Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número especial (invierno de 2004)  
special issue (winter of 2004)

                 

 


Una lucha de paradigmas: el caso de la homeopatía

 

Guillermo Foladori*

 

* Universidad de Zacatecas, México. E-mail: fola@cantera.reduaz.mx

 

La homeopatía es una terapia que cuenta con más de 200 años. Considera que las enfermedades son causadas por un desequilibrio en el organismo, y que éste puede ser corregido con diluciones infinitesimales de remedios cuyas características o efectos producen la enfermedad similia similibus curentu le llamó a ese principio Hahnemann, el fundador de la homeopatía.

Durante el siglo XIX y primera mitad del XX la homeopatía tuvo un importante auge en muchos países. No obstante, la medicina convencional siempre fue reticente a reconocer la validez científica de la homeopatía. Los alópatas argumentan que los medicamentos homeopáticos no son más que agua, ya que sus diluciones, mayores al límite de Avogadro, implican que no retienen ni una molécula de la sustancia original. También sostienen que el eventual efecto curativo de la medicina homeopática es puramente psicológico, y el mismo resultado daría administrar placebo al paciente. A ello se suma la tradición científica en medicina, que privilegia una trayectoria tecnológica sobre otras posibles, con lo cual la investigación y pruebas de terapias alternativas se ve seriamente limitada por falta de financiamiento. Los Nacional Institutes of Health de los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, sólo destinaron el 0.4% del presupuesto de 2003 al Instituto de Medicina Complementaria y Alternativa que incluye todas las terapias no convencionales, entre ellas la homeopatía (AAAS, 2003).

Con el resurgimiento y emergencia de las enfermedades infecciosas y el aumento de la resistencia de los microbios a los antibióticos, durante las décadas de 80 y 90, los consumidores se volcaron a las medicinas alternativas. El consumo de medicina complementaria y alternativa ha crecido sostenidamente en varios países desarrollados (Fisher & Ward, 1994). En los Estados Unidos, Eisenberg, et al (1998) compararon 16 terapias alternativas usadas por adultos en el año de 1997 en relación con 1990. El resultado muestra un incremento en el uso de medicina alternativa. El concepto genérico de folk remedies se incrementó 2000%. La homeopatía ocupa el segundo lugar con 386% del incremento, siguiendo a las hierbas médicas con un rango similar. Un artículo en JAMA reportó que 40% de las familias de una muestra en los Estados Unidos usaron alguna forma de cuidado de salud alternativo durante el año previo (Astin, 1998). Pero esta no es la ciencia médica normal, y no recibe recursos, tiempo y espacio que los consumidores demandan. En otro número de JAMA, los lectores de la revista —supuestamente estudiantes y profesionales de la salud— colocaron las medicinas alternativas en 7mo lugar de importancia para que artículos sobre el tema sean publicados en la revista, aunque los expertos —posiblemente árbitros de la revista— consideraron su importancia en el lugar 68 y 73 (Lundberg et al, 1998). El control por los cientistas normales sobre los grupos de investigación en medicina complementaria y alternativa ha sido denunciado, como en el caso de los National Institutes of Health (Marwick, 1994), y demandas contra la medicina alternativa se incrementaron sostenidamente luego del resurgimiento en el uso de esta medicina en los ochenta (Skolnick, 1994). Estrategias de barreras sociales y científicas son un mecanismo de mantener al paradigma normal libre de competencia.

La medicina complementaria y alternativa ofrece un buen ejemplo de la dificultad de evaluar paradigmas que no se ajustan con la ciencia normal. La acupuntura, por ejemplo, basada en los principios del Yin y el Yang no pueden responder a la explicación causal de la ciencia moderna occidental. En lugar de buscar una relación causal entre el fenómeno y los eventos, la acupuntura busca la cohesión e idoneidad entre cosas (Kim, 1998). Citando a Saks, Frank (2002) muestra cómo la acupuntura fue completamente rechazada en Gran Bretaña hasta los setentas, pero gradualmente ganó legitimidad dentro de la medicina hegemónica. Para mantener la medicina hegemónica libre de contaminación la acupuntura fue adaptada, separando su marco teórico y ubicándola en las áreas de terapias para el dolor como una técnica. La acupuntura es incorporada al arsenal de las terapias de la ciencia normal, mientras el paradigma biomédico se mantiene intocado.

Un ejemplo similar proviene de la homeopatía. Durante los noventa, la homeopatía ha incrementado su recepción entre pacientes en muchos países desarrollados (Crauford, 2002; Feder & Katz, 2002; Cant & Sharma, 1996) lo cual levantó críticas de parte de la medicina normal (NCAHF, 1994). Varias instituciones procuraron evaluar la validez de los remedios homeopáticos basándose en criterios de la ciencia normal, pero los resultados fueron ambiguos debido a los diferentes paradigmas (Jonas, et al, 2003; Cucherat, et al, 2000; Linde, et al, 1997; Ernst, 1995). Mientras que la ciencia normal espera que una droga cure una enfermedad, sin considerar otras características del paciente, para la medicina homeopática las mismas enfermedades en diferentes pacientes pueden requerir de diferentes remedios. Mientras que la medicina normal es estandarizada, la homeopatía es individualizada, lo que hace muy difícil usar procedimientos similares para testar diferentes paradigmas (Feder & Katz, 2002; Ernst, 1995).

Pero, ¿es que no hay forma de establecer científicamente si una terapia como la homeopatía es o no efectiva? Es aquí donde la ciencia se enfrenta a las mayores dificultades metodológicas. El paradigma convencional trabaja con relaciones causa-efecto. Cuando los resultados estadísticos de la aplicación de una medicina a un conjunto de pacientes que sufren de la misma enfermedad muestran una mejoría, la medicina administrada es considerada efectiva. Pero ese resultado práctico debe ir acompañado de una explicación teórica de la relación causa-efecto entre la medicina y la enfermedad. Las medicinas convencionales o “alopáticas” cumplen, supuestamente, con ambos criterios. La homeopatía no satisface ninguno de los dos.

Por un lado, no hay una explicación teórica de por qué diluciones homeopáticas infinitesimales, que químicamente no contienen nada de la sustancia original, pueden tener efectos curativos. Por otro lado, los homeópatas argumentan que los criterios estadísticos de prueba que sirven a la medicina convencional no sirven a la homeopatía. Mientras que en la medicina convencional un remedio cura una enfermedad, en la medicina homeopática pacientes con la misma enfermedad pueden tener que ser tratados con diferentes remedios.

Pero esa diferencia entre medicina convencional y homeopatía no es tan clara. Contra el carácter estandarizado de las drogas químicas, el vicepresidente del sector de genética de la empresa farmacéutica GlaxoSmithKline, la mayor farmacéutica británica y la primera en ventas mundiales en 1999, reconoció recientemente que la mayoría de las medicinas que se prescribían a los pacientes no tenían ningún efecto curativo. Dijo que más del 90% de las medicinas sólo eran eficientes en un 30 a 50% de los pacientes que las tomaban (The Business, 14/12/2002). El organismo humano, argumenta, es complejo y diferente en cada individuo, de manera que lo que cura en un caso puede no hacerlo en muchos otros. Este reconocimiento está llevando a la industria farmacéutica en el camino de la farmacogenética o identificación, a partir del estudio genético, de aquellas personas que responden positivamente a una droga. Se trata de un proceso de mayor individualización en la relación entre medicina y paciente; un enfoque semejante al de la homeopatía a partir de criterios totalmente diferentes.

Por otra parte, la contradicción entre el crecimiento en la demanda y consumo de medicamentos homeopáticos y su débil estatus científico ha llevado, en los últimos años, a esfuerzos por dilucidar esta cuestión. En 1997, Lancet (No. 350) una de las más prestigiadas revistas de medicina, publicó un meta análisis de 89 pruebas clínicas, con un resultado ambiguo en cuanto a la eficacia de la homeopatía. En 1998, el premio Nóbel Jaques Benveniste fue refutado de su hallazgo presentado en la revista Nature (No. 333) diez años antes, en el que aseguraba que el agua conservaba la “memoria” de los productos que en ella eran diluidos —dando una supuesta base física para explicar la eficacia de la homeopatía a pesar de sus remedios no poseer moléculas de la sustancia original—, y fue expulsado del laboratorio público en que trabajaba en Francia. En 1998 y 1999 Rastogi et al. publicaron artículos en el British Homeopathic Journal (No. 82, 87, 88) de pruebas controladas, donde demostraban que pacientes con tratamiento homeopático habían pasado de tener HIV+ a HIV- en periodos de entre 3 a 16 meses, algo insólito para la medicina convencional. También en la India, algunas clínicas públicas —como el Hospital Nerhu Nagar de Nueva Delhi— utilizan homeopatía con aparente éxito para tratar pacientes con tuberculosis resistente a las multidrogas.

Pero, lo que ha provocado la efervescencia de la discusión ha sido la reciente publicación, por el físico Louis Rey, en la revista de física Physica A (2003, No. 323) de un artículo donde demuestra mediante termo luminiscencia, que la estructura de los lazos de hidrógeno del agua es diferente a las diluciones homeopáticas. Esto significa que algún tipo de energía se mantiene en los medicamentos homeopáticos, a pesar de no contener ninguna molécula del producto original. Según el paradigma científico, de confirmarse este hallazgo no habría argumentos teóricos para oponerse a la homeopatía. Pero, con ello, no se superaría la dificultad de no poder aplicarse el mismo tipo de prueba estadística a la homeopatía del que se aplica en los medicamentos químicos.

El recrudecimiento de las enfermedades infecciosas y la ampliación del consumo de medicinas alternativas, sea porque son más baratas, porque no tienen que pagar patente, o porque se muestren más eficientes, puede llevar a un cambio de paradigma respecto de cómo determinar el criterio de validez.

 

Referencias

AAAS (American Association for the Advancement of Science): AAAS R&D Funding Update. July 1, 2003. www.aaas.org/spp/rd
ASTIN, J.: Why Patients use Alternative Medicine: Results of a National Study. JAMA, 279 (19), pp. 1548-1553, 1998.
CANT, S., & SHARMA, U.: Demarcation and transformation within homoeopathic knowledge. A strategy of professionalization. Social Science & Medicine. 42(4), pp. 579-588, 1996.
CRAWFORD, G. A.: Complementary and alternative medicine. Reference & User Services Quarterly, 42(4), pp. 296, 2003.
CUCHERAT, M., HAUGH, M. C., GOOCH, M., & BOISSEL, J. P. (HMRAG group): Evidence of clinical efficacy of homeopathy. European Journal of Clinical Pharmacology, 56(27), pp. 33, 2000.
EISENBERG, D., DAVIS, R. B., ETTNER, S., & APPEL, S.: Trends in alternative medicine use in the United States, 1990-1997: Results of a follow-up national survey. JAMA, 280, pp. 1569-1575, 1998.
ERNST, E.: (1995). Effects of homoeopathy trial did not evaluate "true" homoeopathy. BMJ, 311, pp. 510-511, 1995.
FEDER, G., & KATZ, T.: Randomized controlled trials for homoeopathy. BMJ. 324(2), pp. 499, 2002.
FISHER, P., & WARD, A.: “Medicine in
Europe: Complementary medicine in Europe”. BMJ, 309, pp. 107-111, 1994.
FRANK, R.: Integrating homeopathy and biomedicine: medical practice and knowledge production among German homeopathic physicians. Sociology of Health & Illness, 24(6), pp. 796-819, 2002.
JONAS, W. B., KAPTCHUK, T. J., & LINDE, K.: A critical overview of Homeopathy. Annals of Internal Medicine, 138(5), pp. 399, 2003.
KIM, H.: Yin and Yang: the Nature of Scientific Explanation in a Culture. Twentieth World Congress of Philosophy, Boston, Massachusetts, August 10-15, 1998.
Disponible:  http://www.bu.edu/wcp/MainScie.htm  [Consultado 09 Mar 2004].
LINDE, K., CLAUSIUS, N., RAMIREZ, G., MELCHART, D., EITEL, F., HEDGES, L. V. et al. : Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? A meta-analysis of placebo-controllled trials. Lancet, 350, pp. 834-843, 1997.
LUNDBERG, G., PAUL, M., FRITZ, H.: A comparison of the opinions of experts and readers as to what topics a general medical journal (JAMA) should address. JAMA, 280(3), pp. 288-290, 1998.
MARWICK, C.: Advisory group insists on 'alternative' voice. JAMA, 272(16), pp. 1239, 1994.
SKOLNICK, A. A.: FDA petitioned to 'stop homeopathy scam'.
JAMA, 272(15), pp. 1154, 1994.

 


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