Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número especial (invierno de 2004)  
special issue (winter of 2004)

                 

 


La degradación del capital natural y la globalización


 

Judith A. Cherni*

 

 

* Imperial College London. E-mal: j.cherni@imperial.ac.uk

 

1. Introducción

Entre los problemas principales causados por décadas de globalización neoliberal económica se encuentra el carácter insostenible del desarrollo respecto al medioambiente, particularmente pero no sólo, en países menos industrializados. Aún cuando la preocupación medioambiental ha emergido tenazmente desde los años setenta y antes en las ciencias económicas, y otras. Indudablemente hay muchas oportunidades para mitigar el agotamiento de los recursos y la degradación medioambiental a través de la sustitución del capital industrial. Sin embargo, un reciente informe sobre el actual ‘desacoplamiento’ del impacto ambiental y el desarrollo económico, comisionado por el Consejo Asesor Medioambiental Sueco como entrada a la Cúspide Mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburg 2002 revela que en términos absolutos ha habido tan sólo un pequeño desacoplamiento del uso y abuso del ambiente (Ekins et al., 2003a).

La relación entre la globalización económica y el ambiente es social y físicamente compleja. La globalización económica y el ambiente no son sólo equivalentes a la globalización de problemas medioambientales, como el cambio del clima. La globalización económica impacta al rango entero de ambientes locales, regionales y nacionales. Más allá, el impacto de la globalización en el ambiente trae consigo un efecto en el capital natural de la sociedad. Al buscar una manera de caracterizar cómo la globalización económica se ha conectado a los ambientes naturales que son física, social y geográficamente variados, vemos que una interpretación más útil la da la Economía Ecológica. El campo transdisciplinario de la economía ecológica se dirige a estas relaciones y se cuestiona la sostenibilidad de la economía. El mismo proporciona una vista sistémica de las relaciones entre la economía y el ambiente. Dentro de esta ciencia, el concepto de capital natural crítico es más reciente aún y sigue el debate de la sostenibilidad ‘débil’ y la ‘fuerte’.  

Respecto a los países en vías de industrialización, el daño infligido a su medio ambiente no puede sino que haber afectado la base del capital natural local en que la mayoría de las actividades productivas y de servicio son desarrolladas. Este artículo explora las razones que hacen del medio ambiente el capital natural de la sociedad, y también discute cuando esta riqueza se vuelve capital natural crítico. Esta perspectiva permite ahondar la comprensión de las interconexiones entre la globalización económica y la ecología. Es discutido que una acción cadente del capital natural representa un indicador inequívoco de no sostenibilidad en el flujo de bienes y servicios que se deriven del mismo. Hay una incertidumbre considerable sobre la habilidad a largo plazo del ambiente de resistir las presiones de emparejar la dimensión actual de la actividad económica, y no mencionemos la dimensión que pueda existir en un futuro más globalizado y no sostenible. El presente artículo discute el trabajo de la economía ecológica en la definición de las funciones medioambientales, junto a sus indicadores y criterios del capital natural. Dirigiéndose a unos pocos casos específicos en los países en vías de industrialización, el trabajo resalta algunas tendencias económicas y políticas típicas que han dado lugar al declive medioambiental cualitativo y cuantitativo y distingue cuán importante es pero cuán amenazado está el medioambiente en términos económicos.

 

2. El medioambiente como capital natural

El término capital es visto como una abreviatura, como una clase de metáfora para permitir la exploración de un sistema de perspectivas de tres grupos fundamentales de variables diferentes, pero no obstante, interrelacionadas: las ecológicas, las económicas y las socio-culturales (Chiesura y Groot, 2003). El capital es cualquier acción o sistema que tiene la capacidad de proporcionar un flujo de bienes y servicios a la sociedad humana. El capital natural puede definirse entonces como 'cualquier acción de recursos naturales o los recursos medioambientales (como tierra, agua, atmósfera, ecosistemas) que proporciona un flujo de bienes útiles o servicios, ahora y en el futuro (After Pearce y Tornero 1990; Van Dieren, 1995; cited in R.De Groots et al. 2003). 

La esencia del concepto del capital es que es un bien que posee la capacidad de dar lugar a los flujos de bienes y/o servicios. La economía clásica identificó tres tipos de acciones del capital: tierra, trabajo y capital humano (a menudo llamado 'capital'). Muchos economistas neo clásicos en la representación de las funciones de producción omiten la tierra y sólo se enfocan en el trabajo y el capital. Con el aumento en el conocimiento del papel de los recursos medioambientales en la producción, algunas funciones de la producción se han extendido para incluir también la energía y los materiales (vea, ej., Jorgenson y Wilconxen, 1993 en Ekins et al, 2003b). Sin embargo, el tratamiento de la energía y otros recursos medioambientales en una función de la producción convencional puede no ser satisfactorio porque el rango por encima del cual la substitución entre los factores de entrada es físicamente significante puede ser bastante pequeño. Considerar los recursos naturales como si ellos fueran flujos de entradas convencionales no es necesariamente válido para dirigirse al problema (de escasez medioambiental) cuando este también involucra servicios de propiedad común no-preciada, las fuentes medioambientales requiren también de procesos de producción y consumo (Smith y Krutilla, 1979 en Ekins et al, 2003b).

El capital natural también es una metáfora para indicar la importancia de elementos de la naturaleza hacia la sociedad humana. Los ecosistemas naturales son definidos por varias características medioambientales que a su vez determinan la capacidad de los ecosistemas de proporcionar los bienes y servicios. Estas características medioambientales son múltiples. Los cuatro medios que determinan el funcionamiento de los ecosistemas son Aire, Agua, Tierra y Hábitat. Son las características de los ecosistemas, o capital natural que dan lugar a los flujos que emanan de este capital o a las funciones medioambientales, definidas como 'la capacidad de procesos naturales y componentes de proporcionar el bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas (directamente y/o indirectamente) (De Groot, 1992).

Con el tiempo, el hombre ha convertido el capital natural en una gama amplia de sistemas permanentes más o menos dominados por el hombre, (agricultura, acuicultura, plantación-de bosques, etc.) principalmente dirigidas a maximizar la producción de una, o varias, funciones y servicios (producción de comida, suministro de madera, etc.) a expensas de la mayoría de los otros servicios del sistema natural original. Esto introduce un cuarto tipo de capital, es decir, 'el capital cultivado'. La conversión de ecosistemas naturales en capital cultivado y en capital fabricado por el ser humano ha reducido grandemente la cantidad de fondo o respaldo espacial y calidad (o integridad) del capital natural en tierra. Ello plantea dos preguntas que este artículo aborda: ¿Hasta qué punto son las funciones del capital natural sustituibles? y ¿cómo el capital natural se ve afectado en los países en vías de desarrollo debido a las tendencias y actividades de la globalización económica?

La primera pregunta ha surgido con la distincción entre sostenibilidad débil y fuerte. La diferencia teórica clave entre la sostenibilidad débil y fuerte lleva al debate de hasta qué punto el capital natural puede sustituirse por el capital humano. Mientras el criterio de sostenibilidad débil considera el capital natural y humano como sustituibles con tal de que el nivel total permanezca constante, el criterio de sostenibilidad fuerte afirma que el capital natural, especialmente el ‘crítico’ no puede sustituirse por el humano y debe conservarse individualmente (Del Groots et al, 2003).

La sostenibilidad medioambiental débil se deriva de la percepción de que el bienestar no es normalmente dependiente de una forma específica del capital y puede ser mantenido sustituyendo el capital natural por el capital industrial (aunque con excepciones). La sostenibilidad fuerte deriva de percepciones diferentes donde la substitucionalidad del capital natural por el capital industrial está seriamente limitada por características medioambientales tales como irreverisbilidad, incertidumbre y la existencia de los componentes 'críticos' del capital natural que hace una única contribución al bienestar social (Ekins et al., 2003b). La economía ecológica proviene de la ‘sostenibilidad fuerte’

En la economía convencional, la economía se ve como un sistema autosuficiente donde se forman los precios para los bienes del comsumidor y los servicios y los precios para los servicios de factores de la producción. La economía ecológica por otro lado es un campo recientemente desarrollado que ve la economía como un subsistema de un ecosistema global finito más grande. Los economistas ecológicos cuestionan la sostenibilidad de la economía debido a sus impactos medioambientales, sus requerimientos de materia y energía y también debido al crecimiento de la población. Esfuerzos para asignar valores de dinero a los servicios y pérdidas medioambientales e intentos al corregir la contabilidad macroeconómica, son partes de la economía ecológica, pero su empujón principal está más bien en el desarrollo de indicadores físicos e índices de (no) sostenibilidad, mirando la economía en términos de 'metabolismo social' (Martinez-Alier, 2002, pág. 20). En economía ecológica, la economía se ve empotrada en el ecosistema. La economía está también incluida en una estructura de derechos de propiedad en los recursos medioambientales y servicios, en una distribución social de energía e ingreso, en estructuras sociales de género, clase social o casta y esto une la economía ecológica a la economía política y a la ecología política (Martinez-Alier, 2002).

Los economistas ecológicos escogen la óptica de la sostenibilidad fuerte para describir la realidad. Las suposiciones que forman la base de la sostenibilidad débil son que no hay diferencia sustancial entre las diferentes formas de capitales o entre los tipos de bienestar que ellos generan. Esto habilita todos los tipos de capital, los servicios y bienestares generados por ellos, a ser expresados en la misma unidad monetaria. En la práctica, esto puede ser imposible de medir pero la posición teórica está clara y es poderosa y están haciéndose esfuerzos para hacerla operacional. La suposición de la sostenibilidad fuerte mantiene que el capital natural es diferente de otros tipos de capital, evitando de esta manera la dificultad metodológica de la sostenibilidad débil. Puede examinarse la contribución particular del capital natural al bienestar, de manera diferente a otros tipos de capital y de su contribución a la producción (Ekins et al., 2003b).

 

3. Capital Natural Crítico (CNC) y la sostenibilidad medio ambiental

Como parte del capital natural está el capital natural critico (CNC). El capital natural crítico puede definirse como capital natural que es responsable para funciones medioambientales importantes y que no puede sustituirse en la provisión de funciones medioambientales por capitales industriales u otro tipo de capital (Ekins et al., 2003b, pág. 168). El mantenimiento de sistemas naturales es, por supuesto, también importante para las especies no-humanas, pero el CNC se identifica según las necesidades y aspiraciones humanas que a menudo incluyen la protección de ecosistemas naturales y la fauna. Mientras puede ser significante y útil pensar en el CNC como esa parte de la acción del capital natural que realiza esas funciones medioambientales, el mantenimiento de las cuales es requerido para la sostenibilidad medioambiental, no es posible hacer un inventario comprensivo del CNC en estos términos. En algunos casos será posible identificar componentes particulares de capital natural como 'críticos'. Con el presente estado incierto del conocimiento sobre los ecosistemas y de las funciones medioambientales, generalmente es muy difícil juzgar qué es crítico y qué no lo es.

Básicamente hay dos tipos de criticalidad: una basada en la perspectiva ecocéntrica, es decir, cuáles ecosistemas son los más importantes para mantener la integridad medioambiental; y otro basado en la perspectiva del antropocéntrica, es decir, qué servicios del ecosistema son los más importantes para nuestra supervivencia y bienestar. La determinación de criticalidad depende de criterios ecológicos, así como del criterio económico, político y social. Este enfoque de la definición en la interpretación de la criticidad como capital natural es la de cuán importante (esencial, vital). Hay otro aspecto de la criticalidad que relaciona el grado en que el capital natural está amenazado o vulnerable. Una forma particular de capital natural puede mostrar ninguna de estas características (no crítico) o cualquiera de los dos. Así, el capital natural puede ser crítico porque es sumamente importante sin ser necesariamente amenazado o puede ser crítico porque se amenaza sin ser 'vital' para el bienestar humano, o pueden ser ambos importante y amenazado (ej., el bosque tropical) (R. del Groots et al, 2003, pág. 189).

Pueden identificarse funciones medioambientales principalmente con uno de los cuatro tipos básicos de capital natural y divididos en las funciones de Fuente (F), Sumidero (S), Apoyo de vida (AV) y Salud Humana y Bienestar (HB). Si la consideración clave para la sostenibilidad medioambiental es el mantenimiento de las funciones que son importantes para el bienestar humano, entonces en primera instancia es en las 'funciones para personas' en el cual debe enfocarse la atención. Los principios de sostenibilidad medioambiental necesitarán mantener las funciones medioambientales de:

F. Fuente - la capacidad de proporcionar recursos 
S. Sumidero - la capacidad de neutralizar desechos, sin incurrir en cambio o daño del ecosistema 
Av. Apoyo de vida - la capacidad de sostener salud del ecosistema y funcionar
Hb. Otras funciones de bienestar y salud humana - la capacidad de mantener la salud humana y generar bienestar humano de otras maneras.

Las contribuciones principales de estas funciones están relacionadas con la economía, salud humana y otros tipos de bienestar humano. Las funciones para las personas son fundamentalmente dependientes de las funciones de apoyo de vida de la naturaleza (Ekins et al, 2003b).

 

4. La globalización y el capital natural en los países en desarrollo

Esta sección aborda la segunda pregunta, es decir, el impacto de la globalización económica sobre el capital natural en los países en vías de desarrollo. El marco de referencia para analizar estos impactos son los mecanismos políticos y económics que determinan cómo se desempeña la globalización como también el reconocer las instituciones que hacen funcionar estos mecanismos que afectan al capital natural de estos países. Entre las instituciones se pueden mencionar a las instituciones de crédito, tales como el FMI y bancos, y las corporaciones e inversiones directas que favorecen la producción de artículos de lujo que reportan elevados beneficios y se exportan a países desarrollados (como las flores, la caña de azúcar, la ternera, los calamares, el algodón, el café y la soja). Donde ello ha sucedido, se aprecia una disminución o reducción en la calidad del capital natural. Las funciones de Fuente, Sumidero, Apoyo a la Vida como en la capacidad de funciones de salud y bienestar humano, las han sido de esta manera directa e indirectamente afectadas.      

Uno de los aspectos centrales de la globalización económica es la competitividad internacional, o las ventajas comparativas, creada para incrementar las inversiones extranjeras en un país. Esto es así porque, la globalización genera presión para disminuir el impacto de políticas que favorezcan al medio ambiente a costa de la rentabilidad de firmas internacionales o locales. Sin embargo, la globalización puede llegar a representar la oportunidad para el medio ambiente en la medida que políticas ambientalistas sean consideradas como una manera de mejorar la competitividad nacional. Por ejemplo, Taiwan está considerada un milagro de la globalización, 90,000 industrias fueron erigidas fuera de zonas urbanas, a lo largo de ríos y arrozales. Con la finalidad de optimizar las ventajas comparativas dentro de la competencia internacional, las regulaciones ambientales han quedado débiles en Taiwan. Así los industrialistas y empresarios no toman en cuenta las pocas regulaciones ambientales del país y simplemente vierten gran parte de sus restos en las vertientes de agua más cercana. No es sorprendente que el 20% de las tierras arables están hoy contaminadas con agua de deshechos industriales (Goldsmith, 1999) lo que contribuye al deterioro mundial de las aguas. En Nigeria, una alianza entre la corporación Shell y los regímenes corruptos nacionales han causado un completo colapso del frágil ecosistema del delta del Níger, con cientos de vertidos por lo que el agua y la tierra han quedado inutilizables para cultivo (Townsend, 2002). El capital natural más afectado en estos casos es el Agua y el Suelo, cuyos rendimientos financieros futuros sufrirán reducciones. Igualmente, las funciones tanto de Fuente como Sumidero del recurso vertientes de agua se verán reducidas.

La liberalización de los mercados nacionales permite la entrada de corporaciones extranjeras y la privatización de los servicios públicos. Por ejemplo, debido a la política de liberalización de los mercados nacionales en la Argentina, la corporación Monsanto en 1996 introdujo el cultivo de la soja genéticamente modificada. A raíz de esta política, no sólo los agricultores han caído en la bancarrota debido a los bajos precios de la soja y los altos costos de los insumos. El daño ecológico es alarmante pues para dar lugar al frente de la soja, bosques autóctonos han desaparecido, la tierra se ha inundado de herbicida que mata toda forma de vida, el terreno es incapaz de retener la humedad, y al no capturar el nitrógeno del aire, la soja no ha retenido la fertilidad del suelo (Branford, 2002). El papel de las variables ecológicas, tales como estructura del suelo y lluvia en la formación de patrones del desarrollo humano han sido subestimados en a Latino América (Allmark, 1997). La calidad del suelo se ha deteriorada con consecuencias directas para el valor de este capital natural.

El comercio internacional, la inversión en sí y las actividades económicas sectoriales, son áreas muy visibles del proceso de globalización y su impacto ambiental. Se pueden mencionar entre estos a la producción, la demanda de energía, el transporte y la agricultura. Por ejemplo, las instalaciones centrales de producción energética en gran escala, como la energía nuclear, los inmensos embalses hidroeléctricos, las instalaciones a base de combustible fósil, y proyectos similares, son proyectos esenciales para poder poner en funcionamiento la clase de economía global que persigue el crecimiento neo-liberal, el consumo sin frenos y el transporte a larga distancia prácticamente de cada bien producido. Este crecimiento obliga a los países desarrollados a expandir su gigantesca infraestructura como la producción de energías, pero la mayoría de las nuevas construcciones adicionales son construidas en los países del Sur (Gorelick 1999). De esta manera no solo ciertas tecnologías alternativas para producción de energía necesarias en economías locales de menor escala pasan a ser más o menos ignoradas, sino que la contaminación originada por tales enormes plantas han contribuido a aumentar significativamente la concentración de gases como el CO2 y ozono. Por ejemplo, cuando la concentración pre-industrial de CO2 era de 280 000 ppb mundialmente, la presente concentración es de 363 000 ppb, el presente nivel de crecimiento es de 0.5% anual, y su relativa contribución al efecto invernadero es del 60%. Como parte de la liberalización de los mercados de inversión, y los esfuerzos para mejorar la calidad de vida para aumentar la competencia entre las regiones en el 'Norte', estos países han puesto en vigencia disposiciones ambientales locales más severas pero que permiten la exportación de las fuentes contaminantes. Parte de la producción de determinadas 'industrias sucias' ha sido transferida al Tercer Mundo (Gouldson and Murphy, 1997). Por ejemplo, se ha tendido a relocalizar las industrias fabricantes de amianto desde Estados Unidos hacia Latinoamérica, siendo Brasil y México los receptores más frecuentes. La función de bienestar y salud humana han sido afectados a través de la contaminación atmosférica. El Aire, que cumple funciones de bienestar y también sumidero, es el capital natural que es más atacado.

El gobierno mantiene relación con la globalización por medio de conexiones internas debido a que sus posibilidades de actuar en forma unilateral se encuentran limitadas en la economía más global; para obtener objetivos ambientalistas, los gobiernos necesitan recurrir a acciones más colectivas en el ámbito internacional. Desde la década del 60, las importaciones provenientes de los países en vías de desarrollo se han alejado de las materias primas, productos agrícolas y alimentos y se han volcado hacia la exportación de productos manufacturados (Redclift, 1996). Estas actividades han sido correspondidas por un aumento paralelo del consumo, de servicios relacionados tanto al productor como al consumidor y de las finanzas, la urbanización descontrolada y una ascendiente presión para edificar en el cordón verde (green belt) de las ciudades. Estas actividades requieren el apoyo regulatorio de los gobiernos que se ven generalmente en posición de debilidad ante el poder internacional de las empresas. Por ejemplo, los gobiernos de Taiwán, Corea del Sur y Brasil aceptan que se instalen dentro de sus territorios la producción de arsénico, la refinación de plomo y fabricación de baterías, las fundiciones de metales y la producción de plaguicidas por medio de firmas de estados europeos, por Japón y Estados Unidos. Estos exportan tales industrias para ahorrar los costos asociados con el cumplimiento de pautas de seguridad laboral y contaminación impuestas.

En tanto a la privatización, el caso de Senegal, en África, es instructivo del daño al capital natural causado por las tendencias de la globalización. A cambio de préstamos que permitan al país amortizar su deuda externa, el FMI ha exigido programas de ajuste estructural (en 1986 y 1995) por los que hoy la mitad de la tierra se cultiva con cacahuetes para las empresas occidentales de mantequilla y hay que importar arroz y azúcar, hay recortes en el gasto público y numerosas privatizaciones. El uso masivo de productos químicos y biológicos para el monocultivo ha producido un caos medioambiental al destruir el hábitat y reducir la biodiversidad de plantas y animales. Las corporaciones han destruido las comunidades agrícolas, lo que ha llevado a la pobreza, el hambre, enfermedades y muerte (Thiessen, 2002).

Finalmente, las estrategias empresariales de gestión ambiental, particularmente aquellas referidas a las multinacionales y a la tecnología, son aspectos muy importantes de la globalización ya que se vislumbra que las grandes firmas y las nuevas tecnologías pueden llegar a representar una oportunidad importante para reducir los efectos ambientales negativos de la globalización. El aceleramiento del comercio global ha originado y empeorado los problemas relacionados al medio ambiente global y esto a pesar de que existen tecnologías más limpias y eficientes. Según las proyecciones del Banco Mundial, las industrias ecologistas moverán capitales mayores en un corto plazo. Esto no ha de extrañar, dice Karliner, pues la salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas químicas que lo aniquilan. Por ejemplo, la empresa química DuPont, una de las mayores generadoras de residuos industriales tóxicos, ha desarrollado un lucrativo sector de servicios especializados en la incineración y el entierro de residuos industriales (Karliner, 1997).  El impacto de las decisiones políticas junto a la privatización y la actividad empresarial multinacional como parte del proceso de la globalización económica han tenido un impacto complejo sobre el capital natural de estos países, especialmente en el Aire, Suelo y Aguas.

Estos casos sólo ejemplifican algunas de las formas en que el capital natural puede ser tratado de manera insostenible. La falta de reconocimiento de la importancia y la fragilidad del medio ambiente cuando se implementan los procesos de la globalización puede tener un efecto directo o indirecto, por lo general negativo – aunque puede ser positivo en algunos casos - sobre la actual y futura supervivencia de la población. Es entonces útil conocer cuáles son algunos de estos procesos y actividades y cómo se relacionan al medio ambiente contribuyendo al estado del capital natural. En resumen, si nuestro desarrollo actual es insostenible, es porque se están agotando algunos componentes críticos, no-sustituibles del capital base del cual depende.

 

5. Conclusión

Este artículo debatió el concepto de capital natural como un aspecto fundamental de la globalización y los problemas del desarrollo en las décadas recientes. Se ha analizado de qué manera el medio ambiente cumple las funciones de supervivencia para los seres humanos y también que las funciones ecológicas son en gran parte insustituibles e irremplazables para el funcionamiento de la economía global.

Como ha sido señalado en otro lugar (Cherni, 2001), gran parte de los problemas ecológicos existentes no son nuevos, y menos aún, no solucionables. Aunque tristemente, una alta proporción de la destrucción hecha es irreversible. Tecnologías, nuevos sistemas de gestión ambiental y regulaciones pueden favorecer al medio ambiente. Un principio en la decisión política del desarrollo económico debe constituir el interés de los gobiernos por administrar y proteger el capital natural, de la misma manera que se hace con el capital financiero, el humano y el industrial. Sin embargo, problemas ambientales conocidos se repiten en lugares nuevos donde se podrían evitar y tecnologías que son conocidas por su ineficiencia se venden a países que no pueden pagar por otras, y peor aún, el mismo modelo de crecimiento debe muchas veces ser adoptado a pesar de ser inapropiado y de reducir al capital natural local. La economía ecológica favorece el futuro de los países en desarrollo al anticipar el daño al medio ambiente. Esto es de gran relevancia para los países en desarrollo pues en éstos, la creación de valor está ligada a sacrificar la calidad ambiental más bien que mejorarla, pues los efectos acumulativos del crecimiento económico sobre los países pobres son casi siempre negativos (Redclift, 1992). Por lo tanto, se concluye que la política económica no debe alejarse de la preocupación de conservar un máximo de independencia ecológica ante las presiones de la globalización que permita priorizar la no destrucción o degradación de las condiciones naturales locales y regionales.

Otro desafío, o el desafío real, como fue escrito por Herman Daly, es reducir el consumo de energía a lo largo de la economía, en lugar de en la producción de un rango limitado de bienes y servicios ‘ecológicos’ o ‘más verdes´ (Daly, 1991). Lo que se requiere no es la creación de la dirección de contabilidad más ecológica y la regulación medioambiental, sino un cambio hacia el reconocimiento más amplio de que la sostenibilidad podría manejar la economía. Hasta que las capacidades de sumidero del globo se hayan evaluado, y la producción se haya modificado para reflejar estas capacidades, Redclift y Woodgate hacen énfasis en que 'nosotros todavía no hemos doblado la esquina hacia una sostenibilidad mayor' (1997, pág. 66).

En la práctica, para que la acción internacional sea eficaz para dirigirse a problemas medioambientales no se requiere sólo de soluciones exclusivamente técnicas. Requiere de acuerdo sobre los medios y fines en los que la internalización de costos medioambientales (a través de la modernización ecológica) pueda epresentar una ventaja del mercado. La convergencia económica hacia la producción más ecológica medida por indicadores de sostenibilidad, se toma dentro de los países industrializados como un suplente de la reestructuración de las economías y de las instituciones internacionales. Estas instituciones internacionales fueron designadas, en el despertar de la Segunda Guerra Mundial, para dirigirse a la paz mundial reduciendo la vulnerabilidad económica y la pobreza del mundo. Está claro que la economía internacional falló en la reestructuración alrededor de los objetivos sostenibles.

 

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