye y modifica los sistemas de clasificación y los pone en práctica.

Para llevar a cabo el análisis, definimos en primer lugar las palabras "pivote" o claves, cuyo sentido queríamos analizar y construimos la lista de contextos en las que dichas palabras aparecían. Si el objeto del estudio era el sentido que adquieren determinadas prácticas, las palabras "pivote" fueron precisamente el nombre de tales prácticas. A su vez, la idea de contexto implica que contiene una relación con alguna otra cosa que figura en el conjunto de palabras. El método consistió, entonces, en seleccionar del texto de las entrevistas la lista de contextos en los que estas palabras aparecen, estableciendo luego la relación entre el pivote y el contexto.

Para no hacer una descripción excesivamente detallada de la lista de contextos en los que los nombres de las prácticas aparecen, hemos optado por agrupar todos aquellos contextos en los que consideramos que éstos son usados con el mismo sentido, esto es, usados para designar el mismo efecto o función o la misma relación.

A la vez, sistematizamos las observaciones que los actores hacen del estado del suelo y las relacionamos con los rasgos o atributos asignados a las prácticas.

Finalmente, comparamos los atributos asignados a las prácticas por los productores y técnicos a fin de encontrar las similitudes y diferencias en el sentido del discurso.

 

EL DEVENIR DE LAS INTERVENCIONES TÉCNICAS EN LA LOCALIDAD Y SUS ACTORES.

No podríamos comprender la relación actual del grupo local con el sistema de conocimiento técnico si no consideráramos el proceso a través del cual éste ha intervenido históricamente en la localidad.

En términos generales, lo que se advierte es que el "técnico" viene de la mano de la difusión del cultivo de la soja, a mediados de la década del 70. Ello no significa que no haya habido presencia previa del INTA o de asesoramiento privado en forma esporádica: lo que queremos decir es que recién a partir de ese momento adquiere identidad para los productores como un sistema de conocimiento diferente al suyo, se empieza a construir sistemáticamente la interfase entre ambos.

La razón es simple: la soja es un cultivo nuevo, los productores desconocen su manejo, no pueden apelar a la experiencia acumulada para hacer frente a la nueva situación productiva. Entonces, comienzan a demandar información.

En el 70, el único organismo presente en la zona era el INTA que había instalado una Agencia de Extensión en Roldán en 1967 (distante a 20 km aproximadamente), a cargo de un técnico que debía atender todo el Departamento San Lorenzo. El contacto con los productores de Zavalla era sumamente escaso. Se limitaba a aquellos que, por su mayor disposición a la búsqueda de información, concurrían a la Agencia de vez en cuando. Sin embargo, hay que reconocer que fue ésta la precursora de la difusión de la soja en la zona, llevando a cabo ensayos y generando información acerca de las variedades más adecuadas, las fechas de siembra óptimas, tipos de herbicidas e insecticidas y dosis, etc.. La cooperativa local aún no disponía de un técnico.

En el año 1978 se instala en Zavalla un comercio dedicado a la venta de insumos que contaba también con una oficina de asistencia técnica. Simultáneamente, la cooperativa contrata un asesor.

La consulta por parte de los productores se vuelve más sistemática: acuden a ambos lugares cuando se encuentran frente a un problema y, a su vez, el técnico los visita en la unidad cuando es necesario. La estrategia fue tratar de solucionar cualquier problema que se le presentara al productor e incluso anticiparse al problema para lograr transformarlo en un "cliente" del conocimiento técnico. Pero, además, tanto la cooperativa como la agroquímica pasan a ser lugares de encuentro de los productores, favoreciéndose así los flujos de diálogo y de intercambio cotidianos.

Con la aparición en la década del 80 de herbicidas más complejos en su uso y más caros, se inaugura en la localidad otra forma de intervención: las reuniones masivas con productores o en grupos más pequeños. Pero también empiezan a diferenciarse las estrategias de la cooperativa y de la actividad privada. La agroquímica organiza charlas técnicas sobre el manejo de cultivos pero también reuniones comerciales para promocionar el uso de algún producto, éstas últimas a cargo de las empresas que lo elaboran. Su accionar en la localidad se prolonga hasta fines de los 80, época en que se traslada a Rosario.

La cooperativa también organiza charlas pero, en este caso, con la participación del INTA. Esta modalidad se profundiza a comienzos de los 90 cuando cambia el asesor técnico y se incorpora el hijo de un productor de la localidad. Aunque indirectamente, el organismo estatal comienza a tener cierta presencia en Zavalla a través de la cooperativa.

Cuando ésta quiebra a fines de los 90 desaparece para los productores la posibilidad de acceder a un conocimiento técnico no ligado a la venta de insumos. La acción indirecta del INTA también cesa: la Agencia de Roldán adopta la estrategia de hacer reuniones con los agrónomos de la zona y ya no con productores. Las charlas técnicas a las que los productores solían concurrir empiezan a hacerse muy esporádicas hasta desaparecer. El hecho de que haya un solo agente para atender a todo el departamento más la crisis presupuestaria de la institución en los últimos años, determinan que el contacto con los productores de Zavalla vuelva a limitarse a aquellos que acuden a la Agencia.

En los años 90, dos técnicos, uno de ellos oriundo de la localidad, se instalan con comercios de venta de insumos, acompañada de la prestación de asesoramiento y permanecen en la actividad hasta el 2000-01. Un tercero, también hijo de un productor local, se hace cargo de la unidad familiar y atiende las consultas de sus vecinos.

La Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa es otro organismo privado que ha tenido un cierto grado de intervención a nivel local. Su objetivo es difundir las ventajas de la siembra directa para lo cual organiza muestras dinámicas en campos de productores y otras actividades. Uno de sus dirigentes más importantes a nivel nacional y también técnico es, a la vez, un productor de Zavalla, de modo que algunas de estas muestras han tenido lugar en su predio. Además, viene implementando siembra directa desde hace más de una década y, por ello, su unidad es blanco permanente de la observación y la evaluación por parte del grupo local.

Finalmente, con respecto al Programa Cambio Rural, en la localidad despertó pocas expectativas. Sólo se formaron dos grupos que funcionaron mientras el Estado se hizo cargo de los honorarios del técnico y luego se disolvieron.

La Facultad de Ciencias Agrarias, que funciona en Zavalla desde 1994 no ha tenido ningún programa específico de intervención técnica dirigido a los productores. Se supone que su área de extensión presta servicios de asesoramiento que están al alcance de cualquiera que los demande.

En síntesis, queda en evidencia que los procesos de intervención en la localidad por parte de los organismos oficiales han sido erráticos, por lo que podemos suponer que han tenido poco impacto sobre la transformación de las prácticas productivas locales. Zavalla no ha sido una población definida como objetivo prioritario de desarrollo por parte del INTA.

La interfase entre el sistema de conocimiento local y el científico se fue construyendo lentamente en la comunidad, fundamentalmente de la mano de un nuevo cultivo, más bien de un nuevo paquete tecnológico, para el que la experiencia acumulada durante dos generaciones ya no resultaba válida. Esta interfase tuvo como actores fundamentales a los productores y los técnicos de la actividad privada, ya sea asesores de cooperativa o vendedores de insumos.

Y esto queda en evidencia cuando se analiza la densidad de los vínculos: los encuentros de los productores con técnicos locales son frecuentes mientras que son escasos con los de instituciones oficiales. La característica de "locales" y, a la vez, la de ser hijos de sus vecinos explica, en parte, la densidad de los diálogos: más que técnicos, los miembros del grupo local los consideran como pares con los cuales se puede hablar de las mismas cosas. Y se puede hablar en el lugar cotidiano dónde los hallen: en sus casas, en la calle o en el bar. No hay necesidad de concertar un encuentro formal, es casual y no formal.

En relación al tipo de información demandada, todos los técnicos coinciden en que es, fundamentalmente, "puntual". Con ello, quieren decir que los productores los consultan cuando tienen algún problema sobre algún aspecto específico del manejo del cultivo pero nunca en relación a cuestiones acerca del funcionamiento de la unidad como sistema (por ejemplo, la planificación de las rotaciones).

La demanda está centrada en la información que, desde el punto de vista de los productores, tiene una incidencia directa en los rendimientos, básicamente acerca de las nuevas variedades o híbridos que salen al mercado, dosis y momento de aplicación de fertilizantes, herbicidas e insecticidas.

La consecuencia es que la hibridación entre ambos sistemas, puesta de manifiesto en las prácticas productivas, es más notoria en dichos aspectos puntuales.

Cuando el cambio implica modificaciones en la organización del sistema como es el caso de la adopción de siembra directa, éste obedece más a la reflexión y a la observación entre pares que a lo que aconseja el técnico. La poca influencia que la difusión de la práctica tuvo en el cambio de estrategias de los productores queda demostrada por el hecho que, aunque éstos la venían observando desde hacía muchos años, fue la disponibilidad en el mercado de las variedades resistentes a glifosato lo que decide su adopción. La siembra directa cambia su significado: se transforma en una técnica "ahorradora" de costos.

Parecería que, en Zavalla, el discurso técnico no ha logrado imponer totalmente su forma "objetiva" de ver las cosas. Ha interpenetrado el sistema de conocimiento local en mayor o menor grado, dependiendo del capital cultural de los destinatarios, que guía la disposición a la búsqueda de información, y de los aspectos productivos que se ponen en juego. En este sentido, el subgrupo más "moderno" muestra un mayor acercamiento al discurso técnico, no sólo al de los profesionales locales sino también al de los que pertenecen a organismos oficiales (INTA, Cambio Rural).

 

EL SABER INCORPORADO A TRAVÉS DE LA TRADICIÓN Y LA EXPERIENCIA: ¿QUÉ SIGNIFICA SER "EFICIENTE"?

Todos los productores sin excepción rescatan la importancia del conocimiento transmitido de generación en generación, desde sus abuelos hasta ellos.

Sin embargo, dicho conocimiento no les resulta suficiente frente a las continuas transformaciones tecnológicas que impone el contexto. De lo contrario, no se establecerían en la comunidad vínculos densos con el conocimiento técnico. Precisamente, la necesidad de incorporar el paquete tecnológico para el doble cultivo trigo-soja es lo que determina que se les vuelva evidente la insuficiencia de lo aprendido por tradición y experiencia.

Si bien la mayoría de los productores enuncia que consulta con frecuencia u ocasionalmente a los técnicos, por otro lado, el 50% cree que lo aprendido les ha bastado para manejarse "eficientemente" en la producción.

Notemos dos cuestiones: la primera es que los productores relacionan la validez del conocimiento adquirido por la tradición y la experiencia con la "eficiencia". ¿Qué significa para ellos la eficiencia? Significa haber aprendido a prueba y error y "siempre experimentando" a trabajar con los menores costos posibles, con las mejores inversiones posibles, ahorrando en la compra de implementos porque "saben" como readaptarlos, ahorrando en la mano de obra.

"...somos una especie de cooperativa chiquita, por eso uno puede crecer algo. Y el ritmo de vida siempre igual….Se hace un poco de números para ver que nos conviene..." (Propietario y contratista de producción, 500 has en sociedad)

"…Hacemos todo: la mecánica, arreglamos las cubiertas…Las cosas las venimos manejando más o menos bien pero estamos continuamente haciendo reformas (se refiere a las máquinas)... Y no contratamos ningún servicio" (Propietario, contratista de producción y de labor, 652,5 has).

La segunda cuestión es que el discurso de los productores vuelve a poner en evidencia la idea de que el conocimiento técnico sirve para evacuar dudas puntuales. Para el manejo "eficiente" de la unidad productiva, el saber adquirido por la tradición y la experiencia no sólo es suficiente sino que, incluso, hasta es superior el científico. Se le atribuye al primero el valor de lo "práctico" en oposición a la menor validez de lo "teórico" del segundo.

"…El ingeniero está más con la teoría y nosotros con la práctica. Hay ingenieros que me vienen a preguntar a mí" (Propietario y contratista de producción, 930 has)

El 50% restante, la mayoría perteneciente al grupo más "moderno", enuncia que su saber no es suficiente: "hay que superarse", "hay que buscar las novedades", "nunca se termina de aprender". No expresan explícitamente cuales son los aspectos en los que hay que aprender pero no sería arriesgado afirmar, en función del tipo de información que demandan a los técnicos que, también en este grupo, su saber es suficiente para organizar los recursos de la unidad e insuficiente para aprehender el conjunto de nuevas variedades y agroquímicos que salen al mercado.

El valor atribuido al saber proveniente de la tradición y la experiencia se pone de manifiesto a la hora de enunciar quiénes son los productores "innovadores". Para el grupo local "innovador" no significa ser "de punta". Por el contrario, nombran a pares que han desarrollado estrategias alternativas de producción y gestión, basadas en la explotación de la mano de obra de la familia y en la disminución de los costos. Comienzan igual que todos pero el ahorro les va permitiendo ir ampliando la escala de producción, priorizando la inversión en tierra y en el tipo de infraestructura que le otorgue mayor autonomía al sistema con respecto a las variaciones del contexto (por ejemplo, planta de silos). Entonces, los "innovadores" son los que "saben", son pares que han sido más "eficientes" en el uso del conocimiento adquirido por tradición y experiencia. Pero esa cuota de mayor saber que el grupo les atribuye no se traduce en un recurso de poder. Son pares con los que se conversa cotidianamente y, al ser pares, no tienen necesidad de ejercer su poder simbólico para enrolar al resto en un proyecto en el que, al ser compartido, ya están todos enrolados.

Vale la pena comparar la percepción que los miembros del grupo local tienen acerca de la validez de su saber con el de un productor grande, dueño de una de las estancias que perduran en la localidad y portador de un capital cultural diferente. Es universitario, aunque no en el área de la agronomía y no proviene de tradición agropecuaria. Reconoce su falta de formación, razón por la cual consulta con frecuencia a los técnicos. Pero, a su vez, no sintiéndose parte del grupo local enuncia:

"no me siento parte porque los productores no han evolucionado en nada…la gente nació hace 40 años en el campo y siguen opinando y haciendo lo mismo" (Propietario, 740 has propias)

Es interesante tomar esta cuestión del saber para analizar los focos locales de poder en la comunidad. Fijémonos cómo la desvalorización del saber como estrategia para no atribuir poder o, lo que es lo mismo, la revalorización de su propio saber frente al de los demás, circula desde los técnicos en relación a los productores en general, desde los productores que no forman parte del grupo local y con cierto capital cultural en relación a los miembros del grupo y desde éstos nuevamente hacia arriba.

La estrategia del grupo local es, sin duda, una estrategia de resistencia. Valorizar lo "práctico" implica resistir a que el conocimiento generado en la comunidad a través de las generaciones quede subsumido en la homogeneidad impuesta por el conocimiento modernizante, portado por los técnicos que "vienen de afuera". Con los locales es distinto: la mutua atribución de ignorancia disminuye en intensidad, están más cercanos a lo práctico. Son portadores de un conocimiento en dónde lo aprendido por tradición y experiencia se imbrinca con el saber técnico: precisamente esta característica de su capital cultural, poco valorizada por la comunidad científica, es la que les permite ser reconocidos por los productores en un espacio de mayor poder simbólico. Por el contrario, con los portadores del "verdadero" capital científico (AAPRESID, INTA, Facultad) no pueden hablar de las mismas cosas "prácticas".

A modo de síntesis, podemos decir que las características que el proceso de hibridación entre repertorios culturales adquiere en la localidad se explican fundamentalmente por tres factores relacionados entre sí. En primer lugar, por el concepto de "eficiencia", esto es, el valor atribuido por el grupo local al saber incorporado a través de la tradición y la experiencia que se traduce en una demanda de información técnica que se limita a aspectos puntuales del manejo de los cultivos. En segundo lugar, por las características que asume la construcción de la interfase entre los sistemas de conocimiento local y científico reciente en el tiempo y con escasa intervención por parte de los organismos oficiales y privados (AAPRESID). En tercer lugar, por las relaciones de poder-saber que se establecen en la comunidad y que determinan la construcción de estrategias de resistencia por parte de los productores tendientes a impedir que su sistema de conocimiento sea subsumido por el técnico.

Estas características son fundamentales a la hora de intentar comprender e interpretar como se construye el conocimiento local acerca del estado del recurso suelo en la localidad. En función de ellas, comienza a cobrar sentido la hipótesis planteada al comienzo: los productores no tendrían "conciencia" del problema del deterioro, no existiría una representación colectivamente elaborada y compartida que permitiera interpretarlo como parte de su realidad y actuar en consecuencia. Además, cabría esperar que no se haya producido hibridación entre sistemas de conocimiento en este aspecto y, por lo tanto, no exista construcción de un sentido común entre técnicos y productores.

 

EL CONOCIMIENTO LOCAL ACERCA DEL DETERIORO DE SUELO

Priorizar y adoptar no significan lo mismo

La clasificación de prácticas en las que "mantienen o mejoran" y las que "deterioran" fue "impuesta" por el equipo investigador con el objetivo de lograr la explicitación del sentido que define el comportamiento de los productores en relación al suelo. Sin embargo, el tipo de práctica que pertenece a la primera clase es una construcción del propio grupo, quien a la vez, y aunque no siempre aparezca explícitamente, define el tipo de prácticas que forma parte de la clase contraria, esto es, que "deteriora".

Para el grupo local, las prácticas que pertenecen a la primera clase son: las pasturas, la rotación con maíz o sorgo, la siembra directa y otras en menor proporción. A la hora de priorizar, el 64,7 % de los productores considera que "la ganadería es lo ideal" para el suelo, el 23,5% le otorga esa característica a la rotación agrícola con la incorporación de maíz o sorgo y sólo el 11,8% hace lo propio con la siembra directa.

Que las ubiquen dentro de la clase que mantiene o mejora en un determinado orden de prioridad, no significa necesariamente que las adopten.

Así, sólo un productor de los entrevistados ha mantenido a lo largo de los años la rotación con ganadería. También adopta siembra directa pero combinada con labranza reducida. Decimos que la ha mantenido porque históricamente y con anterioridad al proceso de modernización, estas unidades fueron mixtas, combinando la actividad tambera con la agricultura. Hoy, los productores enuncian que no pueden volver a esa estrategia por la alta inversión inicial que requiere en infraestructura y animales y por la menor rentabilidad de la ganadería en relación a la agricultura.

"la ganadería es una opción buena, pero desarmamos todo, hoy es casi imposible" (Productor propietario, 50 has)

El 50 % de los productores ha incorporado la siembra directa con la inclusión de maíz y/o sorgo en la rotación. No todos la hacen en toda la superficie trabajada: la adoptan para el cultivo de segunda pero no para el de primera tanto en tierra propia como arrendada o prestan el servicio a terceros y/o realizan siembra directa en tierra arrendada pero mantienen la labranza convencional o reducida en la tierra propia. En este último caso, la adopción responde generalmente a una exigencia por parte del dueño de la tierra. También, algunos productores enuncian que no le asignan al maíz y/o sorgo toda la superficie que debieran por su menor rentabilidad en relación a la soja.

El 29,4 % ha incorporado la siembra directa pero sin incluir maíz o sorgo en la rotación. Salvo un caso, todos han abandonado la labranza convencional y/o reducida y deciden no hacer ninguno de estos cultivos por la misma razón que los anteriores. Le asignan mayor importancia al riesgo económico que implica reemplazar superficie dedicada a soja por maíz o sorgo.

El 17,6% incorpora maíz y/o sorgo pero mantiene la labranza reducida o convencional para toda la superficie, porque consideran que tiene un menor costo que la directa, porque no han adoptado las variedades transgénicas asociadas a la práctica o porque no disponen de la máquina y le otorgan mayor importancia al costo que implica la contratación de la labor que a las ventajas que podrían obtener.

Los productores coinciden en su mayoría (88,2%) en asignarle al doble cultivo trigo-soja de 2ª la característica "que deteriora". No en todos los casos aparece explícitamente de esta manera pero las prácticas que mencionan están asociadas con la anterior. Así, incluyen en esta clase la "soja", la "sobrecarga de cultivos", el "excesivo laboreo" ,"el abandono de la rotación agrícola-ganadera. También se atribuye esta característica al "uso excesivo de productos químicos", fundamentalmente herbicidas, asociado a la implementación de la siembra directa.

Lo cierto es que estos actores priorizan para la conservación del suelo prácticas que no adoptan (ganadería) y no priorizan las que adoptan casi masivamente (siembra directa). Por otra parte, si bien el doble cultivo ha disminuido en superficie en los últimos años, sigue siendo la actividad dominante. A lo sumo ha sido reemplazado en parte por soja de primera. Esto nos lleva a pensar, a priori, que esta clasificación no sólo no define sino que, ni siquiera es tenida muy en cuenta a la hora de las opciones.

 

Los atributos asignados a las prácticas

Si no se puede establecer una relación entre las priorizaciones y la adopción de las prácticas, cabría esperar la misma falta de relación a la hora de analizar los atributos asignados a las mismas. Es decir, la asignación de rasgos positivos o negativos para el suelo a una práctica en particular no incidiría fuertemente en su grado de adopción. No deja de llamar la atención que exista un conjunto de representaciones acerca de un objeto determinado (en este caso el suelo) que no se traduzca en la práctica concreta. Sin duda, hay otras razones que están primando en la construcción de las formas de ver y actuar de los productores de Zavalla.


Prácticas que "mejoran o mantienen
"

1- Siembra directa: De los productores que la adoptan total o parcialmente (82,3 %), la mayoría (64,3%) le atribuye características sólo positivas mientras que el resto (28,6%) tanto positivas como negativas. Incluso en un caso, son sólo negativas. Entre los que no la han incorporado priman los rasgos negativos o bien , optan por no explicitarlos.

Se le asigna a esta práctica dos funciones prioritarias. Una de ellas es hacer "cobertura que protege la humedad del suelo" o "evitar la evaporación". La segunda es "evitar que el agua corra y haya erosión" "que se formen canales", "los golpes de agua fuertes", "que se lleve la tierra", "haya menos lavado". En términos técnicos, la siembra directa tendría el efecto de favorecer la acumulación de agua en el perfil y evitar los procesos de erosión hídrica y eólica.

Los menos relacionan la falta de labranza con el aumento de espesor de la capa arable y con su color: "hace más capa negra", "toma de nuevo el color de la tierra negra", o bien directamente con la fertilidad "el campo es más fuerte".

Aparecen dobles relaciones, tales como "los mismos bichos que hacen agujeritos se encargan que se filtre el agua", aludiendo a que la mayor actividad de la micro y mesofauna debida a la acumulación de materia orgánica ayudan a mejorar la porosidad.

Los atributos positivos enunciados por algunos tales como "la tierra se afloja", "hay menores problemas de encostramiento", "se plancha menos", se contraponen a otros que expresan atributos negativos en relación al mismo aspecto: "produce compactación", "la tierra se aprieta", "el suelo se pone muy duro", "al grano le da mucho trabajo para salir"

Otros rasgos negativos no se refieren a funciones específicas sino a relaciones que los productores establecen entre la siembra directa y el manejo asociado a la misma, tales como el uso en exceso de productos químicos: "tantas fumigaciones le hacen mal al suelo", "la tierra no se da vuelta y se le vuelve a poner fertilizante"

Los actores que no optan por incorporar la práctica establecen una relación de oposición con otros sistemas de labranza: "los resultados se ven después de 5 años, los primeros años se pierden quintales". Vemos que, aún cuando se pregunte explícitamente por el estado del suelo, los productores no pueden dejar de relacionar cualquier práctica con los rendimientos que influirán directamente en los ingresos de la unidad productiva. En menor proporción, aparecen otros rasgos negativos tales como la función, ya mencionada, de mayor compactación o relaciones con los factores climáticos: "las lluvias se llevan la cobertura y la amontonan contra el alambrado".

2- Rotación con maíz y/o sorgo:En relación a la inclusión de estos cultivos en la rotación, los productores sólo enuncian atributos positivos, incluyendo aquellos que no la realizan.

La función más frecuente que cumple esta práctica es la de "hacer materia orgánica", "incorporar rastrojo". Algunas veces, esta función aparece más complejizada al ser relacionada con la fertilidad: "ayuda por la basura", "la cobertura engorda el campo"

El segundo atributo más frecuente es que la "soja sobre rastrojo de maíz rinde más", también explicitado como relación de comparación "el maíz en enero deja de chupar del suelo y la soja deja de chupar en abril". En ambos enunciados se pone de manifiesto nuevamente la relación con el rendimiento y la priorización que los productores hacen de los cultivos: la soja ocupa el centro de la escena de la estrategia productiva y los demás adquieren su sentido en relación a ella.

Otra función que cumple la inclusión del maíz en la rotación es que "la tierra de maíz es más blanda cuando está seca" "queda como una esponja", "mejora la mecánica del suelo", en obvia referencia al mejoramiento de la estructura que produce el mayor aporte de materia orgánica. Otros enunciados avanzan un poco más en la relación afirmando que "al dejar el campo grueso, el agua no dispara de golpe", lo que podría referirse tanto a la mayor penetración del agua en el perfil como al menor arrastre de partículas.

Finalmente, aparece otra función "el barbecho mantiene la humedad" que adquiere el mismo sentido que "el calor no aprieta a la planta"

3. Rotación agrícola – ganadera: Casi todos le atribuyen rasgos positivos, un caso tanto positivos como negativos y dos sólo negativos. Recordemos que sólo un productor mantiene la ganadería en la localidad. Pero, en general, cuando se refieren a esta práctica, no hablan de los atributos de una rotación: se limitan a enunciar los efectos de la inclusión de ganado y de la siembra de pasturas.

En este sentido, la gran mayoría opina que el rasgo más notable es que aporta "nitrógeno natural", en alusión a que es mejor lo "natural" que el empleo de fertilizantes. O bien, con el mismo sentido "hay mayor fertilidad", "los cultivos tienen más fuerza", "dónde hay una bosta de vaca va a haber el manchón más alto".

En mucha menor proporción, aparecen funciones referidas a la acumulación de agua "el campo aguanta el doble la sequía" y a la ausencia de laboreos en el período de duración de las pasturas "la tierra descansa, no se mueve"

Los atributos negativos se refieren al pisoteo de los animales, aludiendo a que la función de la ganadería es la de producir compactación.

Finalmente, algunos productores relativizan los atributos positivos de la práctica, estableciendo una relación con aspectos del manejo: "no mejora porque los potreros se pierden al tercer año" o bien "mejora cuando la pastura se explota a medias", en referencia a las consecuencias del sobrepastoreo.


Prácticas que "deterioran"

Resumiremos este punto, diciendo que cuando los productores se refieren al doble cultivo o a la soja, le asignan las funciones contrarias a la rotación agrícola y/o agrícola ganadera. Las que aparecen más frecuentemente son, por un lado, que "saca fertilidad", o que "enflaquece" la tierra, o que "extrae nutrientes 2 veces al año". Por el otro, con la soja "no hay cobertura", "no incorpora nada", "baja la materia orgánica".

Aún cuando no se han consignado todos sino aquellos que aparecen en el discurso con mayor frecuencia, es notable la diversidad de atributos asignados a una sola práctica, lo que evidencia la existencia de una multiplicidad de construcciones individuales.

Hay funciones que son atribuidas a más de una práctica a la vez, por ejemplo, la de mayor conservación de la humedad, la de incorporar materia orgánica y la de evitar los procesos erosivos. Los productores no establecen ninguna relación entre prácticas aunque le asignen el mismo efecto. Para ellos, cada una tiene un efecto determinado en el suelo e independiente del que produce otra. Por eso, una práctica que mantiene o mejora puede ser la siembra directa por un lado o la inclusión de maíz por el otro, lo que se traduce concretamente en sus opciones productivas.

Esta manera de ver las cosas es casi una constante entre los productores de Zavalla, independientemente de su mayor cercanía o distancia al discurso técnico o de la posición que ocupan en el espacio social. Esta última se evidencia quizás más en el uso de las palabras. Pueden emplear, por ejemplo, el término materia orgánica o basura o cobertura (más científicas o más comunes) pero en todos los casos tiene el mismo sentido: incorporar algo que le hace bien al suelo porque su presencia física dificulta la evaporación o que el agua de lluvia adquiera velocidad y produzca arrastre de partículas pero no se establece relación alguna entre prácticas. En realidad, es el maíz el que aporta el alto volumen de rastrojo, el que hace la "cobertura" y la ausencia de laboreo permite que se acumule en superficie. Y son estas relaciones las que constituyen el sentido de lo que dice el técnico.

Lo importante es que, a pesar de la multiplicidad de marcos de interpretación, entre los productores de la localidad existe consenso. Consenso no en el sentido de la falta de diferencias, sino en el sentido de que, a través de la acción comunicativa, los actores logran un acuerdo sobre los puntos problemáticos y los núcleos temáticos de su conversación. Acuerdo en el que reconocen los valores y las claves que arman su mundo de la vida y desechan lo que sienten extraño y desconocido (HABERMAS, J., 1999).

 

EL CONOCIMIENTO TÉCNICO ACERCA DEL DETERIORO DE SUELO

El discurso técnico coincide básicamente con el de los productores en las prácticas clasificadas como "que mejoran o mantienen" y "que deterioran". En general, reinvindica la rotación agrícola-ganadera como la ideal, seguida por la rotación agrícola con cultivos anuales capaces de aportar cobertura al suelo. Coinciden también en que el monocultivo asociado al excesivo laboreo es el responsable de la disminución del % de materia orgánica y de la consecuente pérdida de estructura y densificación del suelo.

La diferencia de sentido con los productores, diferencia que existe inclusive entre los propios técnicos, radica en una mayor relativización de la siembra directa como práctica conservacionista. El discurso técnico sostiene que la acumulación de humedad y la incorporación de materia orgánica no tienen que ver directamente con la eliminación de la labranza sino básicamente con la incorporación de cultivos de alto volumen de rastrojo. Por ello, no sólo la siembra directa sino también otros sistemas como la labranza reducida pueden contribuir a mejorar las propiedades edáficas.

"la siembra directa sin cobertura no asegura casi nada y la cobertura se consigue con la rotación..." (técnico de INTA)

Ambos sistemas de conocimiento comparten la forma de clasificar, lo que no comparten son los atributos asignados a las prácticas que constituyen la clase. El discurso técnico no habla de prácticas aisladas, habla de un "sistema o de un criterio conservacionista·" que no cumple tal o cual función sino que persigue un "objetivo". El sentido está puesto en negar que una práctica sea conservacionista en sí misma: es el criterio conservacionista el que determina que y cómo se integran en cada situación particular. El objetivo es aumentar el % de MO en el suelo, volver al 6% que tenía cuando había pastizales naturales para algunos mientras que otros ponen el énfasis en mejorar la economía del agua en el suelo. Para ello es necesario incorporar un conjunto de técnicas interrelacionadas entre sí, diferentes según se priorice uno u otro objetivo, pero que incluyen: uso de variedades adecuadas, sistema de labranza, maquinarias adaptadas, nuevos espaciamientos entre hileras de plantas, fertilizaciones, rotaciones agrícolas y agrícolas-ganaderas y manejo de los rastrojos. Y este sentido de lo conservacionista es compartido, en mayor o menor grado, por todos, incluidos los locales más cercanos a lo "práctico".

"Todas estas personas que están sembrando directamente sus cultivos, no están haciendo siembra directa...Porque la siembra directa es un sistema, imbuido de una cantidad de factores complementarios que son coadyudantes para el éxito, si no se usan todos esos factores complementarios no es siembra directa, están sembrando directamente para abaratar costos..." (Técnico de AAPRESID)

"No existen las prácticas conservacionistas. Existen las prácticas realizadas con un criterio conservacionista…Es un gran paquete, cada una de acuerdo a la condición que el diagnóstico previo te diga que es la mejor.." (Técnico de la Facultad de Cs Agrarias).

Tomemos como ejemplo la cuestión de la fertilización, sumamente demostrativa de las diferencias de sentido. Casi todos los productores de la localidad fertilizan sus cultivos, fundamentalmente trigo y maíz. En soja, lo hacen en mucha menor proporción puesto que el fertilizante que se le echa al trigo, es aprovechado también por el cultivo siguiente. Las dosis que utilizan son variables, dependiendo de la situación financiera en el momento de la compra o de lo que "conocen" de su suelo. Inclusive algunos productores las disminuyen porque temen que, a largo plazo, los fertilizantes afecten al suelo. La función de la fertilización es obvia: aumentar o, por lo menos, mantener los rindes y, por lo tanto, los ingresos de la unidad.

Para el técnico, en cambio, la fertilización es un elemento importantísimo del sistema puesto que debe contribuir no sólo a reponer los nutrientes que absorbe el cultivo sino, también, a aumentar el porcentaje de materia orgánica en el suelo. Para ello, hay que incrementar las dosis lo que implica, generalmente, disminuir el margen de ganancia puesto que el aumento de rindes no alcanza a compensar el mayor costo del fertilizante.

La diferencia de sentido entre ambos sistemas de conocimiento se evidencia en que mientras el técnico "mide" el impacto que un conjunto de prácticas tiene sobre los indicadores edáficos, el local opera a partir de la observación de los cambios que cada práctica produce en el suelo, esto es, de su función y la medida de la función son los rendimientos. Podría pensarse que la diferencia con el sistema técnico es que carece de una visión holística. Creemos que no es así: lo que varía entre ambos es lo que se entiende por el "todo". Mientras que para uno la interrelación entre los elementos del sistema debe conducir a aumentar el % de materia orgánica en el suelo o a mejorar la acumulación de humedad a través del control del proceso, para el otro debe apuntar a la reproducción económica y social de las unidades partiendo de los recursos de los que disponen.

 

¿QUE Y CÓMO OBSERVAN LOS PRODUCTORES LOS CAMBIOS PRODUCIDOS EN SU SUELO?

Históricamente, padres y abuelos representaban el recurso bajo la categoría de "interminable", categoría razonable si se piensa en un modelo tecnológico basado en la rotación agrícola-ganadera, un cultivo al año durante el ciclo agrícola (maíz), la tracción a sangre y la ausencia de insumos energéticos.

En tanto "interminable", no se percibía como preocupación, no formaba parte de los diálogos cotidianos del grupo familiar. Y ello se evidencia en el hecho que muy pocos productores recuerdan lo que sus padres o abuelos decían acerca del estado del suelo. Sólo los más viejos enuncian que el suelo ha cambiado mucho:

"la tierra de tambo era…imaginate cuando empezamos a trabajar con cosecha que en aquella época se sembraba maíz…era una tierra mucho más negra, más suelta por la gordura…" (Propietario y contratista de producción, 500 has)

Lo que recuerda la mayoría es la condición en la que debía quedar el suelo luego de la labranza para que ésta fuera clasificada como un buen trabajo:

"Un polvo…No la dejaban que vengan los yuyos. No, había que tenerla limpia. La mentalidad de mi padre era esa" (Propietario y contratista de producción, 125 has)

"Mi viejo piensa que los suelos son los de antes Y te dice: mi padre araba y quería ver tierra negra…limpia, sin basura (se refiere a las malezas). Y no entiende que son otros calores, otras temperaturas, se terminó la materia orgánica, tenés mayor erosión del suelo porque los potreros han desaparecido. Estamos en un tire y afloje con mi viejo..." (Propietario, contratista de producción y de labor, 350 has)

Es evidente que la representación que se va construyendo dentro del grupo local es la de una naturaleza inalterable, aún bajo normas de trabajo consensuadas que exigían un excesivo refinamiento del suelo y ausencia de toda cobertura vegetal. Representación contradictoria si se quiere: la intervención humana sobre la naturaleza no provocaría ningún cambio. Y en efecto, ésta última no ofrecía ninguna restricción bajo el modelo tecnológico vigente en ese momento, por lo tanto, no era necesario discutir las prácticas de labranza en la interacción cotidiana.

Representación que es intrínseca al repertorio cultural local, anterior a toda penetración e hibridación con repertorios externos.

Ahora bien ¿esta representación se ha modificado en el curso de los últimos 20 años, bajo un modelo tecnológico altamente productivista como el actual? ¿qué es lo que han observado y que observan hoy estos actores del estado de su suelo que los lleva a construir su punto de vista acerca de las prácticas que mejoran o deterioran? ¿perciben o no los cambios ocurridos? ¿con que valores, normas o categorías interpretan e incorporan lo que observan?

Nuevamente, debemos aclarar que agruparemos los aspectos que los actores observan e interpretan según las categorías "técnicas" indicadoras de los procesos de deterioro. Estas son color, estructura y fertilidad del suelo.

Color:

La mayoría (58,8%) observa un cambio de color en la capa superficial: la ven "más blanca", "más clara", "más pálida". Interpretan que puede atribuirse a problemas de fertilidad debido a una mayor extracción de nutrientes por parte del doble cultivo o bien, a la escasa aplicación de fertilizantes. Otros creen que se debe al uso excesivo de "venenos" (insecticidas y herbicidas). También encontramos aquellos que no observan cambio alguno o, mejor dicho, en el pasado el color era "anormal" y ahora ha vuelto a la normalidad debido a que "antes con el arado se sacaba tierra colorada" y los que enuncian que nunca han prestado atención a este aspecto.

Estructura:

1- Presencia de canales, surcos y lagunas: Casi todos los productores, (70,6%) observan que tienen en sus campos más surcos y canales que años atrás. Ven que, cuando llueve, el agua corre con más fuerza y se lleva la tierra: "se lleva una o dos camionetas de tierra por lluvia", que los canales pequeños se transforman en cárcavas, recuerdan que antes la presencia de alambrados y potreros permitían "frenarla", que con labranza convencional el agua "embala" más, que cuando hay cobertura el agua no se lleva la tierra tan fácil, que la tierra está finita y eso facilita que sea arrastrada, "que las rutas y las construcciones van cercando como diques" y el agua adquiere mayor velocidad que antes. Los que consideran que no ha habido cambios en este aspecto recuerdan que canales siempre hubo debido a los "trastornos meteorológicos" o bien que no se han incrementado en su campo debido a la incorporación de siembra directa o a la realización de la labranza "en contra de la correntada".

Quizás sea este uno de los aspectos que los productores observan más fácilmente, uno de los más evidentes y que constituye, sin duda, uno de los criterios que construyen los atributos y la adopción de las prácticas "que mejoran o mantienen".

2-Dificultades en la emergencia de plántulas: Este aspecto no es tan fácilmente observado. La mitad cree que las dificultades se han incrementado y la otra mitad que no ha habido cambios. Los primeros ven que la emergencia se dificulta porque hay mayores problemas de "encostramiento" de la capa superficial después de una lluvia que, a su vez, aumentan con labranza convencional o, por el contrario, las plántulas tienen más problemas para nacer con la compactación que produce la siembra directa o, en otros casos, interpretan que los problemas de emergencia se deben a la menor fertilidad del suelo: "la tierra perdió fuerza". Los segundos recuerdan que antes y ahora se trata de una cuestión que depende básicamente de la semilla (variedad y energía germinativa) y que se soluciona aumentando la densidad de siembra.

3- Problemas de stress hídrico: La mayoría (82,3%) observa que los cultivos sufren la sequía más rápidamente con lluvias de igual intensidad y a intervalos similares. En términos generales, interpretan que se debe a una gran diversidad de causas que podrían resumirse en una menor retención de agua en el suelo y a los cambios climáticos: "el sol pega cada vez más".

Muy pocos enuncian que esta menor retención tiene que ver con la falta de cobertura. Dada la importancia que los productores asignan a esta última como atributo de las prácticas, podríamos haber supuesto que esta relación adquiriría más importancia en la construcción del conocimiento local.

4- Polvo: La mayoría (58,8%) observa que vuela más polvo detrás de las máquinas ahora que antes. Coinciden en que al pasar una rastra los días de viento "se hacen remolinos que se ven desde el pueblo" y esto también es evidente cuando se transita por los caminos. Es así porque perciben que la tierra está "finita, como una nube". También coinciden en la interpretación: la voladura se relaciona con el tipo de labranza, por lo tanto, se puede evitar con siembra directa.

Los que creen que no ha habido cambios en este aspecto, señalan que siempre voló polvo al pasar rastras en días de viento y a determinadas horas del día. Quizás la intensidad era menor porque los tractores trabajaban a menor velocidad que en la actualidad.

5-Capas compactadas: Dentro de esta categoría, los productores incluyen tanto la presencia de capas compactadas en profundidad, tipo piso de arado, como las superficiales.

Los que han observado que el problema de las capas compactadas se ha agravado en los últimos años (52,9%) enuncian que a una profundidad de 18-20 cm las herramientas no clavan más, que "no clava ni un destornillador" y que las raíces de las plantas se doblan porque no pueden atravesarlas. También incluyen los problemas de encostramiento o planchado después de una lluvia, ya enunciados, y la compactación que produce sobre todo la cosechadora cuando entra al lote con piso húmedo.

El resto dice no tenerlas o que no han prestado atención.

Para este aspecto en particular, las interpretaciones son variadas y contradictorias aunque todas coinciden en que se deben al uso de determinadas maquinarias. Están los que creen que el piso de arado es producido por "el disco" o la labranza reducida o los que sostienen que es el cincel "que desacomoda abajo, le llega el sol y la lluvia y se compacta".

6- Disminución de la capa arable: El 50% no observa disminución del espesor de la capa arable en los últimos años o bien no han prestado atención. Los que afirman que sí ha disminuido, ven que arando a menor profundidad que antes (15 cm ) ya se saca tierra gredosa, colorada y coinciden en la misma interpretación: la causa ha sido el excesivo laboreo que ha favorecido los procesos de erosión tanto hídrica como eólica. Si es así, la siembra directa ayudaría a revertir esta situación, en tanto la cobertura, al descomponerse, aumentaría la capa de tierra negra.

Fertilidad:

1- Rendimientos: Quizás sea este el punto en dónde hay mayor coincidencia en las observaciones e interpretaciones de los productores. Todos creen que han aumentado en los últimos años o, por lo menos, que no han disminuido y acuerdan en que se debe a las nuevas variedades de mayor potencial de rendimiento y al uso de fertilizantes. Los menos atribuyen el mantenimiento de los rendimientos a las rotaciones con ganadería y/o con maíz.

Sólo dos productores ponen ciertos reparos aunque no contradicen lo anterior. Uno de ellos interpreta que "la genética reemplaza al deterioro de suelo".y el otro que, incluso con fertilizantes, hay menores rendimientos en lotes que vienen de muchos años de doble cultivo trigo-soja "Cuando un tipo está fusilado por más que lo pichicatees, se levanta y al rato cae"

2- Manchones de plantas más amarillas o de menor altura: Hay coincidencia en que no se observan manchones en lotes fertilizados y si los hay es porque se deben a la presencia de enfermedades (roya) o son zonas más bajas en dónde "para" el agua.

 

DEL PROBLEMA DEL DETERIORO DE SUELO "NO SE HABLA"

Los cambios que los productores ven con mayor intensidad podrían resumirse en: mayores problemas de stress hídrico con lluvias de igual intensidad, mayor presencia de canales, surcos y hasta cárcavas, vuela más polvo detrás del paso de determinadas herramientas y el suelo ha cambiado de color. Pero no todas estas observaciones se incorporan de la misma manera en la construcción de los atributos asignados a las prácticas. Así, el cambio de color sólo aparece débilmente asociado a los atributos de la siembra directa mientras que la mayor presencia de polvo no está incorporada a ninguno de ellos. Sin duda, la percepción que se plasma con más fuerza en la construcción de las clases es la profundización de los procesos de erosión hídrica, evidenciada en la presencia de surcos y canales.

Lo que la observación de los cambios pone en evidencia nuevamente es la enorme diversidad de construcciones individuales pero, no hay duda, que los cambios ocurridos son percibidos e interpretados por los productores como evidencias de un proceso de deterioro del recurso. El problema existe, tiene identidad, aunque no alcance a formar parte de un marco "compartido".

Dentro del sistema de conocimiento local, el suelo ha perdido su carácter de "interminable". Y la mayoría reconoce que tiene que ver con sus propias prácticas y no con cuestiones ajenas a ellos, en las que sientan que no pueden incidir. El estado del propio recurso natural les está mostrando que la intervención humana sobre la naturaleza provoca profundos cambios, que ésta está ofreciendo restricciones (aunque aún no sean percibidas como tales) bajo el modelo tecnológico basado en el doble cultivo.

¿Pero porqué no alcanza a construirse un marco compartido en una comunidad caracterizada por redes de diálogo densas, sin fuertes jerarquías, en dónde las normas de trabajo se producen y transforman rápidamente?

Lo que ocurre en la localidad es que "de este tema no se habla". La sustentabilidad de los recursos naturales no forma parte de los diálogos cotidianos entre los miembros del grupo local, por lo tanto, no hay espacio para la negociación entre distintos marcos de interpretación que de como resultado un criterio compartido.

Si bien el deterioro del recurso existe, la afirmación de la mayoría de que los rendimientos han aumentado como consecuencia de las nuevas variedades y del uso de fertilizantes demuestra que no hay "síntomas" evidentes que los lleve a pensar que deben cambiar su respuesta ante lo que está sucediendo. Por ahora, mientras los rendimientos no decaigan, pueden seguir presuponiendo que la experiencia acumulada es válida y que las acciones pueden repetirse con el mismo nivel de "éxito" que hasta ahora. Si es así, ¿para que sacarlo a la luz en los intercambios cotidianos?. No es necesario, y ello contribuye a la falta de recreación y transformación del stock de conocimientos.

Frente a las reglas impuestas por el modelo económico neoliberal que ponen en riesgo la persistencia de las pequeñas y medianas unidades, es razonable que los productores prioricen discutir con sus pares las estrategias productivas más adecuadas para enfrentar la crisis. La sustentabilidad económica (reducción de costos y/o aumento de la productividad) prima dentro de los valores y normas de la comunidad. El peligro exige dar nuevas respuestas ante nuevas situaciones, tanto de producción como de gestión.

Sin duda, la tecnología y la forma en que se difunde refuerza las formas de ver y actuar puntuales de los productores. Basta con observar o preguntar al técnico o entre pares que nuevas variedades, que dosis de fertilizantes y herbicidas, que tipo de labores están haciendo y cuales son los rendimientos que obtienen. Si "andan bien", vale la pena "copiar". De esta forma, la tecnología enmascara el proceso de deterioro del recurso y, por lo tanto, obstaculiza el cambio hacia visiones más globales. Sin duda, el discurso técnico dominante, portado por las empresas productoras de insumos, contribuye a que así suceda.

 

LA AUSENCIA DE HIBRIDACIÓN Y LAS "CULPAS" MUTUAMENTE ATRIBUIDAS.

A pesar de la densidad de las relaciones entre productores y técnicos que caracteriza a la localidad, la hibridación entre ambos sistemas no parece haberse dado en el tema de la conservación del recurso suelo. La distancia de sentido entre las concepciones de función de una práctica aislada por un lado y de sistema por el otro hace que cuando productores y técnicos, incluidos los locales, hablan del problema, estén hablando de diferentes cosas. No hay por ahora posibilidad de consenso.

En tanto el sentido tiñe la observación, no sólo hablan sino también "ven" cosas diferentes. Entre los productores, el cambio que se plasma con fuerza es la presencia de surcos y canales que es, sin duda, uno de los síntomas más visibles. Los técnicos, en cambio, "ven" que el porcentaje de materia orgánica ha disminuido a un 2%, que el suelo se ha densificado por la pérdida de estructura y que presenta baja captación, retención y acumulación de agua. Cambios que el sistema técnico supone que están ocurriendo a partir de los indicadores observables.

La falta de hibridación se explica por el hecho de que los productores no han demandado ni demandan información sobre la cuestión y en esto coinciden todos los técnicos. ¿Cuál es el tipo de información que se requeriría para abordar el problema del deterioro del suelo? A partir de la concepción de sistema o criterio conservacionista, los productores deberían consultar sobre aquellos aspectos del manejo y organización de los recursos productivos en los que el saber adquirido por tradición y experiencia resulta superior al científico en términos de lo que ellos definen como "eficiencia" y, por lo tanto, no es necesario consultar. Por ejemplo, en la planificación de las rotaciones:

"La rotación es la madre de todas las prácticas, que orienta a las otras: fertilización, labranzas, manejo de los rastrojos…" .(Técnico de la Facultad de Cs Agrarias)

El otro elemento importante es que los propios técnicos, ligados en su mayoría a la venta de insumos, tampoco han puesto demasiado énfasis en la difusión de información sobre los procesos de deterioro. La excepción la constituyen los técnicos pertenecientes a AAPRESID, aunque valdría la pena discutir si su propuesta, que aumenta cada vez más la dependencia de la unidad con respecto a los insumos externos, es o no sustentable.

Las razones que aducen los técnicos para explicar la ausencia de una interfase de negociación entre ambos sistemas de conocimiento que permita construir un sentido común son variadas. En general, los locales, más cercanos a las formas de ver y actuar de los productores, reconocen que la situación económica supera a éstos últimos e impide que puedan preocuparse por la cuestión del suelo, implementando rotaciones adecuadas:

"La herramienta que está más al alcance de cualquier productor es la directa…Para mejorar o por lo menos frenar el problema de suelos lo mejor sería desde el punto de vista técnico, entrar en un ciclo agrícola-ganadero...pero lo que prima en este momento es la parte económica.." (Técnico local, hijo de productor)

Otros, los más alejados, sostienen que la falta de demanda radica en que no tienen conciencia acerca del problema, lo que equivale a decir que a sus ojos no tiene existencia real. Y aquí radica la clásica falta de cooperación a nivel de las ideas entre productores y técnicos. En tanto los técnicos no puedan reconocer que existen otras "conciencias", es decir otras formas de conocimiento igualmente válidas y sigan tratando de imponer su propio punto de vista, no será posible construir un sentido común.

"los productores...no han tomado conciencia del tema de la materia orgánica, no conocen de estructura, no conocen lo que es porosidad, ni microfauna ni mesofauna, no conocen lo que es la vida del suelo...no tienen una visión global, se manejan más por necesidades, por instinto, por apremios, por lo que dijo el otro y mantienen dudas sin aclarar de las cuales son responsables...Pasa por una falta de conciencia del problema.. Esas cosas acá todavía no se manejan, ese productor que no va a capacitarse no lo maneja...no va a haber más productores no capacitados, van a desaparecer todos" (Técnico de AAPRESID)

Los técnicos no comprenden que, precisamente, la causa de la falta de demanda de información por parte de los productores es el valor que éstos últimos atribuyen a su propio sistema de conocimiento y al no comprenderlo, fundamentan la ausencia de interfase exclusivamente en la demanda de los otros. No ponen en cuestión las características de su propia oferta, estructurada sobre la base de "enseñar" lo que ellos suponen que los otros ignoran.

Quizás en relación a la adopción de algunas tecnologías puedan construir un sentido común con aquellos miembros del grupo local que por su dotación de capital global están más cercanos al discurso técnico. Pero no en el caso particular de la sustentabilidad de los recursos, en dónde se evidencia una mayor distancia del grupo local en su conjunto, casi independientemente de las posiciones diferenciales de sus miembros.

 

CONCLUSIONES

La posibilidad de construir un sentido común con los que "no saben"

El análisis precedente muestra que entre los productores de Zavalla existe una multiplicidad de formas de observar e interpretar los cambios ocurridos en el suelo en los últimos años que pone en evidencia que aún no se ha logrado construir una representación compartida del problema. "De este tema no se habla" en los encuentros cotidianos.

En tanto los rendimientos que aseguran el nivel de ingresos y, por lo tanto, la persistencia de las unidades no disminuyan, no hay razones para pensar en la importancia de reflexionar junto con los otros en las peñas, en el bar o en el club y negociar un sentido común.

Tampoco en este tema hay encuentro entre el sistema de conocimiento local y técnico, ni siquiera con los agrónomos locales a quienes los productores consultan con mucha frecuencia. No hay demanda y, muchas veces, ni siquiera oferta de este tipo de información.

Sin embargo, debemos marcar una diferencia fundamental en las interfases dentro del sistema de conocimiento local y entre éste y el técnico. Cuando los productores hablan entre ellos de los atributos de las prácticas o categorizan lo que observan, cada uno comprende lo que el otro dice sin necesidad de una mayor explicación. En tanto comparten una identidad social, comparten también las categorías que perfilan sus comportamientos. No ocurre lo mismo con los técnicos. Difícilmente puedan hablar de las mismas cosas en tanto algunos de ellos sostienen que los productores "no saben" y desde este lugar de mayor poder en el espacio social, intentan imponer su propio sentido como el verdadero.

Podría pensarse que "se comprenden" en el intercambio con los escasos productores grandes de la localidad (ya sea propietarios o contratistas), dada su mayor dotación de capital económico y generalmente también cultural. Pero en Zavalla, los productores más "mirados", es decir, aquellos que el grupo local considera los "innovadores" no son precisamente los que ocupan esta posición. Son sólo productores competentes, que según el resto "trabajan bien", capaces de generar estrategias de producción y gestión que les han permitido un cierto grado de acumulación en tierra y/o capital fijo. Ello demuestra que, sin negar las desigualdades de posición socio-económica, las formas de reconocimiento en la localidad no están ligadas exclusivamente a la posesión de recursos. Por el contrario, podríamos afirmar que el poder simbólico tiene más que ver con la cultura del ahorro y del trabajo que con la dotación de capital económico.

La reflexión que se impone es ¿puede haber posibilidades de negociación entre ambos sistemas de conocimiento sobre el problema del deterioro de suelo cuando el intercambio se produce sólo entre unos pocos y esos pocos no son precisamente los referentes dentro del grupo local? Probablemente, no. Los productores grandes de la localidad no forman parte del grupo local, no participan de la vida cotidiana de comunidad y algunas de sus estrategias productivas no son vistas como el resto como posibles de llevar a la práctica. Por lo tanto, no son los actores más indicados para introducir una nueva variante a los criterios de trabajo dominantes.

Para que sea posible la recreación y transformación del conocimiento y, por lo tanto de las prácticas, el sistema de conocimiento técnico debe intentar construir un sentido común con los que él evalúa que "no saben" pero que son al mismo tiempo los "que saben" para el sistema local. Aprovechando, sobre todo, la morfología de una red de diálogo en la que el derecho a la palabra no está restringido a unos pocos sino que, por el contrario, muchos miembros del grupo pueden ejercer la influencia necesaria para que una nueva variante sea considerada y sometida a la reflexión.

 

REFLEXIONES FINALES

Es indudable que el modelo tecnológico dominante basado en el doble cultivo constituye la principal causa del estado de deterioro en el que se encuentran hoy los suelos de la región.

También es indudable que las condiciones agroecológicas excepcionales de la zona no impusieron restricciones a su aplicación. Todo lo contrario. Las comunidades fueron aprendiendo que no sólo era posible desde el punto de vista ecológico sino que, además, mejoraba la calidad de vida como consecuencia del aumento de ingresos. Fueron aprendiendo que constituía una estrategia válida para no desaparecer como productores. Fueron aprendiendo que modificaba también la organización del trabajo, simplificándolo, disminuyendo las horas hombre necesarias y, por lo tanto, posibilitando el acceso al confort propio de la ciudad. El comportamiento de la naturaleza reforzaba la continuidad de las prácticas, sobre todo, cuando al aplicar las nuevas tecnologías el resultado era el incremento de los rendimientos.

Los organismos de difusión y generación de tecnología cumplieron un papel importante en la construcción del conocimiento local, penetrando en él con un discurso encargado de representar las bondades del modelo. Así, tanto la estructura ecológica como la social y económica transformaron dialécticamente las formas de ver y actuar de las comunidades, guiando la adopción de nuevas prácticas, consensuadas socialmente y de las que nadie se aparta. Prácticas que, a su vez, influyeron en la modificaciones de ambos tipos de estructura.

La consecuencia no intencionada de la acción fue precisamente el deterioro del suelo, cuestión ignorada por todos los actores hasta que la propia naturaleza acusa algunos síntomas que hacen imposible seguir omitiéndolos y obligan a reflexionar acerca del efecto de las líneas de acción implementadas.

Pero estos síntomas aún no son tan evidentes como para transformarse en una restricción e impulsar la construcción de un nuevo conocimiento acerca del uso de los recursos naturales. No porque los actores no tengan conciencia acerca de su existencia sino porque la difusión de nuevos insumos industriales, responsables de los aumentos de rendimientos, enmascaran la restricción. La prioridad puesta en la persistencia de las unidades en un contexto global adverso y ante el retiro de Estado, prioridad razonable desde el punto de vista de los actores, es un elemento fundamental en la definición de la relación sociedad-naturaleza en la comunidad.

En este contexto, la falta de demanda de información por parte de los productores sobre prácticas conservacionistas es razonable: para abordar esta cuestión con los técnicos deberían poner primero en cuestión el valor asignado al saber local para manejar y organizar eficientemente los recursos de la unidad. De lo contrario, es esperable que no sientan la necesidad de consultar. Tampoco los técnicos, ligados en su mayoría a la venta de insumos, tuvieron interés en imponer su visión "objetiva" del deterioro del suelo.

La consecuencia de la falta de oferta y de demanda es que casi no hay combinación de diferentes repertorios culturales en las prácticas de los actores con respecto al suelo.

Podríamos afirmar que el deterioro de los recursos naturales pone en evidencia una vez más la matriz de relaciones de poder-saber que se reproducen en la localidad a partir de las líneas de acción de los actores. Con mayor énfasis que en el caso de la adopción de tecnología, los técnicos atribuyen ignorancia al saber local, al extremo de afirmar que los productores no tienen "conciencia" del problema. Por su parte, el grupo local se distancia en su conjunto, casi independientemente del lugar que ocupan en el espacio social, del conocimiento técnico. La forma de construir la realidad de éste último, adecuando las prácticas productivas al logro de determinados objetivos difiere completamente de la imagen basada en la sustentabilidad económica, con la que los productores construyen sus estrategias.

Estamos afirmando que el grupo local se distancia en su conjunto del conocimiento técnico, incluidos aquellos miembros categorizados como los más "modernos" (mayor capital cultural y social) en relación a la adopción de tecnologías y que, al comienzo de esta investigación, aparecían como los portadores de una nueva variante que evidenciaba una mayor preocupación por la conservación del suelo. Sin embargo, los resultados muestran que el deterioro es percibido como un problema real en todas las categorías. Las diferencias de posición en el espacio social no alcanzan a plasmarse en discursos diferentes. Esto nos muestra la dificultad que implica establecer hipótesis previas cuando el objeto de estudio es un sistema de conocimiento en permanente transformación. La recreación de las normas de acción sigue operando dentro del grupo mientras transcurre la labor de investigación.

Negociar representaciones tan disímiles implica que el sistema técnico debe comenzar por reconocer que el grupo local construye sus propios proyectos de desarrollo en función de su propia representación del mundo. Y a partir de ese reconocimiento, podrá comenzar a construir un sentido común de las cosas con los productores tendiente a incorporar más fuertemente el valor de la conservación de los recursos naturales dentro de dichos proyectos. Juntos podrán construir otras representaciones, esto es, otras naturalezas.

 

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