Revista THEOMAI   /  THEOMAI   Journal
Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo / Society, Nature and Development Studies

 

número especial 2005 (Actas 1º Jornadas Interdisciplinarias Theomai sobre Sociedad y Desarrollo)  

     

 


El Río: Condicionante y Condicionado por el Desarrollo de una Comunidad. Concepción del Uruguay-Entre Ríos

 Ana Maria Barreto*

 
* Archivo Histórico Palacio San José, Museo y Monumento Nacional Justo Jose de Urquiza y Universidad de Concepcion del Uruguay

 

INTRODUCCION

La ciudad de Concepción del Uruguay en la provincia de Entre Ríos, ubicada en las proximidades del Río Uruguay, vincula su historia directamente al curso fluvial.

La presencia el río y las ventajas de una elevada cuchilla al norte del Arroyo de la China, afluente del Uruguay, constituyeron el entorno apropiado para decidir al gobierno español  en 1783 a fundar la Villa .Su pronto crecimiento favorecido por sus condiciones geográficas la convirtieron en epicentro político y económico de la provincia de Entre Ríos en los comienzos del siglo siguiente. Esplendor, desarrollo y crecimiento en el que el río desempeñó un rol fundamental.

Hacia mediados del siglo XIX, el espacio geográfico apto para el desarrollo ganadero impulsó la industria saladeril. Por su parte, las colonias agrícolas que se originaron en la región demandaron canales de distribución de sus productos. El río se transformó entonces en protagonista esencial del cambio.

La construcción de un puerto y plantas saladeriles, comenzaron a transformar el paisaje ribereño aledaño a la población de Concepción del Uruguay. Los saladeros a su vez provocaron un intenso movimiento de barcos para el transporte de insumos y productos finales exportados a distintas partes del mundo. La actividad generó cambios ambientales que con el correr del tiempo se fueron profundizando,  en general en detrimento del ambiente natural que primó hasta entonces. El espacio geográfico natural se convirtió en espacio social con la decidida humanización del mismo.

A medida que avanzó el desarrollo económico las intervenciones transformadoras efectuadas por el hombre se extendieron a la zona de islas ubicadas frente a las costas que bordean la ciudad. Las necesidades de acceso al puerto, mayor calado de las embarcaciones y abaratamiento de costos determinaron la aprobación por parte del Presidente Sarmiento en1867 de  la construcción de un canal que implicó el corte transversal de la isla situada frente a la ciudad para unir el río Uruguay con el Arroyo Itapé. La apertura de un nuevo canal en 1896 determinó un cambio irreversible en el paisaje lugareño. 

El comienzo del siglo XX trajo consigo nuevas actividades que se sumaron al desarrollo portuario. Construcción de nueva infraestructura en muelles, plantas de almacenamiento de combustibles, elevadores de granos, molinos harineros, entre otros, los que convirtieron a la ciudad en polo de desarrollo económico y canal de salida de una amplia zona del litoral argentino. Pero la historia del hombre esta signada por avances y retrocesos, cambios y continuidades, esplendor y declinación. Numerosos factores convergieron para provocar el abandono y el desmantelamiento sistemático de las infraestructuras. El río perdió en la región su significación como vía de transporte económico para convertirse en un obstáculo a superar para posibilitar la comunicación terrestre tanto interna como externa. Surgieron entonces los puentes internacionales  Paysandú (ROU) – Colón (RA), Fray Bentos –Puerto Unzue y la Represa Salto Grande. Y el río adquirió  otro aspecto, la función que le exigió el hombre también.

El espacio como variable que interviene decididamente en el acontecer histórico de un pueblo queda reflejado en la historia de Concepción del Uruguay. El río es mucho más que un mero dato, ya que con su comportamiento ha contribuido a modelar la historia uguayense. Constituyó un factor  que incidió positivamente en el progreso regional, pero también constituyó un obstáculo que desafió al hombre. Inundaciones, sedimentaciones no previstas, destrucción de obras de infraestructuras, entre otros, demostraron a las claras el condicionamiento  impuesto por la naturaleza. Aunque a medida que el avance tecnológico le suministró mayores posibilidades disminuyó el grado de dependencia al medio. En suma hombre y medio condicionantes y condicionados recíprocamente.

La zona ribereña uruguayense preserva los vestigios de su historia. De acciones,  abandonos, progreso, cambios de rumbos y consecuencias. Es  la historia la encargada de dar cuenta de la forma en que se produjo la dominación y apropiación del espacio pero también de hacer consciente al hombre del resultado de su acción. Haciendo evidente el deterioro ambiental que la suma de pequeñas intervenciones fue materializando.

El río constituye hoy un atractivo  turístico por excelencia.  Sus playas y paisajes naturales constituyen otra fuente de recursos para el hombre, generándose un nuevo interjuego entre ambiente y sociedad en el que ambos se transforman y se condicionan mutuamente.

 

 

XVIII: Siglo de los orígenes

Al promediar el siglo XVII la región litoraleña  entrerriana se hallaba prácticamente deshabitada.   Los  principales grupos aborígenes  fueron extinguidos por la acción militar proveniente de Buenos Aires. Mas tarde, la  presencia de mal vivientes, favorecidos por la facilidad de escondites y la falta de autoridad en la región, dificultaron el asentamiento poblacional efectivo a pesar de  las amplias ventajas ofrecidas por el clima, el suelo y las excelentes vías de comunicación fluvial.

Durante el siglo siguiente, la ocupación  comenzó lentamente a hacerse efectiva. En las costas del río Uruguay se asentaron pobladores provenientes desde Buenos Aires y sobre el Paraná desde la provincia de Santa Fe.

El proceso poblacional se intensificó después de  la segunda mitad del siglo XVIII con la creación del Virreinato del Río de la Plata.  La actividad de los virreyes favoreció la creación de villas tendientes a consolidar la autoridad real. Una de las acciones más efectivas la realizó Juan José Vértiz y Salcedo, quien comisionó a Tomás de Rocamora para fundar cinco pueblos en Entre Ríos aunque efectivamente fueron erigidos tres: Concepción del Uruguay, Gualeguay y  Gualeguaychú

La presencia del río Uruguay y las ventajas de una elevada cuchilla al norte del Arroyo de la China  -afluente del Uruguay- constituyeron el entorno apropiado para decidir la fundación en 1783 de Concepción del Uruguay. El medio geográfico fue determinante para establecer el emplazamiento por las condiciones favorables que ofrecía, pero también la existencia de una gran disponibilidad de recursos económicos.ç

La hacienda caballar y vacuna introducida por los españoles en sus primeras incursiones, se reprodujo en forma extraordinaria en los fértiles y húmedos llanos de Entre Ríos, favorecido por la abundancia de pastos y aguadas. El ganado, transformado en cimarrón,  se reprodujo sin limitaciones, convirtiéndose en una fuente de obtención de riquezas fácilmente asequible, aunque la explotación indiscriminada a las que se lo sometió durante años para la extracción del cuero a través de las vaquerías, provocó una drástica disminución de las existencias pecuarias. El riesgo de la extinción motivó la sanción de disposiciones legales tendientes a controlar las matanzas, no obstante, continuó siendo una de los más importante recursos seminaturales.

Por su parte, los montes entrerrianos constituyeron otro motivo de interés económico por la variedad y cantidad de ejemplares que la naturaleza proporcionaba, producto de las favorables condiciones climáticas y de relieve, especialmente en las zonas isleñas y ribereñas. Bienes naturales que afectados al aprovechamiento indiscriminado se tornaban en una fuente rápidamente agotable. El propio Tomas de Rocamora, fundador de la villa, a poco de instalada manifestaba a las autoridades españolas la necesidad de aplicar sanciones a la tala efectuada sin discreción. Manifestaba así el interés por preservar la fuente de recursos, preocupado por que la lentitud de crecimiento de especies sometidas a cortes desmedidos amenazaba la reposición en el corto plazo, poniendo en riesgo el rendimiento futuro. No obstante, la extracción de madera continuó en los montes entrerrianos constituyéndose en una de las actividades más valiosos. Destinada a una gran diversidad de usos– particularmente en la fabricación de carbón y leña- la madera se constituyó en el principal renglón de intercambio comercial.

El suelo ofreció también la posibilidad de  explotación de las caleras, actividad emprendida desde los orígenes mismos de la colonización española en casi todo el territorio provincial.  La cal y sus variados usos constituyó uno de los intereses más preciados, especialmente por los requerimientos de las curtiembres, de gran auge entonces ante la abundancia vacuna para la obtención del cuero.

En general, las  prácticas económicas no se basaron en explotaciones sustentadas en la producción humana, sino básicamente a través del usufructo de bienes naturales o seminaturales.  A pesar de la existencia de un fértil suelo y clima apropiado, la labranza de la tierra, por ejemplo,  fue muy escasa. Se practicó una economía familiar de subsistencia, produciendo para el consumo local, con un núcleo poblacional pequeño y con limitada vinculación con los restantes centros urbanos.

En los comienzos de vida del pequeño centro poblacional, la presencia del río Uruguay actúo como factor limitador de las vinculaciones con el resto del mundo exterior. La precariedad de recursos disponibles impidió utilizar eficientemente el curso fluvial como medio de comunicación, y poder quebrar así, el aislamiento producido por las grandes distancias con otros núcleos urbanos. Aislamiento que contribuyó a  la conformación de una idiosincrasia particular en sus habitantes, situación que se produjo en gran parte del país.  La navegación  se realizaba en forma primitiva y riesgosa. Se utilizaban botes, canoas, piraguas, balsas; en general pequeñas embarcaciones a remo o a vela fabricadas con materiales del lugar y por los propios usuarios. El trasporte de pasajeros constituyó la principal destino, ya que las posibilidades de intercambiar mercancías fueron  de escasa significación. En  la medida en que el acrecentamiento poblacional en las zonas ribereñas fue haciéndose efectivo a fines del siglo XVIII, la economía de subsistencia comenzó a ser relegada ante el incremento del comercio intensivo, truncando el aislamiento local y otorgando a la villa de un mayor protagonismo en el contexto regional, a la par que afianzaba su crecimiento económico. Influyó decididamente también el avance técnico en medios de transporte. La comunicación se vio incrementada por la variedad de embarcaciones utilizadas: goletas, balandras, champanes, zumacas, etc. a la vez que el establecimiento de nuevos centros poblacionales en la zona allanaba las necesidades de  aprovisionamiento y descanso para cubrir mayores distancias. El siglo languidecía, sin embargo, sin cambios profundos en el aspecto social y político, con una quietud que se mantuvo los primeros años del siglo siguiente.

 

XIX: Siglo de la consolidación

La Argentina, con los comienzos del siglo abandonó por la fuerza revolucionaria el dominio español, para ingresar en el complejo mundo de vida independiente. Etapa caracterizada por la inestabilidad y los  enfrentamientos armados y en la que el nuevo país intentó adquirir  el perfil de nación organizada. Difícil objetivo: las luchas civiles y la disolución de las autoridades  nacionales apenas una década después de iniciado el proceso independentista daba cuenta de esa realidad.  Los esfuerzos por dar forma orgánica a la incipiente nación fueron vanos. Las diferencias ideológicas primaron sobre la necesidad de organizar un nuevo gobierno. Monárquicos y republicanos, unitarios y federales, fueron algunas de las fuerzas dicotómicas que intentaron dirimir sus diferencias en los campos de batalla.

Entre Ríos se debatió entonces en una anarquía sin precedentes entre las influencias de Buenos Aires y Santa Fe. Los gobernadores se sucedían ininterrumpidamente por tan poco tiempo como duraban las alianzas para sostenerlos, en medio de intrigas y traiciones. La nación después de la anarquía de 1820, ensayaba un nuevo proyecto constitucional con Rivadavia en 1826, pero también un nuevo fracaso. Pero el deseo de organizarse permaneció incólume, lo demostró el Pacto Federal de 1831, el que vigente por más de veinte años,  restableció el sistema de la confederación y el compromiso de organizar jurídicamente la nación  en un Congreso General  Constituyente bajo el sistema federal. Juan Manuel de Rosas asumió de hecho el manejo indiscutido del país, dispuesto a restaurar la amenazada tranquilidad pública  imponiendo el orden por la fuerza.

La posición estratégica de la provincia de Entre Ríos, su proximidad con el Imperio del Brasil y la Banda Oriental, la convirtieron en epicentro de conflictos que fueron más allá de las luchas fraticidas, y en las que se mezclaron intereses y alianzas internacionales. Campo de duras batallas donde a fuerza de lanza y de muerte se dirimían las ideas.  Rosas, Oribe, Rivera, Lavalle, Paz, Berón de Astrada, Ferre, Echagüe, son los protagónicos de años de lucha y sangre. Unitarios y federales, dos formas de interpretar la organización del país enfrentados bajo consignas de muerte.

La situación económica no fue ajena al desarrollo de los acontecimientos políticos, por el contrario, protagonista indiscutida.

La situación bélica  que sufrió la provincia de Entre Ríos en la primera mitad del siglo, dificultó su  desarrollo económico, el que recién cobró impulso cuando retornó la calma relativa después del triunfo militar de Vences. Desarrollo y prosperidad sustentado en la producción vacuna y la explotación saladeril. Esta última se introdujo a partir de 1831, cuando fue aceptado por ley provincial, luego de  vencer las resistencias lugareñas  y el perjuicio arraigado de que traería aparejado el exterminio ganadero. Se autorizó la instalación de saladeros “a una legua de distancia cuanto más (187) de las villas de Paraná Concepción del Uruguay, Victoria, Gualeguay y Gualeguaychú.  La distancia estipulada permitía mantener cierto margen de protección a los centros poblados, disminuyendo los efectos de la falta de salubridad, aseo y olores nauseabundos proveniente de la putrefacción de miles de animales sacrificados. Pero también estar los suficientemente próximos para posibilitar la presencia de mano de obra proveniente de los centros urbanos. El cuero para entonces constituyó el bien más preciado por su elevado precio y la creciente demanda  del mercado interno y del comercio exterior.

El aumento de la actividad saladeril, manifestó un trasfondo negativo, al introducir efectos perjudiciales al medio ambiente entrerriano, en particular a los cursos fluviales. Las plantas de procesamiento  se ubicaron a la vera de los ríos y arroyos para facilitar la obtención  de agua, arrojar los desperdicios de los animales sacrificados y canalizar la producción obtenida. La situación convirtió a las hasta entonces cristalinas aguas de los arroyos, en receptoras de los desechos saladeriles, reproduciendo en parte la situación extrema del Riachuelo:  -que al decir de Mulhall servía como cloaca para evacuar todos los desperdicios de los saladeros, tiñendo sus aguas de rojo a causa de la sangre de los animales muertos. [1] Las consecuencias indeseadas obligaron  al gobierno provincial a tomar las primeras medidas tendientes a preservar la salud de la población, prohibiendo arrojar  los restos de animales a los ríos y arroyos. En realidad, su cumplimiento distó mucho de ser efectivo a pesar de que  la disposición determinaba que policía cuidaría de que los desperdicios de los animales beneficiados no causen perjuicios con su corrupción a los pobladores”2.  

Al promediar el siglo XIX, Concepción del Uruguay contaba con importantes saladeros en sus inmediaciones, entre ellos: Concepción y Santa Cándida. Este último, estaba ubicado en las confluencias del Arroyo de la China y riacho Itapé tributarios del río Uruguay. Su propietario fue el General Urquiza e inició las actividades en 1847, un establecimiento modelo en su género, con un volumen comercial que  lo tornaron entre los más significativos del país.

Se efectuó en el saladero  un aprovechamiento integral del ganado, obteniéndose los mas variados productos: cueros, carnes saladas, conservas, cebo, grasa, ceniza de huesos, jabones, velas, etc. Cueros y carnes procesadas eran a su vez exportados a Europa u otros piases americanos en compañías de navegación que también lo contaban como accionistas al General Urquiza, de manera que gran parte de la cadena de producción, industrialización y distribución quedaba cubierta. Los barcos retornaban con los insumos importados para mantener el sistema. Cientos de obreros, peones y empleados, contribuían a conformar  un núcleo heterogéneo diseminado en distintas zonas del país, especialmente en Entre Ríos. La actividad principal –salazón y lavado de carne y cuero- registró a mas de cincuenta mil cabezas en una faena – la que se desarrollaba desde los meses de noviembre o diciembre y hasta junio, coincidente con la de mayor engorde del ganado-. Contaba además con una curtiembre, en la que se procesaban mas de cinco mil cueros de distintas especies por año. El ganado vacuno aportaba la mayor cantidad de materia prima pero también se faenaron yegüerizos, porcinos y lanares. Mas de 300 operarios daban la pauta de la importancia económica alcanzada por el saladero. La mano de obra ocupada estaba destinada a la  realización de los más variados oficios: desolladores, charqueadores, despostadores, lavadores de tripas, osamenteros, desgrasadores, etc.

La salida de la producción de Santa Cándida este se efectuaba  por agua. El saladero contaba con un muelle propio  y una línea férrea que permitió la carga directa de las naves desde las plantas de procesamiento.  Puertos ingleses, brasileños, franceses, norteamericanos y cubanos, constituyeron los principales receptores. La población directamente beneficiada fue Concepción del Uruguay. Poseedora además de una situación privilegiada como centro de las decisiones políticas, al contar  en sus proximidades con el asiento efectivo del General Urquiza, cuya autoridad era indiscutible en la región. Pero es precisamente por las ventajas de sus condiciones de población ribereña, industrial y comercial, la que más vio afectado sus intereses con la política fluvial de sumisión al puerto de Buenos Aires y las  restricciones a la libre navegabilidad de los ríos Uruguay y Paraná. El entorno geográfico, incidiendo en el aspecto económico se constituyó en germen de un proceso de cambios políticos.

La libre navegabilidad de los ríos Paraná y Uruguay constituyó una cuestión vital para el desarrollo económico litoraleño y  las llaves de control fueron manejadas por Buenos Aires con frecuencia como recurso político para obtener la sumisión de los caudillos litoraleños. Coadyuvó además como factor desencadenante de cambios, la posesión de los cuantiosos ingresos fiscales que provenientes de la aduana monopolizaba la ciudad de Buenos Aires  y que el interior reclamaba  compartir, a pesar de la tenaz oposición porteña. Aduana a la que eran tributarias las naves provenientes de puertos entrerrianos y que muchas veces evadían utilizando el puerto de Montevideo.

La problemática económica se integró a una más profunda, la necesidad de definir una organización jurídica estable. Era necesario un sistema político  que estableciera reglas claras y objetivas para gobernantes y gobernados. Así lo entendió el General Urquiza. Juan Manuel de Rosas en cambio, consideraba que las condiciones aún no estaban dadas, por lo que se inclinaba  a mantener la situación sin resolver. Dos personas que representaban intereses diferentes. El enfrentamiento abierto no tardó en manifestarse.

Desde Montevideo, los proscriptos planteaban la situación en los siguientes términos:

Hablamos de Rosas, combatiéndolo, porque él es quien representa y  sostiene el principio de las restricciones, del aislamiento, de la dependencia comercial de las provincias. Hablamos también de Urquiza, por que es el jefe de una de las provincias, de aquella precisamente que, por su colocación entre los dos ríos interiores, en la embocadura de uno y otro, esta llamada a representar el primer papel en toda cuestión de navegación y de comercio en esos  ríos; porque, siendo la  que más inmediatamente sufre prejuicios del sistema de Rosas, es también la que, por causas que todos conocen, se encuentra  hoy con más medios de hacer respetar los derechos de que el dictador quiere privar a las provincias. Por esos hablamos de Rosas y de Urquiza, sus personas no nos ocupan, sino como símbolo de las cosas, de los sistemas”

Conformar un poder político y militar capaz de derrotar  a un gobierno consolidado por la fuerza de mas de veinte años, no constituyó una empresa fácil. Sin embargo, las alianzas comenzaron a tejerse sutilmente. El General Urquiza inició tratativas para lograr su propósito con el gobernador correntino Benjamín Virasoro, dirigentes uruguayos y brasileños  Finalmente, el 1ro de Mayo de 1851, el decreto del Pronunciamiento definió públicamente la situación.

La plaza principal de Concepción del Uruguay, destinada a preservar el nombre del ilustre caudillo entrerriano Francisco Ramírez, fue el escenario elegido por el General Urquiza para lanzar su plan. Los ciudadanos acompañaron entonces con algarabía y confianza al hombre que nacido de su seno, representaba sus aspiraciones. La lectura del Bando del Pronunciamiento resonó en la histórica plaza como el símbolo del comienzo de una nueva etapa.

La formalización de convenios con la República Oriental del Uruguay y el imperio del Brasil, posibilitó el inicio de la exitosa campaña contra el General Oribe en la Banda Oriental. Restituir el orden legal  y pacificar la región, constituyeron los  objetivos de la acción, pero también los de asegurar las espaldas entrerrianas para emprender después de consolidado el litoral la campaña contra Rosas.

Miles de efectivos concentrados en el puerto de Diamante, en las márgenes del Paraná constituyeron el punto de partida de la campaña militar. El  Ejército Grande –como se lo denominó por su elevado número – comenzó el pasaje del río Paraná el  23 de diciembre de 1851, concluyendo dos semanas después. El triunfal avance por la provincia de Santa Fe posibilitó el encuentro con las fuerzas opositoras en las cercanías del Palomar de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

La sanción de la Constitución Nacional y la separación de Buenos Aires como consecuencia de la revolución septembrina, marcaron a años de separación y desencuentros. El fracaso de la Confederación y el retorno a la unidad bajo el gobierno de Bartolomé Mitre dieron como resultado al tránsito, en la segunda mitad del siglo a la delineación de una nación bajo las formas polémicas instauradas por la llamada generación del ochenta. El protagonismo indiscutido de Buenos Aires desplazó el centro de gravitación política hacia la ciudad portuaria, mientras que el litoral comenzaba lentamente a languidecer.

La muerte del General Urquiza en 1870 y la disminución de la actividad del Saladero Santa Cándida, influyeron negativamente en la economía de Concepción del Uruguay. Se sumó años más tarde, la perdida de condición de capital provincial, lo que motivó una declinación en el desarrollo sostenido que mantuvo desde sus orígenes. Sin embargo logró temporalmente recuperar su esplendor. Coadyuvaron para ello la conjunción de diversos factores, pero básicamente su progreso estuvo vinculado a la actividad portuaria y a condicionamientos externos de una nueva Argentina de fines de siglo.

Los hombres del 80 impulsados por la consigna  de progreso insertaron a la Argentina en el mundo como país agro exportador. Para entonces, la economía liderado por Inglaterra marchaba rápidamente hacia la integración de los mercados, consolidando la tendencia internacionalista que caracterizó al siglo siguiente. La necesidad del país líder de contar con mercados consumidores de sus productos manufacturados a la vez que proveedores de materias primas y alimentos, colocaba a la Argentina en las condiciones optimas para alcanzar un desarrollo acelerado, lo que efectivamente sucedió. “Su momento de gloria fueron los treinta y cinco años que van de 1880 a 1914, y ello con el paréntesis de una década que siguió a la crisis de 1890..”3 

La concurrencia de factores geográficos asociados a la construcción de obras de infraestructura ferroviaria, la aplicación de capitales extranjeros, mano de obra procedente de la inmigración, y una política decididamente progresista, colocaron a la zona pampeana y litoraleña en una situación privilegiada para emprender la nueva etapa de apertura internacional.

La existencia de un clima y suelo propicio para el desarrollo de las actividades productoras primarias –agricultura y ganadería-, la presencia de ríos navegables como canales de distribución, colectores a su vez de la producción interior a través de los ferrocarriles, colocaron a las poblaciones como Concepción del Uruguay en la necesidad de mejorar sus infraestructuras para adecuarse a las nuevas exigencias.

El puerto de Concepción del Uruguay ya se había visto favorecido en épocas de la Confederación  con su habilitación como puerto exterior. La aplicación de la libre navegación del río, la presencia de una aduana nacional,  y sobre todo la introducción de embarcaciones a vapor aumentó notablemente las posibilidades de desarrollo económico. El primer muelle con que contó la ciudad comenzó a ser construido hacia 1869, registrando una intensa actividad como puerta de salida de la producción regional. Paralelamente, y para mejorar el traslado de pasajeros dificultado por la isla que obstaculiza el acceso al río Uruguay, se proyectó la construcción de un canal que atravesándola permitiese alcanzar el río. Se concretó así  la apertura de la obra, autorizada por el Presidente Sarmiento, pero fue de vida efímera ya que no se consiguieron los resultados esperados. La sedimentación arrastrada por las aguas,  pronto tornó inservible el viaducto para los fines propuestos.

La muerte del General Urquiza en 1870 y las intensas luchas desatadas en la provincia, repercutieron hondamente en la economía entrerriana, en particular al puerto de Concepción del Uruguay. No obstante continuó la actividad aunque en forma reducida. El paulatino incremento justificó a fines de la década siguiente, la construcción de un nuevo puerto. La necesidad de contar con una profundidad que posibilite el acceso de buques de mayor calado, determinó la autorización por parte del gobierno entrerriano primero y de la Nación después para construir una nueva infraestructura portuaria.

La obra  finalmente emprendida hacia 1884 fue de una amplitud tal que incluyó un muelle exterior sobre el río Uruguay para buques de ultramar, un puerto interior sobre el  riacho Itapé para el tráfico de cabotaje, ambos unidos por un  extenso puente. Por éste último, además de carruajes permitió el desplazamiento del Ferrocarril Central Entrerriano, el que unía la estación férrea de la ciudad con la punta del muelle. La obra fue inaugurada en 1887 con la presencia del entonces presidente de la Nación Dr. Miguel Juárez Celman  Según la descripción que del muelle hace un  cronista del diario el 6 de diciembre La Nación en 1887. “Forma una esa prolongada de tres kilómetros y terraplenes de ocho a diez metros de altura, revestidos con piedras, semejante a una inmensa culebra amarilla, sobre el fondo verde de los guadales cubiertos de algas.”4

La magnitud de la obra y el empeño humano no pudieron sin embargo, con las fuerzas de la naturaleza. En noviembre de 1888 se produjo una de las más grandes crecientes del Río Uruguay, la que ocasionó el derrumbe de parte de los muros de contención, del viaducto y del muelle exterior, dejando temporariamente las instalaciones inutilizadas para las operaciones comerciales. Al año siguiente una nueva creciente dificultó las tareas de reparación, por lo que los efectos perniciosos se mantuvieron hasta 1890, fecha en que se reinician las operaciones.

Una importante  modificación al entorno natural se produjo unos años más tarde. En 1893  un grupo de vecinos de la villa solicitó  a las autoridades municipales  para llevar a cabo la canalización  de la isla De las Garzas  - posteriormente nombrada Del Puerto y obstáculo de acceso al río Uruguay- cuyo proyecto de construcción fue aprobado en 1896. El corte de la isla se llevó a cabo  meses más tarde, dando nacimiento al denominado Canal de Saneamiento. La razón de la designación se debió  a que uno de los objetivos que impulso la presentación del proyecto original en 1893 -además de sortear la isla y reducir el recorrido entre el muelle interior y exterior-  fue renovar las aguas del  riacho Itapé, lo que se habían visto impedidas por las grandes crecientes,  atribuyéndose a esa circunstancia las epidemias de cólera morbus y tifus que había azotado la ciudad, La apertura de un canal lograría la renovación de las aguas interiores de donde  los aguateros cargaban sus toneles o pipas para el abastecimiento de agua a la población.5

El corte de la isla fue realizado con la apertura de un canal de 975 metros de  longitud, 3,50 metros de ancho y  3 pies de profundidad. La obra no dio los resultados esperados, ya que las dimensiones del canal limitaban la utilización a embarcaciones de escaso porte. En 1899 se procedió a ensanchar y profundizar el canal, operación que se realizó en diversas etapas hasta alcanzar las condiciones de navegabilidad apropiada. Paralelamente, la política nacional impulsada en 1898 con la creación  de la Dirección General de Obras Hidráulicas dependiente del Ministerio de Obras y Servicios Públicos tendiente a dotar de puertos al litoral fluvial, favoreció a Concepción del Uruguay con la autorización para iniciar la construcción de un nuevo puerto interior. En 1899 se dio comienzo  a la obra con el relleno de los terrenos, utilizando el material extraído de las obras de ensanche del canal de acceso. El final del siglo avizoraba un promisorio futuro, una infraestructura acorde a los nuevos tiempos se preparaba.

 

XX: Siglo de los cambios.

Superado el cimbronazo temporal provocado por la crisis de 1890, la Argentina inició una etapa de rápida recuperación beneficiada especialmente por la situación internacional,  de manera que la primera década del siglo XX exteriorizó un saldo altamente favorable. Las cuentas estaban en orden. Los superávit comerciales eran mucho más frecuentes que los déficit. Las exportaciones se triplicaron en diez años, el oro en manos de la caja de conversión crecían sin pausa, la inmigración se hacía más intensa, el ingreso nacional se doblaba en una década, en fin, la Argentina podía encarar su segundo siglo de vida con plena  confianza en sí misma”6 La   actividad que estimulaba el  optimismo progresista fue la producción agropecuaria, soporte económico y político de un país que basaba su despegue vertiginoso en las condiciones favorables de los mercados externos, como exportador de alimentos con valores y requerimientos en alza. El poder económico se centralizó en las llanuras fluviales con puertos adecuados para canalizar la producción agropecuaria. La provincia de Entre Ríos y Concepción del Uruguay en particular constituyeron parte de las regiones favorecidas por el modelo en vigencia. La extensión de las líneas férreas para trasladar los productos desde el interior hacia la zona ribereña y el aumento poblacional con el aporte inmigratorio, constituyeron las variables aleatorias que posibilitaron el desarrollo económico.

En 1906 una importante partida presupuestaria permitió encarar los trabajos de ampliación del puerto de la villa, obra  justificada por la creciente actividad comercial alcanzada hasta entonces. Al año siguiente fue posible la vinculación entre el ferrocarril y el muelle, permitiendo el trasbordo directo de las cargas desde los buques al trasporte terrestre y viceversa aligerando el tránsito de exportación e importación de bienes.

El comercio no solamente se circunscribió al ámbito provincial, sino también a nivel interprovincial e internacional. Siendo el río Uruguay navegable  unos pocos kilómetros más al norte de Concepción del Uruguay, el extendido del ferrocarril paralelo al río, permitió canalizar por su puerto parte de la producción de  Corrientes, Misiones, Paraguay Uruguay y Brasil. Oficiaba así el puerto uruguayense de nudo de distribución,  canalizando  las mercancías que entraban al país y  los productos agropecuarios  que provenían del interior.

En 1907 se amplió la capacidad de almacenaje del puerto con la construcción de galpones fiscales y el primer guinche a vapor. Se establecieron en sus inmediaciones al año siguiente grandes empresas comercializadoras de cereales, entre ellas Luis Dreyfus y CIA , Bunge y Born. Hacia 1910 la aduana de Concepción del Uruguay era una de las más importantes del país y la primera de Entre Ríos. Según las Memorias  del ministerio de Hacienda  de 1911  la aduana registró un incremento de un 36% con respecto al año anterior. Los términos del informe indicaban:

“...el progreso comercial de esta plaza no es de carácter transitorio, sino la consecuencia de su mayor expansión lo que hace presumir que seguirá en el mismo tren de progreso, desde que a ello contribuyen distintos factores, como ser el aumento  constante de población, las condiciones especiales del puerto con comodidades para operar buques de ultramar de gran calado, con la seguridad de poder entrar  y salir aun en las más bajas mareas, y las facilidades de que se podrán disponer para transporte de mercancía por vía terrestre, una vez que el ferrocarril Nordeste Argentino haya terminando la construcción de su línea, que vendrá a empalmar con las vías nacionales de este puerto, Lo que pondrá en comunicación directa, no-solo con una gran zona de la provincia de Entre Ríos, sino también con la de Corrientes, territorio de Misiones y República del Paraguay, siendo entonces  este punto obligado para el embarque de la mayor parte de los frutos y productos que de estas provincias se exporten y posiblemente también, para las operaciones de transito que puedan hacerse entre el continente europeo, la citada republica y la del Brasil. 7

Si bien el progreso se sostenía con aparente efectividad, las tensiones veladamente se gestaban en el orden interno. La crisis provocada por la Primera Guerra Mundial puso en evidencia la vulnerabilidad  argentina ante los factores externos. Sin embargo, superado el conflicto, el país volvió a resurgir como líder continental para concluir la década del 20 con un crecimiento sostenido.

El movimiento portuario en el periodo 1914- 1918 denota la baja de las actividades como consecuencia del conflicto bélico, situación que se supera al finalizar la misma, acompañando el optimismo generalizado con el que finalizó la década y dio comienzos la siguiente. Nuevas construcciones de grandes galpones de almacenaje de granos  dan cuenta de la euforia que el futuro promisorio despertaba.  En 1924 se sumó la construcción de tanques de almacenamiento de combustibles, lo que permitió centralizar en el puerto uruguayense la  distribución del producto en la mesopotámica, acción imitada por  Mexican Petrolium Oil Company (Schell) y West Indian oil Company (Esso) en 1927, con el establecimiento de plantas  de almacenajes y de distribución combustible y aceites. En 1928 la empresa Bunge y Born,  construyó el primer elevador de granos,  -posteriormente unidad de la Junta Nacional de Granos- permitiendo un notable incremento  y agilidad en la capacidad de embarco de cereales en bolsa y a granel. También complementó la explotación en 1931 con un molino harinero con sus correspondientes silos de almacenaje. Por su parte su competidora, Luis Dreyfus y Cia  construyó su propio elevador de granos para incrementar su producción.

Sin embargo, una  delgada línea que separaba a la bonanza de la crisis. La Gran Depresión norteamericana de 1930 arrastró con sus efectos a una crisis mundial. La Argentina puso entonces en evidencia las falencias de un  crecimiento vertiginoso que no se sustentaba en la solidez de una estructura interna, sino por el contrario de dependencia y vulnerabilidad a las condiciones externas. A la gran crisis económica se sumaron  factores de política interna, resultado de un proceso político y social que ser fue gestando subrepticiamente para estallar en 1930. El primer golpe militar que irrumpió en el país dio inicio a una nueva etapa, poniendo fin a un modelo de crecimiento, al paradigma económico que postuló la generación del ochenta.

La actividad del puerto de Concepción del Uruguay y el auge económico comenzaron lentamente a languidecer. Nuevas condiciones económicas, mayor calado de las embarcaciones y un río con una profundidad no acorde a sus exigencias, costosas tareas

de dragado, mayor protagonismo del tránsito terrestre; suma de razones que provocaron la disminución de la incidencia de la navegación en el espectro económico nacional. El río se transformó en un obstáculo a ser superado para facilitar  el tránsito por tierra.  Los grandes complejos viales modificaron parte de su fisonomía. La unión interprovincial Brazo Largo Zarate, los puentes internacionales Paysandú (ROU) – Colon (RA), Fray Ventos –Puerto Unzué y la represa hidroeléctrica Salto Grande, constituyeron las grandes obras que hacia la segunda mitad del siglo alteraron notablemente el ambiente entrerriano.

Las huellas de la interacción a través del tiempo no se han borrado. Espacio, sociedad y cultura han encontrado disímiles formas de interrelacionarse a través del tiempo, con ritmos diferentes, grados variados de modificaciones, con un protagonismo humano cada vez más contundente y no precisamente en beneficio propio y el de su entorno, sino por  el contrario, con un marcado menosprecio hacia lo que posibilita la vida: el ambiente natural y sus condiciones.

 

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REFERENCIAS

[1] URQUIZA ALMANDOZ, Historia Económica y Social de Entre Ríos. P.189
2 Ibidem
3 Gerchunoff Pablo y Llach Lucas. El ciclo de la ilusión y el desencanto. P.18
4 Urquiza Almandoz, Oscar. Historia de Concepción del Uruguay, T.III.p.306
5 Rousseaux Andres. Historia del Puerto de Concepción del Uruguay. T.I.p. 102
6 Gerchunoff Pablo- Llach Lucas. El Ciclo de la ilusión y el desencanto. Ed. Ariel soc.Economica.p.54
7 Urquiza Almandoz. Historia de Concepción del Uruguay.
T.III.p.308.

 

BIBLIOGRAFIA

                                   
URQUIZA ALMANDOZ, Oscar, Historia de Concepción del Uruguay. Tomos I, II y III. Municipalidad de C. del Uruguay. Editorial Entre Ríos 2002.  
URQUIZA ALMANDOZ, Oscar, Historia Económica y Social de Entre Ríos. Banco Unido Concepción del Uruguay.
ROUSSEAUX, Andrés René, Historia del Puerto de Concepción del Uruguay Entre Ríos. Junta de Estudios Históricos del Puerto de Nuestra Señora Santa María de Buen Ayre. Tomos I, II y III. Buenos Aires 1994.
SÁNCHEZ Joan- Eugeni, Espacio, Economía y Sociedad.   
CASTELLS, Manuel, La era de la Información: Economía, sociedad y cultura. Volumen I, La Sociedad Red. Alianza Editorial.
MILTON Santos, Por una Geografía Nueva. Editorial Espasa-Universidad.   
GERCHUNOFF Pablo y LLACH Lucas. El Ciclo de la ilusión y el Desencanto. Un siglo de políticas económicas argentinas. Ariel Sociedad Económica. Buenos Aires 2003.    
DOLLFUS Olivier. El análisis Geográfico. Editorial Oikus. Tau. Barcelona 1978.      
 
 
Repositorios documentales:
 
Archivo Histórico del Palacio San José. Museo y Monumento Nacional Justo José de Urquiza.     
Archivo Municipal de Concepción del Uruguay Delio Panizza
                                                                
 


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