Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número especial (invierno de 2004)  
special issue (winter of 2004)

                 

 


Las cooperativas de recuperadores 
y la gestión de residuos sólidos urbanos en el área 
metropolitana de Buenos Aires. 2003

 
Verónica Paiva*

 

* Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES)- UBA. E-Mail: paivav@yahoo.com.ar

 

Introducción

El propósito de este artículo es analizar las características de las cooperativas de recuperadores formadas en el Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), examinando su rol en el marco más amplio de la Gestión de Residuos Sólidos Urbanos.

Las cooperativas de recuperadores pueden definirse como organizaciones cuyo objetivo es recolectar, acopiar y vender residuos recuperables (cartón, vidrio, papel, plásticos, etc), con la intención de eliminar a los intermediarios que actúan en el mercado (depósitos de compraventa de residuos) e interactuar directamente con las empresas finales compradoras de material de postdesecho. Como cooperativas, lo que distingue su forma organizativa y operativa es que no tienen fines comerciales, y por tanto,  el lucro obtenido debe repartirse proporcionalmente entre todos los miembros de la organización. Por otro lado, deben poner en marcha proyectos paralelos destinados tanto al bienestar de la comunidad, como a los socios de la entidad.

Actualmente existen alrededor de catorce cooperativas de recuperadores en todo el Area Metropolitana de Buenos Aires, la mayoría de las cuales están asociadas al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

En términos amplios, su emergencia puede ubicarse en el contexto general de expansión del cooperativismo que se produjo durante la década de los ’90, y esencialmente, como una respuesta al desempleo que comenzó a agudizarse hacia el año 1995. (Fajn: 2002)  Sin embargo, otra serie de factores impulsaron el crecimiento de las organizaciones dedicadas específicamente a este rubro. Entre ellos, la devaluación de la moneda nacional hacia principios de 2002, al provocar que las empresas que adquirían insumos importados comenzaran a comprar material de postdesecho en el mercado interno, y además, una serie de falencias de la normativa que regula la Gestión de RSU (Residuos Sólidos Urbanos) en todo el AMBA, que promovió tanto la expansión de estas nuevas cooperativas, como también la proliferación de vías informales de recolección o cirujeo. Concretamente, las limitaciones del Pliego 14/97 (HCD:1997) que regula la recolección en la Ciudad de Buenos Aires y que sólo permite recuperar hasta un 10% del total de los residuos1 o las más duras prohibiciones del Decreto N° 9911/78 que rige en el resto del Area Metropolitana, contribuyeron a fortificar la expansión de ambos tipos de circuitos ligados a los residuos.

El surgimiento de la actual red de cooperativas de recuperadores debe buscarse en la iniciativa de algunas agrupaciones de carreros2 que, hacia mediados de 1990 comenzaron a trabajar alrededor de modalidades asociativas que les permitieran mejorar la calidad de su labor y dignificar la actividad del recolector informal, sea bajo la sindicalización de la actividad o por vía de la cooperativización.

Las primeras cooperativas se formalizaron entre 1999 y 2000 y fueron las entidades El Ceibo (Palermo), Reconquista (Tres de Febrero), El Orejano (San Martín) y RENASER - Recuperar, Naturalmente y Servir – (La Matanza). Posteriormente, se fueron consolidando nuevas instituciones tales como Nuevos Rumbos (Lomas de Zamora), Mujeres para la Dignidad (Lavallol), Reciclado Sur (Lanús), Villa Malaver (Moreno), Caminito (La Boca), Orgullo Cartonero (Avellaneda), CARPAMET (Villa 31), Cooperativa Del Oeste (Liniers) o Abriendo Caminos (Quilmes), entre otras tantas, pertenecientes tanto a Capital como al Conurbano.

Actualmente las cooperativas de recuperadores presentan un perfil de composición heterogéneo, ya que algunas agrupan a ex carreros o ex cirujas que se organizaron para mejorar la calidad de la actividad y otras se formaron por sectores de clase media empobrecida – los habitualmente conocidos como “nuevos pobres”3 – que encontraron en el cooperativismo un proyecto desde el cual paliar la desocupación. Como veremos en algunos ejemplos que damos a continuación, son personas que no tenían ningún conocimiento previo sobre los residuos y que tuvieron acceso al tema a través de las asambleas populares o los trueques a los cuales asistían.

Antes de entrar directamente en el tema, vale realizar una última aclaración. Hasta el momento, la cantidad de trabajos publicados en torno a los circuitos informales de recuperación, son escasos, y más aún, aquellos referidos al caso concreto de las cooperativas de recuperadores.

En lo relativo a las vías informales, existe un estudio de Saraví (1994) que analiza el cirujeo en La Plata en el año 1992, pero esencialmente como una manifestación del trabajo informal, más que como un canal de recuperación de materiales. Más específica es la investigación de Súarez (2001) centralizada en la totalidad de los actores que intervienen en el circuito informal de recolección y tratamiento de los residuos. Su trabajo, focalizado geográficamente en los municipios de Malvinas Argentinas y José C. Paz recupera la totalidad de la cadena, detectando un primer nivel de recolectores (cirujas), un segundo estadio de acopiadores de diferente escala y un último eslabón referido a las empresas que actúan en el mercado formal de la producción. Por último, Schamber (2001), analizó el efecto de las políticas oficiales en la modificación del tipo de ciruja a través del tiempo.

En cuanto a las cooperativas de recuperadores, sólo se ha publicado un breve estudio de Gabriel Fajn (2002) que analiza algunas experiencias surgidas en otros países de América

Latina, tales como Colombia y Brasil, en donde examina las redes institucionales que establecieron con otros organismos de la sociedad civil, tales como ONGs y Fundaciones que apoyaron y fortalecieron el trabajo cooperativo, como asimismo, las diferentes acciones institucionales que tomaron los estados para elaborar políticas referidas al cirujeo y los cirujas. Respecto a la Argentina, cita el caso de la Cooperativa “El Ceibo” que fue una de las primeras organizaciones formadas en el Area Metropolitana de Buenos Aires.

Dado el escaso número de investigaciones referidas a las cooperativas de recuperadores, este trabajo intenta aportar algunos elementos nuevos al conocimiento sobre el tema. Fue realizado en base a técnicas cualitativas de investigación, tales como la entrevista en profundidad y la observación no participante. Dichas entrevistas fueron tomadas de acuerdo a un “guión” que si bien orientaba el sentido del encuentro, era lo suficientemente abierto y flexible como para dejar paso a temáticas relevantes que no hubieran sido previstas con anterioridad.

De acuerdo con ello, y retomando el eje temático planteado en el guión, a continuación me detendré en las características de algunas de las cooperativas que hoy actúan en el Area Metropolitana, reseñando la historia de su formación, su composición actual, los objetivos que se proponen obtener, sus dificultades y el grado de desarrollo alcanzado. Hacia el final intentaré marcar los rasgos comunes y las diferencias entre las distintas organizaciones, y un tema de suma importancia, su relación con los municipios locales, evaluando las posibilidades de insertar su labor dentro del sistema de gestión de RSU de las distintas comunas, que es otro de los interrogantes centrales de este artículo.


Breve reseña de casos


Cooperativa CARPAMET
(Cartón, Papel y Metal) – Villa 31

La Cooperativa CARPAMET se formó hacia mediados del año 2001. Inicialmente sus miembros comenzaron sus actividades conjuntamente con otra cooperativa de la Ciudad de Buenos Aires, pero se independizaron por una serie de desaveniencias y se agruparon como grupo autónomo. De esta forma, hacia fines de 2001 se conformó la entidad CARPAMET, matriculada como cooperativa de “servicios”, dado que es la figura jurídica que les permite disminuir la carga impositiva.

En sus orígenes, la Cooperativa estaba formada por tres personas, dos hermanos que se dedicaban a la tarea desde toda la vida - cirujas tradicionales - y un portero de la zona que  los impulsó a formar la organización y los conectó con el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Posteriormente se unieron al grupo otros cartoneros de la Villa 31, que se fueron integrando lentamente.

En la actualidad CARPAMET cuenta con doce socios, casi todos de la Villa 31, algunos de los cuales fueron cartoneros de toda la vida y otros tantos que ingresaron al oficio por desempleo. Si bien dichas personas se encuentran asociadas, no todas participan activamente y esperan con cautela el desarrollo del emprendimiento, ya que antiguas experiencias ligadas a proyectos frustrados – y en ocasiones cruzadas por el clientelismo político – los volvieron escépticos a nuevas propuestas asociativas.

Como en todos los casos en donde el grupo original estaba formado por personas provenientes de sectores socioeconómicos bajos4 y por “cirujas tradicionales”, el objetivo prioritario que los llevó a formalizar la cooperativa fue la esperanza de obviar a los intermediarios, es decir a los dueños de los depósitos en donde habitualmente venden su recolección. La larga experiencia en la tarea les demostró que siempre alteran el peso y el precio de lo que entregan y que – dicho “depositero” – es el obstáculo que les impide obtener una mejor ganacia y una mejor calidad de vida. En este tipo de cooperativas, el puntapié inicial que los impulsa a agruparse es esta larga experiencia con los intermediarios, y alguna trayectoria militante previa (no necesariamente atada a un partido político) que les permitió conocer que el asociativismo puede dar mejores frutos que el trabajo individual.

El objetivo “laboral” de CARPAMET  es constituir una asociación en la cual los miembros no sólo continúen recolectando en mejores condiciones, sino formalizar un centro de acopio dedicado a la compra de materiales revendibles obtenidos de la recolección de los propios socios y de otros cartoneros que quieran vender a la cooperativa. La intención es asociarse y constituirse ellos mismos en “dueños” para obviar a los intermediarios, obteniendo un mayor excedente que se repartirá en forma equitativa y proporcional a la cantidad entregada.  Pero paralelamente, y siguiendo lo que marca la ley de cooperativas, la futura organización no se limitará a las funciones estrictamente “laborales” sino que prevén desarrollar otros proyectos ligados al bienestar de la comunidad y de los socios. En este sentido, la meta es abrir una guardería de niños, un taller de elaboración de prendas y una huerta comunitaria, que se llevará a cabo con el apoyo del Gobierno de la Ciudad.

Pero para poner en marcha las actividades, la cooperativa necesita un capital inicial que destinará a alquilar el galpón para realizar el acopio, comprar la balanza y un matafuego (necesario por cuestiones de seguridad).  En este sentido, tanto el espacio adecuado, como el capital, son dos elementos “claves” que necesitan para comenzar la tarea. Ello es así, porque la ganancia central de la organización consiste en acopiar en  escala y vender en cantidad a las empresas, o cuando menos, a intermediarios de mayor envergadura. Sin embargo, los magros ingresos que reciben los cartoneros por su labor, no les permite superar la supervivencia diaria y no pueden destinar parte del dinero - o de los residuos recolectados- para ahorrar en vistas a capitalizarse. De esta forma, necesitan el dinero centralmente para alquilar el local y comenzar a comprar a otros cartoneros, para lo cual precisan crédito. De contar con dichos fondos, la cooperativa comenzará comprando y acopiando cartón, papel y metal (de allí el nombre de la organización) y luego ampliará su labor a otros materiales como plásticos, chatarra y otros tantos residuos que hoy cuentan con espacio en el mercado de reventa.

El problema del crédito inicial para el galpón y el acopio es un tema central para la mayoría de las cooperativas de recuperadores, ya que ninguna cuenta con los fondos necesarios. Y en este sentido, la única institución que, hasta el momento, apoyó el crecimiento y fortalecimiento de las cooperativas de este rubro fue el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que entre otras cosas, ideó un plan de fondos blandos destinados a las necesidades puntuales de estas asociaciones. ¿cuál es el trámite que deben realizar las cooperativas para lograr los fondos que necesitan?

En principio obtener su matrícula y personería jurídica, asociarse al Instituto y presentar un proyecto en dónde desplieguen sus objetivos y señalen los fondos que necesitan para iniciar la actividad. A partir de allí el Instituto otorga los créditos en función del orden de inscripción. 

Como dijimos anteriormente, la mayoría de los créditos se destinan a alquilar el galpón e iniciar la compra y el acopio en escala. Para ello, la operatoria crediticia ideada por el Instituto fue la siguiente.  Una vez aprobado el préstamo, se realiza un “giro” diario para que la cooperativa pueda comprar el producido de sus propios recolectores o de otros cartoneros que quieran vender a la entidad. Efectuada la compraventa, se devuelve el monto prestado y se realiza un nuevo “giro comercial”.  De este modo, las cooperativas pueden comenzar la actividad e ir capitalizándose lentamente hasta independizarse de los préstamos del Instituto.

Con esta modalidad, hasta el momento sólo dos cooperativas han puesto en marcha la labor de compraventa con resultados exitosos. Se trata de El Orejano y RENASER, dos de las primeras organizaciones inscriptas.

En el caso de CARPAMET aún no ha recibido el préstamo, por lo cual los cartoneros siguen acopiando y vendiendo en forma individual.  Por lo pronto, sólo se han matriculado y asisten a los encuentros generales de los cooperativistas, pero no mantienen reuniones internas con sus propios socios y cada cual sigue con la actividad tradicional de recolectar, acopiar en pequeños espacios, y vender en los depósitos de la zona tal como lo hacen los cirujas no agremiados o informalizados.

Dado que el problema del espacio, la falta de capital y la lentitud para acceder al préstamo es un problema de todas las cooperativas, se ideó un nuevo plan entre el Instituto y las entidades destinado a paliar esta dificultad, y otorgar mayor envergadura a la actividad general de la compraventa de residuos. Concretamente, se trata de alquilar un galpón de mayor magnitud a cargo del Instituto, en donde todas las cooperativas lleven su producido, se acopie con mayor escala y se mejore la rentabilidad al tratar directamente con las empresas. Dado que dicho galpón general –ubicado en la zona de Munro – comenzó a funcionar recientemente, resulta difícil evaluar aún cuál será el éxito de este nuevo emprendimiento. De todos modos, las cooperativas ya están entregando sus materiales de acuerdo a esta modalidad operativa.


Cooperativa Alicia Moreau de Justo
 (“Las Chicas de Lavallol”)

Un caso totalmente diferente a CARPAMET  es la cooperativa Alicia Moreau de Justo de Lavallol. Difieren por su historia, la composición de los integrantes, los motivos que dieron origen a la cooperativa y por las formas operativas que implementan para llevar adelante la actividad.

Una de las características particulares y distintivas de la cooperativa Alicia Moreau de Justo es que está compuesta totalmente por mujeres. Se conocieron porque formaban parte de la cooperadora del colegio al que asistían sus hijos y fue a partir de ese nucleo primitivo que se conformó la organización.

Las unió la crisis económica y social que se desató a partir de diciembre de 2001, pero no tanto porque dicha crisis las afectara personalmente - ya que en su mayoría no pertenecían a hogares con fuertes necesidades económicas o en situación de desempleo - si no por la situación de carencia y empobrecimiento que veían a su alrededor.  Las reunió dicha mirada social sobre la realidad y otro elemento esencial: la necesidad de articularse detrás de un proyecto que les permitiera dejar ser solamente “amas de casa, esposas y madres” para convertirse en mujeres, que además, podían desarrollar un proyecto laboral autónomo.

Nacieron ligadas a la cooperadora de la Escuela, y aunque nunca tuvieron un nexo concreto con la institución, existe una relación de ayuda mutua ya que el colegio les guarda los papeles y diarios, y la cooperativa los papeles blancos que puedan reutilizarse en la fotocopiadora. El proyecto y el grupo original, partió de allí.

Si bien la cooperativa comenzó a funcionar en mayo 2002, aún está en proceso de matriculación. Empezaron en un local que les cedieron en comodato, trabajando a partir del acopio de residuos que traían los asociados. En enero de 2003 debieron devolver el galpón en donde operaban y tuvieron una pausa importante hasta que, con el apoyo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y del Banco Credicoop de la zona, lograron que diez empresas del lugar donaran diez pesos para sostener el proyecto y pudieron comenzar a operar nuevamente.

En enero de 2003 comenzaron a operar en el nuevo local, pero ya enroladas con el resto de cooperativas asociadas al Instituto Movilizador. Actualmente, la cooperativa está formada por catorce mujeres, de la cuales siete se dedican al trabajo concreto en el galpón, mientras el resto pertenece al consejo pero efectúan otras tareas.

La cooperativa Alicia Moreau de Justo se constituyó desde sus inicios como un centro de acopio, compra y venta de residuos. Nunca incluyeron la fase de recolección como parte de las actividades de los miembros de la entidad, y tampoco está dentro de sus objetivos. Desde el comienzo, la meta fue comprar los residuos que traen los recolectores de la zona, abonando según el “precio justo y peso exacto”, que es la consigna de todas las cooperativas.

El proyecto laboral de la entidad es llegar a producir un excedente que les permita autosostenerse. Para ello la meta es operar como el resto de las organizaciones: comprar a los recolectores, acopiar, separar y clasificar y vender en mayor escala directamente a las empresas o a través del nuevo mecanismo que ideó el Instituto, que – como dijimos- consiste en entregar el producido al galpón general de Munro. Pero, esencialmente, persiguen la esperanza de lograrlo sin frustar los principios fundamentales del cooperativismo.  Es decir, no reproducir las prácticas de los depósitos de mercado, ni los de una empresa puramente comercial, sino articularse alrededor de un proyecto en donde el lazo común sea tanto el trabajo conjunto, como la división igualitaria de los réditos y de los esfuerzos. Se trata de lograr que la cooperativa pueda brindar un excedente que permita la subsistencia de los miembros actuales y también las de los recolectores que hoy venden allí, pero centralmente, sustentada sobre los principios cooperativos, formalizando una verdadera empresa social.

Dado que las mujeres de la cooperativa no tenían un pasado atado al cirujeo, debieron aprender todas las particularidades de la labor: el tipo de residuos reutilizables, sus características, los momentos oportunos para comprar y vender y la manera de reconocer las diferencias de algunos materiales – que como el plástico – tienen muchas especificidades que es necesario distinguir correctamente. Pero llamativamente, al tiempo que la cooperativa se propuso como un proyecto dirigido a la ayuda de otros más necesitados, fueron miembros de cooperativas compuestas por personas de la misma extracción social a la que ellas pretender atender, quienes las iniciaron en las peculiaridades de esta tarea, que esencialmente, se aprende por ensayo y error y por la práctica cotidiana a través de los años.

Actualmente, la Cooperativa Alicia Moreau de Justo opera en un local alquilado en donde las mujeres trabajan ochos horas divididas en turnos de cuatro. El local se sostiene con las donaciones y con el ahorro del excedente que va dejando la venta diaria. Si bien la meta es llegar a vender directamente a las empresas, aún no han podido llegar a dicha escala y sólo alcanzan a negociar con mayor volumen, pero vendiendo en los depósitos de mercado. Asimismo, el lucro que genera la cooperativa aún no consigue autosostener el emprendimiento, ni tampoco producir la ganancia suficiente para solventar las necesidades de los socios.

En relación al vínculo de la cooperativa con el Municipio local, han tenido algunas reuniones con las autoridades referidas a la situación de las cooperativas. Pero por el momento no se vislumbran proyectos destinados a incorporarlas como parte de la gestión de residuos sólidos urbanos de la zona, aunque en rigor, tampoco es una meta prioritaria de esta entidad.


Cooperativa “Orgullo Cartonero”

La Cooperativa “Orgullo Cartonero” pertenece al partido de Avellaneda. Actualmente está formada por catorce personas que se reunieron con el objetivo de formalizar una entidad que mejorara la situación de los miembros. Se trata de una organización conformada por sectores de muy bajos recursos, que entraron al cirujeo por motivos económicos y por desempleo.  De los catorce, algunos eran cirujas tradicionales y otros se volcaron a la actividad por desocupación. Son ex albañiles, electricistas, plomeros, pintores, ex empleados fabriles que actualmente solventan su susbistencia a través de la mezcla entre los trabajos eventuales (“changas”), el cartoneo y los planes oficiales, tal como el “Jefas y Jefes de Hogar”, “El Plan Trabajar” o los planes juveniles que también otorga el Estado.

Ante la merma cada vez más notoria de elementos recuperables en la calle, decidieron formalizar la cooperativa por impulso de uno de ellos y de un miembro de la oficina  “Pesas y Medidas” de la Municipalidad que los conectó con el Instituto Movilizador.

En la actualidad, “Orgullo Cartonero” se haya en vías de matriculación y cuenta con un depósito que les brindó la Municipalidad para la actividad de la cooperativa. Sin embargo y a pesar de contar con este espacio – que para otras entidades es esencial – los miembros de la cooperativa no están alentados, ni demasiados comprometidos con la labor. Por el momento, sólo usan el local para acopiar las donaciones de papel que les realiza el Banco Credicoop local y otra empresa de la zona (donaciones que consiguieron a través del Instituto) y no realizan ninguna otra actividad asociativa.

Por lo pronto, siguen dedicándose a la tarea de levantar, acopiar y vender en forma separada como lo hacen los cirujas no agrupados y se encuentran a la espera del préstamo del Instituto Movilizador, para empezar a operar como centro de acopio, compra y venta.

La Cooperativa “Orgullo Cartonero” ha tenido diversas reuniones con funcionarios municipales destinadas a buscar apoyo para el desarrollo de la organización y discutir las posibilidades de contar con un área de recolección a cargo de la entidad. Hasta el momento, los diálogos con la comuna local han sido débiles en este sentido, ya que si bien fue el secretario de “Pesas y Medidas” quien los conectó con el Instituto Movilizador y le cedió el galpón que hoy es sede de la entidad, dejó pendiente toda resolución relativa a gestión de RSU, para el momento en que la organización se halla más consolidada.


Cooperativa del Oeste
  (Liniers)

La Cooperativa Del Oeste tiene sede en el barrio de Liniers de la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente está compuesta por seis personas, de las cuales cuatro se conocieron en las reuniones de la Asamblea Popular del barrio de Liniers.

Por aquel entonces, los cuatro se hallaban desocupados, y si bien eran vecinos, recién se conocieron en la Asamblea. En el grupo había un diseñador de páginas web, un cerrajero, una empleada administrativa, y un ex empleado de ATC. Cuatro personas a las que no sólo reunía el mismo interés de participación popular que caracterizó a aquellos tiempos de fines de 2001, si no también el desempleo y la necesidad de articular un proyecto común que los ayudara a paliar la crisis.

No tenían un pasado ligado al cirujeo, ni tampoco conocían acerca de los residuos o el reciclaje. Sin embargo, en las reuniones de las asambleas no sólo se discutían asuntos ligados a la coyuntura política específica de la etapa, sino cuestiones más profundas relativas a los problemas del país, la ciudad o el barrio, y también, las posibilidades de articular microemprendimientos productivos, sea para el barrio o los vecinos. Los proyectos relacionados con granjas, criaderos de lombrices, exportación de caracoles eran parte de las propuestas que se discutían en las asambleas barriales. Además, por ese tiempo, algunas personas ligadas al Banco Credicoop de la zona asistían a las asambleas populares, y fue a partir de ese hecho que tomaron contacto con las posibilidades laborales que brindaban los residuos y su reventa.

En el año 2002 formaron la Cooperativa del Oeste, que hoy está matriculada como cooperativa de servicios y asociada al Instituto Movilizador, como muchas otras del mismo rubro. Al grupo original se unieron dos personas más, un comerciante y un estudiante de periodismo.

Actualmente operan en la vivienda de uno de los integrantes, porque aún no tienen un galpón adecuado. Se ocupan de recolectar pero también de acopiar y separar. En este sentido, la forma operativa de esta entidad es diferente al resto. No recolectan de la calle, sino que formaron una red de comercios y vecinos que les separan y reservan los residuos. Contactaron a los comercios a partir de la amistad personal que fue realizando cada miembro con algún local de la zona, ya que encontraron que dicho mecanismo facilitaba la confianza y separaba su quehacer de la figura del ciruja tradicional de la que intentan diferenciarse. La recolección la realizan con una bicicleta y según el horario y día que hayan fijado con cada vecino o comercio zonal, y queda a cargo del miembro que conectó al provedor.

En este sentido, el ser vecino del barrio fue y es esencial para esta cooperativa. Fue a partir de ser vecinos y participar de la misma asamblea que se conocieron y fue por esa misma razón que tuvieron acceso a la posibilidad de hacer del acopio de residuos un emprendimiento laboral. También fue ese factor el que posibilitó la relación con la gente de la zona, ya que los conocen, y les guardan los elementos reciclables. Si bien hasta ahora operan a partir de los contactos personales, próximamente prevén realizar una pequeña publicidad mediante volantes, para hacer conocer la cooperativa en el barrio y captar nuevas redes de vecinos y comercios.

Si bien la cooperativa ya está en marcha, aún no pueden operar tal como quisieran. Y en este sentido, el principal obstáculo es la ausencia de un galpón adecuado y de los fondos necesarios para alquilar el local. De allí que, por ahora, sólo recolectan a partir de los contactos hechos por los miembros: acopian, clasifican y separan, y venden en los depósitos intermedios. No actúan como centro de compra de material de terceros porque no tienen fondos para escalar hacia ese estadio, ni tampoco espacio físico suficiente. Por otro lado, si bien ser vecinos de la zona los benefició para conectar provedores a partir de la confianza, ese mismo hecho les dificulta la posibilidad de abrir un depósito allí mismo. La entrada y salida de carros o bicicletas que apareja el movimiento de compraventa de residuos, provocaría molestias a los vecinos ya que se trata de una zona residencial. De allí que otra de las dificultades a resolver, es cómo encontrar un local que esté ubicado en un sitio adecuado para ese tipo de labor comercial, pero no demasiado lejos de la zona en la que hoy actúan para no perder los contactos ya establecidos.

En lo estrictamente laboral, los objetivos de la organización son constituirse en un centro de acopio que pueda comprar y vender residuos directamente a las empresas – y no a los intermediarios – y lograr que el emprendimiento se convierta en el sustento de los socios de la cooperativa. Intentan ordenar la actividad según las pautas de la empresa comercial (horarios, tiempos, sistematización), pero regida por los principios cooperativos: distribución equitativa del trabajo y de los excedentes,  pero sin dueños ni jefes a quienes responder. Además de estas metas laborales, persiguen objetivos ligados al bien de la comunidad, tal como la realización de compras comunitarias o el reciclado de muebles. Pero por el momento, estos sueños son aún lejanos ya que la rentabilidad actual sólo aporta alrededor de mil pesos mensuales, excluidos los gastos propios de la actividad (transportes, viáticos, teléfono, etc).

Como otras entidades,  los miembros participan de la mesa de diálogo que lleva adelante la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad y, por ello, también asistieron a las discusiones del ante pliego de licitación relativo al servicio de residuos que se llevó a cabo durante el año 2002 en el Teatro San Martín.

Respecto de este asunto, una de las críticas efectuadas al ante pliego se refiere a la excesiva cantidad de requisitos que se exigen a este tipo de organizaciones para poder operar. En rigor, resulta imposible para estos emprendimientos de tan pequeña escala cumplimentar esas exigencias, como también lo son, para el cartonero que trabaja individualmente y a quien también se le permite recolectar en la Ciudad sin estar asociado a una entidad.

En este sentido, si bien las cooperativas no rechazan la actividad del cartonero individual, marcan sus diferencias y se distinguen del cirujeo informalizado. Ellas constituyen organizaciones con entidad jurídica, pautas y esquemas de organización, mientras que el cirujeo precario representa todo aquello que el cooperativismo intenta dejar de lado: el trabajo individual, la venta “al por menor” al depósito ilegal y la imposibilidad de articularse alrededor de un proyecto superador de la mera supervivencia cotidiana. Por otro lado, mientras que las cooperativas intentan poner en marcha una labor ordenada y reconocida para prestar un servicio prolijo y limpio, el ciruja individual – aquel que “rompe las bolsas y dispersa los residuos” – es quien vuelve a atrás la actividad de la organización y genera descofianza entre los vecinos.

No están en contra de los cartoneros inviduales, pero tampoco avalan esa actividad precaria, que no sólo reproduce prácticas de mera supervivencia, sino que en ocasiones perjudica su propia imagen ante la comunidad.

Actualmente, la cooperativa Del Oeste ha comenzado a trabajar dentro del nuevo plan ideado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, es decir, acopiar y vender conjuntamente en el galpón de Munro, que administran todas las cooperativas a través del Instituto. Si bien existen una serie de problemas pendientes de resolución en la ejecución de este nuevo proyecto, encuentran en ello un nuevo aliciente para superar el estadio en el que hoy se encuentran.


Cooperativa “Abriendo Caminos”

La Cooperativa Abriendo Caminos pertenece al partido de Quilmes. Actualmente está formada por doce personas distribuidas en dos locales que tienen en dicho municipio.

En forma similar a la cooperativa Del Oeste  el grupo no tenía un pasado atado al cirujeo, si no oficios y profesiones muy alejados de esa labor. Eran electricistas, herreros, kinesiólogos, administradores contables, empleados administrativos con un nivel educativo que oscilaba entre el nivel secundario y el universitario completo o incompleto.  Se conocieron en el trueque de Bernal – el primer club del trueque que existió en el país – y como a otros grupos los unió la necesidad.

Recurrían al trueque porque estaban desocupados y sin ingresos, y trocar era la forma que encontraban para satisfacer algunas de sus necesidades. Fue a partir de carencias surgidas en el club del trueque que empezaron a articularse alrededor de los residuos, ya que juntaban botellas, diarios y otros materiales del estilo para solventar los gastos del propio club. Así se acercaron al mundo de los residuos, hasta que un aviso radial los llevó hasta Instituto Movilizador, y hacia el perfil de cooperativa de recuperadores que hoy sostienen.

Se formalizaron como cooperativa en septiembre de 2002, aunque recién hace seis meses que pudieron alquilar el galpón para realizar las actividades de compraventa en mejores condiciones. Durante los primeros diez meses anteriores a la apertura del local, trabajaban y acopiaban en sus casas y vendían en depósitos intermedios, destinando el dinero sólo a ahorrar para alquilar el galpón. En esa etapa inicial eran treinta y seis personas de las que sólo quedaron siete, dado que no todos pudieron sostenerse durante los diez meses que duró la gestación de la cooperativa. Sólo aquellos que tenían algún familiar que podía solventar los gastos familiares pudieron continuar con las tareas destinadas a acopiar y ahorrar sin desviar ningún dinero para uso personal, en pos de un proyecto que por ese entonces era sólo una quimera.

La cooperativa actual comenzó a funcionar recién en septiembre de 2002, y hoy está formada por siete personas pertenecientes al núcleo original y otras cinco que fueron integrándose al proyecto: un cartonero “tradicional” – el único conocedor de los gajes del oficio –  su esposa, y tres personas más.

Abriendo Caminos participa de similitudes y diferencias con otras cooperativas. Tiene semejanzas con Del Oeste en cuanto a la extracción social de las personas que componen el grupo y también por el motivo esencial que los reunió: la necesidad de poner en marcha un emprendimiento laboral que los ayudara a paliar la desocupación y cubrir las necesidades económicas. A la vez, con otras cooperativas como Alicia Moreau de Justo o Villa Malaver de Moreno comparten la particularidad de ser asociaciones en donde las mujeres jugaron roles esenciales, sea porque en la mayor parte del grupo estaba formado por ellas o porque las que impulsaron fundamentalmente el desarrollo de la cooperativa fueron las mujeres. Por fin, todas estas cooperativas, se asimilan, además, en el hecho de que ninguna tenía un pasado atado al cirujeo, ni al manejo de los residuos o el reciclaje, y en este tema tuvieron que aprender todas las peculiaridades del oficio.

Tanto como comparten semejanzas, también tienen diferencias incluso con aquellas cooperativas con las que participan de rasgos comunes. Uno de ellos es la forma operativa que distingue a la entidad, ya que no se dedican a la recolección bajo ninguna modalidad, sino que actúan como centro de acopio, clasificación y venta. Por otro lado, y a diferencia de otras organizaciones, no esperaron el crédito blando que otorga el instituto para iniciar la actividad, sino que destinaron el ahorro de diez meses de reventa de residuos sólo para alquilar el galpón y comenzar a operar, sin esperar el crédito.

Actualmente Abriendo Caminos ya está trabajando en la zona de Quilmes. Poseen un galpón de dimensiones considerables pero que aún no satisface las aspiraciones de los miembros. Allí compran a los cartoneros del lugar, acopian, clasifican y venden. Hasta el momento, los ingresos que obtienen a partir del movimiento comercial diario, sólo alcanza para solventar los gastos operativos, los viáticos y un magro excedente para repartir entre los socios. En este sentido, la falta de capital necesario es uno de los motivos que limita la expansión de la organización, pero también y relacionado con ello, la ausencia de un galpón de mayores dimensiones, dado que hay residuos que tienen lugar en el mercado de reventa de postdesecho, pero que no pueden empezar a adquirir, justamente por falta de un local más amplio. Este hecho, junto a la falta de capital y la inexperiencia en el manejo de residuos son las tres dificultades más importantes con que debe lidiar esta organización.

Como algunas otras cooperativas ya citadas, a los miembros de esta organización los nucleó la necesidad de reparar una necesidad laboral y económica personal, pero a través de un emprendimiento sustentando sobre las bases del cooperativismo. El objetivo era económico, pero también social en su sentido más amplio. Es decir, equitativo, igualitario y recíproco entre los miembros (cooperativo), pero también solidario con la comunidad. Desde aquí, la cooperativa persigue metas laborales y económicas para sus propios miembros, pero también intenta introducir los principios del cooperativismo entre los mismos cartoneros a los que atienden diariamente, y de los que, al tiempo que se acercan solidariamente, intentan diferenciarse.

Abriendo Caminos participó de algunos encuentros realizados por la Municipalidad de Quilmes, pero que no han tenido mayor repercusión. En su parecer esas reuniones están “bastante teñidas de política” o de una forma de hacer política, que está bastante lejos del espíritu de la cooperativa.

Recientemente, han comenzado a participar del proyecto de acopiar conjuntamente en el galpón general de Munro con el resto de las cooperativas. Dado el estado inicial del nuevo mecanismo, aún no es posible evaluar en qué medida la propuesta beneficiará a las cooperativas dado que existen una multiplicidad de problemas operativos a resolver, tal como el pago de los fletes para trasladar los materiales, el giro a término de los fondos y algunos mecanismos burocráticos que se chocan con la rapidez que exige la actividad comercial, especialmente, cuando dicha tarea es llevada a cabo por empresas sociales de bajos recursos que no pueden sostener la tardanza de un giro de fondos por 48 hs, entre otros problemas.


El Instituto Movilizador y las cooperativas

Como se pudo observar a lo largo de estas páginas, el Instituto Movilizador jugó un rol importante en la consolidación de las cooperativas de recuperadores. En rigor, fue la única institución que, más allá de sus falencias, acercó opciones para la estructuración de estos grupos que, por distintos caminos y diferentes razones intentaban articularse alrededor de un proyecto que les permitiera paliar la desocupación o mejorar su situación laboral.

En este sentido, el Instituto brindó su experiencia en cooperativismo tanto para fortalecer las entidades, como para encontrar los mecanismos a través de los cuales las asociaciones pudieran mejorar su situación económica y diseñar un proyecto dirigido al autosostenimiento y la apertura de fuentes laborales.

Dada la especificidad de este tipo de cooperativas - un rubro absolutamente nuevo sobre el que no existían experiencias previas en las cuales apoyarse - tuvieron que idear modalidades operativas también novedosas y que se ajustaran a las particularidades de la actividad y a las características de los grupos que – a pesar de su fuerte heterogeneidad – comparten la situación de no poseer capacidad de ahorro para iniciar una tarea comercial.

Inicialmente se creó el sistema de créditos blandos orientados al alquiler de los galpones para acopio o el “giro comercial”, es decir un sistema de préstamo con una rotación de no más de 48 horas a través del cual: el instituto deposita el dinero, la cooperativa compra a los recolectores, vende a los intermediarios y devuelve el monto original, ahorrando la rentabilidad obtenida por la venta del día, y volviendo a cobrar nuevamente el “giro” que los habilita a realizar una nueva compra.

Hasta el momento, sólo dos cooperativas recibieron este tipo de préstamos con muy buenos resultados. Sin embargo, una de las críticas que las organizaciones realizaron al Instituto es la lentitud y la burocracia con que se realizan los trámites y con que se otorgan los préstamos. Los lapsos son tan largos que en ocasiones obturan la actividad comercial de las cooperativas que ya están en marcha, o debilitan las esperanzas de aquellas que aún no han podido comenzar a operar.

De acuerdo con ello, se ideó una nueva estrategia que intenta superar esos obstáculos, y más aún, mejorar la rentabilidad de las cooperativas. Concretamente, en el mes de octubre de 2003 se abrió un galpón general en la zona de Munro en donde comenzó a concentrarse el acopio general de todas las entidades. Dicho plan tiene varios objetivos: compensar el problema de falta de espacio que tienen las cooperativas, alcanzar un volumen de residuos mucho mayor que el que obtiene cada organización por separado, y de esta forma, negociar la venta en forma conjunta con las empresas finales compradoras de material de postdesecho, alcanzado obviamente, mayor rentabilidad. Por último, dado que el mercado de materiales tiene un ritmo específico de suba y baja de precios y tiempos particulares para la compra de ciertos elementos (por ejemplo, el cartón sube de marzo a septiembre y baja desde septiembre a marzo), el Instituto se dedica a comprar a las cooperativas en las épocas de baja de un determinado material, lo retiene y lo vende en tiempos de alza. Se espera que el excedente obtenido a través de este manejo específico, reditúe en beneficio de las cooperativas.

Recientemente, las organizaciones en conjunto con el Instituto han comenzado a operar según esta nueva modalidad. Los problemas que ha causado la estrategia son varios: falta de transportes adecuados para acarrear la mercadería, excesivos trámites burocráticos por parte del Instituto para abonar el pago de los fletes destinados a transportar la carga hasta el galpón general, y otras dificultades de este orden.

Sin embargo, dado el estado inicial del proyecto, aún no se puede evaluar cuál será la efectividad de la nueva propuesta.

Conclusiones

Hasta aquí, he reseñado las características de cinco cooperativas de recuperadores que operan en el Area Metropolitana de Buenos Aires: CARPAMET, Del Oeste, Alicia Moreau de Justo, Orgullo Cartonero  y Abriendo Caminos. Constituyen ejemplos paradigmáticos de las muchas otras cooperativas que se formaron en el Area Metropolitana desde 1999.

La emergencia de dichas entidades obedece a distintos factores que se conjugaron paralelamente. Por un lado, el aumento general del número de cooperativas creadas durante la década del ’90, lo que se asocia al incremento de la desocupación, y además, razones que se ligan específicamente a la temática de los residuos. Entre ellos, la devaluación de la moneda nacional, que aceleró la compra de material de postdesecho por parte de las empresas que actúan en el mercado formal, y una serie de falencias de la normativa que rige la recolección de residuos sólidos en todo el Area Metropolitana de Buenos Aires, que promovió tanto la expansión de este tipo de cooperativas, como la proliferación del cirujeo precario e informalizado.

En este sentido, las limitaciones a la recuperación de residuos dispuestos por el Pliego 14/97 que regula la recolección en la Ciudad de Buenos Aires y que sólo permite recuperar hasta un 10% de los residuos, o las más duras normativas del Decreto N°9111/78 que rige en el resto de los partidos del Gran Buenos Aires, y que establece que todos los residuos deben ser descargados en terrenos del CEAMSE, y prohibe cualquier tipo de recuperación aún por parte de quienes tengan la adjudicación del servicio de recolección (art.11) dejaron abierta la brecha para que dicha recuperación comenzará a efectuarse por otros canales.

En este contexto, surgieron las cooperativas de recuperadores de residuos. Atadas fundamentalmente al desempleo, a la necesidad de encontrar alternativas laborales y, en muchas ocasiones, a partir de una fuerte vocación social que intentaba formalizar emprendimientos que sirvieran para el autosostenimiento, pero sin dejar de lado las bases del cooperativismo.

Uno de los rasgos más significativos que presentan las cooperativas es su fuerte diversidad, lo que se advierte tanto en la multiciplicidad de historias y experiencias a partir de las cuales surgieron, como en la fuerte heterogeneidad de los grupos que las componen y los objetivos que persigue cada organización.

De este modo, puede afirmarse que existen dos tipos de cooperativas. Aquellas formadas por grupos de muy baja extracción social – aquellos que el INDEC suele llamar pobres estructurales – y aquellos provenientes de sectores de clase media pauperizada.

Entre los grupos de baja extracción social, que ya tenían experiencia con el cirujeo, la aspiración central que los llevó a formalizar la cooperativa fue el interés por mejorar las condiciones de una tarea, que de otra forma, los mantenía atados a los depósitos intermedios, a la venta al por menor y a la imposibilidad de superar la mera supervivencia diaria.

Entre los sectores de clase media empobrecida, que no tenían un pasado atado al manejo de residuos, la meta central fue superar el desempleo a partir de la estructuración de nuevos emprendimientos laborales, que los ayudara a paliar tanto la crisis económica, como el quiebre de identidad que produce la desocupación.

Tanto como difieren por extracción social, también varían en cuanto a las aspiraciones centrales que motivaron el nacimiento de la cooperativa. Así, mientras que para la cooperativa Alicia Moreau de Justo el objetivo era crear un emprendimiento que aliviara la pobreza “de los otros” y articularse detrás un proyecto a través del cual dejar ser meramente “mujer, esposa y madre”, para Del Oeste o Abriendo Caminos fue un medio para superar la propia situación de crisis económica, pero siempre bajo el paraguas de la empresa social.

Tanto como la extracción social, otra diferencia entre las cooperativas se liga a sus modalidades operativas. Así mientras que algunas nacieron directamente como centro de acopio, separación y venta (Alicia Moreau de Justo y Abriendo Caminos)  y no realizan recolección sino que compran a cartoneros de la zona, otras actúan en la fase de recolección pero con tácticas diferentes. Mientras que Carpamet y Orgullo Cartonero operan bajo las formas tradicionales del cirujeo, es decir, recolectando por la calle, separando individualmente en la vivienda y vendiendo en los depósitos de mercado, Del Oeste trabaja en la fase de recolección, pero a partir de los contactos personales realizados con los vecinos y comercios del barrio y aún no se han constituido como centro de compra por falta de espacio.

En este sentido, la divergencia de estrategias se vincula con diversos factores que rodearon la conformación de las cooperativas. Así, mientras que Alicia Moreau de Justo nació a partir de una cooperadora escolar y con apoyo de empresas donantes que les permitieron abrir el galpón y constituirse directamente en centro de acopio y venta, Abriendo Caminos recurrió a la misma estrategia pero por vía del ahorro del dinero necesario para alquilar el local. Por su lado, Del Oeste apeló al arraigo zonal que les daba su larga trayectoria como vecinos del barrio para captar comercios proveedores de residuos, pero sin aspirar por el momento a formarse como centro de compraventa de cartoneros del barrio, por falta de espacio y por estar ubicados en un área residencial.

Tanto como estos factores coyunturales, las extracción social del núcleo original también pesó al momento de decidir las modalidades operativas. En este sentido, las cooperativas pertenecientes a sectores de muy bajos recursos continuaron reproduciendo las prácticas ligadas al cirujeo tradicional, sin apelar a ninguna otra táctica hasta tanto contaran con el apoyo crediticio del Instituto Movilizador, mientras que las formadas por sectores de clase media pauperizada sí idearon estrategias alternativas para sostener la organización, hasta contar con los fondos necesarios.

Llegados a este punto, cabe reflexionar sobre la posibilidad de insertar la labor dentro de las cooperativas dentro de los sistema de recolección de los diversos municipios del Area Metropolitana, ya que fue uno de los temas centrales planteados en la introducción de este trabajo.

En este sentido, la integración de las cooperativas en los sistemas gestión de residuos de nivel comunal resulta deseable, tanto por su capacidad para generar empleo, como porque ofrecen un servicio de recuperación de residuos que hasta el momento el Estado no prové y que urge resolver dada la saturación de la capacidad de carga de los rellenos sanitarios. Sin embargo, varios obstáculos se oponen a ello. ¿De qué se trata?

Por empezar, ninguna de las cooperativas formalizadas en estos años tuvo como objetivo prioritario la preservación ambiental, sino esencialmente desarrollar un proyecto laboral que les sirviera como paliativo ante el desempleo o para mejorar la calidad de una tarea que venía desarrollándose como mera estrategia de supervivencia. En casi todos los casos, la prioridad que llevó a la conformación de las entidades fue primero laboral, en segunda instancia social, y por último, y como consecuencia de la propia tarea, surgió el motivo ambiental, ya que la recuperación de residuos lleva implícita la preservación del medio.

Por otro lado, y en lo relativo a los vínculos de las cooperativas con los municipios locales y la posibilidad futura de insertarlas dentro del sistema de recolección comunal, cabe decir que el diálogo que hasta hoy sostienen con los municipios es desparejo, ya que algunas han tenido acercamientos con los funcionarios locales en relación al tema y otras no tuvieron ningún contacto.

En relación a las que tienen sede en la Ciudad de Buenos Aires, si bien la ley N° 992 las habilita a actuar como actores de la gestión de residuos dentro de los límites de la Capital, lo cierto es que deben compartir la tarea con los cartoneros que continúan con las prácticas tradicionales de recolección individual, las cooperativas de otras localidades del Area Metropolitana y que, por el momento, no existe un proyecto claro respecto a cómo se desarrollará operativamente el servicio de recolección de la Ciudad, y cuál será el rol concreto que jugará cada actor dentro de dicho servicio.

Respecto de las que tienen sede en otros puntos del Area Metropolitana,  hay que aclarar, por un lado, que no todas operan en la fase de recolección, lo cual ya es un obstáculo para pensar en su inclusión como parte del servicio del área, y además, que no todas tienen como meta prioritaria dicha tarea, sino meramente la construcción de un proyecto que les sirva para paliar la desocupación o promover el desarrollo comunitario de la zona. Como se dijo anteriormente, nacieron prioritariamente con objetivos sociales, más que ambientales.

Por otro lado, el apoyo dado por los municipios al desarrollo cooperativo fue más que nulo, y más que débil el orientado a insertarlas dentro del servicio de recolección. En algunos casos, han existido charlas a futuro, pero que postergan la decisión hasta el momento en que la entidad se halle más consolidada, aunque sin ofrecer las herramientas necesarias para desarrollar dicha fortificación. En aquellos casos en que existieron diálogos más concretos sobre la prestación de servicios en la zona, siempre fueron proyectos piloto en áreas específicas, planteados a futuro y sin demasiada solidez en el diseño operativo del plan.

En este sentido, y más allá de que en algunos proyectos legislativos provinciales hacen pié en la necesidad de incorporar a las cooperativas a los servicios municipales de recolección, lo cierto es que hasta el momento no existieron acciones concretas orientadas en este sentido, y no se aprecia que esta sea la orientación de la gestión comunal en el futuro próximo.

Por lo pronto, las cooperativas sólo han recibido apoyo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, articulando proyectos encaminados a consolidar una estrategia que les permita superar la crisis laboral y económica de los miembros. Hasta el momento, no han alcanzado siquiera la posibilidad de autosostener los emprendimientos y, menos aún, de alcanzar los ingresos mínimos que aseguren el sustento de los miembros. Desde este lugar, cuestionarse sobre la posibilidad de insertar su labor dentro de los sistemas de gestión de residuos de las diversas localidades es aún un objetivo más que incipiente e incierto.

 

Notas

 1. Si bien las nuevas disposiciones de la Ley N° 992 amplió la gama de actores que pueden recuperar residuos dentro del radio de la Capital, hasta el momento dichas medidas sólo alcanzan a validar los canales informales de recuperación prexistentes, es decir el cirujeo precario e informalizado. Ley 992 del 29/1/2003 (GCBA::2003)
2. Suele denominarse “carrero” al ciruja que circula con carro tirado a caballo, en la zona del Gran Buenos Aires.
3Los nuevos pobres fueron definidos por Alberto Minujín, como un grupo surgido de la ex clase media que sufrió un proceso paulatino de empobrecimiento. Si bien siguieron teniendo acceso algunos de los beneficios que señala el NBI (Indice de Necesidades Básicas Insatisfechas) (vivienda, servicios, accesibilidad al transporte y a la educación) en ocasiones no alcanzar a cubrir el nivel de consumo mínimo de alimentos que señala el límite de la línea de indigencia. Los pobres estructurales, por el contrario, son definidos por este autor y por INDEC, como aquellos sectores que si bien superan el consumo mínimo caloríco, no tienen acceso a los beneficios del NBI, tales como agua potable, equipamiento e infraestructura urbano-sanitaria. Habitualmente viven en villas de emergencia o casas tomadas y poseen un nivel educativo más bajo que la clase media pauperizada. (Minujin:1997)
4. Personas de baja calificación educativa y laboral (construcción, albañiles, pintores, cirujas o sostenidos por “changas”) y habitantes de Villas de Emergencia o Barrios Marginales. Cfr. Nota 3.

 

Referencias

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HCD. (Honorable Consejo Deliberante) “Ordenanza N° 51276. Pliego de Bases y por el cual se llama nacional e internacional para la recuperación y urbanización de la zona costera del Río de la Plata y sus modificaciones, circulares aclaratorias y contestación a las preguntas formuladas por los oferentes”, del año 1997”. BOC 122- 27/1/97
MINUJIN, Alberto: “Estrujados. La clase media en América Latina” en Villanueva, E (comp);
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