La degradación del capital natural y la globalización
Judith
A. Cherni*
1. Introducción
Entre
los problemas principales causados por décadas de globalización neoliberal
económica se encuentra el carácter insostenible del desarrollo respecto al
medioambiente, particularmente pero no sólo, en países menos
industrializados. Aún cuando la preocupación medioambiental ha emergido
tenazmente desde los años setenta y antes en las ciencias económicas, y
otras. Indudablemente hay muchas oportunidades para mitigar el agotamiento
de los recursos y la degradación medioambiental a través de la sustitución
del capital industrial. Sin embargo, un reciente informe sobre el actual
‘desacoplamiento’ del impacto ambiental y el desarrollo económico,
comisionado por el Consejo Asesor Medioambiental Sueco como entrada a la
Cúspide Mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburg 2002 revela que en
términos absolutos ha habido tan sólo un pequeño desacoplamiento del uso y
abuso del ambiente (Ekins et al., 2003a).
La relación entre la globalización económica y el
ambiente es social y físicamente compleja. La globalización económica y el
ambiente no son sólo equivalentes a la globalización de problemas
medioambientales, como el cambio del clima. La globalización económica
impacta al rango entero de ambientes locales, regionales y nacionales. Más
allá, el impacto de la globalización en el ambiente trae consigo un efecto
en el capital natural de la sociedad. Al buscar una manera de
caracterizar cómo la globalización económica se ha conectado a los ambientes
naturales que son física, social y geográficamente variados, vemos que una
interpretación más útil la da la Economía Ecológica. El campo
transdisciplinario de la economía ecológica se dirige a estas relaciones y
se cuestiona la sostenibilidad de la economía. El mismo proporciona una
vista sistémica de las relaciones entre la economía y el ambiente. Dentro de
esta ciencia, el concepto de capital natural crítico es más reciente aún y
sigue el debate de la sostenibilidad ‘débil’ y la ‘fuerte’.
Respecto a los países en vías de industrialización, el daño infligido a su
medio ambiente no puede sino que haber afectado la base del capital natural
local en que la mayoría de las actividades productivas y de servicio son
desarrolladas. Este artículo explora las razones que hacen del medio
ambiente el capital natural de la sociedad, y también discute cuando esta
riqueza se vuelve capital natural crítico. Esta perspectiva permite ahondar
la comprensión de las interconexiones entre la globalización económica y la
ecología. Es discutido que una acción cadente del capital natural representa
un indicador inequívoco de no sostenibilidad en el flujo de bienes y
servicios que se deriven del mismo. Hay una incertidumbre considerable sobre
la habilidad a largo plazo del ambiente de resistir las presiones de
emparejar la dimensión actual de la actividad económica, y no mencionemos la
dimensión que pueda existir en un futuro más globalizado y no sostenible. El
presente artículo discute el trabajo de la economía ecológica en la
definición de las funciones medioambientales, junto a sus indicadores y
criterios del capital natural. Dirigiéndose a unos pocos casos específicos
en los países en vías de industrialización, el trabajo resalta algunas
tendencias económicas y políticas típicas que han dado lugar al declive
medioambiental cualitativo y cuantitativo y distingue cuán importante es
pero cuán amenazado está el medioambiente en términos económicos.
2.
El medioambiente como capital natural
El
término capital es visto como una abreviatura, como una clase de
metáfora para permitir la exploración de un sistema de perspectivas de tres
grupos fundamentales de variables diferentes, pero no obstante,
interrelacionadas: las ecológicas, las económicas y las socio-culturales (Chiesura
y Groot, 2003). El capital es cualquier acción o sistema que tiene la
capacidad de proporcionar un flujo de bienes y servicios a la sociedad
humana. El capital natural puede definirse entonces como 'cualquier acción
de recursos naturales o los recursos medioambientales (como tierra, agua,
atmósfera, ecosistemas) que proporciona un flujo de bienes útiles o
servicios, ahora y en el futuro (After Pearce y Tornero 1990; Van Dieren,
1995; cited in R.De Groots et al. 2003).
La esencia del concepto del
capital es que es un bien que posee la capacidad de dar lugar a los flujos
de bienes y/o servicios. La economía clásica identificó tres tipos de
acciones del capital: tierra, trabajo y capital humano (a menudo llamado
'capital'). Muchos economistas neo clásicos en la representación de las
funciones de producción omiten la tierra y sólo se enfocan en el trabajo y
el capital. Con el aumento en el conocimiento del papel de los recursos
medioambientales en la producción, algunas funciones de la producción se han
extendido para incluir también la energía y los materiales (vea, ej.,
Jorgenson y Wilconxen, 1993 en Ekins et al, 2003b). Sin embargo, el
tratamiento de la energía y otros recursos medioambientales en una función
de la producción convencional puede no ser satisfactorio porque el rango por
encima del cual la substitución entre los factores de entrada es físicamente
significante puede ser bastante pequeño. Considerar los recursos naturales
como si ellos fueran flujos de entradas convencionales no es necesariamente
válido para dirigirse al problema (de escasez medioambiental) cuando este
también involucra servicios de propiedad común no-preciada, las fuentes
medioambientales requiren también de procesos de producción y consumo (Smith
y Krutilla, 1979 en Ekins et al, 2003b).
El
capital natural también es una metáfora para indicar la importancia de
elementos de la naturaleza hacia la sociedad humana. Los ecosistemas
naturales son definidos por varias características medioambientales que a su
vez determinan la capacidad de los ecosistemas de proporcionar los bienes y
servicios. Estas características medioambientales son múltiples. Los cuatro
medios que determinan el funcionamiento de los ecosistemas son Aire, Agua,
Tierra y Hábitat. Son las características de los ecosistemas, o capital
natural que dan lugar a los flujos que emanan de este capital o a las
funciones medioambientales, definidas como 'la capacidad de procesos
naturales y componentes de proporcionar el bienes y servicios que satisfacen
necesidades humanas (directamente y/o indirectamente) (De Groot, 1992).
Con el
tiempo, el hombre ha convertido el capital natural en una gama amplia de
sistemas permanentes más o menos dominados por el hombre, (agricultura,
acuicultura, plantación-de bosques, etc.) principalmente dirigidas a
maximizar la producción de una, o varias, funciones y servicios (producción
de comida, suministro de madera, etc.) a expensas de la mayoría de los otros
servicios del sistema natural original. Esto introduce un cuarto tipo de
capital, es decir, 'el capital cultivado'. La conversión de ecosistemas
naturales en capital cultivado y en capital fabricado por el ser humano ha
reducido grandemente la cantidad de fondo o respaldo espacial y calidad (o
integridad) del capital natural en tierra. Ello plantea dos preguntas que
este artículo aborda: ¿Hasta qué punto son las funciones del capital natural
sustituibles? y ¿cómo el capital natural se ve afectado en los países en
vías de desarrollo debido a las tendencias y actividades de la globalización
económica?
La
primera pregunta ha surgido con la distincción entre sostenibilidad débil y
fuerte. La diferencia teórica clave entre la sostenibilidad débil y fuerte
lleva al debate de hasta qué punto el capital natural puede sustituirse por
el capital humano. Mientras el criterio de sostenibilidad débil considera el
capital natural y humano como sustituibles con tal de que el nivel total
permanezca constante, el criterio de sostenibilidad fuerte afirma que el
capital natural, especialmente el ‘crítico’ no puede sustituirse por el
humano y debe conservarse individualmente (Del Groots et al, 2003).
La sostenibilidad medioambiental débil se deriva de la
percepción de que el bienestar no es normalmente dependiente de una forma
específica del capital y puede ser mantenido sustituyendo el capital natural
por el capital industrial (aunque con excepciones). La sostenibilidad fuerte
deriva de percepciones diferentes donde la substitucionalidad del capital
natural por el capital industrial está seriamente limitada por
características medioambientales tales como irreverisbilidad, incertidumbre
y la existencia de los componentes 'críticos' del capital natural que hace
una única contribución al bienestar social (Ekins et al., 2003b). La
economía ecológica proviene de la ‘sostenibilidad fuerte’
En la economía convencional, la
economía se ve como un sistema autosuficiente donde se forman los precios
para los bienes del comsumidor y los servicios y los precios para los
servicios de factores de la producción. La economía ecológica por otro lado
es un campo recientemente desarrollado que ve la economía como un subsistema
de un ecosistema global finito más grande. Los economistas ecológicos
cuestionan la sostenibilidad de la economía debido a sus impactos
medioambientales, sus requerimientos de materia y energía y también debido
al crecimiento de la población. Esfuerzos para asignar valores de dinero a
los servicios y pérdidas medioambientales e intentos al corregir la
contabilidad macroeconómica, son partes de la economía ecológica, pero su
empujón principal está más bien en el desarrollo de indicadores físicos e
índices de (no) sostenibilidad, mirando la economía en términos de
'metabolismo social' (Martinez-Alier, 2002, pág. 20). En economía ecológica,
la economía se ve empotrada en el ecosistema. La economía está también
incluida en una estructura de derechos de propiedad en los recursos
medioambientales y servicios, en una distribución social de energía e
ingreso, en estructuras sociales de género, clase social o casta y esto une
la economía ecológica a la economía política y a la ecología política (Martinez-Alier,
2002).
Los
economistas ecológicos escogen la óptica de la sostenibilidad fuerte para
describir la realidad. Las suposiciones que forman la base de la
sostenibilidad débil son que no hay diferencia sustancial entre las
diferentes formas de capitales o entre los tipos de bienestar que ellos
generan. Esto habilita todos los tipos de capital, los servicios y
bienestares generados por ellos, a ser expresados en la misma unidad
monetaria. En la práctica, esto puede ser imposible de medir pero la
posición teórica está clara y es poderosa y están haciéndose esfuerzos para
hacerla operacional. La suposición de la sostenibilidad fuerte mantiene que
el capital natural es diferente de otros tipos de capital, evitando de esta
manera la dificultad metodológica de la sostenibilidad débil. Puede
examinarse la contribución particular del capital natural al bienestar, de
manera diferente a otros tipos de capital y de su contribución a la
producción (Ekins et al., 2003b).
3.
Capital Natural Crítico (CNC) y la sostenibilidad medio ambiental
Como
parte del capital natural está el capital natural critico (CNC). El capital
natural crítico puede definirse como capital natural que es responsable para
funciones medioambientales importantes y que no puede sustituirse en la
provisión de funciones medioambientales por capitales industriales u otro
tipo de capital (Ekins et al., 2003b, pág. 168). El mantenimiento de
sistemas naturales es, por supuesto, también importante para las especies
no-humanas, pero el CNC se identifica según las necesidades y aspiraciones
humanas que a menudo incluyen la protección de ecosistemas naturales y la
fauna. Mientras puede ser significante y útil pensar en el CNC como esa
parte de la acción del capital natural que realiza esas funciones
medioambientales, el mantenimiento de las cuales es requerido para la
sostenibilidad medioambiental, no es posible hacer un inventario comprensivo
del CNC en estos términos. En algunos casos será posible identificar
componentes particulares de capital natural como 'críticos'. Con el presente
estado incierto del conocimiento sobre los ecosistemas y de las funciones
medioambientales, generalmente es muy difícil juzgar qué es crítico y qué no
lo es.
Básicamente hay dos tipos de criticalidad: una basada en la perspectiva
ecocéntrica, es decir, cuáles ecosistemas son los más importantes para
mantener la integridad medioambiental; y otro basado en la perspectiva del
antropocéntrica, es decir, qué servicios del ecosistema son los más
importantes para nuestra supervivencia y bienestar. La determinación de
criticalidad depende de criterios ecológicos, así como del criterio
económico, político y social. Este enfoque de la definición en la
interpretación de la criticidad como capital natural es la de cuán
importante (esencial, vital). Hay otro aspecto de la criticalidad que
relaciona el grado en que el capital natural está amenazado o
vulnerable. Una forma particular de capital natural puede mostrar ninguna de
estas características (no crítico) o cualquiera de los dos. Así, el capital
natural puede ser crítico porque es sumamente importante sin ser
necesariamente amenazado o puede ser crítico porque se amenaza sin ser
'vital' para el bienestar humano, o pueden ser ambos importante y amenazado
(ej., el bosque tropical) (R. del Groots et al, 2003, pág. 189).
Pueden
identificarse funciones medioambientales principalmente con uno de los
cuatro tipos básicos de capital natural y divididos en las funciones de
Fuente (F), Sumidero (S), Apoyo de vida (AV) y Salud Humana y Bienestar
(HB). Si la consideración clave para la sostenibilidad medioambiental es el
mantenimiento de las funciones que son importantes para el bienestar humano,
entonces en primera instancia es en las 'funciones para personas' en el cual
debe enfocarse la atención. Los principios de sostenibilidad medioambiental
necesitarán mantener las funciones medioambientales de:
F.
Fuente - la capacidad de proporcionar recursos
S. Sumidero - la capacidad de neutralizar desechos, sin incurrir en
cambio o daño del ecosistema
Av. Apoyo de vida - la capacidad de sostener salud del ecosistema y
funcionar
Hb. Otras funciones de bienestar y salud humana - la capacidad de
mantener la salud humana y generar bienestar humano de otras maneras.
Las
contribuciones principales de estas funciones están relacionadas con la
economía, salud humana y otros tipos de bienestar humano. Las funciones para
las personas son fundamentalmente dependientes de las funciones de apoyo de
vida de la naturaleza (Ekins et al, 2003b).
4.
La globalización y el capital natural en los países en desarrollo
Esta sección aborda la
segunda pregunta, es decir, el impacto de la globalización económica sobre
el capital natural en los países en vías de
desarrollo. El marco de referencia para
analizar estos impactos son los mecanismos políticos y económics que
determinan cómo se desempeña la globalización como también el reconocer las
instituciones que hacen funcionar estos mecanismos que afectan al capital
natural de estos países. Entre las instituciones se pueden mencionar a las
instituciones de crédito, tales como el FMI y bancos, y las
corporaciones e inversiones directas que favorecen la producción de
artículos de lujo que reportan elevados beneficios y
se exportan a países desarrollados
(como las flores, la caña de azúcar, la ternera, los calamares, el
algodón, el café y la soja). Donde ello
ha sucedido, se aprecia una disminución o reducción en la calidad del
capital natural. Las funciones de Fuente, Sumidero, Apoyo a la Vida
como en la capacidad de funciones de salud y bienestar humano, las
han sido de esta manera directa e
indirectamente afectadas.
Uno de
los aspectos centrales de la globalización económica es la competitividad
internacional, o las ventajas comparativas, creada para incrementar
las inversiones extranjeras en un país. Esto es así porque, la globalización
genera presión para disminuir el impacto de políticas que favorezcan al
medio ambiente a costa de la rentabilidad de firmas internacionales o
locales. Sin embargo, la globalización puede llegar a representar la
oportunidad para el medio ambiente en la medida que políticas ambientalistas
sean consideradas como una manera de mejorar la competitividad nacional. Por
ejemplo, Taiwan está considerada un milagro de la globalización, 90,000
industrias fueron erigidas fuera de zonas urbanas, a lo largo de ríos y
arrozales. Con la finalidad de optimizar las ventajas comparativas dentro de
la competencia internacional, las regulaciones ambientales han quedado
débiles en Taiwan. Así los industrialistas y empresarios no toman en cuenta
las pocas regulaciones ambientales del país y simplemente vierten gran parte
de sus restos en las vertientes de agua más cercana. No es sorprendente que
el 20% de las tierras arables están hoy contaminadas con agua de deshechos
industriales (Goldsmith, 1999) lo que contribuye al deterioro mundial de las
aguas. En Nigeria, una alianza entre la corporación Shell y los regímenes
corruptos nacionales han causado un completo colapso del frágil ecosistema
del delta del Níger, con cientos de vertidos por lo que el agua y la tierra
han quedado inutilizables para cultivo (Townsend, 2002). El capital
natural más afectado en estos casos es el Agua y el Suelo, cuyos
rendimientos financieros futuros sufrirán reducciones. Igualmente, las
funciones tanto de Fuente como Sumidero del recurso vertientes de agua se
verán reducidas.
La liberalización
de los mercados nacionales permite la entrada de corporaciones extranjeras y
la privatización de los servicios públicos. Por ejemplo, debido a
la política de liberalización de los mercados
nacionales en la Argentina, la corporación Monsanto en 1996 introdujo el
cultivo de la soja genéticamente modificada. A raíz de esta política, no
sólo los agricultores han caído en la bancarrota debido a los bajos precios
de la soja y los altos costos de los insumos. El daño ecológico es alarmante
pues para dar lugar al frente de la soja, bosques autóctonos han
desaparecido, la tierra se ha inundado de herbicida que mata toda forma de
vida, el terreno es incapaz de retener la humedad, y al no capturar el
nitrógeno del aire, la soja no ha retenido la fertilidad del suelo (Branford,
2002). El papel de las variables ecológicas, tales como estructura del suelo
y lluvia en la formación de patrones del desarrollo humano han sido
subestimados en a Latino América (Allmark, 1997). La calidad del suelo se ha
deteriorada con consecuencias directas para el valor de este capital
natural.
El
comercio internacional, la inversión en sí y las actividades
económicas sectoriales, son áreas muy visibles del proceso de
globalización y su impacto ambiental. Se pueden mencionar entre estos a la
producción, la demanda de energía, el transporte y la agricultura. Por
ejemplo, las instalaciones centrales de producción energética en gran
escala, como la energía nuclear, los inmensos embalses hidroeléctricos, las
instalaciones a base de combustible fósil, y proyectos similares, son
proyectos esenciales para poder poner en funcionamiento la clase de economía
global que persigue el crecimiento neo-liberal, el consumo sin frenos y el
transporte a larga distancia prácticamente de cada bien producido. Este
crecimiento obliga a los países desarrollados a expandir su gigantesca
infraestructura como la producción de energías, pero la mayoría de las
nuevas construcciones adicionales son construidas en los países del Sur (Gorelick
1999). De esta manera no solo ciertas tecnologías alternativas para
producción de energía necesarias en economías locales de menor escala pasan
a ser más o menos ignoradas, sino que la contaminación originada por tales
enormes plantas han contribuido a aumentar significativamente la
concentración de gases como el CO2 y ozono. Por ejemplo, cuando
la concentración pre-industrial de CO2 era de 280 000 ppb
mundialmente, la presente concentración es de 363 000 ppb, el presente nivel
de crecimiento es de 0.5% anual, y su relativa contribución al efecto
invernadero es del 60%. Como parte de la liberalización de los mercados de
inversión, y los esfuerzos para mejorar la calidad de vida para aumentar la
competencia entre las regiones en el 'Norte', estos países han puesto en
vigencia disposiciones ambientales locales más severas pero que permiten la
exportación de las fuentes contaminantes. Parte de la producción de
determinadas 'industrias sucias' ha sido transferida al Tercer Mundo (Gouldson
and Murphy, 1997). Por ejemplo, se ha tendido a relocalizar las industrias
fabricantes de amianto desde Estados Unidos hacia Latinoamérica, siendo
Brasil y México los receptores más frecuentes. La función de bienestar y
salud humana han sido afectados a través de la contaminación atmosférica. El
Aire, que cumple funciones de bienestar y también sumidero, es el capital
natural que es más atacado.
El
gobierno mantiene relación con la globalización por medio de conexiones
internas debido a que sus posibilidades de actuar en forma unilateral se
encuentran limitadas en la economía más global; para obtener objetivos
ambientalistas, los gobiernos necesitan recurrir a acciones más colectivas
en el ámbito internacional. Desde la década del 60, las importaciones
provenientes de los países en vías de desarrollo se han alejado de las
materias primas, productos agrícolas y alimentos y se han volcado hacia la
exportación de productos manufacturados (Redclift, 1996). Estas actividades
han sido correspondidas por un aumento paralelo del consumo, de servicios
relacionados tanto al productor como al consumidor y de las finanzas, la
urbanización descontrolada y una ascendiente presión para edificar en el
cordón verde (green belt) de las ciudades. Estas actividades requieren el
apoyo regulatorio de los gobiernos que se ven generalmente en posición de
debilidad ante el poder internacional de las empresas. Por ejemplo, los
gobiernos de Taiwán, Corea del Sur y Brasil aceptan que se instalen dentro
de sus territorios la producción de arsénico, la refinación de plomo y
fabricación de baterías, las fundiciones de metales y la producción de
plaguicidas por medio de firmas de estados europeos, por Japón y Estados
Unidos. Estos exportan tales industrias para ahorrar los costos asociados
con el cumplimiento de pautas de seguridad laboral y contaminación
impuestas.
En
tanto a la privatización, el caso de Senegal, en África, es instructivo del
daño al capital natural causado por las tendencias de la globalización. A
cambio de préstamos que permitan al país amortizar su deuda externa, el FMI
ha exigido programas de ajuste estructural (en 1986 y 1995) por los que hoy
la mitad de la tierra se cultiva con cacahuetes para las empresas
occidentales de mantequilla y hay que importar arroz y azúcar, hay
recortes en el gasto público y numerosas privatizaciones. El uso masivo de
productos químicos y biológicos para el monocultivo ha producido un caos
medioambiental al destruir el hábitat y
reducir la biodiversidad de
plantas y animales. Las corporaciones han destruido las comunidades
agrícolas, lo que ha llevado a la pobreza, el hambre, enfermedades y muerte
(Thiessen, 2002).
Finalmente, las estrategias empresariales de gestión ambiental,
particularmente aquellas referidas a las multinacionales y a la tecnología,
son aspectos muy importantes de la globalización ya que se vislumbra que las
grandes firmas y las nuevas tecnologías pueden llegar a representar una
oportunidad importante para reducir los efectos ambientales negativos de la
globalización. El aceleramiento del comercio global ha originado y empeorado
los problemas relacionados al medio ambiente global y esto a pesar de que
existen tecnologías más limpias y eficientes. Según las proyecciones del
Banco Mundial, las industrias ecologistas moverán capitales mayores en un
corto plazo. Esto no ha de extrañar, dice Karliner, pues la salvación del
medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas
químicas que lo aniquilan. Por ejemplo, la empresa química DuPont, una de
las mayores generadoras de residuos industriales tóxicos, ha desarrollado un
lucrativo sector de servicios especializados en la incineración y el
entierro de residuos industriales (Karliner, 1997). El impacto de las
decisiones políticas junto a la privatización y la actividad empresarial
multinacional como parte del proceso de la globalización económica han
tenido un impacto complejo sobre el capital natural de estos países,
especialmente en el Aire, Suelo y Aguas.
Estos casos sólo ejemplifican algunas de las formas en que el capital
natural puede ser tratado de manera insostenible. La falta de reconocimiento
de la importancia y la fragilidad del medio ambiente cuando se implementan
los procesos de la globalización puede tener un efecto directo o indirecto,
por lo general negativo – aunque puede ser positivo en algunos casos - sobre
la actual y futura supervivencia de la población. Es entonces útil conocer
cuáles son algunos de estos procesos y actividades y cómo se relacionan al
medio ambiente contribuyendo al estado del capital natural. En resumen, si
nuestro desarrollo actual es insostenible, es porque se están agotando
algunos componentes críticos, no-sustituibles del capital base del cual
depende.
5.
Conclusión
Este
artículo debatió el concepto de capital natural como un aspecto fundamental
de la globalización y los problemas del desarrollo en las décadas recientes.
Se ha analizado de qué manera el medio ambiente cumple las funciones de
supervivencia para los seres humanos y también que las funciones ecológicas
son en gran parte insustituibles e irremplazables para el funcionamiento de
la economía global.
Como
ha sido señalado en otro lugar (Cherni, 2001), gran parte de los problemas
ecológicos existentes no son nuevos, y menos aún, no solucionables. Aunque
tristemente, una alta proporción de la destrucción hecha es irreversible.
Tecnologías, nuevos sistemas de gestión ambiental y regulaciones pueden
favorecer al medio ambiente. Un principio en la decisión política del
desarrollo económico debe constituir el interés de los gobiernos por
administrar y proteger el capital natural, de la misma manera que se hace
con el capital financiero, el humano y el industrial. Sin embargo, problemas
ambientales conocidos se repiten en lugares nuevos donde se podrían evitar y
tecnologías que son conocidas por su ineficiencia se venden a países que no
pueden pagar por otras, y peor aún, el mismo modelo de crecimiento debe
muchas veces ser adoptado a pesar de ser inapropiado y de reducir al capital
natural local. La economía ecológica favorece el futuro de los países en
desarrollo al anticipar el daño al medio ambiente. Esto es de gran
relevancia para los países en desarrollo pues en éstos, la creación de valor
está ligada a sacrificar la calidad ambiental más bien que mejorarla,
pues los efectos acumulativos del crecimiento económico sobre los países
pobres son casi siempre negativos (Redclift, 1992). Por lo tanto, se
concluye que la política económica no debe alejarse de la preocupación de
conservar un máximo de independencia ecológica ante las presiones de la
globalización que permita priorizar la no destrucción o degradación de las
condiciones naturales locales y regionales.
Otro
desafío, o el desafío real, como fue escrito por Herman Daly, es reducir el
consumo de energía a lo largo de la economía, en lugar de en la producción
de un rango limitado de bienes y servicios ‘ecológicos’ o ‘más verdes´ (Daly,
1991). Lo que se requiere no es la creación de la dirección de contabilidad
más ecológica y la regulación medioambiental, sino un cambio hacia el
reconocimiento más amplio de que la sostenibilidad podría manejar la
economía. Hasta que las capacidades de sumidero del globo se hayan evaluado,
y la producción se haya modificado para reflejar estas capacidades, Redclift
y Woodgate hacen énfasis en que 'nosotros todavía no hemos doblado la
esquina hacia una sostenibilidad mayor' (1997, pág. 66).
En la
práctica, para que la acción internacional sea eficaz para dirigirse a
problemas medioambientales no se requiere sólo de soluciones exclusivamente
técnicas. Requiere de acuerdo sobre los medios y fines en los que la
internalización de costos medioambientales (a través de la modernización
ecológica) pueda epresentar una ventaja del mercado. La convergencia
económica hacia la producción más ecológica medida por indicadores de
sostenibilidad, se toma dentro de los países industrializados como un
suplente de la reestructuración de las economías y de las instituciones
internacionales. Estas instituciones internacionales fueron designadas, en
el despertar de la Segunda Guerra Mundial, para dirigirse a la paz mundial
reduciendo la vulnerabilidad económica y la pobreza del mundo. Está claro
que la economía internacional falló en la reestructuración alrededor de los
objetivos sostenibles.
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