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Universidad
de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES)- UBA. E-Mail: paivav@yahoo.com.ar
Introducción El
propósito de este artículo es analizar las características de las
cooperativas de recuperadores formadas en el Area Metropolitana de Buenos
Aires (AMBA), examinando su rol en el marco más amplio de la Gestión de
Residuos Sólidos Urbanos. Las
cooperativas de recuperadores pueden definirse como organizaciones cuyo
objetivo es recolectar, acopiar y vender residuos recuperables (cartón,
vidrio, papel, plásticos, etc), con la intención de eliminar a los
intermediarios que actúan en el mercado (depósitos de compraventa de
residuos) e interactuar directamente con las empresas finales compradoras
de material de postdesecho. Como cooperativas, lo que distingue su forma
organizativa y operativa es que no tienen fines comerciales, y por tanto,
el lucro obtenido debe repartirse proporcionalmente entre todos los
miembros de la organización. Por otro lado, deben poner en marcha
proyectos paralelos destinados tanto al bienestar de la comunidad, como a
los socios de la entidad. Actualmente
existen alrededor de catorce cooperativas de recuperadores en todo el Area
Metropolitana de Buenos Aires, la mayoría de las cuales están asociadas
al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. En
términos amplios, su emergencia puede ubicarse en el contexto general de
expansión del cooperativismo que se produjo durante la década de los
’90, y esencialmente, como una respuesta al desempleo que comenzó a
agudizarse hacia el año 1995. (Fajn: 2002)
Sin embargo, otra serie de factores impulsaron el crecimiento de
las organizaciones dedicadas específicamente a este rubro. Entre ellos,
la devaluación de la moneda nacional hacia principios de 2002, al
provocar que las empresas que adquirían insumos importados comenzaran a
comprar material de postdesecho en el mercado interno, y además, una
serie de falencias de la normativa que regula la Gestión de RSU (Residuos
Sólidos Urbanos) en todo el AMBA, que promovió tanto la expansión de
estas nuevas cooperativas, como también la proliferación de vías
informales de recolección o cirujeo. Concretamente, las limitaciones del
Pliego 14/97 (HCD:1997) que regula la recolección en la Ciudad de Buenos
Aires y que sólo permite recuperar hasta un 10% del total de los residuos1
o las más duras prohibiciones del Decreto N° 9911/78 que rige en el
resto del Area Metropolitana, contribuyeron a fortificar la expansión de
ambos tipos de circuitos ligados a los residuos. El
surgimiento de la actual red de cooperativas de recuperadores debe
buscarse en la iniciativa de algunas agrupaciones de carreros2
que, hacia mediados de 1990 comenzaron a trabajar alrededor de modalidades
asociativas que les permitieran mejorar la calidad de su labor y
dignificar la actividad del recolector informal, sea bajo la sindicalización
de la actividad o por vía de la cooperativización. Las
primeras cooperativas se formalizaron entre 1999 y 2000 y fueron las
entidades El Ceibo (Palermo), Reconquista (Tres de Febrero),
El Orejano (San Martín) y RENASER - Recuperar, Naturalmente y
Servir – (La Matanza). Posteriormente, se fueron consolidando nuevas
instituciones tales como Nuevos Rumbos (Lomas de Zamora), Mujeres
para la Dignidad (Lavallol), Reciclado Sur (Lanús), Villa
Malaver (Moreno), Caminito (La Boca), Orgullo Cartonero (Avellaneda),
CARPAMET (Villa 31), Cooperativa Del Oeste (Liniers) o Abriendo
Caminos (Quilmes), entre otras tantas, pertenecientes tanto a Capital
como al Conurbano. Actualmente
las cooperativas de recuperadores presentan un perfil de composición
heterogéneo, ya que algunas agrupan a ex carreros o ex cirujas que se
organizaron para mejorar la calidad de la actividad y otras se formaron
por sectores de clase media empobrecida – los habitualmente conocidos
como “nuevos pobres”3 – que encontraron en el
cooperativismo un proyecto desde el cual paliar la desocupación. Como
veremos en algunos ejemplos que damos a continuación, son personas que no
tenían ningún conocimiento previo sobre los residuos y que tuvieron
acceso al tema a través de las asambleas populares o los trueques a los
cuales asistían. Antes
de entrar directamente en el tema, vale realizar una última aclaración.
Hasta el momento, la cantidad de trabajos publicados en torno a los
circuitos informales de recuperación, son escasos, y más aún, aquellos
referidos al caso concreto de las cooperativas de recuperadores. En
lo relativo a las vías informales, existe un estudio de Saraví (1994)
que analiza el cirujeo en La Plata en el año 1992, pero esencialmente
como una manifestación del trabajo informal, más que como un canal de
recuperación de materiales. Más específica es la investigación de Súarez
(2001) centralizada en la totalidad de los actores que intervienen en el
circuito informal de recolección y tratamiento de los residuos. Su
trabajo, focalizado geográficamente en los municipios de Malvinas
Argentinas y José C. Paz recupera la totalidad de la cadena, detectando
un primer nivel de recolectores (cirujas), un segundo estadio de
acopiadores de diferente escala y un último eslabón referido a las
empresas que actúan en el mercado formal de la producción. Por último,
Schamber (2001), analizó el efecto de las políticas oficiales en la
modificación del tipo de ciruja a través del tiempo. En
cuanto a las cooperativas de recuperadores, sólo se ha publicado un breve
estudio de Gabriel Fajn (2002) que analiza algunas experiencias surgidas
en otros países de América Latina,
tales como Colombia y Brasil, en donde examina las redes institucionales
que establecieron con otros organismos de la sociedad civil, tales como
ONGs y Fundaciones que apoyaron y fortalecieron el trabajo cooperativo,
como asimismo, las diferentes acciones institucionales que tomaron los
estados para elaborar políticas referidas al cirujeo y los cirujas.
Respecto a la Argentina, cita el caso de la Cooperativa “El Ceibo” que
fue una de las primeras organizaciones formadas en el Area Metropolitana
de Buenos Aires. Dado
el escaso número de investigaciones referidas a las cooperativas de
recuperadores, este trabajo intenta aportar algunos elementos nuevos al
conocimiento sobre el tema. Fue realizado en base a técnicas cualitativas
de investigación, tales como la entrevista en profundidad y la observación
no participante. Dichas entrevistas fueron tomadas de acuerdo a un “guión”
que si bien orientaba el sentido del encuentro, era lo suficientemente
abierto y flexible como para dejar paso a temáticas relevantes que no
hubieran sido previstas con anterioridad. De
acuerdo con ello, y retomando el eje temático planteado en el guión, a
continuación me detendré en las características de algunas de las
cooperativas que hoy actúan en el Area Metropolitana, reseñando la
historia de su formación, su composición actual, los objetivos que se
proponen obtener, sus dificultades y el grado de desarrollo alcanzado.
Hacia el final intentaré marcar los rasgos comunes y las diferencias
entre las distintas organizaciones, y un tema de suma importancia, su
relación con los municipios locales, evaluando las posibilidades de
insertar su labor dentro del sistema de gestión de RSU de las distintas
comunas, que es otro de los interrogantes centrales de este artículo.
La
Cooperativa CARPAMET se formó hacia mediados del año 2001.
Inicialmente sus miembros comenzaron sus actividades conjuntamente con
otra cooperativa de la Ciudad de Buenos Aires, pero se independizaron por
una serie de desaveniencias y se agruparon como grupo autónomo. De esta
forma, hacia fines de 2001 se conformó la entidad CARPAMET,
matriculada como cooperativa de “servicios”, dado que es la figura jurídica
que les permite disminuir la carga impositiva. En
sus orígenes, la Cooperativa estaba formada por tres personas, dos
hermanos que se dedicaban a la tarea desde toda la vida - cirujas
tradicionales - y un portero de la zona que
los impulsó a formar la organización y los conectó con el
Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Posteriormente se unieron al
grupo otros cartoneros de la Villa 31, que se fueron integrando
lentamente. En
la actualidad CARPAMET cuenta con doce socios, casi todos de la
Villa 31, algunos de los cuales fueron cartoneros de toda la vida y otros
tantos que ingresaron al oficio por desempleo. Si bien dichas personas se
encuentran asociadas, no todas participan activamente y esperan con
cautela el desarrollo del emprendimiento, ya que antiguas experiencias
ligadas a proyectos frustrados – y en ocasiones cruzadas por el
clientelismo político – los volvieron escépticos a nuevas propuestas
asociativas. Como
en todos los casos en donde el grupo original estaba formado por personas
provenientes de sectores socioeconómicos bajos4 y por
“cirujas tradicionales”, el objetivo El
objetivo “laboral” de CARPAMET
es constituir una asociación en la cual los miembros no sólo
continúen recolectando en mejores condiciones, sino formalizar un centro
de acopio dedicado a la compra de materiales revendibles obtenidos de la
recolección de los propios socios y de otros cartoneros que quieran
vender a la cooperativa. La intención es asociarse y constituirse ellos
mismos en “dueños” para obviar a los intermediarios, obteniendo un
mayor excedente que se repartirá en forma equitativa y proporcional a la
cantidad entregada. Pero
paralelamente, y siguiendo lo que marca la ley de cooperativas, la futura
organización no se limitará a las funciones estrictamente
“laborales” sino que prevén desarrollar otros proyectos ligados al
bienestar de la comunidad y de los socios. En este sentido, la meta es
abrir una guardería de niños, un taller de elaboración de prendas y una
huerta comunitaria, que se llevará a cabo con el apoyo del Gobierno de la
Ciudad. Pero
para poner en marcha las actividades, la cooperativa necesita un capital
inicial que destinará a alquilar el galpón para realizar el acopio,
comprar la balanza y un matafuego (necesario por cuestiones de seguridad).
En este sentido, tanto el espacio adecuado, como el capital, son
dos elementos “claves” que necesitan para comenzar la tarea. Ello es
así, porque la ganancia central de la organización consiste en acopiar
en escala y vender en
cantidad a las empresas, o cuando menos, a intermediarios de mayor
envergadura. Sin embargo, los magros ingresos que reciben los cartoneros
por su labor, no les permite superar la supervivencia diaria y no pueden
destinar parte del dinero - o de los residuos recolectados- para ahorrar
en vistas a capitalizarse. De esta forma, necesitan el dinero centralmente
para alquilar el local y comenzar a comprar a otros cartoneros, para lo El problema del crédito inicial para el galpón y el acopio es un tema central para la mayoría de las cooperativas de recuperadores, ya que ninguna cuenta con los fondos necesarios. Y en este sentido, la única institución que, hasta el momento, apoyó el crecimiento y fortalecimiento de las cooperativas de este rubro fue el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que entre otras cosas, ideó un plan de fondos blandos destinados a las necesidades puntuales de estas asociaciones. ¿cuál es el trámite que deben realizar las cooperativas para lograr los fondos que necesitan? En
principio obtener su matrícula y personería jurídica, asociarse al
Instituto y presentar un proyecto en dónde desplieguen sus objetivos y señalen
los fondos que necesitan para iniciar la actividad. A partir de allí el
Instituto otorga los créditos en función del orden de inscripción.
Como
dijimos anteriormente, la mayoría de los créditos se destinan a alquilar
el galpón e iniciar la compra y el acopio en escala. Para ello, la
operatoria crediticia ideada por el Instituto fue la siguiente.
Una vez aprobado el préstamo, se realiza un “giro” diario para
que la cooperativa pueda comprar el producido de sus propios recolectores
o de otros cartoneros que quieran vender a la entidad. Efectuada la
compraventa, se devuelve el monto prestado y se realiza un nuevo “giro
comercial”. De este modo,
las cooperativas pueden comenzar la actividad e ir capitalizándose
lentamente hasta independizarse de los préstamos del Instituto. Con
esta modalidad, hasta el momento sólo dos cooperativas han puesto en
marcha la labor de compraventa con resultados exitosos. Se trata de El
Orejano y RENASER, dos de las primeras organizaciones
inscriptas. En
el caso de CARPAMET aún no ha recibido el préstamo, por lo cual
los cartoneros siguen acopiando y vendiendo en forma individual.
Por lo pronto, sólo se han matriculado y asisten a los encuentros
generales de los cooperativistas, pero no mantienen reuniones internas con
sus propios socios y cada cual sigue con la actividad tradicional de
recolectar, acopiar en pequeños espacios, y vender en los depósitos de
la zona tal como lo hacen los cirujas no agremiados o informalizados. Dado
que el problema del espacio, la falta de capital y la lentitud para
acceder al préstamo es un problema de todas las cooperativas, se ideó un
nuevo plan entre el Instituto y las entidades destinado a paliar esta
dificultad, y otorgar mayor envergadura a la actividad general de la
compraventa de residuos. Concretamente, se trata de alquilar un galpón de
mayor magnitud a cargo del Instituto, en donde todas las cooperativas
lleven su producido, se acopie con mayor escala y se mejore la
rentabilidad al tratar directamente con las empresas. Dado que dicho galpón
general –ubicado en la zona de Munro – comenzó a funcionar
recientemente, resulta difícil evaluar aún cuál será el éxito de este
nuevo emprendimiento. De todos modos, las cooperativas ya están
entregando sus materiales de acuerdo a esta modalidad operativa.
Un
caso totalmente diferente a CARPAMET
es la cooperativa Alicia Moreau de Justo de Lavallol.
Difieren por su historia, la composición de los integrantes, los motivos
que dieron origen a la cooperativa y por las formas operativas que
implementan para llevar adelante la actividad. Una
de las características particulares y distintivas de la cooperativa Alicia
Moreau de Justo es que está compuesta totalmente por mujeres. Se
conocieron porque formaban parte de la cooperadora del colegio al que
asistían sus hijos y fue a partir de ese nucleo primitivo que se conformó
la organización. Las
unió la crisis económica y social que se desató a partir de diciembre
de 2001, pero no tanto porque dicha crisis las afectara personalmente - ya
que en su mayoría no pertenecían a hogares con fuertes necesidades económicas
o en situación de desempleo - si no por la situación de carencia y
empobrecimiento que veían a su alrededor. Las reunió dicha mirada social sobre la realidad y otro
elemento esencial: la necesidad de articularse detrás de un proyecto que
les permitiera dejar ser solamente “amas de casa, esposas y madres”
para convertirse en mujeres, que además, podían desarrollar un proyecto
laboral autónomo. Nacieron
ligadas a la cooperadora de la Escuela, y aunque nunca tuvieron un nexo
concreto con la institución, existe una relación de ayuda mutua ya que
el colegio les guarda los papeles y diarios, y la cooperativa los papeles
blancos que puedan reutilizarse en la fotocopiadora. El proyecto y el
grupo original, partió de allí. Si
bien la cooperativa comenzó a funcionar en mayo 2002, aún está en
proceso de matriculación. Empezaron en un local que les cedieron en
comodato, trabajando a partir del acopio de residuos que traían los
asociados. En enero de 2003 debieron devolver el galpón en donde operaban
y tuvieron una pausa importante hasta que, con el apoyo del Instituto
Movilizador de Fondos Cooperativos y del Banco Credicoop de la zona,
lograron que diez empresas del lugar donaran diez pesos para sostener el
proyecto y pudieron comenzar a operar nuevamente. En
enero de 2003 comenzaron a operar en el nuevo local, pero ya enroladas con
el resto de cooperativas asociadas al Instituto Movilizador. Actualmente,
la cooperativa está formada por catorce mujeres, de la cuales siete se
dedican al trabajo concreto en el galpón, mientras el resto pertenece al
consejo pero efectúan otras tareas. La
cooperativa Alicia Moreau de Justo se constituyó desde sus inicios
como un centro de acopio, compra y venta de residuos. Nunca incluyeron la
fase de recolección como parte de las actividades de los miembros de la
entidad, y tampoco está dentro de sus objetivos. Desde el comienzo, la
meta fue comprar los residuos que traen los recolectores de la zona,
abonando según el “precio justo y peso exacto”, que es la consigna de
todas las cooperativas. El
proyecto laboral de la entidad es llegar a producir un excedente que les
permita autosostenerse. Para ello la meta es operar como el resto de las
organizaciones: comprar a los recolectores, acopiar, separar y clasificar
y vender en mayor escala directamente a las empresas o a través del nuevo
mecanismo que ideó el Instituto, que – como dijimos- consiste en
entregar el producido al galpón general de Munro. Pero, esencialmente,
persiguen la esperanza de lograrlo sin frustar los principios
fundamentales del cooperativismo. Es
decir, no reproducir las prácticas de los depósitos de mercado, ni los
de una empresa puramente comercial, sino articularse alrededor de un
proyecto en donde el lazo común sea tanto el trabajo conjunto, como la
división igualitaria de los réditos y de los esfuerzos. Se trata de
lograr que la cooperativa pueda brindar un excedente que permita la
subsistencia de los miembros actuales y también las de los recolectores
que hoy venden allí, pero centralmente, sustentada sobre los principios
cooperativos, formalizando una verdadera empresa social. Dado
que las mujeres de la cooperativa no tenían un pasado atado al cirujeo,
debieron aprender todas las particularidades de la labor: el tipo de
residuos reutilizables, sus características, los momentos oportunos para
comprar y vender y la manera de reconocer las diferencias de algunos
materiales – que como el plástico – tienen muchas especificidades que
es necesario distinguir correctamente. Pero llamativamente, al tiempo que
la cooperativa se propuso como un proyecto dirigido a la ayuda de otros más
necesitados, fueron miembros de cooperativas compuestas por personas de la
misma extracción social a la que ellas pretender atender, quienes las
iniciaron en las peculiaridades de esta tarea, que esencialmente, se
aprende por ensayo y error y por la práctica cotidiana a través de los años. Actualmente,
la Cooperativa Alicia Moreau de Justo opera en un local alquilado
en donde las mujeres trabajan ochos horas divididas en turnos de cuatro.
El local se sostiene con las donaciones y con el ahorro del excedente que
va dejando la venta diaria. Si bien la meta es llegar a vender
directamente a las empresas, aún no han podido llegar a dicha escala y sólo
alcanzan a negociar con mayor volumen, pero vendiendo en los depósitos de
mercado. Asimismo, el lucro que genera la cooperativa aún no consigue
autosostener el emprendimiento, ni tampoco producir la ganancia suficiente
para solventar las necesidades de los socios. En
relación al vínculo de la cooperativa con el Municipio local, han tenido
algunas reuniones con las autoridades referidas a la situación de las
cooperativas. Pero por el momento no se vislumbran proyectos destinados a
incorporarlas como parte de la gestión de residuos sólidos urbanos de la
zona, aunque en rigor, tampoco es una meta prioritaria de esta entidad.
La
Cooperativa “Orgullo Cartonero” pertenece al partido de Avellaneda.
Actualmente está formada por catorce personas que se reunieron con el
objetivo de formalizar una entidad que mejorara la situación de los
miembros. Se trata de una organización conformada por sectores de muy
bajos recursos, que entraron al cirujeo por motivos económicos y por
desempleo. De los catorce,
algunos eran cirujas tradicionales y otros se volcaron a la actividad por
desocupación. Son ex albañiles, electricistas, plomeros, pintores, ex
empleados fabriles que actualmente solventan su susbistencia a través de
la mezcla entre los trabajos eventuales (“changas”), el cartoneo y los
planes oficiales, tal como el “Jefas y Jefes de Hogar”, “El Plan Trabajar”
o los planes juveniles que también otorga el Estado. Ante
la merma cada vez más notoria de elementos recuperables en la calle,
decidieron formalizar la cooperativa por impulso de uno de ellos y de un
miembro de la oficina “Pesas
y Medidas” de la Municipalidad que los conectó con el Instituto
Movilizador. En
la actualidad, “Orgullo Cartonero” se haya en vías de matriculación
y cuenta con un depósito que les brindó la Municipalidad para la
actividad de la cooperativa. Sin embargo y a pesar de contar con este
espacio – que para otras entidades es esencial – los miembros de la
cooperativa no están alentados, ni demasiados comprometidos con la labor.
Por el momento, sólo usan el local para acopiar las donaciones de papel
que les realiza el Banco Credicoop local y otra empresa de la zona
(donaciones que consiguieron a través del Instituto) y no realizan
ninguna otra actividad asociativa. Por
lo pronto, siguen dedicándose a la tarea de levantar, acopiar y vender en
forma separada como lo hacen los cirujas no agrupados y se encuentran a la
espera del préstamo del Instituto Movilizador, para empezar a operar como
centro de acopio, compra y venta. La
Cooperativa “Orgullo Cartonero” ha tenido diversas reuniones con
funcionarios municipales destinadas a buscar apoyo para el desarrollo de
la organización y discutir las posibilidades de contar con un área de
recolección a cargo de la entidad. Hasta el momento, los diálogos con la
comuna local han sido débiles en este sentido, ya que si bien fue el
secretario de “Pesas y Medidas” quien los conectó con el Instituto
Movilizador y le cedió el galpón que hoy es sede de la entidad, dejó
pendiente toda resolución relativa a gestión de RSU, para el momento en
que la organización se halla más consolidada.
La
Cooperativa Del Oeste tiene sede en el barrio de Liniers de la
Ciudad de Buenos Aires. Actualmente está compuesta por seis personas, de
las cuales cuatro se conocieron en las reuniones de la Asamblea Popular
del barrio de Liniers. Por
aquel entonces, los cuatro se hallaban desocupados, y si bien eran
vecinos, recién se conocieron en la Asamblea. En el grupo había un diseñador
de páginas web, un cerrajero, una empleada administrativa, y un ex
empleado de ATC. Cuatro personas a las que no sólo reunía el mismo interés
de participación popular que caracterizó a aquellos tiempos de fines de
2001, si no también el desempleo y la necesidad de articular un proyecto
común que los ayudara a paliar la crisis. No
tenían un pasado ligado al cirujeo, ni tampoco conocían acerca de los
residuos o el reciclaje. Sin embargo, en las reuniones de las asambleas no
sólo se discutían asuntos ligados a la coyuntura política específica
de la etapa, sino cuestiones más profundas relativas a los problemas del
país, la ciudad o el barrio, y también, las posibilidades de articular
microemprendimientos productivos, sea para el barrio o los vecinos. Los
proyectos relacionados con granjas, criaderos de lombrices, exportación
de caracoles eran parte de las propuestas que se discutían en las
asambleas barriales. Además, por ese tiempo, algunas personas ligadas al
Banco Credicoop de la zona asistían a las asambleas populares, y fue a
partir de ese hecho que tomaron contacto con las posibilidades laborales
que brindaban los residuos y su reventa. En
el año 2002 formaron la Cooperativa del Oeste, que hoy está
matriculada como cooperativa de servicios y asociada al Instituto
Movilizador, como muchas otras del mismo rubro. Al grupo original se
unieron dos personas más, un comerciante y un estudiante de periodismo. Actualmente
operan en la vivienda de uno de los integrantes, porque aún no tienen un
galpón adecuado. Se ocupan de recolectar pero también de acopiar y
separar. En este sentido, la forma operativa de esta entidad es diferente
al resto. No recolectan de la calle, sino que formaron una red de
comercios y vecinos que les separan y reservan los residuos. Contactaron a
los comercios a partir de la amistad personal que fue realizando cada
miembro con algún local de la zona, ya que encontraron que dicho
mecanismo facilitaba la confianza y separaba su quehacer de la figura del
ciruja tradicional de la que intentan diferenciarse. La recolección la
realizan con una bicicleta y según el horario y día que hayan fijado con
cada vecino o comercio zonal, y queda a cargo del miembro que conectó al
provedor. En
este sentido, el ser vecino del barrio fue y es esencial para esta
cooperativa. Fue a partir de ser vecinos y participar de la misma asamblea
que se conocieron y fue por esa misma razón que tuvieron acceso a la
posibilidad de hacer del acopio de residuos un emprendimiento laboral.
También fue ese factor el que posibilitó la relación con la gente de la
zona, ya que los conocen, y les guardan los elementos reciclables. Si bien
hasta ahora operan a partir de los contactos personales, próximamente
prevén realizar una pequeña publicidad mediante volantes, para hacer
conocer la cooperativa en el barrio y captar nuevas redes de vecinos y
comercios. Si
bien la cooperativa ya está en marcha, aún no pueden operar tal como
quisieran. Y en este sentido, el principal obstáculo es la ausencia de un
galpón adecuado y de los fondos necesarios para alquilar el local. De allí
que, por ahora, sólo recolectan a partir de los contactos hechos por los
miembros: acopian, clasifican y separan, y venden en los depósitos
intermedios. No actúan como centro de compra de material de terceros
porque no tienen fondos para escalar hacia ese estadio, ni tampoco espacio
físico suficiente. Por otro lado, si bien ser vecinos de la zona los
benefició para conectar provedores a partir de la confianza, ese mismo
hecho les dificulta la posibilidad de abrir un depósito allí mismo. La
entrada y salida de carros o bicicletas que apareja el movimiento de
compraventa de residuos, provocaría molestias a los vecinos ya que se
trata de una zona residencial. De allí que otra de las dificultades a
resolver, es cómo encontrar un local que esté ubicado en un sitio
adecuado para ese tipo de labor comercial, pero no demasiado lejos de la
zona en la que hoy actúan para no perder los contactos ya establecidos. En
lo estrictamente laboral, los objetivos de la organización son
constituirse en un centro de acopio que pueda comprar y vender residuos
directamente a las empresas – y no a los intermediarios – y lograr que
el emprendimiento se convierta en el sustento de los socios de la
cooperativa. Intentan ordenar la actividad según las pautas de la empresa
comercial (horarios, tiempos, sistematización), pero regida por los
principios cooperativos: distribución equitativa del trabajo y de los
excedentes, pero sin dueños
ni jefes a quienes responder. Además de estas metas laborales, persiguen
objetivos ligados al bien de la comunidad, tal como la realización de
compras comunitarias o el reciclado de muebles. Pero por el momento, estos
sueños son aún lejanos ya que la rentabilidad actual sólo aporta
alrededor de mil pesos mensuales, excluidos los gastos propios de la
actividad (transportes, viáticos, teléfono, etc). Como
otras entidades, los miembros
participan de la mesa de diálogo que lleva adelante la Secretaría de
Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad y, por ello, también asistieron
a las discusiones del ante pliego de licitación relativo al servicio de
residuos que se llevó a cabo durante el año 2002 en el Teatro San Martín. Respecto
de este asunto, una de las críticas efectuadas al ante pliego se refiere
a la excesiva cantidad de requisitos que se exigen a este tipo de
organizaciones para poder operar. En rigor, resulta imposible para estos
emprendimientos de tan pequeña escala cumplimentar esas exigencias, como
también lo son, para el cartonero que trabaja individualmente y a quien
también se le permite recolectar en la Ciudad sin estar asociado a una
entidad. En
este sentido, si bien las cooperativas no rechazan la actividad del
cartonero individual, marcan sus diferencias y se distinguen del cirujeo
informalizado. Ellas constituyen organizaciones con entidad jurídica,
pautas y esquemas de organización, mientras que el cirujeo precario
representa todo aquello que el cooperativismo intenta dejar de lado: el
trabajo individual, la venta “al por menor” al depósito ilegal y la
imposibilidad de articularse alrededor de un proyecto superador de la mera
supervivencia cotidiana. Por otro lado, mientras que las cooperativas
intentan poner en marcha una labor ordenada y reconocida para prestar un
servicio prolijo y limpio, el ciruja individual – aquel que “rompe las
bolsas y dispersa los residuos” – es quien vuelve a atrás la
actividad de la organización y genera descofianza entre los vecinos. No
están en contra de los cartoneros inviduales, pero tampoco avalan esa
actividad precaria, que no sólo reproduce prácticas de mera
supervivencia, sino que en ocasiones perjudica su propia imagen ante la
comunidad. Actualmente,
la cooperativa Del Oeste ha comenzado a trabajar dentro del nuevo
plan ideado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, es decir,
acopiar y vender conjuntamente en el galpón de Munro, que administran
todas las cooperativas a través del Instituto. Si bien existen una serie
de problemas pendientes de resolución en la ejecución de este nuevo
proyecto, encuentran en ello un nuevo aliciente para superar el estadio en
el que hoy se encuentran.
La
Cooperativa Abriendo Caminos pertenece al partido de Quilmes.
Actualmente está formada por doce personas distribuidas en dos locales
que tienen en dicho municipio. En
forma similar a la cooperativa Del Oeste
el grupo no tenía un pasado atado al cirujeo, si no oficios y
profesiones muy alejados de esa labor. Eran electricistas, herreros,
kinesiólogos, administradores contables, empleados administrativos con un
nivel educativo que oscilaba entre el nivel secundario y el universitario
completo o incompleto. Se
conocieron en el trueque de Bernal – el primer club del trueque que
existió en el país – y como a otros grupos los unió la necesidad. Recurrían
al trueque porque estaban desocupados y sin ingresos, y trocar era la
forma que encontraban para satisfacer algunas de sus necesidades. Fue a
partir de carencias surgidas en el club del trueque que empezaron a
articularse alrededor de los residuos, ya que juntaban botellas, diarios y
otros materiales del estilo para solventar los gastos del propio club. Así
se acercaron al mundo de los residuos, hasta que un aviso radial los llevó
hasta Instituto Movilizador, y hacia el perfil de cooperativa de
recuperadores que hoy sostienen. Se
formalizaron como cooperativa en septiembre de 2002, aunque recién hace
seis meses que pudieron alquilar el galpón para realizar las actividades
de compraventa en mejores condiciones. Durante los primeros diez meses
anteriores a la apertura del local, trabajaban y acopiaban en sus casas y
vendían en depósitos intermedios, destinando el dinero sólo a ahorrar
para alquilar el galpón. En esa etapa inicial eran treinta y seis
personas de las que sólo quedaron siete, dado que no todos pudieron
sostenerse durante los diez meses que duró la gestación de la
cooperativa. Sólo aquellos que tenían algún familiar que podía
solventar los gastos familiares pudieron continuar con las tareas
destinadas a acopiar y ahorrar sin desviar ningún dinero para uso
personal, en pos de un proyecto que por ese entonces era sólo una
quimera. La
cooperativa actual comenzó a funcionar recién en septiembre de 2002, y
hoy está formada por siete personas pertenecientes al núcleo original y
otras cinco que fueron integrándose al proyecto: un cartonero
“tradicional” – el único conocedor de los gajes del oficio –
su esposa, y tres personas más. Abriendo
Caminos
participa de similitudes y diferencias con otras cooperativas. Tiene
semejanzas con Del Oeste en cuanto a la extracción social de las
personas que componen el grupo y también por el motivo esencial que los
reunió: la necesidad de poner en marcha un emprendimiento laboral que los
ayudara a paliar la desocupación y cubrir las necesidades económicas. A
la vez, con otras cooperativas como Alicia Moreau de Justo o Villa
Malaver de Moreno comparten la particularidad de ser asociaciones en
donde las mujeres jugaron roles esenciales, sea porque en la mayor parte
del grupo estaba formado por ellas o porque las que impulsaron
fundamentalmente el desarrollo de la cooperativa fueron las mujeres. Por
fin, todas estas cooperativas, se asimilan, además, en el hecho de que
ninguna tenía un pasado atado al cirujeo, ni al manejo de los residuos o
el reciclaje, y en este tema tuvieron que aprender todas las
peculiaridades del oficio. Tanto
como comparten semejanzas, también tienen diferencias incluso con
aquellas cooperativas con las que participan de rasgos comunes. Uno de
ellos es la forma operativa que distingue a la entidad, ya que no se
dedican a la recolección bajo ninguna modalidad, sino que actúan como
centro de acopio, clasificación y venta. Por otro lado, y a diferencia de
otras organizaciones, no esperaron el crédito blando que otorga el
instituto para iniciar la actividad, sino que destinaron el ahorro de diez
meses de reventa de residuos sólo para alquilar el galpón y comenzar a
operar, sin esperar el crédito. Actualmente
Abriendo Caminos ya está trabajando en la zona de Quilmes. Poseen
un galpón de dimensiones considerables pero que aún no satisface las
aspiraciones de los miembros. Allí compran a los cartoneros del lugar,
acopian, clasifican y venden. Hasta el momento, los ingresos que obtienen
a partir del movimiento comercial diario, sólo alcanza para solventar los
gastos operativos, los viáticos y un magro excedente para repartir entre
los socios. En este sentido, la falta de capital necesario es uno de los
motivos que limita la expansión de la organización, pero también y
relacionado con ello, la ausencia de un galpón de mayores dimensiones,
dado que hay residuos que tienen lugar en el mercado de reventa de
postdesecho, pero que no pueden empezar a adquirir, justamente por falta
de un local más amplio. Este hecho, junto a la falta de capital y la
inexperiencia en el manejo de residuos son las tres dificultades más
importantes con que debe lidiar esta organización. Como
algunas otras cooperativas ya citadas, a los miembros de esta organización
los nucleó la necesidad de reparar una necesidad laboral y económica
personal, pero a través de un emprendimiento sustentando sobre las bases
del cooperativismo. El objetivo era económico, pero también social en su
sentido más amplio. Es decir, equitativo, igualitario y recíproco entre
los miembros (cooperativo), pero también solidario con la comunidad.
Desde aquí, la cooperativa persigue metas laborales y económicas para
sus propios miembros, pero también intenta introducir los principios del
cooperativismo entre los mismos cartoneros a los que atienden diariamente,
y de los que, al tiempo que se acercan solidariamente, intentan
diferenciarse. Abriendo
Caminos
participó de algunos encuentros realizados por la Municipalidad de
Quilmes, pero que no han tenido mayor repercusión. En su parecer esas
reuniones están “bastante teñidas de política” o de una forma de
hacer política, que está bastante lejos del espíritu de la cooperativa. Recientemente,
han comenzado a participar del proyecto de acopiar conjuntamente en el
galpón general de Munro con el resto de las cooperativas. Dado el estado
inicial del nuevo mecanismo, aún no es posible evaluar en qué medida la
propuesta beneficiará a las cooperativas dado que existen una
multiplicidad de problemas operativos a resolver, tal como el pago de los
fletes para trasladar los materiales, el giro a término de los fondos y
algunos mecanismos burocráticos que se chocan con la rapidez que exige la
actividad comercial, especialmente, cuando dicha tarea es llevada a cabo
por empresas sociales de bajos recursos que no pueden sostener la tardanza
de un giro de fondos por 48 hs, entre otros problemas.
Como
se pudo observar a lo largo de estas páginas, el Instituto Movilizador
jugó un rol importante en la consolidación de las cooperativas de
recuperadores. En rigor, fue la única institución que, más allá de sus
falencias, acercó opciones para la estructuración de estos grupos que,
por distintos caminos y diferentes razones intentaban articularse
alrededor de un proyecto que les permitiera paliar la desocupación o
mejorar su situación laboral. En
este sentido, el Instituto brindó su experiencia en cooperativismo tanto
para fortalecer las entidades, como para encontrar los mecanismos a través
de los cuales las asociaciones pudieran mejorar su situación económica y
diseñar un proyecto dirigido al autosostenimiento y la apertura de
fuentes laborales. Dada
la especificidad de este tipo de cooperativas - un rubro absolutamente
nuevo sobre el que no existían experiencias previas en las cuales
apoyarse - tuvieron que idear modalidades operativas también novedosas y
que se ajustaran a las particularidades de la actividad y a las características
de los grupos que – a pesar de su fuerte heterogeneidad – comparten la
situación de no poseer capacidad de ahorro para iniciar una tarea
comercial. Inicialmente
se creó el sistema de créditos blandos orientados al alquiler de los
galpones para acopio o el “giro comercial”, es decir un sistema de préstamo
con una rotación de no más de 48 horas a través del cual: el instituto
deposita el dinero, la cooperativa compra a los recolectores, vende a los
intermediarios y devuelve el monto original, ahorrando la rentabilidad
obtenida por la venta del día, y volviendo a cobrar nuevamente el
“giro” que los habilita a realizar una nueva compra. Hasta
el momento, sólo dos cooperativas recibieron este tipo de préstamos con
muy buenos resultados. Sin embargo, una de las críticas que las
organizaciones realizaron al Instituto es la lentitud y la burocracia con
que se realizan los trámites y con que se otorgan los préstamos. Los
lapsos son tan largos que en ocasiones obturan la actividad comercial de
las cooperativas que ya están en marcha, o debilitan las esperanzas de
aquellas que aún no han podido comenzar a operar. De
acuerdo con ello, se ideó una nueva estrategia que intenta superar esos
obstáculos, y más aún, mejorar la rentabilidad de las cooperativas.
Concretamente, en el mes de octubre de 2003 se abrió un galpón general
en la zona de Munro en donde comenzó a concentrarse el acopio general de
todas las entidades. Dicho plan tiene varios objetivos: compensar el
problema de falta de espacio que tienen las cooperativas, alcanzar un
volumen de residuos mucho mayor que el que obtiene cada organización por
separado, y de esta forma, negociar la venta en forma conjunta con las
empresas finales compradoras de material de postdesecho, alcanzado
obviamente, mayor rentabilidad. Por último, dado que el mercado de
materiales tiene un ritmo específico de suba y baja de precios y tiempos
particulares para la compra de ciertos elementos (por ejemplo, el cartón
sube de marzo a septiembre y baja desde septiembre a marzo), el Instituto
se dedica a comprar a las cooperativas en las épocas de baja de un
determinado material, lo retiene y lo vende en tiempos de alza. Se espera
que el excedente obtenido a través de este manejo específico, reditúe
en beneficio de las cooperativas. Recientemente,
las organizaciones en conjunto con el Instituto han comenzado a operar según
esta nueva modalidad. Los problemas que ha causado la estrategia son
varios: falta de transportes adecuados para acarrear la mercadería,
excesivos trámites burocráticos por parte del Instituto para abonar el
pago de los fletes destinados a transportar la carga hasta el galpón
general, y otras dificultades de este orden. Sin
embargo, dado el estado inicial del proyecto, aún no se puede evaluar cuál
será la efectividad de la nueva propuesta. Conclusiones Hasta
aquí, he reseñado las características de cinco cooperativas de
recuperadores que operan en el Area Metropolitana de Buenos Aires: CARPAMET,
Del Oeste, Alicia Moreau de Justo, Orgullo Cartonero
y Abriendo Caminos. Constituyen ejemplos paradigmáticos de
las muchas otras cooperativas que se formaron en el Area Metropolitana
desde 1999. La
emergencia de dichas entidades obedece a distintos factores que se
conjugaron paralelamente. Por un lado, el aumento general del número de
cooperativas creadas durante la década del ’90, lo que se asocia al
incremento de la desocupación, y además, razones que se ligan específicamente
a la temática de los residuos. Entre ellos, la devaluación de la moneda
nacional, que aceleró la compra de material de postdesecho por parte de
las empresas que actúan en el mercado formal, y una serie de falencias de
la normativa que rige la recolección de residuos sólidos en todo el Area
Metropolitana de Buenos Aires, que promovió tanto la expansión de este
tipo de cooperativas, como la proliferación del cirujeo precario e
informalizado. En
este sentido, las limitaciones a la recuperación de residuos dispuestos
por el Pliego 14/97 que regula la recolección en la Ciudad de Buenos
Aires y que sólo permite recuperar hasta un 10% de los residuos, o las más
duras normativas del Decreto N°9111/78 que rige en el resto de los
partidos del Gran Buenos Aires, y que establece que todos los residuos
deben ser descargados en terrenos del CEAMSE, y prohibe cualquier tipo de
recuperación aún por parte de quienes tengan la adjudicación del
servicio de recolección (art.11) dejaron abierta la brecha para que dicha
recuperación comenzará a efectuarse por otros canales. En
este contexto, surgieron las cooperativas de recuperadores de residuos.
Atadas fundamentalmente al desempleo, a la necesidad de encontrar
alternativas laborales y, en muchas ocasiones, a partir de una fuerte
vocación social que intentaba formalizar emprendimientos que sirvieran
para el autosostenimiento, pero sin dejar de lado las bases del
cooperativismo. Uno
de los rasgos más significativos que presentan las cooperativas es su
fuerte diversidad, lo que se advierte tanto en la multiciplicidad de
historias y experiencias a partir de las cuales surgieron, como en la
fuerte heterogeneidad de los grupos que las componen y los objetivos que
persigue cada organización. De
este modo, puede afirmarse que existen dos tipos de cooperativas. Aquellas
formadas por grupos de muy baja extracción social – aquellos que el
INDEC suele llamar pobres estructurales – y aquellos provenientes de
sectores de clase media pauperizada. Entre
los grupos de baja extracción social, que ya tenían experiencia con el
cirujeo, la aspiración central que los llevó a formalizar la cooperativa
fue el interés por mejorar las condiciones de una tarea, que de otra
forma, los mantenía atados a los depósitos intermedios, a la venta al
por menor y a la imposibilidad de superar la mera supervivencia diaria. Entre
los sectores de clase media empobrecida, que no tenían un pasado atado al
manejo de residuos, la meta central fue superar el desempleo a partir de
la estructuración de nuevos emprendimientos laborales, que los ayudara a
paliar tanto la crisis económica, como el quiebre de identidad que
produce la desocupación. Tanto
como difieren por extracción social, también varían en cuanto a las
aspiraciones centrales que motivaron el nacimiento de la cooperativa. Así,
mientras que para la cooperativa Alicia Moreau de Justo el objetivo
era crear un emprendimiento que aliviara la pobreza “de los otros” y
articularse detrás un proyecto a través del cual dejar ser meramente
“mujer, esposa y madre”, para Del Oeste o Abriendo Caminos
fue un medio para superar la propia situación de crisis económica, pero
siempre bajo el paraguas de la empresa social. Tanto
como la extracción social, otra diferencia entre las cooperativas se liga
a sus modalidades operativas. Así mientras que algunas nacieron
directamente como centro de acopio, separación y venta (Alicia Moreau
de Justo y Abriendo Caminos)
y no realizan recolección sino que compran a cartoneros de la
zona, otras actúan en la fase de recolección pero con tácticas
diferentes. Mientras que Carpamet y Orgullo Cartonero operan
bajo las formas tradicionales del cirujeo, es decir, recolectando por la
calle, separando individualmente en la vivienda y vendiendo en los depósitos
de mercado, Del Oeste trabaja en la fase de recolección, pero a
partir de los contactos personales realizados con los vecinos y comercios
del barrio y aún no se han constituido como centro de compra por falta de
espacio. En
este sentido, la divergencia de estrategias se vincula con diversos
factores que rodearon la conformación de las cooperativas. Así, mientras
que Alicia Moreau de Justo nació a partir de una cooperadora
escolar y con apoyo de empresas donantes que les permitieron abrir el galpón
y constituirse directamente en centro de acopio y venta, Abriendo
Caminos recurrió a la misma estrategia pero por vía del ahorro del
dinero necesario para alquilar el local. Por su lado, Del Oeste apeló
al arraigo zonal que les daba su larga trayectoria como vecinos del barrio
para captar comercios proveedores de residuos, pero sin aspirar por el
momento a formarse como centro de compraventa de cartoneros del barrio,
por falta de espacio y por estar ubicados en un área residencial. Tanto
como estos factores coyunturales, las extracción social del núcleo
original también pesó al momento de decidir las modalidades operativas.
En este sentido, las cooperativas pertenecientes a sectores de muy bajos
recursos continuaron reproduciendo las prácticas ligadas al cirujeo
tradicional, sin apelar a ninguna otra táctica hasta tanto contaran con
el apoyo crediticio del Instituto Movilizador, mientras que las formadas
por sectores de clase media pauperizada sí idearon estrategias
alternativas para sostener la organización, hasta contar con los fondos
necesarios. Llegados
a este punto, cabe reflexionar sobre la posibilidad de insertar la labor
dentro de las cooperativas dentro de los sistema de recolección de los
diversos municipios del Area Metropolitana, ya que fue uno de los temas
centrales planteados en la introducción de este trabajo. En
este sentido, la integración de las cooperativas en los sistemas gestión
de residuos de nivel comunal resulta deseable, tanto por su capacidad para
generar empleo, como porque ofrecen un servicio de recuperación de
residuos que hasta el momento el Estado no prové y que urge resolver dada
la saturación de la capacidad de carga de los rellenos sanitarios. Sin
embargo, varios obstáculos se oponen a ello. ¿De qué se trata? Por
empezar, ninguna de las cooperativas formalizadas en estos años tuvo como
objetivo prioritario la preservación ambiental, sino esencialmente
desarrollar un proyecto laboral que les sirviera como paliativo ante el
desempleo o para mejorar la calidad de una tarea que venía desarrollándose
como mera estrategia de supervivencia. En casi todos los casos, la
prioridad que llevó a la conformación de las entidades fue primero
laboral, en segunda instancia social, y por último, y como consecuencia
de la propia tarea, surgió el motivo ambiental, ya que la recuperación
de residuos lleva implícita la preservación del medio. Por
otro lado, y en lo relativo a los vínculos de las cooperativas con los
municipios locales y la posibilidad futura de insertarlas dentro del
sistema de recolección comunal, cabe decir que el diálogo que hasta hoy
sostienen con los municipios es desparejo, ya que algunas han tenido
acercamientos con los funcionarios locales en relación al tema y otras no
tuvieron ningún contacto. En
relación a las que tienen sede en la Ciudad de Buenos Aires, si bien la
ley N° 992 las habilita a actuar como actores de la gestión de residuos
dentro de los límites de la Capital, lo cierto es que deben compartir la
tarea con los cartoneros que continúan con las prácticas tradicionales
de recolección individual, las cooperativas de otras localidades del Area
Metropolitana y que, por el momento, no existe un proyecto claro respecto
a cómo se desarrollará operativamente el servicio de recolección de la
Ciudad, y cuál será el rol concreto que jugará cada actor dentro de
dicho servicio. Respecto
de las que tienen sede en otros puntos del Area Metropolitana,
hay que aclarar, por un lado, que no todas operan en la fase de
recolección, lo cual ya es un obstáculo para pensar en su inclusión
como parte del servicio del área, y además, que no todas tienen como
meta prioritaria dicha tarea, sino meramente la construcción de un
proyecto que les sirva para paliar la desocupación o promover el
desarrollo comunitario de la zona. Como se dijo anteriormente, nacieron
prioritariamente con objetivos sociales, más que ambientales. Por
otro lado, el apoyo dado por los municipios al desarrollo cooperativo fue
más que nulo, y más que débil el orientado a insertarlas dentro del
servicio de recolección. En algunos casos, han existido charlas a futuro,
pero que postergan la decisión hasta el momento en que la entidad se
halle más consolidada, aunque sin ofrecer las herramientas necesarias
para desarrollar dicha fortificación. En aquellos casos en que existieron
diálogos más concretos sobre la prestación de servicios en la zona,
siempre fueron proyectos piloto en áreas específicas, planteados a
futuro y sin demasiada solidez en el diseño operativo del plan. En
este sentido, y más allá de que en algunos proyectos legislativos
provinciales hacen pié en la necesidad de incorporar a las cooperativas a
los servicios municipales de recolección, lo cierto es que hasta el
momento no existieron acciones concretas orientadas en este sentido, y no
se aprecia que esta sea la orientación de la gestión comunal en el
futuro próximo. Por
lo pronto, las cooperativas sólo han recibido apoyo del Instituto
Movilizador de Fondos Cooperativos, articulando proyectos encaminados a
consolidar una estrategia que les permita superar la crisis laboral y económica
de los miembros. Hasta el momento, no han alcanzado siquiera la
posibilidad de autosostener los emprendimientos y, menos aún, de alcanzar
los ingresos mínimos que aseguren el sustento de los miembros. Desde este
lugar, cuestionarse sobre la posibilidad de insertar su labor dentro de
los sistemas de gestión de residuos de las diversas localidades es aún
un objetivo más que incipiente e incierto. Notas 1.
Si
bien las nuevas disposiciones de la Ley N° 992 amplió la gama de actores
que pueden recuperar residuos dentro del radio de la Capital, hasta el
momento dichas medidas sólo alcanzan a validar los canales informales de
recuperación prexistentes, es decir el cirujeo precario e informalizado.
Ley 992 del 29/1/2003 (GCBA::2003) Referencias FAJN,
Gabriel: “Exclusión Social y Autogestión. Cooperativas de
Recicladores de Residuos” en Revista
Idelcoop
N°
139, Buenos Aires, Idelcoop, 2002, pp. 164-191 Bibliografía BURIJSON,
Viviana y otros: “Reciclado. De Residuos Sólidos en la Ciudad de
Buenos Aires” en Plan
Urbano Ambiental. Documento N° 5.7,
Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad, 1998.
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Theomai: palabra de origen griego que
significa ver, mirar, contemplar, observar, pasar revista, comprender, conocer
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